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Cortando la Baraja

Mensaje por Franz von Habsburg el Vie Mayo 20, 2016 8:43 pm

Cortando la baraja
«Before you play with fire, do think twice.»

                         He sido conciso: Una nota anónima; un pedido, sin nombre ni apellido y una dirección. De haberlo hecho, ¿quién me puede asegurar qué aún sabiendo esto supieras quién diablos soy? La baja cuna de Venecia siquiera se entera de quién arriba en sus puertos a menos que los anuncien a gritos. Distendidos de asuntos políticos pero, no lo suficiente para quejarse día a día sin avecinar el estallar de una guerra catastrófica. Tampoco no he de escatimar en detalles lo que un extranjero austriaco, con poder en ambas manos, —izquierda y derecha en igual medida—, es capaz de conseguir cuando una nación necesita financiamiento.

    Es así entonces, que entenderá mi imprudencia en convocarle, y darle una oferta irresistible a sus agudos sentidos ambiciosos. ¿Cómo he dado a su persona?  Fue una noche de reunión en que su apellido salió a la luz, un comentario despectivo que alcancé al aire y lo guardé en mi bolsillo, contando los días en una impasible espera. Tampoco fue difícil, cuando una mujer se halla hundida en un oficio presuntuosamente de caballero, resalta, siendo repudiada algunas veces por el pensamiento masculino. No puedo culparlos. Sólo es que son tan invertebrados, que no se dan cuenta de lo que podrían ganar en pinzas. Dejé pasar una semana, y mis investigadores privados, contactaron de inmediato.

    Podría tener o no lo que busco, ¿cómo saberlo hasta no ser participe? Perdería millones en una pintura, ¿sabe?  Significaría el fin de su oficio…

    ¿No va a decepcionarme, verdad?

[…]

      —Ha llegado la restauradora, mi señor —correspondí a la plebeya tras alzar la mirada oculta en unos vidrios ahumados, lo primero que observé fue su delantal desde un perfil intermedio. Tiene una mancha despreciable a la que para mí, tuvo mayor relevancia en el momento. Verás, debo sentirme rodeado siempre de una inmaculada limpieza, que las vistas me sean reconfortantes e irresistibles, no repugnantes y arrolladoras al espíritu.

     —¿Por qué se haya tan sucia? ¿Así ha atendido a nuestra invitada? —Inquirí en voz glaciar, acentuando una sonrisa que se ladea con soberbia. La miserable bajó la mirada—: Límpiese, mis criadas no deben parecer cerdas de corral. ¿No siente asco de sí misma? Porque yo estoy teniendo ciertos… —palpé mis labios, repiqueteando el brazo del sofá—: Deseos de patearle el hígado. Así sabrá que he sentido cuando he visto su mugre. —Hice un movimiento de desdén, echándola de mi vista—: Hágala pasar.

     Descansé la mirada en la ostentosa decoración que a mi alcancé palpaba con vehemencia.

     Antes de encontrarte conmigo en la sala de estar: Te van a guiar por el hall de entrada, el salón principal del cual cuelga un candelabro araña, con las velas encendidas; los suelos han sido lavados en extrema rigurosidad, incluso podrá asomar en ellos un pálido reflejo de nuestros rostros, las flores en puntos que parece ser escogidos al azar, conceden al visitante un sorbo de los jardines de Viena. A la derecha, existe una habitación directa al cuarto de estudio, oirás la musicalidad de un piano ser entonando con maestría. Es mi hija. No conocerás su rostro, la puerta está cerrada y de ahí no saldrá, ensimismada en su propio mundo sin derecho a interrupciones. Eso lo heredó de mí.

    Entrecerré mis ojos, y en un gesto pérfido, escuché la cercanía de vuestros pasos.
    —Por aquí. El señor la espera.

    Inyectándome de energía, me levanté de mi reposo; os recibí cordial, intimándola en una justa medida y sonriéndole plácido, igual a un depredador que se complace de ver un delicioso aperitivo.
    —Bienvenida, señorita Crawley. ¿Desea beber algo? Comprenderé si necesita un refrigerio mientras se habla de negocios. —Incliné el rostro a un lado, analítico—: La hora del té no debe ser despreciada. —La criada permaneció muda en su lugar, esperando instrucciones así que, lo que os apetezca, le será servido.




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Re: Cortando la Baraja

Mensaje por Amanda Crawley el Vie Mayo 20, 2016 11:10 pm

Cortando la baraja
Las coincidencias no existen...me necesitas y me convienes, por lo tanto tienes acceso a mi. No hay más que eso

Se sentía curiosa y a la vez en alerta. No era común que la contactaran de manera tan misteriosa, bastaba con encontrarle en los lugares de siempre o a través de los mensajeros mestizos o vasallos humanos. Toca la puerta y esperar a que mi persona se digne a aparecer ante ti Frunció el ceño, mientras acomodaba su sombrero característico y se observaba al espejo el rostro pálido y de facciones finas. Quieres jugar con el destino u ofrecerme un buen negocio, ¿ya lo he dicho?, No hay más que eso. La claridad con que aquel pensamiento llegó a su cabeza, no era más que otra prueba de que Amanda era una "mujer" con los pies clavados en la tierra, lista y dispuesta para tomar las decisiones precisas, aquellas que le llevarían a encumbrarse en la posición añorada...

Y tu carta estaba ribeteada con láminas de papel de oro.

Era ambiciosa. Si....Mucho más que la mayoría de los hombres y muy por encima de lo que podría esperarse de una mujer de esa época y clase social. Quizás era ese ímpetu que le recorría las venas, la mejor herencia que pudo obtener de los "sin sombra",aquellos malditos, familiares de su padre. Los Crawley nacieron con poder, lo arrastraban consigo de manera fluida y potente, tal como la sangre que succionaban de cada una de sus víctimas. Sin embargo ella no se veía tentada esa noche por beber de alguien, mucho menos en aquella ciudad, por seres que parecían ser más débiles que los de su Inglaterra natal.

Subió al coche y, una vez acomodada, se enfundó los guantes largos de terciopelo. A través de la ventanilla cubierta por una cortina oscura, se veía la vida de pueblo. Gente conformista y deslavada que seguían el amén de los que residían en la cúspide social. Tampoco negaría que envidiaba la parsimonia con la que se movían, porque el abrirse paso por la vida, cargando un par de pechos y llevando puesto un vestido, había sido complejo. Y si no fuera por la perseverancia que alimentaba a su codicia natural, se habría quedado sin más esperanza que la de pertenecer a la horda popular que pululaba tras el paso del carruaje.


::::::::::::::::::::::::************************::::::::::::::::::::::::::


¿A qué viene tanta insistencia?, la insistente soy yo, no intentes robarme el papel, humano. Tenía buen olfato y lo excusaba a que no era ni humana ni vampiro. El punto medio. La mente clara y la practicidad de las cosas, le resultaban algo bastante común, gracias al cielo. No, no creo en Dios. Solo tiendo a nombrar lo que descansa sobre nuestras cabezas. Es incoloro, fresco y ligero, tanto que por si solo no es suficiente para hundirnos en el fango.

Entonces apareció una mujer, y eso ya sería mucho decir: su cuerpo enjuto y su rostro de bordes redondeados indicaban que no pasaba de los catorce. Sumado a su rostro humilde e inocente, cargaba, además, con una vestimenta apropiada para servir. Por lo visto la opción era seguirla y así lo hizo. A medida que avanzaba pudo detectar más sobre su anfitrión. Si, aquel extraño era varón y además, era rico. ¿Sabes que puedo olerte? mi nariz también puede ver que no tienes miedo y, pensándolo bien, aún no estoy segura de si deberías. Estoy curiosa, soy una fémina... eso ya lo sabes, y la curiosidad es mucho más fuerte que la indiscreción.

-Buenas tardes, Señor... Von Habsburg

La frase quedó cerrada junto a una risa escueta, la respuesta ante aquella sonrisa ridícula y cordial que el ojiazul le daba como bienvenida. ¿Quieres que hagamos negocios?, no necesitas disfrazar el ambiente frío del dinero, con algo tan incómodo como una sonrisa fraternal Amanda conocía el aro más cercano al poder y reconocía a ese hombre sin duda alguna, de algunos de los eventos a los que había asistido con anterioridad.

No lo conocía, nunca había entablado charla alguna, pero eso no importaba. Ya estaba allí.

Se deshizo de sus guantes mientras caminaba por la habitación, prestando poca atención a lo que el hombre de cabellos oscuros mencionaba. Su interés estaba en otras cosas. En la lámpara de nácar y marfil que permanecía de pie junto a la puerta. En el cuadro en madera de Roble, pintado al óleo que  estaba junto a la ventana o en los vitrales barrocos que descansaban relucientes por sobre la chimenea.

-No necesito nada previo a los negocios, sin embargo agradezco su consideración. Puedo acompañarle si desea, más no ansío más que una taza de té. Ladeó su rostro enfrentándole la mirada. -Soy inglesa y me gusta ir al grano. Hizo una mueca con su boca, asimilando una sonrisa queda y se acercó al hombre, girándose sobre sus talones.  Tiene una linda casa, muy espaciosa...sinceramente si hubiese sabido que se trataba de usted habría preparado algún tipo de exhibición acorde a sus expectativas artísticas. ¿Porque a eso me ha convocado, no es así? El sonido del piano, que había sentido en un principio, mientras subía las escaleras, se hizo más fuerte. Elevó su rostro hacia el techo, entreabriendo sus labios para mencionar algo en susurros. -¿O acaso es a un concierto?



   

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Re: Cortando la Baraja

Mensaje por Franz von Habsburg el Sáb Mayo 21, 2016 10:58 pm

Cortando la baraja
«Step right up you're the next contestant in this sweet charade.»

                         Soy un hombre de protocolos, debo confesar, estricto en las normas de etiqueta que me han rodeado desde la infancia. Veremos como se desenvuelve, porque cada paso mal ejecutado puede ser su perdición. Y si no se toma esto con la suficiente seriedad, me volveré tirano.

     —Buenas tardes, Señor... Von Habsburg.¿Debo aplaudir y besar sus pies por semejante descubrimiento? Seguramente le suene en la punta de los labios, en algún nombramiento casual entre sus iguales o una reunión de empedernidos entusiastas en regodearse con la alta cuna. Pero seré comprensivo si desconoce la historia de una poderosa familia, ¿no es mi deber como anfitrión? La casa de Habsburgo es una línea sucesora de emperadores victoriosos, archiduques, condes, militares y políticos imparables desde el siglo XI. No soy la excepción a la norma: Siempre gano, ¿entiende usted? Así que si viene a mí con aires de supuesta arrogancia y dramática estrechez, olvídese de ganar la apuesta de una posible y fructífera alianza. Créame que no podría ser más misericordioso, no le tocaré ni las pestañas pero las habladurías se encargarán de aplastarla; que la señalen como una arpía, me resultaría un espectáculo más agraciado. ¿Sabe lo crueles qué son? Ya lo han hecho conmigo al tacharme de “El Terrible.”

    Un título de lo más encantador.

    Seguí ameno en mi respetuosa faceta, dirigiéndome a usted con una fragancia refrescante y hospitalaria. Pese a ello, me ignora, tratándome de un adorno más. ¿Está aquí por los muebles o por mí? Es una grave falta de respeto, téngalo por seguro pero, lo compensa con su intrigante toque de coquetería. Ciertos muebles se sienten apreciados por su buen ojo, olvidados e ignorados por el mío al convivir con ellos diariamente; en mí, he de sentir un sentimiento de hostilidad hacia ellos, generándome una apatía por el deseo del cambio. El movimiento. La renovación.

     La criada marchó después de mi petición, las puntas de su cabello lacio desaparece, como una culebra deslizándose en un agujero tras cerrar la puerta.

  —Soy inglesa y me gusta ir al grano —dibujé una sonrisa a medias. Entonces, ¿a todos los franceses les gusta el queso?

    —Comprendo si es usted anglosajona, pero sus formas de tratar en los negocios difieren demasiado de nosotros, los austriacos. Estamos más interesados en abordar el tema a cocción lenta, sin prisas. Consideré también que se encuentra convidada en la casa del cliente, así que se encuentra bajo mis reglas —llevé mi mano enguantada a los bolsillos laterales de mi traje, buscando un puro que no he consumido desde la hora del desayuno. Sin perder el temple, dirigí la vista oculta hacia la suya, distraído en la composición de su exquisito rostro juvenil.

    —Tiene una linda casa, muy espaciosa... sinceramente si hubiese sabido que se trataba de usted habría preparado algún tipo de exhibición acorde a sus expectativas artísticas. ¿Porque a eso me ha convocado, no es así?

     —¿Linda casa? —Repetí, casi deseándome reír—: Yo la detesto.Y usted tiene un pésimo gusto—. En las noches, debido a la humedad de los ríos que ascienden se debe usar constantemente la chimenea, y los rincones de los techos guarda moho. Pero no podía ser grosero con mi hermano menor, él es quién me la regaló para instalarme en la ciudad. De hecho —ladeé el rostro, encendiendo el habano en el candelabro postrado en el estante—, planeo mudarme a las afueras de Venecia, desde ya le informo, que no estará excluida de la nueva dirección. —Caminé hacia usted,  mirándola desde mí metro ochenta y cuatro, el humo podrá cosquillear su nariz, pero la prepotencia de mi fragancia se impone—: Respecto al sonido del piano, se trata de mi hija. Supo que tendríamos visita, por lo tanto, notará sus formas de expresar sus berrinches.

    Parsimonioso, antes de tomar asiento en aquél sofá sobrecargado de cojines, apagué el cigarro al tiempo que se adentra al medio del cuarto, una de las mucamas arrastrando el carrito metalico que chirría con el juego de té. Tiene diseños florales, hechos en porcelana fina, dónde también se espolvorea un vigorizante olor a repostería italiana proveniente de los cantuccini calientes. En su interior guarda almendras enteras.
     —Hábleme de usted y su oficio. Necesito saber si estoy hablando con una académica en su materia. —Tomé el asa de la vasija, sirviendo en ambas tazas—: ¿Azúcar?


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Re: Cortando la Baraja

Mensaje por Amanda Crawley el Dom Mayo 22, 2016 9:45 am

Cortando la baraja

Interés aparente y el tiempo obstruido ante una imparcialidad de caracteres. Dime ya lo que buscas, que aún a fuego lento, podría quemarse tu sopa.

Sin duda, aquello era la definición precisa de aquel prematuro y misterioso encuentro; por supuesto sin tener la necesidad de sobrecargar la idea, con adjetivos superfluos. Tan solo bastaba ver el cómo se veían reflejados ambos, de pie en aquella sala elegante y sobrecargada de elementos vistosos,  para intuir que venían de mundos diferentes.

-Supongo que ya debe de tener muy arraigada la costumbre de tomarse el tiempo en tibio. Usó poco fuego al redactar aquella carta de invitación a su casa, tanto, que olvidó firmarla y también sellarla con el escudo de su familia. Una frase traslapada de afilado humor, porque al contrario de su frío comienzo, su voz soprano se tiñó de un tinte sutil y grácil, que intentaba bajarle la nota aburrida a la situación. -De seguro sabía que a pesar de mi profesión, llevo vestido. Sin embargo pasó por alto que también me agradan los detalles... Un punto medio. ¿o quizás deseaba llamar mi atención?, eso si que fue peculiar. Un juego de adivinanzas bordeado con oro

El humano trabajaba bien con la cortesía, vestía bien y parecía querer dominar la situación. Amanda lo observaba con detención sin demostrar demasiado interés, así era ella...No había remedio, y aunque el señor Von Habsburg se exhibía estricto en postura y mantenía un temple bastante formal; una vez estuvieron en solitario, el tono de voz mutó a uno más seco, casi arrastrado y poroso, y sus facciones fueron sinceras, transparentes y quizás algo contemplativas. Un contraste bastante marcado ante la permanente espontaneidad de Amanda.

-Mi oficio ya debe saberlo, soy restauradora de antigüedades. Mi especialidad son las piezas únicas y relevantes socialmente, algo que sin duda existe en su casa y que por supuesto, no se relaciona con una cocción lenta. Desvió su mirada, para enfocarla en la delicadeza de unas Dalias frescas que bebían desde un florero de cerámica greca. Pero entiendo lo que quiere plantear. Usted desea un desempeño a medida, que se ajuste a sus ritmos. Una adaptación de su estilo y costumbre, al arte de la negociación. Un equilibrio acorde a ambos, porque intuyo que a pesar de mis tiempos, usted está interesado en mis servicios... Como si ya supiera de antemano la forma en que trabajo y lo que se dice de mi. Levantó una de sus cejas, como si hubiera detectado algo propicio. Ella no iba a quedarse ininmutable como se esperaba de una fémina, su personalidad estaba muy lejana a ser pasiva y permisiva, y la verdad era que no se tragaba lo del misterio e ignorancia  por parte de Habsburg hacia ella, ni tampoco el que no supiera acerca de como era su forma de trabajo. Los políticos no eran personas de confiar, siempre estaban tejiendo redes sobre algo, a menos que realmente tuvieran cosas pendientes que resolver, importantes que compartir y requirieran ayuda para obtenerlo: fuera un secreto o un tesoro.

No me digas que acostumbras regalarle tiempo a extraños... ¿Traes a cualquiera a tu refugio?, porque yo no te conozco y tampoco esperé que quisieras citarme a primeras de manera tan creativa a tu terreno, mucho menos para jugar a que no sabes lo suficiente sobre mi.

Se leía a leguas de distancia que lo engreído y quejumbroso, era algo que llevaba en la sangre. Parecía a instantes, un hombre de mente parca y tradicional, dentro de un cuerpo joven; algo anormal, pero interesante. Además de su excentricidad Es cierto, he venido tras aquella invitación de papel decoroso, más aún no sabemos si se transformará en mi cliente, aún no me dice que es lo que busca ni cuánto es lo que desea pagar por ello. Venga digame la verdad. ¿Que tiene en mente?, ¿qué está tramando?

Acercó su mano desnuda hacía uno de los pétalos de la flor en tonos amarillos, hasta rozar la aterciopelada textura, suave y delicada, algo increíblemente agradable y de seguro tan distante a lo que parecía recibir a diario aquel hombre, además de lo que podía asumir de su relación con su malcriada hija. Lo observó ponerse cómodo y sin desearlo, soltó su roce de aquella flor, siguiéndole el paso al moreno para sentarse en uno de los sitiales a un costado del sofá. Levantó sus brazos y se quitó el sombrero, liberando su cabello caoba, que cayó en ligeras ondas por sobre sus hombros y espalda. el piano suena hermoso, es una lastima el que su hija encierre tal melodía entre húmedas paredes, ¿siempre ha sido así?

Amanda sabía de modales, había crecido en un entorno estricto y bastante oscuro. Pero eso no impedía que su costumbre de comunicarse de manera directa, resultara poco apropiada para todos. Con el ojiazul había concretado que aquello no daba mucho resultado, más ¿Acaso existe algo más valioso que desnudar los verdaderas intenciones de manera natural?. Para la castaña no había cosa mejor que el asumir todo de manera concreta. Quizás por ello la agudeza de labia combinaba mucho mejor con su actitud, al estar entre sus pares, al menos eso podía adjudicárselo como un sello más de su personalidad. Simplemente no le veía lo malo en querer responder con una moneda símil hacia un hombre No me mires el brassiere, ni las faldas... Soy más intuitiva que toda mujer y mas persistente que cualquier hombre, soy más que eso...

-Los negocios son una llave difícil de engranar en conjunción con el arte, en especial si se trata de la restauración. Pero si cuenta con los ánimos se pueden lograr muchas cosas. Mi trabajo consiste en rescatar la historia y vida de las creaciones y en ello el tiempo es un factor fundamental. El daño que provoca éste y la corrosión del descuido, no tienen perdón. Tampoco lo tiene el privarse de encontrar un tesoro Cruzó su pierna por sobre la rodilla contraria de manera elegante, esperando a que le sirviera el té perfumado... No, no era el té, este no requería de madera,  ni de agua de azahar, para ser llamativo al olfato. Respingó la  nariz levantando un poco el ovalo de su rostro y evitó hacer comentario alguno al respecto. Aquel aroma tan penetrante a su olfato delicado, le estaba perturbando.

No es malagradecido... lo que veo es que está algo aburrido de lo cotidiano. Esta casa es una joya en bruto. Debería considerar el aceptarla y adaptarla a sus necesidades. Salvarla de un pasar miserable, por culpa de un clima impredecible. Ya habrá escuchado el dicho "los tesoros, los oculta Dios, bajo un manto invisible al ojo ordinario". Apoyó su rostro en la palma de su mano. Agudizando su mirada, especulando silenciosamente acerca del verdadero costo de aquella mansión. Era Central y de espectacular arquitectura, por lo que debía de ser brutalmente rentable. Entonces la codicia se apoderó de ella consumiendole la psiquis -Gracias. Me gusta sin azúcar.




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Re: Cortando la Baraja

Mensaje por Franz von Habsburg el Sáb Mayo 28, 2016 7:52 am

Cortando la baraja
«Every rose has it's thorn»

                          Debería advertirle, que sus propias palabras algún día la van a quemar por bruja. No se trata de un descuido ni detalles olvidadizos. Está equivocada. Profundamente equivocada. Ni sabe cuanta falta de tacto está teniendo en ésta conversación. ¿Intenta burlarse de mí y perder un formidable cliente? Porque le aseguro que nadie le dará tanto poder en la palma de su mano como yo podría. ¿O se piensa qué otros caballeros la invitarían a su casa con la intención de un real negocio, o darse el lujo de darle una pequeña sorpresa que usted, sin duda alguna la halló fascinante? ¡Por supuesto que no! La van a tomar de chiste con tetas. Por lo tanto, insistiré en que deje de ponerse paranoica, no hay nada oculto ni tramas sospechosas e ilegales de por medio… Aunque encuentro atractivo que intente desafiarme. Puede perder demasiado en su búsqueda de fama y riqueza, porque le recuerdo, que provocarme, es tomar una serpiente entre las manos y pretender que no morderá.

     —De seguro sabía que a pesar de mi profesión, llevo vestido.

     Lo he notado. Incluso tuve el atrevimiento de calcular sus tallas anatómicas: El busto y su cintura, dos piezas canónicas que mi vista no desprecia.

    —Sin embargo pasó por alto que también me agradan los detalles...

   Vaya, tenemos algo en común.
 
   —Un punto medio. ¿O quizás deseaba llamar mi atención?

    ¿Es un crimen ahora?

    —Eso si que fue peculiar. Un juego de adivinanzas bordeado con oro.

     Bueno, espero no pierda la invitación. Ha salido muy cara para una desconocida mujer de clase media.

      Únicamente pude corresponderle con una diplomática curva en los labios, reservándome a  no refutarle. Se está despeinado, muchachita. Mujeres de su clase, sienten un fervor excitante a demostrar sabérselas todas, ¿no es así? Oh, señorita Crawley, debería verse ahora mismo en el espejo de enfrente. Sus ojos reproducen un afilado brillo de sagacidad cómplice, y su cuerpo empapándose dentro de ésta habitación sin decoro, resulta un espectáculo inspirador. ¿Sabe lo escandalosa qué está siendo? Claro que lo sabe. Está dando pruebas de ello en silencio, mientras en su interior se ancla un sabor oscuro, vociferándolo en mis narices. Cuidado, sin avisar podría sacarle los ojos y arrancarle la lengua para dárselo de comer a los vagabundos en una sopa. ¡Ni se enterarían! Al contrario, agradecerían mi espíritu filántropo, alabándome como a un santo. Claro que me preocupo por el eslabón más débil.

     Incliné mi cabeza, afable en mi posición de propietario. Mi trato no ha cambiado en absoluto desde que pisó éste suelo, así que, tengo el derecho de decir que estamos en distintos niveles. La admiro desde un trono, como una vasalla que debería estar besando mis pies… ¿Podrá llegar a la altura, al menos? Aún no he visto a una mujer, sigo contemplando a una encantadora arpía.

      —Mi oficio ya debe saberlo, soy restauradora de antigüedades.

    Creí que sería más astuta, no le he preguntado exactamente sobre que trabaja. ¿Me he expresado mal, tal vez? Siento la responsabilidad de enmendar éste error antes de que siga abriendo la boca.

    —Mi especialidad son las piezas únicas y relevantes socialmente, algo que sin duda existe en su casa y que por supuesto, no se relaciona con una cocción lenta.

      Yo le diré su verdadera especialidad: Tiene la inevitable manía de dar piquetes sin medirse. Es interesante, pero también molesto.

    —No me refería exactamente a eso, le pediré unas disculpas por no ser más claro —espeté mediático, no soy alguien que quiere escuchar la obviedad y perder el tiempo en ello. Alcancé en lentitud el puente de mis anteojos y los subí elegantemente—: Quise abordar el tema de cómo le está yendo en su negocio. Y por supuesto, algo referido a su persona. Quiero un trato de negocios a largo plazo, no una rápida transición. La confianza está involucrada en mi caso —aclaré, usando un tono de voz más grave de lo habitual, afirmándome en la sinceridad que se destila sin esfuerzo. ¿Sigue creando conjeturas rídiculas? 

     Escuché forzosamente su discurso, cómodo en el perfume, no de las flores, sino en el suyo. Me permití imaginar sinuosamente que aquél vestido es arrebatado, atacándola como un depredador que atrapa a su presa con sus zampas, en un infrenable apetito. Besaría aquellas clavículas, manteniendo una intensidad inmaculada, donde bajo mi figura formidable, me adentraría al interior de unas gloriosas piernas. ¿Cómo se verían con un par de arañazos y mordiscos? Sé que lucharía por resistirse. Da entender que tiene el prospecto de rebelde, deseando secretamente que la salvaje que yace en vuestro interior, salga a la luz. Usted, reconcorosa, procuraría hasta quitarme las gafas con furia…  batallaríamos hasta yo acabar tomándola sin prudencia, sin contemplaciones. Una música en crescendo, intensifica el escenario, volviéndolo todo caótico.

    Oh. Mis disculpas. Tengo una imaginación mórbida cuando me aburro.

    —El piano suena hermoso, es una lastima el que su hija encierre tal melodía entre húmedas paredes, ¿siempre ha sido así?

    —No —respondí confidente—, desde que su madre falleció, junto a su hermano mellizo, se han vuelto muy apegados a mí. Son celosos, posesivosson de mi estirpe después de todo—, se odian entre sí. A excepción de mi hijo mayor, el del primer matrimonio. Él sigue los pasos militares —emití una pausa, entonces añadí un contundente—: Me he casado tres veces, señorita, ahora estoy de nuevo en la soltería.Viudo, quiero decir—. ¿Y usted?¿No he dicho ya qué estoy interesado en conocerla?

     ¿Alguna vez ha conocido a un hombre misterioso y transparente al mismo tiempo? Un océano que a simple vista parece tranquilo, pero en las profundidades alberga oscuridad e infinidades de criaturas… ¿Quieres adentrarte más, Amanda? Te lo permito, siempre y cuando, no quieras escaparte.

     —No es malagradecido... lo que veo es que está algo aburrido de lo cotidiano.

     Es lo único que ha acertado en toda la tarde. Sonreí levemente, regocijándome en su bendito descubrimiento.

  —Esta casa es una joya en bruto.

     No lo es, es desagradable

     —Debería considerar el aceptarla y adaptarla a sus necesidades. Salvarla de un pasar miserable, por culpa de un clima impredecible.

    La única solución es derribándola y reducirla a escombros. ¿Cree que es magnifica por estar decorada de lujos? Vea con más atención, encontrará manchas irrevocables y olores que sólo se pueden tapar con decoraciones florales. Se ha hecho una matanza de jardines, cambiando dos por tres el agua y tirando a la basura las flores marchitas.Es estética superficial.  

     —Ya habrá escuchado el dicho "los tesoros, los oculta Dios, bajo un manto invisible al ojo ordinario".

    Arqueé una ceja, incrédulo. ¿De verdad me lo está diciendo o intenta remediar lo irremediable? No está funcionando, se la regalo si tanto la ama. Casase con ella si quiere, pero yo no daré mi brazo a torcer. Añadí una cucharadita en ambas humeantes tazas, revolví en un actuar sereno, prudente. Antes de hablar, humedecí mi boca en el té blanco, palpando gustoso las delicadas hierbas exportadas de la China.

     —Los tesoros que usted habla, los quiero cuidar y llevármelos lejos de ésta casa. La humedad, señorita Crwaley, hace estragos en las pinturas de mi familia. Creo que no necesito explicarle, dado que es conocedora de los efectos irreversibles cuando se encuentran en una intemperie catastrófica.Primer punto—. Me sabe extraño que intente convencerme, cuando está aquí sentada por éste mismo tema: La mudanza.Segundo punto—. Debe ser por su inquietud.Y cuánta—. Déjeme decirle que aún no me ha convencido del todo, a primera impresión, deseó que escupiera mis intenciones con un apuro infrenable de tomarlo y largarse… Se lo perdono —¿Misericordioso? Yo diría intrépido orador—. Sabrá que me mudo, por lo tanto, quiero confiarle algunos cuadros que deben ser restaurados en la prontitud. Le daré una semana, plazo en que ya estaré instalado en la nueva casa y para estrenarla, quiero que su trabajo sea la novedad —sonreí condescendiente, el tercer punto a tratar, lo que usted estaba ansiando, ¿no es así? Sorbí un trago corto, y proseguí solemne—: Estará usted invitada en la reunión, su presencia no debe faltar. Aunque le advierto: Será la única mujer presente. Entenderá entonces, que tendré la responsabilidad de lo qué puedan llegar a decir de su persona. —En mejores términos, seré su sombra en toda la velada.

    —¿Aún sigue deseando qué no me mude?.... —Un tinte malicioso que dejé relucir en una perlada dentadura. Debería aprender a ser prudente y recatada. Asentir y obedecer como los perritos, ¿debo enseñarte? Dime, ¿debo?


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Extranjero — Nobleza



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