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Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por E. Sabine Baker el Miér Jun 15, 2016 2:32 am

Shake and Fingerpop
with Marco Farnese

                El cadáver de un tirano esposo, a pesar de las exigencias maritales, no puede negar que alguna vez lo quiso. La hacía sentirse una emperatriz poderosa, amada y atendida. Le tambaleaba los sentidos, pero, ése respeto fue deteriorándose conforme ya no la deseaba como antes, ni encendía la llama de una esposa que con los días se volvía frígida, negra, oscura…  Inevitablemente, adquirió un sentimiento creciente de odio. Podía aguantarlo gracias a su primera aventura en sus infelices años de casada, y me estoy refiriendo precisamente al general Amadeus, el borracho y loco ruso que, aún hoy día no sabe precisamente que le ha atraído. Después, la lista de pretendientes es corta ya que ha tenido citas varias, pero ninguna concluyó a algo serio, ni mucho menos, algo que pueda tildar de “amante”. Fueron exquisitos y nobles, sin embargo, todos se espantaron con sus fetiches más malévolos. No aguantaron. Y antes de que pudieran abrir la boca para arruinar una imagen que fabricó para la sociedad, acabaron durmiendo bajo tierra.

     Ante estos sucesos, ha adoptado una discreta y secreta aversión a los hombres, pese a ello, su cuerpo sólo reacciona como si respondiese al calor de una fogata, o al frío de una nevada. ¿Es qué no pueden entender lo poco que le importa a ella el manejo de la seducción, más que tomarlo como una herramienta venenosa? ¿Se creen qué siempre deben ser imprescindibles en la vida de una mujer? ¿Debe estar obligada a suspirar por ellos cada noche esperando qué regresen al lecho como amantes escapistas? Se hartó de ansiar una novela que le enseñase a amar, ésas que su padre le leía de muy niña y lograban fascinarla. Entonces, ¿qué papel jugará Marco Farnese en su historia? ¿Por qué le pidió, o mejor dicho, exigió una cita?  Aquella pregunta la dejó pasmada, sólo debió tener la iniciativa de irse y no volver a hablarle. Después de llegar a su mansión y ser arropada en unas suaves sábanas tibias, contrariamente a los helados dedos del caballero que le produjeron escalofríos, lo meditó sin conciliar el sueño. Quizás porque era diferente, quiso creer. ¿Diferente en qué? Se estremeció de recordar su beso, incluso. ¡Maldita sea! ¡Encima es joven! ¡Y ella se hacía vieja! Tristemente, la juventud es lo que comenzaba a envidiar…

    Lo odia. Lo odia como a ningún otro hombre ha odiado, pero también, la sedujo como ningún otro hombre lo ha hecho. No bastarían frases elaboradas, ni detalles o discursos políticos. Por ello, ésa misma madrugada escribió en puño y letra la carta, para que no exista ningún margen de error. Es el primero en pedírselo, ¿por qué no hacerlo? Llegaría temprano en la mañana. La tinta recorre el papel a prisas, pero el primer boceto fue tirado hasta empezar con otro nuevo.

Carta:
Monsieur Farnese:

B
uenos días. Espero no crea que os he hecho caso a vuestra petición para complacerle, sólo quiero que la velada sea lo más llevadera posible y no suceda un acontecimiento catastrófico del cual haya que explicar después porque Marco Farnese, posee un tenedor enterrado en el ojo. Soy una dama de pocos sentimientos, ni le mentiría diciéndole que me ha producido desprecio a hacia su persona, del mismo modo, voy a confesarle que ha hecho de mi noche un poco diferente a lo pensado. Emocionante pero aborrecible. Sois un descarado.

Lo que me gusta, preferiría contárselo en persona. Para su suerte, tendrá estrictas especificaciones de lo que no debe hacer:
1. Controle sus instintos. Odio que un hombre se crea tener la confianza de tocar a una dama cuando no hay consentimiento de por medio... Yo a usted no se la he dado nunca.
2. Las conversaciones extensas me producen tedio. Si miro todo, menos a usted, es porque ya he dejado de escucharle. Exactamente como en vuestra fiesta, que no he oído ninguna palabra de su última explicación.
3. ¿Palabras bonitas? Trágueselas con cicuta si lo desea. Es más complaciente una mirada silenciosa cargada de verdades a falsedades adornadas.
4. No tome la iniciativa. Lo haré yo si me siento cómoda en la situación.

Es lo que por ahora se me ocurre. Si tropieza, no se disculpe, tomaré yo la responsabilidad de no habérselo dicho antes en ésta carta.

***

     Se peinó los mechones con rabia, tiró ansiosa mirándose frente a un gran espejo, el único testigo de su impaciencia. ¿Por qué tardan con su vestido? Sentía que su servidumbre se volvía incompetente cada día, ¿o es qué ella se estaba convirtiendo un poco más blanda y permisiva? ¡Imposible! La primera criada en aparecer, resultó víctima del peine que recayó en su cabeza. Los ojos de la señora centellean en fuego, arden y queman, volteándose por tener que presentarse a una cita que jamás debió de haberse mencionado. Se está arrepintiendo. Verlo otra vez resucitaría odio y otros sentimientos perturbadores, aunque tampoco puede negarse a un pequeño, ¿no? Divertirse como una dama soltera… “Se lo merece”, decían los empleados. Alentando la aventura como si fuera él un gran partido. ¡Por dios! Tensó la mandíbula, frustrándose por algo que iba a decepcionarla más tarde.

     La vistieron y maquillaron a prisas, aunque la pelirroja peleó porque la ponían demasiado “hermosa”. ¿Para qué esforzarse tanto? Creerá que se ha esmerado para él. Y eso, es inconcebible. Bufó, hasta finalmente dejarse hacer, adaptándose a ése lujurioso VESTIDO que asomaba un poco del escote generoso. Espolvorearon su rostro, y después, se echó gotas de perfume en notas de ciruela, antojándole un aire refrescante y misterioso.

***

     Una vez atravesar el umbral del local gastronómico, su estómago comenzó a retorcerse. Las miles de víboras en su interior se hallan en amenaza. No confía en ése hombre, no después de no haberle devuelto la daga y ser indiferente a su ataque. Se muerde el labio inferior, arreglándose pretensiosamente las pequeñas hebras que sobresalen de sus sienes, y las devuelve al lugar de dónde nacieron. Se irgue, alza la barbilla, las miradas de alrededor no evitan comérsela y ella, simplemente se limita a acercarse a la mesa que han reservado para aquella noche.

     Para su desgracia, en Farnese siempre descubre ésa ejemplar y odiosa mirada, cargada de deseo, de apetito por atreverse nuevamente a devorarle la boca. Su vestido, amplio y robusto, se estruja contra la mesa una vez sentarse, enfrentándolo sin opción a evasiones. Arregla los tenedores que se postran lustrosos, casualmente, admirándose narcisista una vez poder contemplar su reflejo. Entonces, cuando por fin se digna a hablar, pide:
    —Luego le pediré que me devuelva la daga —en voz suave—. Es un recuerdo de mi familia. Espero que comprenda, monsieur —insistió, dejando los cubiertos en paz y deslumbrando una sonrisa afable en su boca. El primer dialogo de la noche, y ya estaba escueta—: ¿Ha disfrutado de su fiesta? —No le interesa saberlo en absoluto, sin embargo, ser falsamente cortés es una de sus manías. En silencio, contempló el impoluto traje de su compañero, lo aprobó en silencio y seguidamente, dejó caer sus ojos en la delicada letra del menú que el mozo les dejó a ambos.





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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por Marco Farnese el Miér Jun 15, 2016 2:17 pm


D

  estrozame
  Destruyeme
  No importa lo que quieras hacer conmigo
  Yo volveré a levantarme.


 
Si del amor al odio tan solo hay un paso ¿Cómo es que aún no te dignas a caer señorita Baker? Quizás por eso es que me atrae tanto, su obstinado caracter y su necesidad por dejar claro en todo momento que no consigo si quiera arrancarle un mísero suspiro al pensar en mi y en nuestro en cuentro. Cuando pienso en aquel beso y en su indudable autocontrol una sonrisa acude juguetona a mi rostro; seguiría las normas que me impusiera... hasta que me aburriese de jugar.

 ¿Llevaría la leona al lobo hasta el redil?


Impecable. El lugar de encuentro había sido elegido en base a los gustos de la señorita y según aquellas estrictas normas que me había impuesto; por lo general soy de los que opinan que las reglas están para romperlas pero con esta mujer las cosas no eran así. Impecable, me presenté allí media hora antes con el objetivo de asegurarme de que todo estaba tal cual lo había ordenado. Un reservado solo para nosotros dos, sin miradas ni compañía de gentuza innecesaria; la mejor vajilla de la casa y el lugar aromatizado nitidamente, pero lo suficiente como para que uno pudiese sentirse atraído cual imán. La iluminación justa y el servicio elegido personalmente por mí. Tan eficiente como siempre; sí, impecable era sin duda alguna la palabra.

  Sabía que Sabine llegaría a la hora, estaba segura de que no era del tipo de mujeres que se hacen esperar; ella está por encima de aquel tipo de cliché... sinceramente, me aburría. No podía dejar de contemplar mi propio reflejo en los cristales del baño de caballeros. Cabello bien peinado, traje de chaqueta y zapatos negros; limpio, impoluto y con decoraciones bordadas a mano tanto en la chaqueta como en el chaleco con cierres a presión. La fragancia suave pero tentadora, destacaba por encima de cualquier otro olor ¿Quién podría resistirse a semejante espécimen? Obviamente habían colores para todo tipo de gustos y no siempre sería aquello que toda mujer deseaba, pero con un poco de esfuerzo podía llegar a serlo. En aquel momento, tan solo me interesaba una sola mujer y no había ninguna otra a la altura, por ende, mi impecable imagen de aquella noche había sido elegida con detalle solo para ella. Suena narcisista y superficial, pero así lo es; causar una buena impresión es primordial y eso me hará ganar puntos a favor con la leona.
 …

Había escuchado aquello de que si quieres impresionar debes hacer una entrada triunfal, sin embargo no todo el mundo necesitaba destacar por encima del resto para atraer todas las miradas. Ese era el caso de la famosa y conocida jefa de la mafia. Me vi obligado a levantarme de mi asiento en cuanto cruzó por la puerta, por educación y por galantería aunque no me excedería. Una simple reverencia antes de contemplar su arrebatadora figura embutida en aquel traje de diseño; tan hermosa como la última vez que la vi.

 Una mirada bastó para hacerle saber que me gustaba aquel conjunto, no era una mirada lasciva solo de deseo y quizás algo de admiración, pues conseguía deslumbrar allí donde fuera.  Su fragancia pronto inundó mis sentidos y dejé de pensar, no sabía si lo hacía verdaderamente por provocar o no lo pretendía, el caso era que no entendía como una mujer como aquella seguía sola... bueno, en el fondo si lo sabía, pero dejemos lo obvio a un lado. Hoy no queremos ofenderla. Solo queremos comprobar si realmente le agradará el lobo manso que quiere que sea o prefiere al lobo más salvaje.

 Respeto su silencio así como el que elija el sitio en el que quiere sentarse, tan solo la observo. Es curioso como se mueve al rededor y elige las palabras con detenimiento, no parece muy animada con aquello. No me digas que la leona se arrepiente ahora de la invitación... curioso. No entendía por qué seguía jugando a aquello, si en el fondo somos dos seres iguales. Anteponer su ego a lo que su cuerpo desea ardientemente es una elección sabia y valiente pero un tanto estúpida pues no iba a disfrutar de la velada si no se dejaba llevar. Una caricia podría despertar el más hondo y profundo huracán... pero ¿Estaba dispuesta a ello?

- Su daga... - Mi voz es un susurro al igual que la voz de ella, no teníamos música ambiente, no quería que nada perturbase la tensión del ambiente y la musicalidad de nuestras voces al conversar. Alargo la mano con la palma hacia arriba, enseguida el metre se acerca con una sencilla caja azul de terciopelo alargada; en su interior descansaba su preciada daga, limpia y afilada entre papeles de seda. Cuando mis dedos la rodean, el metre desaparece, y se la devuelvo a su dueña con una sonrisa en los labios, sincera pero fugaz.- Y supongo que ni le alegrará ni le perturbará saber que me retiré de la fiesta cuando usted la abandonó, había tenido suficiente dosis de... diversión por aquella noche.

>> ¿Qué hay de usted? ¿Ya se ha arrepentido de su poco meditada decisión?

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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por E. Sabine Baker el Vie Jun 24, 2016 1:06 am

Shake and Fingerpop
with Marco Farnese

                No. Jamás se deja llevar. ¿Cómo hacerlo cuando las veinticuatro horas, se encuentra a la defensiva con el mundo corruptible? Nunca bajó la cabeza ante nadie después de su marido fallecer, ni tampoco se permitió envenenarse con aquél sentimiento inmundo de placer, que la destierra de su raciocinio. No confía en nadie, ni de su sombra; su corazón, enterrado en una superficie de nieve y hielo, la luz del sol no lo ha alcanzado todavía. Pero allí está delante suyo Marco Farnese, brillante y caliente, procurando derretir capas de su helada coraza impermeable. ¿Podría con la reina de hielo? ¡Es tan fría que quema!

     “Que considerado”, allí posó sus ojos tintos, seducida por el filo de la daga que descansa en una tierna cuna. Realmente no se esperaba semejante acto. ¿Acaso es demasiado predecible para ése hombre? Las luces de las velas se ciernen sobre la misma, comienza a palidecer cuando los recuerdos de una madre quemándose viva la agitan. Admira su alrededor en un gesto tranquilo, pero por dentro, el patente trauma de su niñez, se la llevan de aquella realidad. La mano, le tiembla con ansiedad. Quería rascarse pero se controla en un nivel sobrenatural. La voz de su acompañante, se pierde en un sordo silencio, compenetrada en los chillidos de aquellas vidas que tanto quiso en tiempo pasado. Ya no está allí, reconociendo el rostro de una persona ardiendo en llamas, consumido por el abrasador calor mientras la carne se desintegra a prisas.  

    Se levantó inmediatamente, y antes de hablar, se aclaró la garganta. Está sequísima.
   —Con su permiso, monsieur —se arregla un mechón del cabello—, iré al toilet de damas. —Se encaminó en lentitud, seguramente, el caballero no se esperaría tal reacción de su parte. Incluso, creería que desaparecería de su vista, otra vez, pretendiendo huir por la ventanilla del baño sin importar trepar por el balcón. No era así. Abrió la puerta del tocador y se encerró allí por unos momentos, encontrando su reflejo en el espejo sin desear lavarse la cara para no arruinar el maquillaje. Contemplándose, odió encontrar una mirada desolada y una belleza rota. Respiró profundo, y fue capaz de pensar si el joven se habrá dado cuenta de su perturbada escapada. Recostándose contra la puerta, deambuló su vista en la cerámica del baño, hasta que escuchó pasos detrás, y un par de toques llamándola como: “¿Señora?”, de manera insistente.

    —Largo. Está ocupado. —Apretó los dientes, hinchándose de rabia—. ¿Una dama no puede tener privacidad?

    —Me envía el señor Farnese —respondió preocupado, era uno de los camareros—. Me pregunta por su estado.

    —¡Qué se vaya al cuerno! —Exclamó irritada. Se abrazó, y luego se arrepintió de lo dicho—. Espere. Dígale: Si tanto se preocupa por mi bienestar, debería haber venido usted mismo. ¿No se las da de correctísimo conquistador y galante? —entrecerró sus ojos—. Dígale todo eso, y espero no se le escape ninguna palabra, ¿entendió?

   Corrió a prisas, repitiendo como un excelente lorito la oración entera. Se limpió el sudor con un pañuelo del bolsillo, bastante desconcertado por ser el mensajero de la pareja, y entonces acotó expresamente—: Creo que si se siente mal, señor, en mi sincera opinión. Se ha encerrado y no sabría decirle en qué momento le apetecerá salir.




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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por Marco Farnese el Sáb Jun 25, 2016 1:42 am


¿

Cómo debía tomarme aquello? ¿Era una negativa o una respuesta positiva a mi pregunta? Si he de ser totalmente honesto, me había dejado incluso sorprendido. No esperaba una reacción como aquella de Sabine, la veía como una mujer fuerte y capaz de todo, ver aquella expresión en su rostro... estaba descompuesta por completo. Incluso me levanté de la mesa, iba a intentar atraparla pero las reglas me prohibian tocarla si ella no me lo autorizaba. Volví a sentarme en la silla, totalmente descorazonada ¿Qué le pasaba? No lo esperaba para nada.

 Viendo que no regresaba y con miedo a perturbarla mandé a uno de los camareros a que comprobasen si se encontraba bien o necesitaba ayuda. Viendo la respuesta que el camarero me dio, haciendo de  mensajero, decidí que quizás sería mejor idea si iba yo mismo a intentar convencerla de lo que fuera que la tenía angustiada, que no pasa nada. No me gustaba lo más mínimo que mi invitada se encontrase en aquella situación y aún menos viendo lo bien que podría haber ido todo. Me levanto de la silla, dando la orden al servicio de que eviten la zona del baño de las señoritas mientras estuviesemos ambos por allí. Sabía que Sabine podía ser un tanto cabezota y que convencerla me llevaría tiempo, apenas la conocía pero de aquello estaba seguro; no se iba a dejar ayudar facilamente.

- Señorita Baker... - Llamo a la puerta primero, de lo contrario sería descortés por mi parte. Me dejo caer hacia el suelo lentamente, no iba a esperar a su respuesta de pie. Podría darme algo. Apoyo mi espalda contra la puerta, notándola cerca tras la madera. Noto su respiración y corazón latir, son erráticos. Algo iba mal y no estaba dispuesta a aceptarlo, aquello estaba claro.- Sabine, estamos solos. No tiene nada que temer, si se encuentra mal dígamelo para que pueda ayudarla... pero si no me dices nada no podré ayudarla.[/color]

  Dejo escapar un suspiro por entre mis labios. El servicio me mira escépito y me veo obligado a volver a echarlos esta vez con un poco más de rudeza que con anterioridad, si seguían así los sacaría del restaurante hasta que todo aquello estuviera realmente solucionado. Odiaba que quisieran cotillear cuando realmente alguien lo estaba pasando mal. Sonaría raro viniendo de mi, señor narcisita... sí, me quería a mi más que a nadie más pero eso no implicaba que no pudiese preocuparme por nadie más que no fuera yo. Además, si era mi invitada y podría estar pasando un mal raro por mi culpa. Golpeo mi nuca contra la puerta, cruzando los brazos bajo el pecho. El silencio era mortal y solo deseaba que me contestara.

 - Sabine, sé que mi labia le aburre por eso mandé a uno del servicio... no pretendía ofenderla ni mucho menos, solo quería acatar sus reglas y no romperlas. Si he hecho algo que le haya hecho mal lo siento... no sé que más puedo hacer ¿Qué necesita?

 Doy otro golpe con mi cabeza en la puerta. La esperaba me mata ¿Y si le había pasado algo grave y realmente no podía comunicarse conmigo? No podría cargar con la responsabilidad de haber hecho daño a alguien sin merecérselo. Suspiro, pues debo tranquilizarme y actuar con cabeza y no de manera impulsiba. Su pulso y respiraciones pese a ser erráticas son normales por lo que no debe estar herida ni da por el estilo. Los camareros vuelven a asomar el hocico y les señalo que salgan del local con un seco movimiento, solo estobaban y me ponían más nervioso.

Jamás habría pensado que me vería en aquella tesitura y aún menos nada más empezar al noche. Porcuaraba guardar silencio, puesto que tanto le molestaba mi voz no debería enfadarla. Espero con paciencia y diligencia, pasase lo que le pasase estaría ahí para ella. No podía dejar que se hiciera mal por aquello... lo peor de todo,es que después podría utilizar todo esto en mi contra pero me arriesgaría a ello. Merecía la pena y aún más por una mujer como aquella.
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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por E. Sabine Baker el Vie Jul 22, 2016 5:27 am

Shake and Fingerpop
with Marco Farnese

                Se arregló las arrugas del vestido, acomodó un mechón carmín, llevándosela detrás de la oreja e intentó recuperar la compostura, una que creyó estrellarse al piso y desparramarse por todo el restaurante a la vista de unos incompetentes. Se acercó al espejo, y contempló a una mujer poderosa, soberana. Sus labios comienzan a temblar, y su mano reposa en el seno cubierto, justo a la altura de un corazón inquieto que deseaba salir corriendo. No está preparada para verlo a los ojos. Además, había hecho preocupar al caballero, y eso es algo que no se estaba permitido, al menos no para una mujer de su calaña. Nunca está dispuesta a abrirse a nadie. Pero hay situaciones extremas, inexplicables, que acaban dando un giro que la llevan directamente a una encrucijada de confusiones. Él la confunde con sus gestos, y le costaría agradecerle la amabilidad porque su orgullo glacial, se lo impide. Hasta cuesta creer, que ése tipo realmente es capaz de comportarse como un marido.

      Creyó que estaría más tiempo en compañía de un silencio espantoso, pero, a ella le interesa mantenerla. Pues es agradable, sumisa y no hace preguntas estúpidas como muchos suelen hacerle. Podía ser ella misma, sin lidiar con cortejos frívolos, por eso intenta sonreírse torcidamente. La sonrisa procura esfumar la carga de sus hombros.

    Giró su rostro a la puerta; creyó que Marco no volvería a insistir.
    —Sabine, sé que mi labia le aburre¡y no sabe cuanto!—, por eso mandé a uno del servicio...¿Necesita usar una labia extensa para venir a ver mi estado? Deberían llamarlo asno—. No pretendía ofenderlano es necesario pretenderlo, con su estupidez latente es más que suficiente—, ni mucho menos, solo quería acatar sus reglas y no romperlas.Imbécil—. Si he hecho algo que le haya hecho mal lo siento…¿Además de pecar de atractivo? Demasiadas cosas—. No sé que más puedo hacer.Matarse, por ejemplo—. ¿Qué necesita?

    Se posó frente a la salida el baño, acariciando el pomo y enderezando la barbilla. Intenta regresar a la mirada imperturbable e impotente, la que no se deja dominar y mantiene el espíritu en alto. Inquebrantable.

    Abrió la puerta, muy lentamente:
   —No volverá a pasar. —Excusó—. Lo siento, señor Farnese. —Lo descubrió sentado en el suelo, cómo un hombre derrotado e injustamente humillado, sin respuestas incluso. Llegó a su altura, impidiéndole levantarse, y su mano registró la mejilla del hombre al rodearlo, buscando fundirse en aquellos ojos inmortales que intentan succionar su alma. Se pone a su altura, robándole un fugaz beso que podría asemejarse a un toque de pétalo—: Parece un perrito. No pude evitar darle su galletita. —Se ríe cínica, perturbando el buen ambiente como sabe hacer la mayoría de las veces. Deberá acostumbrarse a sus modismos apáticos.

   —No sé usted, creo que he arruinado la cena aún sin empezar —y no se siente segura de que sentir al respecto—. Le prometo recompensárselo.





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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por Marco Farnese el Vie Jul 29, 2016 12:11 pm


¿

 Qué hacer en aquel momento? ¿Aprovecharme de su debilidad o devolverle a la leona aquel poder que tanto atesoraba?  Era curioso como al fin y al cabo, aquello que escondía en lo más hondo de su ser, que le hacía parecer como cualquier otra mujer, podía salir a relucir en el momento más inesperado.

 Ladeando el rostro levemente, con la nuca apoyada en la pared atisbo a contemplarla. Quizás yo parezca derrotado y sin fuerza alguna, pero por mucho que trate de disimularlo pero su mirada la delata y aún más sus actos. Parece que intentar volver a la leona que es. Inquebrantable. Es digna de admiración. Su fuerza y su poder sin duda alguna es propio de una mujer de acero, pero en el fondo esconde algo que rara vez permite contemplar a nadie más que no sea su propio reflejo ¿Había sido capaz de contemplar levemente un ápice de ello? Quizás. Pero de nada servía hacerse el importante. Ahora debía decidir si hacer como si nada de aquello había ocurrido o si aprovecharme de ello.

 Se mueve como una suave brisa a mi al rededor. Me permito el deleitarme con aquel mortal y tan mundano aroma, aquel que consigue hacerme perder la razón y por el cual no debo dejarme guiar. Sus labios se posan apenas como el revoloteo de una mariposa sobre los mios. Estaba siendo venebolente conmigo. No era propio de ella. Apenas conocía a Sabine, aún me quedaba mucho por aprender, de eso no cabía duda, pero si algo sabía de aquella mujer es que no se dejaba vulnerar por nadie, ni tan si quiera por un hombre como yo. Debería agradecer aquel pequeño gesto. La calidez de un momento tan fugaz, que como me temía pronto se tornó en burla para ella. Otra vez aquella carcasa comenzaba a rodearla. Si no actuaba con rapidez acabría perdiendo mi oportunidad.

 Apenas permito que se aleje de mi persona. La tomo por el brazo con suavidad para acercarla hacia mi pecho. Con un raudo movimiento tomo aquel hermoso rostro por el mentón, elevándolo hacia mi. Me permito unos segundos para estudiar su mirada, aquella llena de incógnita y secretos que deseaba descubrir. Ella me había robado un beso. Tomaría lo que me pertenecía. Bien podía recibir un golpe por su parte o bien alguna nueva burla; poco me importaba ya. En algún momento acabaría destruyendo su caparazón y ya no podrá huir ni de mi, ni de si misma.

 Mis labios presionan los ajenos con la misma suavidad de aquel frágil pétalo. Mi mano libre rodea su cintura con una caricia, acercando su cuerpo un poco más, absorviendo su mortalidad con ansia. El deseo me corre, aún así no puedo darme a estas bajas pasiones; tan simples e infantiles, no con ella. Si deseaba cortejarla no debía ser como aquellos otros hombres rudos y toscos. Debía tomarla como se toma una pieza de cristal ente las manos, con delicadeza; y proseguir tal y como dicha figura se elabora, con paciencia y dedicación. No alargo el contacto, ni tan si quiera el beso, tan solo me deleito lo suficiente en su calidez y dulzura antes de sapararme y ponerme en pie ofreciéndole una mano. Levemente reverenciado frente a ella. Parecía ridículo y seguramente no sería de su agrado ¿Pero qué más podía hacer después de aquel repentino ataque ofensivo, en respuesta al suyo?

- Como un perrito fiel haré como si nada de esto hubiese ocurrido.- Mi mirada sigue posicionada sobre ella esperando una respuesta. No era digno de un hombre mirar de aquella manera a una mujer, sin embargo nadía más que nosotros sabría de este encuentro. No saldría de aquí. Sería un secreto entre ambos y aquello me daba esperanzas que quizás no debería ostentar.- No sienta nada, aún no ha arruinado nada. Ahora si me permite acompañarla a la mesa, Signiora Baker.

 Esperaba haber escogido las palabras exactas. No deseaba que la situación se alargase o volviese a tornarse incómoda. Le devolvería aquel poder que tanto atesoraba y volvería a ser el carnero que aquella leona dominaba, pese a no ser aquella mi postura predilecta. Sabine, además de ser capaz de hacerme perder el aliento, era capaz de rebajarme a la nada y aún peor, yo lo hacía placenteramente. Aquella mujer era peligrosa, pero el peligro es un tabú y un placer tan demencial que no pudo huir. Deseo ser tratado así por ella ¿Acaso me ha hecho perder la razón? Quizás la respuesta acertada sea sí, pero jamás lo aceptaré frente a nadie, ni si quiera ante ella. Seguirá pensando que actuo, que mi único objetivo es la de llevarla a la cama, pero hay mucho más debejo de todo esto querida Sabine, ¿Serás capaz de verlo algún día? ¿O preferirás seguir pensando que soy un juguete al que destrozar? Es mucho más sencillo vivir pensando que algo que es no es ¿No es cierto? ¿A qué le temes Sabine? ¿A ti, a mí, a lo que podamos hacer junto o a ese sentimiento que lo destroza todo a su paso?



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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por E. Sabine Baker el Vie Ago 26, 2016 5:11 am

Shake and Fingerpop
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                El hombre parado frente a ella era una maraña de problemas, porque cada vez que le dedicaba una miradita juiciosa, no podía más que hallar una pasión desenfrenada que anunciaba con entrar en ella y revolverla como una horrible tempestad. Y no le gusta eso. Porque la saca de su zona de confort y comodidad, un hombre tan desaliñado sexualmente hablando, que sabría inevitablemente a emociones inquietas que es mejor dejarlas calmadas. Pacíficas. ¿Tan desquiciada y aburrida está la juventud?
     Y podrá éste disimular bien, guardándose comentarios que son mejor ni expresar para no atormentar a la reina de las nieves, sin embargo, en silencio y remotamente camuflado entre líneas se podían leer las preguntas lanzadas al aire. Ése trasfondo turbio que es mejor no revolver sino se abrirían puertas con imágenes desconcertantes. Por eso, ambas miradas centelleantes entre la bruma de unos candelabros difusos, se antoja exponencialmente tenso.

    Sin embargo, que fuese tomada sin previo permiso y sin siquiera preguntar, le resultó incomodísimo por no decir, que está rompiendo muchos protocolos ante una dama como ella. Insultada, e incluso, rompiendo su querido espacio personal, algo que le obligó a empujar con sus manos para apartarlo de sí sin parecer una gata arisca, capaz de arañar algo más que su cara bonita. Quiso evitarlo, pero los labios invaden los suyos con un ejercitado y ya acostumbrado sentido del poderío sin consentimiento. No corresponde. No está de ánimos y ya más de una vez tuvo que soportar los labios de un hombre que no quería ni ansiaba sobre ella. Aquél besó no la trastabillo como en la fiesta; en ésos momentos; no está dispuesta a dar nada de sí por la fuerza y Marco se percataría que siquiera un beso robado iba a lograr su cometido.

    Aunque no era su intención ser tan tajante en el rechazo, tenía qué estar en la realidad. Su realidad. Con los pies en la tierra y no desvanecida como un espectro lejos de su cuerpo.

   Ignora su mano caballerosa y no evita espetar—: ¿Y espera que luego de esto le de la mano?

     Su gesto es prudente y maquiavélico, otorgando a su expresión una altivez femenina pulida en cuánto le admira. Esa lucha psíquica, se volvía poderosa y fatigante, dónde dos seres diferentes en contraste: Calor y frío, chocan catastróficamente.

    —¿Es qué acaso el ego nubla vuestro juicio?

    Fue su último comentario antes de caminar solitaria, adelantándose a él mientras escucha su propio latir y su respiración apaciguada. Encontró la mesa abandonada, platos y cubiertos de plata lustrosas, todo en su sitio. Buscó lugar y se acomodó las arrugas del vestido, propiciando un movimiento coqueto al acariciarse la clavícula de una forma distraída, después los dedos se posaron sobre su adorno en el cuello, un lazo celeste transparente; pero luego, los dejó tiesos en el mantel, una mano arriba de la otra en un descanso relajado.

   —Parece que os olvidaste de la regla número uno. —Era predecible que lo mencionaría—: “Controle sus instintos”, ¿se acuerda? Y la cuarta: “No tome la iniciativa”. Creí que sería bastante fácil de manejar para vos. Que estaría de acuerdo y por eso, estamos aquí… —soltó un leve suspiro, una brisa de su boca que el aire repudió. ¿Realmente es difícil descontrolarse ante su presencia? Retomo la carta entre sus manos y no tardó demasiado hacer sus elecciones. Se tomaría el gusto de elegir la entrada, el platillo principal y el postre.

    No tenía ningún apuro.

    De reojo, le admiro contemplativa, una mirada curiosa que no le había dedicado antes. Una de ésas que son escondidas y no desean ser descubiertas porque entonces, se imaginaría algo que no es pues ella, se dedicó a estudiar ésa expresión taciturna, persistente y analítica. ¿Cuánto habrán visto sus ojos? ¿Cuánto habrán deseado tener y consumir?






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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por Marco Farnese el Miér Sep 07, 2016 12:35 pm


C
omo era de esperar la leona regresó en cuestión de suspiros. Estaba claro que mis irrespetuosas acciones habrían hecho regresar a la hermosa dama a su ser; aquello no era en cierto lo que pretendía, aúna sí no pude evitar esbozar una sonrisa cuando contemplé su decepcionado y contrariado rostro, sus manos me alejaban de su cuerpo, de su calidez y sus palabras eran tajantes y afiladas como aquel cuchillo que una vez clavó en mi. Uuuh... ¿Crees que acaso eso duele?

 Observo su figura marchar delante de mi, como se niega si tan si quiera a mirarme o volver a tocarme. Es la dama de hielo, desde luego aquel papel era el que mejor interpretaba... aunque en el fondo se pudiera esconder un cálido corazón que añoraba encontrar de nuevo la esperanza y la tortura de un nuevo y desastroso amor ¿O no? No podía equivocarme tanto con ella; bien cierto es que apenas la conozco aún, que me queda mucho por aprender. Pero esos pequeños atisbos de humanidad que se le escapan por entre los dedos cuando se encuentra en mi presencia... esas pistas, me ayudan a construir una imagen de Sabine mucho más fuerte y concisa de lo que ya era. Una mujer con pasado y cricatrices, una mujer capaz de tratar a los demás con honestidad y que llegado el momento podía mostrarse empática y caritativa. Observándola de aquella manera, a lo lejos, pues era todo cuanto me podía permitir en aquel momento después de haber roto aquellas estúpidas reglas, conseguía deleitarme. Sus movimientos calculados, sus miradas penetrantes, como sus manos se movían sobre su propio cuerpo cononciéndolo mejor que nadie absorta en sus pensamientos... seguramente maldiciéndome en su interior por ser un inepto y un descarado. Una carcajada disfrazada de bufido se escapó por entre mis pletóricos labios.

- ¿Nunca haré nada bien verdad? -Caminaba con las manos en los bolsillos frente a ella, antes de sentarme frente a aquel enfadado semblante que no sabía ya que esperar de mi y aquella noche.- A sus ojos no soy más que un niño y aún así, he vivido mucho más que usted... he visto mucho más que usted... ¿Por qué será que no le agrado?

 Me acomodo en mi asiento, recostándome sobre el respaldo. Ella podía pedir cuanto desease, todo corría de mi mano aquella noche; sin embargo yo no podía pedir nada más que su compañía. No importaba lo mucho que ansiara comer, degstar aquellos platos que una vez disfruté... ya nada quedaba de aquellos terrenales placeres de la vida. Me había percatado de la manera en la que había acariciado su propia clavícula antes de que tomara asiento; ahora mis ojos tan solo podían contemplar aquel pequeño recoveco de su cuerpo deseando agitar su alma y mundo con una sola y aterradora caricia de mis labios sobre su fina piel... pero como no, el tocarla y tan si quiera desearla era territorio prohibido ¿Qué tendría aquellos que nos prohiben que siempre nos incita a cometer auténticas locuras por tan solo saborear su miel apenas unos fugaces segundos?

El servicio trabaja a destajo para mantener a la invitada contenta con todo cuanto deseaba. Al menos ellos hacían su trabajo tal y como se esperaba. Mi caso era desesperante ¿ Como semejante hombre y figura no podía si quiera conquistar una milésima de segundos a una mujer como Sabine? Conocía de mi ego, de mi labia sin freno y mi impulso por  romper reglas que me parecen absurdas;  insoportale, sin arreglo alguno y temerario, sin miedo a represalias e impulsivo. Desde luego no era el ideal perfecto de hombre, más bien todo lo contrario,no era el prícipe que ellas se esperaban, pero sabía que una sonrisa y una mirada bastaría para atraerlas ¿Qué era lo que había ocurrido con aquella mujer para no poder si quiera abrir una brecha en su coraza de hielo? Si pretendía alejarme con normas  e impedimentos estaba equivocada, tan solo conseguiría atraerme aún más. El misterio fue aquel que mató al gato, pero este gato ya estaba muerto antes de empezar.

– Bueno, se dice que las reglas están para romperlas... además, no soportaba seguir viendo ese rostro aflijido. Prefiero verla rugir le sienta mejor. – Mi mirada se afila, estudiándola sin reparo alguno. No podría tocarla pero no lo necesitaba. No todo en esta vida el poseer ledaba  a uno la satisfacción que necesitaba. Haber podido tener una cena con Sabine era un gran paso para mi, no podía seguir metiendo la pata o acabaría por tirarme por le ventanal.- No quiere que hable, no quiere que la toque, no quiere que pregunte... en ese caso solo la miraré ¿O no se me permite?


Última edición por Marco Farnese el Lun Ene 22, 2018 2:55 am, editado 2 veces
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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por E. Sabine Baker el Sáb Ene 20, 2018 1:50 am

Shake and Fingerpop
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    —Bueno, se dice que las reglas están para romperlas... —pestañeó impasible, sin darle una respueta próxima. Estaba de acuerdo. La francesa era una mujer que solía romperlas, muy a menudo—. además, no soportaba seguir viendo ese rostro aflijido. Prefiero verla rugir le sienta mejor —enarcó su ceja. ¿Estaba hablando en serio? Descarado tenía que ser. Sabine era una mujer conservadora, romántica pero mortal, devastaba a los hombre y los alejaba de su soberana presencia. Necesitaba a un rey y a un esclavo por igual que siguiera sus órdenes. El sadismo fluye por sus venas y el ansia de tener a alguien que bese sus pies, sin importar lo que dijera o cuánto daño hiciese, provocaría que su gélido corazón palpitara.

    Y la mirada de Marco decía todo. Un joven que necesitaba de retos y desafíos como ella, una mujer aburrida de los hombres. No importaba el nivel de dificultad, porque la meta era la conquista. ¿Y después qué quedaba? Sus labios se lamieron de manera pausada, quería reprimir el comentario que su lengua le incita, un veneno sulfurándole las papilas.

    —No quiere que hable, no quiere que la toque, no quiere que pregunte... en ese caso solo la miraré —y ella sonrío fingiendo compasión como respuesta—. ¿O no se me permite?

    —Se le permite —finalmente le dijo, usando un tono cínico que oculta su verdadera sensación de narcisismo. La sonrisa refleja lo despiadada que lograba ser pero, en parte, cumplía con una dósis de coquetería provocativa y enigmática.

    Las copas llegaron a posarse en la mesa, junto a ellos, las entradas después de haberlas pedido. Una ensalada ligera, lo ideal para enfrentar lo que quedaba de la velada y un mozo que servía el vino. Había visto la etiqueta y era de su empresa. ¿Lo escogió con antelación? Detrás, una melodía de instrumentos de cuerdas: Violín y el violoncello. Tomó un sorbo para remojarse la boca, la garganta, de repente la música la extasiaba y relajaba, perdiendo por completo la postura altiva.
   
    —Al menos debo darle crédito, ha contratado a los mejores músicos del pais... —musitó, mostrando en su mirar un entusiasmo femenino.





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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por Marco Farnese el Lun Ene 22, 2018 2:54 am


L
a verdad que estar allí sentado esperando empezaba a ser bastante aburrido. No podía alimentarme y el vino ya me cansaba, sinceramente a pesar de tener buenas intenciones no pensaba quedarme allí sentado mirándola cenar toda la noche ¿Qué de divertido tendría aquello? La velada necesitaría algo de acción, drama... quizás ¿Celos? Cosa que dudaba, pero que si lograba conseguir se sentiría incluso mejor que cualquier vaso de vino lleno hasta arriba de la sangre más deliciosa de todo el planeta.

 Sin dudar algunas sabía que había dado en el clavo, había preparado aquella cita pensando exclusivamente en ella. En sus gustos, sus disgustos y en aquello que lograría despertar su interés como mujer y no como Sabine. Había un dicho que decía que si deseas contestar a un hombre, vivo por su puesto, debes hacerlo con su estómago... pero con las mujeres no es tan simple como una buena cena. Tiene que haber dedicación y tiempo en lo que vayas a preparar, debe de estar pensado específicamente solo para ella y a la vez es divertido hacer que parezca que es tan solo una mera coincidencia y que no pretendías absolutamente nada de todo cuanto has planeado. Claro que esto no funcionaba con todas las mujeres, cada una es un mundo distinto y divertido de investigar pero creí que aquello tan simple, sin tanta pompa y vuelta agradaría a la bella mujer que tengo sentada frente a mí.

 Sonreí, no porque hubiese dado en el clavo sino porque veía a Sabine a gusto. Aquel parecía ser el tipo de ambiente que le agrada. Un servicio atento, todo pensado al detalle y como no mis manos y mi cuerpo alejados de ella. No sabía lo que llegaba a perderse al poner aquella barrera entre nosotros. Pues se rumoreaba en Venecia que soy uno de los mejores bailarines con los que cualquier chica o mujer desearía bailar... pero puesto a que aquella leona no deseaba hacer uso de ello ya me encargaría yo de demostrarle mi artes en el momento más inoportuno y menos esperado.

-  Dije que me encargaría al detalle de la velada, que no dejaría nada a la casualidad del momento... aunque quizás hay cosas que es mejor que sean sorpresa al menos a mi entender. Aún así, se lo mucho que le agrada el control y eso es lo que le daré esta noche en la medida de lo posible.

  Rescuesto mi cuerpo sobre mi asiento con suficiencia. Si quería que jugase bajo sus reglas jugaría bajo sus reglas pero quizás así perdecía todo mi encanto y acabaría por aburrirse de mí... ¿Debería o no debería pues seguirte Sabine? “El tango es un baile de dos, sensual, íntimo, profundo en el que dos se dejan llevar por el fuego del momento uno guiado por el otro...” Pero si Sabine no quería bailar iba a ser muy aburrido. Sí, la rabieta de un niño pequeño cuando no consigue algo que desea, la rabieta de un hombre que desea bajo todo pronóstico conseguir deleitar a una mujer que parece completamente dificil de contentar y a la vez tan simple... ¿Era aquello lo que realmente me había arrastrado hasta Sabine? Ese saber de algo imposible, algo que está fuera del alcance. Ese masoquismo y egocentrismo propio del ser humano.

 La música era exquisita y quedarse sentado a simplemente mirar a Sabine sin hacer uso de aquel arte empezaba a aburrirme. Quizás si yo era parte del entretenimiento conseguiría ganar algo más de atención sobre mi mismo... esa no era mala idea. No hacía mucho una de las jovencitas que estaban contratadas para aquella noche había pasado cerca de la mesa, no sabía exactamente por qué ni para qué pero estaba seguro de que volvería a pasar. Y así fue, mi instinto nunca falla. Además, pareciese estar haciendo aquellos paseillos adrede, para cotillear o para admirarlo. Fuera lo que fuese había caido en la trampa de Marco Farnese y no tenía escapatorio.

- Discúlpeme señorita Baker, pero ya que no tengo permiso para tocarla, ni para hablar y tan solo puedo mirarla... deberé disfrutar de esta música con un baile, pero por desgracia con otra joven. - Tirando del brazo de la joven humana consigo llevarla tras de mí frente a la mesa. Justo donde Sabine pudiese observar si le apetecía. La muchacha no opuso mucha resistencia, al fin y al cabo se le paga por las horas y por las órdenes que yo mismo, personalmente, les impusiera. Era una baile lento, muy suave, como la marea de la tarde pero a la vez con ese toque sensual que tiene la naturaleza en su estado más puro y salvaje. Mis ojos solo se fijaban en mi invitada que era a quien le debía realmente aquel baile. Sí, estaba incitándola, estaba retándola y a la vez no. Jugar con Sabine era difícil y uno no sabía hasta que punto podía llegar. Pero a veces, para ganar hay que arriesgar.- ¿Cómo es que aceptó con tanta facilidad mi invitación señorita Baker?

 Mis manos rodeaban a la vez la cintura de mi pareja de baile y una de sus manos, nuestros cuerpos estaban pegados. Sentía el latir del acelerado corazón de la joven contra mi cuerpo y eso solo hacía de aquel baile algo más peligroso, pues si daba un paso en falso acabaría entre mis fauces. Pese a tener aquel joven y hermoso cuerpo entre mis brazos, mi atención solo se dirigía hacia una mujer en aquella sala. Sabine. Era absurdo verme arrastrarme de aquella manera y a la vez negarme que estaba arrastrándome por ella, era un perro y no lo era... la desafiaba e intentaba jugar pero a la vez complacerla. Era un estúpido y sensual juego que no hacía más que excitar todas mis facetas.

  Ya no era solo la joven entre mis brazos la que debía dar los pasos con cuidado, Sabine también debería darlos con cuidado puesto que pese a que había accedido a jugar bajo sus reglas ella había accedido a entrar en mi terreno y a venir hasta a mi por razones que aún desconozco. No creo que tan solo fuera por mis rasgos adónicos y mi porte excepcional... había algo más, algo que pese a que parecía que no quería que lo descubriera haría lo posible por descurbrirlo. Hay cosas que no pueden ocultarse para siempre y esas son la Luna, el Sol y la Verdad. Y la Verdad estaba a punto de ser descubierta, pero debía tener cuidado porque la verdad a veces asusta.




 ¿Tienes miedo de algo Sabine? Esperemos que no, porque quiero ser tu mejor y tu peor pesadilla ¿Cuál será mi recompensa?


Última edición por Marco Farnese el Mar Ene 23, 2018 1:05 am, editado 1 vez
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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por E. Sabine Baker el Lun Ene 22, 2018 10:50 pm

Shake and Fingerpop
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L
a sonrisa desfachatada, reuniendo el valor de decirle, con atrevimiento que él podía darle la mejor noche de su vida. Y seguramente no mentiría. Sabine le atraía el peligro pero, no era una estúpida muchachita que fácilmente caería en las redes de un caballero. Marco no era uno geniuno, pretendía imponerse esa etiqueta para evitar ser llamado libertino. Mujeriego. Hedonista. Imprudente. Podría ser el perfecto especimén que toda mujer desearía probar en su cama al menos una vez, pero Sabine no es una dama que sintiera esa necesidad. ¿Qué haría Marco ahora que estaba posicionado en Jaque? Tal vez lograría retomar la delantera, como lo había hecho en el baño, intentando consolarla... Y no iba a admitirlo, fue lo mejor de su noche.

     Viva la soberbia. Viva el orgullo.

    Sus dedos sostienen firmemente el tenedor, escuchando y apreciando la música a pesar de encontrarse medianamente distraída en el aperitivo. La lechuga estaba excelsamente condimentada, un sabor a vinagre, intensificando el sabor. Se relamía para mejor apreciación, callada, en armonía con sus cinco sentidos. Pero, se percató que él no estaba alimentándose, ¿realmente iba a hacerle caso a lo de mirarla? ¿Tanto tiempo? ¡¿Fijamente?! Le iba a dejar un agujero en su rostro si persistía, ante la cohibición, dio un sorbo largo a su copa, disimulando la mirada porque lograba verlo a través del cristal. Él está esperando por algo, y esa idea, le resultaba asfixiante. Quizá espera que le quitará los dos ojos con el tenedor.

    Lo que en realidad pasó, esa espera tediosa, fue la abrupta interrupción de una niñata, llena de un falso pudor y mejillas rojas. La gota que colmó el vaso. Marco quería bailar. Y no con ella. Bebió Sabine más vino, aplacando la creciente rabia ante la humillación. ¿De verdad se consideraba un caballero? Debería llamarse un asqueroso cerdo. ¡¿QUIEN EN SU SANO JUICIO LLEVA OTRA MUJER A UNA CITA?! La pelirroja no podía lograr tragar esa idea, hay que ser un loco para querer destruir la mínima posibilidad de acercarséle a la mafiosa. Posibilidad que Marco estaba ganando de no ser porque cometió el peor error de su vida.

    Fue indiferente. La expresión de haber estado complacida se transformó en seriedad. Sus labios se curvaron en una sonrisa de ironía, no era capaz de gritar o sentirse irritada. No tenía ningún derecho, había sido mala con Marco y él se las cobraba de una manera, original. Posó la mirada sobre la daga, esa que él al inicio de la cena le había devuelto, ni siquiera se tomó un momento de duda por lo que haría. La tomó entre sus delicadas manos y el arma brilló ansioso. Iba a alimentar a su monstruo interior.

     Por detrás, a traición enterraría el puñal, desangrándola de una manera terrible y horripilante. La música dejó de sonar cuando la compañera del varón soltó un grito. Sabine volvió a atestar el arma, sedienta. El aroma de la sangre virgen se esparcía, y el silencio inundaba el salón del comedor. El cuerpo cayó inerte, sin fuerzas para sostenerse y la expresión de la líder, fue oscura, intensa, sagaz. No había ápice de arrepentimiento ni de cordura, sólo placer. Se asomó a él, con una insinuación felina, limpiando la hoja del filo sobre su costoso traje en ambos lados. Ella directamente contempló a los músicos:
   
     —¡Nadie les dijo que pararán de tocar! —replicó voraz, dirigiéndose después a su cita, altiva y hiératica—. ¿La puta era una sorpresa para mí, o para ti? Porque si era para mí, me encantó matarla. —Sentenció afilada mientras la música retomaba su ritmo inicial—. Si era para ti, una pena por ella que no sabía en dónde se metió.

    Atrapó el mentón del caballero, enterrándole las uñas con fervor:
    —¿Esa es tu táctica? ¿Ganarte el odio y celos de tus citas? —murmuró sobre sus cincelados labios. El éxtasis todavía sacudía sus nervios, estaba excitada—. ¿Qué quieres exactamente de mí, Marco? No soy igual a las demás mujeres que te rodean, y me alegra que lo supieras desde un principio.. Pero esto no es un juego de niños. —Se apartó de él, llena de gracia y soltura, llevando su andar a la puerta de salida—. Gracias por la cena.


¿Cómo es que aceptó con tanta facilidad mi invitación señorita Baker?
Fue la pregunta que él lanzó.
Ella hubiera respondido:
Porque sé que vas a tratarme como una reina.






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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por Marco Farnese el Mar Ene 23, 2018 1:08 am


L
Ahí estaba, era aquella sonrisa, aquel porte al andar y aquella mirada... aquella mirada que destrozaba a cualquiera que intentase mantenerla. Eso era precisamente lo que tanto ansiaba ver. Un escalofrío placentero recorrió mi espalda de arriba abajo al verla acercarse hacia mí y la muchacha con determinación. La sostuve con fuerza, no sabía si quiera lo que le esperaba. Pobre inocente. La sangre brotó fervientemente, cálida y dulce de un cuerpo que lentamente perdía su vivacidad. Esto no ayuda Sabine, solo alimentas mis más oscuros secretos y deseos... solo alimentas a este lobo que ansía con salir.

 “Jaque Mate”

 En cualquier otra circunstacia habría deborado el cadaver hasta dejarlo vacio, mi instito llamaba pero desde un inicio mis intenciones habían sido otras por completo y había conseguido mi objetivo. Allí estaba, brillando en todo esplendor. Era radante. No esperaba menos de la mismísima Sabine Baker ¿Dónde había estado aquella mujer en toda mi existencia? Sonría casi para mí, tuve que contenerme y esconderla tras una mano, como si me frotase los labios pensativos. Limpié mis manos ensangrentadas en la blanca camisa de encargo, hecha a mano.

  - El regalo era para usted, acaso lo dudaba ¿No dije que esta noche sería su perrito fiel? - Comencé a andar tras ella, no necesitaba acelerar el paso en apenas unas zancadas estaría a su altura. Tras su espalda, adorando aquella suave fragancia única en ella, ciruelas . Aspiré profundamente, eligiendo con cuidado mis palabras. Cerré la puerta con una de mis manos, dejándola sobre esta, evitando que Sabine se marchase así como así. No pensaba tocarla, solo me mantendría a esa distancia, a un paso de ella deseando acariciar aquella cálida piel que conseguía evocar tanto en mi. Mi mano estaba a la altura de su cabeza pero ni tan si quiera la rozaba.-  Todo cuanto deseo de usted lo tengo frente a mi. A usted tal y como es. No juego con usted, deseaba verla de nuevo en su esplandor y recordar por qué exactamente sentía esa certera atracción hacia usted.

 A veces todo cuanto queremos es tan simple y lo enrevesamos hasta límites insospechados  ¿Para qué? ¿Por diversión? Era estúpido verdad, como podía echarlo a perder todo por un simple gesto, una simple palabra... qué frágil llegaban a ser las relaciones humanas, era algo que siempre me fascinaría. Mi voz se convertiría en apenas un susurro ¿De arrepentimiento? No, en absoluto. Había conseguido mi objetico, devolverle su fuerza a aquella mujer... verla en su estado más salvaje. No me arrepentiría de ello, si me arrepentiría de dejarla salir por aquella puerta así como así.

  - No puede irse aún, queda el postre... Ahora estamos igualados, yo también he arruinado esta velada.

 La música seguía sonando sin más, como si nada de aquello hubiese ocurrido. Como si en aquel preciso momento no hubiera una muchacha apuñalada en el suelo, manchando todo con aquel rojizo manjar de inmortales. Mi antención estaba puesta por completo en ella, no podía dejarme llevar por mis instintos. Bastante había destrozado la noche ya... Mis ojos se mantenían fijos en ella. Era cierto, todo cuanto quería lo tenía al alcance de la mano y sin embargo no podía ni rozarlo.


  - Quédate, solo yo puedo tratarte como a una reina.-


Última edición por Marco Farnese el Dom Feb 04, 2018 6:13 pm, editado 1 vez
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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por E. Sabine Baker el Vie Feb 02, 2018 1:17 am

Shake and Fingerpop
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S
abine pudo presentir en su nuca una sensación escalofriante, morbosa, el calor le llegó a acariciar las mejillas, ahora pintadas de un leve rubor. Su mano se sostenía en el picaporte de la puerta. un salvavidas cuando Marco cerró abrupto su única salida. Mantuvo la vista tendida en el tallado de la puerta, así descubriendo que su ornamento le daba un aspecto más interesante y sofisticado. Mejor contemplar lánguida que girarse sobre sí misma, porque de hacerlo, juraría que lo mataba. Te odio. Siseó una voz gruñona en su interior, queriendo romper su molde de paciencia porque la empujó a desnudar su alma en más de un sentido.  

     ¿Era sólo eso, bastardo? Enarcó una ceja en cuánto lo escuchó. En resumen, sus labios confesaron que su cara retorcida, para él, era un placer. Estaba fascinado por la villanía oculta de su persona, lo que la hizo suponer que el joven Marco no era un hombre en sus cabales. Característica que también le había llamado la atención la primera vez que le apuñaló el hombro, y ahí está, moviendo su articulación como si nunca hubiese sucedido. Se frenó al sospechar, no debía y, aún así no le importaba la verdadera naturaleza de su cita porque, si debe ser sincera: Siempre estaba rodeada de Noctis adonde pisará.
     
    Pero de sus intenciones todavía no se fiaba. Entrecerró los ojos y al disipar las dudas que aún colgaban en sus pensamientos, poco a poco fue encarándolo, dándole la oportunidad de acabar lo que empezaron sin mediar palabras. No es que no se le ocurrieran, no quería arruinar el momento calmo y distendido. En el aire un intenso aroma a sangre, colándose por entre medio de las baldosas que antes se hallaban impolutas. Un cuerpo en la mitad del restaurante, como una gran obra de arte para entretener a sus espectadores. Y la divertía bastante, sí, agradeciendo que ya no debía soportar la estupidez de una chiquilla. Su tartamudez y torpezas nunca le terminaban de gustar porque eso demostraba la inseguridad del otro. Lo detesta, siendo una imperfección que aunque se pudiera corregir, es cansino de tratar.
   
     —Las has arruinado hasta el fondo —fueron las palabras de la mafiosa Baker, regresando a su lugar sin poder disimular su sonrisa ladina—. ¿Qué hay de postre? —curioseó al final como niña, no pudo resistirlo. Y disfrutaba de la melodía de los instrumentos de cuerda pero acabó en el cadáver de la fulana. No le quitaría el hambre una muerta sin embargo, en algún momento iba a apestar y llenarse de molestas moscas.

     —Limpien, no quisiera que en mi postre posen molestos bichos por culpa de esa —Esa... Una cosa inmunda y sucia.






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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por Marco Farnese el Dom Feb 04, 2018 6:38 pm


I
gualados, sí igualados pero era el momento de las verdades. Sonreí con entereza, sintiéndome satisfecho con aquel movimiento... pese a no haber sido el más acertado en toda la noche. Me hice a un lado, observando aquella figura volviéndose a sentar. Era cierto, le tenía un postre preparado pero no era la única razón por la que no quería que se marchase, aún tenían mucho de lo que hablar y no deseaba que se marchase así como así.

 Mandé llamar al jefe de los sirvientes, aquel hombre en el que había confiado para preparar aquella velada tan especial y tan única. Si aquella noche era un éxito y estaba al gusto de la señorita Sabine, en parte era por la excelente dirección de aquel hombre.

  -  Señor Stesso, por favor, si me es tan amable haga que pasen los postres para la señorita Baker.- Le tomé del hombro con una mano para acercarse a su oído y poder susurrarle lo siguiente. Tampoco es que me importase que mi acompañante se enterase pero no era el momento de desvelar nada.- Limpie el suelo de sangre y llevense el cadáver, si le queda aún sangre... prepárenme una copa.

  Dejé aquello de la mano de los sirvientes, no creía que simplemente servir unos platos les fuese a ser una árdua tarea. Me dirigí a la orquesta, ajustando bien la chaqueta. Remarcando mi espalda a cada paso, no pretendía deleitarla, no lo necesitaba. Era plenamente consciente de mi atractivo, era más por comodidad que por egocentrismo esta vez. Estaba a punto de mostrarle otra sorpresa más. Sabía que se deleitaba con aquellos lujos, y una de mis especialidades era la música. Esperaba poder demostrarle de todo cuanto era capaz en aquella noche.

  -  Hemos prepado una gran variedad de postres, no estaba seguro de cuales serían sus favoritos. Así, hemos elegido los mejores del país y del extranjero para que pruebe aquellos que desee...- Le fui explicando, mientras me hacía con mi violonchelo que estaba justo detrás de la banda. No me iba a limitar a quedarme allí detrás, pero así daba tiempo a que diese tiempo a servir los postres.-   Coma cuanto desee no se preocupes por nada más, es todo solo para usted.

  Coloqué una silla justo donde segundos antes había estado el cadáver de la joven, ahora volvía a ser mi posición. Solo mía. Sería el centro de la mirada para Sabine, esperaba... aunque con aquellos deliciosos dulces caseros, con frutas frescas y de temporada, dudaba que fuera a ser yo el protagonista.  Desabroché la chaqueta para sentarme cómodamente en la silla, y colocar entre mis piernas, con delicadeza a mi amante más fiel. Mi instrumento predilecto, mi violonchelo. Iba a deleitarla con una de mis piezas favoritas, una de las que me había aprendido cuando empecé a tocar música.

 Era consciente de que mi complexión y caracter se alteraban cuando tocaba aquel instrumento. Florecía en mí una delicadeza que nadie se esperaba. Rozaba aquellas cuerdas con mismo, las notas brotaban vivaces... Impregnándolo todo a nuestro al rededor. Cerré los ojos, dejándome llevar por la música, como era de costumbre. Esperaba que aquella imagen no desagradase a Sabine, quizás hasta la prefería. Era cuando más callado y quieto estaba, no la perturbaba no rompía sus reglas. Era un Marco más vulnerable y quizás por ello más atractivo para muchos.

    - Espero que lo disfrute, esta pieza es de mis predilectas... no todo el mundo tiene el placer de escucharme tocarla.

Música:

  […]


  No terminé la pieza, era una obra muy larga y no quería aburrir a mi invitada. Aún había mucho de lo que hablar. No voy a mentiros, estaba disfrutando como nunca tocando el cello para aquella mujer pero también quería disfrutar... Aunque no enteramente bajo mis condiciones. Le cedí el puesto a otro músico de la orquesta, para que terminase la canción por mi. Mi copa de cristal, llena de aquel líquido ambar, limpio y de un olor dulce a mi paladar estaba esperándome sobre la mesa. Observé a Sabine en silencio, en lo que recorría la distancia que me separaba de la mesa. La mesa se había llenado de un sin fin de colores pastel, olores azucarados y formas que más bien parecían auténticas obras de arte.

 Tomé la copa en mi mano, dando un trago silencioso deleitándome con aquel líquido. Hacía mucho que no me alimentaba, no me había dado cuenta de la necesidad de este cuerpo no mortal. Relamí mis labios, antes de sonreírle a Sabine mostrando mi perfecta dentadura y en ella aquellos dos colmillos que juguetones asomaban. Quizás ahora era capaz de confirmarle un par de cosas más a Sabine. Sabía que no era estúpida y había sido demasiado obvio con mis acciones... tampoco pretendía ocultarlo, no de ella. Era perfectamente capaz de defenderse de alguien como yo. Era Sabine Baker, era totalmente consciente.

   - ¿Qué le ha parecido? ¿Le está gustando el postre?- Volví a abrochar la chaqueta del traje. Era ya casi manía. Dejé la copa sobre la mesa y acerque un poco mi silla, puesto que entre tanto postre no conseguía a observar su rostro. Mantuve las distancias, ya había destrozado lo suficiente la velada, no ibamos a forzar más la situación. Verla comer y disfrutar siendo Sabine en su estado más puro.-   Siento curiosidad por algo en usted Sabine, bueno en realidad por mucho, pero iré paso a paso... ¿Qué le parece hacer un intercambio? Una pregunta por otra pregunta.

 >> No voy a preguntarle nada muy personal, solo siento admiración y cierta curiosidad por usted. Es difícil para una mujer en estos años que corren conseguir amasr un poder tan grande como el suyo, ¿Cómo lo ha conseguido?


  Mis ojos grisáceos estaban solo para ellas, de verdad sentía curiosidad y admiración por ella. Normalmente habría tratado de investigarla, yo también sé mover mis hilos... pero era mucho mejor dejar que fuera ella quien me descubriese quien era lentamente. No quería que aquellos encuentros se terminasen con tanta facilidad, realmente quería tomarse su tiempo con Sabine. Iba a demostrarle que podía tratarla como una reina, se acabaron los juegos. Este soy yo.



 Just let me in.


Última edición por Marco Farnese el Lun Mar 19, 2018 1:17 am, editado 1 vez
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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por E. Sabine Baker el Jue Mar 01, 2018 12:04 am

Shake and Fingerpop
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N
o podía calmar su corazón palpitante, Marco había desatado un enjambre de sensaciones en sólo una noche. Necesitaba apagar la voz de su conciencia un instante, porque estaba retándola a que volviera a hacerle lo mismo a él: Clavarle la daga, una y otra vez, porque lo necesitaba... Necesitaba bañarse en su sangre y probar si realmente podría mantenerla joven como dicen estúpidos rumores acerca de la sangre Noctis. Si acaso fuera uno. Controló los pasos que él daba, su andar felino, firme, seguro de que el mundo aunque se estuviera quemando, él seguiría sin detenerse hasta el final de su plan. Un juego que, bien podría darse vuelta en segundos con una oración, con una orden o una idea improvisada. Los improvisadores son peligrosos, pero más aún los calculadores que han pensado tus acciones mucho antes de lo que los pensarás.

    Ella nunca improvisaba, no le gustaban los cabos sueltos, sin embargo, había hecho lo que nunca haría. Actúo por instinto. ¿Le desagradó? Se detuvo a observar la orquesta y después volteó a encontrarse con la llegada de los camareros trayéndole bandejas de postres numerosos. Pestañeó incrédula, arrugando sus labios como una pequeña berrinchuda, insatisfecha de lo que veía y de cómo Marco la hizo sentir: Como una niña. ¿Acaso la estaba tratando de glotona? ¿La quería engordar? El joven cometería injurio si no se daba cuenta que una damisela de su categoría, debe mantener la figura. El talle de los vestidos durante todos estos años no ha cambiado ni un centímetro. Vaya imbécil, pensó, encontrando pastel que fuera de su agrado.

     Odiaba el chocolate, le provocaba náuseas y vómito. Eso es porque desde niña su abuelo le traía a diario barras porque eran lo que comían también en las cortes francesas, a pesar de que su origen se encuentra en América. Las que tenían frutilla y crema eran apetecibles, las de limón olían deliciosas y las que tenían una masa esponjosa, parecían menos propensas a ser demasiado empalagosas. Incluso parecía que habían pasteles de Belém, pequeñas tartas portuguesas de preparación secreta, vendidas exclusivamente en los monasterios. Ella enarcó su ceja, intrigada, sacudida... ¿Hasta ése punto la quería agradar? Debía estar loco.

   Y le dedicó una mirada atenta en cuanto se dispuso en un asiento, digno para convertirse en el músico que era, faceta que ella sin duda nunca había visto, sino escuchado. Alabanzas llegaron en la fiesta aquella vez, felicitaciones y odiosos halagos hacia el anfitrión porque era bueno en todo lo que él tocaba. Pero esa perfección, bien sólo podía ser una mera fachada, una coraza para ocultar al verdadero Farnese y evitar una mirada hacia su interior. Excepto que la música exponía los reales sentimientos, nunca miente. La mafiosa se tentó a probar los pasteles de Belém, nunca se le antojaba nada dulce aunque presumiera en las reuniones y cenas, porque no era una mujer que dedicará un momento a ingerir ese tipo de aperitivos.

    Realizó una mordida, logrando degustar y dejar que sus sentidos se vieran complacidos, arrastrados. El escalofrío acunó en su espalda baja, la primera nota provocó un abrupto revoltijo. Ella estiró la espalda, posicionándose recta, entonces movió una de sus piernas; de esta manera desenvolvió su pie del vestido que llevaba puesto, dejando lucir un pequeño zapato a su medida. Sus labios se mancharon ligeramente, alcanzando una servilleta en tanto su cita, se dedicaba a embobar a su audiencia ya que, ni siquiera una mosca zumbaba para interrumpirle.

     —¿Qué le ha parecido? ¿Le está gustando el postre?
   
     —Me está gustando, sí —respondió con cortesía, dejándolo ambiguo para que él lo interpretará a su antojo. No iba a dar más si no quería. Si así no lo deseaba. Desentreñar sus pensamientos era toda una hazaña, incluyendo sus sentimientos. Entornó sus ojos y alcanzó una limpia servilleta para borrar los rastros que estaban impregnados en sus, ahora, dulces labios tras escuchar su interrogante.

     —La parla se le da bien, Marco, de maravilla. ¿Es así como logra que las mujeres cuenten sus secretos y proezas? ¿Sobornándolas de dulces y música? —río encantadoramente vil, afilando su ingenio. Bebió un sorbo de vino para suavizar el sabor anterior, mezclándolo con el tinto—. Pero mis hazañas, como sabrá, no son un secretoal menos las públicas—, era una niña de papá. La princesa. Una mimada aunque eso no me impedió estudiar en una academia exclusiva de señoritas en París, o mejor dicho, una formación para "esposas ejemplares". Él me dejaríá su empresa víticola a cargo al morir y yo estaba preparada entonces, pero su única condición es que yo me casará... Fue gracias a mi esposo que conseguí más influencia social y económica. No, ya no estoy casada si se lo pregunta. Soy viuda. 

    El último comentario fue una insinuación. Una seducción indirecta. Una invitación a sumegirse. ¿Ella realmente quería dejarlo entrar? Quizás estaba confundida o tal vez era el producto de sus malditos ojos brillantes, audaces como gemas en la oscuridad. Prefirio contemplar en profundidad y cató el vino, olfatéandolo, en ese instante estudió la copa contraria. Ella reconocía la espesura y el color de la sangre. Sí, aquello era sangre en efecto, él se lo dejaba a la vista. A propósito. Ya no guardaban secretos, se estaban desnudando y mostrando las mil pieles.

    —¿Y usted? ¿Cómo lo ha conseguido? Si me permite robarle la pregunta.

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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por Marco Farnese el Sáb Mar 03, 2018 4:22 pm

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  Toda aquella velada había sido diseñada con un único propósito y jamás me había tomado tantas molestias para poder conocer a fondo a ninguna mujer. Sabine podría creérselo o no. Sí, adoraba a las mujeres y me encantaba su compañía, pero mi lista de logros no era ni de lejos tan larga como a ella le gustaría imaginarse. Era hora de poner las cartas sobre la mesa, no solo él sino además ella. Ya estaba bien de juegos y de tirar y aflojar la cuerda. Si algo quería conseguir algo me iba a costar... eso significaba tener que desnudarme frente a ella si era necesario.

 - Puede parecerle mentira y queda en su mano si creer lo que le digo o no, pero mi lista de conquistas se resume apenas a una mujer. Quizás piense de mi que hago todo esto con cualquier mujer y se equivoca, adoro la compañía de las mujeres, es cierto, pero no de la manera que todos esperan... -Encogí mis hombros con inocencia casi. Bastaba de sonrisas falsas y segundas intenciones, quería la verdad sobre mí y la tendría clara y limpia sobre la mesa. Mi mirada seguía clavada en ella. Volví a dar un sorbo a la copa, lamiéndome los labios consiguientemente. Su historia me había dado que pensar. Supuse que aquello era de saber público, por así decirlo, era lo que cualquiera podría llegar a saber con un mínimo de investigación. Una gran mujer de familia adinerada, buena educación como cualquier muchacha de la época, buena herencia y una historia amorosa devastadora... O quizás no tan triste. Pero no era aquello lo que él quería saber, debía haber mucho más detrás de aquellas sonrisas suficientes, de aquellos ojos tenaces y de sus viles ideas... no era una simple mujer florero de la época.- Siento en primer lugar su pérdida, madame. De verdad... Y, en segundo lugar, si he de serle sincero me alegro en cierta manera, de lo contrario no estaría aquí sentado con usted. En cuanto a saber de mi, espero recibir lo mismo de usted... de lo contrario daré por finalizada la velada y no volverá a verme ¿Le parece?

 Ambos podríamos salir ganando o perdiendo. Me encantaban los retos, las mujeres de carácter e ideas claras, sin embargo... no era tan masoquista como para seguir siendo partícipe de un juego del que no iba a sacar nada. No era un perro que se arrastraba por cada mujer que llamaba mi atención, no tenía un autoestima tan pésima. Era mucho más de lo que ella podría llegar a imaginarse, y no era por fardar de mi mismo. Pero pocos llegaban a conocer al Marco que se escondía tras la máscara dorada que había elaborado para aquella estúpida sociedad ¿Era un niño? ¿Un egocéntrico? ¿Un mujeriego? ¿Un niñato? ¿Quién realmente sabía la verdad?... ¿Quizás mi tío Petrucio?... Era una auténtica incógnita, pues rara vez alguien era digno de aguantar a mi lado por tanto tiempo ¿Quién no tiene sus propios demonios con los que debe luchar? Cada uno en una manera en específico y diferente, pero el egoísmo del ser humano era superior al egocentrismo que yo me profesaba a mi mismo de vez en cuando ¿Era si quiera esto real?

 Analicé aquel hermoso rostro ¿Qué escondes Sabine? ¿Qué es eso que no quieres que nadie descubra? ¿Ten terrible es? Lo dudo. Sin embargo no seré yo quien te haga hablar. La decisión está en tu mano. Respetaré las normas y esperaré una respuesta de no ser así, cumpliré aquello que deseaste desde el primer momento en el que nos cruzamos y sin más desapareceré de tu vista y de tu vida. Aunque olvidar a Marco Farnese ahora que he regresado a Venecia... no será fácil.

- Cuando usted quiera pueden retirarle todos los dulces, no sabía cuál sería de su agrado de ahí que haya tal cantidad. Aquello que no desee no será desperdiciado así que no se preocupe. Es más todo los alimentos que de esta noche sobren serán donados a un orfanato a las afueras de Venecia en el que contribuyo. - Otro sorbo más a mi copa. Empezaba a notar el efecto de aquella dulce bebida de vida haciendo efecto en mi cuerpo. Había casi olvidado como se sentía. Llevaba bastante sin alimentarme, no lo veía como una necesidad principal. Suspiré profundamente, iba a abrirme, no iba a hablar por compromiso. Había dejado de hacerlo desde el mismo momento en el que el juego se acabó. Esperaba que por una vez lo entendiese y ambos nos dejásemos de compromisos y falsedades.- Como usted, o casi cualquiera de cierto renombre lo tuve fácil en la vida. Familia adinerada, buena educación, una familia ligeramente estructurada... nada fuera de lo normal, así pues no fue excesivamente difícil llegar a vivir lo que hoy en día vivo.

>>  Sin embargo, no todo en la historia de uno es tan bonito como quiere hacer aparentar. Pese a ser el más querido por mis padres de entre mis cinco hermanos, llegó un momento en el que por no sentirme quien realmente deseaba ser no di más que problemas, pasé por un sin fin de institutrices, fui partícipe de alguna guerra y sin embargo, después de todo siempre regresaba a casa y jamás conseguía aquello que deseaba. No me sentía a gusto entre la nobleza, entre aquellas convenciones... al final me enviaron a vivir con mi tío, él me enseñó cual era mi verdadera pasión. La música. Y por primera vez en mucho tiempo sentí que tenía un lugar en este mundo, que no era solo Marco Farnese el hijo de una adinerada familia con un futuro ya escrito en piedra.


 Me tomé un momento, sabía que el escuchar el sonido de mi voz por mucho rato no le agradaba. No sabía si sería adecuado sencillamente soltar toda mi historia como si nada frente a ella y esperar buena reacción. Pero uno si quiere ganar debe arriesgarse a perder siempre. Di otro sorbo más de mi maravillosa bebida y sonreí, sabía que quizás mi historia le haría gracia pero era quien era en realidad. No era nada del otro mundo y sin embargo, era mi historia. Quien yo era.

-  Mi tío... no voy a mentirle, es un buen elemento. Me enseñó muchas cosas, no me malcrió como hicieron mis padres y además me enseñó todos los placeres de la vida que aún siendo inmortal podría disfrutar. El me ayudó a reconstruirme, entre los dos creamos esa “máscara” que muchos dicen que es Marco Farnese y en la intimidad, ahora ya después de mucho años por fin sé quien soy en realidad... aunque no pueda serlo frente a otros en muchas ocasiones.... En definitiva todo lo que he conseguido es con tiempo y bastante dedicación, en esta vida tan extensa me costó encontrarme, me costó saber qué quería la sociedad de mi y por fin después de algunos siglos soy quien quería ser al menos de puertas para dentro... Eso es todo, no hay mucho más. Bien puede creerme o bien puede reírse usted decide.

 Me puse en pie ajustando mi chaqueta, terminando mi copa casi de un trago. Inclinándome sobre ella levemente, lo justo, le dediqué una brillante sonrisa. Hasta aquí hemos llegado Sabine, si no das tu el paso, el siguiente paso que yo de será abandonar por fin y dejarte ser. Si bien había algo que me impulsaba a sencillamente dejarme llevar, no lo haría... uno no puede abrir el corazón del otro a golpes, lo único que se consigue es destrozarlo. Le ofrecí mi mano, deseaba llevarla al reservado no quería ojos curiosos ni oídos atrevidos tras paredes interfiriendo en aquella conversación. Tenía un plan, sí, pero solo Sabine podría desbaratarlo con tan solo una palabra ¿Qué harás mi querida leona?

-  Como ya le he dicho, no voy a forzar más la situación. Está de su mano decidir, si se va a quitar la máscara  y me dará la oportunidad de conocerla y que me conozca... de lo contrario, marcharé en silencio ¿Me acompañaría si ha terminado con su postre?
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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por E. Sabine Baker el Vie Mar 16, 2018 10:00 pm

Shake and Fingerpop
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N
o. No creía en sus palabras, la falta de confianza sobre los hombres era sin duda intensa. Por eso, que él haya conquistado a una sola mujer era lo más estúpido que le ha revelado. ¿Por qué mentir de una forma tan vulgar e inmunda? ¿Por qué dar la menor cantidad para contentar a la dama qué tiene enfrente? No lo va a juzgar si acaso hubo estado con miles antes que ella. Porque la conquista no tenían porque acabar en el lecho y con un escueto adiós, rompiendo el corazón de la damisela que alguna vez deseó estar a su lado por más tiempo. Sus ojos se mantuvieron anclados y expectantes en los gestos ajenos, la mirada turbadora de Marco le indicaba que prentendía que le creyeran, pero no estaba tampoco obligada a creerle. No. No puede creer en las palabras de un hablador que usa la lengua como le plazca y se enfoca en escupir palabras que no tienen cabida en la misma oración. Decía demasiado y reiteraba lo que a ella no le importaba juzgar.

     Enarcó su ceja.

    —Adorar la compañía de las mujeres es lo mismo que adorar conquistarlas. —Fue al grano. Así es como le gustaba que le hablaran, sin rodeos, sin cuentos, sin versos y sin decoro. Se contradecía a sí mismo y eso también le daba un escalofrío en el espinazo. Acarició sus propias manos y las halló heladas, heladas del aburrimiento cuando Marco alargaba su propio tema. Decía lo obvio, a él, a ella. Y Marco respondía con la misma obviedad. Era un carrusel de la obviedad y la frivolidad. Sabine no era una mujer que le gustase hablar de sí misma y eso Marco debería ya entenderlo. No es habladora, es observadora. Afilada y fría. Por dentro y por fuera. Pero a veces su carácter quemaba más que caminar en mitad de un desierto a pies descalzos sobre la arena. La mafiosa Baker lo estaba probando, quería probar su límite en la primera noche. Ningún hombre duraba más de una cita porque ellos querían lo mismo: Conocerla. La apuraban. Y si realmente querían hacerlo, no tenían derecho alguno si de verdad ella valía la pena.

   Al final, quedaban en rídiculo. Sumando que l noctis, la amenazó vacíamente. Arrojó las palabras con crueldad pero a ella no la inmutó. ¿Y realmente él le importaba su persona? ¿Tanto qué la amenazaba? Nuevamente, desconfió de sus intenciones. La hizo sentir como si no valiera la pena conocerla y en cuánto lo haga, sepa todos sus secretos, se retirará de todos modos de su vida como Amadeus ha hecho. Él se fue por una puerta y no regresó. No la soportó. No le importó. Eran amantes que se conocían en cuerpo y alma, pero, allí quedo la relación, como una vaga ilusión.  

    Escuchó su historia sin interrumpir ni criticar. No hubo gesto de asombro o compasión. Tampoco de hastío. Le gustaba que se diera el lucro de no dejarse nada de lado, como un enorme fresco en la pared que pintaba a prisas y detalle para recrear la historia de su vida. Un resumen extenso, pero un resumen al fin y al cabo. Ella alcanzó su copa y abandonó la idea de seguir deleitándose con el postre, estaba satisfecha. Un sentimiento trepaba por su vientre, esa sensación de extrañeza y curiosidad. Nunca hubo una verdadera respuesta excepto el silencio y unos ojos analíticos.

     —¿Por qué debería reírme, Marco? —alzó la barbilla y le apuntó con sus labios rojos. No era una pregunta para que él la respondiera. No le importaba oírla, ella es así, no puede cambiar por una sola persona que la está invitando a ser ella misma, porque ya era ella misma—. No es un chiste mal o bien contado. Es simplemente tu vida, tu pasado, tus raíces y nadie tiene porque creerte o no, reírse o no. —Encogió sus hombros y sus cabellos rojizos bailotearon sobre sus hombros.

     El cuerpo animado del varón se le acercó con sonrisas bien fabricadas y miradas felinas. Ella levantó su cabeza para esmerarse en contemplarle, entrecerró los ojos un breve instante y los abrió para indagar en su mano extendida. Aquella invitación fue lanzada y ciertamente no le gustó el tono. Se levantó por su cuenta, sin tomarla, no por rechazo sino que le generaría cierto pudor tocarséla. Como Noctis que él era, seguramente el tacto sería frío, como el mármol.

    —¿Qué apuro hay en conocerme? —Interrogó—. ¿Qué quieres Marco? ¿A mí o a mís secretos? Estás siendo egoísta, no te preocupa amenazar para conseguir lo quieres y forzar lo que el tiempo podría darte. Lo entiendo, haría lo mismo. —Su tinta mirada se absorbió completamente en la de él: —Pero estoy decepcionada... —dijo sin delatar su enfado—. Diciendo que te marchas en silencio con tanta facilidad, como si nunca te hubiese importado... ¿Cómo poder confiar en ti, si tú mismo te exasperas en tu propio juego? —río con descaro y asomó maldad. Esa que le gustaba salpicar.

    —Te acompañaré sí —aseguró decidida, tomándole del saco para encararlo con una rudeza abrumante, imprompia de una dama—. No con la promesa de revelarte algo de mí. Si de verdad valgo, como una joya entre tanta mierda, trágate tus putas amenazas, Marco. Lo has repetido con tanta maña, que he creído que realmente soy una fuerza atrayente para ti, más que una simple conquista. ¿Vas a manchar tu imagen, la qué con tanto esfuerzo pretendiste enseñarme esta noche? ¿O fueron mentiras? Si no, te llamaré cobarde y mentiroso. Tú decides, monsieur.

   Lo soltó y alisó su solapa con esmero.
   

     





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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por Marco Farnese el Lun Mar 19, 2018 1:52 am


Y
aquí estoy de nuevo, dejándome destrozar sin más… perdido en quien soy en quien no soy ¿Tan poco confiable soy? No sabía qué más hacer o decir que pudiera agradar a Sabine... sin embargo, debía aceptar que verla en pie y rugiendo alentaba levemente mi ánimo, que cada vez era menos ¿Por qué? No quería mostrarme así frente a ella ni mucho menos. Parecía que todo cuanto había hecho a sus ojos era una pantomima, una treta y para una vez que jugaba limpio y tratando de seguir ciertas normas no servía ni lo más mínimo. No dejo escapar ni un solo suspiro por entre mis labios, tan solo exploro ese rostro como cambia con cada palabra, como se sacude tramando en su propia mente un difícil entramado incapaz de descifrar para mí…

¿Realmente qué imagen pretendía ver de mí? ¿Aquella que le había dicho que había creado para el resto, o quien realmente era? En ningún momento le había dicho que pretendía jugar, que lo que hacía era rendirme sin más… ¿Por qué saltaba a aquellas conclusiones con tanta rapidez? Sí, podría contradecirme a mí mismo, pero no se percataba si quiera de lo perdido que estaba… ¿Por qué nadie podía ver más allá de ellos mismos?

Guardé silencio, aquello que no había hecho en toda la velada. Dejé que sus manos se apoderasen de mí, de mi ropa… que me zarandease si hiciera falta no importaba. Mis ojos fríamente estudiaron cada palabra, cada acto… Realmente parecía afectada por lo que fuera que su mente maquinaba. Mis palabras no pretendían nada más de lo que eran. No sabía realmente si ella quería estar en aquella situación conmigo, no lo había verbalizado en ninguna ocasión ¿Acaso debía adivinarlo? Puesto que lo único bien que podría hacer era marchar aquello era lo que haría si ella lo deseaba. Pero vista su reacción no parecía ser la opción indicada ¿Y entonces qué he de hacer contigo? Contrario a lo que todos creéis tan solo me he visto en una ocasión en una situación parecida, sin embargo, en aquel entonces vendí mi alma por aquella mujer…

- Para empezar esto no es ningún juego, para mí… todo esto es real. -La observé de reojo mientras alisaba las solapas de mi chaqueta con esmero. No moví ni un dedo por tocarla. No iba a forzar nada. – Realmente quiero conocer a Sabine, no a Sabine Baker la mafiosa o la viuda o lo que otros esperen de ti… eso no es cuanto me propongo.

Me aparté de ella fríamente, comenzando a andar hacia aquel reservado que había preparado en el piso de arriba. No quería que más ojos y oídos escuchasen aquella conversación ¿Es que acaso no se daba cuenta que estaba dispuesto a manchar cual fuera mi máscara por ella? Había mucho por hablar, mucho por conocer… seguíamos siendo dos desconocidos que habían empezado un juego. Pero para mí, ya no era un simple juego. Había mucho más tras aquellos actos y aquellas palabras. Necesitaba encontrarme de verdad.

Le permití el paso delante de mí. Deseaba seguir aquella conversación entre cuatro paredes y no al aire como allí abajo. La luz del lugar era tenue, algunas velas alumbraban la estancia rojiza aquí y allí. No sabía si sería de su agrado, pero deseaba dejar atrás todo el drama de abajo y sencillamente decirle que pretendía sin dar más vueltas. Al fin y al cabo, aquella era la razón por la cual había decidido tener aquella segunda cita. Me mantengo de pie, no me siento cómodo. La inquietud me embarga y no podría aposentar mi trasero cómodamente en ningún lugar, sencillamente me mantendría en pie mirándola.

- ¿Mi imagen está ya manchada Sabine, usted cree que habría hecho todo esto por alguien más que no fuera usted? No tengo imagen ya que defender no queda nada… ha destrozado todo. Absolutamente todo y yo he dejado que lo hiciera sin más. -Desbrocho la chaqueta del traje para deshacerme de ella y tirarla donde primero caiga. Paso las manos por mi pelo y busco en el bolsillo del traje un cigarro. Para mi suerte uno queda allí dentro con una caja de cerillas. Me hago con él, llenando mi boca con su humo y su sabor amargo. Suspiro echando la cabeza hacia atrás, sonriendo desesperado. Pese a todo no pierdo los nervios y mi tono sigue siendo estático, pero no frío. - ¿Cree que esto es un simple juego para mí? ¿Qué sencillamente la he amenazado sin más? Si hubiese sido una amenaza ya habría salido por esa puerta. Puedo parecerle lo que usted más desee, pero si no fuera una fuerza atrayente para mí no seguiría aquí… ¿Sin embargo, que la retiene aquí? Parece que mi presencia tan solo la desagrada, de ahí que tomase la decisión por mi propia mano de ofrecerle mi partida sin más ¿No es lo que desea, dejar de ver este estúpido rostro?

Me acerco dos pasos a ella, salvando las distancias. Ya estaba bien de juegos, si quería ganar algo debía dejar de jugar. Marco Farnese llevaba roto años, estaba perdido y no era capaz de encontrarse. Tiempo atrás habría dejado a Sabine allí plantada y se habría ido directo al primer prostíbulo que encontrarse a intentar emborracharse y follar hasta aburrirse… pero ese Marco hacía mucho que no daba la cara ¿Quién era? Di una vuelta sobre mí mismo, exasperado. Sí exasperado. Aburrido de tanto juego, de tantas apariencias… de todo.

-  Solo quiero que obtenga lo que quiere, parece que no le gusto y le doy asco. Si lo que quiere es dejar de verme así será… ¿No ve hacia donde me lleva? Estoy incluso aún aquí suplicándole por saber qué quiere de mí.

Guardé silencio, no había nada más que pudiera salir por mi boca. Opté por sentarme en alguno de aquellos sofás, dejando a Sabine su espacio. Por primera vez en toda la noche me había quedado sin nada más que decir. Jamás me había desmotando de aquella manera frente a nadie… Estaba loco, no sabía qué estaba haciendo. Desde luego todo aquello había dejado de ser un simple juego. Calada tras calada, segundo a segundo notaba como aquel corazón en mi pecho, que alguna vez latió, se quejaba por lo que le estaba haciendo. Aquel alambre de espino a su alrededor parecía estrecharse clavando sus espinas lentamente ¿Qué más podía hacer? Huir ya no era una posibilidad, me había desmontado para ella, estaba dejando que hiciera conmigo cuanto le complaciera…

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La sala es más o menos algo así. Obviamente está techado y está dentro del restaurante.
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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por E. Sabine Baker el Vie Abr 27, 2018 3:55 am

Shake and Fingerpop
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L
as conversaciones servían de medicina, o no, dependía el caso y cada persona. Para Sabine, no era más que una molestia. La sociedad era turbadora para ella, inmensa, exigente, y cabía decir que se comportaba según la situación le convenía. Sí, frívola, cruel, indiferente de sus sentimientos porque no quería escarbarlos ni conocerlos. Era impaciente, demasiado, pero sus modales exquisitos no le permitían obrar con impulsos frente a nadie, excepto frente al espejo o frente a su mano derecha en la mafia.

     Las sombras parpadeantes, les perseguían a ambos tras caminar osadamente por el corredor que conectaba al segundo piso. La sala de arriba estaba bellamente decorada, preparada para una plática íntima. Un espacio reducido que sofocaba pero, al mismo tiempo, agradaba a la señora Baker. Sus bucles se mecieron al estudiar de cerca los jarrones florales, diestramente colocados para perfumar con sus deliciosas fragancias y ocultar el aroma a encierro. El alfombrado ofrecía un tinte pasional, rojizo igual que el empapelado barroco.

    Una repasada rápida, hasta acabar al centro de atención como lo era Marco. El lugar quedaba pequeño en comparación a su reluciente presencia, como una vela más intensa que cualquiera allí disponible, era una estrella enigmática y él, perfectamente lo sabe. Era atractivo pero, aquella perfección lustrada, era un vil camuflaje para ser idolatrado. Y la figura leonina que él, con tanto esmero mostró en un inicio, desparecía conforme agachaba la cabeza y mostraba una inquietud palpable. Ella permaneció endeble, dedicándole estudio a su rostro turbado, descubriendo que tal vez él deseaba destruirse a sí mismo y rehacerse a placer. La perfección no existía, era una idea absurda pero, su padre la educó para apreciar la belleza, la superficialidad, lo higiénico porque las enfermedades acechaban en las esquinas de Francia.

   Escuchó, esperó, retuvo un comentario picándole la lengua y no permitió que sus ideas fueran dichas en voz alta. Las manos nerviosas de él, también comenzaron a inquietarla; quizás debieron de traer el vino, lo necesitaba en ese instante, mientras era acariciada por la voz de Marco, la cual se agravó y entibió por un cigarrillo lujoso que encendió entre sus dedos. El humo llegó a su nariz, cosquilléandole la mente cuando el ambiente era contaminado. Ella caminó lenta hasta la ventana, abriéndola mínimamente para refrescarse con la pequeña brisa que se colaba por allí, entrecerró sus ojos, aliviada de permanecer impasible ante su arrebato de sinceridad.

   Era mucho por digerir. ¿Por qué lo hizo parecer tan fácil? ¿Cómo es qué siendo humana, un ser cómo él, podía escupirlo todo?

   El acercamiento de él la tomó desprevenida pero todavía en silencio, no encontraba respuestas lógicas a sus súplicas. Él le pedía que le dijera que es lo que ella quería, pero, ¿cómo saberlo? Había creído perder su humanidad en un pozo de serpientes venenosas, y ahora, un noctis se mostraba completamente desarmado por su culpa. Sonrío por serle una situación irónica. Marco fumó como un desquiciado, como un niño desamparado y solo. Él estaba solo... Y por fin, cuando acalló, se estremeció por su abrupto silencio. Ladeó el rostro, dirigiéndose con él al sofá, sentándose a su lado para robarle aquel cigarro por necesidad y falta de expresión. Estaba seria, meditabunda, sin ápice de crueldad o burla en sus ojos, simplemente, nada.

   Lo apagó, ya que eran las últimas caladas y, lentamente giró para acunarlo entre sus femeninas manos. Su dedo pulgar tanteó el labio inferior de Marco, terso, impregnado con el fuerte aroma del tabaco. Aspiró su escencia y por fin habló:
    —¿Notas qué fácil es permanecer en silencio? —Susurró socarrona.
    —Es mi turno de hablar, Marco. Diré que no eres repulsivo para mí, pero, soy así: Despóta porque aprendí de mi difunto marido. Me gusta ser tirana, que mis pensamientos más indecorosos salgan por mi boca y que la sociedad tema por mí. No espero que entiendas lo que quiero, no sé lo que quiero, he sido criada para tener caprichos materiales. Como toda aristócrata. Estás atraído por mí porque no oculto quién soy, como esas mujeres nobles que fingen sonreír... y eso te tiene loco, disfrutas que arranque las capas que pretendes esconder. Lo necesitas.

    No dejó de observarlo, sus ojos brillaban con una intensidad maliciosa, lamiendo sus propios labios para continuar:
   —Sí, tengo heridas, defectos, miedos... Me he perdido como tú te has perdido en un abismo, del que no podemos pretender subir, o escalar. No esperes de mí consuelo, no puedo consolarte pero tampoco puedo dejarte ir, Marco, aunque te dañe. —Sus dedos subieron por sus cabellos, desarmándolos y dejándolos desaliñados—. Las personas mienten siempre, por eso dudaba de ti... De tus intenciones.
         





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Re: Shake and Fingerpop —Marco.

Mensaje por Marco Farnese el Miér Mayo 16, 2018 11:06 pm


E
l humo del cigarro se desvaneció lentamente cuando Sabine lo apagó. Observé como ascendía hacia el techo y de la nada se dispersaba en el aire. No sabía si quiera por qué seguía fumando. Aquella mierda no tenía efecto alguno en mi desde hacía ya demasiado tiempo, era tan solo una manía nerviosa. Sentí su presencia junto a mí, su fragancia, su aroma a mortalidad… todo había quedado un tanto apagado debido a aquel cigarro. Me maldije a mi mismo por no ser capaz de dejar un vicio que ni si quiera podía disfrutar. Mis ojos buscaron los suyos al instante, pareció ser que la búsqueda era mutua y en silencio escuché y dejé que sus suaves manos recorriesen mi rostro y mi pelo sin más.

Tenía razón, uno de sus atractivos era aquel. Era sincera a quien era y no necesitaba usar máscaras para ser parte de esa sociedad que tanto me abrumaba. Sin embargo, en mi caso yo no era capaz de hacer aquello… no podía. Quizás por ello su compañía me era tan amena y por ello podía sencillamente deshacerme de los convencionalismos y ser sin más. Pero había mucho más allá de aquella atracción, no era algo tan banal. Era ella en si quien me atraía, Sabine Baker. Algo que jamás lograría entender. Este masoquismo mío por aquello retorcido y roto… como yo.

Una trémula sonrisa cruza mi rostro. Si quería silencio en aquel momento era lo que iba a tener. No me apetecía estropear aquel momento con algo estúpido o insustancial. Comprendía lo que decía y en cierto modo lo que quería, pero no del todo. Me era imposible saber el por qué no podía dejarme ir sin más. Quizás sería algo por lo que tendría que esperar para poder saber. Llevo la mano a la chaqueta, a uno de los bolsillos laterales. Ahí dentro había algo que deseaba entregarle desde que la velada había comenzado. Algo que yo mismo había diseñado para ella y para nadie más. Era algo único para una mujer única. Permanecí cerca de ella. Su roce era casi una cura. Hacía mucho que nadie tocaba mi piel de aquella manera…  ¿Quién querría tocar algo tan frío como aquello?

 Me hice con la pequeña cajita que allí escondía. Con rapidez saqué de su interior su contenido y lo guardé dentro de mi mano. No quería que lo viera antes de tiempo. Hacer regalos y ver la cara de la persona a la que se le regala era una satisfacción que siempre me había gustado. Sonaría materialista y capitalista, pero hacer feliz a otra persona sea de la manera que sea es un placer único. Aproveché que seguía tocando mi cabello para posicionar mi puño cerrado junto a su rostro y dejar caer lentamente el colgante del collar de mi mano. Este se deslizó con suavidad entre mis dedos, dejando a la vista de Sabine un precioso diamante blanco en bruto, rodeado de una aureola dorada que lo sostenía.

- Esto es… Una piedra preciosa en su estado natural, igual que usted. Un detalle.


 Mis dedos, ágiles colocaron aquel colgante en su cuello. Quizás aquel acercamiento momentáneo era arriesgado, pero quería ver aquel colgante sobre su cuello. Quería ver como iluminaba su rostro. Había elegido un diamante en bruto porque ella brillaba con la misma fuerza, porque era igual de poderosa y hermosa… y porque, aunque ella se clasificase como un ser oscuro, podía llegar a brillar sin si quiera darse cuenta. Podía sentir su respiración contra mi rostro, el calor de sus labios a escasos centímetros de los míos y su mirada atenta. Un par de mechones de su pelo, aquellos que caían de su recogido, rozaron mis manos y me robaron un sutil escalofrío. Deseaba besarla, no iba a negarlo, pero no lo haría. No era el momento.

 El acercamiento fue momentáneo, apenas duró lo que tardé en cerrar el cierre alrededor de su cuello… pareció eterno. Su olor estaba impregnado en mi ahora, ni si quiera el tabaco podía competir contra ella. Sonreí satisfecho mostrando por primera vez aquellos alineados dientes y esos dos colmillos que destacaban entre los demás, al ver que aquel colgante encajaba en su cuello con una simplicidad y elegancia inusitada.

 Quería cambiar la atmósfera, hacer que disfrutase de lo que quedaba de velada. De fondo comenzó a escucharse de nuevo a la banda tocar. La música era tenue, apenas se podía apreciar. No sabía si quiera si ella podía escucharla al igual que yo lo hacía. Me puse en pie lentamente y frente a ella le tiendo mi mano.

-  Zanjemos todo esto con un baile. Seamos sinceros los dos a partir de ahora y disfrutemos de la compañía sin más… Gracias por su comprensión, su paciencia y su tiempo. Y ahora ¿Sería tan amable de concederme este baile señora Sabine?



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