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The Godsend — Priv con Vanessa.

Mensaje por Hidan Vintersson el Sáb Jul 16, 2016 10:05 pm

The Godsend
— PRIVADO CON VANESSA—

                                                                                               
E
l agua bendita resbalaba por su frente tras santiguarse. Los crujidos de la madera se alzaron por toda la estancia cuando apoyó sus rodillas en esta.

Mi perdoni Padre , perché ho peccato. -sus palabras sonaban firmes, con cierto acento del norte.
In nomine Patris, et filii, et spiritus sancti.
Amén.
Tranquilo, hijo mío. Confiesa tus pecados y asume tu culpa, el señor es misericordioso—la voz era como la de un anciano autómata, que estaba programado para repetir las mismas palabras para la eternidad.
Padre, de nuevo, he caído en la tentación de los placeres carnales, sabe usted, no sé cómo controlarlo. He yacido con muchas mujeres, Padre. Y ninguna es mujer mía.
Reza tres padres nuestros hoy antes de…
He matado a muchas personas en nombre de Dios. Sé que eso alivia la ira de Dios Padre nuestro señor—la voz de Hidan se alzó sobre la del cura, acaparando las riendas de la conversación.
¿P-personas? ¿A quién has matado, hijo mío?
Pecadores, Padre. Están por todas partes, Dios mismo me pide que acabe con sus vidas.

La puerta del confesionario se abrió con un leve chirrido ensordecedor. El cura se estremeció. Observó a Hidan durante unos segundos, perturbado.

Sé quién eres. No puedes estar aquí, esto es un lugar sagrado, tu presencia aquí es pecado.
¿Qué?
La Iglesia debe saber de esto—echó a andar hacia la salida, dispuesto a dar orden a los centinelas de la entrada. Se encontró de frente a aquel enorme joven en una fracción de segundo—. ¿Cómo es posible?
¿¡Y usted se hace llamar hombre de Dios!? Es usted un farsante.

El cuello del cura emitió un fuerte crujido al fracturarse. Acto seguido su cuerpo sin vida cayó al suelo de la Iglesia, sobre una baldosa en cerámica en la que había escrito un nombre y una fecha. Hidan observó al cura con desprecio mientras lo agarraba por los hombros, arrastrándolo hasta el confesionario del que acababa de salir. Dejó el cuerpo allí dentro como pudo, echó la cortina y cerró la puerta después.

Requiescat in pace.

Su respiración era agitada, sentía la adrenalina y la ira por todos los recovecos de su cuerpo. No lograba entender como la Santa Iglesia podía perseguirlo a él, que era un elegido de Dios. ¿Cómo podía ser su presencia allí pecado? Él era sagrado. Se acercó con paso firme al altar, y se arrodilló frente a este, con los ojos desorbitados.

Señor, contempla lo que hago por ti. ¿Por qué permites que gente así hable en tu nombre?

Deslizándose por su brazo, asomó al final de la manga de su túnica un filo negro que relucía. Hidan lo agarró con su mano derecha y lo sacó al completo, para a continuación atravesar su abdomen con él. Un gemido se escapó de entre sus labios.

Ah… Perdóname, Señor…—la sangre empezó a manchar los escalones del altar. Un sonido visceral inundó la Iglesia cuando Hidan se extrajo el filo del cuerpo. Hidan emitió un suspiro de alivio, a la vez que alzaba las manos ensangrentadas esperando la respuesta de Dios.



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Re: The Godsend — Priv con Vanessa.

Mensaje por Invitado el Lun Jul 18, 2016 11:08 pm


Privado con  Hidan


P

ater Noster, qui es in caelis,
 sanctificétur nomen Tuum,
 adveniat Regnum Tuum,
  fiat volúntas tua,
 sicut in caelo et in terra.
 Panem nostrum cotidiánum
 da nobis hódie,
 et dimitte nobis débita nostra,
 sicut et nos dimittímus
 debitóribus nostris;
et ne nos indúcas in tentationem,
sed libera nos a malo.”


 
AMÉN

 …

La cotidianidad de las oraciones, el culto y el rito... aquello era algo que extrañaba sin embargo, después de haber sido abandonada por aquel al cual amaba había decidida apartar mi vida de la religión. Mi fuerza, mi virtud, mi fe... todo destruido por un Dios que ignoraba mi existencia; que me abandonó cuando me vi arrastrada por las fuerzas del mal. Era todo una falacia, quizás jamás había estado ahí para mi y todo cuanto yo merecía era esa oscuridad que me perseguía incluso en mis mejores sueños.


 “Vanessa acabaste con todo aquello que amaste o te amó en alguna ocasión, tus padres muertos, tu amor muerto, tu mejor amiga muerta... tu maestra, muerta... no te queda nadie. Estás completamente sola en este mundo. Eres parte de esa personificación del mal que tanto huyes ¿Por qué huyes de ti misma? ¿Es que acaso no lo ves? Ese Dios que tanto veneras jamás te mirará con benevolencia, eres un monstruo como otro cualquiera.”



 No, eso no es cierto. Mi fuerza reside en el señor, si he conseguido sobrevivir a todas estas penurias ha sido gracias a mi fe, pese a que él no haya estado a mi lado. No pudo dejarme llevar por ti, demonio. Tu no eres quien deseo ser ni tan si quiera eres yo misma ¿A qué juegas? Puede que me haya dejado de lado, mi señor tiene mucho por hacer, sin embargo gracias a la fuerza de mi fe en él he acabado con todos aquellos demonios que me perseguían ¿No es eso más que suficiente?



“ ¿Es que no lo ves? Hay duda en tus palabras. Ni tan si quieras visitas ya la casa del señor, ni piensas en él antes de dormir... ¿Crees que me puedes engañar? No, Vanessa. No puedes, yo soy tu por mucho que lo niegues. No puedes huir. No puedes escapar. Ahí donde vayas siempre estaré. Observando. En silencio. Esperando el momento oportuno para atacar de nuevo. Oh mi querida Vanessa, que ilusa puedes llegar a ser a veces. Uno no puede huir de su destino... ni si quiera la muerte podría librarte de esto... ni tu Dios.”


...


  Y aquí estoy, frente a la misma iglesia en la que me negué a entrar. Aquella voz mía tenía razón, llevaba demasiado sin profesar mi fe, sin visitar la casa de mi adorado Señor... sin embargo, no sentía el impulso de hacerlo pese a que aquel agujero en mi pecho me indicase lo contrario. Mis botines resonaron en aquel sepulcral silencio. El exterior de la iglesia estaba vacío, ni un sola alma vagaba por allí. Visto de aquella manera era hasta macabro. Cualquiera huiría de un lugar como aquel.

 El cielo estaba encapotado. Se mostraba gris, taciturno... triste, como desamparado. Exactamente como mi misma persona. Parecía ser un reflejo de mi alma. Aquello solo me daba escalofríos. Llevaba días sin dormir, apenas sin comer. Sabía que las ojeras en mi rostro no las había tapado el maquillaje ni mucho menos aquel vestido de alta costura ni mi melena azabache recogida con cuidado. No había nada que pudiera esconder la vergüenza y la tristeza que acuciaban a mi ser en aquellos días. Haber perdido mi fe había sido como perder una parte de mi corazón. Me sentía un autómata movido por el impulso de la sangre sin vida que corría por mis venas.

 La iglesia, en su interior, estaba igualmente vacía. Los feligreses parecían haber abandonado su fe tal y como yo había hecho. No era de extrañar teniendo en cuenta por lo que la ciudad de Venecia estaba pasando. La propia iglesia matando indiscriminadamente en nombre del señor, y aquel Dios en el que tanto confiábamos dejando que esto ocurriera frente a sus ojos.

  Nada más que dos pasos fueron suficientes para atraer hasta mi el olor metálico de la sangre desparramada. A toda prisa me santigüé, más por costumbre que por fe y corrí hacia el altar. Donde divisé un cuerpo masculino. Joven, robusto... un muchacho que parecía estar perdiendo el aliento y la vida frente a su señor con la esperanza de recibir ayuda del mismo. Tal y como yo había hecho... sin embargo no le ayudaría. Nadie le ayudaría... la única presente era yo, era la única ayuda que recibiría.

 Tonta de mi ni tan si quiera fui capaz de pensar que quizás aquel muchacho quisiese morir o que quizás se lo merecía. Que era un monstruo como otro cualquiera... pero los monstruos no sangran... No sangran...

 Su sangre escarlata ya cubría aquel santo suelo. Había penetrado su inmaculada pureza con sangre y ni aún así el señor acudía... Dios había muerto o al menos no lograba escucharnos. Arrodillándome en el suelo intento socorrer aquel joven cuerpo. Su rostro refleja la misma pena que el cielo de aquel día. Era un pobre creyente que se había visto abandonado... otro entre tanto ¿Cómo podía el señor permitir aquello? Mis pálidas y temblorosas manos intentan taponar su herida para que no siga perdiendo sangre. Ya no es solo la iglesia sino mi cuerpo el que esta cubierto por sangre ajena. Más sangre derramada mi Señor ¿Va a seguir callado? Si es así seré yo quien salve esta vida pero no en su nombre, sino en el mio propio.

 - Señorito, señorito por favor... no nos abandone. Despierte, abra los ojos... se lo ruego.


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Re: The Godsend — Priv con Vanessa.

Mensaje por Hidan Vintersson el Mar Jul 19, 2016 2:16 pm

The Godsend
— PRIVADO CON VANESSA—

                                                                                               
H
idan abrió sus ojos violetas y éstos se clavaron directamente en los de Vanessa. Aquellos ojos eran de un color indescriptible, que sólo se podía comparar con el sentimiento que causaban los días de lluvia. Parecía verdaderamente triste, pero aún peor que eso, aquella mujer estaba perdida. Quizá sabía dónde estaba, pero ni tan sólo por qué. Hidan la observó atentamente, con una mueca de dolor aún persistente en su rostro. Esa mujer...era un alma a la deriva. Dios los contemplaba y los acogía a ambos como sus hijos, pero ella no era capaz de sentirlo aún.

Oh, por Dios…

Le dedicó una sonrisa cuando ella intentó taponar la herida de su abdomen. El tacto era horriblemente doloroso en la carne viva, pero a la vez acogió ese sufrimiento con un inmenso placer. Él observó la mirada desesperada de aquella mujer, cómo intentaba mantenerle con vida frente a aquel altar. Hidan sentía el aliento de Dios en su nuca:

No sólo lucha por salvarle a ti, Hidan, sino por salvar su fe.

Había perdido mucha sangre, sus manos y las de ella estaban empapadas de ésta. El olor metálico del líquido rojo inundaba la Iglesia. Pero nadie más que aquel cura iba a morir allí hoy. Hidan bajó sus manos hasta llegar a las de ella, las cuales cogió e introdujo por debajo de su túnica. Allí, las manos de aquella mujer tocarían su abdomen desnudo, intacto. En su cuerpo no había herida alguna que sangrase ya.

El Señor jamás permitiría que yo muriese. Mucho menos en un lugar sagrado como es esté. Nunca ante sus ojos, dam. (Señorita)

Hidan se incorporó, dejando ver su gran estatura. Se inclinó ante la mujer, con una sonrisa en su joven rostro, sin dejar de mirarla.No se había dado cuenta hasta entonces, pero aquella mujer era  hermosa.Su rostro, era angelical y sin embargo, en su mirada se adivinaba una oscuridad monstruosa. Era humana, de eso no había duda, pero Hidan sentía algo misterioso respecto a ella. Era diferente, aunque aún no sabía en qué manera ni hasta qué punto. La guadaña de Hidan se tambaleó en su espalda al inclinarse.

Alcanzó la delicada mano de la señorita Ives y la besó con suavidad. Aquella mujer desprendía un olor tentador. Su voz y su apariencia parecían complementarse a la perfección en un intento de hechizar a aquel que se dirigiese a ella. Hidan no pudo evitar compararla con la antigua diosa Circe. Al contrario que otros creyentes católicos, Hidan no despreciaba la mitología ni creía que aquellos dioses no hubiesen existido. Todos ellos eran los antepasados de su Dios.

—  Es un placer, dam. Yo soy Hidan Ansgar Vintersson, exorcista de guadaña y servidor de Dios en este mundo que no es el mío.

Hidan estaba seguro de nunca haber conocido a esa mujer antes, sin embargo, una extraña sensación se había apoderado de él al encontrarse con ella en la Iglesia. Algo le decía que debía estar ahí en aquel preciso instante, únicamente para conocerla. Dios mismo le había hablado hoy. Hidan echó un vistazo al retablo del altar, esperando no sabía exactamente qué, tal vez alguna señal.

¿La has enviado hasta mí, Señor?



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Re: The Godsend — Priv con Vanessa.

Mensaje por Invitado el Lun Ago 08, 2016 3:28 pm


Privado con Hidan


¿

  Eres tú señor? ¿Eres tu el que ha obrado este milagro? ¿Es acaso esta una señal de que su existencia es verdadera, de que no nos ha abandonado?



  Mis ojos se ven cegados por una luz mucho más poderosa que la del astro rey llamado Sol ¿Qué era aquello? ¿Mi fe, el poder de la fe de aquel muchacho? Mis manos palpan la superficie cálida de su torso, allí donde hasta hacía bien poco la sangre brotaba cual manantial. Sé cual es mi mirada, desorbitada y perpleja. Aquello era obra de un milagro, no podía ser otra cosa. Le observo ponerse en pie, cual mártir que renace de sus propias cenizas. Su presencia me resulta imponente, casi divina. Su cuerpo se recorta contra la luz que entra por los preciosos rosetones que decoran la iglesia. De aquella manera, frente a mí, con su porte, su mirada, sus gestos... con todo ello parece un enviado del mismísimo cielo.

Me falta el aliento. No sé como reaccionar a lo que acababa de pasar frente a mí ¿Por qué ahora señor? ¿Por qué ahora haces acto de presencia? Era una señal sin duda alguna. Aquello debía significar algo y sabía perfectamente qué era. No me había abandonado, ni a mí ni a aquel muchacho ¿Tan poderoso era que se daba el lujo de actuar cuando a él le convenía? ¿No lo convertía aquello en un Dios un poco negligente? No sabía que pesar. Si debía volver a creer o no en aquel Dios que me había abandonado frente a su propio enemigo y hermano.

 El roce de sus labios contra mi piel me desvela. Mis ojos, fríos y gélido como el hielo vuelven a él. Le había tenido moribundo entre mis brazos, manchándome con su sangre, contemplando como su vida se me escapaba cual arena por entre las manos y ahora... ahora estaba tan lleno de vida. Me pongo en pie, en cuanto mis piernas me lo permiten. Noto como mis ropas pesan más de lo debido, es normal puesto que han sido mancilladas de aquel líquido escarlata; al igual que mis manos y puede que hasta mi rostro.

- Parece curioso, señorito Ansgar puesto que Dios mismo me vio caer de entre sus brazos y no hizo nada por intentar evitarlo... sin embargo esto... esto demuestra que sigue ahí pero para quien el desea ¿Será que a mí ya me abandonó? Tiene usted suerte...

Noto como mi mirada duda apenas un momento. No puedo dejar que nadie descubra mi debilidad. No, ni tan si quiera el mismísimo señor. El aún menos. Vuelvo a mi fuerte carácter, a aquella mirada implacable, fría e impenetrable. Careta sonriente frente al rostro, cual triste mimo. No puedo permitirme ni un momento de debilidad, de lo contrario seguiré cayendo y hundiéndome aún más en el fango.

 Un hombre de Dios, un exorcista que sirve a la iglesia, un perro guardián. No puedo estar en mejores manos y sin embargo hay algo en él que le delata, delata que en lo más profundo de aquellos bondadosos ojos se esconde un monstruo como aquel al que yo evito ¿Quizás...? No, imposible, no puede ser él. Aquel rostro me resultaba familiar, su cálida voz me transportaba a mejores momentos y sin embargo, no le conocía lo más mínimo ¿Has sido tú señor? ¿O quizás es simple azar?

  – Discúlpeme, casi olvido mis modales. El placer de conocerle es todo mio, y aún más de contemplar que su joven existencia no ha tocado a su fin... es todo un milagro. – Una reverencia con la cabeza abre paso a una sincera sonrisa un tanto enigmática. Mi voz, apenas un susurro parece reverberar en aquella estancia. Aún ninguno de los dos, pese a las presentaciones políticas, habíamos dado a conocer nuestro verdadero ser y pecados ¿Llegaríamos a conocernos de verdad en algún momento? - Vanessa Ives, puede llamarme Vanessa si lo desea. Servidor de Dios, se presenta ante usted una mujer que no sabe en que creer y que a la vez cree en todo, una mujer que ha contemplado los ojos del mismísimo demonio y que sin embargo no teme su ira sino a si misma... al fin y al cabo, una mujer más.

 No sabía si mi presentación había sido un tanto ostentosa, demasiado pretenciosa... sin embargo, había aprendido a no retener jamás lo que mi lengua deseaba expresar. Quizás por ello, a mi ya adulta edad seguía soltera y sin expectativas de cambiar dicho estado. Al fin y al cabo, un marido no sería más que una perdición más para mí. Mis pasos retroceden suaves, lentos por lo que cuando quiero tomar asiento contemplo por el rabillo del ojo el cuerpo inerte del cura. Mi mirada no duda, mantiene la ajena sin pensárselo; no le temo. De haber querido acabar con mi existencia ya lo habría hecho. Tomo asiento con determinación, posando mis manos sobre mi regazo. Mi rostro se ladea sin pretenderlo, lo noto; es un acto involuntario determinado por mi curiosidad hacia aquel ser divino que contemplo ante mi perpleja mirada. Enviado de Dios ¿Sería aquello cierto?

- No deje jamás que la vida divida aquello que la muerte pueda unir... curioso como este encuentro ha tenido lugar ¿No cree? Curiosa esta ciudad, Venecia... cuantos misterios oscuros esconde, cuanta sangre y cuanta muerte y aún así... cuanta vitalidad a su vez ¿Qué le había ocurrido, si no es inconveniente que pregunte?




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Re: The Godsend — Priv con Vanessa.

Mensaje por Hidan Vintersson el Lun Ago 08, 2016 4:40 pm

The Godsend
— PRIVADO CON VANESSA—

                                                                                               
L
as palabras de la misteriosa mujer disiparon todas las dudas que Hidan pudiese tener. Ahora estaba claro, Vanessa había sido enviada a él por Dios. Ella era una mujer perdida en una fe confusa que creía que la había abandonado. La mirada de Vanessa está desorbitada, su cuerpo entero se tambaleaba como si hubiese presenciado algo divino. Y así era. Algo había cambiado en la vida de ambos allí presentes. Ante Dios, se había establecido una unión que sólo el Señor podría romper.

En seguida Hidan se acercó a ella y la sujetó entre sus brazos, intentando ayudarla a mantenerse de pie cuando vio que le costaba levantarse. La observó de pies a cabeza, estaba manchada con su sangre, y él también. La sangre goteaba desde su vestido hasta el suelo. Las manos de Vanessa estaban empapadas, en sus mejillas tenía algunas manchas ardientes. Hidan sintió una punzada en la parte más baja del abdomen, acompañada de una especie de escalofrío. Espero que Dios no fuese consciente de ello, pero, en aquellos momentos, Hidan deseó tomar a aquella mujer.

Se colocó frente a ella, más cerca, y usando una parte de su túnica negra limpió el rostro de Vanessa.

Por favor, llámeme Hidan.

Hidan escuchó sus palabras, como bien había sentido anteriormente, aquella señorita no era una simple humana. Había algo en ella que simplemente, no encajaba. ¿Qué podría ser? Hidan estaba dispuesto a averiguarlo, sin importar cómo.

El Señor es un ser caprichoso, Vanessa. Digan lo que digan, hay ocasiones en las que ni siquiera yo entiendo por qué toma las decisiones que toma. Pero jamás la abandonaría, dam.

No pasó desapercibida para él la mirada que Vanessa dirigió hacia el cuerpo del cura en el confesionario. ¿Cómo podía saber que estaba ahí? Sin duda, aquella mujer tenía un don, quizá similar al de él, un don divino. Notó la duda en los ojos de Vanessa por momentos, pero ella le mantuvo la mirada con sobriedad. Había algo en los ojos de esa mujer que hacía que algo se encendiese dentro de Hidan. Era curioso, sí, a él le parecía ver cierta oscuridad en aquella mujer. La misma que veía en sí mismo. Y ambos, a pesar de ser hijos de Dios, habían sido castigados de alguna manera por el Señor. ¿Por qué me haría Dios mestizo? Hidan sentía que lo había hecho para recordarle su posición de pecador. Era su martirio personal y por ello no podía evitar mortificarse.

Yo soy mestizo. —bajó la mirada, su voz sonaba más apagada que de normal— . Esa es mi cruz...Esa, y que me gusta el sexo, signorina, no lo puedo evitar.

Le dedicó una sonrisa algo descarada. Ella se sentó, y sin siquiera pensarlo dos veces, él la secundó. Dejó su guadaña apoyada en el banco, junto a ella, y se sentó a su lado. "No deje jamás que la vida divida aquello que la muerte pueda unir..."

La muerte es mi vida, señorita Vanessa. Y sí, es curioso...Demasiado para ser casualidad, ¿no? — se inclina hacia ella, hablando en voz baja— . Dios ha preparado este encuentro, estoy seguro de ello. No sé por qué, pero siento una inevitable necesidad de protegerla. ¿Usted sabe a qué puede deberse?

Hidan se acomodó en el banco y la madera crujió. La luz que antes iluminaba la estancia se fue apagando poco a poco. Dejando a ambos a la merced de la oscuridad. Había anochecido, y Dios había apartado los ojos de allí. Hidan sacó la barra metálica y puntiaguda con la que se había herido hacía un rato por su manga. Estaba manchada de su sangre.

Me clavé esto en el estómago como castigo por asesinar a aquel cura.-inclina la cabeza hacia el lugar, señalándolo con ésta-. Verá, mi cuerpo se regenera por sí solo. Más o menos, soy inmortal.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Hidan. De repente, sus ojos brillaban con más poder. Guarda de nuevo la barra en su manga y mantiene la mirada con la de ella.

Siento mi atrevimiento, pero... es usted hermosa.


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Re: The Godsend — Priv con Vanessa.

Mensaje por Invitado el Mar Ago 09, 2016 7:58 pm


Privado con Hidan


U
na mirada que lo revela todo. El dolor tras la sonrisa, el odio tras una mirada, la demencia escondida tras una máscara de seriedad ¿Acaso no todos escondemos algo en lo más profundo de nuestro ser? ¿Acaso no todos somos monstruos? En ese caso, ¿Por qué huir del resto, pero peor aún, por qué huir de nosotros mismos? No lo entendía y jamás llegaría a obtener una respuesta certera a aquellas preguntas, pero frente a mi contemplaba a un joven que pese a ser consciente de la bestia que escondía bajo una hermosa cara su fe le había ayudado a ser consciente de ello ¿Era aquello quizás el imán que me atraía hacia él? No podía estar segura de ello.

Aquellos ojos violáceos parecen querer descifrar algún tipo de enigma en mi misma, quizás siente esa misma atracción que castiga mi razón y compostura. Es imposible huir de uno mismo como es imposible huir de un sentimiento tan fuere e incontrolable como aquel. Su proximidad no me hace temblar lo más mínimo, más bien todo lo contrario, me otorga esa fuerza que en los últimos días parece faltarme. Su calidéz, su aroma, su mirada, su tacto... todo ello parece quererme hacer recordar la fuerza que mi propia fe me aportaba en su momento. Si esto era obra del Señor, pese a lo caprichoso que podía llegar a ser, había sido una de sus mejores decisiones ¿Cuántas mujeres podían proclamar haber conocido a un joven apuesto totalmente dispuesto a darlo todo por ti?

  – Si que es caprichoso este señor nuestro entonces... Hidan. Tan caprichoso que parece haber orquestado este encuentro con el objetivo de arrastrarme de nuevo con él. De devolverme esa fe que tenía olvidada. Quizás, haya funcionado. Sin embargo, lo más importante de todo esto se encuentra frente a mi mirada. No sé quien es solo que no quiere que se aparte de mi lado.

La sinceridad de mis palabras le golpearán, tal cual las suyas accionaron un mecanismo dormido en mi. Era cruel y dulce al mismo tiempo, brutal y esperanzador... ¿Qué es esto señor? Ambos sentados en aquel banco, casi parece una estampa completamente natural pero ¿Acaso lo es? ¿Seguros? Mejor mirad con mucha más atención porque no lo es. Nosotros, dos seres unidos por un solo motivo y manchados ambos de sangre, puede que propia y de muchos otros que no merecían haber sufrido bajo nuestras crueles manos. Dos pecadores que son conscientes del peligro que son para los demás ¿Será ese nuestro lazo de unión a caso?

  – Supongo que los pecadores tienden a entenderse entre ellos. Nadie está libre de pecado ¿No cree? Puede ser ya bien envidia, gula, asesinato, lujuria... – Hago énfasis en aquella última, haciendo aún más pequeño el espacio que nos separaba. Mi mirada está fija en la suya ¿Lo siente Hidan? Espero que sí. Su aliento me embriaga y siento que casi podría dejarme caer pero sé que no puedo. Sería una auténtica catástrofe.- La carne siempre es más poderosa que la razón, no importa cuando intentemos evitarla... acabas cayendo, lenta y apasionadamente... Nadie tiene las manos limpias de sangre y por ello cada uno de nosotros debe cargar con su propia cruz. La mía, me la reservo por el momento si no le importa.

 Coloco un mechón negro azabache por detrás de mi oreja, casi de manera coqueta. Podría malinterpretarse pero es un acto sin significado alguno. Puede que me atraiga pero mi moral no me permite tenerle, no me pertenece como tal... quizás su corazón pertenece a otra y no pienso cometer el mismo error dos veces. Aquello recuerdos asaltan de nuevo mi mente y me veo obligada a contenerlos. No es el momento de sacarlos a relucir. Ya he demostrado debilidad, no debo rebajarme aún más. Puede que desee protegerme, pero no quiero que así sea. Un suspiro se escapa por entre mis labios ¿Nos merecemos tanto sufrimiento realmente? ¿Alguna vez todo esto acabará o el fantasma de nuestro pasado seguirá atormentándonos? El dolor no tiene fin... recuerdalo Vanessa. No hay escapatoria, ni tan si quiera la expiación.

 Mis traviesos dedos se alzan hacia el rostro de aquel hermoso ser. Estos acarician la superficie de su rostro sin permiso previo. Su piel es suave y cálida, tal y como sus actos hacia mí ¿Por qué tú y ahora Hidan? ¿Por qué ahora precisamente? ¿Acaso eres el enviado que me devolverá a mi ser? El contacto es corto y fugaz y una pequeña se esconde en mis labios cuando coloco mis manos en el regazo. No juegues con fuego Vanessa o te quemarás.

- No sé que nos ha traído a ambos hasta aquí, puede ser mera casualidad o no... pero la muerte, así como la vida nos ha unido y no debe castigarse por ello. Puede que le cueste admitir lo que es y lo vea como un castigo pero no lo es, al menos así quiero creerlo. – Sus palabras realmente llegan hasta mí. Es un joven atrevido y temerario. Parece no tenerle miedo a las consecuencias. Eso me recuerda a mi juventud. Juventud... divino tesoro. No puedo evitar seguir sonriendo con sinceridad.- Es todo un caballero Hidan, gracias por el cumplido. Pero a diferencia de usted yo no soy casi inmortal y mi juventud dejó de ser hace mucho... al igual que mi supuesta belleza ¿Puede ser que lo que usted ve y atrae es más un enigma?

 ¿Estás preparado para adentrarte en este peligroso sendero Hidan? Caer es doloroso y permanecer a mi lado también. No conoces aún el peligro de mi propia existencia, puede que llegue a aterrarle o  a atraparle y no pueda volver a escapar de mi. Enviado de Dios, ¿Permanecerá a mi lado, para protegerme como ha dicho?



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Re: The Godsend — Priv con Vanessa.

Mensaje por Hidan Vintersson el Miér Ago 24, 2016 9:58 pm

The Godsend
— PRIVADO CON VANESSA—

                                                                                               
L
a oscuridad se cernía sobre el rostro de Hidan, ocultando bajo las sombras sus rasgos, apenas se podía llegar a vislumbrar unos ojos atentos, una nariz perfilada y pecosa que le daba un aspecto inocente, los pómulos sobresalientes, y la mandíbula acentuada, unos labios finos y reprimidos... Se giró hacia ella, y se encontró con sus ojos clavados en él. La enfrentó, manteniendo su mirada impasible.

No veo razón por la cual debería apartarme de su lado.

Sus palabras calaron en Hidan, mientras notaba como Vanessa se acercaba a él, sintiendo ambos el calor del otro. Sus miradas seguían fijas, parecía como si en cualquier momento ella fuese a caer entre sus brazos, pero no ocurrió. Sin embargo, esto no decepcionó al joven exorcista, que dejó entrever una sonrisa.

Vanessa, sé perfectamente a lo que se refiere.—mantuvo la respiración mientras sintió su fría mano resbalándose por un momento sobre su piel—Es...complicado resistirse a ciertos pecados.—al retirar ella la mano, Hidan se inclinó levemente hacia la mujer, como esperando más.

Llevó su mirada hacia el regazo de la mujer, sobre el cual había colocado sus manos, rezagada de pronto. Su masculina mano acogió la suya, el tacto era suave. Dirigió la mano de ella hacia su rostro de nuevo. Ya allí, recorrió su piel primero por su frente, sobre la cual se posaban apenas dos mechones grises de pelo; las encendidas mejillas, que ardían, y pasando por sus labios, los cuales rozó contra la mano de Vanessa para después regalarle un leve beso en ésta.

—  Bella y enigmática, ambas cosas resultan hechizantes.

Se ciñó a ella, dejando apenas espacio entre ambos, sin soltar su mano, la colocó sobre el cuello de él, y se inclinó hacia Vanessa. Apenas podía ver más allá de sus ojos, pero eso no impidió que los labios de Hidan se uniesen con los de ella. El beso fue tan breve que cualquiera diría que era de lo más inofensivo, pero no lo era en absoluto. Nada de lo que hacía Hidan era inofensivo. Pasó su lengua por los labios, humedeciéndolos. La sangre del cura se resbalaba por las losas de la Iglesia con frenesí.

Discúlpeme... No puedo pensar con claridad...

Siquiera había terminado la frase, y Hidan volvió a besar a Vanessa con una aparente ternura fácilmente malinterpretable. Sus ojos estaban cerrados, sabía que Dios no le observa, y aún así sintió su presencia en ese beso. ¿Cómo podía ser posible? ¿Acaso no debería recibir un castigo?

Dios entiende nuestros pecados y los juzga con benevolencia. El Señor entiende mis deseos.

Su mano viajó hacia el rostro de Vanessa, el cual atrajo más hacia él con una caricia, intensificando el contacto. Se apartó de ella, quedando a unos centímetros de su delicado semblante. ¿Hasta dónde estaría dispuesta a llegar aquella misteriosa desconocida?

La observó, buscando la respuesta en sus claros ojos. Su mano se desplazó hacia su pierna, la cual empujó hacia él, dejando un pequeño espacio entre sus muslos. Acarició su pierna con delicadeza, para después subir poco a poco la parte baja del vestido que ella llevaba, la cual abultaba prominentemente, como era típico de aquella época. Pero Hidan se las ingenió para colar su traviesa mano por debajo de aquel vestido, pudiendo sentir la piel de Vanessa contra sus dedos. Su olor le embriagaba, aquellos ojos clavados en él le tentaban y el tacto de su cuerpo, tan cerca de lo que ansiaba incitaba. Para Hidan, ya no había vuelta atrás. Su expresión era seria, la miraba absorto, expectante, deseoso. Aquella mirada era inconfundible, es aquella que aparece para disimular con sobriedad una decisión insensata y para demostrar la vehemencia de un acto de impudicia.



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Frase I punish them with pleasure, and pleasure some with pain...

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