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Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Puchurrumi Eros el Vie Ago 05, 2016 7:37 am

“Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación”



No es solo un sueño esta visión que tengo, un mundo desbaratado por la humanidad siendo recompuesta por la sociedad en sí. Entiendo que sea demasiado pedir, desmesurado de lograr, pero  no imposible. – Señor Kleavon, ¿estamos llegando? – Pregunte al actual colega de esta noche, un juvenil humano proveniente de un barco de esclavos. Es notable el temor que a este hombre de color le precipita por mi idea. – “Amo Eros, no es que quiera ir en contra de su palabra, pero ir a pedir ayuda a unos piratas es…demasiado peligroso. “ – Créeme que lo sé, pero no temo por nuestra seguridad, esta misión va más allá de nuestras capacidades. Observo la ventana del carruaje con la mirada perdida en la neblina. – No existirá mayor aventura que la de un hombre libre que enfrenta a sus propios miedos. ¿Sigue usted siendo un simple esclavo, Sr. Kleavon?

Sr. Geschlecht, hemos llegado

Los caballos cesaron su galope al compás de un relinche turbante en el silencioso puerto. Abrieron la puerta para mí, dejando entrever mi grata persona a los pocos marineros que yacían trabajando a estas horas de la noche. – Señores, no quiero que os mováis de aquí sin mi consentimiento, y mucho menos que muevan la carga hasta que os de la señal. – Dadas las instrucciones proseguí a salir de la carroza, prestando mi camino hacia uno de los navíos que tocaban puerto. Me detuve un escaso momento al entender que mi situación sería de lo más desfavorable…para mí. – Señor Kleavon, apresúrese, usted viene conmigo. – Sentencié con una suave sonrisa, no me gustaría encontrarme solo para mi desgracia.
Días atrás envié una petición a los bucaneros desinhibidos para una tarea de rescate. Tan solo fue respondida por el flamante Capitán Labov, por esto el navío ya estaría preparado para zarpar a esta hora y solo haría falta…”mi cargamento” como parte de pago. – Este hombre…el capitán Labov, ¿le has investigado? No quisiera encontrarme con un cruel pirata que gusta de ensangrentar la cubierta como si nada. – Comente sarcástico, me encontraba prácticamente de paseo al subir por la pasarela.

¿Qué crees que hace? Debe pedir permiso para abordar el Coreur de Nuit

Inmediatamente Kleavon se escondió a mi espalda temeroso, vaya lealtad.  – Que modales los míos, avise a su Capitán que… - Este acallo mi hablar con un escupitajo a mis zapatos. Con cuanta necesidad ¿no?  - “Calla incauto, será mejor que te vayas por dónde has venido si no quieres salir lastimado.” – El afroamericano tiro de mi chaqueta en un intento de retirada, jamás lo aceptare. – Niño, no sea un irrespetuoso, subamos y podremos compartir de nuestros problemas que nos cohíben. – Así mismo en la conversación, otros bucaneros se acercaron recíprocamente, tan desalineados algunos como este individuo en frente, ¡qué emoción! – “¿No le has oído? ¿Cómo puedes caminar por ahí sin un cerebro?”- La situación no es del todo buena, sin embargo, no he de tener miedo, al contrario, he de ser como ellos para ganarme su respeto, o eso he de creer. – ¿Cómo es que como piratas son unos fracasos? Hay cosas que nadie puede responder.  – Para mí fortuna, eso atrajo el total odio de mis buenos acompañantes. – “Cierra la bocota cobarde pez hinchable, un ruidito más y te enteras.” – Comentó el primero de los navegantes, aquel malandrín de mal augurio. Con mucho valor le conteste como es debido. – Ruidito. – Poco a poco nos vimos acorralados por el hedor de esos buenos caballeros de mar, aquellos que hicieron paso a paso para mostrarnos de que estaban hechos. Alce ambos hombros en una pose sarcástica. - ¿Es demasiado tarde como para decir que les he traído whisky?

**** Flashback ****

Era un día de agradable invierno, frío y con una humedad que congelaba los huesos hasta el alma. El mundo parecía más hostil de lo normal, ustedes sabrán como es, más ante el escondite de nuestro agradable vecino, el sol. Habían sido años difíciles desde el comienzo de la crisis de 1545. Los británicos nos encontramos muy desahuciados por todo el embrollo, motivo del cual todo pareciera pertenecer a la discordia. Aun así aquí me encuentro, satisfaciendo la necesidad de compañía de esta bella mujer, Emilie, una joven amante desposada por un ingrato animal. Aquella señorita capaz de hacer feliz a cualquier ser humano, ¿cómo puede ser tratada de tal manera descarada e indeseable? Disturbios en el pensamiento del hombre ordinario. - "¿Te gustan estas rosas? Me las ha obsequiado el florista por haberle arreglado sus prendas." - Allí esta ella, acomodando esas flores emblemáticas de nuestro país. Su devoción en tal acto dispone en mí una ferviente felicidad, cualquiera que se dignara un momento a admirar el arte, feliz y lleno se encontraría. - Son perfectas. - Dispuse apegando mis labios a su oído, tomando sus manos con las palmas de la mía en un afectivo intento por sentir su cálido rose en mi cuerpo. El latido armonioso cruzaba su espalda para ingresar en mi helado pecho, no existe un sentir mas esplendoroso que este en este mismo instante. Ella sonrío para mí, rebosando toda su alegría al mundo. - "Nedward, se que esto solo es un sueño, uno pasatista que terminara antes de que me de cuenta, pero, gracias. Me has devuelto aquel sentir que mi marido me ha quitado. Me has devuelto mi vitalidad, mi amor por la vida. Mi Puchurrumi..." - Acalle toda palabra con un suave beso en esos carnosos labios. Su marido era un hombre de mar que prefería de la compañía de cortesanas a las de su olvidada esposa. No te preocupes buen hombre, aquí estoy yo para evitar su propio olvido.

*** Fin del flashback ***

"Señor Eros, esa mujer de la que habla, Emilie, ha de haber sido una gran mujer. Así misma es mi señora que espera siempre mi regreso de alta mar." - Comentaba uno de los piratas, hemos pasado los ultimos minutos bebiendo whisky y hablando sobre las mujeres que nos hemos cruzado en nuestra vida... claramente omití el hecho de hacer cornudo a un marinero. - Ciertamente lo era, Gregorio. - Afirme con una gran sonrisa. - No me llamo Gregorio, yo soy... - Eleve mi vaso frente a todos los marineros y con mucha energía exclame. - ¡Un brindis por esas mujeres que nos hacen la vida un poco mas tolerable! - Todos gritaron "salud" en honor a esas figuras que nos desquician la cabeza, en el buen sentido de la palabra. ¿Qué había sucedido? De un momento a otro pasamos de estar siendo sepultados a tener una de las mejores compañias de la noche. Todos bebiendo whisky, entre risas y jolgorio, esperando a ser atendidos por el Capitan Labov, posiblemente un hombre fuerte, de temer, y sin embargo, con el corazón puro al ver a esta tripulación tan humana como sanguinaria...
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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Marie Labov el Lun Ago 08, 2016 4:51 pm


L
a reunión se habría desarrollado de manera inerperada. Marie no esperaba que aquel breve encuentro se iba a convertir en la adquisición de un nuevo aliado puesto que su relación con aquel hombre de negocios nunca había sido muy amigable, pero cuando de negocios favorables se traba ninguno de los dos se oponía. Puesto que al dinero es siempre bien recibido. Se encontraban compartiendo una copa de vino en uno de los mejores restaurantes de Venecia. Al fin y al cabo, trataban con un conde y no con un mercader barriobajero. También era la razón por la cual vestía con vestido  llevaba el pelo recogido y por la que había decidido ir sola; si llevaba a alguno de los cabeza huecas de sus hombres acabarían poder dejarla en evidencia. Había dado claras ordenes, por tanto, de que no abandonasen el barco hasta su llegada y que si alguien llegaba con intenciones de hablar con ella que lo escoltasen y acoplasen en el barco hasta su llegada. Dudaba que fuesen a acatar alguna de aquellas normas, por lo que le había dicho a su mano derecha que en cuanto algo ocurriese corriese en su búsqueda ¿Cuánto tardaría en ir a avisarla?

 - ¡Señora, señora! - Una conocida voz alteró el curso de la velada. Marie sabía de sobra quién era y por qué estaba allí. Para su suerte, acababan de cerrar el trato y esta a punto de abandonar el restaurante.- Debe volver...ya sabe... no me escuchan.

 …

 Ni si quiera pasó por el barco cuando regresó al puerto, sabía que allí no los encontraría. Vestida de aquella manera podrían acabar riéndose de ella en aquellas tabernas de mala muerte, pero no era cualquier mujer... era Marie Labov, de ella no se reía nadie y pobre del que se atreviera; puesto que sabía cual era el destino que le esperaba.

 Guiándose por el ruido de voces, música y gritos acabó dando con la posición de sus negligentes hombres. Irrumpió en la taberna cual torbellino. En el camino tomó a uno de sus hombres por la oreja y le obligó a contarle que era lo que estaba ocurriendo, por qué desobedecían sus órdenes. La respuesta no fue ni mucho menos satisfactoria y en cuanto alzó su voz por primera vez notó como sus hombres se arremolinaban y echaban pies en polvorosa, dispuestos a huir del lugar sin amonestación alguna. Estupidos. Los cogería al día siguiente en el barco y tal sería el castigo que quizás alguno acababa desertando de las filas.

- De vuelta al barco, todos y cada uno de mis hombres ya.- No necesitó si quiera gritar, pues al contemplar aquel endemoniado rostro sabían que no debían jugar con ella, tanto los grumetes como los más veteranos. Uno a uno abandonaron el local. Marie esperaba con los brazos cruzados bajo el pecho, sopesando la veracidad de la historia del extranjero que los había arrastrado hasta allí. Lo comprobaría ella misma en cuanto no quedase ninguno allí.- Ceci est incroyable, putain ...

 En cuanto ni uno solo quedó allí, dirigió una sola miarada al tabernero que le indicó con la cabeza donde estaba lo que buscaba. Con determinación y vergüenza alguna, puesto que ya había llamado lo suficiente la atención, dirigió sus pasos veloces hacia aquella mesa que hasta hacía un rato había estado concurrida. Su mirada se cruzó con la de aquel hombre rubio. Su presencia le delataba, era el extranjero del que hablaban todos y con el cual había concertado una cita... así que no dudó en sentarse en la mesa sin pedir permiso alguno. Él se había llevado a sus hombres, así pues no haría uso alguno de la educación que en un principio pensaba demostrar. Su tenacidad y fuerza quedaba constada en un solo movimiento, una divertida sonrisa y un suspiro. Aquel hombre no sabía donde se había metido. Aquella noche que prometía ser totalmente favorable para ella, había tornado de una manera cuanto más extraña ¿Qué era lo que quería aquel hombre y como era que había conseguido llevarse a sus hombres con tanta facilidad? Los aleccionaría como merecen llegado el momento pero en aquel instante le interesaba más el apuesto caballero que contemplaba frente a su mirada ¿Quién eres?

Marie Labov, para servirle ¿Qué le atrajo hacia mí caballero?

Baby don't control yourself
Because I am a force os Nature.


Última edición por Marie Labov el Vie Ene 26, 2018 3:08 am, editado 2 veces
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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Puchurrumi Eros el Miér Ago 17, 2016 5:13 am

Que ambiente mas alegre glorificado por las historias de toda nuestras vidas, ¿quién puede resistirse al don de la palabra? Absolutamente nadie. Entre sonrisas y jolgorios, luego del gran brindis observe en cada uno de estos "jóvenes" la flama de la vida resplandeciente, de seguro motivo de por cual estarían a las ordenes de su flamante Capitan Labov. - Y tu niño, ¿no toleras el alcohol? Toma un trago y cuenta vuestra historia, no sea tímido. - Encare con un tono tranquilizador a un joven que no llegaría a cruzar los 16 años. Un pequeño que siquiera llega a tener la apariencia de un pirata. En definitiva, me recuerda a un juvenil ayudante de cocina, de un navío para el olvido, ¿cómo era su nombre? ¡Jim Hawkins! Todo un aventurero, toda una pena su muerte...

"Soy Wally B. Feed, soy solo un mozo de aquí, señor. Estoy intentando entrar en alguna tripulación porque vera... " - Le vi tomar un pequeño sorbo al whisky e instantáneamente hizo una mueca de asquerosidad, a lo que obviamente todos hemos reído.- "Yo jamas he tenido a nadie, Señor. He vivido siempre en la calle mendigando y así he pasado demasiada hambre. Todos los días admiraba a lo lejos como los barcos se perdían en el horizonte, ¡que envidia! Un día sentí que fallecía, no podía seguir. Sin embargo, cuando todo parecía perdido, una tortuga con la extraña sonrisa de un payaso demente, vino hasta a mi en mi salvación.  ¡Mordió mi camisa y jalo de esta como si no hubiese un mañana! Intento darme el impulso que necesitaba para no rendirme, y así fue. Esa pequeña fue mi salvadora, con su sonrisa sanadora de todo dolor. Recuerdo que cuido de mi y de alguna forma todo empezó a salir bien e incluso el tabernero me ofreció empleo durante un tiempo. Todo cambio, aunque cuando todo mejoro, esta heroína tortuga desapareció, y aquí me tiene, trabajando hasta poder cumplir mi sueño de navegar en mar abierto." - Que gran historia me han contado, para guardarla en lo mas profundo de mi corazón, a pesar de que la mayoría de los marinos no lo creían. No obstante, sus ojos me demostraron la total inocencia y sinceridad de todo un humano, todo un aventurero. Me sentí totalmente emocionado y orgulloso de haber escuchado todo ello, "lastimosamente" para mi, una voz femenina atrajo la atención de todos aquí.

Instantáneamente todo el lugar se vio desbaratado y desalmado ante la huida indiscriminada de los marineros. Toda una sorpresa, jamás había siquiera yo mismo escapado tan rápido de una cama como la velocidad de esos bucaneros. - Señor Kleavon, ¿Quién se supone que es la dama? - Me sentí intrigado, sobre todo al no encontrar respuesta de mi ayudante... incluso el había huido. Le analice, inclusive al acercarse a mi mesa. Un pájaro no canta porque tiene una respuesta, canta porque tiene una canción, precisamente mis ojos han encontrado dicha melodía.

"Marie Labov, para servirle ¿Qué le atrajo hacia mí caballero? "

- Me atrajo el carácter que despliega con su caminar, espere, ¿qué? - Ciertamente la belleza de esta mujer no tiene igual alguno, podría perderme siglos en su figura esculpida por el mismo Miguel Angel, entonces, ¿qué? - ¿Cómo dijo? Us... - Abrí la boca completamente asombrado sin comprender dicha confusión, inclusive trastabille con la silla por solo un momento, ¿esta exótica belleza es el emblemático Capitan Labov? - ¿Es usted el, digo la Capitana del navío... ? - Siquiera salieron de mis labios el nombre de ese magnifico barco, claramente, estoy gratamente asombrado. Desplegué una gran sonrisa, placentera en parte, engatusado por la mujer que estaba en frente. Tome la copa de whisky en mano, dando un fuerte trago hasta vaciarle. Ante el golpe del vidrio sobre la mesa, me digne a hablar como correspondía. - Lamento mi reacción, es difícil para un hombre reaccionar ante tanta preciosidad. Permita presentarme, Nedward Geschlecht... Aunque en la intimidad se me conoce como Eros.  - Fue inmediato mi cambio de actitud ante tal magnificencia, inclusive sería fácil olvidarse de la misión frente a ella. - Tendremos  tiempo para conocernos...profundamente. Necesitamos zarpar cuanto antes, tengo un embarque cual tiene que llegar a destino cuanto antes. Muchas vidas dependen de nosotros, de mí.

Intente ser convincente, no quería entrar mucho en detalles más que lo justo y necesario. - Cercano a la Isla de Burano se encuentra un buque de guerra tomado por errantes y piratas, debemos encontrarlo como de lugar. Os pagaré cuanto sea necesario, pero debemos zarpar ya mismo. - No importa el precio mientras podamos alcanzar aquel objetivo, el resto no importa. - Le ofrezco una gran y seductora aventura, ¡¿qué responde, Marie Labov?¡ - Me coloque de pie por la emoción, apoyando ambas palmas sobre la mesa rustica de madera. No era mi intención faltar el respeto, o elevar la voz ni nada, simplemente la exaltación por dicho viaje me erguía la energía hasta tal punto inevitable de ocultar, vamos, ¿alguien en su sano juicio no lo estaría con semejante belleza? Ni siquiera el caballero menos cuerdo...
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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Marie Labov el Mar Dic 06, 2016 11:55 pm

¿Pero quién se suponía que era aquel caballero? No pudo evitar el soltar una sofocada risa entre los labios. Hacía mucho pero mucho tiempo que no se cruzaba en su camino con alguien como aquel hombre. Se tomo el permiso por su mano, ahora que había conseguido espantar a la tripulación de vuelta a sus puestos se tomaría su tiempo para reír un rato y pasar un rato agradable junto a un hombre. Tomó la silla más cercana y colocando esta con el respaldo pegando con la mesa se sentó en ella cómodamente, sin poder apartar la mirada que aquel que se hacía llamar Eros.

 - Sí, pese a lo que sus ojos intenten negarle pese a mi apariencia soy la capitana del navío y por lo que veo necesita de mi ayuda ¿O me equivoco?

 El tabernero pronto llegó con la habitual copa para Marie, la cual depositó sobre la mesa sin cruzar ni media palabra. Ladeó el rostro de manera curiosa, como hace un cachorro cuando se encuentra frente a algo que no conoce preguntándose la razón de ser de aquel extraño objeto. Tal estaba siendo la inactividad en Venecia que encontrarse con alguien de aquella especie era digno de admiración por parte de Marie Labov. Llevó la copa a sus labios, saboreando aquel burdeos con meditación, el hombre parecía tener prisa y era extraño que un caballero de aspecto galante y elegante se mostrase de aquella manera tan simple frente a un sucio pirata, ya fuera mujer y hermosa... eso importaba más bien poco.

-  Bien, en ese caso tan solo contésteme a una sola cosa, me ha dicho que con esta gran y seductora aventura ganaré dinero y quizás algo más...pero ¿Y qué me dice de las posibles pérdidas?[b]- Relame sus labios detenidamente, casi con premeditación. No espera una respuesta de él pues entiende a la perfección que aquel viaje conllevará pérdidas para ella aún así ve necesario el alargar un poco más el tiempo para poder sopesar si aquel hombre verdaderamente se merecía recibir su ayuda o no.- [b] Simple oro y aventuras no suplirán mis posibles pérdidas. Soy pirata pero no estúpida, conozco los riesgos que corro al ir en rescate de un buque asediado... y sé que ello conllevará que pierda a gran parte de mis hombre, esas son bajas que usted no podrá volver a responder. No es fácil encontrar a hombres que estén dispuestos a ser dirigidos por una mujer pirata ¿Es consciente de ello?  En ese caso necesito que me prometa que no perderé a más de la mitad de mis hombres y mi navío, mi tripulación y yo misma seré toda suya.

Había un suave deje en aquello último que había dicho. No había sido totalmente a propósito pero no podía evitarlo; llevaba mucho tiempo navegando solitaria y ahora que veía la oportunidad de verse acompañada al menos se aseguraría de que no perdería  mucho apostando por dicha aventura.  Necesitaba una respuesta ipsofacto de lo contrario se marcharía de la taberna sin mirar hacia atrás. Se puso en pie dejando la copa a medio terminar en la mesa, e hizo la silla hacia un lado. Se colocó a la altura de Eros, con las manos sobre la mesa de madera y una sonrisa dibujada en sus labios. Pudo aspirar lentamente su agitada respiración y aquel agradable perfume que desprendía. No sabía si podía o no fiarse de aquel hombre y su acompañante, de sus intenciones y del rumbo que aquella aventura tomaría pero si de algo estaba segura es que no dejaría pasar aquella ocasión. No ahora que veía frente a ella la posibilidad de hacer algo con su tiempo y sus hombres. Además, tener contactos siempre era algo de lo que se debía hacer acopio y parecía que aquel hombre era de aquellos con dinero en el bolsillo pero aún más bajo la manga.

¿Para qué esperar respuesta alguna? Le tomó de la muñeca de improvisto y se dispuso a arrastrarle fuera del local, aceptando corporalmente su trabajo. Necesitaba el dinero y las aventura, las pérdidas serían un daño colateral que tendrías que afrontar llegado el momento.

- Ha dicho que tenía prisa así que contésteme a la pregunta en mi camarote después de ordenar que zarpemos rumbo hacia la Isla de Burano.

Discutirían los pormenores en el barco, no había tiempo que perder si querían encontrar el buque y sus integrantes entero. Era más bien una aventura suicida pero no podía negar que despertaba de nuevo sus sentidos y sus energías, quizás era aquello lo que necesitaba para volver a la carga.
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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Puchurrumi Eros el Lun Feb 26, 2018 1:41 am

Alabado sea el señor, por incursionar este bendito camino, a una aventura con determinante mujer. Fuerte, impactante, vivaz, cuánta belleza impuesta en este magnifico ser. – Que sea mujer, solo aviva mas este ferviente deseo de iniciar esta gloriosa noche. – La sinceridad, el arma mas potente que alguien puede utilizar. Ya sea una pluma, o la labia misma, ¿quién necesita un arma para defenderse?

Son entendibles cada una de las dudas de dichosa dama. Esa manera de hablar, definitivamente se preocupa por su buena tripulación, ¡Que humanitaria! Claramente, el numero le preocupa, no es el oro lo que importa, jamás lo fue. Son las vidas de cada persona, de cien almas, nos interesan las cien. Grácil capitana, sin darme oportunidad de responder. Acompañe a la tormenta divina, ¿cómo poder resistirse? Caería muerto aquí mismo por no darme la oportunidad de conocer a semejante mujer. – La misma prisa que un joven don juan en su primera noche de primavera. – Entiéndase el concepto, una situación de vida o muerte.

Todo se hizo de acuerdo a lo que ordenase la capitana Labov. Flamante fémina. Como encargo, espere dentro del camarote hasta su llegada. No quisiera inmiscuirme y entorpecer el accionar de su tripulación. Lo mismo para el buen Sr. Kleavon. Se mantuvo en todo momento aferrado al cargamento de whisky.

El navío tambalea como un vaso de alcohol bien servido. No me permití tocar en lo absoluto nada. Simplemente apoye mi trasero sobre el escritorio y espere reposando parte de mi peso sobre mi emblemático bastón de plata y roble. Afilada mirada, inocente y aguda al notar el picaporte moverse.

Lamento mucho esta prisa. Hay muchas vidas que peligran de no entregar este cargamento a esos errantes. La esclavitud es un problema que nos aflige hasta el día de hoy. – Rechace rotundamente con la cabeza. La naturaleza humana logra sorprender en la oscuridad en la que suelen sumergirse. – No estoy en contra de como os ganáis la vida los piratas. Aunque, este es un caso que no puedo tolerarlo. Estas criaturas, cuales poco pueden ser llamados humanos, amenazaron con exterminar a los padres de aquellos niños de etnicidad negra. Luego, venderían a las mujeres y a sus hijos por separado. Por fortuna, y buena información aledaña a mis socios, alcance a entablar una conversación con el capitán del navío. Acepto un trueque por las vidas de esas pobres almas. – Alcé el bastón, aferre mis manos al cuerpo de este, ciertamente, me enfurece la crueldad de dichos animales.

Si de mi dependiese, navegaría solo y no inmiscuiría a nadie, se lo prometo. Lastimosamente necesito de usted. Pagare no solo todo el oro que necesite, me encargare de dejar mi vida antes de que alguno de hombres pierda la suya. – Palabras fuertes, de un hombre que tiene todo y nada que perder. – Agradezco de todo corazón, aun inerte, pero repleto de vida. Lo que necesite, mi ferviente Capitana Labov. Aquí estoy para hacer de su noche, la mas memorable de toda su vida. – Sonríe, con esa intrépida habilidad natural propia. - En todos sus sentidos. – A pesar de ello, la seriedad abordo mi rostro. Soy un hombre hecho y derecho, que piensa por encima de mis deseos mas libidinosos. – Disfrutemos esta aventura, que nos permita hacer todo lo que nuestros cuerpos pidan. Pero por sobre todo, evitemos una muerte innecesaria, sea nuestra o de ellos. Si las cosas se hacen como se deben, podemos evitar una muerte en vano. No hay victoria en ese camino, no hay placer en absoluto…
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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Marie Labov el Mar Feb 27, 2018 12:02 am

- En ese caso, si tan preciadas son esas vidas para usted partiremos rumbo a dicho destino... en cambio espero que la recompensa este a la par que el sacrificio que tanto mis hombres como yo estamos a punto de hacer por usted.. un desconocido casi.- Mencionó levantando ambas cejas con sarcasmo casi, más bien provocación. Se separó de aquellos dos hombres unos pasos, lo justo para acercarse a la puerta del camarote y buscar con la mirada al contramaestre.- No quiero sonar egoísta, pero muchas vidas corren peligro hoy día en mares angostos y en tierra, si tuviesen que darme un penique por cada una de esas personas que mueren en situaciones injustas sería más rica que el rey de Francia.

Le indicó al contramaestre con el brazo que pusiese el barco mirando al norte, que su destino estaba en alguna parte por aquella situación. No sería difícil encontrar un barco siendo abordado. Era algo que siempre saltaba a la vista en mar abierto. Llevaba mucho sin pisar el barco como capitana como tal, dirigiendo ella sola el navío y dirigiéndose de cabeza a la aventura. No podía negar que se sentía eufórica. Pero no por ello, se fiaba más de aquel hombre que acababa de conocer en la taberna ¿Quién narices era y por qué quería algo de ella?

- Más le vale tenerle aprecio a ese corazón que no late porque de llevarnos directos a una trampa seré yo quien se lo arranque de cuajo de su pecho... - Se posicionó frente a él, con las manos sobre la madera del escritorio acorralando al rubio sin pudor alguno. Sus ojos violáceos lo analizaban con detenimiento muy de cerca, quizás demasiado, era capaz de sentir su respiración sobre la piel. Se acercó un poco más, susurrando.- Mi corazón que no late también sigue siendo humano, también siento y duelo y de no ser por eso jamás nadie como yo en su sano juicio ayudaría a un desconocido. Espero que sea agradecido y no me la juegue ¿Queda claro?

Alejándose de él le echó un vistazo a su acompañante, aquel si que parecía que estaba muerto. Negó con la cabeza sin poder evitar soltar una ligera risa ¿Por qué había hombres que podían ser así? No lo comprendía. La imagen era cuanto menos cómica y penosa... pensó en recomendarle tomar algo de aire en el exterior, aquello le sentaría mejor... pero dudaba que fuera a escucharla. Pobre de él como manchase su precioso barco nuevo con sus intestinos, entonces ya le terminaría de dibujar la cruz y para él dejaría de considerarse hombre.

Su mirada regresó a Eros, seguía llena incógnitas ¿Por qué tan defensor de gente de una etnia diferente a la suya y encima que desconocía? ¿Quién era tan buen samaritano por que sí? No importaba cuantas historias le contase a ella, podía parecer una burda pirata de baja clase pero Marie Labov era mucho más que aquello ¿De qué palo iba? Se encogió de hombros, se llamaba aventura porque uno se adentraba a lo desconocido sin tener ni una ligera pista de qué podría pasar y ella jamás decía que no a una buena aventura. Le ofreció su mano, dejando la otra sobre la cintura, se lo llevaría junto a ella a la cabina de mando. No viajaría en aquel barco tan solo como un invitado de honor, trabajaría como el resto... no sería una excepción.

- Vamos querido señorito, si tan implicado está por causas injustas qué menos que trabajar de verdad... debe ensuciarse las manos de vez en cuando... - Tiró de su mano y lo sacó del camarote en dirección al puente de mando, desde donde no solo estarían a solar sino además observarían la situación con mayor distancia y mejor situación. Le indicó a uno de sus hombres que le echase un ojo al pobre desperdicio que se aferraba al whisky solo por si acaso y entonces con paso decidido guió la marcha por delante de Eros.- No es tan fácil como pedir que este barco sea su transporte, todo conlleva trabajo. Hay que pagar los costes señor ¿O a caso le da miedo lo que pueda pedirle?

En el puente de mando se encontraba el timón, las mesas de cartografías y un sin fin de mapas marítimos. Se habían cerciorado de dejarle su habitación favorita bien organizada a la capitana. Le encantaba poner las manos sobre el timón y mirar al horizonte mientras imagina cual será su próximo destino... se siente poderosa y en control, cosa que rara vez ocurre en su vida, siempre hay algo que escapa a su control. Sobre su barco y con su tripulación todo encajaba siempre. Le estaba dejando entrar en su santuario, pocos podían tocar todo cuanto allí estaba. Esperaba que de verdad fuese agradecido con el acto que Marie estaba teniendo hacia él, un desconocido...

- Tome el mando caballero, voy a enseñarle lo que es tener la responsabilidad de una tripulación entera entre sus manos.- Le arrastró casi hasta el timón y le obligó a poner las manos sobre este. Abrió sus piernas con las suyas propias para colocarlo en la posición muy suavemente, casi con sensualidad. Sus manos recorrieron la espalda del varón para estirar su espalda y seguidamente llegar a su rostro. Lo elevó haciéndole mirar al frente, al horizonte. A donde un capitán siempre debía mirar, hacia su destino. Se pegó a su espalda, sus manos reposaban sobre aquellos musculosos brazos, y susurró a su oído.- Me había prometido todo tipo de aventuras para mis sentidos... quizás sea yo quien le plantee una aventura. Ahora apremie y maneje bien mi barco o de lo contrario no llegaremos a tiempo de salvar a su gente y eso sería una pena.

¿Cómo se sentía ahora al ser el que recibe órdenes? No es fácil ser el que está al otro lado de la moneda, no es fácil ser a quien le piden dejar todo por una misión sin más, no es fácil recibir órdenes de otro que solo observa. Eros aprendería una valiosa lección junto a Marie en aquella aventura que tanto les aportaría; nada, nunca, jamás es gratis... todo tiene un precio y aquella capitana Francesa pondría su propio precio a cambio de ayudarle.



Let me show you a lesson
of deep caresses
and terrifying feelings.


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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Puchurrumi Eros el Mar Feb 27, 2018 1:25 am

¿Recompensa? La gratitud de esos pobres seres es suficiente para sentirse lleno. Sin embargo, es algo ético que ha de devolver el favor a estos valerosos hombres, junto a su flameante capitana. Hoy en día, los peligros acechan a la humanidad a cada esquina. Ciertamente, es un problema que proviene desde hace siglos, lo sé por experiencia personal. - ... - A punto de responder, semejante mujer se aprecia acechándome en la cercanía. Si ha de existir un dios, definitivamente me ha congraciado en este instante. - He de decir, mi querida Capitana Labov. Me siento honrado en su respuesta a mi llamado de ayuda. Pocos, o decir, nadie se atrevería a responder esta petición. -  Fui respondiendo a medida que la moza se acercaba mas. Capaz de sucumbir cientos de veces toda Alejandría. Ahora logro el entendimiento, de cómo grandes facciones han sucumbido, todo, por una mujer.  Espere, atesore este momento como unos pocos, hasta que mi acompañante decidiese separarse. - La situación es indescriptible. Es demasiada la gente que necesita ayuda.  La injusticia jamás dejara de existir. Aún así, no hay que hacer la vista gorda. La experiencia me dedico un claro conocimiento. Puede morir un alma, pero, habrá otras noventa y nueve que podríamos salvar. Recuerdo, a un viejo conocido decir, la civilización necesita monstruos, pero  opino que también ángeles que les protejan de sus miedos.

Rechace toda idea que se cruzo por la mente, de un hombre...siquiera podría llamarse hombre. Seguramente, la única persona a la cual dejaría morir.  ¿Señorito? Los años han dejado esa etapa de la vida, perdida en las memorias. Una mujer nostálgica, que fascinante.  Le acompañe, a esos pasos que surcaban la determinación sobre la madera del barco. - Lo que necesite, ayudare en lo que pueda. No podría sentirme parte, siendo que cada uno de estos marineros utilizan toda su energía en la misión. - Respondí con un tono tranquilo. Obviando el hecho de dejar el bastón en manos del Sr. Kleavon con anterioridad.  El trabajo, el derecho por excelencia de cualquier hombre que posea identidad. He formado todo un imperio de Whisky, gracias al esfuerzo de estas manos.

Mis ojos se deleitaron con la figura femenina, cada curva en su silueta, nada mejor que la suave  apariencia de una fuerte mujer.  La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza. Marie presenta el paquete completo, aquel que reyes han derramado sangre por poseer. ¿Cómo he de saberlo? Porque es la primera vez en mi extensa vida, que alguien se ha atrevido a brindarme este exótico obsequio. En mis manos, el timón, aquel grácil elemento que conlleva un sentimiento único. En la posición correcta, avalado por el cuerpo ajeno. Voluptuoso y extravagante. El rose en cada dirección de su mano, eso, difiere de una dama. Es algo totalmente superior, es un alma libre. Ante el correr del viento en mis mejillas, cerré los ojos un instante, tan solo uno.

"Me había prometido todo tipo de aventuras para mis sentidos... quizás sea yo quien le plantee una aventura. Ahora apremie y maneje bien mi barco o de lo contrario no llegaremos a tiempo de salvar a su gente y eso sería una pena."

Podría llorar, si tan solo, volviese a ser humano. - Mi flameante Capitana Labov. Que usted abra esta puerta para  mi, a todo un desconocido. Me siento totalmente suyo. - Abrí mi vista, moviendo muy poco el timón, para no desviar ni un poco la dirección. Me apegué aun mas a la señora, un acompañante único en millones. Cualquiera que se preste a pintar, podría retratar este momento, me sentía como una damisela embelesada por su humilde amante. Podrían llamarme Rose, no sabría porque, el nombre se asemeja a una idea romántica de antaño. - Esto es algo genuino, original. No, es excepcional. Jamás tuve oportunidad de vivir la vida de un marino, de un hombre de mar. De ser uno de ustedes. Entenderá, a mi manera de ser, a lo sumo logro hacer algo de jolgorio en un bar como hace un tiempo atrás. Siempre he sido rechazado a ser uno más. Esto es... todo un regalo para mí. - En mi mirar, mis ojos resplandecían de vitalidad. La voluntad de existir, es una satisfacción que pocos logran encontrar. El lado luminoso de la vida, siempre presente ante los ojos de este buen samaritano. He vivido sonriendo, sin parar en consecutivos momentos. Nada se compara a la felicidad que mi sonrisa despliega en este instante. - Es usted una bendición. Confiando a ciegas en mí, creyendo tener la capacidad para comandar este navío... comandar este navío, ¿lo he dicho bien?

Luego de todo el entusiasmo, gire el rostro, quería embriagarme en su mirar. -Quizás no sepa cómo es la vida en el mar, pero pediré que no me tome por alguien que no teme ensuciarse. He sobrevivido a tantas tormentas como cualquiera. - Lo comente sin atinar a bajar la decencia de mi habla, que se lograse oír, pero no lo suficiente para que la tripulación siga en lo suyo. Devolví la vista hacia el horizonte, este sentimiento de navegar, no, de comandar un navío es excitante. - Esto es maravilloso. ¿Usted siente esto cada vez que navega? ¿Cómo es que termino convirtiéndose en una autentica mujer de mar? - En mi rostro, la sonrisa de curiosidad es imposible de ocultar. Una fémina de esta clase, de seguro tiene toda una historia de lujo que contar...

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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Marie Labov el Jue Mar 01, 2018 9:00 pm

Una vez al menos, en la vida de todo ser, ya fuera mortal o inmortal debería de ser capaz de experimentar aquel exorbitante sentimiento. El mar es inmenso, sus aguas desconocidas pero sentirse al mano de un navío surcando olas te hacía sentir en control de todo cuanto pasase a tu al rededor y a la vez no. El mar es bravo, impredecible y en cualquier momento puede volverse en tu contra... ser capaz de manejar todas esas situaciones llena de adrenalina a cualquiera y le hace sentirse poderoso.

  Sus manos se entrelazaron con las de Eros con descaro y su cuerpo estaba pegado a la espalda del caballero mientras escuchaba sus palabras... eran casi como música para sus oídos. No pudo evitar sonreír con suficiencia. Por muy extraño que fuera su compañero de aventuras en aquella ocasión... era divertido y único, jamás se había topado con alguien como él, casi pareciese sumiso y complaciente con todo. Absolutamente todo lo contrario a ella. Sus ojos violáceos no perdieron en ningún momento el horizonte de vista, no quería perder el rumbo puesto que las indicaciones que el señor Eros había dado no eran muy esclarecedoras y el mar podía ser un lugar inhóspito.

-  La vida en el mar es algo que todo caballero que se precie e incluso señorita de mundo, debería de experimentar al menos una vez en su vida. Es algo que uno no puede llegar a comprender hasta que pone un pie en el barco y contempla las maravillas que la vida pirata puede ofrecerle.- Le guió las manos con suavidad, para que girase el timón apenas un poco, lo justo para ir posicionando el barco, le pareció ver a lo lejos el navío que estaba siendo atacado. Más piratas. Genial. No le gustaba mucho tener que tratar con ellos a menos que fuera por negocios, aquellos que solían dar mucha más guerra eran los soldados ingleses o los franceses. Eran mucho más divertidos de destripar, con esos trajecitos... - Confío en usted Eros, puede ser un desconocido y quizás no me fie mucho de sus intenciones, pero soy capaz de discernir a una personas de aguas saldas a distancia y usted tiene esa mirada intrépida... esa mirada que diferencia a un hombre común de un hombre de aventuras sobre la proa de un barco.

 Se habían aproximado casi del todo al barco enemigo, ahora podía observar con certeza lo que estaba ocurriendo. Era un barco pirata como otro cualquiera o al menos eso parecía. Su navío no tenía nada que envidiarle a aquella birria de barco que con pobres maneras y muy poca epicidad robaban a gente. Que desventura más vergonzosa ¿Qué tipo de botín era aquel, en el que robaban la libertad de las personas con violencia en lugar de buscar grandes tesoros para comprar la libertad de todo aquel que lo desease? Se sentía decepcionada. Era habitual pues, que se encasillase a la gran mayoría de los lobos de mar, piratas, como sucias ratas que solo obraban por el mal, por su propio beneficio y por el de nadie más... ¿Qué era eso? No todos los piratas somos unos gañanes como ese tal conocido Capitan Jack Sparrow, y aún semejante personaje tiene cierto caché... vergüenza.

Si sangre hubiese corrido por sus venas se habría helado en aquel preciso instante. Dio un giro brusco del timón cuando estuvieron lo suficientemente cerca. Su cuerpo reaccionó casi como un resorte. Se separó de Eros y abrió la puerta para dar un grito a su contramaestre. Su orden fue clara, mantener el barco en aquella posición sin echar el ancla, quería poder salir volando con el navío una vez la incursión finalizase.

 Estás a punto de describir la razón principal por la que me convertí en una mujer de mar. No es solo el sentimiento de tener el timón entre las manos y sentir que puedes dominar las aguas de cualquier mar, descubrir maravillosos secretos... es también la adrenalina que insufla a mi ya muerta y decadenete alma al poder meterme de lleno en la boca del lobo como ahora mismo. – Se había hecho con una pistola corriente de pólvora y como siempre en su cinturón portaba a sus dos preciosas compañeras de batalla, sus dagas.- Quédese aquí de momento y observe, cuando sea el momento adecuado se lo dejaré saber.

 Le guiñó un ojo antes de salir casi volando del puesto de mando. Allí les esperaban sus hombres, sedientos y esta vez no de alcohol. Dividió la tripulación en dos, aquellos que esperarían en el barco a que los esclavos llegasen y mientras prepararían el barco para hacerlo volar sobre el agua y aquellos que ayudarían a Marie a dominar a aquellas sucias ratas que se hacían llamar piratas. El abordaje sería simple y rápido. O al menos eso esperaba.

-  Bien mis queridos marinos de agua salada ¿Estáis preparados para saltar una vez más conmigo?

 Alzó la mano al aire con una sonrisa de oreja a oreja, había conseguido animar su noche... le debía una a Eros. Además, esperaba que no perdiese detalle de lo que estaba a punto de ocurrir, pues en parte respondería a aquella pregunta que le había hecho. Y si se portaba bien, quizás más tarde le desvelaría por qué una señorita como ella había acabado como una pirata. Se hizo con la cuerda atada al palo mayor y cogió carrerilla desde estribor. Se balancearía hasta llegar al barco que estaba cerca de su babor. Daría media vuelta y aterrizaría sin problema alguna sobre la popa del barco enemigo. Todo pasó en un abrir y cerrar de ojos como había sido planeado sin duda alguna.

 Ella aterrizó la primera, ni si quiera se habían dado cuenta de la llegada de Marie y de su séquito, que pronto la siguió. Mejor, mayor sorpresa se llevarían. Empezaron a avanzar hacia proa del barco,buscando principalmente al capitán del barco. Si tienes al capitán, tienes a la tripulación entera. No tardaron mucho en toparse con sus enemigos, muchos de ellos al final se habían percatado de los intrusos y habían corrido a proteger a aquellos que seguían intentando robar a aquellos pobres inocentes de color. No iba a dejar a sus hombres atrás y arriesgarse a perderles a todos en aquella misión suicida. Tenía miedo, para qué mentir pero la adrenalina y la acción superaban cualquier expectativa.

  Llegaron a proa casi intactos en su mayoría. Marie iba dándole vueltas a aquella pistola que tan útil le había sido hasta el momento... bueno más bien la culata de esta. Con suficiencia se hizo paso entre los que allí quedaban, ante la mirada atónita de aquellos bribonzuelos. Dio por su puesto que el capitán de aquel barco no estaba presente pues no veía ninguna figura de autoridad entre todos aquellos jóvenes. Lo primero que saltó en su cabeza fue “nueva tripulación y nuevo barco”. Son novatos. Lo que están haciendo es porque realmente no tienen idea de lo que están haciendo... y en parte podría ser así, al menos en lo que a los tripulantes se refería pero ¿Y el capitán, por qué no estaba presente? Estaba claro que sabía lo que hacía y no quería ser reconocido o relacionado con aquello. Qué lástima.

  - Caballeros, grumetillos... Capitán Marie Labov se reporta y os plantea un trato que no podréis resistir. Si dejáis ir a estos pobres siervos del señor, de aquel que sea al que recen... daré una bolsita de cuero del tamaño de mi puño a cada hombre de ducados. Sin embargo, aquel que se niegue a colaborar se las tendrá que ver conmigo personalmente. - Lo veía en sus miradas, sabían reconocer a un capitán con experiencia pero ¿Una mujer? Aquello parecía una broma. Veía la incredulidad en sus ojos y no osaban a reír a carcajadas frente a ella porque en el fondo, pese a todo, temían a su ira más que a la de su propio capitán. Con socarronería Marie se movía entre ellos, o eres un lobo o al final los lobos te comen. - ¿Qué hacéis ahí como pasmarotes? ¿Es que no os han enseñado nada de educación? Cuando un pirata llega al barco de otro pirata que menos que presentar a sus capitanes ¿No? No pensareis que voy a tratar con vosotros, mequetrefes...


 Let's blow this ship to ashes
 and she what pow pow thinks...

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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Puchurrumi Eros el Mar Mar 13, 2018 4:04 pm

Podría olvidarme de cada delirio de la vida. Toda maldad se podría purificar con el simple tacto de esta mujer. ¿Qué ha llevado al hombre a tanta guerra? ¿Por qué se busca el dolor y la crueldad? Podríamos vivir en paz y armonía, satisfaciendo cada uno de nuestros placer. Con esta devoción a mi ideología, moriría ahogado en júbilo en brazos de esta única fémina.

Ha sido todo un gusto, exorbitante. Como es de costumbre, los buenos momentos siempre se verán increpados por aquellos de tensión. Esto mismo, ocurrido por el avistaje del navío asediado.  Pobres almas desencaminadas. En el fondo, a pesar de cada uno de sus actos deshonrosos, no debemos culparles. No son más que humanos buscando una errática vida de supervivencia. - Me defino como un hombre de tierra. - Respondí con total simpleza, aceptemos el hecho de no tener una idea clara de cómo actuar ante ese escenario.  

Un giro brusco, seco mi aliento. El momento ha llegado, como explicarlo, me siento absorto en ella. Cada palabra denota experiencia. Una historia. Un pasado. ¿Por qué no abrir una botella de whisky y contar aquel misterio? Eso, sería un mundo idealizado, uno de goce y libertad. - Quizás pudiese ayudar... - Fue cuanto logre articular, ante aquel guiño y despedida. Claramente, acompañe su virtud trasera con la mirada. Camine hasta el marco de la puerta, apoyando mi cuerpo entero en este. Como nota extra, había soltado del timón.

Semejante espectáculo no se brinda todo los días.  Tanto Marie, junto a la mitad de sus fieles seguidores, acababan de sobrevolar los aires hasta caer sobre la cubierta ajena. De inmediato cubrí mi boca del asombro. - Eso es magnífico. - Lentamente me acerque a uno de los tripulantes, siempre he de tener con quien conversar. - He de aceptarlo. Me habéis dicho la verdad sobre su Capitana. Vale lo suficiente para despertarse cada día. - Obviando el hecho de las alabanzas hacia la señora Labov. La situación pareciera estar controlada. Ello debería de mantenerme en calma, aunque las sospechas de que todo podría arruinarse, siempre están expectantes.

Admire con intriga como esa mujer podía manejar la situación con tanta astucia. De ser un pirata, sin duda habría quedado prendido en ese mismo instante. Totalmente derrotado por aquella presencia imponente. Lastimosamente, no soy uno de ellos. Los piratas resignados a vivir en sociedad, comenzaban a increpar a nuestra bendecida tripulación, e incluso, se atrevían a maldecir a la Capitana. - Esas palabras no se le dicen a una dama. - La circunstancia cambio drásticamente. Todo parecía definirse en una pelea sobre su cubierta.- Colega, ¿por qué nos estamos alejando de a poco? - Nadie al timón, el navío comenzaba a distanciarse. Ante un combate, eso conllevaría a impedir la huída rápida, o incluso, los refuerzos de la Capitana. La torpeza del desconocimiento, ¿podrías culparme a mí?
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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Marie Labov el Lun Mar 19, 2018 12:40 am

¿Qué podría salir mal? Parecía estar todo bajo control, o al menos eso pensó Marie al ver aparecer al cabecilla de aquella operación. Al menos parecía estar dispuesto a conversar y llegar a un acuerdo, si podían acabar aquello cuanto antes mejor… sin embargo, no todo iba a salir exactamente como ella lo planeaba. Mientras se encontraba en mitad de la negociación, cuando parecía que aquel hombre estaba dispuesto a hacer el intercambio de mercancía entre bienes y personas… Los gritos llegaron hasta la capitana que enseguida se giró y maldiciendo en voz alta en francés se alejó dos pasos para poder observar como su precioso navío parecía alejarse sin más, como si nadie se hubiese hecho cargo del timón ¿De verdad tenía que pasar aquello en aquel preciso momento?

 - Pierre… Corre al barco, como si tienes que tirarte al agua y nada para llegar a él. Pero como alguien no tome control de ese barco, alguien deberá pagar los platos rotos… vuelva ¿Entendido?

Pierre era un chaval en sus plenos veinte, no tenía pinta de ser muy avispado y aún le quedaba mucho por aprender. Aquel pequeño y menudo pelirrojo salió corriendo en cuanto recibió la orden, no tuvo tiempo ni para rechistar o empezar a temblar de nerviosismo. Llevaba ya unos días con Marie y su tripulación y conocía como funcionaban, de nada servían los lamentos. Pierre alcanzó al barco como pudo, para ser sinceros pareció casi un milagro que de un salto llegase a duras penas a la cubierta. Hubo quien casi suelta una carcajada, pese a todo consigue quedar colgado a un lado de la proa del barco ¿Quién será tan amable de ayudarle y poner en orden aquel barco?

-Yenkins, los dos… -Hermanos claro están. Dos incorporaciones no tan nuevas a la tripulación, que pese a sus peculiaridades y sus continuas peleas de hermanos habían resultado ser cuanto menos obedientes y bastante capaces. - Estad atentos, no tenemos tiempo que perder y me estoy aburriendo de tanta palabrería. Ayudad a sacar a la gente de aquí ya…

No tuvo más que susurrar aquello que aquellos dos hombres se lanzaron tras de ella a completar su misión. Marie fue directa a por el capitán, la situación les había pillado por sorpresa. No era la intención de Marie la de actuar de aquella manera tan precipitada, de verdad que no quería matar a nadie y mucho menos destrozar su barco, pero ahora mismo les urgía darse prisa… no podía dejar su barco en manos de aquellos grumetillos visto lo visto. Derribó al capitán de un golpe, este calló al suelo estrepitosamente y se golpeó, quedando levemente fuera de condiciones para defenderse.

Marie continuó con su misión, intentar no matar a nadie en el intento de llevarse con ellos a aquellos esclavos sin que el barco se alejase mucho de ellos. Parecía una misión imposible. Los hermanos Yenkis parecían haber saltado por la borda con los adultos, con aquellos que parecían saber nadase y ahora se acercaban al barco, pero allí todavía quedaba gente a la que había que salvar ¿Qué podría hacer? No podía seguir pegando golpes secos a diestro y siniestro sola.

- ¿Sabéis nadar? Porque ahora mismo es nuestra única opción… -Miró a los pocos que quedaban sobre el barco. No sabría si podría abandonar con todos. Temía no poder. Muchos de ellos habían negado con las cabezas vehementemente. Si no sabían nadar tenían un grave problema…- Merde… et maintenant qu'est-ce que je fais?

Dejó caer dos bolsas de oro sobre la cubierta del barco, justo donde estaba el capitán. No llevaba nada más encima. No quería seguir peleando. Pareció que el gesto de Marie hizo que alguno de los hombres se retirarse y sencillamente la dejasen ir. Marie cogió en brazos en la carrera a dos niños, logró encaramar a su espalda a una niña. Miró al resto con la intención de que la siguieran. Aunque no fuesen capaces de nadar, ella los sacaría del agua uno por uno si hacía falta pero debían darse prisa… no sabía por cuanto duraría aquella loca estrategia que había dejado en sopor a más de uno.

- Rápido, saltad. Si no sabéis nadar no os mováis yo os sacaré del agua uno a uno si hace falta... Damn Eros.

Para su sorpresa, cuando atravesó la fría superficie del agua pudo ver como algunas cuerdas colgaban desde su barco. Por lo menos habían pensado en aquello. Suspiró y primeramente ayudó a subir a los niños a borde y aprisa seguidamente guio a los que quedaban en el agua hasta las cuerdas para poder subirlos a bordo. Había sido toda una locura, no sabía si los otros piratas contratacarían cuando lograsen despertar al capitán o no… pero mejor era darse prisa y salir de allí.

¿Qué estaría siendo de su barco? ¿Habría llegado Pierre al timón a ayudar a Eros? Ella seguía en el agua intentando cumplir el sueño de Eros de ser un justiciero sin mover ni un dedo. Jamás se había topado con semejante situación, incluso ella misma aceptaba que era irreal, una locura… ¿Quién le habría mandado meterse en semejante fregado? Si no fuera por la gente que estaba rescatando… Eros no tendría tierra para correr, no por su barco, sino porque aquella estúpida misión.
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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Puchurrumi Eros el Jue Mar 22, 2018 1:58 am

Extravagante forma de actuar. Estoy anonadado. Siquiera una víctima. Definitivamente, he conocido a la mejor pirata que el mundo jamás podrá conocer. - Si tuviese un sombrero, me lo quitaría en este momento. - Comente, haciendo caso omiso a que el barco se alejaba. Observe a un grumete lanzarse de lleno al agua. ¡¿Es qué está loco?!

De repente, fueron muchas personas las que volaban por los aires, directo al agua. - Caballeros, lancen las sogas al agua. - Una orden directa, algo al menos bien debía de hacer. Al navío subió un grumete, paso por mi lado apresurado en dirección donde había tenido esa gloriosa aventura. Los hombres corrían de un lado a otro. Ayudaban a subir al resto. Algo que obviamente, ayude. Subieron los niños primero, ayudaba a subir de a par, eran livianos como plumas. - ¡A cubierto!

Lo que mis ojos vieron, generaron el terror en mi cuerpo. Una bala de cañón voló por la cabeza de todos. La observe, negra, opaca. Para fortuna, no había alcanzado la madera, al contrario, siguió de largo. - ¡¿Dónde está el placer en esto?! - Exacto, podríamos todos juntarnos a tomar una botella del mejor whisky europeo, pero no, preferían tomar las armas e intentar lastimar a los débiles e indefensos.

Una mano al pecho, ante la sorpresa de los rifles apuntando a las personas en el agua, ¡incluso a mi excitante capitana! - Subid hasta el último, y huid. - Murmure al tripulante más cercano. Quizás no sea un peleador como Marie, sin embargo, fue mi valentía la que me ha llevado a sobrevivir tantos siglos. Le imite, alcanzando una cuerda del palo mayor. Tome toda la carrera posible, y ascendí, sentí el viento en mis mejillas...cualquiera diría que estaba volando.

Lo entendí, definitivamente lo hice. Lo sencillo siempre es despegar, lo difícil, el aterrizaje. Para fortuna mía, un pirata amortiguo mi caída, dejándole totalmente fuera de combate. - ¡Caballero! ¡Cuanto lo siento! - Repuse en voz alta, llevando la mirada de los rifles a mi grata persona. - Señores, he venido a parlamentar...

Como si eso fuese la solución a todos los problemas, alce la vista hacia el barco de la Capitana Labov. Atisbe la seguridad de toda esa gente sobre la cubierta. Eso trajo toda la felicidad a mi rostro, a pesar de ahora, ser un rehén de esos agradables piratas. - ¡Buen trabajo, mi flamante Capitana Labov! - Grite, y la parte trasera de un rifle dio de lleno en mi nariz. ¡Qué buenos sujetos! El barco comenzó a retirarse, tomo dirección hacia un muelle cercano, en aquella isla que pocos se atrevían a visitar.

Al cabo de un rato, me encontré en el campamento de esos prácticos hombres, a un kilómetro del muelle. Me encontré dentro de una tienda, atado al palo que sostenía dicho sitió. Una cama de paja al lado, y ningún mueble a la vista. Muy sofisticado todo. - Estos grilletes están muy bien creados. - Intente romperlos por la fuerza. Obviamente fue inevitable, quizás con las uñas lo lograse, pero, no he de poder alcanzar a usarlas. - Mi respeto al herrero. - Preso de esta aventura. ¿Cómo tratarían estos agradables hombres a este carismático rubio?
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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Marie Labov el Sáb Mar 24, 2018 12:20 am

Contemplaba aquella estampa casi como alguien ajeno a todo cuanto ocurría frente a su mirada. Ella era la única que quedaba ya en el agua. Todos los esclavos y la tripulación estaban a salvo en el barco y estaban listos para zarpar, parecía salir todo a pedir de boca… pero… siempre tiene que haber un pero. Estaba a punto de subir por una de las cuerdas cuando sobre su cabeza ve a aquel… ve a Eros cruzar el firmamento colgado como un trozo de carne de una cuerda. Pero ¿qué estaba haciendo ahora? Iba a conseguir que le atrapasen.

 Marie se llevó la mano a la cabeza y negó con fuerza. Le iba a tocar ir tras de él. No podía dejarle sin más con aquellos piratuchos, pero debido a lo que acababa de hacer la situación iba a complicarse. Iban a tener que usar los puños para sacarle de ahí. Parecía mentira que un tipo tan pacífico como él, pareciese acabar siempre en el centro de toda acción peligrosa y agresiva ¿De dónde había salido aquel hombre?

 Subió a su barco, primeramente, aseguraría a la tripulación y a sus salvados. Después planearía como salvar a Eros del lío en el que él solo acababa de meterse. Ahora sí que tendrían que mancharse, y la verdad era que no le hacía mucha gracia. Se suponía que aquello iba a ser todo fácil…

* * *

Una figura oscura en la noche. Una bella mujer vestida de negro se adentró en el campamento de aquella isla. Una isla que era conocida por ser precisamente un tanto peligrosa. Su pálida piel brillaba en la oscuridad gracias al reflejo de la luna y las estrellas. Avanzó entre aquellos hombres sin más, habían quedado embelesados por su belleza… y por aquellos buenos tesoros que dejaba a su vista, era un espécimen que jamás habían conocido.

  Aunque en realidad, sí que la conocían. Marie andaba haciendo de las suyas, había intentado cambiar su apariencia lo máximo posible y, además, ayudándose de aquella habilidad suya con aquellos hombres que llevaban ya más de una copa en el cuerpo… así fue como se abrió paso por el campamento de los hombres a los que antes había robado. Maldito Eros, le hacía volver al lugar del crimen para salvarle cual damisela en apuros…

 Buscaba al capitán, supuso que habrían apresado a Eros y le habrían puesto bajo severa vigilancia. Tampoco entendía muy bien qué hacían en aquella isla. No era recomendable. Sin embargo, ayudó con su farsa de poderosa bruja de la isla. A parte del hecho de que muchos de aquellos hombres nada más pisar tierra habían llenado sus cuerpos con lo primero que habían encontrado. Marie no se paró a hacer preguntas, su única idea era abandonar la isla con Eros. Tenían su precioso barco con toda la mercancía esperando no muy lejos de aquel muelle. Si jugaban bien sus cartas podrían salir de allí sin causar muchos estragos.

 Dio fácilmente con la caseta de Eros. Fuera acampaban dos hombretones. No sabía si ellos también habían bebido, pero intentaría convencerlos de que debían dejar ir a aquel hombre con ella. Se contoneó en su camino hacia ellos, haciéndoles ojitos. Sonrió casi con malicia, pero a ellos podría haberles parecido algo coqueto. Posó una de sus manos sobre el hombro del que tenía más cerca, y miró profundamente al interior de sus ojos. Esperaba poder hacer un poco de sus maldades y así conseguir entrar.

- Caballeros, saben en qué isla están ¿No? Todas las historias y leyendas que cuentan. Y saben que no todo cuanto cuentan en las leyendas es falso… - Dudaron. Prestaban atención a Marie. No había nada como una historia de aquellas de las que cuentan los marinos para engañar a algún que otro iluso grumetillo.- ¿Habéis oído hablar de la perla negra? Una mujer, viuda, que perdió a su marido, que vaga por la isla vestida de negro y que se dio a la nigromancia y brujeria para resucitar a su fallecido marido...

 >> Bien, resulta, que ese hombre que tenéis dentro me pertenece. Su cuerpo será el habitáculo para mi marido. Lo necesito… y si no me lo dais por las buenas me veré obligada a actuar y no os va a gustar. La ira de una bruja de mar no es aconsejable.


 No dijeron nada al respecto, solo le abrieron paso y la dejaron pasar. Había sido demasiado fácil, o al menos eso le parecía a ella. No se paró dos segundo a pensarlo. Entró rauda y sin mediar palabra con Eros le indicó que guardase silencio en todo momento, por lo poco que le conocía, había contemplado lo mucho que le gustaba hablar.

 Voy a sacarte de aquí, pero debes demostrar tus dotes de actor. Se supone que estás enamorado de mí, que soy la bruja de esta isla. – Le susurra al oído a un volumen que solo ellos dos pudiesen oír, arrancando mientras con sus propias manos y uñas sus ataduras. - Te vengo a sacar de aquí, porque voy a usarte para resucitar a mi marido muerto… obviamente eso tu no lo sabes. Pero debes estar dispuesto a hacer todo cuanto yo diga. Les he amenazado con dejar caer sobre ellos una maldición de no permitirme sacarte de aquí.

¿Funcionaría su plan?
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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Puchurrumi Eros el Sáb Mar 31, 2018 12:53 am

Que gratificante lugar, repleto de hostilidad e inhospitalidad. El capitán entro a la tienda con una elegante cara de pocos amigos, pobre hombre. - Disculpe, apreciaría un te si es posible. - Agradecidamente pedí con toda la naturalidad del mundo. Pareciera sentirme como un agradable huésped en un hotel rústico y humilde, bastante humilde. - Me encantaría probar una infusión con un fuerte toque de... no lo se... caribeño. Un exquisito aroma a... - Pensativo. - Piña y coco. Sí, eso mismo. - Elocuente, respetuoso. Sin siquiera pensar en la situación en la que me encuentro. Un buen té nunca se desprecia.

¿Qué se siente ir por ahí sin un cerebro? ¿No te das cuenta de la situación en la que estás? - Respondió agresivo el pirata, quien incluso se atrevió a abofetearme. ¡Qué hombre! ¡Cuán vigoroso es! - Esta noche festejaremos y descansaremos. Mañana a primera hora, navegaremos rumbo a pedir tu rescate. Puedo diferenciar a un poligrillo de un ricachón como tú. - Asentí con la cabeza, repetitivamente. Mire directo a los ojos a ese agradable malandrín. - Me parece un plan perfecto... ¿Tendrán azúcar para el té? - Pregunte con toda la pasividad del mundo. Un británico, necesita de su querido néctar. La respuesta se hizo tardar. - He hablado con simios menos imbéciles que tu. - El dijo. Yo respondí. - Me alegra que asistieras a tu reunión familiar diaria. - Esta vez, una sonrisa desafiante. Un pequeño insulto de broma en esta conversación de dos buenos amigos. Simplemente, el hombre gruño y se retiro de la tienda.

Pasado un buen rato, a mis oídos llegaron el murmullo de tres personas fuera de la tienda. Para la sorpresa, muy gratificante y excitante, ¡Marie Labov! Esa capitana que si sabe cómo tratar a un huésped. Esa voz caída de los cielos, vigorizante para una aventura tan atractiva. - Además de una sensual Capitana, ¡es una bruja! Está llena de sorpresas. - Respondí con toda la excitación del momento. Obviamente, hice una mueca para callarme porque debía guardar cierto silencio.

Acaricie mis muñecas maltratadas, esos grilletes estaban muy apretados. Me recompuse. - Espere... - Me tome mi tiempo en silencio, admirando ese rostro que tanto me odiara. - Agradezco de todo corazón que haya vuelto a por mí. - Primero, lo primero. Hablando con un tono bastante bajo. Aunque, en mi cara se demuestra la preocupación. - Yo... no quiero escapar. - Directo, honesto, suicidio verbal como de costumbre. A pesar de que ella, haya arriesgado su vida por mí al venir hasta aquí. Soy un hombre que sigue su propios vientos. - Esos hombres de ahí afuera... no necesito ser un pirata para entender que son unos principiantes en tu arte... - Me tome nuevamente otro momento de silencio. Debía calcular correctamente mi selección de palabras. - Creo que aún pueden ser salvados. Su moralidad quizás sea incorrecta, pero, siempre hay esperanzas para encaminarlos como personas. - Camine lentamente hasta la puerta, sin salir, sin dejar de mirar a Marie. Tan solo era la inercia de la conversación. Alce ambas manos, elevando principalmente los dedos índices. - ¿Qué os parece si hablamos con ellos y les convencemos de que dejen este estilo de vida? - Tres segundos de silencio, pareciera que estoy esperando la respuesta correcta. - ¡Salvaríamos muchas más vidas de las que ya has salvado esta noche! - Me incluiría, pero, no siento haber salvado siquiera una vida.

Ahora entiendo lo que significan basura y estupidez. - Se escucho decir desde afuera de la tienda, y un trabuco apunto a la parte trasera de mi cabeza. Era el Capitán. Instintivamente levante ambos brazos. - ...Espero que haya traído mi té...
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Re: Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18

Mensaje por Marie Labov el Miér Abr 18, 2018 11:36 pm

¿Cómo podían salir tantas estupideces seguidas de una misma boca? Marie se quedó helada. Jamás le había pasado algo por el estilo ¿Qué pasaba por el cerebro de aquel hombre? No lograría comprenderlo en siglos... Había ido en su rescate, a costa de poner en peligro a su tripulación a los pobres humanos que habían salvado... ¿¡Y todo cuanto podía decirle a Marie era que quería quedarse allí a conversar con aquellos hombres!? Estaba alucinando. Helada se había quedado.

 De un momento a otro prorrumpió en carcajadas ¿Qué más podría hacer? De haber podido llorar de la risa lo habría hecho. De haberse podido quedar sin aliento de la risa también le habría ocurrido... Todo aquello era irreal. Una historia de aventuras que podría ser llevada al teatro de la manera más cómica posible por alguien tan diestro como el mismísimo Giacomo Cassanova. Se llevó las manos a la cabeza sin poder parar de reír y giró sobre si misma intentando deshacerse de aquel ataque. Sin embargo, no podía.

 Al escuchar la voz del supuesto capitán pudo en mayor medida calmarse. Pero la risa seguía ahí, amenazante. Gracias a aquel incidente se le había cruzado una idea magnífica por la cabeza. No sabía si saldría bien, pero creía que era la mejor idea. Era su último as en la manga. Si salía mal, lo sentiría mucho por Eros.

 - ¿Es usted el capitán de esta tripulación? Mire había regresado tan solo para recuperar el dinero que me pertenecía de este hombre. No quiero nada más. Por mi pueden quedárselo. Como ha podido ver no puede salir nada buena de esa cabecita y esa boca. – Puso las manos en alto, dejándole ver que no pretendía atacar en ningún momento y que tampoco iba armada. Le sonrió lo más amigablemente que pudo.- Desde que ingresó a mi tripulación no ha traído más que desgracias y mala suerte. Nadie quiere tener a este hombre con el cerebro de un calamar en su barco... Ha hundido barcos, perdido tesoros y arruinado a tripulaciones enteras. Nadie  pagará un ducado por él, ya lo intenté.

 Amenazó con la mirada a Eros, como se le ocurriese abrir la boca sería ella misma quien le volase los sesos con aquel trabuco por la boca sin pensárselo dos veces. Parecía que su historia estaba convenciendo al Capitán. Si cerraba la boca le dejarían ir.

 - No va a sacar ni dinero de él. Si quiere dinero podría llegar a un trato con usted. Él me da igual, pero puesto que por su culpa le he robado su mercancía que menos que pagárselo como es debido. Cuento con uno de nuestros últimos tesoros en las bodegas. Creo que sería totalmente de su agrado, joyas, piedras preciosas y mucho oro... ¿Qué le parece? En cuanto a ese personaje, haga lo que desee con él... pero si me permite darle un consejo... no lo suba a su barco o acabará hundido. Casi hunde el mio.

 Verdaderamente no quería empezar batalla alguna por culpa de un hombre como era Eros. Tan solo quería poder llegar a su casa sana y salva y poder decir que se había librado de la mala suerte que perseguía al Inglés. Aunque pensándolo bien no era mala suerte... era su propia ingenuidad lo que le traía de cabeza. Tenía mucho que aprender. Marie, pese a lo que aparentase no era partidaria de la violencia sin más, al menos la Marie de esos momentos... no llevaba a ninguna parte. Pero el ser humano en su totalidad era un ser violento, que tendía a arreglar las cosas a la fuerza... y más si le faltaban recursos y educación. No todo podía ser arreglado por la palabra. Y aquella ingenuidad, el creer que no existía maldad... acabaría por matar a Eros algún día. En cierto modo, se sentía mal por él y quería ayudar, pero por otra parte sacaba lo peor de ella y acababa con su juicio... no sabía que hacer con él. Solo quería poder salir de allí y no verse más en un situación parecida.



A la mierda el plan,
y a la mierda todo.
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