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Who's the one hurting? [Priv. Zaira de la Vega]

Mensaje por Marco Farnese el Sáb Ene 21, 2017 3:18 am


E

El roce de la suave tela sobre un cuerpo sin cubrir por esas ataduras llamadas ropa, más bien armas de tortura. La piel erizándose contra el frio de la seda. Un cuerpo que se estremece entre unas manos que sedosamente recorren su inmensidad con deseo. Se cruzan miradas de complicidad, de esas que hacen al más puro de los curas querer dejarse caer hasta lo más hondo del infierno para poder abrir la caja de pandora y sucumbir ante semejante pecado… ¿Cómo puede uno contenerse ante tanta belleza y perfección?

Pienso mientras dejo caer las sábanas de mi cama caer al suelo. Eso me permite contemplar mi figura pétrea ante el espejo sin reparo alguno ¿Cómo podía existir tanta perfección esculpida en un solo cuerpo? No podía estar más pagado de mí mismo, era mirarme al espejo y desear ser otra persona para poder degustar lo que se me ponía delante… Me miro con descaro, con alevosía, y aunque suene extra, devorándome a mí mismo en un frenesí que quizás nadie más fuese capaz de entender. Me apoyo en el cristal frío con el antebrazo, ladeando levemente la cabeza ¿Qué sería de mi sin esta cara? Supongo que si alguien me puso en este mundo de esta manera sería con un objetivo y me hacía una ligera idea de cuál era.

- Marco Farnesse… eres hijo del pecado y novio de la soledad ¿Qué estás haciendo con tu vida? – Sonrió a mi reflejo, mis labios se ladean en una mueva pícara. Mostrando esa perfecta dentadura que poseo. Mi reflejo me devuelve la sonrisa, socarrona. -   Tu no te arrastras, no eres el perro de nadie ¿Queda claro? Y ahora vas a mover este culo y vas abajar a tu propia fiesta a demostrar que Marco Farnesse sigue siendo el deseo y ensueño de toda mujer que cruce mirada contigo.

Entallado traje hecho a mano. La tela se ciñe a una figura cincelada con minuciosidad por dioses. Contemplo mi reflejo por última vez antes de salir de mi guarida, aquello se había vuelto ya mero ritual para mí. Siempre, antes de lanzarme a la batalla me cercioraba de que podía dar mucho más que mi mejor cara. Me cercioraba de que aquella noche sería el único hombre que todas las señoritas de la sala querrían meter en su cama pero que ninguna tendría. Sí, soy un ególatra y un narcisista, quizás hasta un gilipollas y un bastardo… sí, lo era, pero nadie se igualaba a Marco Farnesse y mi gusto para las mujeres. Aquellos seres que a mis ojos eran obras de arte que debían ser apreciados desde la distancia y jamás mancillados por manos manchadas de barro y sangre. La velada de aquella noche era diferente de muchas otras tantas que había organizado en los últimos meses. Un aire latino, ardiente y con olor a jazmines impregnaba mi hogar. Había música en cada rincón y bailarinas españolas por doquier ¿A qué se debía aquello? Un solo nombre. Zaira de la Vega. Había escuchado hablar de ella en contadas ocasiones y su fama le precedía. Decían de ella que no solo su talento emanaba por cada poro de su cuerpo, sino que además conseguía hipnotizar a cualquier con su belleza española. No había tenido la oportunidad de encontrarme con ella con anterioridad, pero gracias a cierto amigo había conseguido llevarla a ella y sus chicas hasta mi mansión.

Contemplaba, en un principio, analizando, como la gente observaba aquellos cuerpos moverse al compás de la música. Sus pieles oliváceas refulgían bajo las luces amarillentas de las velas, sus melenas oscuras parecían cascadas de oro negro a sus espaldas y sus ojos desprendían un brillo y vitalidad que jamás sería capaz de describir con palabras. Cada vez comprendía un poco más porqué se hablaba tanto de las españolas y porque tantas italianas envidiaban a aquellas mujeres. En aquel recorrido meramente observatorio, pude encontrarme con varios conocidos de los que, si soy sincero no recuerdo casi ningún nombre, todos ebrios y como siempre agradeciendo una vez más que preparase aquel tipo de fiestas que parecía que nadie se atrevía a llevar a cabo, aún más teniendo en cuenta la situación de Venecia. La música parecía hacerse cada vez más sonora, así como el taconeo de las bailarinas y en aquel frenesí conseguí verla rodeada de admiradores y miradas de despecho… sin duda alguna debía ser ella.

– Zaira de la Vega, tu nombre te precede y en este mismo momento un servidor se tomará las molestias de raptarte por tan solo uno minutos… – Murmuré para mí mismo con cierta maldad. No pretendía tocarla, tan solo quizás… probarla. - Permiso por favor, me gustaría hablar con nuestra invitada de honor si se me permite. -

No tuve que alzar demasiado la voz para poder hacerme paso y llegar hasta la tarima en la que aquella maravillosa criatura se encontraba. La música no paró, pero si noté su mirada en mí. No sabía si conocía de mi existencia o si quiera alguien le había hablado de mí y mi falsa reputación, de la que por seguir estando en boca de todos, no me deshacía.
Sonrisa en los labios como arma principal y una de mis manos enguantadas es ofrecida hacia ella. Quería llevármela de la multitud de los ojos observadores y de los comentarios innecesarios, pero para ello necesitaba que primeramente me diera su permiso. Lo dicho, podría tener una reputación, pero sorpresa era lo que se encontraba debajo de aquella careta bien elaborada a lo largo de mi longeva, ya, existencia ¿Qué era sino un noble sin papel en la corte? Una sombra… y yo, no me negaba a relegarme a aquel puesto hecho para los que saben coserse la lengua al paladar sin agraviar a nadie. Mi lengua se negaba a quedarse quieta y mucho menos mi cabeza. Sabía que era arriesgado y por ello había creado un personaje sobre mí mismo que en algún momento medianamente me llegué a creer… un personaje que esconde quien soy… un yo que apenas nadie conoce… un yo que no está hecho para esta sociedad…

¿Estaría Zaira dispuesta a dejarse llevar y descubrir un paraíso perdido? ¿Quién es el que daña y quién el dañado realmente?

Ven conmigo… no temas, solo muerdo.


Última edición por Marco Farnese el Lun Ene 22, 2018 10:33 pm, editado 1 vez
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Re: Who's the one hurting? [Priv. Zaira de la Vega]

Mensaje por Zaira De la Vega el Jue Feb 23, 2017 5:48 pm

Una noche más envuelta entre cantes, bailes, taconeos, volantes y gentes...Muchísima gente alrededor mía y mis alumnas. Todo esfuerzo y trabajo, tiene su recompensa, y en este desgraciado y machista mundo, el dulce premio es una reputación sana e intachable. Máxime dentro del mundo de la música y la danza; Mi mundo. El mundo de Zaira De la Vega, española entre italianas y Señora entre hombres. Y pensar que vuelvo a sentir este sabor agridulce una velada nocturna más...Todo comenzó con una invitación, y una simple frase mía: "Señoritas, aceptamos la invitación. Tenemos trabajo...El tablao' nos espera."


Y ahora me veo aquí, ahogándome entre adinerados caballeros obscenos, incapacitados de percibir el arte derrochado esta noche y solo imaginativos para evadirse perdiendo el mirar soñando con escenas que nunca llegarían a pasar con nuestras curvas femeninas. Sí, definitivamente me estoy ahogando entre tanta asquerosa sociedad clasista y falsa; un respiro, un brote de aire renovado y fresco, ¿Acaso es demasiado lo que pido? Ruedo mis ojos con un suspiro, colocando posteriormente mi melena tras mis hombros con el dorso de ambas manos.  Y todo sea dicho, estaba a punto de mandar a mis niñas a recoger para irnos a casa, cuando ese salvavidas fue haciéndose paso entre la multitud. 


¡Oh, gracias a cielo!— Exclamé para mis adentros, o quizás no...Ciertas miradas incrédulas no dejaban de acecharme, y honestamente, me importaban bien poco lo que pensaran esos borrachos, y mucho menos, sus amargadas esposas, tan altivas y recatadas. ¡Pamplinas! 


Sr. Farnese, veo que al fin nos vemos cara a cara. Caballeros, si nos disculpan...— Libre. Al fin libre. A volar se ha dicho. Cogí su mano con elegancia, recogí el lado de mis faldas justo donde se hallaba una abertura hasta medio muslo, ésta dejando volar la imaginación al mostrar mi pierna morena y desciendo de la tarima con cuidado. Me adecento y acompaño al anfitrión de la fiesta hasta un lugar apartado donde poder conversar con tranquilidad; no sin antes asaltar una bandeja y coger dos copas de buen vino. 


Al pararnos, le ofrezco una de ellas y disparo todo mi desparpajo español.—Tenga, querido. A ésta...invito yo.— Le ofrezco un brindis, y tras chocar las copas con una coqueta sonrisa, doy un sorbo de la mía. No sin dejar de mirarle, directa y clara, a los ojos. Mis verdes iris no mostraban piedad alguna, y yo...tampoco.


Y bien, creo que debería presentarse correctamente, ya que ambos sabemos quién soy yo. Usted me invitó. ¡Ah! Y no se olvide de contarme con todo lujo de detalles qué pretende y qué quiere de mí.


Lo siento, por guapo y atractivo que seas, no soy como las demás. Has dado con una yegua salvaje e indomable...o no. Juguemos.



"Madre. ¡Ay, Madre!
Lo que daría por volver
a Volver."
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Re: Who's the one hurting? [Priv. Zaira de la Vega]

Mensaje por Marco Farnese el Lun Ene 22, 2018 10:39 pm


H
ere I come, my body is excruciating with hunger. Be careful with the wolf or it might take a bite of you when you are not looking.

—Y bien, creo que debería presentarse correctamente, ya que ambos sabemos quién soy yo. Usted me invitó. ¡Ah! Y no se olvide de contarme con todo lujo de detalles qué pretende y qué quiere de mí.—

  La sonrisa dibujada en mi rostro se ensanchó más si cabía, había caído justo entre mis redes sin si quiera poner nada de oposición... pobre Zaira, que inocente podían llegar a ser ciertas mujeres. El egocentrismo podía apoderarse a veces de nosotros y hacer decir cosas como aquella que la joven de cabellos azabaches acababa de decir. Me resultaba gracioso, puesto que las mujeres solían intentar ocultar aquel punto narcisista, siempre querían hacerte pensar que solo tenían ojos para ti cuando en realidad solo tienen ojos para ellas mismas y para como se ven contigo, estando ellas agarradas a tu brazo y sonriendo con superioridad a aquellas que osan lanzar miradas descaradas.

 Tomé la copa que se me ofrecía, aunque a diferencia de la española no la acerqué a mis labios tan solo le sostuve la mirada mientras ella disfrutaba de aquel vino que por mucho que me gustase saborear no sería capaz... aunque podía intentarlo. Aquellos ojos verdes cual aguamarinas no podía apartarse de él, lo sabía su nombre le precedía y normalmente Marco Farnesse no invitaba a alguien a sus fiestas por que sí. Pero como ya he dicho, me pareció un tanto egocéntrico su comentario ¿Por qué? Sé que deseáis saberlo, porque mis razones para traerla a mi mansión no eran las que ella estaba imaginándose. Ese  comportamiento altivo no solía agradarme pero en Zaira despertaban en mi un sentimiento de curiosidad, cómo una mujer que era clara cual libro pretendía ser algo que no era. Como una mujer inocente y recatada, iba de cara a Marco y tenía la desfachatez de hacer de leona cuando no era más que un corderillo perdido.

 “Ay Marco pero que cruel eres”.

Comentario que se repetía casi a diario por no regalar los oídos de aquellas que creían llamar mi atención. Si bien es cierto que opino que toda mujer es hermosa en su única forma no soy un hombre de una sola mujer, el gusto de poder admirarlas a todas es mucho más completo el que el dedicarme en vida y alma a una sola mujer ¿No era aquel el regalo de la vida eterna? El poder disfrutar de lo que uno se le antojase sin atarse a nada ni a nadie a menos que fuera predeterminado... y por desgracia, atarme y ser hombre de una dama no eran mis planes de futuro, al menos por el momento ¿Qué diversión tendría si Marco Farnese regresa a Venecia y enseguida anuncia que está comprometido? Obviamente, mi existencia dejaría de tener sentido... mis veladas dejarían de ser las mismas y mi mansión se tornarían en un aburrido hogar del que preferiría huir a permanecer más tiempo encerrado cual prisionero.

-  Zaira de la Vega, tu nombre te precede pero no de la manera esperada... - Dejé caer apropósito, no pensaba darle ningún tipo de explicación por aquel comentario. Era su castigo por aquel comportamiento. Si pretendía ser una leona, se había ido a encontrar con el leopardo de la selva... y el leopardo podía ser sigiloso y atractivo pero letal a la vez. Di un paso al frente, cerrando el espacio entre ambos mostrando una sonrisa ladeada en la que observaría con todo lujo de detalles mi perfecta dentadura.- Marco Farnese, aunque en la carta que le fue enviada mi nombre constaba en él y supongo que sabe leer ¿No?  Aunque parece que ni si quiera se molestó en leer dicha carta, en ella vienen explícitamente desarrolladas las razones por las cuales la invitaba como artista a mi fiesta... veo que no le importaba tanto el por qué sino la cantidad que iba a recibir.

  Estaba siendo un tanto cruel, pero quería saber hasta que extremo estaría dispuesta a llegar Zaira. No había diversión en ser un chico bueno cuando había sido ella quien había empezado con aquellos aires de grandeza. Quería saber quién era Marco Farnese, pues bien, pronto lo descubriría.

-  No sé si lo sabe, pero al igual que usted soy artista además de “el muchacho que suele organizar fiestas extravagantes”, me gusta rodearme de arte y buena música y siempre que organizo alguna velada me gusta contar con los mejores. De ahí que usted fuera una de mis invitadas, contaba con todas mis mejores intenciones y sin embargo veo que para usted no parecen suficientes...  - Dejo la copa sobre la superficie más cercana, sin dejar de sonreír socarronamente. Otro paso al frente y Zaira ya no tiene más escapatoria. En su afán por buscar intimidad se había acorralado a ella misma contra la pared, no podía escapar de mi. Sentía su delicada fragancia inundar mis sentidos lentamente, su mirada era hipnotizadora y apenas podía apartar la mirada de aquellas piedras preciosas acentuadas por su olivácea piel. Sí, era hermosa y talentosa ¿Pero qué más tienes que ofrecer Zaira?- Si no le agrado, no tenía por qué venir hasta aquí. Mis intenciones eran las de pasar una agradable noche rodeado de arte, nada más ¿Y usted qué Zaira, a qué ha venido exactamente y qué quiere de mi?


Última edición por Marco Farnese el Jue Feb 15, 2018 11:11 pm, editado 1 vez
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Re: Who's the one hurting? [Priv. Zaira de la Vega]

Mensaje por Zaira De la Vega el Lun Feb 12, 2018 8:52 pm


Who's the one hurting?

«Con Marco Farnese»




"Zaira de la Vega, tu nombre te precede pero no de la manera esperada..."


¡Oh, por supuesto! ¿Cómo no? Siempre llegaban a sus oídos comentarios como esos, y a decir verdad, ya no le molestaban; la hacían sonreír, evidentemente. Cuando no quieres que algo te daño, ¿qué haces? Reírte de ello. Pues eso hizo. Una sutil carcajada salió de entre sus labios con una musicalidad impecable. Pareciese ensayada. Quizás.

Marco dio un paso al frente y, a la par, Zaira lo acompañó ligeramente. La pared la frenó, y no tuvo otra que disimular su sorpresa que quedando sutilmente recostada sobre ella; cual gata acechante no dejaba de mirarlo con sus ojos verdes cuales esmeraldas. Si pretendía intimidarla, no iba a conseguirlo. Aunque si era verdad que con ciertas miradas ya pendientes de ellos con una sutileza para nada recatada, la joven morena, estaba empezando a tensarse de a poco a poco.

Zaira volvió a relajarse, en cierta manera, al escuchar las acontecidas recriminaciones hacia su persona. ¿Saber leer? Por supuesto; hasta en el interior del alma del varón si ella quisiera. Marco estaba entrando en terreno farragoso, y ni lo sabía. ¿O sí? ¡Ay, que al final te quemas, querido! Se hizo la herida con un pequeño teatro dramático, posando primeramente la mano sobre sus labios y finalizar sobre su pecho, cubriendo el principio de su escote. Comentó.


¡Oh, Marco, me ofende! Estoy tan acostumbrada en recibir cartas, de día y de noche, para mi desgracia, que estando tan solicitada y ocupada, no tengo tiempo para ocuparme de toda mi correspondencia. Seguro que su carta la leyó una de mis niñas, ¡para su fortuna, por supuesto! Y ante su cuestión anterior; me hiere que dude ante mi capacidad de lectura...Querido, no soy una de esas analfabetas que pasan por  su cama, querido.


Sentenció, con una sonrisa satisfecha en los labios. Bebió y terminó su copa; la soltó sobre una bandeja que por fortuna un muchacho paseaba por su vera. La muchacha volvió a enmudecer para deleitarse de las explicaciones sobre arte que el joven Farnese se decidió musitar por y para ella. Con atavío de su verdoso mirar, escuchaba con atención cada y una de sus palabras; todo ambiente armónico desapareció en el momento en el que Marco volvió a tirar ficha. Otro paso más hacia delante. Atrapada.


Marco...


Sorprendida por su gesto, y obligada a alzar el rostro dado por su altura y la cercanía en demasía, el susurro del nombre ajeno se escabulló entre sus labios. Se puso nerviosa, y miró de reojo a los presentes más cercanos. Murmullos y miradas sobre ellos. Eso era malo. Ella no era una cualquiera y su reputación estaba en juego. ¿Qué hacer? Solo supo clavar su mirada en la ajena con firmeza y seriedad, mientras su pecho respiraba en una danza continua en la que éste se alzaba y descendía a un ritmo acelerado.


Nunca he dicho que no me agradase, querido; sería estúpida si fuera al contrario, aunque... Si sus intenciones son las de una agradable noche rodeado de arte, creo que la situación lo contraria por sí sola, Marco. Es usted quién me está rodeando a mí.


La artista notaba como se le encendían las mejillas, coloreándose de un rubor rosado que hablaba por sí solo.


¿Qué quiero de usted?...Pues, que que hablamos de arte...Enséñeme el tuyo, Marco.


Le había tuteado.

Zaira...Estás perdida.



"Madre. ¡Ay, Madre!
Lo que daría por volver
a Volver"





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Re: Who's the one hurting? [Priv. Zaira de la Vega]

Mensaje por Marco Farnese el Jue Feb 15, 2018 11:14 pm


Q
ué fácil era hacer a Zaira encenderse cual lluvia de Marzo. Era curioso, tan solo estaba tanteando el terreno pero me sorprendió encontrarme con qué leer a Zaira era mucho más fácil que tocar el violoncello. No pude más que sonreís. La dualidad de aquella señorita era pasmosa, así como era una violenta tormenta podría convertirse en la más dulce y arrulladora de las lluvias ¿Quién eres Zaira? ¿Qué esconde esa alma humana que me atrae sin remedio alguno hasta querer descifrar el último de tus profundos secretos? No me mal interprete, no puedo prometerle nada, no soy hombre de una mujer... al menos por ahora. El amor no es algo que haga sido diseñado para mi. Sin embargo me encantaría saber todo aquello que tu arte atrae... Lo que dudo que esté preparada para mí.

  - No pretendía ofenderla...  bueno, a quién engaño. Sí, si era mi intención y ha caído de lleno en ello. - Solté su rostro con suavidad. Pocas veces había estado ante una piel olivacea como aquella. Esos ojos verdosos que delataban su origen español. La sangre española era algo muy complicado de esconder, él mejor que nadie lo había contemplado con sus propios ojos. Adoraba España, su calor y su gente. Era maravilloso. Y aquella mujer parecía haberse hecho con todo lo mejor de su país. Qué más podía pedir. Mi sonrisa era encantadora como siempre, eso era innegable y el rubor en sus mejillas solo alimentaba mi ego. Oh, Zaira querida me lo estás poniendo en bandeja.- En ese caso debería de agradecer a esa señorita con tan buen gusto y elegancia como para seleccionar mi carta por encima del resto de esas tantas que recibe diariamente... ¿No cree? Quizás debería de dedicarle mis adulos a ella y no a usted.

  Zaira, zaira, zaira. Entras en mi juego con demasiada facilidad y eso me gusta. Bien no todas las mujeres no son iguales, cada una es un mundo y mi gusto es un tanto refinado. Muchos dirán que soy un mujeriego pero eso no es cierto, no me gusta tratar a las mujeres como una simple medalla que colocarse sobre la chaqueta tras una noche. Prefiero alimentar su ego con una noche que recordará para toda su vida en la que ella sea la protagonista a arrastrarla borracha y casi sin conciencia hasta mi cama ¿Qué gracia hay en ello?  

 Sí, coleccionaba mujeres pero no como a muchos les gustaría pensar. Zaira era una de aquellas preciosas obras de arte que me encantaría contemplar y añadir a esa pequeña colección personal con la que de vez en cuando me deleitaba. No conozco el amor, ni la pasión más allá de toda creencia. Soy un hombre más complicado de lo que parece. Me gusta suponer un reto y que las mujeres me supongan un reto. No hay gracia en sencillamente degustar una bella flor sin explorarla primero y hacerla brillar como se merece.

-  Zaira, lo que usted no sabe es que no importa quien rodee a quien... el arte está siempre allá a donde mire. Usted, yo, este baile, esta casa... todo es arte en su sentido más puro posible. - Me fui separando lentamente de ella, aún con su aroma y su cálida humanidad impregnada en mi. Un solo mechón de su pelo acariciaron mis dedos para dejarla escapar de mi. Siempre había sido libre de escapar de mi, no lo había hecho porque realmente no lo había querido.- No importa a donde mire, el arte es algo innato en este mundo. Si así lo desea puede estar donde usted anhele. Solo tiene que mirar con esos preciosos ojos, querida.

 Paso tras paso me alejé de ella, desabroché la chaqueta de aquel estupendo traje y fui directo a la orquesta en directo. Estaba preparado para aquel momento. No porque supiera que Zaira asistía, era propio en mis fiestas encontrar música en directo y alguna actuación mía propia, era el señor de la casa pero al fin y al cabo era un artista como ella y como muchos de los que estaba allí. Sin embargo, Zaira me había dado la oportunidad perfecta no solo de brillar frente a los asistentes sino ante ella también. Que comprendiera que aunque pareciese peligroso, todos esos miedos existían más dentro de su cabeza que en mi mismo. Al fin y al cabo, aunque ella no lo supiera, era ella quien tenía el control de la situación. En ningún momento sería forzada a nada... a menos que ella se dejara llevar voluntariamente.

 Cogí mi cello, aquel preciado instrumento que con tanto cariño amaba, mi único amor. Mi silla había sido ya preparada y la orquesta estaba esperando a mi orden. Dediqué una reverencia al público sonriente. No sabía lo que los demás pensaban u opinaban de mi, bueno quizás sí, estaba todo escrito en sus miradas... pero cuando se trataba de mi música  y de compartir mi arte poco importaba sus opiniones, puesto que les gustase o no sabía que sería capaz de deleitarles. Era mi mayor amor en aquel mundo, mi pasión y mi vida. Alguno decían que estaba mejor callado y tocando música, otros opinaban que de ambas maneras era atractivo y había quien directamente me envidiaba sin más.

  - Damas y caballeros, invitados... Mi querida invitada de honor, Zaira de la Vega me ha dado pie a mostrarles la pieza que he preparado para hoy ya que deseaba con ansias saborear mi arte. Espero que tanto a ella como el resto os agrade casi tanto como ella me agrada a mí... - Me senté en la silla tomando aire. El instrumento entre mis piernas y el arco en mi mano derecha. Cerré los ojos, me dejaría llevar como siempre hacía y esperaba que Zaira apreciase la oportunidad que aquello era... quería que también se dejase llevar por el arte ¿Sería capaz de hacerlo? Era su momento.- Dejen que el arte los invada, aquí no hay lugar para el miedo, ni los prejuicios... este es el momento. Para usted...

Las primeras notas surgieron casi sordas, lentas, preparando el momento para una pieza de música que él mismo había compuesto y preparado para la ocasión. Era fácilmente reconocible aquella Lacrimosa del maestro Mozart, esas notas melancólicas, armoniosas pero llenas de fuerza combinada con su propia creación. Pronto la música comenzó a invadirlo todo. Su cuerpo, sus brazos... se movían con el cello de manera natural. Sabía que era bonito de observar, no solo por mi, sino por como las notas eran capaces de interaccionar con la gente y hacerles sentir.



La música era aquello, sentimiento
 ¿Tu también lo sientes verdad Zaira? Deja que esos pies que se te han dado se fundan con mi música. Sencillamente déjate llevar

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Re: Who's the one hurting? [Priv. Zaira de la Vega]

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