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Preludio [Priv. Astoria]

Mensaje por Enzo Rossi el Jue Ene 25, 2018 3:28 am

El auditorio estaba vacío. Aun así Enzo, violín en mano, podía imaginarse todas las butacas y palcos rebosando de gente, damas y caballeros atentos y exigentes que mañana escucharían expectantes tocar a él y a otros tantos músicos en aquel mismo lugar. Se los imaginaba como tantas veces ya les había visto: ataviados con sus mejores galas, impacientes por que empiece el espectáculo, deseosos de ser sorprendidos o de destrozar con sus comentarios al pobre músico que osara aburrirles...

Pero eso no le ocurriría a él, no. Él siempre lograba sorprender a la gente, y mañana sería su momento de brillar. Se iba a celebrar un concierto de solistas y cuartetos de cuerda, y él había decidido presentar un arreglo para violín de una composición de un amigo suyo vienés. Él mismo le había ayudado a componerla hace un par de años. La composición original era preciosa en sí, pero en el arreglo Enzo se había tomado todas las libertades musicales para adaptarlo a su propio gusto.

Dio dos pasos al frente, quedándose justo en el lugar del escenario que mañana le correspondería. Detrás de él estaba el piano que le acompañaría mañana, y que ahora estaba vacío. Podría haberle pedido a su acompañante que viniese, pero Enzo ya había ensayado varias veces y prefería tocar solo; de esta manera, podría centrarse totalmente en su interpretación. Se colocó el violín en el hombro con delicadeza, y preparó el arco. Tenía que brillar. Tenía que encandilar a toda Venecia, y tenía que conseguir el puesto de concertino a toda costa. Enzo cerró los ojos, y cuando los volvió a abrir, la música ya había comenzado.

Música:

El joven podía escuchar el acompañamiento del piano en su cabeza, tenue, complementandose con la música de su violín. Pronto comenzó a perderse en la melodía; sus dedos se movían por el mástil con destreza, con delicadeza, pero sobre todo, con naturalidad y confianza. Enzo se sentía cómodo, ensimismado en la emoción de la obra. Levantó la vista una vez, y otra, sin realmente mirar nada en concreto, y volvió a agacharla hasta cerrar los ojos. La música fluía delicadamente, llena de sentimiento; el rubato, sin ser exagerado, llenaba de expresividad a la pieza, expresividad que se reflejaba también en el rostro del moreno.

La música llegó a su fin. Tras unos segundos en la misma posición, Enzo bajo los brazos y se quedó allí, reflexionando. Sin duda, había sido una interpretación excelente, pero ¿podría ser mejor aún? Aquella pregunta siempre rondaba su cabeza, la exigencia era parte de su filosofía, y aunque era consciente de su talento, no podía evitar obsesionarse con la perfección. Enzo sonrió: sabía que mañana su actuación sería mejor que hoy. Sus compañeros, que mañana serían sus rivales, y la exigencia del público harían que el joven músico pusiese toda su alma en el escenario. Así tenía que ser.
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Re: Preludio [Priv. Astoria]

Mensaje por Astoria Pendragón el Jue Ene 25, 2018 5:27 am



PRELUDE
Before the light



  Caía la tarde cuando le llegó una importante notificación. Se le informaba de que se requería de su presencia en el auditorio de la Plaza de San Marco, que era urgente. No había mucho más detalle, ni explicación... ya sabía que era. El dueño del auditorio llevaba quejándose desde hacía meses de un supuesto fantasma que todos los días al atardecer tocaba música. Cosa que era físicamente imposible, le había tocado ir en repetidas ocasiones a comprobar qué ocurría y nunca habían encontrado nada. La única explicación lógica que Astoria encontró era que normalmente había un artista callejero que muy cerca de allí tocaba el violín y todas las tarde a la misma hora comenzaba su pequeña actuación pública. Su música era transportada por el aire y reverberaba en el auditorio, por eso parecía que alguien tocaba allí dentro, cuando no había nadie.

 Suspiró, su jornada estaba a punto de terminar y desde que había llegado siempre le hacían lo mismo, llegaba alguna notificación sin importancia alguna y le tocaba a ella hacerse cargo de ella. Sabía que lo hacían a propósito puesto que era una mujer y seguían dudando de su capacidad para dirigir, sin embargo ella no se daba por vencida. Por poco que le gustasen aquellas tareas seguía haciéndolas con el mismo entusiasmo de siempre.

“Sonríe que es lo que más les duele”

 Marchó de la academia lo más rápido posible, pensó que al menos se daría un buen paseo hasta el auditorio y así se despejaría de todo el estrés de los últimos días. Las cosas no estaban en orden en Venecia, eso estaba claro... y aquello se traducía en que ellos, los exorcistas, debían trabajar el doble de horas y a veces patrullar las calles si les llegaba dicho aviso. Pero aquel día no le tocaba, era su noche “libre”. Sabía que no tendría mucho trabajo que hacer al llegar al auditorio y por ello se lo tomaba más bien como una divertida visita más que como una obligación.

 […]

 En el auditorio no encontró por ninguna parte al dueño, en cualquier otra circunstancia habría dado media vuelta y se habría ido a casa pero algo llamó su atención aquel día. El violín sonaba mucho más cercano y nítido de lo habitual. No, no era la misma queja de siempre... había algo diferente ¿Y si aquel hombre tenía razón y allí dentro había un fantasma? ¿Entonces qué haría? Suspiró y se armó de valor para entrar y comprobar quién era el responsable de aquella dulce melodía. Según se acercaba pudo discernir que aquel no era el violín de todos los días, había algo distinto en la melodía y en la manera en la que las notas inundaban el ambiente... había algo casi mágico. Procuró no hacer ruido con sus botas, sigilosamente se fue acercando. Para su sorpresa allí encontró a alguien, alguien que le dejó sin palabras.

La luz que entraba por los ventanales a la espalda de aquella elegante figura le hacían refulgir, pero no era solo esa luz natural. Su brillo iba mucho más allá que mera casualidad, brillaba porque desprendía arte por todos y cada uno de sus poros. Quedó anonadada en mitad de la sala, en uno de los pasillos entre los asientos del auditorio. Sus grandes ojos verdes solo podían mirarle a él ¿Quién era? ¿Qué hacía allí?

Deseaba poder moverse e interrumpirle, hacer su trabajo y terminar de una vez pero se sentía hipnotizada, atraída por todas y cada una de las notas que aquel chico arrancaba con suavidad del violín. Sus manos acariciaron el borde de su vestido, intentando hacer que su cuerpo respondiera. Había escuchado a muchos artistas a lo largo de su vida, muchos invitados a fiestas y eventos a los que su familia la obligaban a asistir, pero jamás había escuchado algo con tanta alma como aquello... quizás en el fondo si que era un fantasma. Un hombre como aquel no podía ser real, definitivamente tenía que ser un fantasma ¿Y si realmente lo era qué habría?  Fue como si aquel pensamiento hiciera de resorte, consiguió salir del trance y con pasos cuidadosos se fue acercando al escenario. Estaba claro que él no se había percatado de su presencia, parecía demasiado metido en la música y en sus propios pensamientos.

 La música acabó justo cuando llegó al pie del escenario, desde aquella perspectiva y con el sol de cara no sabía si él la veía o no, aunque si no había dicho nada aún era porque la respuesta a dicha pregunta era negativa. Apretó su coleta alta, no acostumbraba a aquel tipo de situaciones y no sabía muy bien cómo debía reaccionar.

¿Y ahora qué hago? ¿Sencillamente le hablo y ya? ¿Y si es un fantasma de verdad?

 Finalmente, aquellas preguntas nublaron su juicio y si inteligencia y todo cuanto se le ocurrió fue alargar la mano y tocar su tobillo. Su enguantada mano se hizo con la tela de sus pantalones, comprobando que realmente aquel tipo era real. El miedo se esfumó de su cuerpo. Había sido estúpida al pensar en una remota posibilidad de que aquel “ser” pudiera ser un fantasma... desde luego, lo que hace la sugestión y una buena puesta en escena.  Se subió al escenario de un salto sin dudar, obviamente soltando antes al muchacho de lo contrario el espectáculo habría estado asegurado. Por si no era suficiente.

 Probablemente el que se llevase el susto en aquella ocasión era el pobre chico que no tenía culpa de nada ¿Pero qué podía hacerle ya? Había actuado por impulso y tendría sus consecuencias. Se posicionó al lado del chico, era bastante más alto que ella y no era tan fantasmagórico como creía... si se detenía a mirarle bien era algo atractivo. Claro que quizás su juicio se veía afectado después de haberle visto interpretar de aquella manera esa pieza de violín. Había quedado impresionada. Sus orbes de esmeraldas brillaban con fuerza, la Astoria que brillaba por su carácter y voraz boca había resucitado después de creer estar en la presencia de un fantasma ¿Cómo podía ser tan inocentes a veces?

 Así que resulta que realmente no eres un fantasma... Alguien de verdad tocaba el violín y yo que creía que el dueño se estaba volviendo loco. Por cierto, Astoria Pendragón llevo viniendo a este auditorio casi todos los días durante un mes por una denuncia acerca de un fantasma.- Eso si que era manera de presentarse. Le dedicó una leve reverencia y una encantadora sonrisa, que terminó por iluminar aquel angelical rostro. No sabía muy bien qué más decir ante aquella situación.- Espero que no le moleste que haya irrumpido en su magnífica interpretación.



“The prelude to the storm is always unpredictable
    and when it finishes, comes light”



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Re: Preludio [Priv. Astoria]

Mensaje por Enzo Rossi el Jue Ene 25, 2018 7:46 pm

El joven no pudo evitar soltar una breve exclamación cuando notó que le tiraban ligeramente de la pernera del pantalón. “¿Pero qué...?”, pensó, mientras bajaba la vista con rapidez. Se había ensimismado tanto en su música que ni siquiera se había dado cuenta de que había una mujer a sus pies. Enzo se ruborizó muy ligeramente, todo aquello le había pillado de sorpresa. Su atónita mirada siguió a la joven, que se encaramó al escenario sin problemas, y en un momento, la tuvo frente a él. 

Qué hermosura. Enzo se quedó por un momento sin saber qué hacer. No se trataba de una de esas bellezas exuberantes que tanto gustaban en Europa – encorsetadas, maquilladas y con llamativos peinados–  sino que se trataba de una hermosura sutil, sencilla y etérea. “Qué ojos tan bonitos...” se sorprendió pensando mientras clavaba su mirada color caoba en las grandes orbes verdes de la intrusa. Tardó un rato en reaccionar a lo que la muchacha le dijo.

-Oh, vaya... - dijo Enzo, intentando recuperar la compostura. -¿Un fantasma, dices? - dijo soltando una risita. “Qué señorita más peculiar”. -O el dueño está perdiendo la cabeza, o es tan sólo una excusa para que le visites de vez en cuando. Sea como sea, no puedo culparle... – soltó, dedicándole una de sus más encantadoras sonrisas –  Un placer, señorita Pendragón – hizo una pequeña reverencia – Yo soy Enzo Rossi. Muchas gracias por el cumplido. –  Estaba acostumbrado a que alabasen su música y sus interpretaciones, pero que aquella señorita tan bella lo hiciese era sin duda aún más emocionante. 

El joven seguía maravillado con Astoria. ¿Qué mujer osaba molestar a un hombre desconocido y preguntarle si era un fantasma? La mayoría habrían salido por patas nada más meter sus narices en el asunto, pero por el contrario, allí frente a él estaba aquella mujer de rubios cabellos, brillando con una naturalidad y una sencillez que de cierto modo lograban conmover al joven. Enzo volvió a sonreír. – Si te ha gustado, mañana deberías volver. Se va a celebrar un concierto de solistas en el que interpretaré esta obra, y tengo previsto tocar mejor que ahora. – sólo por un momento, y de manera casi imperceptible, un destello de desazón cruzó la mirada de Enzo. Le hubiese gustado que el concierto fuese solo suyo, pero pronto se recompuso. Fuera como fuese, iba a deslumbrar. – Sería toda un honor tener a una mujer tan bella entre el público, señorita Pendragón. Sería usted una musa excelente.

Sabía que se estaba arriesgando con aquello, pero el violinista estaba siendo totalmente sincero. Quizás había ido demasiado lejos con su atrevimiento; llevaba mucho tiempo sin vivir en Italia y todavía no se había terminado de acostumbrar al genio de sus mujeres . Por lo general, las féminas solían caer encandiladas por su atractivo y habilidad con el violín, era consciente de ello, pero tampoco era la primera vez que una mujer le cruzaba la cara por hacer algún tipo de comentario medio atrevido, en especial muchas de sus compañeras de orquesta. Sin duda había conocido a muchas mujeres, y todas distintas e impredecibles a su manera. Pero esta vez, Enzo tenía una extraña fe en aquella hermosa mujer.
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Re: Preludio [Priv. Astoria]

Mensaje por Astoria Pendragón el Vie Ene 26, 2018 3:06 am



PRELUDE
Before the light



  Dos miradas diferentes que por un momento se entrecruzan
  Dos respiraciones acompasadas por el fantasma de la melodía de un violín
  Dos corazones que laten a saltos, como bailando
  Dos seres que por un fantasma se encuentran

     ¿Qué cambiará?


  Detenidamente y de cerca no parecía tan fantasmagórico como le había parecido encima del escenario, aunque más que fantasmagórico era una aparición casi celestial... si, esa era la palabra celestial pese a su oscuro cabellos y ojos. Había algo en su mirada, además de en sus manos y la manera en la que había tocado el violín que la atraía sin remedio.

 La sangre corrió a apoderarse de sus pálidas mejillas que con facilidad se mostraron tímidamente ruborizadas. Intentó disimularlo lo mejor que podía pero por lo general no acostumbraba a aquel tipo de situaciones, los hombres ya la conocían lo suficientemente bien como para ignorar su presencia o sencillamente dirigirse a ella como a una más. Recibir aquel tipo de halagos hacía su corazón revolotear y se sentía niña otra vez.

-  Un placer Enzo, espero que no le moleste que me dirija a usted solo por su nombre pero me resulta un poco difícil aveces saber cuándo debo usar señor, señorito y demás títulos con alguien... no es por nada en particular, pero parece que si elijo uno o implico que es alguien mayor o alguien demasiado joven y por tanto inmaduro.- Calla boca calla. Se estaba poniendo nerviosa y su, por lo habitual, tenaz carácter se veía mezclado con el de una tonta adolescente de 16 años que estaba aún en edad de casarse y se sentía especial cada vez que un caballero mínimamente atractivo le hablaba.- No creo que al dueño le agrade mucho tener que ver mi cara siempre, además de que “soy una inútil por no exterminar al fantasma”, como si yo me encargase de hacer perecer a seres extraños...

 Comenzó a andar al rededor del joven sin preocupación alguna. El caso estaba más que resulto por tanto su trabajo había acabado y en aquel momento era  Astoria Pendragón y no una sub-general exorcista que debía, como ya había dicho, “exterminar al fantasma”. Quería o más bien deseaba pasar un rato agradable con un hombre bastante atractivo por una vez en su vida, quizás hasta conseguía futuro marido cosa que sus padres deseaban con toda su alma... ¿Sería capaz de ello? No, eso era ir demasiado lejos para tan solo una conversación. Mantenía los brazos tras la espalda, con las manos entrelazadas entre si puesto que si las mostraba al joven se daría cuenta de su nerviosismo e inexperiencia en aquel tipo de situaciones... aunque quizás ya se habría dado cuenta.

 Sus pasos eran cortos y pausados, no sabía que contestarle a aquel ofrecimiento. Por una parte diría que si sin pensárselo pero... los eventos públicos y tener que ponerse aquellos horrorosos vestidos con tantas capas que parecían más cebollas que señoritas no le agradaba tanto. Si, la palabra era “peculiar”, Enzo lo había pensado nada más verla. Estaba claro que era la mejor manera de describirla.

 - Um...  ¿Promete que tocará mejor que hoy? Porque a mi me parece imposible superar esa interpretación. - Ladeó la cabeza mirándole de nuevo a los ojos. Solía tener aquella manía, cuando hablaba con alguien le gustaba mantener contacto visual, a muchos podría incomodarles... pero ella era así. Seguía sonriendo, desde que había visto a Enzo no había dejado de sonreír. Estaba cerca de él, más de lo que debería también, tanto que podía apreciar su fragancia. Le encantaban los hombres que olían bien ¿Por qué lo tenía todo? Esperaba no meter la pata como siempre.- ¿Tenerme a mí entre el público? ¿Musa? Demasiados halagos para alguien que suele preferir pasar desapercibida y no tener que hacer acto de presencia en actos sociales. Pero por usted sería capaz de hacer una excepción... Con tan solo una condición. No me haga venir con esos horribles vestidos pomposos, odio ser una cebolla andante.

 Su propio comentario arrancó una tímida risa casi angelical. Hacía mucho que no se reía así por que sí, de la nada... sin más, por algo tan siempre como un comentario que parecía estar fuera de lugar. Aquello la ayudó a deshacerse de miedos, preocupaciones e incluso de su nerviosismo. Era una apuesta arriesgada, era consciente de que aquel chico era atractivo, que tenía un don con la música y que por tanto atraía la atención de más de una fémina. Pero nunca se gana nada sin arriesgar en esta vida, Astoria mejor que nadie era consciente de ello.




 Mama said there be boys like you
 tearing my heart in two
 doing what you do best
 taking me for a ride
 telling me pretty little lies
 but for you I'll take that risk.



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Re: Preludio [Priv. Astoria]

Mensaje por Enzo Rossi el Vie Ene 26, 2018 4:15 am

El joven violinista sonrió divertido al escuchar a Astoria hablar sin parar. No había duda de que la señorita se había puesto un pelín nerviosa, lo que la hacía parecer aún más tierna de lo que ya era. La observó hablar ensimismado, sin que la sonrisa desapareciera de su rostro. – De acuerdo, por usted intentaré dejar de lado los formalismos, aunque es algo que casi llevo grabado a fuego en mi mente – respondió, soltando una ligera risa. – Y si al dueño del auditorio no le agrada ver tu cara, es que definitivamente está loco – sentenció Enzo, dejando su preciado violín sobre la caja cerrada del piano.

La joven comenzó a andar a su alrededor, seguramente otro resultado de su nerviosismo. Parecían dos adolescentes quedando por primera vez; aunque ya eran personas adultas y prácticamente desconocidos, era obvio que ambos se gustaban. “¿Amor a primera vista?” pensó Enzo, escéptico. No es que fuese muy creyente de los destinos y demás esoterismos, pero si algo era cierto, era que se sentía atraído por la señorita Pendragón y su aparentemente innata naturalidad y ternura.

No pudo evitar soltar una risilla cuando Astoria le preguntó sobre su actuación y comentó lo del vestido. “Si, querida, así es. Hoy mejor que ayer y peor que mañana, esa es mi filosofía” se dijo para sí mismo. – Si piensa usted que no puedo tocar mejor, venga mañana y escúchelo con sus propios oídos – le dije. Lo cierto era que tenía ganas de que viniese, con vestido o sin él, eso era lo de menos. Le demostraría a aquella joven la verdadera belleza de su violín en todo su esplendor, al menos el tiempo que le dejasen en el escenario. Mañana él iba a ser la estrella del auditorio, y quería que la señorita Pendragón fuese partícipe y testigo de toda su gloria. – Puede ponerse lo que quiera; aunque pueda parecer lo contrario por cómo viste la gente para los conciertos, para escuchar la música no se necesitan ropas caras, joyas ni pelucas, sino un corazón abierto a los sentimientos que la propia música transmite. – dijo Enzo con voz suave, y se acercó un poco más a Astoria. – Además, estoy seguro de que estará hermosa se ponga lo que se ponga.


Casi sin quererlo, la mano de Enzo se dirigió al rostro de la rubia, y acarició su mejilla con suma delicadeza. Cuando fue consciente de lo que estaba haciendo, apartó la mano con calma y disimulo. “Espero que no le haya parecido demasiado atrevido...” pensó; a pesar de tener cierta experiencia con las mujeres, a veces el violinista no sabía muy bien cómo actuar frente a ellas, y más si realmente le atraían, como era el caso de Astoria. Retrocedió un paso, dandole un poco más de espacio a la joven, aunque seguían estando lo suficientemente cerca como para que el italiano pudiese oler el ligero aroma que emanaba de la hermosa mujer.

Ella seguía mirandole con esos ojos verdes que parecían tener el poder de prender la curiosidad y el deseo del músico, pero en ningún momento se sintió incómodo, sino todo lo contrario. El silencio se hizo entre los dos, y aunque no se trataba de un silencio violento, Enzo decidió romperlo. – Y... ¿a qué se dedica usted, Astoria? – dijo, esforzándose por usar su nombre de pila – Ha mencionado antes que tenía que acabar con un fantasma... ¿acaso es usted médium? – pronunció, casi ajeno a las palabras que salían de su boca. En ese momento lo que más le interesaba era averiguar el sabor de los labios de Astoria, pero de nuevo, se contuvo. Esperó su respuesta, tranquilo; también sentía curiosidad por averiguar más de aquella singular mujer.


Última edición por Enzo Rossi el Dom Ene 28, 2018 5:13 pm, editado 3 veces
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Re: Preludio [Priv. Astoria]

Mensaje por Astoria Pendragón el Dom Ene 28, 2018 4:04 am



PRELUDE
Before the light


 No podría decirse que era precisamente una inexperta en aquel tema de los pretendientes, había tenido unos cuantos y siempre había hecho lo que su familia consideraba lo correcto, y por ende lo que ella también consideraba corrector de hacer para una señorita como ella... sin embargo, algo cambió totalmente en ella, algo accionó aquel mecanismo y se aburrió de ser la típica niña mimada de familia adinerada que esperaba a un hombre. Ella no era así, por su sangre corría el legado de un poderoso hombre, un guerrero y ella no sería malo. Dejó de lado aquella etapa y se olvidó por completo de los hombres, se entregó tanto a su trabajo que así olvidó todo aquello que le había sido enseñado a cerca de la seducción. Sin embargo, a cada segundo que pasa junto a Enzo, quien parecía haber estado a ese juego justamente, su natural encanto parecía ganar terreno y aquella confianza se aliaba con tu timidez. Lo cual conseguía crear una combinación realmente atractiva. Esperaba que Enzo estuviese preparado para conocer a una mujer como Astoria, porque no sería mentira decir que era realmente... única.

  - Parece usted querer fervientemente que vaya a ese evento, demasiado atrevido para ser nuestro primer encuentro ¿No cree? Sin embargo, es una invitación que no puedo negarme a aceptar...a demás por una vez haré feliz a mi madre... Seguramente monte algún drama solo al saber que un chico apuesto me ha invitado a un concierto, aunque no creo que la parte de que es músico a ella le haga demasiada gracia. - Río casi para si misma, no esperaba que a él fuera a hacerle gracia la broma. Dirigió su mirada al palco de butacas, jamás se habría imaginado a sí misma encima de un escenario así y aún menos si era con gente delante. Daba gracias a que no fuera así, pese a todo la sensación de poder que daba estar por encima del resto era inexplicable... casi podría comprarla con la excitación de la batalla.- Iré a ese concierto, para comprobar que es cierto que puede hacerlo mucho mejor que hoy y para que pueda comprobar que efectivamente me veo hermosa con cualquier cosa que me ponga.

  Cuando la cercanía de Enzo se hizo física, no solo por su voz y manera de expresarse, sino porque literalmente su cuerpo estaba a centímetros de ella y su piel casi rozaba la suya no pudo evitar sonrojarse levemente. Un escalofrío recorrió su espina dorsal cuando el contacto se hizo real, aquella cálida mano acariciando su mejilla ¿Era real? ¿Acababa de imaginárselo?Sus ojos habían vuelto a él, no sabía cómo lo hacía que siempre acababa  mirándole con gran expectación. Por un momento se vio tentada a retener aquella mano, no dejar que se separase... nunca nadie la había mirado de aquella manera o había tocado su rostro con tal delicadeza, llegaba a sentirse realmente deseada. Era increíble, nunca pensó que nadie conseguiría hacer latir a su corazón... que lo hiciese saltar de emoción con tan solo un roce.

 Quedó maravillada por el momento, tal es así que fue Enzo quien con su increíble facilidad para socializar la trajo de vuelta a la realidad del momento. Una voz encantadora, igual que las notas que conseguía arrancar con dulzura de su violín ¿De dónde había salido aquel fantasma? ¿Dónde había estado Enzo durante tanto tiempo? Había despertado en ella un sentimiento que creía muerto y resultaba cierto aquello que decían. Pese a vivir unas pésimas condiciones en Venecia, esas condiciones adversas solo alimentaban que situaciones como aquellas se produjeran, que la gente buscase ser amada y aceptada... al menos por una última vez.

¿Sería aquello "amor a primera vista"? ¿Sería como en las novelas que tanto había leído?

 La siguiente pregunta, curiosa, hizo revivir de nuevo aquella parte atrevida de Astoria. Hablar de su trabajo era algo que la llenaba por completo, puesto que era algo que ella misma había logrado por sus medios, y así compartirlo con alguien más era como compartir uno de sus más grandes tesoros. Sabía que era raro, puesto que siendo mujer ostentar a todo ese poder como guerrera y no como simple mujer casada con X noble no era lo habitual y por lo genera espantaba a más de una. Aún así, lo importante era que no podía evitar sentirse orgullosa de si misma y de todo cuanto había conseguido.

Su rostro se iluminó por completo y sus ojos ardieron con fervor, se mordió el labio inferior antes de comenzar a hablar con una espléndida sonrisa. Llenó el espacio que Enzo había dejado al separarse de ella. Ni tan si quiera se dio cuenta pero se había vuelto a acercar a él peligrosamente. Le tomó la mano, con la palma mirando hacia arriba.

 - Si, soy la médium más conocida de Venecia ¿No lo sabía? ¿Quiere que lea su fortuna? - Su agarre se vuelve más certero y asciende hasta su muñeca tirando de este hacia ella con fuerza. No le fue difícil conseguir arrastrarle, no era un peso demasiado contundente... luchaba contra Noctis, aquello no era nada. Pegó el cuerpo del chico a ella con un solo movimiento y en ningún momento soltó su muñeca, no le agarra para hacerle daño solo para evitar que escapase. Sus ojos se volvieron felinos, casi parecía otra chica. Le hizo girar con facilidad, solo tuvo que tirar del brazo que mantenía aprisionado y tuvo su espalda contra ella. Su altura no era mucha así que se vio obligada a golpear su hueco poplíteo, ese tras la rodilla, para hacer que clavase una rodilla y así acercar su boca a su oído, hablando en apenas un susurro, un tanto seductor la verdad (aunque no era el momento).- En realidad soy mucho peor que una medium, soy la pesadilla de cualquier Noctis. Estás ante la presencia de la Sub-General Astoria Pendragón... mi trabajo no es el que uno se esperaría de una mujer, pero sí, soy exorcista.

 En cuanto terminó le soltó, ayudándolo a ponerse en pie. Su sonrisa seguía siendo la misma, encantadora y dulce con las mejillas levemente sonrojadas. Sabía que aquella era la prueba de fuego, todos solían huir después de aquello... y sinceramente no era de extrañar. Se cercioró de no haberle hecho daño y volvió a tomar la mano que antes estuvo aprisionada con la inicial delicadeza que mostró. Le dio vueltas a su mano esperando no haber dejado marca o haber dañado dicha extremidad.

 - Siento no ser muy ortodoxa en mis formas, mis padres me matarían si ven que me comporto así antes un hombre, pero hace mucho que decidí que los modales eran, a veces, solo una mera formalidad para agradar a alguien y por ello yo me deshice de ellos cuanto pude... lo cual no significa que no tenga modales, pero soy consciente de que no soy lo que uno se espera de una señorita de mi clase y nombre. Lo sé, lo siento... Enzo ¿No te hice daño no?


Take me as I am... Or never come back
 At the end, you will regrest it.


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Re: Preludio [Priv. Astoria]

Mensaje por Enzo Rossi el Dom Ene 28, 2018 6:37 pm

Enzo no pudo evitar reírse por los comentarios de la rubia. – Desde luego la fama sobre los músicos nos precede tanto aquí como en Viena... Probablemente deba hacerle caso a su madre y no fiarse de un apuesto violinista al que acaba de conocer, ¿quién sabe qué clase de perversiones y oscuros deseos albergará el alma de un infame musicante?




Vaya vaya, ¿qué había pasado con la tierna Astoria, la que hablaba sin parar y daba cortos paseos para controlar sus nervios? ¿Quizás el roce de la piel de Enzo contra la suya había despertado la pasión en la señorita? Una sonrisa confiada se dibujó en el rostro del violinista. Aquella mujer era una caja de sorpresas, desde luego. Sus ojos verdes brillaban ahora con una renovada fuerza, parecían más feroces que antes, aunque aquello no le restaba ni una pizca a su atractivo; al contrario, hacía que Enzo se ensimismara más en su belleza.

Astoria volvió a acercarse a Enzo, que seguía sonriendo. Aquel juego le gustaba, el juego del coqueteo y de la seducción, y aunque no fuese el más experto ni el más mujeriego, un poco de pasión de vez en cuando gustaba a todos, pues ¿no son las pasiones y emociones lo que nos hace sentir vivos? Entonces, mientras Astoria le hablaba, notó el agarre de la joven, tenaz aunque sin llegar a ser violento, y notó como tiraba de él hasta que sus cuerpos quedaron pegados. ¡Vaya, aquello si que era pasión...!

Cuando estaba a punto de soltar un comentario pícaro sobre aquella situación, Astoria le dio la vuelta con energía. El joven quedó de espaldas a ella, y antes de que pudiera ser consciente de lo que estaba pasando, la rodilla izquierda de Enzo estaba clavada en el suelo debido al golpe que Astoria le había dado en el hueco de la rodilla. – ¿Pero qué...? – fue lo único que pudo articular , todavía sorprendido de lo que había pasado en tan sólo unos segundos.

Estás ante la presencia de la Sub General Astoria Pendragón... mi trabajo no es el que uno se esperaría de una mujer, pero sí, soy exorcista”. Enzo no salía de su asombro. ¿Aquella “aparentemente” delicada y bella mujer se dedicaba a liquidar vampiros? “Cualquiera lo diría”, pensó, aún atrapado por el agarre de la Sub General. “¡Y yo preguntándole si era médium!

Astoria le ayudó a levantarse de nuevo. Enzo se sintió un poco avergonzado y la miró abrumado por lo repentino de aquella situación. La rubia seguía sonriendo, con un rostro angelical, como si nada de lo anterior hubiese pasado, y ahora le estaba examinando la mano con delicadeza. Sí, él era un virtuoso violinista, capaz de emocionar y conmover con su música, pero de peleas no tenía ni la menor idea; ni siquiera tenía mucha fuerza física.

¿Por qué siempre me gustan las que están más locas?” se preguntó a si mismo, y se echó a reír. No pudo evitar acordarse de unas cuantas mujeres por las que había sentido algo a lo largo de su vida. De pequeño se enamoró de Valentina, una niña preciosa a la que le encantaba comer bichos. Cuando llegó a Viena estuvo con Olivia, una flautista alemana increíble hermosa a la que le encantaba emborracharse hasta el punto de dar conciertos totalmente embriagada y a la que echaron de la orquesta por vomitar durante un ensayo. Luego vino Luisa, una panadera española que había conocido en uno de sus conciertos en aquel país y con la que estuvo viviendo una temporada en Viena. Tuvo que dejarla porque se sobrepasaba con él en la cama: le encantaba usar a Enzo como a un saco de boxeo.

Y ahora había puesto sus ojos sobre la Sub General Astoria Pendragón, que le había engatusado con su aparente inocencia y acababa de hacerle una llave nada más conocerse. Ya lo decía su padre: “No tienes buen ojo con las mujeres, Enzo. A este paso, jamás encontrarás a una buena esposa”. ¿Y quien quería una buena esposa? ¿Quién era una buena esposa, una mujer sumisa, aburrida, alienada? Para eso, prefería pasarse toda su vida entre locas mujeres borrachas, violentas y que sabían pelear mejor que él (aunque eso era bastante fácil de superar).

Desde luego, estoy de acuerdo en eso de que eres poco ortodoxa – dijo por fin el muchacho, calmando su risa. – Tranquila, estoy bien. Sólo me he llevado un pequeño susto, jamás nadie antes me había hecho una de esas... técnicas, o como se llamen. Tengo suerte de no ser un noctis, o de lo contrario estaría acabado. – Dio gracias a Dios un segundo por que su integridad física siguiese intacta, y volvió a mirar a la joven, esta vez totalmente recompuesto del meneo que le había dado Astoria. – Bueno, si hemos de dejar los modales a un lado, supongo que no pasará nada si me tomo la libertad de hacer esto...

La mano de Enzo volvió a posarse en la mejilla de Astoria, esta vez con más tenacidad que antes. Sus labios se posaron sobre los de ella, y comenzó a besarla con suavidad y sensualidad. Aquella mujer ya había dejado claro que no era una dama cualquiera, y había logrado embriagar a Enzo de su locura. Sabía que podía llevarse una buena bofetada por lo que estaba haciendo, pero a él no le importaba. Quería besarla, y lo hizo. Podía ser la mismísima Sub General de la Academia de exorcistas, que a Enzo no le importaba; para él era Astoria Pendragón, una mujer dulce pero también guerrera, una mujer llena de energía y también de ternura. Era volátil e impredecible, y eso le gustaba.

Por fin se separó de ella, y le miró profundamente a los ojos, sin borrar una pequeña sonrisa pícara de su rostro. – ¿Con qué me sorprenderá ahora, querida Astoria? Sólo le ruego que se apiade de mis manos, mañana tengo que deleitarla con mi violín y sería una lástima no poder hacerlo como es debido...
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Re: Preludio [Priv. Astoria]

Mensaje por Astoria Pendragón el Lun Ene 29, 2018 3:15 am



PRELUDE
Before the light


Un beso para olvidarlo todo. Un beso que hace removerse el alma. Un beso que podría hacer bailar hasta al corazón de un muerto... Un beso. Fue todo lo que necesitó, un simple pero magnífico beso y la tuvo entre sus redes. Era pasmosa la facilidad con la que se había dejado llevar. Era increíble como el efecto de los labios de Enzo conseguían crear sobre ella ¿Era aquello amor a primera vista de verdad? Había dado por perdida la batalla con el amor hacía mucho ya. No era algo que estuviese preparado para ella... o al menos eso era lo que pensaba.

Había dado con la fórmula perfecta para hacer callar a Astoria. Muchos de sus compañeros de trabajo le estarían agradecido y ella también. En cuanto sus suaves labios hicieron posesión de los suyos, sin pedir ni permiso, ella se vio arrastrada sin oponer resistencia. Sus ojos se cerraron instintivamente y sus manos se posaron sobre su pecho. Aquella era la primera vez que probaba aquel manjar de dioses, no exageraban cuando decía que un beso podía cambiar el mundo de cualquiera. Fue un beso dulce, pero había mucha más sensualidad de la que uno podría apreciar a primera vista. Notaba su corazón latir con fuerza en su pecho y aquellas mariposas descritas en libros parecían revolotear sin parar ¿Qué era aquel sentimiento? Se sentía casi en una nube.

En un principio no se esperaba tal atrevimiento por parte de Enzo... no sabía ni que creer que esperaría de Enzo. Estaba totalmente confusa. Se sentía como bajo la influencia de alguna bebida espiritosa. Nunca antes ningún caballero había llegado tan lejos con ella después de hacer lo que acababa de hacer. Se suponía que era el arma perfecta para espantarlos... después de aquello, todos sentían su masculinidad herida y no volvían jamás a pisar la casa de los Pendragón para otra “cita” ¿Y ahora qué decía hacer o decir?

Llevó una de sus manos a sus labios, acariciando la piel, suave... cálida aún por aquel beso. Sus ojos pasaron de mirar al suelo a los ojos de Enzo directamente. Sentía miedo, miedo de que fuera una más y estuviera jugando con ella por diversión, por conseguir algo en específico. Miedo de que sus sentimientos fueran destrozados sin piedad. Si algo sabía era que pese al miedo no podría huir de Enzo ya. Había caído profundamente con una rapidez absurda para una mujer que se tildaba de fuerte, de guerrera y tenáz. Astoria Pendragón había caído en la trampa de aquello que llamaban amor o quizás capricho.

- Ha... ha sido usted un ladrón. Además de músico un ladrón. -Musitó entre sus labios, aún bajo el efecto de su beso. Estaba bajo su influjo, su hechizo. Dio un paso al frente, no dándole opción a separarse de ella, no le dejaría huir.- Espero que su actuación sea tan buena como afirma, o de lo contrario me deberá algo a cambio... un beso no se roba así como así. Lo ladrones siempre pagan por lo que roban si son cazados ¿No?

Otro paso más al frente y no hubo nada que pudiese separarles. Sentía su respiración, su pecho subía y bajaba junto a su propio pulso y respiración. Iban sincronizados, como dos músicos de una orquesta. Con una mano le cogió por el mentón y bajo su rostro hacia el de ella, transformando ese agarre en una suave caricia hacia su mejilla. Sonriendo a su vez, quizás influenciada por aquella sonrisa que no parecía abandonar el rostro de Enzo.

- Iba a decirle que quizás su madre debería de preocuparse más, quizás no le gustaría la idea de ver a su hijo casada con una “salvaje” como yo... pero ciertamente es usted más salvaje que yo. Espero que no vaya por ahí besando a jovencitas a primera vista. - Ladea la cabeza coquetamente para mirarle mirar mejor ¿Qué escondían aquellos dos ojos que no apartaban la mirada de ella nunca?- No soy como cualquier otra chica de las que has conocido, espero que lo tengas en cuenta... y que pese a que acabe de robarme un beso a traición no le voy a poner el juego fácil. No soy fácil de conquistar y si solo quiere jugar siento decirle que no soy quien espera.

>> No voy a mentirle, he tenido muchos más pretendientes de los que me gustaría contar. Ninguno llegó nunca a nada y mis padres terminaron por tirar la toalla... no soy ya una niña y no tengo tiempo para jugar. No sé qué es todo esto y que pretende Enzo. Y le temo, le temo porque podría jugar conmigo sin yo percatarme y acabar por dañarme, temo lo que pueda hacer de mi y lo que este creciente sentimiento hacia usted pueda hacerme... Así que solo quiero dejarle eso claro antes de que de otro paso más y al final se arrepienta de lo que está haciendo.


¿De qué servía seguir dándole vueltas a aquello si lo mejor era siempre ser completamente sincero? Sí, le temía y aún así quería seguir adelante pero no quería que Enzo se hiciese una falsa imagen sobre ella. No quería ser parte de algún tipo de juego, su madre le había hablado de aquel tipo de hombres... de aquellos que gustan de ir de flor en flor y degustar distintos néctar. Le avisó de no caer en sus brazos. Intentaría ser la mujer que su madre hizo de ella, aunque le pese reconocerlo. No era ya una niña, sí se sentía como tal porque jamás había descubierto algo así pero ya no lo era y esperaba que Enzo lo comprendiera.



Aquella era una nueva actuación, la música tocaba a un compás distinto y debían amoldarse a él ¿Estaría dispuesto a amoldarse a aquel nuevo compás?






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Re: Preludio [Priv. Astoria]

Mensaje por Enzo Rossi el Mar Ene 30, 2018 9:45 pm

Sus labios se separaron con suavidad, y Enzo abrió los ojos de nuevo, viendo el rostro sonrojado de la señorita Pendragón. Aún tenía el dulce sabor de la saliva de la chica en la boca, y era una sensación maravillosa. Pese a todo pronóstico, en lugar de un bofetón, Astoria soltó un comentario que lo único que provocó en el joven fue una ligera risa. – Le juro, Astoria Pendragón, que si mañana no logro sorprenderla podrá usted cortarme los todos dedos de las manos. – dijo, levantando el dorso de la zurda para demostrarle a la dama que iba en serio – ¿Y está segura de que le he robado el beso? Cualquiera lo diría... – dijo, con una mirada y una sonrisa que eran pura picardía.



Enzo estaba tan seguro de su habilidad, que no le importaba decir aquello. Tampoco es que fuese su pasión apostarse las partes de su cuerpo fuese con quien fuere, pero si Astoria venía al concierto, el violinista solo podría crecerse más en el escenario. “Astoria no se anda con tonterías; o la sorprendo, o no dudará en rebanarme los dedos de un espadazo”, pensó el joven divertido.


Entonces escuchó a la exorcista de nuevo, que volvía a hablar con aquella fiereza y tenacidad que hacían que Enzo se contagiase irremediablemente de éstas. Pero a pesar de toda su fuerza y coraje, en el fondo pudo ver a la muchacha que había conocido hace varios minutos atrás. Cada vez le gustaba más aquella mujer, aquella exorcista mezcla de fiera y delicadeza, de atrevimiento y de resguardo. Astoria no era ninguna salvaje, como ella se había autodenominado; más bien le parecía como el mar: a veces venía un oleaje, a veces se trataba de la marea alta dispuesta a unirse con la playa y otras era como la marea baja, alejándose y protegiéndose de todo. ¡Qué mujer tan increíble!



El joven la comprendió a la perfección, sus dudas y sus inquietudes eran muy reales para él también, aunque sabía que la presión que ella soportaba para contraer matrimonio era mucho más fuerte que la suya. Enzo agradecía su sinceridad, era algo que apreciaba con creces. – La entiendo perfectamente, señorita Pendragón – esta vez sí se dirigió así a ella. Quería hablar totalmente en serio, y aquel tratamiento le salió automáticamente. – Siento si en algún momento he sido brusco, no pretendía incomodarla ni mucho menos. Aunque pueda parecerle mentira, esto de la seducción a veces me resulta un poco complicado, y no sé si he estado muy acertado con usted. Sé que he ido rápido, pero si he de serle completamente sincero, me gusta. Me encanta todo lo que he visto hasta ahora de usted, y me gustaría conocerla aún más. Y pensaba que yo también le agradaba a usted; me disculpo si no es así.

Enzo hizo una pausa, tanteando el rostro de la rubia. – Lo último que deseo es hacerle daño, señorita Pendragón. Yo también he tenido algún amor que me ha acabado rompiendo el corazón, pero no por ello voy a dejar de amar. Para eso tengo un corazón, para usarlo, para enamorarme. Para eso lo tenemos todos. – Volvió a mirar a Astoria, y su mirada caoba parecía arder. Se estaba dejando llevar, lo sabía perfectamente, pero quería ser sincero con ella. – No puedo asegurarle que vaya a ser su pretendiente final, Astoria... – el registro cambió, ahora hablaba su emoción, que trataba de contener para no importunar más a la mujer – pero lo que sí puedo asegurarle es que si viene mañana, le juro que le haré pasar un momento maravilloso, y después del concierto, podría darme algo de tiempo para demostrarle que no estoy ni mucho menos jugando con usted ni con sus sentimientos...



El músico alzó los brazos ligeramente, sin apartar la vista de la joven. Aun con las dudas y los temores rondándole la mirada, Astoria seguía deslumbrando como la luna llena en un cielo de verano. Tenía ganas de abrazarla, pero sabía que no sería lo adecuado y no quería empeorar la situación. Quizás todo había sido demasiado rápido, y aunque para él no resultaba un problema, entendía perfectamente a la exorcista. – Conóceme... – le rogó Enzo; su voz sonó segura– Conóceme y déjame conocerte, Astoria.
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Re: Preludio [Priv. Astoria]

Mensaje por Astoria Pendragón el Jue Feb 01, 2018 3:53 am



PRELUDE
Before the light



No puedo prometerte un mañana, pero si un hoy... ¿Es eso lo que intenta hacerme entender? - Puso una mano sobre su pecho con delicadeza. Las bromas habían quedado atrás. La conversación se había vuelto tan íntima y personal que no era momento de romper el momento con banalidades. Intentaba encontrar el pulso que su corazón marchaba, aquella era la prueba de fuego. Obviamente no le dejaría saber al chico, aquello parecía un simple acercamiento por la intensidad del momento pero buscaba algo más.-  No es que no me agrades Enzo, viene a ser todo lo contrario. Me agradas demasiado, haces que mi corazón salte de alegría con tan solo una mirada y jamás me había sentido tan serena cerca de otra persona. Pero precisamente es eso lo que me aterra, adoro el hoy, pero temo pensar en el mañana y verme destrozada.

  La luz a su alrededor comenzaba a desaparecer, la noche iba cayendo lentamente sobre ellos y sobre Venecia. Lo que en un principio pretendía ser una corta visita rutinaria se había convertido en toda una expedición a fondo. Daba gracias a que el dueño no estuviera presente, de lo contrario sería muy difícil de explicar todo lo ocurrido y sencillamente esconderlo. El ambiente parecía de en sueño. Le recordaba a sus novelas románticas. Un amor que florece con el primer roce al atardecer de un día cualquiera. El palpitar de dos corazones que acababan de conocerse y pretendían bailar al son... miradas que delataban un sentimiento mágico. Era un momento único.

 Los ojos del uno en el otro parecían querer devorarse el alma hasta lo más profundo. En un principio se había sentido insegura, intranquila, casi nerviosa... pero en cuanto escuchó aquella voz celestial todo se olvidó. Enzo le traía paz y tranquilidad, sabía que era él. Había algo en todo aquello que se lo decía. Era él y sin embargo... no podía ser a la vez. No quería precipitarse, no quería destrozar sus ilusiones y volver a huir de aquel sentimiento. Durante años había huido de aquellas situaciones y ahora estaba allí frente a Enzo. Abriéndose a un desconocido como si le conociera de siempre, como si supiera quien era... como si en otra vida hubiesen encontrado el camino juntos.

  - Usted conoce el amor. Yo no. No sé que es esto que siento, no sé si quiera si es real o es solo una ilusión que ha creado mi subconsciente al verte ahí tocando el violín como salido de una novela. No sé que es esto. Sé que tengo tiempo para descubrirlo y conocerte, es cuanto deseo... pero comprende que no es tan sencillo como parece. -Apretó la mano que seguía pegada a su pecho. Era difícil, mucho más difícil de lo que parecía. Su familia, sus obligaciones, su rol en aquella sociedad... todo estaba siempre comprometido a algo y no deseaba que Enzo se viera envuelto en una maraña que ni el mismo entendiera. Bajó la mirada, fijándola en sus propios zapatos. El cambio de registro en Enzo había hecho que su corazón revolotease, era la sinceridad que desprendia lo que realmente lo accionó.-   Yo tampoco puedo prometerle un mañana, no puedo prometerle que vaya a ser la mujer que debería de ser, no puedo prometerle que sea paciente en muchas ocasiones, no puedo prometerle tantas cosas... pero como has dicho, el momento es el ahora y tenemos un corazón por algo, para amar pese a todo...

  Dejó caer la mano a su costado, elevando la mirada lentamente. Acostumbraba siempre a hablar cuanto sentía o le venia a la cabeza, pero jamás se había pronunciado a cerca de algo tan personal y profundo. Sin duda alguna el ambiente había cambiado, ambos hablaban de verdad, no habían segundas intenciones, dobles sentidos o vueltas. Era todo plano y sencillo ¿De verdad era real? ¿Estaba ocurriendo? Volvió a conectar con aquellos ojos inmensos llenos de nuevas aventuras y recuerdos. Los ojos de Enzo parecían arder con un nuevo fuego mientras que el sol en el exterior se apagaba. Se vio contagiada pese a lo complicado de aquel momento. Dibujó una tímida sonrisa con la comisura de sus labios, que pareció llegar a sus ojos. No importaba cuanto hablase, siempre sería transparente en cuanto a sus actos e intenciones gracias sus facciones y a los dos luceros que tenía por ojos.

  - Si me está pidiendo una cita te la concedo, te concedo la oportunidad también de conocerme y de huir cuando crea que todo es demasiado para ti... Voy a conocerle Enzo, quiero conocerte. - Dio un pequeño paso al frente, acercándose a la mejilla del chico para plantar un suave beso en este antes de apartarse. Era momento de partir, no podía quedarse mucho más allí por mucho que le encantase la idea. Debía volver a casa.- Vendré mañana a su concierto y le reservaré algo de tiempo para que me demuestre cuanto desees. Sin embargo, si no está  a la altura quizás la que robe algo sea yo esta vez... y no serán tus dedos, esos los necesita para tocar.

 Lentamente se fue alejando del escenario y por ende, de Enzo. No era lo que deseaba pero alargar el momento solo lo haría peor. Tenía ganas de conocerle, de seguir hablando con él y si era necesario pasar la noche en vela, hasta que el sol volviese a brillar en lo alto del cielo... pero no debía. Debía tomarlo con calma. Paso a paso. Se alejó, le dirigió una última mirada sonriendo dulcemente antes de abandonar la sala y el teatro. Había sido un encuentro inesperado, intenso... el preludio de algo más. Lo sentía en el corazón. Sí, estaba segura. Sonrió para si misma de camino a casa, recapitulando lo ocurrido. Quizás le dejaba caer algo a su madre en alguna carta, así esta se contentaría... sí, definitivamente sí. Todo era que sí... todo. Enzo, todo es un sí.


Aquella noche, durmió con su violín en la cabeza, con sus manos en su piel y su voz en su corazón.

 


 It's you because no one else makes sense








Última edición por Astoria Pendragón el Sáb Feb 03, 2018 8:05 pm, editado 1 vez
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Re: Preludio [Priv. Astoria]

Mensaje por Enzo Rossi el Sáb Feb 03, 2018 2:12 am

Sólo le estoy ofreciendo un comienzo, Astoria... ¿Por qué tiene tanto miedo? – le preguntó, aunque era más bien una pregunta para sí mismo. La mirada de Enzo brillaba con emoción pero con duda, sí, pero no dudas sobre sus sentimientos, sino sobre aquella enigmática mujer. ¿A qué se debía tanta cautela, más propia de la senectud que de la alocada y lozana juventud? Astoria hablaba y hablaba, se enredaba en unas ideas que sólo ella conocía, y las compartía sesgadas, entremezcladas. “Nunca se ha enamorado y ya le tiene miedo al amor” pensó Enzo, incapaz de responder ante tal discurso, y sus ojos caoba se tiñeron con un aura de melancolía.

¿Cómo explicarle a aquella joven lo que era el amor, lo que era enamorarse? ¿Acaso era el amor igual para cada persona? No, eso no era así. Cada persona ama de distintas maneras. Enzo amaba con pasión y con alegría: se entregaba a la música, a la belleza; amaba a la vida y a las mujeres que de las que se enamoraba. Para él todo ocurría tan sencillo y natural como el respirar; cuando lo sentía, estaba totalmente seguro de que insistir en ello era lo correcto. Muchas personas tachaban sus decisiones de erróneas, pues las mujeres con las que solía salir el italiano solían ser peculiares, extravagantes, maleducadas, pobres o, en general, cualquier mujer que se saliese de la norma acorde con su clase social y económica.

Pero esto no le importaba en absoluto. Con cada persona con la que estuvo, Enzo lo dio todo y jamás se arrepintió. Y sí, a veces el amor dolía, y mucho, pero él no perdía la esperanza. ¿Para qué esperar a las cosas, si los sentimientos eran claros? Estábamos en una época complicada, en la que morir de viruelas, fiebres o tuberculosis era más fácil de lo que se piensa. ¡Y tan sólo imaginarse que aquella muchacha se enfrentaba a los seres de la noche...! ¡Había que aprovechar la juventud! Si querías algo, tenías que ir a por ello, esa era su mentalidad. Jamás hubiera llegado tan lejos si hubiese tenido dudas en cuanto a la música. Jamás hubiese vivido tantas aventuras, tantas experiencias, si no hubiese conocido a otras personas, amigos, parejas...

Quería contagiarle esa alegría, esa actitud positiva a Astoria. Quería hacer que se olvidase de los vampiros, de la Iglesia, de los pretendientes, de las promesas y de los “mañanas”; que escuchase las más bellas canciones interpretadas con su violín. Quería que riese sin tapujos, que fuese ella misma sin ataduras ni complejos, como justo antes había ocurrido. Quería a la Astoria guerrera, y también a la inocente, la quería en estado puro. “[...]te concedo la oportunidad también de conocerme y de huir cuando crea que todo es demasiado para ti...” Enzo pudo sentir el peso de la responsabilidad con la que Astoria cargaba, y se reafirmó en su pensamiento. Cerró los ojos cuando le besó la mejilla y sonrió, recuperando la confianza y la energía que minutos antes rebosaba de su ser. Astoria se separó de él, y Enzo pudo sentir como se alejaba, dejando tras de ella un ligero y agradable aroma, pero no abrió los ojos. Se quedó allí de pie, solo él y sus reflexiones durante unos minutos antes de volver a abrirlos.

Se acercó hacia su violín, que aún reposaba en el piano, testigo de todo lo que acababa de ocurrir. Lo cogió entre sus manos y lo acarició. “Pase lo que pase, siempre te tendré a ti” pensó Enzo, y volvió a apoyar delicadamente el violín en su hombro. Alzó la mano derecha altiva, con el arco sujeto, y la música volvió a llenar el silencioso auditorio. Mañana brillaría y le demostraría a Astoria lo bello que podía llegar a ser dejarse llevar.



Come with me into the trees,
We'll lay on the grass and let the hours pass
Take my hand, come back to the land,
Let's get away just for one day.
Let me see you stripped.
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