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Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Skallgrímur A. Hansson el Vie Ene 26, 2018 1:10 am

Empujó al último de los hombres apostados ante la barra y pegó su cuerpo al mueble de madera, irguiendo su cuerpo todo lo largo que era para que el camarero lo viera.

—¡Eh, tú! —gritó, haciendo movimientos con la mano—. Una jarra de algo bueno por aquí. Como sea una mierda, te quemo el local.

La envejecida figura del camarero se giró lentamente hacia el islandés, como si fuera un muñeco de cuerda oxidado, y su mirada tétrica y reflejo de todo el hastío del mundo se posó en él. El joven mantuvo su sonrisa congelada en los labios, tratando de parecer más simpático de lo que había sonado con la amenaza, pero la fría mirada del hombre parecía rebuscar en su interior y fulminarlo desde dentro, mientras sus manos frotaban el interior de un vaso con un trapo viejo.

—Cuando puedas, eh. Sin prisas —añadió, levantando las manos, mientras veía como el dueño del local devolvía su mirada al vaso y continuaba limpiándolo, con todo el tiempo del mundo. ¿Pero quién le decía nada? Desde luego, él no.

Apartó a un hombre de cabello oscuro de la silla con un empujón, que pretendía ser más suave de lo que realmente fue. Se disculpó de nuevo con una de sus fallidas sonrisas y se apoltronó, esperando la bebida que se suponía que le iban a traer. Sacó la moneda de su bolsillo y empezó a jugar con ella sobre la barra. Parecía un niño pequeño con un juguete, haciendo girar el brillante objeto y deteniéndolo antes de que se cayera. En el fondo, Skallgrímur era como un niño de casi dos metros de altura y unos músculos notables, pero un niño, al fin y al cabo. Aunque no se lo preguntaba, era posible que nunca madurara del todo.

Una jarra de cerveza aterrizó justo delante de sus narices mientras intentaba poner de pie la moneda. Dio un respingo, sobresaltado, y sujetó la moneda contra la mesa para que no saliera rodando, dándosela poco después al barista, que lo miraba con frialdad.

—Como me quemes el bar, te saco las tripas y me hago un abrigo con ellas. —De haber sabido lo que era una serpiente, Skallgrímur hubiese comparado la voz del barista con un siseo viperino, pero se limitó a compararlo con un “ffffff” cargado de veneno.

—Tranquilo, eh —respondió, sujetando la jarra entre sus manos y arrugando la nariz. Pero cuando quiso abrir la boca para devolvérsela, ya había desaparecido. Maldita sea. Bueno, tenía alcohol, que mejor remedio para los males de la vida no había.

Pegó un trago y luego otro. El líquido no era tan asqueroso como para quemarle el local al tío, pero no era lo mejor que había probado. Era lo suficientemente fuerte como para quitarle a alguien poco experimentado el sentido, pero el islandés era un borracho de campeonato. Cuando no estaba en el barco o follando con alguna puta barata, estaba bebiendo, y todos los años de meterse litros y litros de alcohol entre pecho y espalda habían servido de entrenamiento ejemplar. Los tragos iban aumentando y eso se reflejó en las jarras vacías, que se acumulaban a su derecha cada vez que alzaba la mano. Dejaba un puñado de monedas y éstas iban desapareciendo para dejar paso a nuevas jarras.

La gente iba y venía, pero él seguía ahí. No tenía nada mejor que hacer por el momento, así que se giró, con una jarra en la mano, para ver quién más había en el bar. Se llevó una mano a la boca, para quitarse los últimos restos de bebida de los labios, sólo para dar nuevamente un sorbo a su nueva jarra. No le quedaban monedas para pagar una prostituta, y lo cierto es que tampoco le quedaban para pagar las dos últimas jarras, pero... pf. Tampoco tenía porqué pagarlo todo. Muchas bebidas alcohólicas provenían de restos de plantas y las plantas de la tierra, y eso no era de nadie. Así que no había porqué pagarlo.
Sin embargo, algo golpeó su mano y la jarra que sostenía con la misma cayó al suelo, empapando en el proceso la manga y la parte exterior del pantalón. Skallgrímur miró a su alrededor, tratando de encontrar al culpable. Se puso en pie y chasqueó la lengua, viendo a una muchacha delante de él. Su cara le era vagamente familiar, pero no logró saber de qué. ¿Se la habría follado? Bueno, lo importante es que le había tirado la bebida. La bebida que no pensaba pagar pero que, igualmente, era suya.

—¡¿Pero de qué vas, furcia?! —Atrapó uno de sus brazos y atrajo a la muchacha hacia sí. Su borrachera y su fuerte acento islandés apenas permitían entender a su interlocutor qué demonios estaba diciendo—. ¡Capulla! Te voy a dar una paliza tan fuerte que vas a servir para cubrir las grietas de mi barco.
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Marie Labov el Vie Ene 26, 2018 3:49 am


L
a misma historia de siempre, el mismo círculo vicioso  al que tanto estaba acostumbrada... Venecia empezaba a ser exasperarte ¿Alguna vez algo cambiaría a mejor? ¿Ganarían algo? Todas las noches, de todos los puñeteros días desde que había regresado de Francia los pasaban en aquella apestosa taberna. Siempre todos bañados en alcohol y con alguna que otra puta entre las manos ¿Y ella mientras?  Ella mientras observaba aburrida el espectáculo. Cuan simples podían llegar a ser algunos hombres daba asco.

  Como siempre estaba en su mesa, su posición privilegiada. Desde arriba podía verlo todo. Botas sobre la mesa, sombrero descansado sobre el respaldo de la silla junto con su abrigo. Su melena violácea caía en cascada por su espalda hasta casi su cintura. Se aburría y expresión desosegada así lo demostraba. Ya ni bebía. Nada de aquello la llenaba. Se puso en pie, tenía ganas de repartir un poco de leña ¿La razón? Ninguna la verdad, sencillamente estaban poniéndola de mala leche sus propios hombres y no pensaba tolerar más aquel tipo de conductas.

 Se coló entre el batiburrillo, no le fue difícil. Nadie se puso en su camino. Enseguida dio con el primer hombre, borracho hasta decir basta y bastante pasado de rosca. No respondía a órdenes y no quería escuchar a Marie, una desobediencia que solo hacía que acrecentar sus ganas de reventar cabezas. Recibió un empujón por su parte, la sorpresa le hizo dar un par de pasos hacia atrás golpeando la mano de alguien que desconocía. No pidió perdón, solo quería acabar aquel espectáculo de una vez y encerrarse en su camerino hasta que algo realmente importante ocurriese.

Pero oh, sorpresa. El tipo con el que se había chocado iba también borracho como una cuba y pasado de rosca. Genial, ahora no solo tenía que hacer frente a una tripulación insurrecta sino también a otro tío más buscando guerra ¿Quería guerra? Era lo que iba a tener. Sintió el agarre tirar de ella. Miró a la cara a aquel hombre, rubio, rudo, nórdico sin duda alguna ¿No le era familiar? Sin duda alguna ¿Pero qué más daría? Ya puesto a pegar a alguien que fuera por un motivo como aquel.

  Terminó de girarse por propia inercia, apartando el agarre del rubio de su brazo. Sus ojos violáceos relucieron por una milésima de segundos, allí estaba aquella Marie Labov que tanto miedo una vez infundó. La Marie Labov que devoraba sin piedad y aterrorizaba allá a donde fuera. Aquel brillo la delataba, en lo más profundo de su ser seguía siendo aquel ser y su alma inmortal seguía deseando aquel tipo de eventos ¿Cómo negarlo? Si aún queriendo fingir enfado una pícara sonrisa asomó por la comisura de sus labios.

 No fue difícil poner al grandullón a su altura, una patada a la altura de hueco poplíteo tras su rodilla y lo tenía arrodillado frente a ella. Era ancho pero lento y torpe, estaba borracho y además bastante afectado ¿Qué pensaba hacer contra una inmortal como ella? Sí, podría recibir algún que otro golpe si lograba alcanzarla pero nada más. Para Marie sería algo minúsculo pero para él podía ser mortal. Una vez postrado frente a ella con sus gélidas manos tomó su rubio cabello para alzarlo hacia ella, una de sus manos se mantuvo en su pelo y la otra acarició su rostro, no con delicadeza sino arañando aquella humana piel con las uñas. Se acercó a su rostro, sivilinamente.

  - ¿Qué es lo que acabas de decir? Veo que para aparte de dar puñetazos, beber, quizás follarte a alguna puta y maldecir no sirves para nada más... -Su acento francés solía marcarse más cuando conseguían sacarla de sus casillas y convertía la situación en algo mucho más excitante. Apretó aún más el agarre sin temor.- Aquí quien acabará limpiando mi barco con la lengua serás tu pedazo de mierda, y eso si que es un barco no tus cuatro palos atados con cuerda. Has ido a cruzarte con la pirata equivocada amigo mio y de aquí no vas a salir de rositas, pienso destrozarte esta preciosa cara tuya.

Tras lo cual sin esperar réplica le asestó un rodillazo en la boca del estómago con bastante mala hostia. Si no vomitaba todo el alcohol que había ingerido, al menos le sería complicado respirar durante unos minutos. Miró de reojo al dueño del local, que no parecía muy contento con aquel extranjero. Bingo, dos pájaros de un tiro. Ella se desfogaba y además le hacía un favor al tendero. Observó como a su al rededor se formaba un circulo, muchos miraban, gritaban y vitoreaban sin dejar de beber. Aquello le trajo recuerdos muy lejanos, de cuando llegó por primera vez a Vencia con Victoria y ambas sembraban el caos en tabernas como aquella. Aquel nórdico más le valía tener aguante o sino acabaría siendo el hazmerreír del local, no habría manera de limpiar su reputación después... aquella noche, aquella noche si que sería Rider.


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Última edición por Marie Labov el Lun Ene 29, 2018 11:17 pm, editado 1 vez
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Skallgrímur A. Hansson el Lun Ene 29, 2018 2:07 am

Skallgrímur se retorció en el suelo, sujetándose la tripa falto de aire por la patada. ¿Pero de qué iba esa loca? ¿Quién se creía que era para pegarle? Ahora iba a ver, bueno, más bien dicho, cuando pudiese volver a levantarse y volver al ataque, porqué la patada le había dejado sin aire. Abrió la boca como un pez fuera del agua y jadeó hasta que el oxígeno volvió a inundar sus pulmones y le dio renovadas fuerzas. O bajo el influjo del alcohol, eso parecía. El islandés permaneció en el suelo, con las manos recogidas sobre su tripa y mirando con descaro a su inesperada oponente. Aunque estaba mucho mejor, no iba a perder ni un segundo para evitar otra de esas patadas.

—Ya te gustaría, furcia de mar, que una cara tan bonita como la mía se paseara por tu barco, seguro que después de ver tu cara en el espejo sería algo novedoso —respondió, aunque la verdad es que el muchacho pensaba que era bastante bonita—. Pero no, lo siento. Nadie pega a Ári Hansson y sale ileso del ataque.

Se levantó como buenamente pudo y le asestó un puñetazo en la barriga, un poco más arriba de dónde ella le había dado. El chico estaba borracho y más lento de lo habitual, pero era grande y fuerte, por lo que el golpe tendría que dolerle pasara lo que pasara. Su organismo estaba tan lleno de alcohol que no le parecía extraño que una mujer como esa fuese tan fuerte en comparación a un hombre de casi dos metros de altura y brazos grandes como troncos. Por alguna razón que el islandés no lograba comprender (o lograría, de estar sobrio), esa mujer era mucho más fuerte de lo que a primera vista parecía.

—Porqué tú me vas a llamar Ári. Seguro que eres tan inútil —masculló, dando un paso atrás para sujetarse en la barra del bar y tratar de no caerse—, que no sabrías pronunciar mi nombre completo.

El pobre idiota estaba tan perjudicado que apenas podía tenerse en pie sin tambalearse como un pequeño galeón en medio de un maremoto. Todo a su alrededor giraba a tanta velocidad que empezaba a marearse. Las caras eran borrosas y las luces exageradamente brillantes y el rubio se llevó ambas manos delante de la boca para evitar echarlo todo, aunque claro, una vez se soltó, cayó estrepitosamente al suelo. Todos los presentes se rieron, o bien hicieron algún comentario jocoso acerca del “borracho enorme” que estaba montando un espectáculo en medio de uno de los bares más concurridos del puerto. A pesar de eso, al hombre no pareció importarle. Seguía arrodillado en el suelo, sujeto a un taburete de madera viejo, lo suficientemente alto para estar erguido y seguir gritando como un descosido. Un descosido alcohólico.

—¿Ves esta cicatriz de aquí? —dijo a la chica, señalando con sus temblorosos dedos una que tenía sobre su labio—. Me la hice en una pelea de bar. Contra un imbécil como tú, aunque a ese... a ese... —Skallgrímur se echó a reír, clavando las uñas en el asiento, mordiéndose levemente el labio, intentando nuevamente el ponerse de pie—, a ese lo mandé a dormir con los peces. No me importaría recibir una cicatriz de nuevo si puedo hacerte papilla.

Finalmente, consiguió levantarse y extendió los brazos, para mantener el equilibrio. Una veintena de pares de ojos observaba la escena, divertidos por ver como la chica zurraba a ese tío enorme. Muy pocos temían por la integridad de la mujer, pero algunos más lo hacían por la del hombre, que parecía en clara desventaja. Un pequeño grupo al fondo del local comenzó a reírse y uno de ellos, lo hizo en voz más alta. El islandés los escuchó y agarró la jarra de vidrio, que arrojó violentamente contra el grupito del fondo. El sonido de la jarra estrellarse contra la mesa y estallar en mil pedazos hizo callar a todos allí, especialmente al joven de cabello castaño hacia el cual la jarra iba dirigida, que había tenido la pericia suficiente de esquivarla en el último momento y que ahora observaba al nórdico con los ojos como platos y en completo silencio. Skallgrímur sonrió.

—Al próximo mamonazo que lo oiga reírse le meto la jarra por dónde no sale el sol. ¿Ha quedado claro?
Nadie dijo nada, pero el chico tampoco esperaba que le contestaran. Es más, cualquier respuesta hubiese derivado en una contestación violenta. Dicho eso, avanzó hacia la chica, pero cayó encima de ella, a causa de la borrachera, y la agarró por los hombros, volviendo a ponerse de pie, tratando de encontrar el suelo bajo las botas. Intentaba no acercarse mucho, pero es que se había caído y tenía que volver a levantarse.

—Ay, joder —gruñó, una vez pudo volver a encontrar el lugar para levantarse, sabiendo que la había cagado muchísimo desplomándose delante de ella. Como era normal gracias a la fuerza de la chica, no había cedido bajo su peso, pero se sentía bastante extraño y violento, después de insultarla, habiéndola usado de apoyo. Se notaba que, en el fondo, no era más peligroso que un niño con una rabieta—. Ay, perdón, me he resbalado. A lo que iba... eres gilipollas y te voy a zurrar.

Resultaría curioso, incluso adorable, pero viniendo de un hombre enorme como él, que fardaba de haber matado a un hombre cuando lo que había hecho fue estrellarlo contra una pescadería (así que no, no había mentido), no era más que ridículo. Un ridículo adorable, por decirlo de algún modo, si hubiese que definirlo.
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Marie Labov el Lun Ene 29, 2018 11:18 pm


P
ese a ir borracho y por ello ser mucho más lento y débil de lo habitual su resistencia sorprendió a Marie que no le quitaba un ojo de encima ¿Cómo había llegado aquel hombre hasta allí y porque estaba en aquel estado? En el fondo sentía compasión, incluso había conseguido hacer se olvidase un poco de su enfado con los hombres de su tripulación. Le vio moverse ¿Cómo no verle por favor? Si era una mole. Sonrió ladinamente y se quedó quieta esperando a recibir el golpe. Bien es cierto que para su sorpresa imprimió mucha más fuerza de la que esperaba, tuvo que colocar las manos sobre el puño para deshacerse de él a la vez que clavaba las piernas en el suelo siendo arrastrada apenas unos centímetros hacia atrás.  Estuvo a punto de contraatacar tirando del brazo pero al ver que retrocedía y luchaba consigo mismo por mantenerse en pie se contuvo. Sentía la contusión quemando en su estómago, sabía que era una sensación que poco a poco iría desapareciendo... con mucha más rapidez que la de un simple humano ¿Acaso aquel hombre no sabía...? No, no podía ser.

 Otro paso al frente, acercándose a él. Menudo espectáculo estaban montando en la taberna, hacia años que Marie no era protagonista de algo así. Volvía a sentir la emoción de su antigua yo, aquella que buscaba peleas, borrachos, puñetazos y alcohol para olvidarse de lo desdichada que era su vida... Sin embargo aquello lo estaba viviendo de manera diferente. En parte si lo disfrutaba, pero por otra parte sentía lástima ¿Cómo alguien con esa cara y las puertas que esa cara podía abrir se dedicaba a hacer aquel tipo de cosas?

 Permaneció en silencio, había algo que había hecho trabajar a su mente con mucha más fuerza y rapidez que el resto de preguntas... su nombre... Ari... Ari... Ari Hansson. La cicatriz sobre el labio, la cabellera rubia, el nombre, su acento... aquella mole enorme. Sabía que le conocía de algo pero no terminaba de saber de dónde exactamente ni por qué. Le dejó hablar, casi pareciese que estuviese ignorándolo, sin embargo no era así. Intentaba descifrar de qué conocía al rubio.

 Sabía que había quien la miraba de reojo esperando una reacción, sería lo normal en Rides pero no era lo que pretendía. Su mente trabajaba en otra cosa. Además el nórdico estaba ya proporcionando suficiente entretenimiento, no hacía falta devolver el golpe. Haría algo mejor y quedaría además como la dama y capitana que era... Peces ¿Qué decía de peces? Ah ya, ya era. Su mente se iluminó ya sabía quien era aquel muchacho ¿Por qué no se había dado cuenta antes? No hacía mucho que se habían visto en Francia, en su estancia allí y justamente había contado aquella misma historia sobre su cicatriz y sobre los peces.

 Sentir aquel cuerpo enorme que emanaba alcohol y calor golpear con el suyo la devolvió a sus sentidos. Frunció el ceño ¿Qué le pasaba ahora? ¿Por qué no podía estarse quieto? Iba borracho como una cuba y había hecho el ridículo delante de casi todos los piratas de Venecia ¿No tenía suficiente? Sabía que la gente esperaba otro golpe más, que acabase definitivamente con él, pero ahora que le había reconocido no podía simplemente hacer aquello. Ya estaba bien de tanto espectáculo y mamoneo. No iba a darles más de lo que hablar. Empujó al joven al taburete más cercano sentándole sobre este, con la suerte de que la mesa estaba justo tras él, de la barra tomó la primera jarra que encontró, para su suerte era solo agua y se la lanzó directamente a la cara. Quería hacerle espabilar. Necesitaba tener una conversación civilizada con él y que se diera cuenta de quién era ella.

 Se acerca a él rápidamente poniendo la rodilla entre sus piernas, apoyándola realmente sobre el taburete, de esta manera podía ponerse bien cerca de él. Una de sus gélidas manos tomó aquel bonito rostro sin delicadeza y le obligó a mirarla directamente con detenimiento, si ni aún así se daba cuenta de quién era definitivamente se confirmaría que era un estúpido adorable.

-  Skalgrímur A. Hansson, por muy bonita que sea tu cara nadie querría a un hombre como tu en su tripulación. Un hombre incapaz de reconocer a una mujer hermosa como yo. - Sus ojos violáceos escrutinan los ajenos, esperando una reacción. Apestaba a alcohol y de haberse podido marear lo habría hecho, temía sobre todo que le potase encima. No tenía ganas de tener la cena de aquel hombre sobre su cuerpo la verdad... eran la antítesis, ella sobria, consciente, limpia y oliendo de maravilla... no podía decir lo mismo de Ari.- ¿Cómo no puedes recordar a Marie Labov estúpido Nórdico?

   Se separó de él exasperada y miró a su alrededor, dio dos golpes a la mesa más cercana y miró a sus hombres de manera amenazadora. Más les valía ser obedientes y salir pitando de aquella taberna sin que tuviera que repetirlo más veces, sino que se olvidasen de trabajo y de hogar. Dio una vuelta sobre si misma, pagó al tabernero lo que Ari no iba a pagar guiándole un ojo. Su posición era ahora amenazadora, tenía las manos sobre las caderas y aquella característica mirada. Sí, la habían echado de menos pero aquella mirada los aterrorizaba, habían visto de lo que era capaz y no querían perecer bajo aquellas manos.

-  Ya está bien, se acabó el espectáculo cada mochuelo a su olvido caballeros... Y vosotros, al barco ¡Ya! No me hagan repetirlo más eh... ¿Queda claro?

  Tan clarito como el agua. Sus hombres apuraron las copas y salieron los primeros de la taberna, como para atreverse a desafiar a Marie una vez más. Suspiró exasperada, quién le diría a ella que su elección de salir a la taberna a “celebrar” su vuelta a Venecia. Ahora miraba a Ari, no sabía qué hacer con él. No sabía si había caído en quien era o no pero no podía dejarlo allí sin más.

- Vamos grandullón, te llevo a mi barco, necesitas espabilarte y quizás un baño. -Pasó aquel enorme brazo por encima de su cuello y le ayudó a ponerse en pie. A cualquier mujer normal aquel esfuerzo le habría costado y probablemente no habría sido capaz de moverle ni un pelo. Sacarle de la taberna no costó lo difícil fue hacerle subir por la pasarela hasta el barco, temió que el que acabaría en el agua con los peces podría ser él y no el tío de su historia.- Vamos Ari, pon de tu parte por favor... ¿Por qué tenías que venir a emborracharte? ¿Qué pretendías? No has cambiado nada de verdad.

 Lo dejó sentado en la cama de su camarote, se apoyó a la ventana que estaba justo frente a dicha cama mirando a Ari... No sabía que esperaba, si una explicación o que al menos la reconociese. Peinó su melena violácea haciendo algo de tiempo, dándose cuenta de que había dejado el gorro en la taberna. Tampoco es que le importase mucho, tenía más de aquellos solo esperaba que quien lo encontrase hiciese buen uso de ello... ¿Qué uso haría Marie de Ari? Si, era eso lo que se preguntaba en aquel preciso momento ¿Qué iba a hacer con él? ¿Qué iba a hacer con aquel adorable idiota?
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Skallgrímur A. Hansson el Mar Ene 30, 2018 8:43 pm

El joven acabó en el barco de la joven, mareado como si hubiese vivido toda su vida en el interior de una peonza. La chica había dicho su nombre completo, Skallgrímur Ári Hansson, y aunque la pronunciación no fuera la mejor (no iba a meterse, él apenas hablaba diez palabras del italiano, y nueve eran palabrotas), sabía cuál era. Así que debía conocerle fuera como fuera porqué aunque fuera un buen pirata, no era mundialmente reconocido. Así que Marie Labov sabía quién era y además, había hablado con él antes. ¿Cuándo? De todos modos, tenía que admitir que le era extrañamente familiar.

—Oye, oye —farfulló, una vez en el interior de su camarote, mientras se quitaba la gruesa capa peluda, heredada de su abuelo, que ahora estaba empapada. Empezaba a tener bastante calor, cosas que tenía el alcohol y además, el agua no ayudaba—. ¿Era necesario mojarme? ¿En serio? ¿Sabes lo que cuesta secar una capa de lana?

Lo cierto es que al arrojarle el agua, el islandés había despertado un poco, aunque aún borracho, estaba un poco más alerta y con la cabeza más clara, así que todo tenía más sentido. Se frotó la cara con fuerza, con la intención de que sus ojos recuperasen la visión normal, pero con la borrachera, sus ojos percibían doble. En ese momento, lo principal no era empezar a ver bien, era averiguar quién era la tal Marie, de qué se conocían y por qué lo había llevado a su camarote. Si era lo que él esperaba... No se arrepentía para nada.

—Ahora hay que dejarla secar al... —comenzó, pero le vino una arcada y tuvo que contenerse. Se puso tan pálido como una hoja de papel. Llevó una de sus manos a su boca, y respiró hondo, sólo para contener el vómito y no hacer el espectáculo en un camarote ajeno. En realidad, no le importaba que fuera el camarote de otra persona, lo que le importaba es que estaba en el camarote de una chica bonita y ella no había puesto ninguna objeción a que se sentara en su cama. No era momento para echar toda la cena—. Ay, disculpa.

Entonces, cuando volvió a ver a la chica tras disculparse, los recuerdos llegaron a él como un flash. Ahora sí que recordaba haberla visto, ya había caído. Estaba en Francia, exactamente no recordaba la ciudad, pero sus compañeros y él habían parado para repostar. Franz y Klaus se habían ido cada uno con una prostituta distinta, pero él acababa de volver de un encuentro con una pelirroja bastante bonita y risueña, así que en ese momento no tenía muchas ganas de irse con otra, tanto aguante no tenía. Se había sentado afuera de un bar, y allí encontró a Marie. Le sorprendió mpezaron a hablar, él le contó lo de la cicatriz, le enseñó a decir su nombre completo, porqué ella se negó a conocerlo sólo como Ári. Le explicó de dónde venía y lo cierto, fue algo extraño, porqué no acabaron en el camarote de ninguno de los dos. Skallgrímur tuvo que irse corriendo porqué un borracho Franz estaba intentando quemar a una prostituta porqué le había exigido más monedas de lo acordado.

—¡Eh! ¡Ahora me acuerdo de ti! —exclamó, poniéndose en pie de un salto—. ¡Te vi en un bar en Francia, de noche! No sé cómo pude olvidarme de tu pelo morado. No es que haya muchas chicas con el pelo morado, Marie.

El joven parecía bastante contento consigo mismo, por el hecho de haberse acordado de ella. Extendió los brazos, aunque tuvo que volverse a sentar, porqué seguía sin aguantarse de pie. La cama rechinó bajo su gran peso y el joven se rió al sentir el crujido. Dio un par de botes más, sorprendiéndose de lo blandita y cómoda que era. Se preguntó dónde podría comprarse ese colchón, pues el suyo tenía más agujeros que ciertos quesos y era un poco molesto pincharse con los muelles si se movía un poco por la cama, aunque supo que no era el momento de preguntarlo. Se olió a sí mismo, cuando un desagradable olor le llegó a las fosas nasales. Arrugó la frente cuando se dio cuenta de que era él mismo lo que desprendía un hedor tan fuerte. Una mezcla de alcohol, olor corporal y mar.

—Creo que necesito un baño —masculló, pasándose una mano por la cabellera rubia que estaba enredada y sucia. ¿Cuándo demonios fue la última vez que se bañó? Ni se acordaba ya, pero para él, acostumbrado a hacer siempre lo que le daba la real gana, había olvidado todos los deberes mínimos para mantener relaciones sociales.

Recordaba cuando era pequeño y su abuelo lo metía en la grandísima tina de madera, llena de agua que calentaba previamente. Le limpiaba a consciencia, quejándose de lo sucio que llegaba a casa siempre. “Eres sólo un niño, pero comes y te ensucias como si fueras tres. A ver si trabajas como tres también” solía decirle. Recordaba exactamente esas mismas palabras con su voz, y entonces, tuvo un poquito de nostalgia por su tierra, de enormes llanuras verdes e inmensos volcanes. Echaba de menos al viejo Askur, naranja y peludo, con el que estuvo jugando la mayor parte de su vida. Se dijo, que si algún día regresaba a la miserable Islandia con una cierta fortuna, recuperaría a su perro primero que nada.

—¿Dónde puedo lavarme? ¿Y la capa? Es muy importante para mí —musitó, mirando de reojo a la muchacha. Aún no se había planteado la razón de su inmensa fuerza, pero... ¿Qué más daba? Pretendía ayudarlo, y eso era todo lo que importaba. Cuando le miró, sonrió ampliamente.
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Marie Labov el Jue Feb 01, 2018 2:20 am

¿Cómo no iba a reírse ante tal panorama? Sí, era un grandullón y vaya con el grandullón pero era tan inocente y tan...¿adorable? Es que casi que no le importaba que le vomitase en los zapatos. Se mordió el labio inferior ahogando esa risa que amenazaba por hacerse audible. Se giró negando con la cabeza y buscó en su camarote aquel famoso cubo en el que tantas veces alguno que otro había terminado vomitando después de una buena borrachera, daba gracias a no tener que limpiar nada nunca. Porque no quería como acabarían los barracones aquella noche después de la borrachera que sus hombres llevaban... pues como aquel hombre.

Veo que empiezas a recordar, no te quejes... el haberte mojado un poquito te ha ayudado y todo. - Le quitó de las manos aquella capa a la que le tenía tanto cariño. Simplemente era agua, no ocurriría nada pero si se quedaba más tranquilo la extendería sobre la silla de su escritorio y el escritorio. Así estaría bien lisa y se secaría con facilidad. Que exagerados llegaban a ser los hombres.- Sí, la misma. Marie Labov, a la que le contaste un montón de historias durante tu estancia en Francia a la que le prometiste una visita si bajabas a Venecia... menuda manera de reencontrarnos ¿No crees?

Ahora si que rió audiblemente. Llevaba un par de días sin casi sonreír o reír pero aquel enorme oso rubio que saltaba sobre su cama cual bebé, había conseguido arrancar una sonrisa de ella, iluminando su por lo general sombrío bonito rostro. Se contoneó frente a él, dirigiéndose a la puerta de la derecha de la cama. Ella contaba con su propio baño, habían acondicionado su habitación para que fuera su despacho, habitación y para que además contase con su baño privado. Convivía con muchos hombres, lo que menos le apetecía era tener que compartir el baño con todos ellos. Dejó la puerta abierta, contaba con todo lo necesario allí dentro. Era el típico baño que se esperaría de una mujer. Para que mentir, Marie se había acostumbrado a aquel lujo en Francia y no lo perdería por ser pirata. Accionó el grifo de la bañera, el agua no saldría muy caliente, a aquellas horas solía pasar pero por suerte saldría lo suficiente templada como para que el humano pudiese disfrutar del baño. Cogió toallas limpias y volvió a la habitación.

- Que no sirva de precedente... te permito un baño en mi bañera. A partir de ahora si quieres usar esa bañeras tendrás que ganártelo.- Le guiñó un ojo. Se paró frente a él sujetando la toalla con una manos en alto. Alzo una ceja, no pensaba ponérselo fácil en aquella ocasión solo que él no lo sabría directamente. La otra mano descansaba sobre su cadera.- Cógelas, pero más te vale que no encuentre ni una mancha extraña en ellas ¿Queda claro? Puedes usar mis jabones también, son de lo mejor de Francia... Cuando te adecentes y vuelvas a ser una persona algo más ebria, hablaremos. Tienes mucho que explicarme. Alé alé. (en Francés es como decir “vamos”)

¿Estaba coqueteando? Quizás un poco. Aquel encuentro había mejorado su humor, tenía ganas de jugar un ratito. Hacía mucho que no se olvidaba de todo y era sencillamente ella ¿Qué más daría si era con aquel muchacho? Era apuesto, joven, fuerte... sano... bueno a medias, en aquel momento no tenía pinta de estar muy sano. No sabía por qué, pero ver a un hombre en aquella posición, sin sentirse avergonzado delante de una mujer había que se sintiera atraída. Significaba que estaba tan seguro de su masculinidad que le daba más bien poca importancia a verse débil frente a una mujer... o eso o iba muy borracho y era tonto. En aquel momento, prefería pensar positivamente de él.

No iba a poderse estar parada, no solo en un sentido físico. Sino que sabía como se sentía Ari en aquel momento, estaba perdido, en un lugar que no conocía y con un idioma desconocido. Ella había estado en es misma posición. Había tenido suerte, de haber encontrado a Marie unos años antes aquello no habría ocurrido, pero algo había cambiado en ella y no pensaba dejarle solo. Si tenía que hacer de una madre con él lo haría solo con tal de hacerle salir adelante y ser un hombre capaz en aquella cruel sociedad italiana que tanto exigía de todos sus ciudadanos.

- Bienvenido a Venecia, muchacho. Espero que estés preparado para este mundo, porque sino se te comerán lentamente, y no será placentero...( a menos que sea yo quien te devore). -Aquello último lo pensó para si misma, no lo hizo real. No lo expresó con palabras, no venía al caso. Le apremió a levantarse y coger las toallas. Sabía que en cuanto se pusiera en pie sus cuerpos se rozarían un instante. Quería ver su reacción, llevarle al extremo. Sería divertido. No me temas Ari, tengo aún mucho que enseñarte.- Mueve ese culo rubiales, que se enfría el agua.
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Skallgrímur A. Hansson el Vie Feb 02, 2018 1:13 am

El joven se levantó, llevándose una mano a los ojos para, de nuevo, recuperar su visión. Cogió la toalla y cuando se rozaron levemente al ponerse el islandés en pie, no dijo nada, sólo apretó los labios levemente y marchó en dirección al cuarto de baño de la mujer. El hedor que desprendía era molesto incluso para él (quién había estado criando ovejas la mayor parte de su vida), así que lo mejor sería lavarse y dejar de oler como si acabara de salir de un estercolero maloliente. Esa no era la impresión que Ári quería dar, obviamente. Pero antes de adentrarse en aquella inhóspita zona, se giró un poco hacia Marie y, con una sonrisilla socarrona en el rostro, dijo:

—Yo voy a lavarme, pero si quieres, puedes entrar a echar un vistazo. No me importa, las cosas bonitas deberían ser vistas más a menudo. —El joven abrió la puerta y se adentró en el baño, ignorando si ella pensaba meterse o no, o directamente, si lo había hecho.

Se deshizo de la ropa que llevaba puesta. Se había hecho más grande desde que abandonó Islandia. Sus años en los barcos en los que había vivido lo habían convertido en el chico fuerte que era y la ropa que debía usar tenía que entrarle en esos músculos tan grandes que tenía y de los cuales se sentía tan orgulloso. Una vez se hubo quitado la ropa y la dejó tirada por ahí, se sumergió en el agua, que al meterse, se desbordó. Bueno, es lo que hay.

Había un montón de jabones (porqué aunque no lo pareciese, el islandés sabía lo que eran) de colores distintos, con flores algunos. Frascos con perfumes y demás, que sólo de ver la inmensa cantidad de los mismos le abrumó. Cogió uno que estaba prácticamente nuevo, blanco y con algunos pétalos rosados en su interior, y lo acercó a su nariz. Olía muy bien. ¿Se enfadaría Marie si lo usaba? Tal vez era especial o algo, pero olía muy bien y él quería oler así de bien. Bueno, por un poco de jabón no diría nada, y el precio se lo podía devolver sin problema, no creía que una pastilla de jabón fuera para tanto.

Así que comenzó a restregarse el jabón por todo el cuerpo, deshaciéndose de la mezcla de olores nauseabunda que impregnaba su cuerpo. Lavó también su cabello, que ya aparentaba tener un color castaño cuando en realidad era muy rubio. Nunca le había gustado llevarlo largo, así que cuando ya podía recogérselo con la mano, por poco que fuera, le daba un tajo con el cuchillo que llevaba en su cinturón. Así, corto, era más fácil de lavar y de secar, y por supuesto, nadie te cogía del pelo en medio de ninguna batalla. ¡Todo era cuestión de estrategia, por supuesto!

El agua de la bañera retiraba suavemente junto al jabón la suciedad de su cuerpo y consideró que estaba listo cuando estaba bien limpio y olía bien. Se levantó, volviendo a derramar algo de agua por el oleaje y salió de la bañera sin problema. Observó a su alrededor, como lo había empapado todo y con una de las toallas que le había dado ella, comenzó a secar todo lo que pudo, escurriendo el agua de vuelta en la bañera. No es que Skallgrímur se preocupara mucho por lo que la gente pensara de él, bueno, un poquito sí (como todos), pero no quería que la primera vez que alguien le prestara un baño lo dejara todo inundado, como si hubiese sacado el agua del mar y la hubiese derramado por toda la sala. Así que el chico terminó de quitar todo el agua que podía retirar con la toalla y se secó el pelo y el cuerpo antes de salir, cubriéndose con la última toalla seca que quedaba allí. Aún le duraba un poco la borrachera, pero era lo mejor que un tonto como él era capaz de hacer.

—Marie —dijo, con un tono dócil y con la cabeza un poco gacha—, creo... que se ha mojado un poco el baño. Lo he secado y eso, pero aún está un poco mojado. —Torció la cabeza unos instantes, dubitativo, y volvió a hablar—. Es que al meterme se ha salido todo, ¡pero es que había mucha agua!

¿Tan difícil le era decir un “lo siento”? Posiblemente a Marie le hubiese gustado más un “Oye, he mojado todo el baño, lo siento, de verdad, te ayudaré a secarlo” que la excusa del islandés para librarse de la posible bronca de la chica. Pero él, como los niños pequeños, era incapaz de aceptar que algo era culpa suya y buscaba otros culpables a los que cargar el muerto. En ese caso, era la cantidad enorme de agua, pero no él, por haber tenido más cuidado.

Alcanzó la capa y se cubrió con ella, dejando la toalla sobre el respaldo de una silla, sin perder de vista a la mujer. ¿Y su ropa? En el baño, por supuesto, empapada. Supuso que debería dejarla secar, pero no se atrevía a entrar de nuevo y meter las patas en aquella inundación. Ya había metido la pata lo suficiente como para entrar, resbalarse y golpearse la cabeza. Ya no tanto por morirse y eso, era porqué iba a morir de un modo muy patético y para eso, haberse quedado criando ovejas en Islandia, la verdad.

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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Marie Labov el Vie Feb 02, 2018 9:44 pm

En lo que el muchacho tomaba aquel tentador baño decidió que quizás la mejor idea era ponerse cómoda. Estaba en su propia casa, tenía todo el derecho de tomarse las libertades que desease. Si iba a jugar, jugaría muy fuerte. Desprendió las horquillas que mantenían su pelo en su sitio, peinándolo con las manos para que cayera libre por sus hombros y espaldas. Abrió su armario para colgar la blusa, la chaqueta, los pantalones... en general la ropa exterior. Quedó su curvilínea figura vestida con un corsé y unos culotes. Se movía descalza por la habitación, escuchando de fondo el sonido del agua al caer al suelo. Se imaginó perfectamente lo que estaba ocurriendo y no pudo más que reír.

  Cuando salió del baño le miró de arriba abajo sin repaso alguno, sabía de sobra que aquello pasaría. No solo el incidente con la bañera sino además el que apareciera semidesnudo frente a ella sin pudo ninguno. Paso por su lado para contemplar ella misma con sus ojos el desastre del baño. Se tapó la boca para esconder una sonrisa divertida, en realidad no le importaba, ella misma había inundado más de una vez el baño... carraspeó, le haría pagar por aquella desfachatez aunque no fuera un real agravio para ella.

-  Bueno, eso ya no tiene remedio... -Susurró girándose, cerrando la puerta tras de ella. Se había deshecho de la toalla, como no y ahora solo cubría su cuerpo su adorada capa. Seguía sin comprender como podía ser tan grande, tosco y a la vez tan adorable. Parecía un niño pequeño. No era un hombre. Tenía muy claro que aún le quedaba mucho por aprender.- Pero en cambio puedes hacer algo para compensármelo.

  Comenzó a andar hacia él, quizás con más contoneo del que debería pero esperaba que quedasen bien claras sus intenciones. Sí, había pasado de la decepción y el enfado a la lujuria, pero ¿Qué podía hacerle? Al fin y al cabo también era humana y llevaba mucho tiempo sola. Aquel grandullón ya había llamado su atención una vez, en Francia, no iba a dejarlo marchar por segunda vez y sin catarlo. Colocó la mano en su pecho y con cada paso lo fue empujando de espaldas a la cama. Pretendía sentarle, así estaría a su altura. Se coló entre sus piernas con un sinuoso movimiento y sostuvo sus norteñas facciones entre sus manos. Clavó sus violáceos orbes en él. Sabía que había algo más dentro de aquella rubia y hueca cabecita. Por un momento se quedó en silencio, no sabía que más quería descubrir en aquellos ojos, quizás encontrar esa chispa de pasión... ¿Qué quieres de esta vida Ari? ¿Cuál es tu objetivo?

 - ¿A qué has venido a Venecia Ari? - La pregunta salió sola por entre sus labios. Una de sus manos empezó a peinar su suave cabellera dorada. Ahora parecía un hombre diferente, bueno...hombre...  ahora al menos olía bien. Eso le hacía ganar puntos con Marie. El ambiente empezaba a caldearse y no era del agua de la bañera. La cercanía con un cuerpo humano, con sangre corriendo por sus venas... Era demasiado tentador.- Sé lo que es estar en tu posición, ser el extranjero, no saber el idioma, no saber que hacer y agradecí tener a alguien de mi lado... si necesitases a alguien como yo hice estaría dispuesta a ayudarte, este es tu precio a pagar.

 Tiró de su cabeza con algo más de fuerza hacia arriba, viendo aquella cuadrada y perfecta mandíbula. Mordió su labio inferior con fuerza, intentaba contenerse pero no había manera... era ya demasiado tarde para. Estaba medio desnudo encima de su cama, ella a medio vestir entre sus piernas ¿Qué sino iba a pasar ahora? ¿Iban a ir a limpiar el baño? No, lo siento mucho pero no. Aún así no estaba en ella dar el siguiente paso, se lo había puesto al alcance de sus manos?



¿Cuál será tu siguiente movimiento Ari?
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Skallgrímur A. Hansson el Sáb Feb 03, 2018 8:45 pm

Ári era tonto, pero no lo era demasiado como para no ver las intenciones de Marie. Aún así, prefería hacerla esperar un poco, hacerla desear probar ese cuerpo suyo lleno de tentadores músculos que habían derretido (no hacía falta explicar en qué sentido) a varias mujeres y a algún que otro hombre, aunque él prefiriera las mujeres. Había estado con todas aquellas que se lo habían pedido directamente con un “¿Qué haces por aquí, rubio?” y la pregunta de la francesa “¿Qué haces en Venecia, Ári?” era prácticamente lo mismo, así que sabía qué era lo que iba a venir a continuación, mientras, largamente, extendía un brazo hacia la cadera de la mujer y la sujetaba con uno de sus fuertes brazos.

—Verás, no tengo un rumbo fijo. Salí de un país sumido en la miseria por algo que ni el mayor de los exorcistas podría detener y me dediqué a viajar. Escuché que en la Mediterránea había aumentado el comercio. —Se detuvo unos instantes y se rascó la barba levemente, mientras acercaba un poco más a la joven contra sí mismo. Quería tenerla subida encima, pero ella dominaba la situación y no quería precipitarse—. Y mis compañeros y yo nos vinimos aquí. Realmente... no tengo otro motivo. No tengo planes de futuro, yo. Soy un hombre de presente.

El islandés se relamió, levemente, con una expresión más dulce e inocente de la que hubiese querido. A veces le pasaba, quería poner cara de seductor y solía poner cara de niño que acababa de hacer una travesura. Si no fuese por su barba, aún le seguirían preguntando si no se trataba de un niño enormemente grande. No era un niño, pero sí enormemente grande. Además, ¿Quién se pensaría que el muchacho habría tenido tanta suerte? De pegarse con una chica por culpa de una borrachera en un bar, a estar a punto de follar con ella como dos salvajes.

Acarició suavemente la melena morada de la chica, mirándola a los ojos del mismo color. Era hermosa, no había ninguna duda. Le gustaban las mujeres así, duras, fuertes, valientes... Le gustaba pensar que la mujer que lo trajo al mundo era una mujer fuerte como él, así había salido. Su abuelo sin duda, lo era. Aunque lo conoció cuando ya estaba un poco mayor, su cuerpo fuerte y su vigor daba a entender que de tener unos años menos, hubiese sido como Skallgrímur, pero menos apuesto. Intentó preguntarle acerca de sus padres, pero siempre gruñía y meneaba la cabeza. De todos modos, el muchacho aprendió desde bien jovencito que no debía preguntar demasiado si no quería terminar el problemas más gordos que una mera pelea de bar.

—Marie... Eres muy hermosa —susurró, agarrándola con fuerza y subiéndola sobre sus piernas. No era la primera vez, ni la segunda, ni la tercera. De hecho, ya ni se acordaba de esas tres primeras veces, pero juraría que habían sido en Islandia, con alguna muchachita de alguna granja cercana. ¿Estarían bien, esas chicas desconocidas? El joven meneó la cabeza, tratando de sacarse aquellos fantasmas de su cabeza. En ese momento, esas chicas no importaban, porqué ninguna de ellas era Marie. Y la única que en ese preciso instante tenía un mínimo de importancia para Skallgrímur era la francesa, cuya naturaleza él desconocía.

Se recostó sobre la cama, sujetándola por las caderas para que no se moviera y liberó uno de los costados de la joven, sólo para tener una mano libre con la que deshacerse de su capa. Comenzó a estirarla, aunque era muy grande, él lo era más, y le llegaba por debajo de las rodillas, con lo que acostado en la cama, era un poco difícil. Daba tirones hacia arriba, se notaba que estaba teniendo dificultades para quitársela, cuando por fin, tras dar un pequeño bote sobre la cama y quitársela, la arrogó sobre la silla, de la cual la toalla cayó al suelo. Vaya, él que quería deshacerse de la ropa sensualmente y había quedado como un inútil. Bueno. Su cuerpo lo arreglaría.

—Aquí me tienes. Mira esto. —La chica se encontraba encima de su regazo, por lo que las joyas de la corona, que comenzaban a cobrar vida, permanecían lejos de su campo de visión, pero sí esos músculos, llenos de cicatrices pálidas que tanto parecían gustar—. Pues hoy, es todo tuyo.

Sonrió, satisfecho, dejándose caer de nuevo sobre la cama y liberando la otra mano. Ahora ella, podría hacer con el islandés lo que deseara. Ahora, no era más que un corderito bajo las garras de un lobo hambriento.

¿No había dicho que iban a comérselo? Pues valía más que fuera ella para empezar, ¿No?
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Marie Labov el Mar Feb 06, 2018 12:51 am

No hay mejor vista que un hombre pueda observar que el cuerpo desnudo de una hermosa mujer, y a su vez no hay mayor vista que una mujer pueda contemplar que aquella del cuerpo desnudo de un hombre joven, apuesto y sano... ¿Qué más podría pedir Marie? No tenía más que mirar hacia abajo para poder contemplar aquella maravilla mortal, nunca mejor dicho. Sus gélidas manos recorrieron aquella figura que parecía haber sido esculpida a mano. Hacía mucho que no se dejaba llevar por aquel tipo de placeres, hacía demasiado que no se dejaba llevar y se olvidaba de todo cuanto tenía en mente. Era su momento y no pensaba dejarlo ir, todas las preocupaciones y temores...

 Sonrió con descaro, por la situación en si y por la actitud de Ari. Aún siendo tan sensual le parecía profundamente adorable, no podía evitarlo. Era como un niño grande, pero no podía pedir más. El ambiente del camarote había cambiado por completo, se balanceaban con las marea del  mar, suave y delicada, tal y como sus manos se deleitaban con su piel cálida que olía a jabón, a limpio... adoraba aquel olor. Aquello tan simple... era algo que adoraba, algo que le hacía sentirse en casa.

- Quelle merveille...

 Se deslizó hacia delante, a besos por su torso llegando hasta su boca. Ambos cuerpos fundiéndose en un eléctrico roce de otro mundo. Frío y calor en contraposición. Dos cuerpos tan distintos, uno lleno de vida y el otro que se alimenta de vida, fundiéndose en un ardiente torbellino de emociones incalculable. Sus labios devoraban los ajenos sin reparo, sin pedir permiso. Él había dado permiso sin siquiera hacerlo audible y eso era lo mejor, no necesitaba hablarlo todo para llegar a un consenso e iniciar algo tan íntimo como aquello.

 Se derretía entre sus labios, casi creía haber olvidado el sabor de unos labios, como se sentía su cuerpo que por no general estaba muerto... esas ganas de vivir, esa energía.  Y todo aquello con tan solo un beso. Medios sentada a horcajadas sobre él, más sobre la parte baja de su estómago con los torsos pegados alcanzó a su corsé deshaciéndose del lazo de satén lentamente mientras seguía devorándolo lentamente. Por un momento tomó aire, aunque no lo necesitaba, no supo porque hizo lo que estoy a punto de narrar, sencillamente estuvo a un paso de hacerlo... quizás llevada por la tensión y el fuego del momento. Sus labios, ávidos de él abandonaron sus labios y se dirigieron a su cuello, siento sus agitadas pulsaciones sobre la piel. Su parte más oscura provechó aquella oportunidad de debilidad para hacerse paso en silencio... aspiró aquel arma dulce, no el de su piel limpia, sino el de su sangre joven... ¿Cómo iba a contenerse? Abrió los labios, mostrando aquellos dos perfectos colmillos y entonces volvió en sí.

 Se alejó de un salto de Ari con el corsé a medio quitar, medio caído, mostrando algo más de su escote pero nada más. No podía ser cruel con él, no con él... no le había hecho nada y además desconocía de aquel secreto... lo mejor sería estar en igualdad de condiciones y que finalmente fuera él quien decidiese. Se pasó las manos por el pelo, peinándolo hacia atrás con detenimiento, mordiéndose el labio inferior con fuerza. Le miró a los ojos, levemente avergonzada por lo que había estado a punto de hacer y por lo que estaba a punto de hacer.

-  Arí, hay algo que no te he contado y es justo que lo sepas y que solo después de eso si deseas permanecer aquí o desear huir... -Se subió sobre el escritorio después de colocar sobre la silla la capa del rubiales. No sabía que pasaría después de aquello, pero no era la misma Marie de hacía años y quería hacer bien las cosas. Podría ser solo un calentón y un lío de una noche, pero no le quitará su derecho a saber la verdad. Subida sobre la mesa y con los pies en la silla le miró, suspirando, se armó de valor.- - No estoy viva, no soy la mujer que crees que soy... esto que ves ante ti es solo la carcasa poseída por un ser sin vida. Un ser diabólico y enfermizo que necesita de la sangre de otros para sobrevivir... no estoy viva. Sé que es muy difícil de comprender, que parecerá que es todo una broma, pero no es así.

 ¿Qué estaba haciendo? Aquella situación le parecía tan ridícula, normalmente no tenía anda que explicar casi todo el mundo en Venecia sabía quien era Marie Labov y más importantemente, lo que era. Se sentía rara hablando de aquello en voz alta con el muchacho, pretendía hacer la situación algo natural, sin embargo... era aún peor ¿Qué más podía hacer más que decírselo sin más?

-  No soy humana, soy eso que llaman Noctis. Eso que quieren exterminar, porque nos consideran una plaga... no quiero que te veas involucrado en nada conmigo si no es lo que deseas. No quiero que salgas herido por tener que tratar con un monstruo como yo. Yo a partir de aquí no haré ni diré nada más, no puedo forzarte. La decisión está en ti, tanto de si creerme como no, o como de marcharte de aquí ahora mismo.
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Skallgrímur A. Hansson el Miér Feb 07, 2018 2:27 am

Ári abrió los ojos de par en par cuando ella le confesó su verdadera naturaleza. No terminaba de creérselo. No terminaba de comprender como una mujer tan bella, que además le había dejado usar el baño, era un monstruo como ella misma decía. En Islandia no recordaba que nadie hubiese hablado nunca de un monstruo como aquél. Eso explicaría la fuerza que tenía, cómo siendo una mujer tan delgada, había podido cargar con una mole como era él. Tenía sentido. Instintivamente, se llevó una mano al pecho, comprobando que no hubiese heridas, y luego al cuello. Todo estaba bien, nada de lo que alarmarse.

—Entonces... ¿No vas a atacarme, verdad? —murmuró. No sabía muy bien qué decir, ni qué hacer. De haber sido hostil, Skallgrímur no hubiese dudado ni un segundo en atacar, pero ella no había hecho nada malo. Ella no había hecho más que ayudarlo—. No es que tuviera ninguna posibilidad contra ti, pero... no quiero tener que matarte. Eres buena, me gustas.

De hecho, si ella hubiese intentado atacarlo, él hubiese peleado con uñas y dientes. Hubiese luchado sin rendirse, presentando tanta resistencia como fuera capaz. Era joven, grande, fuerte y había peleado mucho, pero sabiendo lo que era Marie, dudaba haber tenido alguna ínfima oportunidad de ganar él y salir con vida de aquél desafortunado encuentro. Ella no era humana, pero quería ser su amiga. Lo había ayudado en el bar, en Francia y ahora, ahí. Estaba mostrando lo que era, estaba mostrando su verdadera naturaleza, lo cual no hacía más que confundirlo. Se rascó el pelo, sin palabras, sin saber adónde mirar. La situación era erótica, pero esa confesión no había hecho más que extrañarlo. Antes no le había importado, pero es que no lo sabía.

Se sintió bastante vulnerable sin llevar nada de ropa y se cubrió un poco con las mantas. No es que fuese una armadura a prueba de lo que fuera que fuese ella, pero no mostrar su piel al desnudo ayudaba a relajarse, al menos, un poco. Estaba confesando. ¿Por qué?

Entonces lo vio. Ella no quería ser la mala. No quería ser el monstruo. No quería ser la asesina. A pesar de no ser humana, ella era buena. ¿Qué importaba la especie si había bondad en el corazón? Un corazón que, probablemente, no latía. No había intentado comérselo. Ella le daba la oportunidad de coger e irse. La parte más racional de su cabeza le decía que cogiera su ropa del baño, estuviese como estuviese, la capa y se fuera. Zarpara si era posible. Que se alejara de algo como ella tanto como fuera posible. Pero otra parte, le decía que se quedara, que confiara en ella. Aunque luego no hicieran nada, Marie sería capaz de darle cosas que una mujer humana no sería capaz. Ári no era más que un muchacho de campo islandés que había escapado para evitar morir de hambre. Había escapado del lugar dónde se ocultaban sus raíces y había acabado en sus brazos. No tenía nada de especial, había muchos otros como él, sin embargo, ella había decidido confesarle lo que era al joven. Algo habría visto en él que era especial, algo que nunca nadie había visto.

—Nunca había conocido a nadie como tú. —Fue lo más inteligente que se le ocurrió decir—. Pero no me arrepiento. Si no me vas a matar, creo que para mí no vas a ser una plaga. Eres diferente a todas las mujeres que he conocido, no sólo porqué seas... lo que seas. Has tenido el valor de hacerlo, eso es lo que te hace más fuerte.

Exhaló un suspiro y se dejó caer hacia atrás, apoyando los codos para mantenerse mínimamente erguido y seguir mirándola. Aunque había decidido confiar en ella -aunque en un futuro eso pudiese costarle la vida-, no quería quitarle ojo de encima. También es lo provocativa que era y, aunque fuese una especie de ser extraño, era hermosa. Prefería no pensar que estaba muerta, así seguía pareciéndole atrayente. Era muy guapa, le decía lo que quería oír y había estado con él. Era su amiga, la primera en muchos años. ¿Cuántos, exactamente? No recordaba haber tenido una amiga a la que no se hubiese tirado y luego hubiese mandado a tomar viento. Era una relación extraña, pero no le importaba.

—Me da igual quién intente cazarte. Yo no dejo que cacen a mis amigos, y si te consideras tal, puedes tener por seguro de que haré todo lo que esté en mi mano para que no te pongan un dedo encima.

Y cuando Skallgrímur Ári Hansson prometía algo así, lo cumplía. Siempre que pudiera.
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Marie Labov el Vie Feb 09, 2018 9:07 pm

¿Cómo podía ser tan inocente? ¿Acaso tenía que asustarle para que comprendiera? No importaba lo pura que intentase ser de corazón, en su naturaleza estaba el tener que alimentarme de gente como él, de mortales... de gente inocente y quizás en más de una ocasión dañar a alguien. Por mucho que intentase evitarlo muchas veces era imposible no dejarse llevar por lo que uno era.

 Se levantó sinuosamente de la mesa acercándose a Ari. Debía enseñarle de lo que era capaz para que estuviese completamente consciencia de a lo que hacía frente. No quería tener que hacer aquello, el rubiales era un trozo de pan, era puro de corazón y eso le encantaba pero no podía dejarle quedarse a su lado si no era completamente consciente de a qué se enfrentaba cuando se relacionaba con alguien de su espacie. Aquel no era un juego que pudiese pasar por alto. Si iba a involucrarse físicamente debía saber que podría perder el control, que podría desear su sangre... que podría querer matarlo aún si no era realmente lo que deseaba.

-  Sé que tienes fe en mi Ari, pero no soy todo lo buena que crees que soy.- Reflexionó cuál sería la mejor manera de hacerle entender lo que allí ocurría. Se volvió a sentar a horcajadas sobre él en la cama, mirándole a los ojos. Quizás todo cuanto estaba a punto de ocurrir no le gustaría, ni a él ni a ella pero era necesario. Normalmente no haría algo así, Ari necesitaba aprender muchas cosas. No podía ser tan inocente en aquel mundo... aún menos teniendo en cuenta la situación en Venecia.- Es como cuando intentas domesticar un lobo, puede que el lobo te sea fiel y parezca obedecerte pero en ellos subyace una naturaleza que es mucho más feroz que cualquier buena intención. Como un león... en cuanto esa naturaleza se abre paso, no hay quien la controle. Con mi especie pasa exactamente lo mismo, hay momentos en los que es imposible controlar esa naturaleza y aunque nos opongamos supera nuestra fuerza de voluntad...

Le tomó suavemente del rostro, sus panos reposando en su mandíbula. Sus ojos violáceos analizaban aquel puro rostro casi sin pena ¿Por qué un monstruo como ella tenía que ir a pasar con alguien como él? Tanto que aprender, tanto que enseñar... temía que si lo dejaba ir se arrepentiría pero si no lo dejaba ir... también ¿Qué hacer? Debía demostrarle tanto. Sabía que aquel muchacho cumpliría su promesa, que sus palabras eran sinceras ¿Pero hasta que punto? ¿Hasta que viera al verdadero monstruo en ella?

 El silencio se fue alargando en el tiempo. Finalmente su rostro lentamente su fue acercando al ajeno, en un principio pensando en sus labios o eso le haría creer a él. Desvió la cara de Ari sin esfuerzo alguno, dejando su cuello al descubierto. Enseguida, con la mirada, notó su yugular, ir a ella sería demasiado peligroso, por lo que decidió hacerse con alguna secundaria igualmente palpitante. Abrió sus labios, mostrando aquellos perfecto dientes afilados y los clavó en su cuello. Se hicieron paso sin problema alguno y enseguida aquella dulce sangre con cierto deje a alcohol llenó su boca. Hacía tanto que no sentía aquello. Un gruñido casi animal se precipitó por su garganta y cerró los ojos para no perder la concentración. No iba a matarlo, solo quería que supiera qué era realmente a lo que hacía frente.

 Lo siento.

 En cuestión, aquello no debería de estarle doliendo. Por lo que había aprendido los de su especie se alimentaban de tal manera que más que dolor podían llegar a infligir placer, pero era un placer muy peligroso. Aquello podía convertirse en una adicción o incluso llevar a la muerte si no se tenía cuidado. Sabía que el susto no se lo quitaría nadie, jamás había conocido un ser así... ver esos dientes y su facilidad para penetrar en carne humana eran aterrador, pero podía realmente ser placentero.

No se mantuvo más de unos segundos alimentándose de él. No era su propósito. Lamió su herida tras acabar, de tal manera que sanaría en cuestión de minutos. Ventajas de estar muerta, siempre lo había pensado pese a no ser algo que adorase. Suspiró echando la cabeza hacia atrás, controlándose en todo momento para no perder la concentración y sencillamente devorar su yugular. Relamió sus labios lentamente, deshaciéndose en aquel sabor. Sus manos estaban apoyadas sobre el estómago del muchacho, un poco de distancia no le vendría mal.

-   No es todo tan bonito... un paso en falso y habría atacado tu yugular... - Bajó lentamente la cabeza para volver a mirarle a los ojos. Necesitaba que lo entendiese bien. Echó su cuerpo hacia delante, apoyando una mano sobre la cama, justo al lado de la cabeza de Ari. Concentración. Concentración.- O podría haberte arrancado la cabeza ¿Lo entiendes? No es tan fácil como querer ser buena de corazón. Hay ciertas cosas que debes tener en mente en todo momento. No soy como tú, no estoy viva y la única sangre que corre por mis venas es la de gente como tú. Es algo que no puedo evitar si deseo seguir con vida y más que con vida sana  mentalmente.

 >> Mi existencia en este mundo es contra natura, debería estar muerta no viva y para mantenerme debo alimentarme de humanos. Es algo innato en mi naturaleza y si me dejo llevar podría tener consecuencias irreversibles. Eso tienes que entenderlo muy bien Ari. Aquí en Venecia hay mucho más como yo y no todo el mundo es sincero y aún menos en los tiempos que corren, debes tener cuidado... tienes tanto que aprender.


 ¿Qué hacer con él? No podía evitarlo, por mucho que quisiera empujarle lejos y no volver a verlo algo en su corazón le obligaba a permanecer a su lado y ayudarle. No sabía que era, hacía sigilos que no se sentía así... su alma gemela, su compañera del alma, Victoria era la única que había conseguido mover su corazón de aquella manera ¿Qué tenía aquel rubio que hacía aflorar un sentimiento parecido? Deseaba saberlo pese al riesgo ¿Estaría Ari dispuesto? No lo sabía pero no le dejaría ir sin antes llevarse una cosa más consigo, lo último...

 Pegó sus labios a los de él, ahora cálidos por haberse alimentado de él. Seguía pudiendo saborearle en su boca, pero de manera diferente. No fue un beso muy largo, lo suficiente para hacerse con lo que quería y después dejarle ir. Se separó lentamente, observándole

¿Qué harás ahora Ari? ¿Entra esto dentro de tus planes?
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Skallgrímur A. Hansson el Mar Feb 13, 2018 3:42 am

El mordisco no fue doloroso. De hecho, lo peor fue contemplar el poco tiempo que los vio, aquellos dientes afilados como dagas, y el hecho de saber que se estaban clavando en su piel y probando su sangre. Alimentándose de su sangre. El muchacho tragó saliva, observando a la mujer sin terminar de creérselo, en una mezcla imparable de confusión y miedo, de placer y pavor. Ella era buena, o se lo hizo creer, pues acababa de morderle. Pero lejos de hacerle daño, sólo había sentido placer. Un suave cosquilleo enroscándose cerca de su garganta, y que le hizo soltar sin ser capaz de evitarlo un suspiro.

—Marie —susurró, cuando ella se separó. Quería alejarse, pelear, enfrentarse a ella, pero era incapaz. Se llevó dos dedos a su cuello, recorriendo la piel de aquella zona hasta encontrarse los dos pequeños orificios de la mordedura. Levantó la mano y vio como las yemas estaban manchadas de sangre, y casi se mareó. Pero no fue eso lo que sucedió—. ¿Qué me has hecho?

Pero no tuvo tiempo a responder. Marie habló y se vio obligado a cerrar la boca para escucharla. Venecia era peligrosa, ¿Pero qué lugar no lo era? En su país natal, había estallado un volcán que había matado a gran parte de la población y había sumido su tierra en la miseria. Las cenizas del volcán se habían extendido por todas partes y muchas cosechas morían. La piratería en el Mediterráneo se había vuelto un todos contra todos, una caza a barcos más pequeños y piratas más débiles. Todo era peligroso, aún sin esas criaturas a las que la francesa decía pertenecer. Pero aquello sólo hacía que empeorar la situación.

El cuerpo de ella se inclinó hacia él y los labios de ambos se unieron en un cálido beso, que el islandés creía que sería frío como un témpano. A pesar del mordisco, no lo rechazó. Correspondió al beso como si el alma le fuera en ello, como si no fuera a darle un simple mordisco si lo hacía mal. Se esmeró, incluso, hasta que ambas lenguas volvieron a ser individuales. Quiso tocarse los labios, al igual que lo había hecho con su cuello, pero no lo hizo. Tragó saliva y aguardó unos segundos, sin estar muy seguro de cuál sería su próximo movimiento. Ni el de ella, ni tampoco los suyos propios. Ella no le había matado, aunque tenía todas las posibilidades para hacerlo. Las preguntas golpeaban su mente desde dentro y no sabía cómo responderlas. Menos en ese momento.

—Pero no lo has hecho —dijo, con voz ronca. No se esperaba que pudiera hablar en ese momento, pero lo hizo—. No me has matado. Y podrías haberlo hecho. Y puedes ahora. ¿Por qué no lo has hecho? ¿Qué te mantiene a perdonarle la vida a un hombre sin nada en ninguna parte?

No es que el joven quisiera morir, ni mucho menos. Lo que no entendía era como una criatura, un ser tan poderoso como ella, en comparación a los humanos, podía tener interés en él. Podía chupar su sangre, dejarlo seco como el ojo de un tuerto y tirar su cuerpo al mar, para que varios meses, quizá años después, lo encontraran varios pescadores en un estado repugnante enredado en sus redes. No quería eso. Pero sabía que, por alguna razón, tampoco era lo que Marie quería. Ella lo quería con vida, como un diamante en bruto al que quieres pulir.

—¿Qué te ata a mantenerme con vida? Porqué no quiero morir, pero tú tampoco quieres que muera. De desearlo, ya lo hubieras hecho. —Se quedó en silencio unos segundos más. Sus emociones se enredaban alrededor de su cuello como una soga que cada vez le apretaba más y más. El miedo, el enfado, la confusión, la simpatía, la amistad que sentía por ella y una emoción desconocida a la que no podía poner nombre.

¿Qué era aquello? ¿Y por qué, a pesar de todo el miedo y la desconfianza, Skallgrímur decidió quedarse con Marie? ¿Por qué, sin saberlo, había decidido convertirse en su compañero inseparable?
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Marie Labov el Jue Feb 22, 2018 5:30 pm

- Es algo complicado de explicar, va mucho más allá de la vida y la muerte. No puedo permitir que esto que soy me domine de lo contrario perdería mi corazón para la eternidad y no es algo... no es algo que desee. Ya lo experimenté y dar  marcha atrás, suele ser imposible. - Sus dedos dibujaban círculos en su piel. Desde la herida que había cicatrizado ya casi hasta su estómago. Estaba sentada sobre sus caderas y le miraba desde allí casi con resentimiento. No era porque se arrepintiera de lo que acababa de hacer, sino porque le dolía tener que hacerle ver de aquella manera lo peligroso que podía ser Venecia y ella misma. - Es fácil perder el control, lleva siglos perfeccionarlo y aún así, muchas veces es nuestra naturaleza quien gana la partida... yo no puedo volver a ello, de lo contrario no sería la Marie que observas delante de ti.

 Ella no había podido decidir su destino cuando el momento llegó y quería que Ari fuera capaz de decidir que clase de vida quería llevar. Si prefería la seguridad de la ignorancia y de una simple vida mortal o involucrarse en temas que normalmente sobrepasaban el entendimiento mortal. Codearse con inmortales no era algo sencillo, siempre conlleva daños colaterales... eso es inevitable. Marie no quería que Ari saliera herido por ello pero tampoco podía hacerle huir ella misma, era él quien debía de decir. Ella no quería verle marchar. Veía futuro en él... pero de nuevo, era decisión del varón.

- No hago todo esto con el único fin de asustarte, solo de hacerte ver que la vida no es fácil aquí en Venecia y que puedes elegir cuál será tu destino. Hacerse amigo de un Noctis ahora mismo no es la idea más acertada, es peligroso... no quiero ponerte en peligro innecesariamente y quiero que tengas la oportunidad de elegir qué vida prefieres. Quiero que tengas la oportunidad que yo no tuve a tu edad.

 Quizás para muchos aquellas situación sería extraña, ambos semidesnudos, por no decir desnudos en el caso de Ari, sobre una cama... en una postura que por norma general no daba pie a conversaciones o debates... bueno sí, pero no verbales de aquel tipo. Habían hecho la conversación derivar hasta un terreno tenebroso y oscuro, un territorio lleno de misterios que Ari aún desconocía y que quizás, Marie le mostraría lentamente. Sus manos seguían absortas en su calor, en los latidos de su corazón y en sentir la circulación de su sangre mortal por bajo los capilares... le parecía hermoso, su cuerpo jamás volvería a funcionar de aquella manera y envidiaba a Ari por ello. De ahí que quisiera hacerle elegir pero como se demorase mucho en su respuesta acabaría por devorarle él quisiera o no. Estaba jugando con fuego. Marie podía no ser mortal pero era una mujer como otra cualquiera y el cuerpo que reposaba bajo su propio cuerpo no le pasaba desapercibido a la vista.

 - Voy a apremiarte a que tomes tu decisión, pero no quizás ahora mismo... ahora mismo hay algo más que quiero probar que quizás te sea mucho más... atractivo que la idea de tener que decidir ahora mismo si deseas o no ser mi amigo... - Su voz se convirtió en un arrullador susurro. En rara ocasión era notable su acento francés, salvo cuando susurraba o elevaba demasiado la voz. Atusó sus cabellos inusualmente violáceos.  Lo dejó caer sobre uno de sus hombros.- Esto puede ser Venecia, pero aquí dentro, mientras que estemos los dos solos puede ser cuanto tu desees...

 Definitivamente se deshizo de las ataduras de aquel odioso corsé dejando al descubierto su pétreo torso, igual de joven y terso que hacía ya... demasiados años. Su piel pálida relucía con aquellas suaves luces de velas y la noche a su espalda. Se mordió el labio inferior sin poder contenerse ni un segundo más y se abalanzó a por su presa. Hacía unos momento había conseguido paralizarlo, quizás hacerle sentirse mal y quién sabe qué más... ahora debía recompensarle como se merecía y le haría disfrutar de aquella noche como nunca antes le habían hecho disfrutar.

 Su boca ávida llenó de besos su cuello, sus labios ahora rozaban aquella zona con mimo, con suavidad intentando contrarrestar lo que antes había sucedido. Sus manos recorrían toda la expansión de su cuerpo, todo aquello que sus ojos ahora cerrados no podían contemplar sus manos lograban dibujarlo con un realismo apabullante. No iba a dejarle indiferente. No necesitaba decir nada más para hacerle entender lo que su alma o lo que quedaba de ella pretendía decirle.

 Unos labios que unidos hacían maravillar a cualquiera, un beso que podría durar eternamente con un fuego latente bajo las lenguas. Caricias que parecían de otro mundo y dos cuerpo irrealmente perfectos que parecían encajar el uno con el otro sin esfuerzo. El calor del cuerpo del rubio parecía alimentar la vida de aquella que hacía mucho había dejado de vivir. Eran dos almas que se entrelazaban y retorcían al ritmo del vaivén del mar.  Sus manos, conocedoras, buscaron sin reparo alguno aquello que bajo su trasero había empezado a crecer sin remedio alguno. Ambas se hicieron con el mando, sin problema alguna y con suavidad pero fogosidad terminaron pero despertar a la bestia que dormitaba en el interior del rubio.

 Demuéstrame todo cuanto tienes aquí dentro Ari, sé que eres mucho más que un atractivo y tontorrón rubiales Islandés. Demuéstramelo, me muerto por verlo todo...




 Let's misbehave together, Will you?
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Skallgrímur A. Hansson el Dom Mar 04, 2018 3:38 am

—¿Hm? Ya te he dicho que me daba igual, que yo quería ser tu... Mm... —Cuando la “joven” se abalanzó hacia su cuello, como una tigresa hambrienta, el islandés no se quejó. Llevó una de sus manos hacia el cabello de ella, y enredó sus dedos en los largos mechones de ella. Apretó los labios, formando una fina línea con ellos, pero pronto se relajó y se relamió, soltando algún que otro suspiro de gusto—. Muy bien... así...

En ese momento, poco le importaba que ella fuera un vampiro o lo que suponía que era. En ese momento, todo lo que él quería era tirársela. No era mala, lo sabía. Tal vez el mundo la había hecho más mala de lo que en un comienzo era, pero no quería hacerle daño. Nunca había querido hacérselo. Desde luego, si ocultaba algo, Ári no era capaz de verlo, o tal vez, sus instintos primarios eran demasiado fuertes como para que un hombre simple como era él no se percatara de las posiblemente oscuras intenciones de la mujer.

Durante el beso, sujetó el rostro ajeno con una de sus manos, sin separarse. No quería separarse; si lo hacía, tal vez se rompía algo hermoso que acababa de crearse entre ellos. Fue hermoso, cálido, pero también apasionado. Sentía el fuego en los labios de la contraria y bebía de él, sin temor a quemarse. Deslizó suavemente una de sus manos hacia su cadera, sujetándola con fuerza por allí, impulsándose a seguir. Pero aquello que es bello, puede que también sea efímero, como el beso. Se separó de ella en cuanto sintió sus manos en una zona específica del cuerpo de un varón.

—E-espera —gimió, recuperando el aliento e incorporándose—. Espera un momento.

Se desembarazó de todas aquellas prendas que cubrieran su cuerpo, fueras cuáles fueran. El fuego que había notado en sus labios se estaba expandiendo por todo su cuerpo como un géiser, al igual que por el resto de la habitación. Hacía calor, mucho calor. Esa mujer le recordaba a su tierra natal, una tierra de hielo y fuego, como ella. Una amante de hielo y fuego. Arrojó al suelo toda la ropa y volvió a echarse a la cama, sintiendo cómo su respiración se alteraba.

Su miembro se endureció, cada vez más, entre las manos de la mujer. Normalmente, él se giraría y la colocaría debajo, siendo él el que marcara el ritmo; pero debía saber cuando dejar que le dominaran, y esa era una de aquellas situaciones. Al menos, por ahora. Marie parecía disfrutar de estar encima de su cuerpo, de agarrar con sus propias manos la “serpiente marina”, como le gustaba llamarlo a él, así que por el momento, sería ella la que estaría encima. Pero si le calentaba demasiado, no podía prometer nada.

¿Qué demonios? Era un pirata, lo que prometía, no lo cumplía. Como si tuviese un resorte en su espalda, se levantó y la agarró en brazos, mirándola fijamente a aquellos ojos violáceos que lo tenían casi hipnotizado. Nunca había visto unos iguales. Se giró, con la mujer en brazos y la tiró sobre la cama, con la típica brusquedad de cuando un hombre está muy excitado. Se relamió, viendo a su presa sobre la cama, despojada de toda prenda. Su serpiente quería atacar, y parecía que ese deseo se había expandido hasta adueñarse de todo su ser.

Deseo.

Se colocó encima de ella y colocó sus manos a cada lado de su cintura, y acercó suavemente su rostro a su pecho. Una de sus manos se abalanzó hacia éste, y la boca del hombre comenzó a darle besos y lametones a aquella zona. Primero eran suaves, pero no podía contenerse más. Daba algún que otro mordisco y tiraba hacia sí. No tenía intención de hacerle ningún daño, pero intentaba no sobrepasarse con los brusco que estaba siendo.

Alzó la cabeza, jadeando, y volvió, tras haber tomado aire. La mano que permanecía en su cintura fue bajando poco a poco, hasta encontrarse con la zona erógena de ella y dos dedos se aventuraron en su interior. Se mordió el labio y antes de continuar y mover la mano, la miró a los ojos nuevamente, y con una voz muy ronca susurró:

—Grítame que te gusta. Grítamelo.
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Re: Pelea física - [Priv. Marie Labov][+18]

Mensaje por Marie Labov el Jue Mar 08, 2018 3:11 am

Tonight, I'ma let you be the captain.


Una mirada. Una simple mirada, eso es todo lo que uno necesita para volver loco a cualquiera. Y por experiencia propia Marie sabía, que mirar a los ojos a un hombre casi hasta devorar su alma en la cama, era la mejor forma de hacer que acabasen cayendo hasta lo más profundo del abismo. Y a Marie le encantaba caer en bucles en ese abismo. Era un lugar único, privado... un lugar en el que caricias, besos, mordiscos, fantasías, secretos... todo podía ocurría y todo quedaba ahí dentro ¿A quién no le gustaría un lugar como aquel? Pero pese aquello, podía ser peligroso ¿Pero qué no lo era en aquel mundo? ¿Qué diversión había en lo simple y en lo seguro? Quien no apuesta no gana.

Dos miradas que se devoran mutuamente de ese sentimiento que alimenta tanto odio y tanto poder, el deseo. Como algo tan simple, banal y mortal podía comprender tanto poder, tanta excitación, tales impulsos capaces de volver a cualquiera loco. Lo deseaba, sí. Lo deseaba como hacía tiempo que no deseaba a nadie ¿Qué de malo tenía el querer sentirse deseada y apreciada de aquella manera? Era de una las mayores satisfacciones de aquellas asquerosas existencias ¿Por qué no cumplir al menos aquello que estaba a nuestro alcance?

  Si piel se erizaba, se retorcía y se helaba con cada mordisco. No sabía como era que podría haber olvidado tal sensación, tal fantasía. En cualquier otra circunstancia habría peleado de vuelta por obtener el mando sobre Ari, peor deseaba verle en su esplendor y desde donde mejor podría comprobarlo era siendo la más sumisa de las amantes... al menos por el momento. Cumpliría su papel hasta hacerle sentirse complacido. Gritaría su nombre hasta quedarse sin aliento, gemiría en su oído hasta derretir su alma y le haría arder con la fuerza de una tempestad. Le haría probar por primera vez lo que la verdadera pasión era.

  Le tenía entre sus piernas, totalmente entregado a su cuerpo. Contempló aquella joven y escultural  figura, pena que aún ese pobre cerebro no estuviera a la altura para semejante maravilla. Sus manos se deleitaron con cada linea, desde su clavícula hasta su espalda, atrayéndole hacia ella con un leve movimiento. Se mordió el labio inferior con fuerza, aún con aquellas miradas conectadas de una manera que solo podría ser explicada como un hechizo.

-  Gritaré, gritaré tu nombre Skallgrímur Ari Hansson... pero muéstrame de lo que eres capaz. - Un solo susurro, seductor y jadeante. No podría aguantar por mucho más aquella espera. Su cuerpo se deshacía. Ardía sin remedio alguno y su espalda se arqueaba levemente, sus caderas se retorcían... lo buscaban lo deseaban y solo querían tenerlo. Igual que lo había deseado desde un inicio, tomando la iniciativa y habiendo notado su certera excitación, ahora sería él quien comprobase y probase lo mismo.- ¡Hazlo, hazme tuya! ¡Te deseo Ari, sencillamente hazlo!

 Una mano clavada en su espalda y la otra en su muñeca, en la muñeca de aquella mano que diabólicamente le hacía esperar. Acercó sus labios a su oído, a la vez que hacía lo posible por contenerse y no mover aquella mano o sus caderas, cosa que no consiguió y no pudo más que gemir y soltar un suspiro. O se apresuraba y daba de comer a aquella fiera o acabaría por devorarle entero, lentamente y con sumo gusto.  

-   J'Ame! pas... J'étais extatique!


Must be love on the brain
That's got me feeling this way
It beats me black and blue but it fucks me so good
And I can't get enough
Must be love on the brain yeah
And it keeps cursing my name
No matter what I do, I'm no good without youAnd I can't get enough

Must be love on the brain


Traducción:
¡Me encanta! no...¡Me extasia!
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