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La Peste arrasa con todo [Priv. Tristán]

Mensaje por Sarah Westerman el Vie Ene 26, 2018 2:21 am


LA PESTE
arrasa con todo




  Dicen que cuando las cosas están mal la gente suele volcarse para ayudar a aquellos en necesidad, dicen que cuando tragedias como la peste arrasan la gente da todo de si por el resto, el sentimiento de nacionalidad les impulsa a hacer de samaritanos y llevar acabo acciones puras de corazón ¿Era aquello acaso cierto? No, lo dudaba... todo cuanto había visto desde el incidente era destrucción, peleas entre dos bandos y muchas muertes... demasiadas. Colectivos enteros siendo desterrados o directamente exterminados sin darle lugar a el beneficio de la duda.

 Así pues, como joven con ciertos contactos y privilegios decidió que lo mejor por su parte sería ayudar a aquellos que como ella estaban siendo perseguidos. Mestizos. Sabía que su padre no lo habría aprobado y que de estar presente la habría encerrado en su habitación... pero desgraciadamente no podía hacer nada desde donde él estaba. No le fue difícil encontrar un lugar en el que alojar a aquellos seres inocentes, no era nada del otro mundo pero al menos allí podían acogerse a sagrado y esconderse... eso si al Cardenal no le daba por ordenar que destrozasen el monasterio, entonces si que no tendrían donde esconderse. Era difícil encontrar a alguien dispuesto a ayudar a aquellos que estaban siendo exterminados, puesto que si te convertías en cómplice tu también eras exterminado y por muy difícil que pareciese la situación Sarah encontró esperanzas en aquel pequeño monasterio escondido en la Plaza San Marco.

 Solía ir a diario, normalmente durante el día. Era mucho menos sospechoso que salir en mitad de la noche, tapada hasta las cejas y evitando la mirada de todo el mundo... demás de que por las noches habían reforzado la seguridad puesto que sabían que era mucho más probable cazar a alguien a aquellas horas que a plena luz del día. Y aquel día no fue diferente. Solía madrugar para preparar comida que llevar al monasterio, no eran muchos los que allí se alojaban pero podían pasarse días sin comer y a base de tan solo agua, cuando tenía la oportunidad de llevar comida lo aprovechaba. Normalmente vestía con trajes diseñados especialmente para ella y para aquellas ocasiones aquella excentricidad favorecía a su situación. Escondía su rojiza melena bajo un gorro de copa de su padre y su cuerpo bajo un largo y ancho abrigo de hombre, daba gracias porque todo ocurriese durante la época más fría del año de lo contrario habría tenido muchos más problemas para pasar desapercibida.

 Se sabía el camino hasta el monasterio de cabeza, todos los atajos y recovecos para llegar lo antes posible y evitar, si podía, cruzarse con alguien. El sol brillaba en todo lo alto aquel día, apenas había una nube y el cielo se contemplaba limpio, claro... lo cual hacía que la temperatura fuese mucho más fría de lo habitual. Había pensado en ello y agradeció haber guardado unas cuantas mantas en la caja donde llevaba la comida y los víveres. Al llegar al punto de encuentro fue recibida con los brazos abiertos, ya se conocían todos. Eran como una segunda pequeña familia y se sentía completa por al menos poder ayudarles a ellos... aunque realmente no hiciera mucho.

Entre las paredes de madera y piedra del monasterio pudo deshacerse de su disfraz, ya no era un hombre que sencillamente paseaba ahora volvía a ser Sarah con su ardiente melena pelirroja y sus sonrojadas mejillas. Había crecido tanto en los últimos años, su cuerpo ya no era el de una niña. Alguna que otra curva había hecho acto de presencia, su cara se había refinado, su mirada era mucho más tentadora y tenaz y sonrisa encantadora como siempre. Tantas cosas habían cambiado...

 Parecía impensable que un lugar tan lúgubre y ruinoso como aquel pudiese estar tan lleno de vida y ser hogar para tantas personas, incluyendo a Sarah que ya ni si quiera se sentía cómoda en su propia casa desde que su padre no estaba. Enseguida todo se volvió risas, voces animadas, abrazos y caras de alegría. Aquellas familias no lo estaban pasando muy bien pero recibir la visita de Sarah siempre conseguía darles esperanza, más cuando llevaba el violín... pero aquel día fue distinto, no lo llevo. Algo le dijo que no era el momento, que otro día...

 Justo estaba comentando aquello mismo, que aquel día no había podido llevar su violín con una de las niñas más pequeñas cuando las bisagras de la puerta estallaron y volaron por los aires. La puerta calló aplomo, el estrépito hizo que el lugar quedase en silencio. El instinto de Sarah le dijo que corriera, que huyera de allí que lo que estaba a punto de ocurrir no era bueno, iba a acabar muy mal pero no podía dejar a aquellos niños solos. Cogió a los dos más pequeños, mellizos, en brazos y salió corriendo hacia el interior del monasterio, buscaba las escaleras que daban al sótano. Esperaba que aquel escondite fuera suficiente... no pensó más, tan solo actuó por instinto, no se paró a mirar qué ocurría arriba ni qué era de los más adultos. Solo deseaba sobrevivir, salir de aquella.

 Sus mayores temores estaban a punto de convertirse en realidad aquel día. Todo aquello que llenaba sus sueños de pesadillas por las noches se haría real. Toda la situación haría cambiar su vida, no era consciente, no se había planteado en ningún momento huir de Venecia, esconderse lejos y ser totalmente ajena al conflicto... pero aquel día algo cambiaría. Iban a terminar por romper su voluntad y fuerza, para que después pudiese recomponer esos pedazos y crear una nueva Sarah Westerman... y para ello, era necesario primero destruirla por completo.

 Acurrucada en una oscura esquina, dentro de un gran armario viejo, abrazaba a los pequeños contra su cuerpo con los ojos cerrados. Se sentía paralizada, aterrada y aprisionada como nunca... Ninguno hablaba pero sentía en lo más profundo de su ser que los tres deseaban lo mismo:




 “Por favor, dejadnos ir... no queremos morir.”





Última edición por Sarah Westerman el Jue Mar 08, 2018 1:02 am, editado 1 vez
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Re: La Peste arrasa con todo [Priv. Tristán]

Mensaje por Tristan R. Gaitan el Sáb Mar 03, 2018 4:10 am

La peste arrasa con todo
Con Sarah Westerman


Desde afuera, aún sobre su montura, contempló fijamente como se llevaba a cabo un nuevo desastre. El destino era inmensamente cruel con él, incluso con su rol lo era y más desde que ascendió al puesto de capitán. Ahora las personas, no solamente le temían a los exorcistas y noctis; sino que también sienten miedo frente a la llegada de su terrible pelotón.

Nadie lo sabe, pero él tiene en mente encontrarla primero y evitar que cayese de paso en manos de sus hombres. Tristán tardó unos segundos en desmontar; sus órdenes eran las mismas de todos los días y no le sorprendió que alguno lo recibiese de mala manera.

¡Todos ustedes arderán en el infierno! ¡Os aseguro! —le gritó uno de los capturados, riendo a carcajada batiente y luego de maldecir el suelo que pisaba con un buen escupitajo.

¿Realmente sería tan así?

Lo ignoró por completo, tenía otro asunto más urgente y mientras le costaba soportar su terrible ansiedad. Por dentro, andaba bastante necesitado de encontrar alguna mísera hebra rojiza de Sarah Westerman.  ¿Por qué le desesperaba después de mucho tiempo? ¿Será por una cuestión de repentina culpa? Le era difícil estar ahora mismo tranquilo, sabiendo que le tenía tan cerca y a merced de un peligro aún mayor.

¿Acaso nunca vas aprender Sarah?  

En todos esos años, jamás había pensado en ella y hasta que el día en que le encomendaron cazarla por cada rincón de Venecia. Por supuesto, al principio él no se mostró afectado al respecto y sabiendo de que estaba de por medio su orgullo de militar.  

Una vez dentro, Tristán no tuvo tiempo de maravillarse con el decorado y entró rápidamente a perseguir a una figura encapuchada a la distancia. Traspasando por el medio de gradas, deteniéndose solo para calmar su acelerada respiración y rodeando el altar de misa con sumo cuidado, se paró frente a la entrada de lo que sería un oscuro sótano.  

Sin dudarlo, Tristán decidió asechar al encapuchado en su propio terreno y bajó sin hacer ruido por aquellas escaleras. Alejándose por completo del sendero de la luz, sabiendo de que podría ser una trampa segura y el mismo final para alguno de los dos. .




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Re: La Peste arrasa con todo [Priv. Tristán]

Mensaje por Sarah Westerman el Jue Mar 08, 2018 2:13 am


LA PESTE
arrasa con todo



No entres dócilmente en esa buena noche,
Que al final del día debería delirar y arder;
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.



Un sentimiento en el fondo del pecho. La incertidumbre de no saber. Tres respiraciones casi acompasadas y un solo pensamiento: “Por favor, que no nos encuentren”. Sarah se aferraba a aquellos dos pequeños cuerpo con toda su alma. No sabía muy bien qué pasaría si alguien los encontraba, seguramente sería capaz de dar la vida con tal de poner a salvo dos vidas inocentes... ¿Pero era aquel el momento idóneo para morir? ¿Era aquella manera la correcta? Siempre es bonito y valeroso morir por alguien que merece ser protegido, pero... ¿Tan pronto?

  Entonces, como si su corazón lo esperase escuchó aquellos certeros pasos bajando hacia su dirección. Maldijo en su mente y les ordenó a los niños silencio, que se mantuvieran a salvo solos dentro del armario. No podía dejar que nadie saliera de allí sabiendo que estaban ahí escondidos, mejor si se la llevaban a ella. Se escondió entre las sombras, aún encapuchadas. No reconoció a la figura que bajó por las escaleras a toda prisa. No supo quien era, al menos no sus ojos pero su corazón palpitó una vez con la idea de quién podría ser, quizás... Esperó a tener sus espaldas frente a ella. Atacaría antes que él. No podía dejarle investigar. Saltó sobre él como un animal salvaje, no tenía más arma que su cuerpo así pues trató de golpearle con la misma fuerza de su cuerpo para derribarle al suelo. Si ganaba por el efecto sorpresa, tendría algo a su favor.

 Ambos cuerpos se precipitaron al suelo. La capucha de Sarah calló dejando al descubierto su leonada melena pelirroja, aquella que tanto la representaba-a ella y a su famila-. Sentada sobre el estómago de aquel desconocido cuerpo se dispuso a golpearle con el puño cerrado en la cara, esperaba dejarlo inconsciente y sin opción a defenderse, quizás nadie le echaría de menos y no bajarían a por él... o quizás les daba tiempo de sobra a encontrar otra manera de huir de aquel sótano sin ser vistos... no lo sabía, no sabía exactamente que estaba haciendo ni qué ocurriría. Solo quería proporcionar protección a aquellos pequeños niños. Pero en el momento en el que su puño golpearía el rostro ajeno se percató de aquella familiares facciones. Sus ojos se llenaron en lágrimas y no pudo más que contener la respiración.

 ¿Era él realmente? Se sentía decepcionada... quizás hasta traicionada. No sabía muy bien que era lo que recorría su sangre pero realmente la hacía hervir de muchas y diferentes formas. Le tapó la boca con fuerza y clavó su mirada escarlata en la ajena. Sabía que él la reconocería, no era difícil, melenas rojizas como aquellas podría haber muchas pero los Westerman Blueflame no pasaban desapercibidos. Las lágrimas corrían por sus mejillas de impotencia, rabia... y se precipitaban hacia la nada. Ella jamás se habría imaginado a Tristán como a uno de aquellos jinetes casi apocalípticos que se dedicaban a hacer la vida imposible a aquellos que no tenían nada que ver en toda la batalla que estaba teniendo lugar.

  -   Por favor... no digas nada, tan solo vete. No es por mi. No preguntes más solo márchate y déjame ir por esta vez... – Su voz no era más que un susurro, pero un susurro lleno de tantos sentimientos que sería imposible de describir. No podía apartar los ojos de aquel bello rostro tan conocido. Después de aquel intenso primer encuentro en su día, hacía ya mucho jamás había vuelto a pensar en él. Bueno, quizás en algún momento muy esporádico, puesto que de vez en cuando aparecía en sus sueños pero nada más. En aquel momento, nunca se imaginó que un caballero como él podría llevar a cabo aquel papel ¿Acaso podía ser cruel? ¿Acaso era como todos los demás? Menuda decepción.-    Tristán, te lo suplico. Iré a ti en cualquier otra ocasión si es lo que te han encomendado o si lo que desean es mi cabeza y como tal es parte de tu trabajo. Pero por esta vez deja que me vaya, no solo está mi vida en peligro...

 Suplicó con la esperanza de encontrar algo de bondad si es que realmente quedaba algo en aquel corazón. Sus ojos seguían humedeciéndose, no por la posibilidad de que su futuro terminase no muy lejos sino por no poder ayudar si Tristán se entrometía, la impotencia de no poder hacer y de a la vez descubrir que alguien que creías de cierta manera se destape de aquella manera. Su mano en ningún momento destapó la boca de Tristán, ya no sabía si podía fiarse de él, no sabía si tendría que pelear con él y no sabía si quiera si podría considerarle un aliado ¿Qué te ha pasado? Se mantuvo sobre él, dominante cual madre leona que protege sus retoños.

 ¿Qué sería capaz de hacer Tristán? ¿Quién era realmente Tristan? Un sin fin de preguntas se agolpaban en su mente y hacían de aquel momento algo mucho más abrumador de lo que realmente lo era.  Como exorcista tenía muy clara cual era su misión y sería defender a los inocentes de cualquier acto injusto, sabía que esa era la verdadera esencia de un exorcista... sin embargo, como persona cada vez estaba más perdida, sola, sin un apoyo... todo se tambaleaba a su alrededor, aquellos en los que una vez confió ahora le daban la espalda, la gente que tomó como iguales ahora deseaban verla arder.... ¿Qué sería de ella? Jugaba no solo con su vida, entre sus manos sostenía dos vidas más, dos vidas mucho más importantes que su propia existencia pues de rendirse sin más se faltaría a ella misma y sus principios. Ardía de ira, ardía contra la injusticia, contra el dolor, contra todo ellos... ardía porque sabía que quizás, llegado el momento, debía hacer un sacrificio. Y aunque su edad no fuera mucha, estaba dispuesta entrar dócilmente en aquella oscuridad si aquello significaba poder dejar luz para otros.

 - ¿Qué vas a hacer Tristán?






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