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El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Saskia Järvi el Vie Ene 26, 2018 2:27 am

Saskia estaba agitada, impaciente y pletórica, como un niño que espera sus juguetes la víspera de la noche de Reyes. Sentía mariposas en el estómago, y tenía una sonrisa grabada en el rostro. Sólo había un pequeño detalle que nublaba la felicidad de la pequeña: que su querido compañero no estuviese allí. Le gustase o no, les habían asignado misiones diferentes, y tenía que acatarlas. Por otro lado, su misión consistía en uno de sus pasatiempos favoritos además de matar noctis, y encima la compañía era casi inigualable: realizaría la misión con el padre Caruso, un hombre de Dios y un exorcista sin igual.

Pronto estuvieron en frente del edificio. Saskia miró de nuevo el papel donde estaba apuntada la dirección, aun sabiendo perfectamente que ese era el lugar indicado, y volvió a levantar sus ojos escarlata hasta dar con la fachada del inmueble. Una casa sencilla, de dos plantas, situada en una callejuela poco transitada. A pesar de que las cortinas estaban echadas, Saskia pudo apreciar como un haz de luz tenue se escapaba de una de las ventanas, brillando trémulamente en la noche cerrada.

Sonrió, emocionada. Miró a su acompañante, una mirada breve, y avanzó unos pasos hasta llegar a la puerta principal. Los nudillos de la exorcista resonaron con fuerza contra la madera del portón; tras unos segundos, Saskia habló. – ¿Jeanette Vuitton? – Preguntó, con una voz alta y clara. La joven intentó usar un tono serio, pero su voz delató la emoción que sentía en el momento. – ¡Abre la puerta Jeanette, en nombre de la Academia! – replicó con firmeza.

¡Idos al infierno, perros de la Inquisición! – gritó una voz masculina desde la ventana de la segunda planta, justo por la que antes se había escapado la luz. Saskia dio un par de pasos hacia atrás y alzó la vista, con los ojos escarlata abiertos de par en par. Sin dar un segundo de margen, lanzó una de sus cuchillas, que fue a dar en el marco de la puerta. El hombre cerró inmediatamente la contraventana. La albina suspiró; siempre ponían demasiada resistencia. En vano. “Bueno, así será más entretenido” pensó, y volvió a dirigir la mirada a Raffaello. – Como era de esperar, no están muy dispuestos a facilitarnos las cosas... – la joven abrió los brazos en un gesto de resignación, y se apartó unos pasos de la puerta. – ¿Hace usted los honores, padre Caruso? – dijo Saskia, con una sonrisa enferma en el rostro.


Que comience la misión. Amén
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Raffaello Caruso el Vie Ene 26, 2018 2:49 am

El día había sido un auténtico y rotundo fracaso.

No había por donde cogerlo. Simplemente horrible. No quería ser profesor. No a costa de sus deberes parroquiales.

Se había reunido con sus superiores. Bueno, mas bien le habían ordenado presentarse ante ellos en medio de un sermon sobre las cruzadas particularmente bueno, estaba inspirado y de repente, aparecen esos frateres meapilas pidiendo que se uniera a ellos a hablar con el obispo.

Tres horas de charlas después una notita le iluminó el día. Caza de mestizos con una prometedora estudiante, eso siempre es una buena noticia. Mas aún una tan dedicada como era Saskia.

-Les has anunciado que somos mensajeros de Dios, y se niegan a oir sus palabras. -Sonreí cual lobo hambriento ante la puerta. Una honda inhalación, una patada y ya estaban nuestras sonrientes siluetas iluminadas por la luna contra su puerta destrozada- REGOCIJATE JEANETTE VUITTON, PUES LA JUSTA IRA DEL SEÑOR HA CENTRADO SU MIRADA EN TI. EL SANTO OFICIO A ORDENADO QUE PONGAMOS FIN A TU PECAMINOSA Y VIRULENTA EXISTENCIA.

Oí los pasos apresurados, el chillido de una presa y el gruñido de la bestia-madre. Se estaban preparando para dar la cara, perfecto, a mas pelea, mas diversion. Extendí los brazos exuberante de felicidad, pues no hay mayor gozo que ver como las jovenes promesas cumplen la volutad divina, y si mi insignificante ser puede ayudar en estos gloriosos actos de liberación y purificacion, que así sea.

-¿No te regocijas por tu buena suerte Jeanette? Con nuestros actos, la iglesia perdonará tus horrendos pecados, serás perdonada y tu alma, labada, nueva y límpida para recibir el abrazo de Dios, misericordioso ¿Verdad?

Captaba la presencia de mas gente. La impía vampira no estaba sola. Sonreí con anticipación a Saskia. Teníamos órdenes y un hereje impío cerca. ¿Qué mas se puede pedir en esta vida?


Última edición por Raffaello Caruso el Miér Ene 31, 2018 12:56 am, editado 1 vez
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Saskia Järvi el Vie Ene 26, 2018 3:29 am

Saskia dio una pequeña tos debido a la polvareda que se levantó cuando el padre Caruso arrancó las bisagras de la puerta de la pared. La joven estaba relajada y confiada, pero en ningún momento bajaría la guardia; los herejes podían llegar a ser realmente traicioneros. Entró a la casa junto a Raffaello, y miró hacia el techo. Había escuchado un grito, un gruñido y una serie de pasos apresurados. ¿Pretendían esconderse, o quizás intentar algún tipo de emboscada? Necios; no se podía escapar a la voluntad del señor.

Según la información que les habían proporcionado, Jeanette Vuitton era una exorcista de unos 16 años, mestiza. Por lo que había oído, pudo deducir que no estaba sola: muy probablemente estaría con sus padres, uno de ellos un ser del diablo. La finlandesa avanzó por la entrada, con paso lento, pero seguro. Frente a ellos, había una gran escalera que llevaba a la planta superior, a la derecha había una entrada a un salón en penumbra, a la izquierda, tan sólo un gran espejo de marco dorado. No era una casa muy grande, pero por la decoración se podía deducir que la “familia” no andaba escasa de dinero. “¿Acaso pretendían vivir como si fuesen humanos?”, pensó Saskia, disgustada. – Yo iré delante si me lo permite, padre Caruso – le comunicó al padre sin tan mirarlo.

Comenzó a subir las escaleras despacio, que de vez en cuando soltaban un crujido. – Jeanette, no servirá de nada esconderse – dijo Saskia amenazadora mientras escudriñaba todo a su paso – Ni siquiera el monstruo de tu progenitor podrá librarse del castigo del Señor...


En cuanto llegó arriba, una mujer de pelo largo rojizo se abalanzó sobre ella con la mandíbula totalmente abierta. -¡Muere...! -Saskia se anticipó al ataque y dio un gran salto hacia un lado, rodando y levantándose de nuevo – ¡Cuidado, Raffaello! – gritó. “Así que tú eres el monstruo...” pensó Saskia echandole una mirada de reojo. De esa tendría que ocuparse el padre Caruso; Saskia todavía tenía que encontrar a la mestiza. Corrió por el pasillo, abriendo las puertas de una en una, intentando encontrar a la niña. Pero entonces, la vampiresa se dio cuenta y se abalanzó hacia la exorcista con intención de detenerla – ¡!No te lo permitiré, demonio de pelo blanco...!! – bramó la mujer-vampiro, escapando de la pelea con Raffaello.

La peliblanca logró  de nuevo esquivarla, no sin llevarse una dentellada que le desgarró parte del hombro. – ¡Joder...! – exclamó la exorcista enfurecida. La mano de Saskia salió disparada desde su muñeca y se retorció en torno a la noctis, que quedó atrapada en los hilos cortantes de la exorcista. Los profundos cortes en la piel de la vampiresa no parecían importarle; estaba totalmente fuera de control y lanzaba dentelladas en dirección a la albina. “Son verdaderos monstruos” pensó la joven, observando el descontrol animal de la vampiresa. – ¡Ayúdame con ésta, Raffaello! – exclamó apurada segundos antes de que la mujer pelirroja lograse librarse de las ataduras. Ésta lanzó una dentellada letal hacia Saskia, que logró esquivarla a duras penas y cayó de culo contra el suelo. En breves segundos, ela noctis estaba encima, con sus amenazadores colmillos en dirección a la joven. Lo único que Saskia pudo hacer fue sacar una de sus cuchillas y ponerla sobre su cabeza con la mano que le quedaba. Pasase lo que pasase, no iba a morir allí. Ese no era su plan divino.

LEEME:
No te la cargues muy pronto, que haya salseito :dogg:
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Raffaello Caruso el Lun Feb 05, 2018 9:18 pm

-Ho ho ho, adelante, joven Saskia, enseñame de lo que est...

La joven ya se había ido. suspiré exasperado. Estos chavales, demasiadas prisas. Entré en el sitio mirando por encima el hogar. Polvo en niveles normales, la casa medianamente limpia. Sin rastros del servicio. Parecía una casa normalucha con unos habitantes no especialmente rigurosos en su limpieza. Rebusqué en mi sotana mientras echaba un ojo las escaleras por las que subía la joven. Según los informes aquí hay que tener cuidado con la madre, vampira pero el padre podría ser una molestia... Finalmente saqué una hoja apergaminada y un cuchillo normal.

Clavé la hoja en la puerta y la volví a colocar en su sitio mientras escuche un ruido en las escaleras y un grito de Saskia.

-¡Mierda, se me olvidaba, tanta puta prisa!- Gruñí mientras subía las escaleras, a mi espalda la hoja revoloteaba fija a la puerta por el cuchillo. Unas simples frases rezaban, escritas en letras negras:

Academia Krory, no molestar.

Subí las escaleras mientras sacaba un par de machetes de color plateado de mi sotana, cuando un torbellino de pelo rojizo saltó sobre mí gritando obscenidades.



Me dió de lleno y yo cerré los brazos, realizando cortes superficiales sobre las extremidades de la vampiresa. Forcejeamos mientras Saskia seguía buscando por el apartamento. No solía tener problemas con vampiros de este nivel, pero había algo que me desconcertaba. Atacaba y atacaba pero mis golpes no parecían conectar, como si la vampira se moviera de forma diferente a como mis ojos la percibían. ¿Esta cambiando de fase? No, podía ver como algunos de mis golpes desviados dejaban huella, entonces no es que ella estuviera haciendo algo para evitarme, era yo, el que no acertaba...

De golpe mis machetes la atravesaron pero pasaron por su cuerpo limpiamente, sin encontrar resistencia. Y la vi volando hacia Saskia. Con un reniego me lancé a por ella corriendo con todas mis fuerzas mientras se abalanzaba y heria a la otra exorcista. Estaban enredadas en los hilos de la chiquilla pero de alguna manera acabó encima de Saskia, de modo que dejé caer una de mis hojas y la agarré del tobillo. Al tocarla se me iluminó una bombilla dentro de mí.

-¡Hipnotista cabrona!- Dije con una feroz mueca. No una especialmente hábil, pero si bastante molesta. La atraje hacia mí, haciéndola cortes con los hilos de mi compañera, mientras trataba de acuchillarla con la mano libre sin mucho éxito.- ¡Sigue buscando Saskia, ya tengo a esta víbora!

La Nocti se giró y sus ojos rojos inyectados en sangre me miraron con odio mientras abría la boca. Sin muchas mas opciones eché mi cabeza atrás y adelante, embistiéndola de un cabezazo. Mi brazo seguía sujetándola firmemente
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Saskia Järvi el Mar Feb 06, 2018 1:26 am

La noctis agarró la casaca de Saskia en un intento vano por continuar su ataque, pero el Padre logró quitársela de encima. La joven notó como sus hilos filosos se hundían en la carne de la vampiresa cuando Caruso tiró de ella, y un grito de dolor se escapó de entre sus afilados y letales dientes. Se levantó rapidamente con la mano aún enredada en el cuerpo de la noctis y echó una mirada de reojo hacia donde se encontraba Rafaello, que seguía forcejeando con aquella bestia.

Se detuvo unos segundos en posición de guardia, sopesando la situación. ¿Debería acabar con aquel ser infame que había conseguido herirla? Ganas de rebanarle el pescuezo no le faltaban, desde luego, pero cuando escuchó las palabras del Padre y le observó asestar un tremendo cabezazo a la pelirroja, supo que el hombre estaba en lo cierto: tenía que seguir buscando. “He de encontrar a la mestiza antes de que escape” pensó; al fin y al cabo, esa era el principal cometido de la misión.

Dejó que su mano se desligase completamente de su cuerpo, ya que tenía el hombro herido y era incapaz de hacer la fuerza suficiente como para cortar los huesos de la noctis y escapar del enredo. En este momento su mano sólo la estaba entorpeciendo, y necesitaba ser veloz. – ¡Recógela cuando acabes con ella! – Gritó Saskia refiriéndose a su miembro; al fin y al cabo, podría cosérsela más tarde. La exorcista les dio la espalda y comenzó a recorrer los pasillos con una rapidez abrumadora. “Ahora estoy en desventaja” pensó, y una sonrisa se dibujó en su rostro. Una mano era más que suficiente para encargarse de una mestiza de pacotilla, y la sola idea de derrotarla en desventaja lograba divertir a la finlandesa.

Una habitación, otra. El aseo, luego la cocina y... ¡bingo! El salón. Saskia se precipitó hacia el interior de la sala. Se trataba un salón modesto, con una pequeña chimenea casi apagada, aunque la joven no se tomó el lujo de apreciar los detalles de la estancia; había visto cómo la niña y un hombre maduro, muy probablemente su padre, bajaban por la ventana con una cuerda de telas anudadas las unas a las otras. – ¿Así que intentando huír, eh? – dijo Saskia, asomando su blanca cabeza por la ventana – Muy propio de una miserable mestiza, sí.– El rostro de la albina se desfiguró con una sonrisa retorcida y su mirada se tornó desquiciada. Los ojos del padre, que bajaba el último, se clavaron con terror en las rojas orbes de Saskia mientras colocaba su cuchilla debajo de aquella improvisada cuerda.

El filo rasgó la tela, y ambos cuerpos cayeron al suelo con gran estrépito, seguido de un terrible grito que hizo que a Saskia le dieran escalofríos de placer. Su parte más oscura empezaba a aflorar, y un frenesí violento comenzó a inundar la mente de la chica. Saltó por la ventaga con la cuchilla entre los dientes, ágil y gracil, y se agarró a la cornisa con la mano que le quedaba. Los hilos se soltaron gradualmente hasta que la joven estuvo en el suelo, y recogió su mano con rapidez, la misma rapidez con la que volvió a empuñar su hoja. El panorama que vio cuando estuvo en el suelo le hizo soltar una gran carcajada, una risa perturbadora y desequilibrada que evidenciaba la locura de aquella pequeña mujerzuela de tez blanca. Una locura que la siempre la acompañaba y que se manifestaba con la violencia y la furia de la batalla.

Parece que alguien ha tenido muy mala pata... – dijo entre risitas, riéndose de su propia broma. La mestiza sujetaba entre sus brazos al que, supuestamente, era su padre. El hombre había caído mal, y por la postura en la que encontraba, Saskia supo que no volvería a moverse. La joven lloraba, balbuceando cosas ininteligibles para la exorcista, que parecía no importarle nada de aquello. – Por tu culpa, él ha tenido que morir. Y el monstruo que tienes por madre no tardará en sucumbir, si no lo ha hecho ya – pronunció Saskia con dureza y fingida aflicción, y avanzó unos pasos hacia Jeanette. – Ríndete y acabemos con esto. Te mataré de una vez y será Dios quien finalmente juzgue tus pecados. - La exorcista se abalanzó sobre Jeanette, pero ésta saltó hacia atrás y la esquivó. Y para ello, tuvo que soltar a su padre. – No permitiré que me atrapes – la desafió la adolescente, y acto seguido escupió una bola de fuego del tamaño de una persona en dirección a Saskia.

La exorcista lo esquivó con avidez saltando hacia un lado. Con la mano que aún le quedaba, agarró el cuerpo del hombre por el tobillo y lo acercó hacia ella antes de caer al suelo. Pudo ver la cara de la pobre Jeanette descomponerse cuando fue consciente de lo que había pasado. – Ya te lo he dicho – volvió a decir Saskia, que se encontraba agachada junto al hombre inmóvil. – Es mejor acabar pronto con esto. – La cuchilla plateada de la finesa se hundió en el cráneo del hombre, que sólo fue capaz de abrir los ojos con impotente sorpresa y terror cuando la cuchilla atravesó su cerebro, muriendo en el acto.

¡¡¡PADRE...!!! – Gritó la mestiza, con la voz rota por el dolor de perder a un ser querido. Saskia podía sentir su ira y su aflicción, y lo único que el dolor de la joven despertaba en la exorcista era diversión. Además, aquello había sido un acto de piedad. Ese hombre no tenía remedio, y de todas maneras debía morir por el crimen de mezclarse con un monstruo y engendrar a otro. Sacó la cuchilla del cráneo del padre, ahora cadáver, con un firme tirón. Unas gotas espesas de sangre le salpicaron el rostro, dandole un aspecto aún más tétrico a la joven: tenía el rostro desfigurado por una insana sonrisa y adornado con gotas de sangre oscura, le faltaba una mano y la otra, llena de cicatrices, empuñaba su cuchilla empapada en sangre y algo más.

¡Me las vas a pagar, asesina! – gritó la joven con una ira desmedida, y de repente, una gran llamarada rodeó su cuerpo, llegando hasta el lugar donde estaba Saskia. La joven volvió a esquivarlo con un gran salto hacia atrás, pero esta vez cayó al suelo y notó un enorme pinchazo recorriéndole el brazo que momentos atrás le habían mordido. “Tengo que hacer algo con este brazo” pensó Saskia. Podría coserselo, pero con aquella mestiza fuera de control y escupiendo fuego iba a resultar una tarea imposible. Además, contaba tan sólo con una sola mano, por lo que todo se complicaba sobremanera.


Jeanette lanzó otra bola de fuego, y Saskia volvió a esquivarla de un salto, muy ajustada, y le lanzó un par de cuchillas que la joven logró esquivar a duras penas. Una de ellas le hizo un corte profundo en el brazo, pero la herida no parecía tan grave como si se tratase de la de un vampiro. Al parecer, los mestizos eran menos sensibles al material especial del que estaban hechas las cuchillas de Saskia. – Escupe todo el fuego que quieras, pero no te librarás de tu destino final... – Apenas le dio tiempo a terminar la frase, y la mestiza ya estaba volviéndola a atacar. “Qué latazo” pensó, evandiendo todo lo mejor que podía los ataques ígneos de la chica. “¿Dónde narices se había metido Caruso?” pensó  molesta. Desde luego, un poco de ayuda no le venía nada mal en aquellos momentos.
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Raffaello Caruso el Lun Feb 26, 2018 5:16 pm

-Ya eres solo mía, criatura del demonio.- Musité mientras zarandeaba con la vampira. No es que fuera especialmente fuerte pero el echo de que sus poderes hipnóticos aun me atacasen me hacía las cosas mas complicadas. La exorcista había escapado del abrazo de la vampira y siguió buscando por la casa, dejando su brazo detrás.-¡No soy tu maldito chico de los recados, Saskia!

La vampira finalmente se desembarazó de mi y trató de continuar la persecución, pero me había colocado entre la exorcista y ella. Pude escuchar los improperios de Saskia y luego el grito de un hombre. La vampira miraba desenfrenada de un sitio a otro con ansia, intentando encontrar una forma de pasar. El suelo crujía bajo mis botas. Extendí los brazos formando una cruz con mi cuerpo.

-¿Quieres pasar? Inténtalo, monstruo.- Dicho y echo la vampira se lanzó, como un borrón hacia mi pecho, y yo la recibí gentilmente con los filos por delante como un toro embravecido. Chocamos y fuimos a parar al suelo. Mi filo izquierdo se había alojado en su costado, mientras que el derecho había raspado su hombro, pero la vampira estaba lejos de haber acabado. Sus garras me dejaron surcos por todo el pecho mientras nos debatíamos como posesos.

Finalmente acabamos de movernos, quedando yo sobre ella. El suelo crujía con mas fuerza mientras nos debatíamos. Traté de apuñalarla con mi machete derecho pero ella puso sus brazos horizontalmente para bloquear mi brazo. Mi filo estaba a escasos centímetros de su cuello, pero su defensa no cedía. En un alarde de su monstruosa fuerza me estaba haciendo retroceder lentamente.

Con espuma en la comisura de los labios alcé mi mano libre y golpeé con fuerza el machete que estaba clavado en su costado repetidas veces. -¡Ten! ¡La decencia! ¡De! ¡Morirte! ¡De una...!

Crack

El machete se había incrustado en el suelo. Este cedió.

El suelo se vino abajo. Y con él nosotros.

-Maldita sea...AU- Un madero me había atravesado el pié y tenía laceraciones por todo el cuerpo. La Noctis no se movía. Un par de lagrimas brotaban de sus ojos, mientras su boca buscaba aire inútilmente. Una estaca sobresalía de su vientre. Me puse en pié.- ¿Ves lo que... Te decía? ¿Todo eso de... la ira de Dios? Pues eso... Jódete, perra.

Me puse en pié mientras tosía. Una nube de polvo se había levantado. Recogí mis gafas, el cristal izquierdo roto, el derecho intacto. Extraje el cuchillo incrustado en la vampira. La carne alrededor de la herida estaba necrotizandose. La criatura emitió un lastimoso quejido.

-Que te calles, coño.- Un solo tajo y su cabeza rodó por el suelo. Hacía calor. Recogí el brazo de mi compañera. Se debía de haber caído con nosotros. Me pareció oír gritos y ¿Explosiones?- ¿Pero que demonios? ¡Saskia!

Recogí la cabeza y salí por la puerta, sotana calléndose a cachos, pecho descubierto y ensangrentado para ver el pandemonio que la mestiza estaba armando. ¿ESCUPIR PUTO FUEGO? ¿QUE SE CREE QUE ES, UN DRAGÓN? Miré a Saskia mientras me guardaba el brazo en el cinto.

-¿Te dejo sola dos minutos y prendes fuego al barrio? Lo que hay que ver.- Lancé la cabeza de la vampira a la mestiza.- Estas sola, chiquilla. Deja que le pongamos fin a tu sufrimiento, o será peor.
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Saskia Järvi el Jue Mar 01, 2018 11:57 pm

Las voces del padre Caruso hicieron que las dos muchachas desviaran la atención hacia él. Su aspecto era deleznable: la sotana, hecha trizas, dejaba al descubierto un pecho lleno de  contusiones, cortes y magulladuras, y cojeaba de un pie. Pero sin duda, lo más grotesco era que llevaba la cabeza cercenada de la vampiresa bajo el brazo, y el propio brazo de Saskia en el cinto. Sin duda, era toda una visión.
 
La mirada de Saskia siguió a Caruso, que se acercaba poco a poco a ella, para después desviar la atención hacia la mestiza. Su cara cuando Raffaello le lanzó la cabeza de su progenitora fue indescriptible. Pero la finlandesa seguía impasible. Se estaba cansando de ella, de la situación; el juego había acabado. –El padre Caruso tiene razón. –dijo, mientras se acercaba a él y cogía su brazo. Comenzó a cosérselo. –No opongas más resistencia. ¿últimas palabras?
 
La joven mestiza estaba descompuesta, con los ojos abiertos como platos, y su mirada oscilaba desde el suelo, donde estaba la cabeza de su madre, hasta las caras de los dos exorcistas; no parcía que fuera a decir nada.No era sólo terror lo que reflejaba su rostro, sino un amalgama de dolor, pánico e incredulidad. Pero Saskia no sentía nada. Nada lograba conmoverse en su interior; el frenesí de la batalla ya había pasado y ya no quedaba nada que hacer; tan sólo acabar el juego. Acabar con la misión.
 
La albina dio las últimas puntadas, y su brazo volvió a quedar unido a su cuerpo, totalmente funcional, como si nada hubiera pasado. Se acercó a la joven despacio; ya no suponía ningún peligro: estaba rota. Saskia suspiró, y sacó una de sus cuchillas. –Que Dios te juzgue en su infinita sabiduría. –Pronunció la exorcista, y acto seguido rebanó el cuello de la mestiza.
 
La cálida sangre salió a borbotones de la garganta de la muchacha, y su cuerpo se desplomó enseguida. La mirada fría y estoica de Saskia seguía igual, inamovible, mientras veía como el cadáver se desangraba y la luz desaparecía de los ojos de la joven. Tras unos segundos allí quieta, se giró hacia el beato. -¿Qué hacemos con los cuerpos? –Preguntó Saskia, indiferente. Estaba mirando a Caruso, aunque parecía que su mirada iba más allá de él.
 

Lo cierto es que se sentía vacía, carente de sentimientos. A veces le pasaba, sobre todo después de emociones intensas, pero la joven sólo podía dejarse llevar por su locura. Era esclava de su propia enajenación. Entonces, vislumbró la herida de Caruso en el pie, y de algún modo la hizo reaccionar. –Dios mío, tiene una pinta terrible. –Saskia se acercó a él; la verdad es que la exorcista no estaba mucho mejor, pero al menos no tenía ninguna herida grave, a parte del mordisco del brazo. Se agachó para examinar mejor el pie del exorcista. –Si se descalza, quizás pueda coserle la herida para que deje de sangrar… -le miró desde abajo con sus enormes ojos rojos, enmarcados por blancas pestañas. De alguna manera, lograban parecer inocentes en aquel rostro manchado de sangre ajena. -¿Me permite?
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Raffaello Caruso el Mar Abr 24, 2018 12:05 pm

Miré desapasionadamente mientras Saskia remataba a la lastimosa criatura. No tenía la culpa de ser loq ue era, pero en lugar de entregarse y hacer algo útil con su maldición, se había opuesto a la santa iglesia y por ello había recibido su fin. Por desgracia, mientras los fuegos permanecían activos, al menos por un tiempo, la emoción de la caza y el justo castigo habían cesado. Ya no había mas que cazar por ahora, lo cual deja a los cazadores en desuso hasta que el santo estado encuentre mas presas.

Saskia preguntó por los cuerpos, me llevó un segundo reaccionar, estaba con la mente en otro sitio.- Arrojémoslos a algun fuego, que las llamas purifiquen la carne impía.- Me agache y recogí con delicadeza el cuerpo de la criatura. Al moverme se me escapó un bufido, la herida en el pié tardaría mas en cerrarse de lo que esperaba, normalmente no suele tardar mas que unos minutos.

De cualquier modo, cargué a la pequeña mestiza a uno de los fuegos que había ocasionado, que ardía con fuerza. Sin mas ceremonia, la dejé caer dentro. El fuego crepitó y chasqueó mientras recibía mas combustible y el cuerpo se ennegreció en cuestión de segundos, el pelo desapareció y la escasa ropa que quedaba se consumió. Un fétido olor a carne quemada emanó del fuego.

-Regna terrae, cantate Deo, -Empecé a entonar en voz queda mientras extrahía mi misal, pase las pajinas, amarillentas ya por el uso hasta encontrar un rito de exorcismo apropiado.- psallite Domino, Tribuite virtutem Deo.

Exorcizamus te,
omnis immundus spiritus,
omnis satanica potestas,
omnis incursio infernalis adversarii,
omnis legio, omnis congregatio et secta diabolica


Sería una criatura fruto del mal, pero no dejaba de ser un infante atrapado en las maldades de sus padres, medité mientras cerraba mi libro. Mi mirada recayó en Saskia. Su brazo parecía reestablecido y su mirada difusa, parecía una joven normal, bueno, albina. Me debió sentir mirándola por que se interesó en mi salud y criticó mi aspecto. Buena señal, supongo.

-A diferencia de ti, supongo.- Le revolví el pelo con una sonrisa feroz.- Hummmm si, supongo que no puede hacer mal darle un par de puntadas, pero mejor hacerlo en algun sitio mas discreto. Ya hemos terminado aqui por hoy.
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Saskia Järvi el Sáb Mayo 05, 2018 2:55 am

Mientras sus ojos miraban inmóviles cómo ardía el cadáver de la mestiza, la nariz de la exorcista se arrugó; jamás se acostumbraría al olor inmundo de la carne quemada. Lo primero que desapareció fue el pelo; le siguió la ropa y luego, poco a poco, el cuerpo se calcinó por completo mientras el padre Caruso hacía su oración. Sintió algo contradictorio, y por un momento un recuerdo fugaz pasó por su memoria. Se acordó de cuando estaba en Finlandia, en aquellos inviernos que nunca parecían acabar, y se escapaba de su cuarto del orfanato para observar las ascuas de la chimenea hasta que se apagaban. Recordó también el frío que sentía después, y lo mucho que le gustaba meterse entre las sábanas y mantas de su cama y entrar de nuevo en calor.
 
Colocó una mano sobre su brazo instintivamente, allí donde la habían mordido. Notó la sangre viscosa que manaba de la herida. "Ojalá pudiera meterme un rato en una cama" pensó, de pronto se sentía agotada. La adrenalina y el frenesí habían desaparecido por completo, y sentía que todo el cuerpo le dolía.
 
La enorme mano de Raffaello la sacó de su ensimismamiento, y levantó la vista hacia él, con una sonrisa cansada. Ni siquiera se había dado cuenta de cuándo había acabado de rezar. –Como digáis, padre… -los ojos de la joven echaron un último vistazo atrás. El ambiente era desolador. –Informaremos a la Academia cuanto antes, ya se encargarán ellos de mandar a alguien para limpiar el estropicio…
 
La pequeña mano de Saskia se entrelazó con la del exorcista, y sus ojos le volvieron a mirar. –Déjeme ayudarle. Aquí más adelante hay unas escaleras donde podrá sentarse y descansar mientras le curo la herida del pie. –La joven guió a Raffaello muy despacio y sin soltarle la mano. El tacto de su mano le gustó, era cálida y áspera, curtida por la experiencia. "Hacía mucho tiempo que no tocaba a nadie…"
 
-Ya estamos. –dijo, ayudando al padre a sentarse en un peldaño de una pequeña escalinata que daba al portón de una casona situada junto a un pequeño canal. La zona estaba desierta y casi completamente a oscuras, a excepción de la luz trémula de una farola cercana. La albina se arrodilló delante de él y le quitó el zapato con delicadeza, que estaba prácticamente igual de arruinado que su pie. El olor a sangre inundó las fosas nasales de la chica. Sin decir una palabra, sacó una pequeña aguja curvada unida a un hilo rojo muy fino, y comenzó a hendirla en la herida del maltrecho pie de Rafaello.
 
Sabía que aquello era doloroso, lo vivía en sus carnes muy a menudo, aunque estaba prácticamente acostumbrada. Tardó menos de dos minutos en acabar. Cuando estuvo todo cosido, sus ojos volvieron a clavarse en los del padre, y los orbes de Saskia comenzaron a brillar con extraña curiosidad. –En unos momentos comenzarás a notar mejoría… No creo que cure del todo, pero al menos la hemorragia habrá parado y sanará lo más superficial… -Las palabras de Saskia sonaban ajenas; la atención de la chica se centraba en otra cosa.  A través del cristal roto de las gafas de Caruso, la albina pudo fijarse mejor en sus rasgos. "Tiene unos ojos bonitos para tratarse de un viejo…"
 
Y sin quitar su mirada de él, la joven comenzó a subir gateando por sus piernas, acercándose cada vez más a él. –Padre… -su voz salió débil. –Estoy tan cansada… -Cuando consiguió ponerse a su altura, la cabeza de la chica se apoyó en el pecho del exorcista, y se quedó hecha un ovillo en el regazo de Caruso. Sintió una fuerte punzada en el brazo del bocado "Tendría que habérmelo cosido también…" -¿Vamos a volver pronto a la Academia? –preguntó en un murmullo. Se sentía cansada, muy casanda. Y triste. Echaba de menos a Hidan. Quería que fuera su pecho en el que apoyaba su cabeza, no el del padre. Quería enredarse los dedos en su pelo plateado. Quería tantas cosas… Y ninguna podía ser. "Sí. Puedo dormir. Dormiré, y todo mejorará cuando vuelva a abrir los ojos." Por ahora se conformaba con la calidez del maestro exorcista. Raffaello olía a sangre, a humo y a sudor. Eran olores agradables, olores conocidos. La joven se perdió en ellos, y poco a poco, fue entrando en un estado de sopor profundo.
 
-¿Cuándo vas a volver…? –pronunció en un murmullo casi ininteligible antes de quedarse dormida en el pecho del religioso. Pese a todo, una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro relajado de la pequeña: la sonrisa de un trabajo bien hecho.
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Frase Si los monstruos se atreven a mancillar el Reino de Dios, lo único que quedará será su sangre

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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Raffaello Caruso el Dom Mayo 20, 2018 11:51 pm

La joven estaba distante, muy diferente a su actividad durante la caza. Mis sentidos de profesor (famosos en la academia por mi puntería lanzando tizas a los que se duermen en clase) se activaron. Mirada perdida, mano en busca de confort, cabeza en otra parte... O tenía añoranza o estaba a punto de echarse una siesta. La sonrisa cansada confirmo mis sospechas. Esta se va a quedar frita en cuanto me despiste, pense con cierto humor.

-Los fuegos les alertarán por nosotros. Saben a que posición nos han mandado así que no dudo en que envíen a los de la limpieza pronto. Mas aun enviándonos a nosotros dos...

Me dejé llevar por la muchachita hacia una escalera. A veces me olvido de la edad de estos pequeñajos. Tan jóvenes y ya están sometidos a este tipo de vida. Enfrentándose a lo mas horrendo que dios nuestro señor ha puesto sobre la faz de la tierra para que nosotros, sus hijos nos ganemos este orbe azul y verde en el que nos ha puesto... Me dejé caer sobre los escalones con un bufido. Quizás no es que ellos sean jóvenes, si no que yo estoy viejo. Ya no soy ningún chaval...

Miré a Saskia mientras se encargaba de mi herida. A pesar de mi piel gruesa y aspera, la joven aplicaba la aguja con magistral destreza. No es que fueran necesarios muchos cuidados, ya que dada mi naturaleza mis heridas sanarían en dos dias a lo sumo, pero la dejé hacer.

-Mejor así contesté a la joven. Procuraré no patear muchos culos hasta que me mejore.- Respondí con una sonrisa amable. No tendría ni 16 años y ya estaba echa toda una profesional matando vampiros. Habilidosa, tenaz y aun así... Se esta quedando sopa justo después del trabajo. Su mirada ya estaba perdida cuando miró a Carusso. Aun así...

-¿Saskia? ¿Que haces...?- La chica trepó como un renacuajo por mi pierna y se sentó en mi regazo. Añoranza, sueño, quizas ¿Pena? Que complicadas son las chicas. Los jovencitos de su edad solo piensan en perseguir mozas y en parecer mayores. Las chicas son mas maduras, mas complejas. Lamentablemente, mas conscientes de todo. Puse una mano en la cabeza de la joven y la llevé sobre mi pecho.- Criatura... Dormirte sobre tu profe...

Eché la cabeza atras dejando escapar un bufido suave. Quizás nos e había acabado mi tiempo. Estos enanos aun necesitan a alguien que les vigile el sueño y les cubra las espaldas camino a casa.

-Shhh duérmete pequeña. Mañana volverá a salir el sol. Mientras tanto aprovecha y duerme.- La rodee con mis brazos y me puse en pié. Tenía razón. la herida se sentía mejor. Ya fuera a mi regeneración o a sus puntadas... Diremos que fue un empate.- Si pequeña. Volvamos a la academia.

Ignoraba si se refería a la antigua academia o al edificio. Yo también añoraba la antigua academia, con ese idiota de Amadeus, con los enanos revoloteando el lugar, las jovencitas tentando y torturando a los jóvenes, las risas y la diversión. Todo estaba mas oscuro y triste, bueno casi todo. Mi sonrisa volvió mientras la imagen de mi querida norteña volvía a mi cabeza. Quizás no todo estaba tan mal al fin y al cabo. No bien del todo, pero no fatal.

Perdido en mis pensamientos no escuche lo que dijo Saskia. Solo asentí mientras ponía rumbo a la academia.

-Shhhh pequeña, pronto en casa...
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

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