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El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Saskia Järvi el Vie Ene 26, 2018 2:27 am

Saskia estaba agitada, impaciente y pletórica, como un niño que espera sus juguetes la víspera de la noche de Reyes. Sentía mariposas en el estómago, y tenía una sonrisa grabada en el rostro. Sólo había un pequeño detalle que nublaba la felicidad de la pequeña: que su querido compañero no estuviese allí. Le gustase o no, les habían asignado misiones diferentes, y tenía que acatarlas. Por otro lado, su misión consistía en uno de sus pasatiempos favoritos además de matar noctis, y encima la compañía era casi inigualable: realizaría la misión con el padre Caruso, un hombre de Dios y un exorcista sin igual.

Pronto estuvieron en frente del edificio. Saskia miró de nuevo el papel donde estaba apuntada la dirección, aun sabiendo perfectamente que ese era el lugar indicado, y volvió a levantar sus ojos escarlata hasta dar con la fachada del inmueble. Una casa sencilla, de dos plantas, situada en una callejuela poco transitada. A pesar de que las cortinas estaban echadas, Saskia pudo apreciar como un haz de luz tenue se escapaba de una de las ventanas, brillando trémulamente en la noche cerrada.

Sonrió, emocionada. Miró a su acompañante, una mirada breve, y avanzó unos pasos hasta llegar a la puerta principal. Los nudillos de la exorcista resonaron con fuerza contra la madera del portón; tras unos segundos, Saskia habló. – ¿Jeanette Vuitton? – Preguntó, con una voz alta y clara. La joven intentó usar un tono serio, pero su voz delató la emoción que sentía en el momento. – ¡Abre la puerta Jeanette, en nombre de la Academia! – replicó con firmeza.

¡Idos al infierno, perros de la Inquisición! – gritó una voz masculina desde la ventana de la segunda planta, justo por la que antes se había escapado la luz. Saskia dio un par de pasos hacia atrás y alzó la vista, con los ojos escarlata abiertos de par en par. Sin dar un segundo de margen, lanzó una de sus cuchillas, que fue a dar en el marco de la puerta. El hombre cerró inmediatamente la contraventana. La albina suspiró; siempre ponían demasiada resistencia. En vano. “Bueno, así será más entretenido” pensó, y volvió a dirigir la mirada a Raffaello. – Como era de esperar, no están muy dispuestos a facilitarnos las cosas... – la joven abrió los brazos en un gesto de resignación, y se apartó unos pasos de la puerta. – ¿Hace usted los honores, padre Caruso? – dijo Saskia, con una sonrisa enferma en el rostro.


Que comience la misión. Amén
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Raffaello Caruso el Vie Ene 26, 2018 2:49 am

El día había sido un auténtico y rotundo fracaso.

No había por donde cogerlo. Simplemente horrible. No quería ser profesor. No a costa de sus deberes parroquiales.

Se había reunido con sus superiores. Bueno, mas bien le habían ordenado presentarse ante ellos en medio de un sermon sobre las cruzadas particularmente bueno, estaba inspirado y de repente, aparecen esos frateres meapilas pidiendo que se uniera a ellos a hablar con el obispo.

Tres horas de charlas después una notita le iluminó el día. Caza de mestizos con una prometedora estudiante, eso siempre es una buena noticia. Mas aún una tan dedicada como era Saskia.

-Les has anunciado que somos mensajeros de Dios, y se niegan a oir sus palabras. -Sonreí cual lobo hambriento ante la puerta. Una honda inhalación, una patada y ya estaban nuestras sonrientes siluetas iluminadas por la luna contra su puerta destrozada- REGOCIJATE JEANETTE VUITTON, PUES LA JUSTA IRA DEL SEÑOR HA CENTRADO SU MIRADA EN TI. EL SANTO OFICIO A ORDENADO QUE PONGAMOS FIN A TU PECAMINOSA Y VIRULENTA EXISTENCIA.

Oí los pasos apresurados, el chillido de una presa y el gruñido de la bestia-madre. Se estaban preparando para dar la cara, perfecto, a mas pelea, mas diversion. Extendí los brazos exuberante de felicidad, pues no hay mayor gozo que ver como las jovenes promesas cumplen la volutad divina, y si mi insignificante ser puede ayudar en estos gloriosos actos de liberación y purificacion, que así sea.

-¿No te regocijas por tu buena suerte Jeanette? Con nuestros actos, la iglesia perdonará tus horrendos pecados, serás perdonada y tu alma, labada, nueva y límpida para recibir el abrazo de Dios, misericordioso ¿Verdad?

Captaba la presencia de mas gente. La impía vampira no estaba sola. Sonreí con anticipación a Saskia. Teníamos órdenes y un hereje impío cerca. ¿Qué mas se puede pedir en esta vida?


Última edición por Raffaello Caruso el Miér Ene 31, 2018 12:56 am, editado 1 vez
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Saskia Järvi el Vie Ene 26, 2018 3:29 am

Saskia dio una pequeña tos debido a la polvareda que se levantó cuando el padre Caruso arrancó las bisagras de la puerta de la pared. La joven estaba relajada y confiada, pero en ningún momento bajaría la guardia; los herejes podían llegar a ser realmente traicioneros. Entró a la casa junto a Raffaello, y miró hacia el techo. Había escuchado un grito, un gruñido y una serie de pasos apresurados. ¿Pretendían esconderse, o quizás intentar algún tipo de emboscada? Necios; no se podía escapar a la voluntad del señor.

Según la información que les habían proporcionado, Jeanette Vuitton era una exorcista de unos 16 años, mestiza. Por lo que había oído, pudo deducir que no estaba sola: muy probablemente estaría con sus padres, uno de ellos un ser del diablo. La finlandesa avanzó por la entrada, con paso lento, pero seguro. Frente a ellos, había una gran escalera que llevaba a la planta superior, a la derecha había una entrada a un salón en penumbra, a la izquierda, tan sólo un gran espejo de marco dorado. No era una casa muy grande, pero por la decoración se podía deducir que la “familia” no andaba escasa de dinero. “¿Acaso pretendían vivir como si fuesen humanos?”, pensó Saskia, disgustada. – Yo iré delante si me lo permite, padre Caruso – le comunicó al padre sin tan mirarlo.

Comenzó a subir las escaleras despacio, que de vez en cuando soltaban un crujido. – Jeanette, no servirá de nada esconderse – dijo Saskia amenazadora mientras escudriñaba todo a su paso – Ni siquiera el monstruo de tu progenitor podrá librarse del castigo del Señor...


En cuanto llegó arriba, una mujer de pelo largo rojizo se abalanzó sobre ella con la mandíbula totalmente abierta. -¡Muere...! -Saskia se anticipó al ataque y dio un gran salto hacia un lado, rodando y levantándose de nuevo – ¡Cuidado, Raffaello! – gritó. “Así que tú eres el monstruo...” pensó Saskia echandole una mirada de reojo. De esa tendría que ocuparse el padre Caruso; Saskia todavía tenía que encontrar a la mestiza. Corrió por el pasillo, abriendo las puertas de una en una, intentando encontrar a la niña. Pero entonces, la vampiresa se dio cuenta y se abalanzó hacia la exorcista con intención de detenerla – ¡!No te lo permitiré, demonio de pelo blanco...!! – bramó la mujer-vampiro, escapando de la pelea con Raffaello.

La peliblanca logró  de nuevo esquivarla, no sin llevarse una dentellada que le desgarró parte del hombro. – ¡Joder...! – exclamó la exorcista enfurecida. La mano de Saskia salió disparada desde su muñeca y se retorció en torno a la noctis, que quedó atrapada en los hilos cortantes de la exorcista. Los profundos cortes en la piel de la vampiresa no parecían importarle; estaba totalmente fuera de control y lanzaba dentelladas en dirección a la albina. “Son verdaderos monstruos” pensó la joven, observando el descontrol animal de la vampiresa. – ¡Ayúdame con ésta, Raffaello! – exclamó apurada segundos antes de que la mujer pelirroja lograse librarse de las ataduras. Ésta lanzó una dentellada letal hacia Saskia, que logró esquivarla a duras penas y cayó de culo contra el suelo. En breves segundos, ela noctis estaba encima, con sus amenazadores colmillos en dirección a la joven. Lo único que Saskia pudo hacer fue sacar una de sus cuchillas y ponerla sobre su cabeza con la mano que le quedaba. Pasase lo que pasase, no iba a morir allí. Ese no era su plan divino.

LEEME:
No te la cargues muy pronto, que haya salseito :dogg:
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Raffaello Caruso el Lun Feb 05, 2018 9:18 pm

-Ho ho ho, adelante, joven Saskia, enseñame de lo que est...

La joven ya se había ido. suspiré exasperado. Estos chavales, demasiadas prisas. Entré en el sitio mirando por encima el hogar. Polvo en niveles normales, la casa medianamente limpia. Sin rastros del servicio. Parecía una casa normalucha con unos habitantes no especialmente rigurosos en su limpieza. Rebusqué en mi sotana mientras echaba un ojo las escaleras por las que subía la joven. Según los informes aquí hay que tener cuidado con la madre, vampira pero el padre podría ser una molestia... Finalmente saqué una hoja apergaminada y un cuchillo normal.

Clavé la hoja en la puerta y la volví a colocar en su sitio mientras escuche un ruido en las escaleras y un grito de Saskia.

-¡Mierda, se me olvidaba, tanta puta prisa!- Gruñí mientras subía las escaleras, a mi espalda la hoja revoloteaba fija a la puerta por el cuchillo. Unas simples frases rezaban, escritas en letras negras:

Academia Krory, no molestar.

Subí las escaleras mientras sacaba un par de machetes de color plateado de mi sotana, cuando un torbellino de pelo rojizo saltó sobre mí gritando obscenidades.



Me dió de lleno y yo cerré los brazos, realizando cortes superficiales sobre las extremidades de la vampiresa. Forcejeamos mientras Saskia seguía buscando por el apartamento. No solía tener problemas con vampiros de este nivel, pero había algo que me desconcertaba. Atacaba y atacaba pero mis golpes no parecían conectar, como si la vampira se moviera de forma diferente a como mis ojos la percibían. ¿Esta cambiando de fase? No, podía ver como algunos de mis golpes desviados dejaban huella, entonces no es que ella estuviera haciendo algo para evitarme, era yo, el que no acertaba...

De golpe mis machetes la atravesaron pero pasaron por su cuerpo limpiamente, sin encontrar resistencia. Y la vi volando hacia Saskia. Con un reniego me lancé a por ella corriendo con todas mis fuerzas mientras se abalanzaba y heria a la otra exorcista. Estaban enredadas en los hilos de la chiquilla pero de alguna manera acabó encima de Saskia, de modo que dejé caer una de mis hojas y la agarré del tobillo. Al tocarla se me iluminó una bombilla dentro de mí.

-¡Hipnotista cabrona!- Dije con una feroz mueca. No una especialmente hábil, pero si bastante molesta. La atraje hacia mí, haciéndola cortes con los hilos de mi compañera, mientras trataba de acuchillarla con la mano libre sin mucho éxito.- ¡Sigue buscando Saskia, ya tengo a esta víbora!

La Nocti se giró y sus ojos rojos inyectados en sangre me miraron con odio mientras abría la boca. Sin muchas mas opciones eché mi cabeza atrás y adelante, embistiéndola de un cabezazo. Mi brazo seguía sujetándola firmemente
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Re: El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]

Mensaje por Saskia Järvi el Mar Feb 06, 2018 1:26 am

La noctis agarró la casaca de Saskia en un intento vano por continuar su ataque, pero el Padre logró quitársela de encima. La joven notó como sus hilos filosos se hundían en la carne de la vampiresa cuando Caruso tiró de ella, y un grito de dolor se escapó de entre sus afilados y letales dientes. Se levantó rapidamente con la mano aún enredada en el cuerpo de la noctis y echó una mirada de reojo hacia donde se encontraba Rafaello, que seguía forcejeando con aquella bestia.

Se detuvo unos segundos en posición de guardia, sopesando la situación. ¿Debería acabar con aquel ser infame que había conseguido herirla? Ganas de rebanarle el pescuezo no le faltaban, desde luego, pero cuando escuchó las palabras del Padre y le observó asestar un tremendo cabezazo a la pelirroja, supo que el hombre estaba en lo cierto: tenía que seguir buscando. “He de encontrar a la mestiza antes de que escape” pensó; al fin y al cabo, esa era el principal cometido de la misión.

Dejó que su mano se desligase completamente de su cuerpo, ya que tenía el hombro herido y era incapaz de hacer la fuerza suficiente como para cortar los huesos de la noctis y escapar del enredo. En este momento su mano sólo la estaba entorpeciendo, y necesitaba ser veloz. – ¡Recógela cuando acabes con ella! – Gritó Saskia refiriéndose a su miembro; al fin y al cabo, podría cosérsela más tarde. La exorcista les dio la espalda y comenzó a recorrer los pasillos con una rapidez abrumadora. “Ahora estoy en desventaja” pensó, y una sonrisa se dibujó en su rostro. Una mano era más que suficiente para encargarse de una mestiza de pacotilla, y la sola idea de derrotarla en desventaja lograba divertir a la finlandesa.

Una habitación, otra. El aseo, luego la cocina y... ¡bingo! El salón. Saskia se precipitó hacia el interior de la sala. Se trataba un salón modesto, con una pequeña chimenea casi apagada, aunque la joven no se tomó el lujo de apreciar los detalles de la estancia; había visto cómo la niña y un hombre maduro, muy probablemente su padre, bajaban por la ventana con una cuerda de telas anudadas las unas a las otras. – ¿Así que intentando huír, eh? – dijo Saskia, asomando su blanca cabeza por la ventana – Muy propio de una miserable mestiza, sí.– El rostro de la albina se desfiguró con una sonrisa retorcida y su mirada se tornó desquiciada. Los ojos del padre, que bajaba el último, se clavaron con terror en las rojas orbes de Saskia mientras colocaba su cuchilla debajo de aquella improvisada cuerda.

El filo rasgó la tela, y ambos cuerpos cayeron al suelo con gran estrépito, seguido de un terrible grito que hizo que a Saskia le dieran escalofríos de placer. Su parte más oscura empezaba a aflorar, y un frenesí violento comenzó a inundar la mente de la chica. Saltó por la ventaga con la cuchilla entre los dientes, ágil y gracil, y se agarró a la cornisa con la mano que le quedaba. Los hilos se soltaron gradualmente hasta que la joven estuvo en el suelo, y recogió su mano con rapidez, la misma rapidez con la que volvió a empuñar su hoja. El panorama que vio cuando estuvo en el suelo le hizo soltar una gran carcajada, una risa perturbadora y desequilibrada que evidenciaba la locura de aquella pequeña mujerzuela de tez blanca. Una locura que la siempre la acompañaba y que se manifestaba con la violencia y la furia de la batalla.

Parece que alguien ha tenido muy mala pata... – dijo entre risitas, riéndose de su propia broma. La mestiza sujetaba entre sus brazos al que, supuestamente, era su padre. El hombre había caído mal, y por la postura en la que encontraba, Saskia supo que no volvería a moverse. La joven lloraba, balbuceando cosas ininteligibles para la exorcista, que parecía no importarle nada de aquello. – Por tu culpa, él ha tenido que morir. Y el monstruo que tienes por madre no tardará en sucumbir, si no lo ha hecho ya – pronunció Saskia con dureza y fingida aflicción, y avanzó unos pasos hacia Jeanette. – Ríndete y acabemos con esto. Te mataré de una vez y será Dios quien finalmente juzgue tus pecados. - La exorcista se abalanzó sobre Jeanette, pero ésta saltó hacia atrás y la esquivó. Y para ello, tuvo que soltar a su padre. – No permitiré que me atrapes – la desafió la adolescente, y acto seguido escupió una bola de fuego del tamaño de una persona en dirección a Saskia.

La exorcista lo esquivó con avidez saltando hacia un lado. Con la mano que aún le quedaba, agarró el cuerpo del hombre por el tobillo y lo acercó hacia ella antes de caer al suelo. Pudo ver la cara de la pobre Jeanette descomponerse cuando fue consciente de lo que había pasado. – Ya te lo he dicho – volvió a decir Saskia, que se encontraba agachada junto al hombre inmóvil. – Es mejor acabar pronto con esto. – La cuchilla plateada de la finesa se hundió en el cráneo del hombre, que sólo fue capaz de abrir los ojos con impotente sorpresa y terror cuando la cuchilla atravesó su cerebro, muriendo en el acto.

¡¡¡PADRE...!!! – Gritó la mestiza, con la voz rota por el dolor de perder a un ser querido. Saskia podía sentir su ira y su aflicción, y lo único que el dolor de la joven despertaba en la exorcista era diversión. Además, aquello había sido un acto de piedad. Ese hombre no tenía remedio, y de todas maneras debía morir por el crimen de mezclarse con un monstruo y engendrar a otro. Sacó la cuchilla del cráneo del padre, ahora cadáver, con un firme tirón. Unas gotas espesas de sangre le salpicaron el rostro, dandole un aspecto aún más tétrico a la joven: tenía el rostro desfigurado por una insana sonrisa y adornado con gotas de sangre oscura, le faltaba una mano y la otra, llena de cicatrices, empuñaba su cuchilla empapada en sangre y algo más.

¡Me las vas a pagar, asesina! – gritó la joven con una ira desmedida, y de repente, una gran llamarada rodeó su cuerpo, llegando hasta el lugar donde estaba Saskia. La joven volvió a esquivarlo con un gran salto hacia atrás, pero esta vez cayó al suelo y notó un enorme pinchazo recorriéndole el brazo que momentos atrás le habían mordido. “Tengo que hacer algo con este brazo” pensó Saskia. Podría coserselo, pero con aquella mestiza fuera de control y escupiendo fuego iba a resultar una tarea imposible. Además, contaba tan sólo con una sola mano, por lo que todo se complicaba sobremanera.


Jeanette lanzó otra bola de fuego, y Saskia volvió a esquivarla de un salto, muy ajustada, y le lanzó un par de cuchillas que la joven logró esquivar a duras penas. Una de ellas le hizo un corte profundo en el brazo, pero la herida no parecía tan grave como si se tratase de la de un vampiro. Al parecer, los mestizos eran menos sensibles al material especial del que estaban hechas las cuchillas de Saskia. – Escupe todo el fuego que quieras, pero no te librarás de tu destino final... – Apenas le dio tiempo a terminar la frase, y la mestiza ya estaba volviéndola a atacar. “Qué latazo” pensó, evandiendo todo lo mejor que podía los ataques ígneos de la chica. “¿Dónde narices se había metido Caruso?” pensó  molesta. Desde luego, un poco de ayuda no le venía nada mal en aquellos momentos.
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