¡Bienvenido a Krory Milium, Invitado!

Nos alegra verte por aquí.




Últimos temas
» Expediente en construcción;
Dom Jul 15, 2018 12:18 pm por Adelei D'Cielo

» Erdene [ID EN CONSTRUCCIÓN]
Dom Jul 15, 2018 12:18 pm por Adelei D'Cielo

» ۝ Cambios de botón y otros.
Vie Jul 13, 2018 12:12 pm por Afiliados Krory

» Only You...What's else? [Priv. Petrucio Farnese]
Jue Jul 12, 2018 12:26 am por Victoria S. Blueflame

» Be aware... [Priv. Petrucio Farnese]
Miér Jul 11, 2018 10:43 pm por Petrucio Farnese

» Some monsters are humans [Priv. Astoria]
Miér Jul 11, 2018 5:33 pm por Gereon Dreschner

» Agradecimiento Escocés (Priv con Annais)
Mar Jul 10, 2018 4:07 pm por Finnard McAllan

»  - INICIO TRAMA GLOBAL PIRATA - Krory en Mareas Misteriosas
Mar Jul 10, 2018 3:31 pm por Petrucio Farnese

» Krory en mareas misteriosas: La búsqueda del origen - TRAMA [Prólogo & inscripción]
Vie Jul 06, 2018 9:01 pm por Silcius Rocafort

» Svetlana Dragunova: Моя история
Vie Jul 06, 2018 2:39 pm por Svetlana Dragunova

» Blooming [Priv. Enzo]
Vie Jul 06, 2018 1:46 pm por Enzo Rossi

» El resonar de mis pies — Silcius Rocafort
Jue Jul 05, 2018 4:52 pm por Silcius Rocafort

» La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]
Jue Jul 05, 2018 4:00 pm por Silcius Rocafort

» ۝ Petición de Afiliación.
Lun Jul 02, 2018 9:36 am por Afiliados Krory

» Confieso que...
Jue Jun 28, 2018 4:56 am por Tristan R. Gaitan

»  Are you afraid of the dark?| E.L
Jue Jun 28, 2018 3:51 am por Edward Low

» Beautiful Life[Pirv. Elric]
Jue Jun 28, 2018 2:49 am por Elric Sterling

» Who's the one hurting? [Priv. Zaira de la Vega]
Vie Jun 15, 2018 12:52 pm por Marco Farnese

» Una chispa de luz en la oscuridad [Libre]
Mar Jun 12, 2018 2:25 am por Anaïs Larousse

» ¿Donde le darías un beso?
Vie Jun 08, 2018 12:33 am por Enzo Rossi

¿Quién está en línea?
En total hay 4 usuarios en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 4 Invitados :: 1 Motor de búsqueda

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 54 el Jue Mar 19, 2015 10:15 am.






Compañeros







Damos crédito a HeySpace y RavenOrlov eget posuere mi. Aliquam faucibus gravida aliquet. Curabitur odio urna, tristique et porta eu, bibendum et ex. Phasellus vel eros ante. Maecenas et pellentesque risus. Praesent in quam at mauris convallis scelerisque.
N U E S T R O S — A F I L I A D O S
Crear foro


VÓTANOS!




CRÉDITOS
Agradecemos a todos los miembros del foro su dedicación y participación en Krory Milium, sin vosotros esto no sería posible. Gracias al Staff por su ayuda para mantener el foro y sus diseños que le dan al foro una imagen increíble. Les damos las gracias a todos los miembros del staff de ForoActivo que nos han ayudado con nuestros problemas y nos han tratado y atendido de maravilla.

La trama del foro es original, inspirada en la serie D-Gray Man. Todas las tramas, historias, diseños y códigos son creación del staff. Por favor no copies o toméis sin permiSo.

Las imágenes que ambientan el foro han sido extraídas de DeviantArt, Pinterest y zerochan.


SÉ ORIGINAL, NO COPIES.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Reencuentros [Priv. Raffaello]

Mensaje por Katya S. Kravinova el Lun Ene 29, 2018 2:14 am

Las despedidas suelen ser dolorosas, pero los reencuentros a veces también. La otra persona ha cambiado mientras uno no estaba, todo es diferente, el aura de las situaciones que compartían se ha convertido en algo que uno no suele reconocer, acostumbra a pensar “¿Yo estaba ahí?” en medio de un escenario que le es familiar, pero no se reconoce. Pero, aún después de todo ese tiempo, los reencuentros son dulces, frescos, son una bocanada de aire en una situación asfixiante, cuando después de reencontrarse con alguien que, después de necesitarlo tanto y tenerlo tan lejos, vuelve a aparecer ante los ojos y las manos pueden sentir su presencia allí, de nuevo.

Katya había tenido que marcharse corriendo de Italia, después de la noticia de que su padre había enfermado gravemente. No es que ella fuese doctora, o pudiese hacer gran cosa allí, pero si se trataban de los últimos momentos del hombre, agradecería ver al único miembro de su descendencia, la joven de cabellos rubios (más bien, cabellos que cambiaban de color). Llegó al país con una sensación terrible oprimiendo su pecho, lágrimas en los ojos y el cabello negrísimo como el ala de un cuervo. Ella quería a su padre, a pesar de no verlo muy a menudo, así que la noticia de lo que podría ser su muerte la tenía verdaderamente sobrecogida.

Le dolía haber tenido que dejar Italia, dejar el buen clima, la vida que tanto le había costado formarse allí, la carrera como exorcista y las clases en la academia y por último, pero no menos importante, le dolía tantísimo haber dejado a Raffaello ahí, habiendo tenido que irse tan rápidamente que no había tenido tiempo ni de irse ni de explicarle el motivo de su marcha. No sabía cuándo iba a volver, ni siquiera si iba a volver, y junto con la enfermedad de una de las personas que más quería en el mundo, estaba siendo la peor temporada en la vida de una muchacha como lo era Katya.

Pero, contra todo pronóstico, Sergei Kravinov mejoró. Se recuperó de la enfermedad, no se sabe si fue por el nuevo médico extranjero que habían contratado y sus habilidades, los incesantes rezos de su hija a un Dios que esperaba que escuchara y respondiera o bien la fuerza que el hombre aún tenía en el cuerpo y que no pensaba malgastar con una nimiedad como el morirse. Fuese lo que fuese que salvó la vida del hombre, alegró a Katya como nunca y se reflejó en un cabello que pasó del negro azabache al castaño claro de sopetón. Pero aún faltaba algo para que su cabello recuperara la tonalidad rubia pálida que solía tener. Y ese algo tenía nombre y apellidos: Raffaello Caruso.

Así que, tan pronto como su padre estuvo lo suficientemente bien como para regresar al trabajo, ella hizo de nuevo las maletas que había deshecho y regresó a Italia a la casa de su tío. Añoraba mucho las mañanas en la academia, las tardes en la frutería y los paseos con el italiano. El cargar cajas y tratar con personas tan distintas había convertido a la chiquilla, de una muchacha débil y asustadiza, en una mujer más fuerte y más resuelta, con una mayor autoestima y músculos en los brazos, aunque no había hecho desaparecer, ni por asomo, la ingenuidad y la característica inocencia de la rusa. Ni un millón de años podrían hacer mella en algo que la joven llevaba tan adentro como llevaba sus pulmones, aunque los años sí harían daño a estos.

Saludó a su tío cuando llegó, deshizo los paquetes que llevaba con rapidez, pues habían sido muchos menos que la última vez. Se colocó algún vestido cómodo, pero bonito, pues tenía que ir a ver a alguien que era muy importante para ella. Nadie puso excusas ni impedimentos, lo vio como una señal divina que le indicaba que debía ir a verle. Su larga melena tenía trazas grisáceas y dada su juventud, no se trataba de canas. Era el nerviosismo, el miedo, la ansiedad, pues desconocía cuál sería la respuesta del hombre tras verla. Pero también la felicidad, pues volvería a verle después de tanto tiempo y de una marcha tan apresurada.

“Señor, sólo te pido que esté bien. Sea cómo sea que me reciba y como esté a día de hoy, sólo te pido, al igual que cuando sanaste a mi padre, que Raffaello sea feliz y que esté bien. Sé que lo he pedido muchas veces, pero no sé que haría si estuviera mal.” Rezó en el último momento, mientras se apresuraba al interior de la academia dónde solía encontrar al italiano. Era por la tarde, habría dado clases hacía relativamente poco, así que si tenía suerte, aún seguiría por ahí. Sería un poco engorroso correr otra vez en dirección a su casa. No le importaba si era por volver a verle, pero se había acostumbrado al frío de su tierra.

Por suerte, el hombre seguía ahí. Lo reconoció por su característica sotana, su cabello rubio y sus gafas, gracias a la falta de las cuales, se conocieron. Estaba tan apuesto como siempre, pero no era momento de perder el tiempo en esas divagaciones. Debía hacer acopio de toda la valentía (aunque fuera un resquicio) que tenía dentro de ella y aventurarse a hablar con él. Cuando la chica que hablaba tranquilamente con él se retiró, se colocó detrás de él y carraspeó. Se forzó a sí misma a hacerlo, sintiéndose más valiente que nunca, pero cuando se giró, la valentía se esfumó.

Tenía tanto que decirle, tanto por lo que disculparse. Todas las palabras que soñó decirle, todas las cosas que pensó en confesarle, todo, todo, desapareció. Sólo dejó lugar a un vacío que ella no podía llenar, un vacío que Katya no se explicaba cómo se había formado. Su labio inferior tembló al ver su rostro de nuevo, tan cerca de ella como deseó que estuviera. Tenía buen aspecto, parecía sano, lo que le alegró un poco, pero no hizo desaparecer las hebras plateadas de su melena, ahora rubia. Debía decirle algo, la cara de sorpresa y perplejidad eran mutuas... ¿Pero qué? Su boca no respondía, su garganta estaba seca y ninguna palabra lograba aflorar en su mente, que trabajaba como pocas veces había trabajado antes.

Simplemente, sucedió. Se abalanzó hacia él, rodeándolo firmemente con los brazos y estrechándolo como si fueran a llevárselo. No, esta vez no se iban a separar. En ese momento, durante aquél abrazo, nadie ni nada iba a separarlos.

—Lo siento —gimoteó—. Lo siento tanto.

Esas fueron las únicas palabras que logró decir esa tarde. Esas palabras fueron las únicas, pero la cantidad de sentimientos que tenía en su interior, la cantidad de cosas que querían decir, las convertían en algo mucho mayor. Algo mucho mayor que el sonido de su voz. Algo tan grande como lo que había estado guardando todo ese tiempo.
avatar
Exorcista — Alumno



Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Reencuentros [Priv. Raffaello]

Mensaje por Raffaello Caruso el Miér Ene 31, 2018 12:53 am

Un día monónoto. Un amanecer sin nada fuera de lugar. Lo había pasado cosiéndome el brazo de nuevo. Los noctis cada vez eran mas numerosos y cada vez daban mas por culo. Apenas tuve tiempo de beber algo de camino a la academia. Un trago de café bajado con un chorrito de brandi, una carrera y ya estaba en la academia.

Por suerte tenia un par de mudas en la propia academia. Tras descartar dos mudas (agujeros de balas y manchas de sangre y otra agujereada por polillas) logré encontrar una sotana en condiciones para el adoctrinamiento. Una breve sinopsis, una corta pausa para quitarme el hilo de tripa de mi brazo ya reunido con el resto de mi cuerpo y procedí a impartir un poco de historia.

La martirización romana fué explicada sin pena ni gloria. Los jóvenes conocían la historia casi tan bien como yo, y en los tiempos que corrían había cosas mucho mas importantes que tratar, pero desde luego no con los jóvenes. Ellos tenían otras cosas en la cabeza y yo también. Sin quererlo, acabé dejando salir a los muchachos antes de la hora con tal de que fueran a entretenerse un rato.

Una muchacha se quedó preguntando nosequé absurdeces acerca de repeler vampiros con sopa de ajo. ¿De donde sacarán estas chorradas? Será por culpa de los pájaros que tienen en la cabeza... Apenas le presté atención mientras mi mirada vagaba por la clase vacía. Hacía tiempo que enseñar a estos pillastres había perdido parte de su encanto. Sería la situación tan extrema que estábamos viviendo con sus cambios tan radicales, o quizás fuera el boom vampírico que estábamos experimentando, pero parecía que la ciudad estaba triste y marchita, como carente de alicientes.

Al final la joven se marchó, di gracias con un suspiro mientras me atusaba las gafas con el índice de la mano derecha. Mientras lo hacía oí un carraspeo que me sobresaltó, haciendo que las gafas se resbalaran. Las cogí haciendo aspavientos mientras me giraba con la cara con una mueca de agitación. No estaba acostumbrado a una presentación tan extraña pero me preguntaba quien me sorprendería, me puse las gafas.

-Eh... Eh... ¿¡EH?!- Katya. Katya Kravinova. Hacía meses que no la veía. Probablemente por que se había ido de la ciudad. La marcha de la joven me había dejado bastante tocado, pero con tanto trabajo no había tenido tiempo en centrarme en mi mismo. Recordaba pasar las hojas de la biblia distraido mientras esperaba a tomar un cafe con ella una noche colándose en cierto Palazzo a escuchar musica a hurtadillas.- ¿¡KATYA?!

OH DIOS MISERICORDIOSO, POR QUE ME HACES ESTO. ESTO ES TRAMPA. NO ES JUSTO. NO ESTOY PREPARADO PARA ELLA. OH JODER PERO MIRALA, NO RECORDABA LO BONITA QUE ERA. PERO QUE DIGO AY LA MADRE QUE ME TRAJO AL MUNDO ¿¡PERO QUE LE DIGO?! SANTO PADRE ECHAME UN CABLE... PERO, PERO, PERO DI ALGO RAFF ESTUPIDO PEDAZO DE M...

-¿Es...estas de vuelta en Venecia?

!BUEN TRABAJO DETECTIVE OBVIEDADES PUES CLARO QUE ESTA EN VENECIA! ¡LA TIENES DELANTE DE TI! NUEVAS PARA TI EL CIELO ES AZUL Y TIENES MAS DE 60 PUTOS AÑOS. Espera... Rubia. Eso significaba algo... Algo malo. OH DIOS MIO ¿¡ESTA LLORANDO!? ¿¡LA HE PISADO?! ¿¡LE DUELE LA TRIPA?! POR QUE LLORA OH JODER ¿¡PERO QUE-?!

Se abalanzo. Me salió mecánicamente. Cerré mis brazos alrededor de su cintura. Ella dijo algo. No me quedó muy claro, pero lo estaba repitiendo. ¿Lo sentía? ¿¡QUE COJONES SIGNIFICA ESO!?

-Kat, hueles tan bien como siempre. -COJONUDO AHORA PENSARA QUE SOY UN BICHO RARO.- Te he echado de menos, mi dulce Kat.

No la solté. Ni pensaba hacerlo. Había vuelto. Y si la soltaba, pensaba que desaparecería, como el aire, efímera. No. No se iría. No lo permitiría.
avatar
Exorcista — Maestro



Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Reencuentros [Priv. Raffaello]

Mensaje por Katya S. Kravinova el Miér Ene 31, 2018 5:08 pm

Cuando Rafaello se la quedó mirando, perplejo, como si hubiese visto un fantasma, sintió una punzada en las tripas, de nerviosismo. ¿Qué diría? ¿Querría volver a verla? Sentía su corazón latir muy rápidamente, tenía la sensación de que nunca antes le había latido tan rápido. Con el abrazo, al sentir que los brazos del contrario se entornaban alrededor de su cintura, todas sus preocupaciones se disiparon, pero ella fue incapaz de detener su llanto. Se sentía tan mal por haberle abandonado que eso era todo lo que le importaba en ese momento. Le debía una explicación, pero entre lágrimas e hipidos las cosas se complicaban.

—Yo... discúlpame. Mi padre se puso muy enfermo, tanto que creí que se iba a morir. Entonces no me quedó otra que marcharme a Rusia con él. —La chica detuvo unos instantes su explicación para secarse las lágrimas con el puño de su vestido, suavemente, en vez de frotarse violentamente como deseaba, para no hacerse daño—. Entonces, gracias al Señor, se recuperó. Cuidé de él noche y día y recé cada jornada para que el Padre me escuchara y le salvara, y así lo hizo. Cuando se curó de su enfermedad, regresé a Venecia tan pronto como me fue posible.

Lo había pasado muy mal, no recordaba unos instantes más duros en su vida. En ese preciso instante, Katya estaba aferrada a él, al hombre sin el cual ella no podría vivir. Sentía que el vínculo tan fuerte que les unía no se había roto. Ese vínculo era como una cinta invisible, larga y fuerte, que por mucho que se alejaran, seguía ahí. En Rusia, tuvo miedo que esa cinta se rasgara y peligrara su relación, pero no lo hizo. Algo tan fuerte como lo que ellos compartían no podría romperse así. Algo que sólo con la cercanía sólo hacía que fortalecerse y que con esos abrazos se convertía en algo tan profundo como su propio ser, no podría romperse por algo así.

—Debí decírtelo —murmuró, apoyando su rostro en el pecho del mayor—, pero vinieron a buscarme a la puerta de mi casa. Hablaron con mi tío y tuve que marcharme. Tenía que ir tan rápidamente como pudiera a ver a mi padre, no fuera demasiado tarde. Esperaba que lo comprendieras, pero tienes todo el derecho del mundo a enfadarte. Sé que debí avisarte, pero no tuve tiempo.

No se había percatado de ello, pero su cabello ahora era rubio, de un color tan claro que podría pasar perfectamente por rubio platino. Los mechones grisáceos del nerviosismo y el miedo aún permanecían allí, pero no eran más que unos pocos cabellos. Los ojos de ella, antes castaños, se habían vuelto de color azul otra vez. Estaba feliz, se notaba en su rostro, a pesar de las lágrimas.

—Yo también te he echado de menos. Cada noche, antes de acostarme, pensaba en ti. —En realidad, había querido decir que en todo momento, su rostro, su nombre y su existencia anidaba en su mente como un deseo, porqué ese era el suyo, volver a verlo y permanecer con él. Y su cumplimiento había sido aquello que había anhelado durante tanto tiempo.

Observó su brazo, cuando se separó un poco para mirarlo de los pies a la cabeza. Sujetó su muñeca con cuidado y apartó la manga de su sotana. Su brazo estaba intacto, como el resto de su cuerpo. Aunque ella rezó para que Raff estuviese bien, sabía de su habilidad, de esa regeneración rápida que después de tanto tiempo le seguía sorprendiendo. Acarició su brazo, con cuidado y suspiró. Ella había rezado no sólo por su integridad psíquica, si no porqué dentro de su cabeza siguiese siendo el Raffaello Caruso que amaba. Eran tiempos difíciles en Venecia, nada más salir a la calle lo había visto, y muchas personas enloquecían. Ahora, no sólo debía velar por él, si no también por sí misma.

Y sería una tarea mucho más complicada, pues sólo rezar no era efectivo.


avatar
Exorcista — Alumno



Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Reencuentros [Priv. Raffaello]

Mensaje por Raffaello Caruso el Lun Feb 05, 2018 10:20 pm

Tenía el estómago convertido en plomo. Dios cuanto la había echado de menos. Mi mirada estaba perdida esa cabellera cambiante como la mar que tenía entre mis brazos. Mis brazos estaban rígidos como una barra de acero alrededor de su cintura, a esperas de mas instrucciones. Notaba como sollozaba e hipaba, estremeciéndose contra mi.

-Vamos Katya, te vas a arruinar ese vestido tan bonito...- Murmure mientras besaba su cabeza. A fe mía que huele bien...

Escuché mientras me contaba sus motivos por marcharse. Lo cierto es que me daban igual. Me dolía que no se hubiera despedido, pero era comprensible. Sinceramente, la había perdonado en cuanto la vi. Miré a mi alrededor, la academia parecía vacía. Mejor así. No creo que fuera bueno que la vieran en este estado.

-¿Perdonarte? No hay nada que perdonar, pequeña.- Por fin reaccioné y mi mano subió lentamente por su espalda, perdiéndose en su suave cabellera multicolor, ahora rubio platino, como un marfil menos brillante.- Sabe el señor que te he echado de menos... Te habría escrito pero...- PERO NO SABÍA DONDE ESTABAS- pero mi ruso no es muy bueno.

Bajé la cabeza para besarla de nuevo. Aun había lagrimas, pero no parecían de pesar. Sus labios, deliciosos y salados, suaves y tiernos, como una nube. Ella se rebulló y me levantó la manga de mi brazo herido, estaba perfectamente, pero aun tenía los hilos burdamente cosidos. La piel estaba dura y rugosa, con cicatrices surcándolo. Contrastaba con la mano suave, fresca y pálida, limpia y perfecta que era la suya. Sus suaves caricias me hicieron cosquillas.

-Quizás necesite una profesora, que me enseñe como hablar bien en tu idioma.- La miré sonriendo tiernamente. La miré a los ojos, siempre cambiantes, siempre diferentes y aun así iguales, prístinos, sinceros y hermosos.- Una profesora, paciente y amable que me enseñe a decir cosas como, te quiero...

La necesitaba en mi vida, sin ella el día se volvía gris, sin ella me faltaba el aire de los pulmones. Sin ella no había vida.
avatar
Exorcista — Maestro



Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Reencuentros [Priv. Raffaello]

Mensaje por Katya S. Kravinova el Miér Feb 07, 2018 1:34 am

A la chica le daban completamente igual las cicatrices, las heridas, el hilo. Todo. Le daba igual todo lo demás. Como si él tuviese un cuerpo completamente diferente, como si cambiara cada vez que lo viera, porqué en el fondo, así era ella. Cambiaba delante de sus ojos, cambiaba cuando parpadeaba. Sólo tenía que mostrar sus emociones y su cabello, ojos y piel variaban como un torbellino de colores. Rubio platino para el júbilo, rojo para el enfado, negro para la tristeza, grisáceo por el miedo... Le era imposible ocultarlo. Y últimamente, la única persona con la que mostraba un color de pelo cercano al blanco era Raff. Y de hecho, era la única persona a la que la rusa deseaba mostrar aquél color tan especial.

Ya lyublyu tyebya —susurró, muy cerca de él. Casi podía sentir el aliento contrario en sus labios y sólo hizo que enfatizar más su frase—. Eso significa que te quiero.

Ella, al llegar, no tenía ni idea de italiano. Intentó aprender un poco por el camino, pero apenas sabía lo justo. En la tienda dónde trabajó, pudo aprender algo más, especialmente frases sencillas y mucho vocabulario relacionado con la agricultura y la comida. Pero cuando conoció a Raff, en esa misma frutería, se dio cuenta de que si quería hablar con alguien como él, debía aprender italiano. Además del trabajo, de las clases en la academia y la caza de vampiros; la muchacha se animó a aprender. Aún tenía un vago (un fuerte) acento ruso muy característico, pero conseguía hablarlo muy bien. Era una chica ambiciosa, después de todo. Y si tenía que enseñarle a alguien, él era el más indicado.

Sujetó a Raff más fuerte, tocándose los labios como si ardieran con la yema de los dedos, para mirárselos una vez los separó. ¿Qué esperaba encontrar? No lo sabía. Se limpió las manos en la falda del vestido y se las frotó a continuación. Las tenía empapadas, el nerviosismo se hacía patente. Incluso la piel de sus mejillas estaba enrojecida, y no se debía en absoluto a sus poderes de exorcista. Era como si el hombre fuera yesca y ella una cerilla. Conseguía encenderla de esa manera sólo con aproximarse y ella no entendía por qué. A ella siempre le habían dicho, mientras veía a su madre con su padre, a su prima Natalia con su pareja, a las demás chicas... que cuando menos lo esperara ella encontraría al hombre con el que quería pasar el resto de sus días. A veces, le dijo su madre, ese hombre cuesta de encontrar y no es lo que parece, pero estaba convencida de que ese hombre era Raff. Tan segura, que pondría su mano en la boca de un noctis.

—Pero creo que este no es el mejor lugar para aprender ruso. ¿No crees? Ven, mi casa es un lugar más tranquilo. —Y aunque no lo pareciese, ella iba con toda la intención de enseñarle el idioma. En una mente tan naïf como la suya no existía otra cosa, al menos de momento, que un hombre y una mujer que se querían eran capaces de hacer a solas en una habitación—. No está lejos. Tengo todas las maletas tiradas por ahí, pero no importa eso.

Cogió con fuerza la mano del hombre y lo sacó de la academia. En ese momento, él era suyo, y de nadie más. Las calles estaban prácticamente desérticas, y ella misma se recordó que la última vez que pasó por ahí, unos meses atrás, era una zona bulliciosa y llena de vida. Miró a su alrededor, miró a Raffaello a los ojos y confundida y con una presión extraña en el pecho, con una congoja extraña, preguntó:

—¿Qué ha ocurrido mientras no estaba? Todo está... diferente.

Sí, definitivamente no era difícil perder la cordura ahí. Pero si él estaba a su lado, era capaz de eso y más.


avatar
Exorcista — Alumno



Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Reencuentros [Priv. Raffaello]

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.