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Some monsters are humans [Priv. Astoria]

Mensaje por Gereon Dreschner el Vie Feb 02, 2018 2:48 am

Como si un ser de la noche se tratase, Gereon se escabulló entre las estrechas callejuelas como una anguila, mientras su capucha negra cubría toda su cabeza. Era rápido, silencioso, cosa que había adquirido con los años de práctica y que no le venía nada mal. Observó a la que sería su compañera para esa misión, una muchacha rubia que llevaba una espada, detenida bajo un porche. Chasqueó la lengua, satisfecho, y avanzó hacia ella. Colocó su mano en la empuñadura de su espada y se acercó a la joven. Le habían dicho su nombre, pero se le había olvidado. ¿Qué sentido tendría recordarlo, si tal vez moría durante esa cacería? No quería retener información inútil en la cabeza.

Cuando se relajó y se encaminó hacia ella, se percató de que llegaba como una hora tarde, si no más, pero no le pudo importar menos. Era ella quién tenía el honor de trabajar con él, no al revés, así que si tenía que esperarlo, que lo hiciera. No se cazaba noctis todos los días con el Príncipe Putrefacto y una cría como esa bien debería saberlo. Sujetó con más fuerza el mango de la espada y la desenvainó, caminando a paso seguro hacia ella y, cuando la tuvo suficientemente cerca, le dio en el trasero con la parte roma de la espada.

—Tú, vámonos —siseó, con su habitual voz ronca.

Detectaron hace unas semanas un redil de noctis y mestizos escondidos en una casucha abandonada, no muy lejos del punto dónde se encontraban en ese momento. Gereon pidió expresamente ir él y quién lo concedió (cuyo nombre tampoco sabía ni tenía interés en conocer), sabiendo que iría de todas formas, le hizo ir con esa muchacha, por si surgía algún problema. ¿Problema? Ella iba a ser el verdadero problema, metiendo el morro en una situación que el alemán podía manejar por sí solo. Pero bueno, no era su problema. No era la niñera de nadie, menos de esa cría. Si moría, eran daños colaterales.

Como siempre lo habían sido.

—¿Vienes o quieres que te dé con la parte afilada? —espetó, al ver que seguía ahí parada cuando él ya comenzaba a moverse.

Sin saber ni importarle si la muchacha o no le seguía esta vez, no tardó mucho en dirigirse al punto indicado por el soplo, balanceando levemente su espada junto a su cadera. No es que le hiciera mucha gracia tener un compañero, pero cambió de idea cuando se dio cuenta de que esa chica podría ser una magnífica espectadora. Matar noctis es todo un arte digno de alguien experimentado y él tenía una habilidad (sin contar el hecho de pudrir aquello que tocara) que consistía en hacer que el asesinato fuese algo bello. La cabeza de una de esas criaturas rodando por el suelo, los intestinos de un mestizo desprendiéndose por un tajo de su espada, toda esa sangre... el hombre se relamió con cada una de esas imágenes, soltando un jadeo leve tras morderse el labio. No era momento de entrar en divagaciones.

Podía ver la puerta de la casa al otro lado de la calle. El cielo se había vuelto oscuro y se descubrió la capucha, ahora que su letal enemigo, el sol, se había ocultado tras los edificios a su izquierda. Se apartó la melena blanca para que no le molestara. Se rascó discretamente un arañazo en su brazo, repasando la costra con la yema de los dedos. Una de tantas heridas que se le hacían al usar su poder. Con la cantidad de noctis esparcidos por toda Venecia tenía que pudrir muchos cuerpos repugnantes y se le hacían bastantes heridas. Pero como solía decir alguien, todo lo bueno tiene un precio, porqué nada es gratis. De todos modos, se había acostumbrado a aquellas heridas, como se había acostumbrado al hedor de un cuerpo en descomposición; realmente, ese olor nunca le había disgustado.

Se detuvo justo delante de la puerta, mirando a su alrededor. No es que viera demasiado bien tampoco, pero no estaba ciego. Olisqueó el ambiente, tratando de discernir algún olor que le pudiese proporcionar una pista sobre la boca del lobo en la cual se estaban metiendo. Pero Gereon no estaba asustado, no. Estaba emocionado, sentía un cosquilleo en su vientre bastante intenso. Ni se había dado cuenta de que tenía una enorme sonrisa dibujada en el rostro, y que su único ojo brillaba. Sus dedos se entornaron alrededor del mango de la espada, en un bailoteo nervioso; abrió y cerró repetidas veces la otra mano, como tratando de despertarla. Era el momento.

Asestó una patada a la puerta y ésta resistió el impacto. Asestó varias más, con una desesperación intensa, deseoso de entrar de una vez por todas. Jadeaba con cada patada, mientras la puerta crujía y gruñía, como si se quejara. Finalmente, el golpe del hombre rompió la madera y la puerta se desplomó en el suelo. No tardó ni un minuto en entrar. La muchacha que lo acompañaba, sin embargo, estaba allí, detrás de él, mirándolo con una expresión un tanto extraña.

—¡Noooooctis! —canturreó, con una voz gutural, blandiendo su inmensa espada—. Aquí está el Príncipe Putrefaaaacto. Saliiiiid. Sólo quiero rajar vuestras tripas y follarme vuestros cuerpos muertoooos.

Lo último no lo decía en serio. Constaba que sólo había noctis machos y mestizos en aquella zona. ¿Qué era él, un desviado? Ni de lejos.
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Re: Some monsters are humans [Priv. Astoria]

Mensaje por Astoria Pendragón el Sáb Feb 03, 2018 8:05 pm

Lo mejor de Venecia, a parte de los bonitos escenario y hermosos hombres, era el trabajo. No tenía tiempo para volver a sus aposentos y ponerse a darle vueltas a la cabeza, cosa que para ella era lo mejor. Últimamente había un nombre iba y venía en su cabeza, Enzo... no era capaz de sacárselo, sin embargo mientras estuviera trabajando y con las manos ocupadas solía olvidarse de él. Un tal Lord Ew, le habían dicho, había llegado a la academia y ella iba a ser su primera compañera de trabajo, no sabía si era algo bueno o malo... desde luego aquel mote “cariñoso”, Lord Ew, no era precisamente muy halagüeño...

 Fue a su encuentro, solía llegar con antelación. Para ella la puntualidad era hartamente importante, la vida de gente dependía de ellos y de su trabajo, no podían hacerles esperar. Vestida con su armadura plateada, reluciente, su espada a la espalda y el pelo recogido en una coleta alta estaba esperando en el portal de una casa a que “Lord Ew”, véase Gereon Dreschner, que aún no había llegado y de hecho llegaba tarde. El sol empezaba a ponerse, lentamente el cielo se tenía de una variedad de colores casi contrapuestos. Un degradado de rojizos y anaranjados que culminaba en azules hasta casi el negro... el espectáculo era increíble pero más increíble era que aquel hombre en su primer día de trabajo iba a llegar tarde. Empezó a dar vueltas, nerviosa. Cuanto más de noche se hiciera peor para ellos, los noctis tendrían una ventaja.

 - Esto es increíble...

 Murmuró para si misma, cuando a lo lejos le pareció ver a un leucocito blanco acercándose hacia él. Es que era imposible no reconocerle, tan pálido y enfermizo, la cicatriz en su cara... Sí, era él. Indiscutiblemente. Cuando estuvieron a la misma altura estaba dispuesta a ponerle a caer de un burro, sin embargo lo que este personaje hizo la dejó completamente helada. Sintió el mango de su espada en su trasero, descaradamente... ¿Qué acababa de pasar? Su mente comenzó a dar vueltas, de asco, de repugnancia, de cabreo ¿Quién se creía que era aquel hombre? Desde luego no entendía aquella actitud, empezaba a comprender la razón de su apodo. Tuvo que tomar aire para no lanzarse su espada a la cabeza en aquel preciso momento.

-  Increíble... -Murmuró comenzando a andar tras de él, ganas tenía de ver qué era lo que haría ahora. Ya entendía por qué nadie quería ser su compañero de buenas a primeras. Mantuvo las distancias hasta llegar a la casa.- Paciencia, paciencia.[/color]

 Al estar frente a esta se olió lo que Gereon iba a hacer. No estaba del todo segura, pues juzgando por su enfermiza imagen uno no diría que fuera a ser un bestia físicamente... pero algo le decía que pese a ello, haría algo que no solo volvería a dejarla helada sino que llamaría la atención de todo ser viviente y no viviente a varios metros a la redonda. Intentó adelantarse a él, para evitar lo que estaba por ocurrir.

- No no...

 Solo llegó a decir aquello, Gereon estaba ya empezando a patear la puerta y dar voces cual verdulera de pueblo. Se llevó la mano a la cabeza y dio una vuelta sobre si misma pidiéndole paciencia al señor porque si le pedía fuerza acabaría por destrozarle el cráneo al albino. Escuchó la puerta caer abajo con un estruendo. Genial. Si no sabían ya que estaban allí, ahora ya sí que lo sabían. Se volvió a girar entrando en la casa, sintiendo crujir la puerta de madera bajo sus zapatos al pasar por encima. Mantenía la distancia con su puesto compañero. Si había alguien allí dentro prefería que al primero que se llevasen por delante fuera a aquel desgraciado. No comprendía qué clase de actitud era aquella y cómo pretendía trabajar bien con alguien si trataba así a todos sus compañeros...

 Espada en ristre le siguió. Escuchaba ruidos no muy lejos. Echó la vista al exterior, no quedaba casi rastro del sol. Estaban en total desventaja, se habían metido en un nido de Noctis y encima de noche... y además, habían entrado a lo grande como no. Ni que fuera el príncipe de Roma. Llegaron a una primera puerta. De allí le parecía que provenían los ruidos, no estaba muy segura. Se adelanó a Lord Ew como pudo, sin si quiera dirigirle una mirada. No iba a seguir irrumpiendo en la casa sin más. No iba a acabar muriendo por su culpa, tenía mucho por experimentar aún...

 Abrió lentamente la puerta, accionó la manecilla sin hacer ruido y apenas abrió una rendija mirando al interior. Allí dentro vio un reducido grupo de Noctis, no sabía exactamente cuantos eran pero no sería difícil acabar con ellos entre los dos en apenas un suspiro. Miró por primera vez a su compañero, mirándole a los ojos. Sus ojos verdes parecían estar ahora llenos de vida, la emoción de la batalla era lo que la alimentaba. Se llevó un dedo a los labios y le indicó que entrase tras de ella rápido.

  No tenía claro si era capaz de acatar órdenes de un superior, puesto que él parecía creerse superior al resto. Terminó de abrir la puerta y sin decir nada más se lanzó al interior de la sala con la espada en alto. Caliburn brillaba de manera diferente, ávida de sangre y muerte. Sentía como la hoja de la espada penetraba en carne como si fuera mantequilla. Echaba de menos aquella sensación que alimentaba su alma y su plan sobre aquella tierra, aquella misión que Dios le había otorgado. Ya ni si quiera se acordaba de su nuevo compañero, aquel que había sido capaz de dejar helada a “Saber Lily” con su extraña e incomprensible actitud.


¿Qué sería de ellos en aquella noche? Aquello estaba aún por ver, pero el drama está servido.
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Re: Some monsters are humans [Priv. Astoria]

Mensaje por Gereon Dreschner el Sáb Feb 03, 2018 10:02 pm

Gereon se sacudió un poco cuando vio a todos los Noctis apiñados como una masa repugnante en una esquina del cuartucho. El albino cerró la puerta, con una enorme sonrisa que parecía un tiburón acercándose a su presa para devorarla, y el efecto se intensificó cuando se relamió, pasando suavemente su lengua por sus pálidos labios. Hizo bailar un poco su espada y cuando ella se abalanzó hacia sus enemigos, él también lo hizo.

Su primera estocada iba dirigida a uno que saltaba directamente a su cuello. Sus afilados dientes intentaron cercenar la garganta del hombre, hincando esas dagas que tenía en la boca en su yugular, pero Gereon previó sus movimientos y la inmensa espada de hierro se incrustó en el pecho de su enemigo. La criatura dejó escapar un quejido ahogado y con el pie, el exorcista arrancó la espada de sus entrañas. Un chorretón de sangre impregnó sus ropas oscuras y sintió el olor que desprendía. Un escalofrío de placer recorrió su columna vertebral cuando los fluidos le tocaron. Asestó una patada a un segundo monstruo, que cayó de espaldas contra lo que era un mueble y se partió el cuello. Arrugó la nariz, no le gustaba esa manera de matarlos.

Al siguiente, le correspondió una decapitación. La espada del Príncipe Putrefacto cercenó su cabeza que se precipitó al suelo y rodó hasta las botas de su verdugo, aún mordiendo al aire. Su cuerpo, inmóvil, expulsó un torrente de sangre maloliente y que llenó la cara y la ropa de Gereon, para desplomarse finalmente. Con la espada bien sujeta en su mano, se quedó petrificado unos instantes. Gimió, mientras pisoteaba la cabeza y sentía la cálida sangre deslizarse por su piel. El cráneo ajeno crujió y sus jadeos se intensificaron; salieron del fondo de su garganta y pisoteó nuevamente. Su único ojo, normalmente rojizo, ahora estaba casi en blanco.

Aprovechando esos instantes de inmovilidad, un cuarto noctis arremetió contra él. El alemán no lo vio venir, pues se acercó por su espalda, pero en cuanto lo tuvo junto a él, se giró, soltando su espada y agarrando al monstruo por el cuello. El arma de metal hizo un estruendo enorme al caer al suelo, pero nada comparado cuando el exorcista pegó a la bestia contra la pared. Sus manos, entornadas alrededor de su cuello se enfriaron en una milésima de segundo y la esencia de la muerte reptó hasta el cuerpo ajeno. El ser abrió la boca y trató de morder al falso príncipe, que sonreía y no dejaba de jadear. Sus dedos de internaron en la carne impropia y el hedor característico de la carne en descomposición impregnó las fosas nasales del albino. Se mordió el labio y presionó con renovadas fuerzas. Debajo de sus manos, la piel iba tomando un aspecto verdoso, que pasaba a negruzco, mientras el olor era más y más notable. La criatura se estaba ahogando, la sepsis se adueñaba de su garganta y poco a poco, iba muriendo. Gereon no soltó a la criatura, disfrutando de ese repulsivo olor incluso cuando ya estaba muerta.

Dejó caer el cuerpo inerte en el suelo, haciendo que el olor se extendiera por todas partes. Se frotó las manos, doloridas, pero no hizo ningún comentario. Sólo quedaba un joven mestizo en el suelo, malherido. Recuperó su espada, dando una patada a un cuerpo para poder cogerla y ensartó el filo en la cabeza del muchacho quién murió al acto. No le dio tiempo a decir nada. Los ojos del joven se pusieron en blanco y su cabeza se cayó, golpeando la pared. Pero claramente, no lo sintió. El alemán arrojó la espada a un lado y se tiró al suelo, colocándose contra la pared y la cabeza apoyada en la madera, como si imitara al joven mestizo muerto.

Se relamió la sangre que tenía en la cara, atrapando el líquido rojo que impregnaba su cara con su larga lengua. Se limpió la cara con las manos y empezó a meterse todos y cada uno de sus dedos en la boca, sorbiendo la sangre de ellos con una expresión de éxtasis total. Sabía que no era venenosa, ni que le produciría ningún efecto adverso indeseado, así que no se detuvo, mientras su lengua repasaba sus dedos, eliminando cualquier rastro. Paladeó lentamente las últimas gotas de sangre que había en sus labios y con la bota, atrapó su espada por el mango, que atrajo hacia sí. A pesar de lo mal que trataba su arma, esta seguía afilada y sin ninguna muesca. Pagaba bastante para que se la afilaran bien tras cada misión, se cabrearía si no estuviera en buen estado.
Retiró cuidadosamente la sangre impregnada en el filo y se levantó, dirigiéndose a su compañera de fatigas, que lo observaba con una expresión muy extraña, como si acabara de ver un espectro. Un espectro que se alimentaba de la sangre de unos noctis que acababa de matar. Con un resoplido, se acercó a ella y le colocó los dedos impregnados en sangre delante de la cara. Unos dedos pálidos y muy fríos que acababa de lamerse en un trance de éxtasis y que ahora, estaban recubiertos por esa sustancia rojiza de nuevo.

—No seas celosa —rezongó Gereon, haciendo bailotear sus dedos delante del rostro de la muchacha—. También hay para ti, toma. Lame, que será lo mejor que te hayas metido en tu vida dentro la boca. —Al ver que no obedecía, sonrió ampliamente, dejando ver sus dientes rojizos e insistió—. Di aaaaah~

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Re: Some monsters are humans [Priv. Astoria]

Mensaje por Astoria Pendragón el Miér Feb 07, 2018 2:37 am

Poco conseguía perturbar. Solía ir con el aire, fluía de y cuando no cruzasen ciertos límites. Rara vez juzgaba a alguien por sus gustos, puesto que “Dios nos quiere a todos por igual”y ella lo aplicaba a su vida. Todos somos seres de bien, todos somos queridos por dios siempre y cuando no dañemos a nadie más. Así pues, rara vez algo conseguía sacar a la joven de su tranquilidad... Pero aquel hombre se estaba ganando la medalla de oro.

 No solo sus maneras era carentes de sentido y planificación sino que además su manera de actuar solo le acercaba más a los Noctis... más que separarse de ellos por ser un exorcista, era más como uno de aquellos monstruos que como un exorcista y eso era algo que Astoria no podría pasar por alto. Terminó rebanando la cabeza del último noctis que quedaba en la sala, había sido todo muy fácil... suave como la seda, no tenía queja a cerca del trabajo en equipo pues habían sido rápidos y efectivos. El cómo, eso ya era algo personal de cada uno y no se metería en dicho tema... sin embargo, aquel hombre, cruzó la linea. Cruzó una linea que rara vez nadie había conseguido cruzar.

-  Aparta esa mano de mi cara o te juro que te cerceno cada falange... - Apartó la mano de un manotazo y elevó la espada hacia el cuello de Gereon, entrecerrando los ojos con maldad. Su expresión que por lo general era bastante dulce y tranquila, se transformó por completo... casi que parecía otra persona completamente distinta. Un brillo diferente pudo diferenciarse en lo más profundo de su pupila. Ese fuego que tanto la caracterizaba y gracias al cual había conseguido alcanzar su posición.- Una estupidez más como esta y te denuncio a las autoridades... no sé a que juegas, pero ese tipo de comportamiento no te diferencia en nada de esos bichos.

 Le echó una mirada de asco primero a los cadáveres y después a él. Si bien era cierto que no apoyaba el hecho de acabar con la vida de gente inocentes, si que creía que la existencia de aquellos seres era algo abominable y que no deberían de existir. No solo por ir contra natura sino porque ponían en peligro la seguridad del resto de los humanos. Podrían ser inocentes pero su naturaleza era salvaje, como la de un león y eso no podía ser pasado por alto, un paso en falso y podrían descontrolarse y desolar todo un pueblo... había sido capaz de contemplarlo con sus propios ojos en Inglaterra.

 La mirada regresó a su nuevo compañero, sabía que era raro, diferente al resto y su actitud al principio de la velada lo había dejado claro... sin embargo aquello llegaba a otro nivel, un nivel de jando hacer a los demás libremente siempre repugnancia incalculable. Era asqueroso y además penoso ¿Cómo alguien con el poder que él poseía podía rebajarse hasta el nivel del lodo o aún más? Apartó la espada enseguida, sin volver a mirar a su nuevo compañero. Más le valía acatar órdenes, de lo contrario aquella misión no acabarían bien ni para él ni para los noctis. Limpió la hoja de su espada, caliburn, de la asquerosa sangre de noctis en la ropa de uno de los cadáveres, algo captó su atención... un movimiento por el rabillo del ojo. Solía destacar por ser rápida pero en aquella ocasión lo había sido aún más. Alcanzó a ver algo en el pasillo... estaba claro que su llegada a aquella casa no pasaría desapercibida, no después del escándalo que el señorito asqueroso había armado.

 Se quedó en silencio, intentando no ser obvia y pasar desapercibida como si no se hubiese percatado de aquel hecho. Posó la punta de su espada en el suelo delicadamente, sin soltar el mango y tomó aire. Hacía mucho que no usaba sus habilidades en batalla, muchas veces no le era necesario pero si quería ser rápida en aquella ocasión e irse de una vez a casa y separarse de aquel hombre... haría lo imposible. Rasgó su mano delicadamente, dejando caer la sangre sobre la espada. El frío pareció empezarse a acumular al rededor de su cuerpo. El primer paso de aquella habilidad era lento, pero lo que vendría a continuación si que iba a ser rápido. Sentía el frío en su cuerpo, un frío que la rejuvenecía y alimentaba esa parte más oscura en lo más profundo de su ser... se relamió solo de pensar en la imagen posterior al ataque.

  Una preciosa flor de lirio se formó a su al rededor en cuestión de segundos. Tenía los ojos cerrados pero cuando el lirio se destrozó en pedazos los abrió contemplando ante ella como aquellos afilados trozos de hielo salían disparados hacia delante a su orden, con tan solo extender una mano. La fuera fue desmedida, no solo atravesaron aquellas ruinosas paredes sino que impactaron de lleno con la gran mayoría de aquellos seres que estaban dispuestos a vengar a sus compañeros asesinados a sangre fría. Aprovechó aquel momento de locura para lanzarse tras sus dagas de hielo haciéndose cargo de aquellos que habían logrado esquivar su ataque.

-  Dedíquese a su trabajo y déjese de tonterías, puedo ser su compañera pero eso no me obliga a ser su amiga... y si en algún momento veo que es igual que estos seres... -Comentó entre dientes, con un noctis arrodillado de espaldas a ella, al que sostenía por el pelo y decapitaba sin si quiera pararse a pensar, siendo salpicada por su impura sangre. Sus ojos brillaron tan solo una vez, casi de manera demoníaca, pero ella sabía que aquella era la misión que Dios mismo le había entregado así pues no era un demonio, no estaba haciendo el mal... era el bien por aquellos a los que debían proteger, a los débiles e indefensos. La mirada fue directa a Gereon.- No dudaré en tomar medidas ¿Queda claro? Terminemos con esto cuanto antes, quiero poder irme a mi casa antes del amanecer.

 Dejó caer el cuerpo inerte al suelo de un empujón, con asco. Quizás dejaba llevarse por su ira, aquella que Gereon había alimentado ¿Qué clase de persona era? Es que aún no lograba entender cómo podía ser así... ostentar un poder tan hermoso para hacer algo bonito y prefería rebajarse al nivel de un demonio. Era impensable para ella... Con un gesto del brazo limpió su espada, salpicando la sangre en las paredes del pasillo. Había destrozado casi la pared de la habitación en al que hacía unos segundos habían estado metidos. Aún les quedaba casa por investigar, algo le decía que allí dentro había algo más de lo que se creían. No pensaba irse sin haber limpiado aquel cuchitril de arriba abajo, Gereon la había despertado y ahora Saber Lily debía cumplir con su misión, exterminar a aquella plaga que llenaba de mal aquellas tierras que Dios les había otorgado.

 ¿Sería Gereon capaz de superar las expectativas de Astoria? Habría que esperar a ver, como bien sabía no todos los monstruos eran demonios, también había monstruos muy humanos.



- Dios, aquí tu sierva pide paciencia y fuerza de ti para hacer frente a este obstáculo... pero no demasiada, pues temo acabar con la vida de mi compañero a la primera si vuelve a comportarse como uno de esos demonios.-
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Re: Some monsters are humans [Priv. Astoria]

Mensaje por Gereon Dreschner el Miér Feb 14, 2018 9:02 pm

—Cristalino —respondió, sin poner ninguna expresión en su rostro más que una de diversión, que aderezaba con una de esas repugnantes sonrisas—. ¿Algo más que deba saber o la señorita Llorica ya ha acabado de quejarse? Y no vas a denunciarme. ¿Qué pruebas tienes? Cuando tengas algo con lo que demostrarlo, hazlo, pero ahora déjate de lloriqueos.

Observó a su alrededor. Los pasillos y las paredes estaban impregnados de sangre, como una macabra pintura oscura. Se limpió las uñas con los dientes, sin más, y con la espada en la otra mano, que balanceaba como una niño balancea un peluche, subió las escaleras que los llevarían al piso superior. Casi podía olerlos, aquel aroma pútrido y repulsivo, que sólo podía mejorar tras pudrirlos como él solía hacer.

El lugar era oscuro, especialmente lóbrego y con inmensas telas de araña, que eran los reinos de aquellos bichos de ocho patas. Con cada paso se levantaba una pequeña nube de polvo, gracias a los más de dos dedos de polvo que cubrían cada superficie plana, entre ellas, el suelo. No se oía ni un alma. Gereon se estiró, humedeciéndose los labios y mirando por todas partes. A diferencia de los golpes que dio para derribar la puerta al suelo, cuando quería podía ser realmente silencioso, como una serpiente arrastrándose. Colocó una mano junto a una de las puertas y la empujó, encontrándose con un grupo de noctis aguardando su llegada. Todos los pares de ojos de la sala se giraron hacia el único ojo rojizo del hombre, que sonreía y se balanceaba levemente adelante y atrás, acompasando el baile de su espada.

—Pero si ya han llegado nuestros invitados —se mofó un noctis particularmente jorobado—: la chica bonita y el hombre de leche. ¿Qué os trae por aquí?

El albino alzó su espada y le cortó el cuello. Cerró los ojos cuando el filo de la hoja rebanó su garganta y fue cortando uno a uno los músculos y los tendones que unían la cabeza con el resto del cuerpo. Aunque no cortó la cabeza del todo, el cuerpo de la criatura se abalanzó hacia atrás, y el hombre lo hizo caer de una patada. El caída del jorobado fue estrepitosa, pero el silencio que dominaba la habitación se hizo presente de nuevo, a una velocidad asombrosa. Nadie osó decir nada.

—Para vosotros, escoria infecta, soy el Príncipe Gereon Dreschner. —Escupió en el suelo y se dirigió hacia los demás, para aniquilarlos también.

No se demoró ni un instante en clavarle la espada en el corazón a otro de ellos, que con un gañido de dolor, se desplomó en el suelo. El alemán sonrió, disfrutando al ver cómo morían sus enemigos. Todo parecía suceder a cámara lenta, como si en aquella reducida habitación el tiempo hubiese variado hasta el punto de alcanzar aquella lentitud. Era un trance eufórico, extraño y repugnante, todo estaba influenciado por aquella aura. Cogió aire se giró, extendió los brazos y, de pronto, sintió cómo uno de ellos de abalanzaba encima de él, golpeándolo por los hombros y haciendo que su espalda impactara contra la pared del cuartucho. El tiempo volvió a la normalidad. Dejó ir la espada, liberando sus manos y apretó los dientes al sentir el golpe.

—Nunca he probado la sangre de un príncipe. —El fétido aliento de una de esas alimañas se concentró cerca de su oído, susurrándole, mientras acariciaba con sus largas uñas su blanquecino cuello. Gereon no se hizo esperar.

—Ni lo harás. —Colocó sus dos manos sobre la cara de su adversario e hincó los pulgares en los ojos de este. El noctis gritó, pero la fiesta sólo acababa de empezar. La podredumbre avanzó desde las manos del humano a los ojos del monstruo, y poco a poco, fue descomponiendo la carne y los tejidos hasta su cerebro. Las manos que sujetaban los hombros del alemán cayeron a peso muerto a los lados del cuerpo de su propietario, que a su vez, cayó al suelo.
Gereon se observó las manos, dónde una erupción con un horrible rasguño en medio acababa de salir. Frunció el ceño, y escupió sobre ella, tratando de calmar el dolor de ésta. En la otra mano, los cortes habían salido en medio de los dedos, entre los pálidos y flacuchos nudillos de ésta.

Se acercó al cuerpo que acababa de tumbar, recogió su espada y echó un rápido vistazo a lo que fueron los ojos del monstruo. Ahora no eran más que cuencas ennegrecidas, llenas de gusanos y putrefacción. El estado de estos no casaba con el estado de recién fallecido del resto del cuerpo, pero en aquellas imperfecciones estaba la belleza, pensó él.

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Re: Some monsters are humans [Priv. Astoria]

Mensaje por Astoria Pendragón el Vie Feb 16, 2018 1:25 am

No sabía en cuantas ocasiones había tenido que dejar constancia de que su trabajo no era el de ser una niñera de nadie, era una exorcista. Casi uno de los más altos rangos en la academia ¿Cómo era posible que siempre acabase emparejada con locos, raros, o gente como aquella? ¿Tanto la odiaban? No llegaba a comprender cómo su trabajo siempre se veían multiplicado por la necesidad de ir tras alguien que no parecía tener control propio sobre cuanto hacía o debía. Aquel hombre le daba asco, para que mentirnos, pero no deseaba que nada le ocurriese.

 Exasperada, tras acabar con el último de los noctis que casi tienen una emboscada salió corriendo tras Gereon. No le había visto salir de la habitación, no le sentía allí abajo. Miró a su al rededor, no desde luego allí no estaba. Estaba todo recubierto de sangre y cuerpos definitivamente sin vida, pero no le veía chupando ninguna pared o llevándose algo impregnado en sangre de Noctis a la boca. De verdad, era como tener que cuidar otra vez de un niño pequeño. Siguió su trasto por el pasillo, no le fue muy difícil encontrarlo aunque debía admitir que hasta el momento había sido bastante silencioso y sigiloso.

 
—Para vosotros, escoria infecta, soy el Príncipe Gereon Dreschner. —

 ¿Pero qué narices estaba diciendo? Se quedó fuera de la habitación observando, parecía que estaba defendiéndose bastante bien así que solo aguardaría un momento para escuchar qué locuras eran las que estaba soltando por aquella inmunda boca. Príncipe dice...  si no llega ni a soldado, qué va a ser un príncipe. Qué sabrá el de parentescos, genealogías y origines emparentados con la realiza. Estaba alucinando. Aquel hombre desde luego era un caso para ser estudiado en profundidad en Poveglia ¿Qué le pasaba a su cabeza? Preferiría ni mencionarlo, de lo contrario sabía que acabaría teniendo una conversación demasiado estúpida con él y no estaba por la labor.

 Le observó pelear, su manera de afrontar al enemigo era limpia... bueno dentro de lo que cabía. Sabía lo que hacía y no dudaba ni un segundo. Aquello era un punto a su favor, al menos sabía que no correría peligro de ser atacada por un Noctis estando él cerca, el problema era que quizás era él quien intentaría comerse a un Noctis o a ella. Prefería no pensar en absurdidades como aquellas pero con aquel hombre todo era posible. Había escuchado a cerca de su extraño don, el don de la putrefacción. Era raro encontrar dones parasitarios, por lo general los que conocía eran normalmente empuñados o equipados... le resultó curioso como este funcionaba y como evolucionaba, también se percató de los contras de usarlo y se concienció de que no intentaría tocarle a menos que supiera que era seguro. Por lo general, pese a su apariencia extraña, peculiar y un tanto repugnante mientras que no abriese la boca podrían convivir. Sin embargo, si abría la boca...

 Perdida en aquellas divagaciones, por el rabillo del ojo vio una sombra en una de las esquinas superiores de la habitación. Era una sombra pequeña pero lo suficientemente sospechosa como para provocar que Astoria entrase en la habitación y sin pensárselo ni dos veces se colocase a la espalda de Gereon y empalase a la pequeña sombra que se abalanzaba sobre él. Sabía de sobra que él podría haberse apañado solo. Fue un movimiento involuntario que no ayudaría para nada en ganarse su simpatía, pero aún así lo hizo. Frente a sus contempló dos ojos negros inyectados en sangre, pequeños, que una vez fueron dulces e inocentes. Unos rizos dorados, ahora casi ennegrecidos por la suciedad que caían sobre un precioso rostro redondeado e infantil. Pobre niña, qué culpa tendría de haber sido víctima de aquel destino. Pequeño ser de Dios que había sido maldecido por culpa de otros. Acarició su ahora inerte, del todo, rostro y la dejó caer al suelo sin más. Sin volver a mirarla. Aquel era el mejor de los finales... odiaba ver a niños inmortales, jamás conseguirían ser feliz y además habían sido expuestos a un futuro y una enfermedad que jamás podrían controlar. El mejor final, sin duda alguna, era la muerte.

   Sigamos, tenemos que encontrar al jefe. Esto parece una colmena de abejas. - Se giró en dirección a la puerta, lanzándole tan solo una mirada a Gereon para que continuara su camino. Si seguían allí les daría hasta el amanecer y al final la mejor opción sería destrozar la casa entera, cosa que no quería. No quería llamar más la atención. Ajustó la coleta en lo alto de su cabeza.- ¿Estás bien? ¿No necesitas nada?

 Por mucha repugnancia que aquel ser mortal hiciera florecer en ella, era su compañero al fin y al cabo... un compañero peculiar, pero un compañero. Era innato en ella mirar por los demás, no era algo que forzase salía solo y se había percatado del daño que su habilidad hacía. No sabía si podría ayudarle o no o si a él le sentaría mal el comentario pero en aquel momento había actuado con toda buena fe antes de continuar con su misión. De verdad se había preocupado por él y pese a que el hecho de tener que ir tras él cual niñera no le gustaba, debía admitir que hasta el momento era de los compañeros más aptos que había tenido.

  Con tus habilidades y aptitudes, creo que podremos exterminarlos a todos de un soplo con facilidad, e irnos a casa a descansar por fin ¿Estás listo  Príncipe Gereon, has despertado mis ganas de destrozarlos a todos, te harás responsable?
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Exorcista — Sub General


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