¡Bienvenido a Krory Milium, Invitado!

Nos alegra verte por aquí.




Últimos temas
» El deber es un dios que no consiente ateos [Priv. Raffaello Caruso]
Ayer a las 12:05 pm por Raffaello Caruso

» Always together [Priv. Victoria]
Lun Abr 23, 2018 9:24 pm por Victoria S. Blueflame

» ¿Donde le darías un beso?
Lun Abr 23, 2018 8:43 pm por Victoria S. Blueflame

» [Mini-Trama Libre][Off-Rol] San Valentino - Baile Amoroso
Lun Abr 23, 2018 8:34 pm por Victoria S. Blueflame

» ۝ Confirmaciones.
Lun Abr 23, 2018 5:26 pm por Afiliados Krory

» La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]
Lun Abr 23, 2018 1:44 am por Marie Labov

» Лана передает привет [Priv. Gabrielle Mori] +18
Lun Abr 23, 2018 12:48 am por Gabrielle Mori

» ¿Qué harías si...?
Vie Abr 20, 2018 9:18 pm por Svetlana Dragunova

» {A} ۝ REGISTRO GLOBAL OBLIGATORIO.
Vie Abr 20, 2018 7:31 pm por Svetlana Dragunova

» ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste? [Libre, máx. 1 pj]
Vie Abr 20, 2018 7:07 pm por Anaïs Larousse

» Sólo negocios, nada personal. [Priv. Silcius Rocafort]
Vie Abr 20, 2018 6:55 pm por Silcius Rocafort

» Blooming [Priv. Enzo]
Vie Abr 20, 2018 6:12 pm por Enzo Rossi

» Mistery Dancing (Privado Marie)
Jue Abr 19, 2018 5:23 pm por Silcius Rocafort

» Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)
Jue Abr 19, 2018 12:22 am por Sarah Westerman

» Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18
Miér Abr 18, 2018 11:36 pm por Marie Labov

» Haunted [Priv. Elisheva]
Miér Abr 18, 2018 10:54 pm por Marco Farnese

» May our paths cross again |Sealtiel|
Dom Abr 15, 2018 4:13 am por Logan D. Schneider

» [ANUNCIO] Ausencias y despedidas.
Sáb Abr 14, 2018 8:54 pm por E. Sabine Baker

» ۝ Cambios de botón y otros.
Vie Abr 13, 2018 6:29 am por Afiliados Krory

» Beautiful Life[Pirv. Elric]
Jue Abr 12, 2018 12:53 am por Adelei D'Cielo

¿Quién está en línea?
En total hay 2 usuarios en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 2 Invitados

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 54 el Jue Mar 19, 2015 10:15 am.






Compañeros







Damos crédito a HeySpace y RavenOrlov eget posuere mi. Aliquam faucibus gravida aliquet. Curabitur odio urna, tristique et porta eu, bibendum et ex. Phasellus vel eros ante. Maecenas et pellentesque risus. Praesent in quam at mauris convallis scelerisque.
N U E S T R O S — A F I L I A D O S
Crear foro


VÓTANOS!




CRÉDITOS
Agradecemos a todos los miembros del foro su dedicación y participación en Krory Milium, sin vosotros esto no sería posible. Gracias al Staff por su ayuda para mantener el foro y sus diseños que le dan al foro una imagen increíble. Les damos las gracias a todos los miembros del staff de ForoActivo que nos han ayudado con nuestros problemas y nos han tratado y atendido de maravilla.

La trama del foro es original, inspirada en la serie D-Gray Man. Todas las tramas, historias, diseños y códigos son creación del staff. Por favor no copies o toméis sin permiSo.

Las imágenes que ambientan el foro han sido extraídas de DeviantArt, Pinterest y zerochan.


SÉ ORIGINAL, NO COPIES.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Sacando la basura [Priv. Gereon Dreschen]

Mensaje por Saskia Järvi el Mar Feb 06, 2018 2:00 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

Saskia había decidido viajar hasta allí a caballo, montada en una hermosa yegua de color negro azabache que contrastaba con la blancura de la exorcista. La montura había sido proporcionada ni más ni menos que por la generosa Academia Krory Milium. Últimamente la Iglesia estaba haciendo generosas “donaciones” – más bien “inversiones”, pero a la santa institución le gustaba más emplear el primer término – y aquello se notaba: tenían más medios, muchas más misiones, y los exorcistas que se habían largado, que habían sido encarcelados o bien ejecutados por ser mestizos, estaban poco a poco siendo reemplazados por otros nuevos. Además, el compromiso de la Academia Dakhla con Krory no había hecho más que reforzar el poder de la organización veneciana.

Monselice no estaba muy lejos de Venecia. Acostumbrada a viajes largos – pues la travesía de Finlandia hasta Italia había sido una verdadera aventura – Saskia se sorprendió cuando divisó aquel pueblecito a los pies de una gran colina, la Rocca di Monselice. Según la información que le habían proporcionado en la Academia, el lugar al que tenía que ir era la fortaleza en ruinas que se situaba en lo alto de esa misma colina. Se habían denunciado varias desapariciones en el pueblo, y había sospechas de que en aquellas ruinas se guareciera un grupo de noctis, del no se sabía exactamente el número.

No será una misión fácil – le dijo el director de la Academia – por eso trabajarás junto a un compañero.” En aquel momento, Saskia le había pedido cien veces a Dios que por una vez le dejasen trabajar con Hidan, pero no fue así. “¿Dónde se habría metido aquel patán?” pensó molesta al recordarlo. Al parecer, su compañero era un tal Gereon Dreschner, un alemán recién llegado a Venecia y que, por lo que había oído comentar a los exorcistas de la Academia, era “un tío de lo más desagradable.” Saskia levantó una ceja, en un gesto de indiferencia: mientras hiciese su trabajo, a ella no le importaba que fuese feo, guapo, asqueroso o desagradable. Sólo esperaba que no fuese un completo cretino.

La joven ya se había adentrado en aquel hermoso pueblo medieval. “Qué distinta es Italia de mi Finlandia” pensó Saskia, mirando a su alrededor. Todas las calles estaban perfectamente empedradas, y las fachadas decoradas con cenefas, frisos, maceteros llenos de flores y otros adornos a los que la joven exorcista no sabía poner nombre. Dejó el caballo en uno de los establos, obsequiándole una gran sonrisa al caballerizo, un hombre moreno y tosco de unos 50 años. Bastó con decir que era una exorcista de la Academia para que el hombre no pusiera ningún reparo. Saskia estaba feliz; le gustaba que la gente se tranquilizase cuando llegaba ella y les decía que era exorcista, se sentía casi como una heroína.

En cuanto estuvo preparada, comenzó su ascenso a la colina. El paisaje era precioso, y aunque el clima no parecía acompañar, a Saskia le encantaba: a pesar de ser mediodía, las nubes encapotaban el cielo, dándole un aspecto gris a todo que le recordaba a su tierra natal, y aunque el frío no era ni la mitad de intenso que en Finlandia, corría una brisa gélida que le sacaba algo de rubor su pálida tez. Un poco más alejado, en lo alto de la colina, las ruinas se asomaban tímidamente entre los árboles. “Qué bonito.” Se había enterado además de que en aquel pueblo existía una ruta en la que podías visitar siete iglesias, y tenía planeado hacerlo una vez que acabase la misión.

Se detuvo en el tramo final del camino, tenía que esperar a su compañero; tan sólo esperaba que no tardase mucho. Saskia era una persona muy paciente, pero lo cierto es que tenía muchas ganas de visitar esas iglesias antes de irse. “Esta misión es muy importante, tenéis que ser cuidadosos y erradicar a todos los noctis que allí se encuentren” resonó la voz del superior en su cabeza. “No consentiré errores. Monselice es el hogar de muchos y muy importantes nobles de la región del Véneto, y que contribuyen generosamente a la causa de los exorcistas. Matad a esos renegados y os será recompensado con creces.” Lo cierto es que a Saskia no le importaba demasiado la recompensa: su mayor satisfacción era servirle a Dios y proteger su creación, y demostrar que era digna de ser una exorcista de Krory Milium. La exorcista se miró las cicatrices de su mano, distraída. “¿Cuánto más tardaría su compañero en llegar? Habíamos quedado al mediodía...
avatar
Exorcista — Alumno


Frase Si los monstruos se atreven a mancillar el Reino de Dios, lo único que quedará será su sangre

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sacando la basura [Priv. Gereon Dreschen]

Mensaje por Gereon Dreschner el Miér Feb 07, 2018 2:29 am

Gereon solía llegar tarde siempre. No es que se despistara, ni que olvidara hasta el último momento el compromiso que tenía. Adoraba llegar tarde. Del mismo modo que no soportaba que le hicieran esperar, a él le encantaba que le esperaran. A veces una hora, dos... Cómo más urgente era, más tardaba en aparecer, en una ocasión, llegó un día tarde. Y no ponía ninguna excusa porqué los demás deberían estar agradecidos de que accediera a trabajar con ellos. Había ido a Venecia a matar noctis, no a enseñar a niñatos aprendices cómo usar una espada. Así que, tres horas después, apareció en aquella ciudad llena de flores y se frotó la nariz, que le escocía un montón. Era alérgico.
Su caballo, un animal blanco y de aspecto enfermizo como él, caminaba lentamente por las calles atestadas de traicionero polen. Si le sobraba tiempo esa tarde, se pasaría a quemar todas las putas flores de la ciudad. Llevaba la capucha sobre la cabeza, negra, como el resto de su atuendo, y sus facciones delgadas y poco agraciadas se deformaron en una mueca de asco. Acababa de ver a su compañera de misión, ahí parada.

Y era muy parecida a él.

Tenía el cabello blanco, los ojos rojos y la piel asquerosamente pálida, como el hombre. No era tan fea como lo hubiese sido él de ser una mujer, pero esa tonalidad de colores inexistente era lo que le crispaba, por alguna razón que no lograba entender. Se bajó del caballo de un salto, con cuidado de no engancharse la espada. Agarró las riendas del dócil equino y lo condujo hasta un hombre que había cerca de unas caballerizas. Un viejo de piel oscura.

—Cúidame a Inmundicia —ordenó, entregando las riendas al hombre.

Éste permaneció unos segundos en silencio, observando a la figura completamente vestida de negro que le daba las riendas de un caballo.

—¿Disculpe? —preguntó.

—Mi caballo, Inmundicia, que lo cuides. Límpiate la cera de las orejas, a ver si así escuchas lo que te dicen.

—Creo que no es un buen nombre para un cab... —protestó, pero el Príncipe Putrefacto le colocó un dedo enguantado en los labios.

—¿Y quién te ha preguntado, escoria humana?

Dicho eso, el hombre se marchó en dirección a la joven, que no se había movido desde que la había visto. Caminó con fingida parsimonia hacia ella y le dio un suave empujón con una mano. Parecía inexperta, como todos los que no eran él.

—Eres casi tan repugnante como yo, y eso me gusta —dijo, a modo de saludo.

Con el paso de los años, Gereon había asumido que el ser repugnante no era un insulto. Para él, era sólo algo descriptivo, una manera de referirse a algo, del mismo modo que hacerlo diciendo que era "azul", "grande" o "follable". En su vocabulario, los cumplidos y los insultos cobraban un nuevo significado, independientemente del significado de la palabra para los demás, de modo que "repugnante" era un adjetivo que solía aplicarse a sí mismo y era tan malo como decir que su pelo era blanco y su ojo (pues sólo tenía uno) muy rojo.

Según le habían dicho, había una casa llena de esos hijos de puta. Así que no se le ocurrió otra cosa que sacar de su bolsillo una granada. Hacía ya unos años que los ejércitos consideraban que esas bombas estaban obsoletas, que ya apenas servían para la guerra. Pero el alemán había conseguido hacerse con una antigua, pero que funcionaba a la perfección. Si bien la explosión no era lo más importante, la metralla en su interior la convertía en algo letal. La había conseguido en Francia, aunque no estaba muy claro si la había comprado, robado o había extorsionado a alguien para que se la diera. Era de vidrio, con la pólvora y la metralla en su interior. Volvió a esconderla cuando vio que estaba intacta, dirigiéndose a la casa que le habían dicho.

Desconocía si vivían humanos entre los noctis que pensaba volar, pero no le importó. Eran daños colaterales, cosas que tenía la guerra. Así que una vez en el edificio, se colocó ante la única ventana abierta, a varios metros por encima de su cabeza, y volvió a sacar la granada. La preparó, la encendió y se giró una última vez hacia su compañera, con una enorme sonrisa de tiburón blanco, que contrastaba con unos rasgos extraños en su rostro.

—¿Para qué sacar la basura, cuando puedes hacerla estallar? —Dio unos pasos atrás, extendió el brazo y arrojó al interior de la casa la bomba, a través de la ventana.

El vuelo del objeto no hizo ruido, pero mientras se adentraba en la casa, Gereon ya estaba tirado en el suelo, boca abajo, con las manos cubriéndose la cabeza por si se expandía más de lo que tenía previsto.

Una explosión.

Una inmensa llamarada y trozos de metralla y cristal salieron despedidos por todas las ventanas de la casa. El sonido era demasiado estruendoso como para no hacer retumbar el resto de ventanas de aquella bucólica ciudad, juraría que más de una y de dos de rompieron también. El alemán dio gracias a haberse preparado y; cuando hubo pasado y sólo una humareda negra como el carbón salía de los orificios de la estructura, se levantó, liberó su espada de la funda y se dirigió a la chica, a voz de grito. La adrenalina bullía en su cuerpo, como agua hirviendo.

—¡Fuegos artificiales! ¡Vamos a ver si queda alguno vivo! —Al ver su cara, añadió—. Venga, no pongas esa cara, que la puerta se ha abierto.

Si le sobraba tiempo, haría lo mismo con todas las casas que tuvieran esas jodidas flores.
avatar
Exorcista


Frase Sterben.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sacando la basura [Priv. Gereon Dreschen]

Mensaje por Saskia Järvi el Miér Feb 07, 2018 5:04 pm

Saskia se había cansado de esperar de pie. Estaba sentada en el suelo empedrado del camino que llevaba a las ruinas donde supuestamente se encontraban los vampiros, mirando cómo volaban los pájaros por el cielo grisáceo. “¿Cuánto tiempo más pensaba tardar este hombre?” pensó la exorcista resignada, ya llevaba casi dos horas esperando allí sola.

Un relincho lastimero la sacó de su ensimismamiento. Se levantó de una, mirando hacia el sitio del que provenía aquel sonido. Unos metros por detrás de la posición de Saskia, en el establo en el que antes había dejado a su espléndida montura negra, se encontraba ahora un triste corcel blanco, famelico y enfermizo, y a su lado se erguía un hombre: tan sólo con mirarlo supo que se trataba de su compañero. Abrió los ojos, con cierta sorpresa. ¿Cómo no iba a serlo? ¡Se parecía mucho a ella! Era albino, de un pálido que rozaba lo cadavérico, y tenía un solo ojo rojo que brillaba con furia en su fea cara. Pero no era sólo eso: su forma de actuar, su sonrisa repugnante, incluso la montura que había elegido... Los sentimientos en Saskia fueron encontrados. Aquel hombre, ¿le repugnaba o le reconfortaba? Sin duda Gereon era muy diferente al resto de los exorcistas de la Academia, y era obvio con tan solo echarle un vistazo. Ella misma lo era...

Saskia abrió la boca para hablar, pero Gereon le dio un pequeño empujón, diciéndole que “era casi tan repugnante como él.” Le dió un escalofrío; ¿se estaba refiriendo a su físico? ¿O quizás supiera algo más de ella...? “No, eso es imposible” se tranquilizó la exorcista, apartando ese pensamiento de su cabeza. Seguramente se referiría a su aspecto. Saskia sabía bien que no era el prototipo ideal de mujer: no era muy alta, sus atributos femeninos eran más bien escasos y su delgadez y extrema palidez le hacían parecer una enferma, por no hablar de los ojos rojos y las cicatrices que tanto parecian inquietar al resto de las personas. Y para el colmo, solía vestir con túnicas y pantalones, ya que se veía ridícula con aquellos pomposos vestidos de las venecianas. Por eso, no le sorprendía que la llamasen “engendro”, “repugnante” o “novia-cadáver”, ni siquiera le importaba.

Al menos no tengo la cara de este tío” pensó, echándole una mirada de reojo a Gereon. Solo entonces vio como el alemán había lanzado algo por una de las destrozadas ventanas de la fortaleza. Lo último que pudo ver fue como una terrible sonrisa desfiguraba aún más el ya feo rostro del exorcista alemán antes de que éste se tirara al suelo, y su comentario no la tranquilizó demasiado. “¿Pero qué...?”

Antes si quiera de poder acabar su pensamiento, el pequeño cuerpo de la exorcista salió despedido por los aires debido a la fuerte explosión que se desató, y el estallido se escuchó en todo el pueblo, incluso Saskia podría jurar que se había sentido hasta en el mismísimo infierno. La exorcista se cubrió como pudo el rostro y la cabeza con sus brazos, y cayó de costado en el suelo, varios metros más alejada de donde había estado hace segundos atrás. Un pequeño gruñido se escapó de entre sus apretados dientes. ¿Pero qué cojones había hecho ese tío? ¡Iba a espantar a todos los putos vampiros de allí! Saskia se incorporó sacudiéndose la ropa y el pelo, que estaban llenos de polvo. La joven estaba bien, sólo tenía algunos cortes pequeños y le zumbaban un poco los oídos, nada grave. Miró a Gereon con una mezcla de sorpresa, enfado y resignación. El albino parecía estar muy entusiasmado con su idea de volar las ruinas – y todo el pueblo, al parecer – por los aires.

Esto me pasa por aceptar ir a misiones sin Hidan. Con él, estas cosas no pasan” – Vas a espantar a los demás vampiros, y no podemos dejar que quede ni uno – dijo Saskia seria, sin más. ¿Estaba enfadada? Sí. ¿Pensaba que Gereon había cometido una gilipollez? También. Pero fuera como fuese, nadie la iba a distraer de la misión que le había encomendado no sólo la Academia, sino Dios: acabaría con todos y cada uno de los noctis, aunque tuviera que perseguirlos hasta la mismísima luna, y esperaba que aquel personaje no le dificultara las cosas.

La joven, ya totalmente recompuesta, entró con un ágil salto por una de las destrozadas y humeantes ventanas de las ruinas. Observó el interior: había quedado totalmente destrozado por la explosión de antes. Olía a pólvora y a quemado. Avanzó con la cautela que el exorcista alemán parecía desconocer, fijándose en todos los rincones de la medio derruida estancia. Allí no había ningún cadáver, los noctis habían logrado escapar del potente pero descuidado ataque del albino, aunque quizás estuviesen heridos. La ávida mirada de Saskia lo vió, y una retorcida sonrisa se dibujó en el rostro de la finlandesa. – Te pillé. – Dijo para sí misma, y avanzó corriendo detrás del noctis. Si lo que estaba intentado huir, no lo conseguiría. Nadie podía escapar de la ira de Dios.

¡Que no escapen! – gritó Saskia a su compañero. No podían dejar que ni uno de aquellos vampiros llegase al pueblo, tenían que liquidarlos a todos por completo. Pronto, en lo que habría sido el hall de aquel edificio, Saskia atrapó al noctis con los hilos que comenzaban en las yemas de sus finos dedos, unos hilos capaces de cortar carne y hueso. Éstos, casi invisibles, se enrollaron alrededor del cuello del noctis, que apenas se dió cuenta. Antes de que el vampiro pudiera hacer ningún movimiento, Saskia dio un fuerte tirón y la cabeza del engendro se separo limpiamente de su cuerpo, salpicando toda la estancia, incluida Saskia, de espesa y repugnante sangre vampírica.

La joven no tuvo tiempo de regocigarse. Justo cuando la cabeza del noctis cayó al suelo, otro se abalanzó sobre ella, con las fauces abiertas de par en par dispuesto a acabar con la joven de la misma manera que ella lo había hecho con su compañero. Saskia se agachó, veloz como una alimaña, y cuando el noctis pasó por encima de ella, le rebanó el estómago con una de sus cuchillas. El grito de dolor fue atroz. Una parte de las tripas de aquel engendro cayeron encima de ella, y el resto se esparcieron por el suelo de la entrada. Saskia rió; sabía que esa herida no le mataría, pero aquel monstruo ya estaba sentenciado: las heridas de sus cuchillas, bañanas en plata bendecida, hacían estragos en los cuerpos de los noctis.

Los filamentos de la albina volvieron a aparecer, sosteniendo al noctis en el aire por las extremidades, que sangraban por los cortes que los filosos hilos le producían. Tenía la mitad de las tripas colgando, y la piel y la carne humeaban allí donde habían recibido el corte de la cuchilla. – ¿Cuántos sois? – dijo Saskia, con una frialdad aterradora. – ¿Dónde está el resto? - El vampiro intentó revolverse, en vano. – ¡Maldita puta de la Iglesia! – gruño el vampiro – ¡Te matarán antes de que puedas pedirle a tu Dios que te salve! ¡Te meterán por el culo esa querida cruz que tanto te gusta!

Saskia puso una expresión de contrariedad. ¿Cómo se atrevía aquel ser inmundo a pronunciar el nombre del Señor? – No merece la pena gastar el tiempo contigo – dijo, mientras se acercaba al vampiro inmóvil con su filo en la mano. Se lo clavó primero entre las piernas, y el vampiro bramó de dolor. La mano de la exorcista se empapó de sangre espesa y maloliente. – No vuelvas a mancillar en nombre de Dios, jamás. – sacó una nueva cuchilla, y le revolvió con ella la herida que ya tenía en el estómago. – No vuelvas a amenazarme. – El vampiro seguía aullando de dolor, a punto de perder la cordura. –  Y vete al infierno. – concluyó Saskia, que clavó otra cuchilla más en su garganta y por último, otra en su corazón.


El cuerpo se desplomó en el suelo en cuanto Saskia lo liberó. Unas ganas terribles de pisotearle la cabeza al cadáver del vampiro invadieron a la joven, pero se controló. Todavía quedaba trabajo por hacer. La joven dio una patada al muerto para ponerlo boca arriba y recuperó sus cuchillas, limpiando la inmunda sangre del vampiro en su propio cadáver. Se levantó y se dio la vuelta, buscando a su compañero. – ¿Gereon? – preguntó en voz alta. – ¿Dónde te has metido? ¡Tenemos que asegurarnos de acabar con todos!
avatar
Exorcista — Alumno


Frase Si los monstruos se atreven a mancillar el Reino de Dios, lo único que quedará será su sangre

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sacando la basura [Priv. Gereon Dreschen]

Mensaje por Gereon Dreschner el Jue Feb 15, 2018 10:45 am

Pero Gereon no se había quedado a ver el espectáculo, aunque le hubiera gustado. Había otras habitaciones por registrar. Caminó a paso rápido, pero silencioso, hacia las salas contiguas en las que estaba Saskia, para repartirse el trabajo. No necesitaba ninguna compañera para ello, podría encargarse de un puñado de noctis por sí mismo. Fue abriendo puerta tras puerta, y sólo una sala vacía le devolvía la mirada cada vez que se encontraba con una nueva habitación.

Uno de los rasgos de Gereon que no causaba un gesto de horripilancia en la gente que lo contemplaba, era su voz. A diferencia de lo que podría parecer, era algo que no casaba con el resto de su aspecto físico, o personalidad. No tenía una mala voz y aunque no era comparable con muchas de las voces cantoras de que había en Venecia por aquellos tiempos, lo cierto es que era lo suficientemente hermosa como para contrastar de aquella manera con su aspecto. Tal vez por eso mismo, Angelika, la que fue su prometida y la mujer de su vida, se enamoró de él. Hace falta recordar que era ciega.

En relación con lo de la voz, el hombre canturreaba como un niño pequeño, balanceando su espada. En voz baja, suave y en un alemán perfecto. Abría puertas con la mano libre, sin detenerse, mientras su cántico se hacía más pronunciado. No tardó mucho en encontrar la habitación donde se ocultaba un reducido grupo de noctis, malheridos por la metralla y con los ojos relucientes de pura rabia. Gereon detuvo el balanceo de la espada, pero no la canción. Repetía una y otra vez la misma tonada, una y otra vez, mientras se acercaba a los monstruos.

...und der Herr wird euch richten, elende Sünder... —Se acercó, sin cambiar el tono de voz a uno de ellos, el cual tenía un trozo de metal clavado en el hombro. No dudó ni un instante. Observó el infame ser a los ojos y el filo se adentró en su carne, matándolo en el acto—. ...Mein Schwert ist sein Wort und euer Blut, meine Mission...

El hombre sacó la espada de sus entrañas y esparció la sangre por todas partes, mientras seguía entonando su canción. Sonreía ampliamente, mientras aniquilaba uno a uno los noctis apostillados en aquella minúscula habitación, que ni siquiera tenían tiempo de moverse antes de que el conocido como Príncipe Putrefacto les asesinara a sangre fría con su espada. Iba a ser todo excepcionalmente sencillo, aunque no es que el hombre lo viera así, él consideraba que Dios le estaba protegiendo. Solía conjurar esa canción cuando necesitaba de Su protección, cuando creía que debía estar bien preparado para lo que viniera.

Pero si realmente había alguien ahí arriba velando por él, no le escuchó.

Unas manos lo sujetaron por detrás y arrojaron al exorcista al suelo, que cayó de cara, interrumpiendo su canción. Aún tenía la espada en la mano, pero se negaba a soltarla. Gruñó, poniéndose boca arriba para mirar a su agresor a la cara y tener la oportunidad de defenderse. Como era de esperar, era un noctis, pero había algo en su cara que le parecía sumamente extraño, al menos, a él. Sólo tenía un ojo, como él. Gereon trató de soltarse, pero esa criatura era más fuerte que él y sus afilados dientes rezumaban una repugnante saliva que caía en las ropas del alemán.

—Suéltame, escoria —ordenó. Dejó la espada a un lado y forcejeó con ambas manos, tratando de evitar que su boca alcanzara su piel. Trató de darle una patada, pero el monstruo se la devolvió, impactando su rodilla en el vientre del hombre. Sólo pudo gritar de dolor.

El noctis se estaba cebando con él, le estaba pegando una paliza con todo lo que tenía, como quien amasa la carne antes de cocinarla. Le dolían mucho los golpes y ninguna zona de su cuerpo que estuviese descubierta tocaba la piel del monstruo para poder pudrirla. Éste le arañó en el hombro, y el humano dejó escapar un alarido de dolor, mientras su contrincante trataba de morderle en la yugular. La herida sangraba profusamente y tenía un brazo bastante maltrecho, así que si no se le ocurría algo o sucedía algún milagro, el monstruo acabaría por ensartarle los colmillos en la garganta, y eso sería su fin. Gereon no tenía planeado morir en ese momento, tenía muchos noctis que exterminar aún.

¿Realmente alguien se entristecería por su muerte? Se preguntó, dándole un codazo al monstruo en la tripa, para que sólo hincara su rodilla en su cadera con fuerza. Le dolía horrores, pero su único ojo no iba a derramar una sola lágrima por una cosa así. Se odiaba a sí mismo por no haber podido defender a su prometida, por no haber podido salvar a sus padres. Eran las únicas personas que en aquel mundo le habían querido alguna vez. Qué triste era todo. Tragó saliva mientras intentaba luchar con todas las fuerzas que le quedaban y le vino a la mente una frase de una chica rubia que fue una compañera suya: “Si sigues comportándote como uno de ellos, llamaré a las autoridades.”

Uno de ellos.

El albino se incorporó de golpe y antes de que el rival pudiese volver a tumbarlo, fue directamente a su cuello y clavó los dientes en él. El nocturno no había podido morderle, pero él sí. Hacía fuerza, sus dientes se hundían más y más en aquella piel muerta y descargaba todo el dolor, la rabia y la frustración en aquella mordedura. Dentellada tras dentellada, extendía la putrefacción al entrar en contacto con su piel, mientras arrancaba la carne de su cuerpo y el sabor de la sangre de inundaba las papilas gustativas. El monstruo ni se esperaba que un humano pudiese morderle, pero como esa misma chica dijo en una ocasión (aunque Gereon nunca lo supiera), a veces los peores monstruos eran muy humanos.

El exorcista alemán mordió y mordió, tiempo incluso después de que la criatura cayera muerta. Sólo se detuvo para escupir un pedazo de carne en el suelo y contorsionando su rostro en una mueca de dolor, se levantó, recogió su espada (que en vez de hacerla bailar ahora arrastraba pesadamente detrás de él) y se fue en busca de los que quedaban, encontrándose con Saskia en el corredor del piso superior.

—¿Queda alguno? —gimió, pero sonrió de nuevo, mostrando a la finesa sus dientes teñidos de rojo, la cara, y en especial la barbilla, derramando sangre fresca y sus ropas completamente manchadas. Incluso su propia melena blanca tenía mechones que habían tomado el color rojo. Sus heridas le dolían, pero tanto le daba.

Estaba vivo. Tal vez, más vivo que nunca.

avatar
Exorcista


Frase Sterben.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sacando la basura [Priv. Gereon Dreschen]

Mensaje por Saskia Järvi el Sáb Feb 17, 2018 4:25 pm

Un alarido amortiguado retumbó en los oídos de Saskia, que en seguida volvió a estar alerta, cuchillo en mano. Se limpió la sangre de la cara con la manga de su casaca y agudizó el oído: sin duda, eran ruidos de forcejeo, una mezcla de golpes y gruñidos que provenían del piso de arriba. “Gereon tiene problemas”. La joven se echó a correr hacia las escaleras, subiéndolas a toda velociad, dispuesta a ayudar a su compañero.

Pero cuando estaba a punto de llegar al piso superior, un noctis apareció frente a ella. No le dio tiempo a reaccionar: en fracciones de segundo, una patada impactó en su estómago, empujándola hacia atrás y dejándola sin aliento. La joven rodó por las escaleras con un gran estruendo, magullándose cada parte de su cuerpo con los altos peldaños de madera. – Hijo de p... – Saskia no pudo acabar su maldición. Tan apenas su cuerpo había tocado el suelo, el noctis se había precipitado encima de ella. Lo vio saltar desde lo alto de las escaleras, con los ojos abiertos de par en par y mostrando sus peligrosos colmillos en un gesto aterrador. Sin duda, parecía una imagen sacada directamente de una horrible pesadilla.

Rodó con rapidez hacia un lado, esquivando en el último momento la dentellada, que fue a parar al lugar donde segundos antes había estado su cabeza. Intentó levantarse con dificultad, y al hacerlo, una punzada de dolor recorrió su costado derecho, allí donde se le había clavado un escalón. “No puedo perder el tiempo, tengo que ayudar a Gereon”. Para cuando Saskia estaba cogiendo una de sus cuchillas, el noctis ya se disponía a atacarla, como una bestia rabiosa. La expresión de Saskia se tornó seria. Más que seria, era como un reflejo de ira contenida, ira que se reflejaba en sus grandes ojos rojos. En cuanto el vampiro estuvo lo suficientemente cerca, le asestó una cuchillada en el pecho. La carne del noctis chisporroteó al contacto con la hoja, soltando un desagradable olor que no parecía importunar lo mas mínimo a la joven. Con una rapidez inaudita, Saskia sacó otra hoja de su casaca, y volvió a darle otra cuchillada el pecho. Y otra. Y otra más.

La joven entró en frenesí: sus ojos ahora estaban abiertos de par en par, apretaba los dientes con rabia, y las cuchilladas se habían convertido en puñaladas. – ¡¡¡Puto... vampiro... de mierda!!! – gritó jadeante entre puñalada y puñalada. No sabía cuántas llevaba, y a pesar de que le dolía todo el cuerpo, el dolor parecía desvanecerse cuando la hoja atravesaba la carne del noctis y la sangre salpicaba en todas direcciones.

Un grito desgarrador rompió el aire cuando Saskia clavó las dos cuchillas a la vez en la cara del vampiro, que cayó desplomado, dejando a la exorcista empapada en sangre sujetando las cuchillas en el aire. Aquel grito había sido el culmen de su ira, un grito de pura rabia. Tras unos segundos jadeando, la joven bajó las manos, volviendo poco a poco en sí. Observó el amasijo sanguinolento que era ahora el noctis que la había atacado, con la cara totalmente desfigurada y el pecho destrozado, y esta vez no se aguantó. Le pisó la cabeza con fuerza una, dos, tres veces, y cuatro; hasta que su cabeza por fin cedió a su pie. – ¡Vete al infierno, criatura repulsiva! – y escupió en lo que minutos atrás había sido su cara.

Para cuando subió al piso superior – esta vez con pasos pesados y lentos – la pelea de Gereon ya había terminado. Se lo encontró en el corredor. Tenía un aspecto horrible, más aún del que ya tenía normalmente. Estaba lleno de sangre, en especial la cara, y tenía un enorme rasguño en el hombro con muy mala pinta. – Estás hecho un asco – dijo Saskia, aunque sabía que ella no debía tener mejor aspecto. – ¿Qué ha pasado?  preguntó, mirando la herida del hombro y seguidamente, toda la sangre oscura que se extendía desde su cara hasta su pecho, como una cascada.

Saskia se acercó con pies de plomo a su compañero, y sacó de un pequeño bolsillo del interior de su casaca una aguja curva de sutura, a la que colocó uno de sus propios hilos. – No te muevas – dijo la joven, mientras tiró ligeramente del brazo del exorcista para acercarlo un poco a ella – Te dolerá, pero la herida se te curará en unos minutos – La finlandesa comenzó a coserle la herida, atravesando la carne una y otra vez. Aquellos hilos tenían la capacidad de sanar aquellos tejidos dañados e incluso de volver a unir miembros cercenados, siempre y cuando la herida no hubiese acabado con la vida de la persona. Gracias a Dios, aquel no era el caso.

He liquidado a tres noctis, uno de ellos se me ha complicado un poco, pero ya está pudriéndose en el infierno – informó a Gereon con total tranquilidad mientras le cosía. Por el estado en el que estaba su compañero, supuso que a él tampoco se lo habían puesto fácil. – Ya está – dijo la joven, cortando el hilo con sus dientes. – En unos minutos empezarás a notar mejoría-. Miró al rostro ensangrentado y desfigurado de su compañero, y aunque era una visión terrible y desagradable, la joven parecía ignorar todo aquello. – Creo que la casa está limpia. Deberíamos dar una vuelta por los alrrededores y asegurarnos de que no ha escapado ninguno. De todos modos, si tu bomba les ha herido, no serán capaces de llegar muy lejos.


Fuera, se oyó un trueno que retumbó por todo el interior de aquel ruinoso nido de noctis. Las nubes que antes ennegrecían el cielo parecían haberse oscurecido, y había comenzado a llover. Pese a que podía parecer una dificultad añadida a la búsqueda de los hipotéticos noctis que hubiesen logrado escapar, la joven no podía estar más contenta: habiéndose criado en Finlandia, estaba más que acostumbrada a las inclemencias del tiempo, e incluso le gustaba luchar en aquellas condiciones. “Además, así podré limpiarme esta asquerosa sangre” pensó, y sonrió feliz. La lluvia siempre la hacía sentir purificada.
avatar
Exorcista — Alumno


Frase Si los monstruos se atreven a mancillar el Reino de Dios, lo único que quedará será su sangre

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Sacando la basura [Priv. Gereon Dreschen]

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.