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Sólo negocios, nada personal. [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Miér Mar 14, 2018 9:13 pm













Donde hay caos, hay una oportunidad


Sólo negocios



V
endrá
–concluyó aquella voz femenina.

Salvatore no estaba tan seguro. Volvió a darle un trago a su vaso de ron, y miró a su alrededor, sus ojos buscando algo concreto. O, mejor dicho, a alguien. Desde el final de aquel bar tenía bastante buena visión de todo el local, a pesar de que la luz era bastante tenue. Al parecer, todo seguía igual que hace varios minutos.

El Capitán estaba inquieto, y eran muchos los motivos para estarlo, para ser sinceros. ¿Por dónde empezar? Bien, pues en primer lugar, se encontraba en la Vía Sacra, la zona de Venecia con más vampiros por metro cuadrado de toda Italia, con seguridad. Se sentía observado, como si no fuese más que un pedazo de carne, un caramelo en un patio de un colegio. Resultaba inquietante cómo podía cambiar el cuento de una situación a otra: un buitre no suponía una gran amenaza, pero una bandada volando sobre tu cabeza podía resultar bastante aterrador.

De todos modos, para eso estaba Violeta con él. Su fiel subordinada, tan letal como el resto de los inmortales, era la guardia personal del Capitán frente aquellas “rapaces” que parecían acecharle. Así que aquello no le inquietaba tanto como el hecho de encontrarse con la persona a la que estaba esperando. Silcius Rocafort.

Aquel tío era, sin duda, alguien con quien andarse con cuidado. Tan en serio se había tomado aquella cita que incluso había cambiado su usual atuendo pirata por un traje de corbata. “Me siento ridículo con esto”, había dicho cuando se había metido en él una hora atrás en su camarote. Y si mostraba tantas formalidades no era simplemente por cortesía: era cierto que en el pasado, Salvatore le había hecho un pequeño feo al mafioso hace un año atrás –más o menos –, dejándole totalmente tirado y cambiándolo por una causa mucho más “suculenta”. Finalmente, las cosas no habían sido tan favorecedoras para el Capitán como parecían en un primer momento, pero no todo había sido malo.

No era tanto arrepentimiento –pocas veces en su vida se había arrepentido el Capitán de algo –sino más bien un sentimiento de haber cabreado a quien no debía. Pero si se había tomado la molestia de ir hasta el mismísimo corazón de la Vía Sacra, vestirse como un puto señor y hacerle llegar una nota al cabrón de Silcius, no era para que el vampiro le arrancase la cabeza de un bocado en aquel nido de noctis. Salvatore tenía una oferta interesante, y el vampiro era el mejor para sacarle el máximo provecho, o eso pensaba él. Además, podría servir como una oferta de “paz” entre ambos hombres. Esperaba no equivocarse, o le costaría caro.

Será mejor dejar de imaginarse cómo me va a matar el puto Silcius” pensó Salvatore, y volvió a beber. Allí, al final de la sala, tendrían bastante intimidad para hablar. Miró entonces a su acompañante a través de las lentes tintadas de sus gafas. Violeta estaba tan divina como siempre: impecable, impasible, estoica. Un escote de vértigo, unos rasgos perfectos. Ni una imperfección. Sin duda era una gran aliada pero, ¡que aburrida era, por Dios! ¿Es que no pensaba abrir la boca en toda la noche? “Si alguna vez se me pasa por la cabeza convertirme, que alguien me mate antes de que eso suceda…


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Re: Sólo negocios, nada personal. [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Silcius Rocafort el Lun Mar 19, 2018 11:56 am

Me encontraba en mi alcoba retozando con dos bellas mujeres. Cual balancín, subían y bajaban con el ímpetu de un tigre y gozando de un placer desmesurado. De repente, uno de mis lugartenientes entró rápidamente en la habitación, si no fuese quien era, y sabiendo que solo entraría interrumpiendo de esa manera por algo importante, le habría rebanado la cabeza ahí mismo.
-Es Salvatore, está en la ciudad y quiere hablar contigo- dijo el lugarteniente.

-Ese hijo de puta- dije a la vez que empujaba a las chicas a ambos lados de la cama y me ponía un camisón encima. -¿Dónde está?- Pregunté gritando.

-Ha enviado a un mensajero para darte un mensaje, dice que quiere que os reunáis y que tiene una propuesta para ti-

Me vestí rápido y salí de la habitación. En cuanto el mensajero me hubo dicho la ubicación del encuentro me dirigí hacía allí raudo, pero con un acompañante, la cabeza del mensajero. En un abrir y cerrar de ojos me encontraba delante de la puerta de la taberna con muchas ganas de ver a aquel que me había traicionado y no había cumplido con el trato. Mi confianza en él había menguado mucho, pero cuando se trataba de negocios siempre se podía dar una segunda oportunidad, eso sí, nunca una tercera.

Entré en el bar de aspecto extraño, no entendía la moda de traer decoración de lugares más allá del mar cuando la población que lo frecuentaba no sabía ni donde estaban esos lugares. Busqué rápidamente un barbilampiño plumón que llamaría la atención sin duda en ese lugar, pero no lo encontré. - ¿Será una trampa? - Pensé, pero de repente me fijé en que las miradas de varias mesas se centraban en un lugar del bar. Dirigiendo mi mirada hacia allí comprobé que, como no, esas miradas se dirigían a Salvatore, pero veía algo diferente en él. -Coño, pero si ha dejado a un lado las plumas para ponerse algo serio, ¿habrá cambiado? – Pensé antes de dirigirme rápidamente a él. El rastro de sangre de la cabeza cortada ya había indicado el camino a cualquiera que quisiera seguirme, pero a ver quién se atrevía.

-Hola querida – dije dirigiéndome a la acompañante de Salvatore. A continuación, me senté con cara de pocos amigos y dejé la cabeza encima de la mesa. -Camarero, trae dos copas para mi y para amigo, que no sabe dónde tiene la cabeza- dije antes de mirar a Salvatore -O quizás si no me das una buena explicación de porque pasó lo que pasó no sea el único que pierda la cabeza esta noche, ¿Verdad? – finalicé riéndome y mirándolo a los ojos.
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Re: Sólo negocios, nada personal. [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Lun Mar 19, 2018 4:53 pm













Donde hay caos, hay una oportunidad


Sólo negocios



Y
a había pedido el segundo vaso de ron cuando por la puerta del bar apareció la grotesca imagen del vampiro. Los años podrían pasar, pero Silcius seguiría igual: siempre vestido con sus largas gabardinas oscuras y su sombrero de ala ancha en la cabeza. Aunque en esta ocasión, el mafioso se había tomado la libertad de traerse de complemento la cabeza del mensajero del capitán. Si Salvatore no le conociese,  el capitán hubiese jurado que se trataba del maestro de ceremonias de algún tipo de macabro espectáculo.
 
Esbozó una sonrisa. Vacía, sí, pero en estas situaciones siempre era mejor afrontarlas con una sonrisa, por muy falsa que fuera. La cabeza de Ludovico, quién había sido su enviado, goteaba todavía densas gotas de sangre, y su rostro pálido seguía teniendo la misma expresión desencajada que habría tenido en el momento de su muerte. El camarero, que nos miraba a los tres con la cara constreñida de terror, dejó las dos copas en la mesa y se largó. El gesto del rubio no se movió ni un ápice; sus ojos estaban fijos en la figura de Silcius.
 
Violeta respondió al saludo del noctis con una seductora sonrisa y una mirada más que sugerente. “La envidio; –pensó el capitán –hace falta mucho estómago para coquetear con Silcius”. Escuchó la amenaza del mafioso, aunque bastante “light” para el negro humor del cual presumía. Su sonrisa se ensanchó. –Me alegra sobremanera que no te hayas lanzado ya a rebanarme el pescuezo; Violeta también está profundamente agradecida. Es sin duda un buen síntoma de sapiencia.
 
Bebió un sorbo de ron. ¿Una explicación? ¿Qué se supone que iba a decirle? ¿Que su querida ayudante le había propuesto una misión más suculenta que su encargo? ¿Qué se había ido en busca de un violín maldito junto el hombre que ahora era su amante? ¿Y que encima todos sus esfuerzos habían sido en vano y aquel precioso instrumento se había hundido en el fondo del océano? Eso sería demasiado complicado de explicar, y muy agotador, sin duda.
 
Dejó el vaso en la mesa, junto a la cabeza de su mensajero, que empezó a formar un pequeño charco de sangre en la mesa. –Bueno, tuve ciertos motivos «personales» por los que no pude completar tu encargo, Silcius, pero estoy seguro de que un hombre como tú no tuvo problemas en asignarle el encargo a cualquier otro gran pirata. Según lo que he oído, tienes a media Venecia enganchada al opio. Brindo por ello. –Salvatore levantó el vaso ligeramente hacia el mafioso, y acto seguido le dio un largo trago. –En fin... ¿Para qué entretenernos con hechos pasados y razones sin importancia cuando podríamos estar sacando tajada del presente? Traigo un regalito para ti, de esos que te gustan, Silcius.
 
De uno de los bolsillos de la chaqueta que descansaba en el respaldo de su silla, el capitán sacó una pequeña bolsita de tela, y de ésta, extrajo una hoja. A primera vista, podía parecer una hoja de laurel, pero si uno se fijaba con detalle, podría ver que se trataba de una hoja más redondeada y brillante, y desde luego, con un aroma completamente diferente. –Esto –dijo, poniendo la hoja entre los dos –es una hoja de coca. Proviene de Sudamérica, y al parecer, es bastante popular por esos lares. –De otro de los bolsillos de la chaqueta sacó un cuaderno ajado, con una cubierta desgastada de cuero y una cinta del mismo material rodeando el librillo. –Según las palabras del capitán del barco que intercepté proveniente de las Américas, esta hojita que aquí ves tiene un gran valor. Se usa como moneda de cambio entre las gentes nativas de aquellas zonas, y tiene un maravilloso efecto vigorizante: alivia el cansancio, el hambre y la sed. La gente lo usa para el mal de alturas, para el trabajo, y prácticamente para todo. Es una “hoja sagrada”.
 
Salvatore se llevó la hoja a la boca, masticándola. Ya la había probado con anterioridad, y aquello era cierto: el efecto que brindaba era realmente agradable. Tras masticarla durante unos segundos, el capitán escupió la hoja al suelo y se enjuagó la boca con un poco más de ron.
 
-Si te he contado todo este rollo –prosiguió Salvatore –no ha sido precisamente para  hacerme el interesante. En este cuadernito de aquí vienen muchas cosas apasionantes sobre esta hojita, aparte de lo que ya te he contado: dónde crece, cómo se puede cultivar… Y también la receta de algo muy, muy sugerente.  –El capitán colocó dos dedos sobre el cuadernillo, y lo arrastró por la mesa hasta dejarlo frente a Silcius. –Al parecer, los tripulantes de este barco estaban estudiando los efectos de esta hoja, y dieron con una sustancia potente y altamente adictiva. Pasta de coca, la llamaron.
 
El capitán calló unos segundos para dejar que el vampiro asimilara toda la información. –No hay duda que esto podría ser tan provechoso como ese opio tuyo con el que atiborras a los pobres enfermos de los fumaderos de Italia. ¿Qué me dices, Silcius Rocafort? Eres todo un emprendedor, seguro que sabes sacarles partido a estas hojitas.
 
Antes de proseguir con más detalles, quería averiguar que pensaba el vampiro de todo aquello. Aun sin ser un mafioso, Salvatore era consciente de que se trataba de una oportunidad arriesgada. No había ninguna garantía sobre el producto final, pero si la dichosa pasta de coca de la que hablaba el cuaderno era tal y como la describían, la oportunidad de negocio podría ser inmensa.

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Re: Sólo negocios, nada personal. [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Silcius Rocafort el Jue Mar 22, 2018 12:40 am

La verdad es que no me convenció mucho la explicación, pero, ¿Qué iba a hacer? Él tenía razón en que el trabajo se lo había tenido que encargar a otro, Victoria no había hecho un mal trabajo, pero me había salido cara, y no solo hablando de dinero. Pero bueno, parecia que estaba ante otra oportunidad de negocio y eso me gustaba. Si la propuesta era buena, Salva tendría una segunda oportunidad para mi.

Escuché con mucha atención, todo lo que estaba diciendo Salvatore era muy interesante. Aunque había un problema, teníamos la hoja, pero con lo que parecía que haríamos negocio era con el producto que se sacaba de ahí, y eso creo que llevaría tiempo dar con la manera de hacerlo. Aun así, parecía un riesgo que se podía asumir.

Cogí el cuaderno y mirando la hoja de coca con el rabillo del ojo me puse a leer. La verdad es que ponía cosas muy interesantes, pero una de ellas no me gustó ni un pelo. -Aquí pone que la hoja necesita agua abundante y altas temperaturas, no creo que podamos plantarla aquí – dije mientras seguía mirando el libro. El producto final sin embargo si que parecía muy bueno, según ponía en el libro causaba euforia y todo lo que había dicho Salvatore, pero lo más importante, era muuuuy adictiva y esa palabra era sinónima de dinero.

-Dime Salvatore, ¿crees que serías capaz de traer grandes cantidades de esta planta sin que se estropee? Esta claro que aquí no nos duraría nada si la plantamos, así que necesitamos traer la materia prima del lugar de origen – pregunté mientras cerraba el libro y se lo devolvía. La oportunidad de negocio estaba ahí y nos podríamos hacer ricos. El opio dormía a la gente, parecían zombis enganchados que no se levantaban de sus mantas en los fumaderos, pero este producto podríamos comercializarlo en fiestas, a gente que trabaja mucho y apenas puede dormir, grandes fortunas de esta ciudad lo darían todo por una droga así. Este Salvatore me había hecho olvidar lo del opio con algo que me gustaba mucho….la oportunidad de hacer mucho dinero.

La infraestructura la tenía. Los materiales para sacar la droga de esa planta no serían difíciles de conseguir. Eso sí, teníamos que esquivar al Ministerio, últimamente se estaban poniendo muy agresivos y el negocio ya no era igual, las guerras internas que tenían estaban dando por culo hasta a los mafiosos.

Había algo de lo que no habíamos hablado, el reparto…¿Qué porcentaje se quedaría cada uno? Estaba claro que yo me tendría que quedar la mayoría, puesto que yo era quien hacía todo el trabajo, pero quizás Salva aceptase una cantidad de dinero por cada viaje y no sería necesario darle más, yo ganaría mucho más dinero. De repente una idea cruzó mi cabeza, la fama de Salva aunque lasciva y pervertida, era también de un gran pirata. ¿Podría ser un socio? Al fin y al cabo podría no solo proteger y transportar mis cargamentos, sino que podría destruir y derribar los de la competencia, incluso podría debilitar a los exorcistas.

Finalmente descarté esa idea de momento, la dejaría para más adelante porque ahora estábamos hablando de la coca. Mire a Salva y después a su acompañante, me imagine durante un segundo empotrandola delante de todo el bar, pero descarté esa idea también en cuanto vi las ridiculas gafas de Salva. A continuación, bebí un sorbo de mi vaso y me dirigí al capitán -Y dime Salva, ¿Qué o cuanto quieres ganar tú con todo esto?
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Re: Sólo negocios, nada personal. [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Vie Mar 30, 2018 2:05 am













Donde hay caos, hay una oportunidad


Sólo negocios



Y
En cuanto escuchó la pregunta del vampiro, la sonrisa de Salvatore se ensanchó sin pudor. "Parece que el chupasangres sabe sumar dos más dos…" Obviamente decidió guardarse el comentario para sí mismo; el capitán le tenía aprecio a su cabeza y prefería mantenerla entre sus hombros unos cuantos años más. En ningún momento pretendía el rubio plantar nada en Italia, eso era más que obvio. Y esa era su gran ventaja: él sería el único que le proporcionase el material necesario para fabricar su querida droga.
 
-Por supuesto, Silcius, traeré todo cuanto necesites. Es por eso que estoy aquí; me considero un hombre altruista, pero no tan estúpido como para hacerte un regalito como este sin que yo esté en el pastel. –bebió otro trago de ron, se le estaba empezando a acabar la copa. –Además, estoy deseando viajar a Sudamérica. Hablan maravillas de ese continente…
 
El vampiro se quedó pensativo unos segundos, y Salvatore, de piernas cruzadas, esperó pacientemente su respuesta. No tenía prisa si era por un buen motivo, y aquel negocio era más que uno bueno, era toda una empresa prometedora. Una empresa que él había ideado – o bueno, más bien la había robado de manos de otros, pero todos los que lo sabían estaban ahora dando de comer a los peces.
 
Por fin llegó la ansiada pregunta: ¿quién recibía qué? –Bueno, teniendo en cuenta todos los diversos factores, y que he sido impulsor de tan jugoso negocio… ¿qué te parece que me lleve un 40% del beneficio final? A Violeta le gustan las cosas caras. –La sonrisa del capitán brillaba bajo la tenue luz de la estancia. Violeta le miró con una mal disimulada sorpresa. Incluso ella sabía que un 40% del beneficio total era demasiado. Pero la sonrisa del capitán no cedió ni un ápice.
 
-Por supuesto, necesitaré un pequeño adelanto para hacerme con víveres, agua, pólvora y todos los bártulos necesarios para semejante viaje, ya sabes: típico trato estándar con piratas. –hizo una pausa para beber lo poco que le quedaba ya en el vaso, y lo dejó sobre la mesa. La cabeza de Ludovico comenzaba a oler a rancio. –Y oh, por supuesto, ahora queda mencionar las partes "feas" del asunto: espero que, como buen caballero de negocios, no se le pase por la cabeza contratar a alguien diferente para que le haga este trabajillo porque, bueno, créame que conozco el mar mejor que nadie. Los encontraré y los pondré a bailar con los tiburones. He oído que en el Pacífico los hay a centenares.
 
[…] Y ya sé que no soy el más indicado para hablar de lealtades, pero por supuesto, te daré garantías: igual que le digo esto, le aseguro que como alguien ose meter las narices en el nuestro querido asunto, se las rebanaré tan rápido que no le dará tiempo ni a salir huyendo. Conmigo, la familia Rocafort tendrá el monopolio asegurado.
 
Salvatore le hizo un gesto al camarero, que entendió enseguida y le trajo diligente otro vaso de ron, llevándose el anterior. Bebió de nuevo; Salvatore podía sentir todavía el efecto de euforia de la coca, entremezclado con el del alcohol, pero en todo momento tenía el control sobre sí mismo. –Tú sólo preocúpate de descubrir cómo sacar la pasta de coca de las hojas y de montarte un buen laboratorio para ello. Sugiero Poveglia, nadie quiere entrar en ese lugar de mala muerte. Ah, y puedes quedarte con el libro, yo ya he copiado todo lo interesante.
 
Salvatore se levantó las gafas, dejando ver por primera vez en toda la noche sus ojos dorados, y se inclinó sobre la mesa, acercándose al mafioso. Puede ser que a veces pareciese que el capitán hablaba de broma, pero todo iba totalmente en serio. –Ocúpate de la logística, y yo me ocuparé de la materia prima. –Volvió a beber, recuperando su posición inicial, y sus ojos se clavaron en los de su nuevo "socio". –Juntos vamos a hacernos de oro…




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Re: Sólo negocios, nada personal. [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Silcius Rocafort el Dom Abr 08, 2018 1:22 pm

Suponía que Salvatore solo quería negociar, no pensaba que fuese tan tonto como para soltar la cifra del 40% y pensar que iba a aceptar. Estaba claro que ni de coña lo que se merecía recibir se acercaba a esa cifra, al fin y al cabo, la mayor parte del peligro y de la producción de la supuesta droga recaía sobre mí.

Después de escuchar los alegatos de Salvatore me parecieron bastante exagerados. Sobre todo, la parte en la que pedía “lealtad” cuando él mismo fue quien provocó que yo tuviese que acudir a otro pirata para hacer el trabajo que él no había hecho. Por supuesto, en esta negociación parecía no tener en cuenta el hecho del anterior viaje fallido. Bueno, fallido para él no, ya que se largó con provisiones y volvió sin nada.

-Creo que la droga esa es muy buena, pues te ha hecho alucinar…El 40% es un porcentaje demasiado alto, así que realizaré una contraoferta- hice una pausa mientras bebía un trago, relamiéndome y dejando el vaso lentamente en la mesa antes de seguir hablando – Te llevarás el 10% de los beneficios y ya me parece mucho. Por supuesto, como muestra de agradecimiento porque tu cabeza no esté en una pica al traicionarme de la manera que lo hiciste en el ultimo encargo, estos primeros gastos los vas a correr por tu cuenta, después y si sale bien, te prometo que no te faltará material de sobras en tu barco cada vez que realices un viaje. Da por hecho también, que yo voy a cumplir lo de solo traficar contigo, y por supuesto si alguien intenta boicotear o destruir nuestra empresa, yo mismo en persona me encargaré de que sufra como no ha sufrido nadie.

Me gustaba lo de hacerme de oro, ¿a quien no? Pero por supuesto no iba a hacer como que lo que pasó no hubiese pasado. Victoria había hecho bien su trabajo, aunque estaba seguro de que Salva lo habría hecho mejor, aun así, me costó el liberar a una joven que podría haber prostituido por un alto precio. Con la situación que había actualmente en Venecia, una alianza con Salvatore nos vendría bien a ambos. Mis planes para Salvatore aun no habían terminado, esto solo era el comienzo.
-Por cierto, después de mirar el libro tengo otro trabajo para ti, si piensas que serías capaz, claro. En este libro está el nombre de un tal Hugo Chavez, creo que firma como el autor de este libro. Quiero que me lo traigas, estoy seguro de que con él será mucho más fácil y rápido sacar la droga de la hoja.

MIré a la acompañante de Salva y le guiñé el ojo, quizás después le haría otra oferta a ella. Volví la mirada hacia Salva y espere que contestase a mi pregunta.

-Dime, ¿hay trato?
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Re: Sólo negocios, nada personal. [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Dom Abr 15, 2018 5:43 pm













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Sólo negocios



E
l pirata escuchó la contraoferta del vampiro con una ceja levantada y no pudo evitar soltar una sonora carcajada cuando el vampiro concluyó su "contraoferta", si es que a eso se le podía llamar así. -Joder, ¡ese era el humor del Silcius que yo recordaba! Una broma bien buena eso del 10%, sí señor. Lo dejamos en un 30% ¿va? Venga, por ser tú, te lo rebajo a un módico 28% y acepto lo de pagarme yo solito los gastos del primer viaje. Esa es mi última oferta. –Salvatore le dio un largo trago al vaso de ron. – No podrás decir que no te tengo aprecio, Silcius. Me encanta que estemos de acuerdo en todo lo demás.


Y sí, era cierto que aquella hoja había tenido efecto en el humor del capitán, que ahora se sentía bastante más «suelto» que cuando había estado esperándolo rodeado de chupasangres hasta en la sopa. Pero bueno, puestos a bromear, que continuase la broma. Porque estaba claro que lo del 10% había sido una broma; ni loco iba a aceptar un trato de esa envergadura por un margen de beneficio tan pequeño. No sabía cuánto habría aceptado la capitana Blueflame por su anterior «trabajillo», pero aunque sabía que Silcius le había bajado bien esos trapos de putilla que se gastaba la capitana, con él no haría efecto ni aunque se metiese toda la droga de Venecia. Porque, admitámoslo, había que estar muy jodido para querer tener algo con el vampiro de forma voluntaria…

El vampiro volvió a hablar, planteando una nueva petición. A Salvatore le pareció maravilloso. –Hugo Chávez, ¿eh? Será un placer jugar al pilla-pilla en un lugar totalmente desconocido. De haber sabido que querías encontrar a alguien no habría pasado a toda la tripulación por la espada, pero es lo que hay. En fin, quizás tarde un poco en encontrarlo, quién sabe. ¿Y qué va a pasar con los gastos que esto genere? Habrá que pagar unos cuantos sobornos, por supuesto, y cortar unas cuantas gargantas. Eso no sale gratis. –El pirata miró al capitán, y a pesar de su media sonrisa, sus ojos dejaron claro que estaba totalmente en serio. Quizás no le pagaría todos los gastos de la primera expedición, pero el capitán no iba a irse de aquel bar sin dinero en mano. –Quiero un adelanto de 600 ducados. Ya sabes, por si las moscas. Además, estoy seguro de que tienes mucho más guardado en los bolsillos de esa gabardina tan grande que llevas siempre.


No pude evitar percatarse de la mirada que le echó el mafioso a su acompañante. Ni por todo el oro del mundo dejaría que Silcius la tocase, Violeta era su guardiana personal y no iba a permitir que a aquel vampiro asqueroso se le pasara por la cabeza la idea de follarsela. Era suya, y de nadie más. "Soñar es gratis, de todas formas." –Bueno, arreglados los detalles, espero que ahora haya trato… Te traeré toda la materia prima que quepa en mis barcos, y a ese Hugo Chávez que tanto deseas, con camisita y canesú si te apetece. –Salvatore cogió su copa y la levantó hacia Silcius, dispuesto a brindar. –Dejemos las rencillas del pasado a un lado y celebremos nuestro acuerdo frente a los ojos de Ludovico. ¡Vamos, Violeta, tu también! –La vampiresa imitó el gesto de su jefe, elevando de la mesa su bebida. – ¿Qué me dices, Silcius? ¿Nos forramos?


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Re: Sólo negocios, nada personal. [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Silcius Rocafort el Vie Abr 20, 2018 6:55 pm

Estaba claro que Salvatore no era tonto. La contraoferta no me pareció bien, pero se acercaba a lo que le podía dar. Aun así, la negociación seguía. Cogí mi vaso y le di un trago, a continuación, miré al techo como reflexionando. Por supuesto, la idea que tenía en la cabeza no era la que él había dicho, pero tampoco se alejaba mucho, estaba claro que cuanto menos porcentaje se llevase mejor, pero a veces había que sacrificar un poco de dinero para un bien mayor.

-Mi última oferta y espero que sea de tu agrado, pues no voy a hacer ninguna más es, 26% para ti y los gastos de la captura de Hugo van al 50%. Cargo yo con la mayoría de la logística y distribución, además de los laboratorios, más de un cuarto del pastel solo por traerme la materia prima creo que es más que suficiente-

Saqué de mi bolsillo una bolsa con monedas, la agité mientras las monedas tintineaban.

-Aquí hay 200 ducados, por supuesto, el resto del pago se te entregará al volver, la mitad cuando traigas la mercancía y la mitad cuando traigas a Hugo Chávez. Si traes las dos cosas a la vez, por supuesto, quizás hasta te pague un plus.

Ahora el que se había levantado también hacía Salvatore para brindar había sido yo. Alcé mi copa antes de decirle.

-Y por supuesto Salvatore, ahora está en tu mano el decidir forrarnos y hacer una fortuna. Convertirte en el pirata más rico del océano y yo en el mafioso más rico de Venecia, más aún.

Observé a mi alrededor, la gente se debía de estar oliendo algo porque estaban muy pendientes de lo que se comentaba en esta mesa. Comencé a pensar si había algún espía o simplemente eran ineptos que habían escuchado a Salvatore nombrar la palabra “forramos” y habían acudido a la llamada del dinero como un tiburón acude a la llamada de la sangre. Lo que estaba claro que no sabían era con quien estaban jugando si intentaban cualquier movimiento, ya que, de hacerlo, no podrían escapar ni por mar ni por tierra. Además, que yo sepa, los humanos no podemos volar, así que estarían perdidos.

Estaba claro que esas negociaciones eran lo único que separaban a Silcius y a Salvatore de una gran fortuna. Aunque quien sabe, quizás fuese también el primero de una serie de grandes colaboraciones. De hecho, tenía en mi mente planes para Salvatore más grandes que ser una simple compañía de transporte. Si se portaba bien y demostraba ser un bravo y peligroso pirata, quizás lo tratase como un socio para no solo cargarse y boicotear a sus enemigos en alta mar, sino para expandir su imperio más allá de Venecia y del Mediterráneo.

Salvatore y Silcius podrían formar la pareja más fructífera que el mundo podía llegar a conocer. Eso sí, con lo destructivos que eran y con sus formas de ser, esa pareja también podía explotar en cualquier momento. ¿Sería el dinero un pegamento suficiente para sus diferencias?
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Re: Sólo negocios, nada personal. [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Vie Mayo 18, 2018 1:28 am













Donde hay caos, hay una oportunidad


Sólo negocios



S
alvatore estuvo a punto de poner los ojos en blanco. ¡Pero qué pesado era Silcius! Y encima, con toda la ceremonia del mundo, paladeando su bebida mientras se hacía el interesante y aparentaba estar pensando en algo. No era tan difícil; sólo tenía que decir "De acuerdo", "Sí" o "Es un placer hacer negocios contigo" y todo estaría listo y atado para empezar a forrarse. Además, el capitán ya tenía ganas de perderlo de vista.

Y entonces más cháchara. Bla, bla, bla, y lo único de lo que se había enterado no le había gustado un pelo. Pero qué le íbamos hacer. Aquel puto vampiro era un hueso duro de roer. Desde luego, eso no podía negarlo; si era quien era hoy día era por algo. Pero lo cortés no quita lo valiente, y le seguía pareciendo un pesado en toda regla. A veces Salvatore se preguntaba si no habría un solo noctis en el mundo que no fuera un pedante engreído… "Lo bueno que tienen los humanos es que, buenos o malos, todos acaban palmando. Pero la estulticia de los noctis no cesa jamás…".

Acepto –dijo sin más. Era inútil discutir. –Sé que no puedo referirme a mis antecedentes, Silcius, pero creo que podré traértelo todo a la vez. Si merece la pena, claro. Desde luego un poco más de oro nunca viene mal. –pronunció Salvatore, con su sonrisa ladina de siempre y el tono pausado. –Por un futuro prometedor y un pasado superado.  –Las tres jarras chocaron, y al fin se produjo el brindis, aquel gesto que significaba la firma de un contrato que jamás se había redactado.

Salvatore deseaba el oro. Tenía vicios y le gustaba el lujo, y sus gustos no eran nada fáciles de mantener. Pero más allá de aquello, la perspectiva de hacer negocios con Silcius se la ponía dura. No por el nocti en sí; claro estaba que los gustos del capitán en cuanto a hombres se refería distaban mucho del vampiro sádico, centenario y pedante que era el mafioso.  Pero de alguna manera, le daba cierto subidón estar allí haciendo negocios con el gran mafioso al que un día dejó de lado y seguir con la cabeza en su sitio. O quizás fuera la coca, quién sabía.

 Además, era la escusa perfecta para viajar al nuevo continente. Siempre se había centrado en el Mediterráneo y en las rutas orientales, pero aquel encargo era ideal para conocer nuevas tierras y vivir nuevas aventuras, en lugar de estancarse en aquella ciudad que se apagaba cada vez más. Y bueno, sacaría una buena tajada de todo aquello, eso estaba claro. Quién sabe, quizás hasta el perro y el flamenco acabasen tolerándose y formando una alianza. Todavía era muy pronto para hablar de aquello, pero era una idea de la que el capitán estaba seguro que también rondaba la cabeza de Silcius, si no era un estúpido redomado, claro. Y por lo que había demostrado aquel día, tenía que reconocer que no era del todo idiota.

En fin, el objetivo ahora era claro, del futuro ya se encargaría Dios.


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