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Mensaje por Svetlana Dragunova el Dom Mar 18, 2018 5:25 pm













Caricias extrañas para viejas heridas




E
l viaje hasta allí había sido largo, muy largo. Le había dado tiempo a leer y releer todos los informes que su superior le había entregado, tochos y tochos de cartas e informes. Después de aquello, Svetlana creía conocer la situación en la que se encontraba la ciudad italiana a la perfección, pero como bien decían los refranes populares, “una imagen vale más que mil palabras”. No había pasado allí ni tres días y ya estaba harta. La bienvenida a Venecia había estado marcada por las ratas, las revueltas y el mal tiempo, y en lo que llevaba allí ya le habían intentado robar cuatro veces.


Tendré que dar parte de la situación” pensó, mientras se fumaba un cigarro en el alféizar de la ventana del hotel. La rusa hizo una mueca de dolor; las marcas de su cuerpo y su rostro le ardían. No sabía si era por el cansancio acumulado durante el viaje, por el mal tiempo y la humedad de aquella ciudad o simplemente porque sí, pero aquel día las cicatrices le dolían más de lo habitual. “Te estás haciendo vieja, Lana”.

Sin duda, necesitaba un trago. Un trago y una buena distracción. Llevaba la mayor parte del tiempo encerrada en aquel condenado hotel, rellenando y preparando papeleo, enviando cartas para Chá y esperando respuesta de los miembros de Krory para entrevistarse con ellos; la rubia no paraba de trabajar. “Es hora de que me tome un descanso y visite la ciudad en profundidad”.

***

La lluvia resbalaba por su sombrero de ala ancha. Bajo su enorme gabardina, las heridas de la rusa parecían recién hechas, aunque bien sabía ella que eso no era así. Lo cierto es que no tenía ni idea de hacia dónde iba, pero por experiencia, sabía que el lugar que buscaba no pasaría desapercibido ni allí, ni en Rusia, ni en China.

Y sus predicciones no fueron erróneas. Antes de que la lluvia calase completamente en su ancha gabardina, Svetlana ya había encontrado el lugar que tanto ansiaba. Entró, sin más miramientos; sus ojos azules recorrieron con avidez la estancia. Estaba satisfecha, a pesar de que su rostro, prácticamente tapado por el sombrero, seguía estoico e inexpresivo.

-Quiero una habitación, la más grande de la que dispongáis en este momento. –Pronunció con una voz ronca y grave y un marcado acento ruso, dirigiéndose a la mujer más mayor, maquillada y enjoyada de la sala. Sin duda, la madame de aquel prostíbulo. Pronto las ávidas miradas de algunas de las chicas de la sala se clavaron en la figura de la rusa: entre su vestimenta, su tono de voz y su alta estatura, Svetlana podía pasar perfectamente por un hombre. –Y quiero que me suba a la chica más guapa con la botella de vino más cara que tenga. –Svetlana prefería beber vodka o sake antes que vino, pero era consciente de que se encontraba en Venecia y no podía pedirle peras al olmo.

La rubia dejó caer una bolsita llena de monedas en una mesa cerca de la madame. –Como usted guste, buen… señor. –La mujer le tendió una llave. –La tercera a la derecha, tras subir las escaleras. En seguida le mandaremos lo que ha pedido. –La sonrisa maliciosa de la madame no logró perturbar lo más mínimo a Svetlana, que cogió las llaves y se largó escaleras arriba. Era consciente de que la madame sabía que era una mujer, pero no le importaba lo más mínimo, y seguramente el sentimiento era recíproco.

Si bien la habitación era bastante lujosa, no era lo que más le importaba a la rusa. Pronto se deshizo del sombrero y de la gabardina, dejando a la vista su larga melena rubia y su atuendo habitual: un traje de falda y chaqueta de color tinto. Dejó sus cosas perfectamente colocadas sobre un sillón que había en la esquina izquierda de la estancia, no sin antes sacar sus cigarros y una caja de cerillas de uno de los bolsillos de la gabardina. Se sentó al borde de la cama, piernas cruzadas, y se encendió un cigarro, dándole una larga y profunda calada. El dolor seguía aguijoneando el maltrecho cuerpo de la moscovita, pero su humor estaba empezando a mejorar.

Gracias por tanto, Academia Chá.” El humo salió denso de sus labios, que se curvaron en una descarada sonrisa. “Este polvo va a vuestra salud”.


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Re: Лана передает привет [Priv. Gabrielle Mori] +18

Mensaje por Gabrielle Mori el Dom Mar 18, 2018 10:18 pm













Caricias extrañas para viejas heridas




D
igamos que el pecado lleva el mismo nombre lo perpetúe quien lo perpetúe. No importa el género, la práctica o si hay o no amor… el pecado, pecado es. Bien es conocido ya en el burdel que tus prácticas no son de lo más sencillas, que sueles ser reservada por hombres con gustos un tanto…peculiares ¿Pero a quién le interesa, a quien le importa? La fama, fama es. Que hablen se suele decir, aunque sea mal.

Últimamente tu agenda parecía estar llena de visitas, todos esperando lo mismo de ti. La voz se había corrido, nunca mejor dicho, y a ti no podía encantarte más. Eras el centro de atención, el nombre en boca de todos… realmente no es lo que más deseas, pero ya que es algo que no puedes conseguir qué mejor que el deseo para suplir el secreto.

Habías despachado ya al último cliente de la noche. Es más, te habías tomado el lujo y el tiempo de acicalarte y darte un buen baño caliente entre pétalos y esencias de flor de naranjo, de azahar. Estabas ya metida en la cama, apenas con algo de ropa puesta cuando la madame, con una ladina sonrisa entró en tus “aposentos” … estaba claro que no te iba a dejar descansar aún y no solo eso, que, con malicia, como casi siempre, había decidido dejarte a uno de los clientes más peculiares de la noche para ti. Sin esperar a que desapareciera de tu habitación, sin pudor alguno y a sabiendas de lo modosa que llegaba a ser aquella mujer te pones en pie, apenas vestida con un trozo de tela en tus partes más íntimas dejando al descubierto aquel cuerpo que ella misma envidiaba. Muchos moratones y arañazos habían curado ya, pero pese a aquello, aún podían observarse algunos golpes amoratados en tus muslos pálidos. Eran gajes del oficio, heridas de guerra.

Envuelves tu cuerpo en aquella gasa sedosa y transparente con algo de encaje que uno de tus clientes te había regalado. No dejaba nada a la imaginación y, sin embargo, te importaba más bien poco. Te sentías orgullosa de aquel cuerpo y su tersidad, su juventud…  y como no, el deseo que solía despertar. Te toma de la muñeca, observas en ella esas mejillas sonrojadas al rojo vivo y sin embargo su voz apenas tiembla cuando te dice lo siguiente.

- Bastet, tu próximo cliente…. Te va a resultar completamente diferente a lo que sueles acostumbrar. Quedas avisada.

¿Tan diferente sería? ¿Qué ocurría, le faltaba la mitad del cuerpo, tenía un tercer ojo, un tercer miembro...? No llegabas a comprenden cuan “diferente” podría llegar a ser, puesto que para ti un cuerpo es un cuerpo sea como sea y tu misión como quién eres, es ni más ni menos que llenar esas fantasías y saciar deseos. Llenar corazones vacíos con sexo, fuera el corazón que fuera…
Sales corriendo casi de tu habitación, parece que el rumor ha corrido rápido, sin embargo, nadie dirá nada… ya saben lo que ocurre cuando una abre la boca cuando no debe, y todas cuantas aquí trabajáis vivís mejor que nadie. La habitación estaba ya preparada y el invitado dentro, no suele gustarte llegar la última y no saber nada sobre a quién vas a servir esa noche… sin embargo la curiosidad por saber parece llenarte más que el no poder preparar la velada como sueles acostumbrar.

Tus ojos se abren como platos al abrir la puerta. Esos dos ojos grisáceos brillan con una nueva aura. Entras lentamente, mirando fijamente a tu invitada. No entiendes a qué venía tanto alboroto por una mujer… sin embargo, tu corazón revolotea. No es el simple hecho de que sea una mujer, es ella en si lo que despierta en ti un fuego que aún no habías saboreada y que deseabas con gran ímpetu.

Observas esas cicatrices, que se quedan opacas en comparación con la belleza oculta tras ella. Esa melena rubia… pero por, sobre todo, esos ojos, esa mirada… En silencio avanzas hacia ella, descalza, apenas haciendo sonar tus pies. El olor a tabaco ya te es más que familiar, incluso te agrada. Te colocas frente a ella y abres sus piernas sin más, colándote por medio para dejarla caer sobre la cama. Tu cuerpo se aproxima al ajeno, ya ardiendo por dentro… sintiendo como si aquella noche se abriese una nueva puerta para
ti.

Tus ojos se clavan en los ajenos, buscando desnudar primero su alma y luego su cuerpo. Sobre ella, apenas rozándola contemplas a aquella valiente mujer que debía buscar aquella compañía y aquel escondite para dar rienda suelta a lo que su corazón realmente ansiaba ¿Era aquello lo diferente? Para ti no es diferente, es mágico, es increíble, es nuevo…. Tus labios desean los ajenos, relames los tuyos propios y contienes la respiración ¿Qué te traerá aquella mujer? Apenas puedes esperar.

- Seré quien quieras que sea esta noche para usted, llámeme Bastet.



Too bad...
But it's so sweet.





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Mensaje por Svetlana Dragunova el Lun Mar 19, 2018 5:43 pm













Caricias extrañas para viejas heridas




S
vetlana dio una última calada al cigarro antes de tirarlo al suelo y pisarlo sin más miramientos. La puerta se abrió, despacio. La gélida mirada de la rusa comenzó a alzarse poco a poco, como un depredador, hasta que sus irises azules coincidieron con los de su nueva presa.
 
Una sonrisa ladina se dibujó su rostro. Ante ella apareció una muchacha joven, muy joven. ¿Cuántos años tendría? ¿Veinte, si acaso? “Cada vez te superas a ti misma, Lana” le reprochó la voz de su conciencia. Pero no, no se había gastado los ducados que se había gastado para ponerse a reflexionar sobre cómo llevaba su vida. Todo lo contrario, más bien. Observó a la chica de arriba abajo, que se acercaba a ella con pasos felinos, casi levitando. Lo que llevaba puesto dejaba más bien poco a la imaginación.
 
Es curioso –pensó –, con lo que odio este tipo de prendas, y lo mucho que me están gustando ahora…”. A través de las trasparencias podía ver su cuerpo sin problemas: un cuerpo terso, firme, delicado y curvo… Un cuerpo joven, al fin y al cabo. “Juventud, divino tesoro…”.
 
Pero sin duda, lo que más le gustaba a la rusa de la prostituta, aparte de su innegable belleza,  era su agitación: incluso desde la distancia que las separaba, podía sentir la profunda respiración de la joven, el rubor apoderándose de sus pálidas mejillas.  Parecía flotar, caminando delicadamente hacia ella, elegante y astuta como un gato.
 
Entonces, ¡oh, bendita juventud! la joven le separó las piernas, colándose entre ellas y empujándola con delicadeza sobre la cama. Svetlana, por el momento,  se dejó hacer. La morena se quedó encima de ella, mirándola con unos ojos que eran puro deseo, y haciendo todavía más entretenida la situación. La gatita quería jugar, ¿eh? Lástima que ella no fuera ningún ratón…
 
 –Así que Bastet, ¿eh? –Dijo con una maliciosa sonrisa, y comenzó a incorporarse –Demasiado egipcio para mí. Hoy serás mi gatita. Kóshechka… -Lana volvió a quedar sentada en el borde de la cama, con su gatita sentada sobre sus piernas. Era, sin duda, una estampa digna de admirar: el cuerpo prácticamente desnudo de Gabrielle parecía mucho más frágil y pequeño de lo que en realidad era junto a la gran figura de Svetlana, que ahora agarraba a la delicada joven de las caderas.
 
Así, frente a frente, tuvo oportunidad de verla más en detalle: sus rasgos eran finos y elegantes, con la belleza intrínseca que otorga la juventud. No tenía ni una sola imperfección en su rostro, y su pelo caía con gracia por sus hombros. Su suave fragancia llegaba hasta la nariz de la exorcista, un aroma suave a azahar, y su cuerpo, apenas tapado por aquel camisón transparente, irradiaba un agradable calor. Y allí, en total contraposición con la joven, estaba ella con el cabello encrespado por la lluvia, una cicatriz cruzándole el rostro y apestando a tabaco. Una pequeña risa se le escapó de entre los labios. “Somos como la bella y la bestia…”. Los labios de la rusa se acercaron peligrosamente a los de su gata, pero sin llegar a rozarla. –Gatita… ¿dónde está mi vino?
 
Aquel había sido el único detalle que había echado en falta. Necesitaba beber, beber para olvidarse del dolor de las cicatrices y de sus propias imperfecciones. –Voy a tener que castigarte por esto… -Sin previo aviso,  alzó a la joven con la misma facilidad con la que lo haría un hombre, y las tornas cambiaron. Ahora era  la morena la que estaba tendida encima de la cama, con el pelo desparramado por el colchón y la respiración agitada. –Qué hermosa estampa…
 
La mano de la rusa comenzó a recorrer el cuerpo de su gatita con avaricia. Sí, aquella iba a ser su distracción de la noche, y no podía estar más satisfecha con la elección de la madame. Sus ojos seguían fijos en los de ella, con la misma frialdad que cuando había entrado en la estancia. Sin previo aviso, los dedos de la rubia retorcieron con saña uno de los pezones de la joven, y por primera vez en toda la noche, comenzó a notar cómo el fuego del deseo comenzaba a aflorar en su interior.
 
-Veamos, ¿qué debería hacer contigo…? –apretó su pezón un poco más fuerte. –Podría seguir jugando con estas un poquito más… -Svetlana soltó su pellizco de una, y con la misma mano le dio una pequeña palmada en la entrepierna. Justo en la zona más sensible. - …O bien, podría darte una buena azotaina en ese bonito culo tuyo… -la mano de la rusa bajó por los tersos y ligeramente magullados muslos de la cortesana, y sus largas uñas se clavaron en ellos. -¿Qué me sugieres, kóshechka…?

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Re: Лана передает привет [Priv. Gabrielle Mori] +18

Mensaje por Gabrielle Mori el Mar Mar 20, 2018 9:31 pm













Caricias extrañas para viejas heridas




T

u primera vez Gabrille ¿No es excitante? Es fácil darse cuenta de que así es, tus mejillas están sonrojadas y tu respiración se entrecorta y se agita sin más. Pertenecer a una mujer por una noche era una experiencia que siempre habías querido saborear, habías escuchado cosas entre las chicas en el harem y allí en el burdel… cosas que despertaban en ti un deseo que no entendía de género. Era un pecado, el pecado más grande que podría cometer, pero qué más da. Vas a acabar de todas maneras en el infierno, un cliente más un cliente menos ya sea mujer u hombre no hará una gran diferencia. Mejor vivir con todos los placeres que la vida podría ofrecerte a vivir una vida insulsa entre cuatro paredes, un marido que solo sabe mirarse el ombligo y niños para regalar.


–Así que Bastet, ¿eh? […] Demasiado egipcio para mí. Hoy serás mi gatita. Kóshechka…

¿Qué casualidad no? Había un patrón en todos tus clientes, eras y siempre serías su gatita. Aquellas palabras y el que tomase el mando de la situación hicieron a tu corazón revolotear en tu pecho. Todo cuanto habías escuchado era cierto, las manos de una mujer eran mucho más suaves, sus labios más deseables y sus cuerpos mucho más divertidos de desentrañar.
Sobre su regazo no puede evitar sentir la necesidad de restregarte impíamente contra ella, tus manos recorren su figura con detenimiento. Es hermosa, es totalmente deseable y ansias poder contemplar ese cuerpo en su esplendor, desnudo y sin ninguna atadura. Pese a perecer mucho más pequeña y frágil así en su regazo no empequeñeces, más bien todo lo contrario.

Kóshechka.

Tu nombre para la noche. Un sinónimo para Bastet, al fin y al cabo. Harías honor a aquel nombre. Tus ojos felinos brillan azulados en aquel mar de velas, sabes qué debes hacer. No es la primera ni sería la última vez que te topas con alguien con gustos un poco más… ¿Cómo decirlo? ¿Activos, dominantes? Sí, quizás esa es la palabra. Al fin y al cabo, las marcas de tus muslos te delatan, así como tu agitación. Te muerdes el labio inferior con fuerza, te contienes. Te toca el papel de sumisa.

 - ¿Vino? – Enmudeces por un segundo. La madame no te había dicho nada sobre el vino. Maldita. Quizás te la había jugado, esperando alimentar la agresividad de la rusa para contigo. Lo que no sabía aquella mujer era lo que eras capaz de hacer, que el dolor para ti es sinónimo de placer y qué harías frente a lo que fuera con el mayor de los deleites si era la ocasión. Al fin y al cabo, aquella noche eras propiedad de la rubia. - Yo seré tu vino…

Sus ojos se clavan en ti y sientes que, pese a estar ya desnuda, está desnudando tu alma. Adoras aquel frío color azul, te desarma… te deja sin habla y sin opciones. Caes sobre la cama con facilidad, no sorprendida por su fuerza. Más bien maravillada ¿Quién necesitaba un hombre cuando existían mujeres así? Toda desparramada sobre la cama eres su deleite, su deseo, su distracción. Hay algo en ella que te despierta, y no es solo la atracción sexual ¿Quizás es dolor aquello que ves tras su mirada? Te retuerces ante la idea. Es imposible negar lo obvio. Eres total y absolutamente suya. Te tiene bailando en la palma de su mano.

Castigo.

Sigue por ahí Svetlana y caerás al abismo con Gabrielle. Te vuelves a morder el labio inferior. Sus manos sobre tu cuerpo. Tu piel erizada. Un escalofrío te corre de arriba abajo y vuelves a retorcerte. Por fin se cumple tu deseo. Sus manos te recorren sin miramientos… sin embargo, hay algo que deseas aún más. Sus labios. No puedes apartar la mirada de ellos, pero algo te obliga. Retuerce tus pezones y roba de ti gemidos casi felinos. Ronroneas deseando mucho más. Aquello se te quedaba corto.

Un golpe seco en el lugar indicado y te tiene ya deshaciéndote. Mojada. Suplicante casi. Cierras las piernas en acto reflejo, arqueando tu espalda. De nuevo gimes solo para ella. Te llevas las manos al pelo, tirando desde las raíces con fuerza. Te contienes, no puedes saltar. No es tu papel. Eres una dócil gatita, no una salvaje.

  - Dañame más. Haz que duela y desquítate. Olvidate de tu dolor e inflingemelo a mí. – Tu voz es apenas un susurro y tus ojos están clavados en los de ellas. Dicen que una buena mirada es la clave para conquistar a cualquiera. Una mirada de deseo como aquella era imposible de evitar. Te deshaces de la bata que más bien servía para poco y quedas liberada de las ataduras de aquella prenda. –   Hazlo…

Te das la vuelta lentamente, poniendo a tu disposición aquellas dos suaves nalgas pálidas. No queda ninguna marca sobre aquella piel, sin embargo, en otras ocasiones había tenido marcas de mordidas, manos y uñas… Te estremeces al pensar de nuevo en ello. Haces tú pelo hacia un lado y mira desde tu posición a la rubia ¿Cuál sería su reacción? Estás a cuatro patas solo para ella. Expectante. Deseosa. Cada vez más mojada con tan solo un pensamiento de lo que podría ser.

Habías prometido ser su vino. Aquello que le hiciera olvidarlo todo y así sería. Serías mejor que cualquier alcohol. La mejor distracción de todas, sexo. Gabrielle en estado puro sobre una cama. Lana estaba a punto de descubrir uno de tus oscuros secretos ¿Le gustará tanto como a ti?


I like when you touch me there
I like when you pull my hair.
Show me what you got now.






Última edición por Gabrielle Mori el Jue Mar 22, 2018 1:24 am, editado 1 vez
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Mensaje por Svetlana Dragunova el Miér Mar 21, 2018 12:35 am













Caricias extrañas para viejas heridas




L
a respuesta de la chica hizo que la rusa esgrimiera una media sonrisa. Una sonrisa que en un principio podría parecer peligrosa, pero que no era más que una pequeña cortina para disfrazar su amargura, ya tan parte de ella misma como cualquiera de sus atributos. “Ojalá fuera tan fácil, Kósechka” pensó, pero no pronunció ni una sola palabra. Si algo había logrado con el paso de los años, era a ocultar esa tristeza, esa cruz que llevaba siempre encima, encerrando todo rastro de sentimiento en ese gesto. Una sonrisa.


Déjalo ya, Lana” le reprochó su conciencia, y pronto devolvió la atención a la joven, que tenía los ojos clavados en ella. Parecía que aquello le gustaba, ¿sería cierto acaso? “¿Tienes cuarenta años o catorce, Svetlana? ¿A ti que te parece?” En fin, qué más daría. Ese era su trabajo, y los ducados ya habían hablado por ella. La gatita se revolvió, impaciente, y se colocó complaciente sobre las piernas de la exorcista. La morena seguía sin apartar la mirada de Svetlana, expectante de saber que iba a pasar a continuación. No había atisbo de pudor ni miramientos en sus ojos, que eran tan crudos y salvajes como los de una alimaña en celo. Aquello le gustó; la inocencia solo entorpecía las cosas.

Svetlana no era muy aficionada a la palabrería, así que no dijo nada; sin duda era algo intrínseco de su carácter ruso. Su mano, fría como el hielo, se deslizó con delicadeza por la espalda de la muchacha. Subió despacio acariciando su nívea piel hasta su cuello, y enredó sus dedos en el sedoso pelo de la ajena. No tenía prisa, en absoluto; tenía planeado tomarse todo el tiempo que quisiera, o eso pensaba ella.

Volvió a bajar la mano, con la misma serenidad con la que la había movido antes. Observó su piel, su figura: suave, pálida y delicada, sensual. Tiempo atrás, ella también había sido así, antes de que el destino decidiera marcarla para el resto de su vida. Una muchacha joven, hermosa y estúpida. Qué lejos quedaban aquellos días…

Los agudos ojos de la rusa repararon entonces en algunos moratones y arañazos, ya por desaparecer, que empañaban la piel de la joven; marcas que ahora parecían nimias, pero que sin duda habían sido considerables en su momento. “Putos hombres –pensó, con disgusto – ¿Por qué todo lo bonito tenía que acabar arruinado?” Aquello la enervó sin motivo, e hizo que frunciera el ceño. La animadversión de Svetlana hacia el sexo masculino era cada día creciente, y en ese momento, un odio vacío comenzó a invadirla.

La mano acabo su recorrido, y culminó con una sonora cachetada en una de las tiernas nalgas de la joven. Svetlana no sonrió esta vez. Dio otro azote, y otro más. Una extraña rabia se apoderó de ella, una rabia inexplicable que comenzó a turbar su aparente pasividad, y la voz de su conciencia se acalló. Estaba enfadada, enfadada con los hombres, con la chica, con ella misma, y no tenía ni idea de por qué.

Normalmente, aquellos sentimientos solía aplacarlos con alcohol, y en cantidades generosas. Pero hoy no era así, no; a la muy estúpida se le había olvidado traerlo, y para colmo, se había ofrecido a ser “su vino”.  “Estúpida, estúpida cría…” pensó, y  volvió a azotarla, con fuerza. La pálida piel de la joven comenzó a tornarse roja. Al parecer la joven quería castigo, ¿no? Pues castigo le daría. Svetlana siguió azotándola, pero lejos de sentirse excitada, se sentía rabiosa; ni siquiera los gemidos y quejidos de la joven lograban conmoverla.

Aquella no era una muchacha normal, entendió la rusa. Bien, pues ella tampoco se comportaría con normalidad. Cuando consideró que el trasero de la joven ya estaba lo suficientemente en carne viva, se levantó, agarrando a la joven del cabello y obligándola a levantarse junto a ella y a mirarla frente a frente. Qué pronto se había acabado la sensualidad. Как жаль!

-¿Es esto lo que quieres, niña? – Svetlana clavó sus ojos grises y cansados en los de la prostituta, a la que obligó a levantar la cabeza tirándole del pelo. Su voz salía dura e inexpresiva, aunque su máscara de aparente tranquilidad se había quebrado ligeramente. –Y no me vengas con estúpidas complacencias de puta de lujo, sé sincera. ¿Quieres realmente que me olvide de todo? ¿Te gusta que te traten como a una mierda, eso es lo que deseas? Porque si es así, no me andaré con miramientos.

Svetlana dejo de pensar, aunque todavía escuchaba amortiguados las voces de su conciencia, que le gritaban, ahogadas por la rabia, que se marchase de allí. Pero no, ella no huiría, y menos de una niñata estúpida. Le daría una buena lección a aquella gatita, y si era lista, aprendería algo de aquella noche.
Honestly, what will become of me?
Don't like reality
It's way too clear to me

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Re: Лана передает привет [Priv. Gabrielle Mori] +18

Mensaje por Gabrielle Mori el Jue Mar 22, 2018 3:19 am













Caricias extrañas para viejas heridas




 
O
h oh, Gabrielle. Ya estás metiéndote en lios de nuevo ¿Cuán masoquista puedes llegar a ser? ¿Tanto te odias a ti misma?

 Ves esa ira crecer en la frialdad de sus ojos. Te deleitas en ella. Que pervertida y perversa llegar a ser Gabrielle ¿No te arrepientes? Deseas ver más de ese odio, tras el que se esconde dolor y probablemente incomprensión. No te importa el dolor con tal de ser aquello que necesite por una noche. Además, ella aún no lo ha descubierto… pero esto, te vuelve loca. Hace funcionar esos sucios deseos tuyos y hace que te mojes inevitablemente.

 Su palma contra tus nalgas no es difícil de notar que te gusta. Te pone. Tus mejillas siguen sonrojadas, cada vez más parecidas al color que estaba coloreando tus nalgas. Te encanta. Suspiras y gimes con cada golpe. Sabes que probablemente ella no lo esté disfrutando de la misma manera, sin embargo… te dejas llevar, ya que el placer, placer es tome la forma que tome.

 Un nuevo tirón te obliga a cambiar, a moverte. Svetlana hace que te levantes, tirando de las raíces de tu pelo como tanto te gusta. Sigues sonrojada y jadeante. Es curiosa la contraposición con la rusa, que ahora miso, pese a pretender seguir con aquella máscara de frialdad… se ha delatado. Arde. Pero no de deseos precisamente. Arde de rabia ¿Feliz? ¿Por qué sigues haciendo estas cosas Gabrielle? Quizás este sea el secreto de tu éxito, como consigues sacar lo peor de cada uno, llevarlo al extremo y hacer que se desquite contigo. No toda mujer está dispuesta a ser tratada así. Al fin y al cabo, cuando uno contrata a alguien como tú, a una puta, no espera recibir otra cosa que no se placer sexual. Pero hay muchas maneras más de complacer a alguien que meramente por el acto sexual. Quizás, sí, de ahí procede tu éxito.  A parte de tu belleza, eso está claro.

 
Eres una excentricidad.


Miras claramente a los ojos de tu dueña por una noche. Tus ojos grisáceos destilan deseo, lujuria y quizás algo mucho más profundo difícil de desentrañar ¿Qué hará Svetlana ante semejante imagen? Desde luego parece molestarle mucho tu manera de ser, ¿Por qué será? Esa curiosidad solo te lleva a querer portarte aún peor y hacer que su enfado crezca.
Masoquista.

Muerdes tu labio inferior con fuerza. No puede evitarlo, realmente la deseas. Es aquella fuerza atrayente que no puedes explicar. No sabes si es por su enfado, por su belleza oculta o por la manera en la que te mira… pero no lo puedes resistir. Tu mirada va de sus ojos hacia sus labios. Escuchas sus palabras, pero para ti no tiene mucho significado. No les das importancia. Al fin y al cabo, qué eres. Un trozo de mierda y una niñata… un trozo de mierda y una niñata muy enferma.

   Duenna… -Susurras en noruego, ahora con los ojos clavados en ella ¿Acaso creía que aquello había acabado? No había hecho más que comenzar. Adorabas jugar a aquellos absurdos juegos. No te ajustas tan solo a un lado… tú lo quieres todo ¿Será posible? Pegas tu cuerpo al ajeno. Tus manos juguetonas, pese a poderte ganar una reprimenda, se alzan hacia la ropa de la rusa. Tus labios, sin poder retenerlos más, se aproximan a por los de Svetlana. Aspiras profundamente, huele a tabaco, pero pese a aquello huele extremadamente bien. Quizás sea tu propia ansia nublándote el juicio. –    Ya le he dicho que seré quien quiera que sea esta noche.

Tus labios finalmente consiguen aquello que habían deseado desde que entraste en la sala. Presionas tus labios contra los ajenos, con alevosía. Casi que también con descaro. Le echas una mirada de reojo antes de cerrar los ojos. No sabes qué te espera ni cómo reaccionará ante tu osadía… pero desde luego te estás ganando una paliza Gabrielle. Tus manos se han hecho con su ropa y poco a poco, de arriba abajo comienzas a deshacerte de ellas. Mientras eres capaz de analizar aquel cuerpo, un cuerpo de infarto y envidiable. Sus curvas son exorbitantes y deseas sumergirte en ellas, pero aún no sabes si se te dará permiso. Estás jugando a un juego muy peligroso y tienes todas las de perder, Litten.




 Everything has an end?
 Baby, this just started…




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Mensaje por Svetlana Dragunova el Vie Mar 30, 2018 12:47 am













Caricias extrañas para viejas heridas




P
uso los ojos en blanco por un momento. "Relájate, Lana. Sólo es una niñata." Dejó escapar el aire de su boca con fuerza, sonando más a un bufido que a un suspiro. Cuántas ganas tenía de fumarse otro cigarro, y de beberse todo el vino de Venecia. A aquella muchacha la habían jodido pero bien, ¿y qué iba a hacer ella? Estaba claro que a la chica no le importaba nada, pero desde luego, no iba a apalearla como a un perro por mucho que se lo pidiese, para eso ya estaban dispuestos cientos de hombres. Y ella no era ningún hombre. No le causaba la más mínima satisfacción aquel estúpido juego, y no había pagado tanto dinero para estar todavía más amargada de lo que ya estaba durante su día a día.
 
"No tendría que haber venido aquí, en primer lugar" Pero ya era tarde para arrepentimientos, aunque si había aprendido una lección era que por mucho que quisiese olvidarse de los problemas, los burdeles no eran para ella. Todas esas intrincadas lámparas, todas esas paredes y habitaciones recubiertas de lujo, todas esas sonrisas y ropas livianas no enmascaraban más que miseria, y Svetlana tenía la prueba de aquello justo frente a sus ojos.
 
Los ojos de Bastet. Los ojos de una diosa reducidos a los de una gata maltratada. Unos ojos azules grisáceos, parecidos en cierta manera a los de la rusa, pero a la vez tan diferentes… "Eres una vieja amargada. Deja de pensar y disfruta por una vez en tu vida. Ya tendrás tiempo de sumirte en tu propia miseria." Las manos de la joven recorriendo la cintura de la exorcista sin duda le facilitaron la tarea. La morena se acercó a ella, con esa mirada rasgada y sensual que sólo las putas saben poner, pero esta vez no dejó que esos ojos vieran a través de ella. Su máscara de aparente impasibilidad había vuelto a su rostro, y volvió a esbozar una vacía sonrisa en respuesta a la descarada mirada de su gatita.
 
Sus labios se juntaron, y Lana se dejó llevar por un momento. Deslizó sus manos por la estrechisima cintura de su gatita, acercándola más a ella, pegándola a su vientre. Notó cómo las pequeñas manos de la muchacha le desabrochaban la chaqueta, y luego la camisa. Y por una vez, disfrutó de lo que estaba haciendo. –No voy a darte la satisfacción que tanto deseas, chica. –Dijo, rompiendo el beso, pero se quedó muy cerca de su rostro –Pero puedo darte otro tipo de entretenimiento…
 
La rusa se separó ligeramente de su acompañante, entre las capas de su ropa desabrochada se podían adivinar ciertas formas de su figura. Volvió a acercarse, cada vez más, obligando a la morena a tenderse sobre la cama. –Kósechka… -Lana comenzó a deshacerse de su chaqueta y su camisa, y pronto dejó al descubierto su gran busto recogido en un sobrio sujetador negro. Las cicatrices cruzaban todo su pecho y sus brazos, y a pesar de que todavía llevaba la falda y las medias puestas, era fácil de adivinar que las marcas no acababan solo en su torso.
 
Su enorme cuerpo se tendió sobre el de la joven, quedando las dos tumbadas sobre la cama. Los grandes pechos de Lana presionaban a los de Gabrielle, y la rusa podía sentir el calor de la joven al contacto entre sus cuerpos. –No puedo ser mala contigo con esa cara tan bonita que tienes… -mintió, y sonrió con picardía. Un dedo se deslizó por su mandíbula, luego por su delicado cuello, después entre sus pechos. Bajó por el vientre plano de la morena, con una caricia tan suave que conseguiría poner la carne de gallina a cualquiera.
 
Por fin la mano llegó a su destino. Svetlana sonrió, una sonrisa sucia y complacida. –Vaya… estás ardiendo, gatita… -los labios de la rusa se enredaron entre los de Gabrielle, con un beso tan suave como tortuoso, y a la vez, y de la misma manera, los dedos largos y diligentes de Lana se colaron entre los otros labios de la muchacha.
 
Comenzó a moverlos suavemente, rozando con las yemas la zona más sensible de toda mujer. Le gustó sentir la humedad y la suavidad de su sexo; estaba totalmente mojada. Su corazón de hielo, aquel que ella misma creía impasible, pareció removerse por primera vez en mucho tiempo. –Quiero que hoy seas una niña buena… – Su voz sonó melosa, en contraposición a lo cortante que había sonado hace minutos. Por supuesto sobraban las palabras, pero quería hacerle entender que aquello no iba a ser como se pensaba.
 
Los labios de la rusa fueron esta vez a parar al fino cuello de la mujer, que parecía estar ardiendo. Su lengua lo recorrió despacio, deleitándose con su dulce calidez, hasta que acabó con un pequeño mordisco en la oreja. Por fin la rubia parecía estar divirtiéndose un poco; dejar la mente en blanco y llenarla de otra cosa siempre ayudaba a olvidar el dolor. Alcohol, sexo, violencia, poder… cada uno elegía con que la llenaba.



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Re: Лана передает привет [Priv. Gabrielle Mori] +18

Mensaje por Gabrielle Mori el Miér Abr 04, 2018 11:04 pm













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- Quiero que hoy seas una niña buena…
   
 
U
 n dilema interior ¿Obedecer o no? Increíblemente parece que la primera opción hoy te seduce mucho más que llevar al límite a tu preciosa cliente. Hay algo más poderoso que la violencia al fin y al cabo. Algo que consigue seducir hasta a la gatita más rebelde de aquello que, por lo general, suele ser lo que la atrae ¿Qué tendría aquella mujer? Era poderosa. No cualquiera doma a Bastet así como así. Sin duda alguna Gabrielle estas totalmente hipnotizada. Era increíble.

  Observas como su cuerpo se alza hermoso sobre el tuyo. Observas cada movimiento como si escondiesen tras ellos un secreto. Sus curvas son envidiables, analizas su cuerpo, sus cicatrices, pero sobre todo su sensualidad natural... una sensualidad que consigue hacer olvidar sus cicatrices. Es preciosa y ni si quiera lo sabe. Está a la altura de una diosa y tampoco lo sabe... no es una belleza típica. Un canon. Es mucho más y de ahí su belleza. Es un arma de doble filo, atrayente y cortante. Quizás es eso lo que te atrae, el peligro de poder salir dañada pero disfrutar a la vez... te gusta la adrenalina que te provoca. Como hace que tu corazón se acelere y lata por ella...

  Cada uno de tus suspiros va dedicado a ella. Tus manos desean aferrarse a su cuerpo. Saborear su calidez con la yema de los dedos. Esperas a que sea ella quien se entregue a ti. Deseas devorar aquellos pechos que te llaman, deshacerles de sus ataduras y hacerlos tuyos. Todo a su tiempo. Te deshaces bajo tu mirada. Tus mejillas vuelven a colorearse de rojizo, a juego con aquellos labios que besaban como nunca los ajenos, casi queriendo desgastarlos.

   Pecho contra pecho lo notas. Notas el latir acelerado de su corazón. Como si piel aparentemente fría se torna cálida. Sus dedos, antes severos, ahora acarician tu piel. La eriza. Te arranca nuevos suspiros. Le gusta verte dócil y no puedes evitar complacer sus deseos. Tu mirada  te puede. Se ha desnudado para ti, pero no solo físicamente... ahora lo sabes. Sonríes levemente, mordiéndote el labio inferior. Lo que ocurrió a continuación fue mágico. Lo que llevabas deseando desde el principio. Toda para ti.

  - Seré buena... lo prometo. - Gime en su oído. Disfrutando de como aquellos dedos humedecían aún más su entrepierna. Tu espalda se arquea y tus caderas comienzan a moverse sin más. Pierdes el control sobre tu cuerpo. Sin embargo, es lo mejor. Sus labios en tu piel. Un mordisco. Poco faltaba para perder consciencia del todo. Sería la primera experiencia con una mujer, pero desde luego... era de lo mejor hasta el momento. Es algo que no puedes negar. Sigues gimiendo solo para ella, pero hay algo más que seas.- Seré buena... lo siento.

   Te haces con su sujetador y finalmente, de manera egoísta consigues cumplir tu deseo. Aquellos plenos bustos se muestran en todo esplendor frente a ti. Tu boca los busca con voracidad. No piensas tener compasión. Tu lengua es la primera en toparse con sus pezones. Los lames lentamente y ayudándote de tus manos los acercas un poco más a ti. Tu boca los rodea, succionando levemente. Tu ritmo aumenta levemente, al igual que sus dedos. Te sientes arder. Aquella sensación que adoras. Adoras el sexo precisamente por aquello. Capaz de unir a dos seres diferentes en su totalidad y deshacerlos en pedazos para degradarlos al mismo nivel.

  Ahora tus gemidos son ahogados, pero tienes un manjar mejor entre tus labios. Te humedeces aún más. No puedes evitarlo, tiene un poder que era desconocido para ti. Sin embargo no te aterra te atrae aún más. Tu cuerpo se ha rendido a ella y ahora eres totalmente suya. Hará contigo lo que quiera y tu, obediente, te dejarás ¿Quién eres Litten? ¿Quién eres realmente? ¿Una morbosa o una gatita obediente? No puedes evitarla. Te tiene en las palmas de sus manos.




     She fucks me so good
     and I can't get enough.
    Must be love on the brain.


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Re: Лана передает привет [Priv. Gabrielle Mori] +18

Mensaje por Svetlana Dragunova el Vie Abr 20, 2018 9:12 pm













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Simples movimientos:


L
a joven se retorcía, se removía y contoneaba con lascivia, y soltaba suspiros y gemidos que hacían que Lana se olvidara cada vez más de todo. Cuando las manos inquietas de la joven liberaron sus pechos del sujetador, estos se dejaron caer un poco más, pesados y grandes, y llenos de cicatrices. Y la boca de la joven fue a parar a uno de ellos, sin perder un segundo.
 
Svetlana se mordió los labios y ahogó un suspiro de placer. "¿Es que tienes miedo parecer humana delante de una puta, Svetlana?" le dijo una odiosa voz en su cabeza, pero pronto la acallo. Los dedos de la rusa se movieron más rápido, y sin previo aviso, los metió dentro de la cálida cavidad de la morena. Por su reacción, parecía que la recibía de buen gusto. –Podría hacer que te corrieras ahora mismo… -le susurró, moviendo los dedos en su interior.
 
A diferencia que la gran mayoría de hombres, aquellas palabras no eran fanfarronería, sino una simple y llana afirmación. Durante un momento, los ojos de la general se cerraron, disfrutando de la hábil lengua de la chica. "¿Qué dirían los miembros de Chá, mis alumnos, si me vieran así? ¿Qué cara pondría el cardenal di Medici si viera a una exorcista extrajera follándose a una puta en su "sagrada" y "bendita" ciudad?" La posible respuesta la divertía y la aterraba a partes iguales, pero sabía que nada de eso iba a ocurrir. Por ahora, la rusa no era más que una desconocida en aquella ciudad aguada, y aquellos supuestos no eran más que producto de su encendida imaginación.
 
Esta vez no pudo evitar que se le escapara un ligero gemido de los labios. "Al final la mujer de hielo va a acabar derritiéndose por una putilla…" Svetlana volvió a ignorar aquella voz que parecía persistir, y abrió los ojos para clavarlos en los de la joven. –Es hora de que me des algo que llevo tiempo queriendo probar… -se relamió los labios, con una mirada depredadora. "Eres una enferma, ¿lo sabías? Te mereces que te quemen en la hoguera."
 
Lana obligó suavemente a Gabrielle a tenderse totalmente bocarriba sobre la cama, y se colocó encima. Sus labios se entrelazaron con los de la muchacha, y su lengua invadió la boca de ella, con un sabor tan agradable que no hizo más que acrecentar el deseo de la rubia. "Gastándote el dinero de la Academia en putas abusadas… Patético". Sacó la mano de la entrepierna de la chica, completamente mojada, y comenzó a acariciarla con ambas manos. "Eres deplorable, Lana…" Sus labios se libraron de los de su gatita, y bajaron por su barbilla, por su cuello, entre sus pechos. Por su vientre, y su pubis, hasta que llegaron a su ansiado destino.
 
A pesar de todos los reproches, a pesar de que sabía que lo que sentía era erróneo, Lana no lo podía evitar. Las mujeres eran su maldita perdición, su vergüenza, y la única manera que podía tenerlas era así. Haciéndose pasar por hombre en los burdeles, y pagando. "Antes eras una verdadera mujer… ¿qué te ha pasado?" Cuando la lengua de la rusa rozó el sexo húmedo su Bastet, la voz desapareció. Aquellos pensamientos con los que se fustigaba parecieron desaparecer, y por fin su mente quedó en blanco.
 
Su lengua se movió con deseo, pero también con habilidad. Sabía lo que hacía, y le encantaba. Se colocó las piernas de Gabrielle por encima de los hombros, sin problema alguno. El sabor del sexo femenino era sin duda peculiar, pero mil veces mejor que el de cualquier hombre.  El corazón de Svetlana se aceleró conforme seguía devorando a Gabrielle. Allí, hundida entre sus piernas, se olvidó de quién era por un dulce momento. Con una mano, se desabrochó la falda y la tiró a un lado de la enorme cama, y su mano, que antes había estado dentro de la joven, se metió debajo de sus medias y se coló entre sus piernas, arrancándole un quedo gemido.
 
Continúa haciendo movimientos simples,
sigue siempre hacia delante.
No te hagas más preguntas y únete,
simplemente muévete
y continúa viviendo.


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Re: Лана передает привет [Priv. Gabrielle Mori] +18

Mensaje por Gabrielle Mori el Lun Abr 23, 2018 12:48 am













Caricias extrañas para viejas heridas




D
on't pick up your ringing phone
Let's leave it alone
There's no need to tell anyone but us two
Let's just leave it alone, why are you worried?

¿A qué temes Lana? ¿A qué exactamente? Este no es lugar para temer. Gabrielle tu lo sabes mejor que nadie. Este es tu lugar favorito, donde ataduras son desatadas, convencionalismos son desafiados, tabúes destapados, fantasías cumplidas… aquí hay lugar para todo. Pequeña gatita, has intentado ya desquiciarla, pero ahora tumbada en esta suave cama te das cuenta del error que habías cometido. Ahora debías redimirte. Debías compensarle aquel masoquismo tuyo por forzar situaciones y llevar a ciertas personas al límite… y con creces pensabas hacerlo.

 Tu tibio cuerpo se expande cuan grande es en la cama con suavidad. Las sábanas acarician tu piel con descaro, sin reparo alguno al igual que aquellas manos y labios que te hacen estremecer. Tu espalda se separa de las sábanas por el placer del momento. Sus palabras estaban al borde de convertirse en realidad, ya no serían más que un sencillo deseo. Tus labios se entreabren dejando salir suspiro tras suspiro. Los ojos cerrados que ni se atreven a mirar la cara ajena, sonrojada. Es un nuevo deseo, una nueva clase de placer… no sabías que los labios de una mujer podrían llegar a ser tan exorbitantes como aquellos. El control parece ser una palabra desconocida para ti en estos momentos. Eres suya por completo, en todos los sentidos posibles y habidos y por haber.

    -  Coge y prueba todo cuanto desees, este es…nuestro sitio y solo nuestro.

 Las manos entrelazadas en las sábanas tirando del material con fuerza. El sonido de tu vos se solapa con los gemidos de Svetlana, que solo consiguen avivar esa llama que desconocías existía. Tus piernas sobre sus hombros se retuercen inevitablemente. Tu cuerpo se deja ir y mucho antes de lo que esperas sencillamente llegas. Aquella humedad ya antes notable ahora se desliza entre tus piernas hasta las sábanas, mojándolo todo. Tu interior se estrecha. Te falta el aliento y sientes una placentera presión sobre el pecho. Algo que jamás habías experimentado de aquella manera. Llegas al éxtasis completamente sumida en un ensueño. Aquella boca… aquella lengua era maravillosa ¿Cómo era que jamás te había dado por probarlo? ¿Qué descarada no Bastet?

    - Noe rart*
*Que maravilla

¿No vas a coger aire, tantas ganas tienes? Sin más tu cuerpo se abalanza sobre el ajeno. No podía evitarlo, puesto que la imagen que se dibujó ante tus ojos al abrirlo era indescriptible… avivando aún más la llama. Ardes. Caes de la cama sobre Svetlana. Ambos cuerpos se precipitan al frío suelo. Tu pequeño cuerpo sobre aquella hermosa mujer. Era tal el deseo que hasta aquellas marcas te habían pasado desaparecidas. Era hermosa. Tus labios colapsan de nuevo en los suyos, saboreando aquella mezcla de ella y de ti. Pecho con pecho vuestros pezones danzan pervertidos. Se te eriza la piel con cada roce y una de tus manos, juguetonas, se desliza hacia su entrepierna.

 Tus dedos se humedecen al primer roce. Ella lo estaba disfrutando igual o más que tú ¿Tendrá límites esta fantasía? Tu piel arde y tus mejillas siguen sonrojadas, cada vez más y no por timidez. La estampa pese a lo sexual y el aire que se respira en aquella habitación, es además adorable. No eres consciente y aunque tu no te veas y solo contemples la voluptuosidad de Svetlana, tu también te ves hermosa. Tus manos comienzan un juego que no sabes como parar… en realidad, desde el inicio has iniciado un juego que no sabes como hacer para parar y que además cambiará algo en ti. Es lo que tiene este trabajo joven gatita. Te destroza, te retuerce, te hace añicos y te vuelve a rearmar como si nada… y pese a lo doloroso que pueda llegar a ser, es lo que te hace sentirte completa.

 Quieres sentirlo todo. Eres egoísta. Lo deseas y lo quieres todo en aquella noche a solas con Svetlana. Muerdes su labio inferior levemente, entreabriendo los ojos para contemplarla. Sabes que esa posición no te va a durar demasiado. Así que saboreas el momento mientras puedes, acariciando su sexo y su clítoris con una suavidad casi excesiva… provocativa. Lo estás esperando, estás esperando al cambio de papeles. Jamás te lo habrías imaginado, pero al igual que el cuerpo de un hombre y una mujer encajaban con perfección… el de una mujer y otra de su misma condición bailaban de una manera casi mágica, seductora e irresistible ¿Por qué no había llegado aquella mujer antes a ti? Quizás consiga sacar algo de ti Bastet… Gabrielle. Algo que te haga despertar levemente de tu sopor…

 Pero claro, ¿Quién desea ser despertado de una fantasía?




This is the only way in which we can be us.

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Mensaje por Svetlana Dragunova el Miér Mayo 16, 2018 8:49 pm













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L
o notaba; podía sentirlo perfectamente. Los gemidos, los movimientos, la espalda arqueada, los dedos agarrándose a las sábanas… La pequeña muerte, como la llamaban los franceses. Svetlana sacó la mano de entre sus piernas sólo para agarrar con más tenacidad a la mujer; sus dedos se hundieron con firmeza en la tierna carne de sus muslos, atrayéndola hacia ella con fuerza.
 
Y en cuestión de segundos, la húmeda y cálida esencia de la chica lo inundó todo. Lana cerró los ojos, y le dio pequeños bocados en el interior de sus muslos, ahora empapados. Estaba excitada como hacía tiempo que no se sentía. Su libido, que la rusa creía perdida hace tiempo, parecía haber resurgido con más fuerza, azuzada por el descaro impetuoso de la joven. Se relamió los labios como una bestia hambrienta, saboreando los fluidos de Gabrielle.
 
Qué mal se sentía una parte de ella. Pero todos esos sentimientos estaban lejanos, amortiguados por la pesada y densa lujuria que en ese momento la embriagaba. Una mirada de la gatita, un solo suspiro, y a Svetlana le daban ganas de devorarla por completo. "¿Se habría acostado alguna vez con una mujer?" se preguntaba, aunque ella prefería pensar que no. Era más divertido así.
 
Sin darle mucha más tregua, Gabrielle se echó encima de la exorcista, y ambas cayeron al suelo. La rusa cayó sobre su espalda con un golpe seco, pero ni se inmutó. Su mirada, gélida como el hielo, se había tornado en la de una bestia, afilada y acechante, y sus labios se curvaban en una enorme sonrisa más salvaje todavía, semejante a la de un lobo hambriento.
 
Hacía ya tiempo que había cruzado el punto de no retorno. Quería más, más de aquella morena, más gemidos, más besos… Y la gatita no se hizo de rogar. Sus labios, suaves y carnosos, fueron a parar a los de la rusa, que los devoró con avaricia. Las manos de la exorcista agarraron las nalgas de la joven con fuerza, y mientras notaba como una mano traviesa se iba deslizando por su cuerpo despacio, hasta que…
 
-Ahh… - Con un solo roce, el cuerpo entero de la rusa se estremeció. Se mordió el labio, y apoyó la cabeza en el suelo, disfrutando de aquellas tortuosas caricias. "Voy a reventar…" pensó, mientras su pecho subía y bajaba profundamente. Y tras unos segundos, se decidió a incorporarse.
 
Sus ojos volvieron a clavarse en los de Gabrielle, y sin decir ni una palabra, la atrajo hacia ella, entrecruzando las piernas hasta que quedaron completamente juntas. Sus brazos envolvieron a la prostituta, obligándola sin escapatoria a pegarse al cuerpo de Svetlana. –Syvodnya ty mayá kóshechka… Tolka mayá…1 -Susurró con voz profunda cerca de la oreja de la morena. Sus caderas comenzaron a moverse, despacio, y los sexos de ambas mujeres empezaron a rozarse uno con otro. Buscó los suaves labios de Gabrielle, y metió la lengua en su boca, entrelazándola con la de la joven. Allí, entre sus brazos, Gabrielle le parecía poco más que una niña, aunque trató no pensar en aquello demasiado. Era obvio que no lo era.
 
Sus caderas aumentaron el ritmo, y clavó las uñas inconscientemente en la espalda de la joven. Cada vez estaba un poco más cerca, sólo faltaba un poco más… Svetlana había comenzado a gemir y casi no se había dado cuenta de ello. Seguía moviendo las caderas profundamente; su respiración era agitada. Necesitaba acabar, necesitaba sentirlo…
 
Kakoe chuvstva…!!2 -En cuestión de segundos, Lana se estremeció entera, y sus uñas surcaron la espalda de su amante. Levantó la cabeza, cerrando los ojos, y un profundo gemido se le escapó entre los labios. Notó como se le humedecían los muslos. –Dios mío…
 
Por fin soltó a Gabrielle. Apoyó las palmas de las manos en el suelo, echándose ligeramente hacia atrás, pero todavía entrelazada a la chica. Se quedo mirando al techo, intentando recuperar la respiración. La cabeza parecía darle vueltas. "Así que era esto lo que se sentía al tener un orgasmo… Casi se me había olvidado", se dijo a sí misma, y se percató de ganas que tenía de fumar un cigarrillo y beberse una buena copa. "Una no está ya para esto…"
 
1 Hoy eres mi gatita… solo mía…
2 ¡Qué sensación!
 

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Re: Лана передает привет [Priv. Gabrielle Mori] +18

Mensaje por Gabrielle Mori el Lun Mayo 21, 2018 1:02 am













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T
u primera vez no había sido ni lejos tan placentera como este nuevo descubrimiento. Qué misterio escondería la mujer que no importase aquello que hiciera era perfección, belleza y placer… quizás nuestros cuerpos habían sido creados para encajar entre ellos, y no con los de un hombre ¿Podía ser? Todo tenía sentido si lo mirabas desde aquella perspectiva… aunque quizás, lo que te ocurre Gabrielle es que sencillamente te estás dejando llevar por un placer que no conocían antes. Un placer tan poderoso que te parece casi imposible de superar.

“Me siento rara… pero no de manera negativa. Es algo que jamás me habría imaginado y siento que no podría parar…”
Oh, pequeña Bastet. Ahora te vas a dejar llevar por un pecado carnal ¿Ninfómana? No te engañes, es todo efímero. El sexo es eso, sexo y tan pronto empieza puede acabar. Mientras dura puede parecerte la mejor droga, el mejor éxtasis… pero siempre toca a su fin. Disfruta del momento y deja de dar vueltas Bastet. Eres una prostituta a fin de cuenta, si disfrutas con tu trabajo eso que te llevas… pero no te encariñes, lo sabes.

 Sentir como su cuerpo se retorcía y deshacía bajo tus manos, tus besos, tu cuerpo… Cuando poderosa era la pasión que no importaba mujer u hombre, todos podían sucumbir bajo lo mismo… el placer. Perder el control solo por algo tan mortal como aquello. Capaz de destruir naciones, familias, amor… y como no, camas… Te dejas llevar, total, perdida ya estás. El control sobre su cuerpo apenas te dura un suspiro, lo que te imaginabas y sin embargo sonríes, puesto que te agrada.

 Vuestros cuerpos se entrelazan con tanto sentido. Desde esa posición que te está descubriendo puedes observarla en todo su esplendor. Ella también se está dejando llevar por lo que está sintiendo en ese preciso instante… ha perdido control sobre su propio cuerpo. El observarla de aquella manera solo hace que la situación y el morbo te exciten aún más. Ardes en deseos de oírla gemir de nuevo, de ver como su cuerpo se retuerce al rozar contra el tuyo… como su entrepierna se moja al igual que la tuya y sencillamente se da ti con todo cuanto tiene. Es una belleza que no muchas mujeres serían capaces de apreciar, sin embargo, para tu es una auténtica obra de arte ¿Así es como otros clientes te ven a ti? Desde luego la imagen es más que candente.

 Ambos cuerpos comienzan a moverse en armonía y sintonía. Vuestros sexos parecen buscarse el uno al otro sin más, vuestras caderas se mueven en un frenesí tan hipnótico que te parece que no querrás parar nunca. Os deslizáis con facilidad. Tu cuerpo arde y buscas el frío del suelo que parece impregnarse cada vez más con vuestras temperaturas. No hay escapatoria. Tus ojos grisáceos se clavan en los de Svetlana, que está disfrutando casi tanto o más que tú. Deseas ver y sentir como se corre sobre ti, quieres ver su cara de deseo… de éxtasis. El ritmo es ya imparable, ambas estáis al borde de un abismo sin salida. Ya no podéis parar ni dar marcha atrás. Su voz, sus gemidos, sus manos arrasando y abrasando tu cuerpo… está todo metido tan dentro de ti. Eso no ayuda a controlarte, sencillamente vas a dejar que pase.

Sin más ocurre. Tu espalda se arquea en una figura perfecta, igual que el resto de tu cuerpo. Tu pecho y el de Svetlana suben y bajan al compás mientras os convulsionáis entre gemidos de placer.  A eso si que podías llamarle una primera vez más que satisfactoria ¿Por qué no podía ser todo como aquello? En aquella posición tan comprometedora, una abierta a la otra -nunca mejor dicho- no puedes más que observarla, intentando recuperar la respiración. Si fuera por ti seguirías, tu cuerpo pide mucho más de aquella mujer. Lo quieres todo. Hasta hace nada saboreabas sus labios y ya extrañas la sensación de suavidad de los labios de una mujer, su lengua enredándose con la tuya, su calor, su respiración… era una experiencia completamente nueva y de la que repetirías sin cesar.

Deshaces el enganche entre vuestras piernas mientras suspiras. Apenas puedes moverlas, pero lo logras entre suaves gemidos. Te tiembla todo el cuerpo.  Muerdes tu labio inferior con fuerza, con picardía y le guiñas un ojo a Svetlana. A duras penas consigues ponerte de pie, te ayudas de la cama para lograrlo. Atusas tu negra melena que cae sobre tus hombros.

    -Koshecka te va a traer una cosita antes de que te vayas… un momento. – Dices en un susurro un tanto seductor. Sobre tu cuerpo desnudo colocas aquel trozo de tela semitransparente antes de cruzar por la puerta, es suave y consigue erizar tu sensible piel. Había algo que habías olvidado antes de llegar a aquella habitación y pensabas dárselo, más valía tarde que nunca. Descalza y más desnuda que vestida buscas aquel vino que supuestamente se te había impuesto llevar. Al caminar por los pasillos, ahora abarrotados de compañeras y clientes más de uno posa sus ojos en ti. Esto es lo que a ti te gusta. Te pavoneas un poquito más pese a haber encontrado el vino con la mirada en una cuba con hielos. La maldita te lo había dejado en la recepción junto a dos copas.  Lo coges con una pícara sonrisa en la boca, boca que aún recuerda los besos. Sienes tu piel volverse a erizar con el pensamiento y piensas en si sus uñas habrán dejado alguna marca sobre ti… deseas que así sea. Que morbosa eres. Como si no tuvieras suficiente… tu siempre quieres más. – Para finalizar la velada… y una primera vez inolvidable.

Llenas las copas y le ofreces primeramente a ella. Observas aquel maravilloso cuerpo curvilíneo. Por primera vez reparas en sus cicatrices, pero no paras sobre ellas. No quiero hacerla sentir incómoda. Sin embargo, la curiosidad te invade ¿Qué le habría ocurrido? Alzas la copa en su honor y bebes un sorbo, hacía mucho que no probabas alcohol alguno. Por lo general no bebías nada, de lo contrario te inhibía y no disfrutabas de la misma manera… pero acabar una noche de sexo como aquella con aquel delicioso vino no era una mala opción… aunque…

      -Te dejo aquí, puedes irte cuando desees o quedarte un rato más aquí. Espero volver a ver a una belleza como la suya por aquí. Esto queda aquí entre nosotras, no se lo cuente a nadie más o dejaré de ser su gatita.

 Besas sus labios por ultima vez. Es un suave y delicado beso, sin mucha decoración. Suspiras al saborear su calor. Le guiñas un ojo, sonriente… te ha dado una noche increíble, la mejor de muchas sinceramente. Esperaba que el dinero que hubiese pagado por aquella noche hubiese amortizado como se esperaba. Una última mirada a su cuerpo, a su rostro y a sus ojos, no querías olvidar absolutamente nada… sonríes dulcemente y te alejas. Era el momento. No podías retenerla para ti toda la noche, al fin y al cabo, no podías tener a nadie para ti… tu eres propiedad de todos. Te giras con lentitud, casi parece a cámara lenta – típica escena que una se imagina en una novela de amor y pasiones -, dejas que también observe tu cuerpo desnudo bajo aquel trapo y te alejas con la copa en la mano. Le has dejado la botella, tu virginidad, un beso de despedida y tu saber ¿Qué más puedes pedir?



Lanzas una última mirada antes de cerrar la puerta tras de ti.
Mujer contra mujer en una noche completamente impredecible.
Aquellas puertas escondían un secreto que nadie jamás conocería.
Un secreto entre dos mujeres.


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Re: Лана передает привет [Priv. Gabrielle Mori] +18

Mensaje por Svetlana Dragunova el Lun Mayo 21, 2018 2:19 am













Caricias extrañas para viejas heridas





A
llí, aun  desnuda y tirada en el suelo, Lana seguía intentado recuperarse de aquel cóctel de sensaciones. Aquello era lo peor para la rusa, la parte en la que todo lo que había alejado la pasión y el placer volvía con más fuerza, como una ola que te arrastraba hacia la profundidad del mar en un día de resaca, lenta pero implacable. Y en cambio, Gabrielle se había levantado pletórica, con esa belleza tan característica que todo el mundo parecía tener después del buen sexo, pero que era mucho más acusada en sus finas facciones.

"Es joven, al fin y al cabo. Y hermosa." Lana la observó de nuevo con sus ojos glaciales, y también se levantó. Un dolor agudo le recorrió el vientre, e hizo una pequeña mueca que esperó que la joven no hubiese visto. "Estoy hecha trizas… ¿Dónde he dejado mi tabaco?" Lo cierto es que todavía no se consideraba una vieja, y a pesar de sus vicios, el entrenamiento y el trabajo la mantenían en forma, pero al lado de la morena no podía sentirse mucho más mayor de lo que era.

Tras decir aquellas palabras, Gabrielle salió de allí con unos andares tan gráciles que parecían ensayados. "¿Andará siempre así, o esto forma parte del precio?" Sus ojos siguieron la delicada figura de la muchacha hasta que se pierde tras cruzar la puerta, sin decir una palabra. Era hermosa, eso era indudable. Y diligente. Era perfecta, como una estatua fabricada con todo el esmero del mundo. Ese era el problema. No era más que una escultura de carne metida en un museo en el que sí estaba permitido tocar, previo pago. Nada de lo que había sucedido aquella noche era real; al igual que sucedía con la piedra, se puliese lo que se puliese, jamás conseguiría tener el tacto de la piel.

Svetlana sabía que como siguiese por ese camino se sentiría peor y los arrepentimientos vendrían con más rapidez. No debía interesarse por la chica, al fin y al cabo, ¿qué podía hacer ella? Sacarla de allí, y luego ¿qué? Era inútil seguir pensando aquello. "Sigo sin entender por qué he venido aquí…" pensó, dejando escapar un suspiro. Sería mejor que se vistiera.

Cuando Gabrielle volvió a la habitación, la rusa, ya vestida, sostenía un cigarro encendido entre sus largos dedos. De pie frente a la cama, todavía no se había puesto el largo chaquetón y sombrero de ala ancha que la ocultaban en la locura que le había apetecido realizar aquella noche. Sonrió al ver aparecer a la joven con dos copas y la botella de vino, y aceptó de buena gana la copa que le tendió. De repente, Svetlana tenía muchas ganas de beber. –Bolshói spasiba, kóshechka –dijo en ruso con una voz pausada y vacía, aunque hizo un intento por sonar amable. De repente se sentía muy cansada, aunque intentó no aparentarlo.

Escuchó las palabras de la joven prostituta, y su pequeño beso estuvo a punto de romper aquel muro emocional que Svetlana cuidadosamente había construido durante su breve ausencia. La morena se alejó con gracia, y lo único que pudo hacer Lana fue esbozar una sonrisa con la que intentar ocultar todo lo que sentía en aquel momento. Ya no veía un cuerpo, ni a una prostituta; simplemente a una muchacha que le guiñaba el ojo, y que cruzaba la puerta para no volver a verla más.

Ya sola en la habitación, Svetlana se sentó en uno de los pequeños sillones de la estancia, se bebió la copa de un trago y dio una larga calada a su cigarrillo, prácticamente acabado.

 - Espero volver a ver a una belleza como la suya por aquí. Esto queda aquí entre nosotras, no se lo cuente a nadie más o dejaré de ser su gatita. 


¿Contárselo a alguien? ¿Cómo? Lana no tuvo más remedio que reír. Si por alguna casualidad quien no debía se enteraba de aquello, no sólo se quedaría sin su puesto en la Academia, sino que probablemente la encerrarían en un sanatorio para enfermos mentales. La sola idea la aterraba, y era una losa más en aquel maremágnum de penas y arrepentimientos con los que ya cargaba la atormentada mujer. Ya había asumido mucho tiempo atrás que no iba a ser feliz nunca, pero algunas situaciones simplemente la superaban, y esta era una de ellas. "Eres una mujer adulta de 40 años, general de la academia de exorcistas Chá, y una prostituta te ha dejado totalmente desbancada."

Era penoso, aunque la pobre gatita no tenía culpa de nada.  Ella solo había hecho su trabajo, era Lana quien parecía tener problemas con todo aquello. No le gustaba esa farsa, y aunque había disfrutado, ahora se sentía como un despojo. "Ni si quiera sé su nombre real" se reprochó.  Retuvo una lágrima con todas sus fuerzas. "Ni se te ocurra llorar", se dijo a sí misma, "conserva la poca dignidad que aún te queda". Se llenó de nuevo la copa, esta vez hasta el borde, y se la bebió con tragos largos, con prisa, como si aquello fuese la panacea a todos sus males. Y en cierta forma, lo era. El amargor y la calidez del alcohol la hicieron sentir mejor instantáneamente. A veces, lo mejor que podía hacer era nublar aquellos tormentosos pensamientos con un poco de alcohol, aunque sabía que era una muy mala costumbre suya.

"Olvídalo, Lana. Sabes cuál es tu misión aquí. No vuelvas a caer en algo tan estúpido como esto, y todo irá bien. Sólo es lujuria; sólo es un capricho. No hay amor para ti ya. Levanta la cabeza y enfréntate al mundo una vez más, sólo para demostrarles que aún sigues aquí, pese a todo." Aquella voz interior, dura pero sincera, la obligó a levantarse. Se colocó la gabardina y el sombrero de ala ancha y salió al pasillo. Putas y clientes pasaban de un lado a otro, y se oían gemidos amortiguados tras las paredes. Pero ni rastro de su Bastet, cosa que agradeció y la apenó levemente a partes iguales. "Te deseo buena suerte, kósechka" pensó la rusa, antes de abandonar aquel lugar en el  que no volvería a poner un pie jamás.

Mañana sería otro día, pero por hoy ya había tenido suficiente.
 

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Exorcista — General


Frase Noches sin amor, mañanas sin arrepentimientos.

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