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La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Marie Labov el Jue Abr 19, 2018 10:30 pm













Be aware of the Siren


Tormenta


La taberna del Loco

A
tardecer frente al Coreur de Nuit. El cielo se tiñe lentamente re rojizos y naranjas desde el horizonte hacia arriba, finalizando aquel espectáculo de colores en un azul que comenzaba a oscurecerse según el sol terminaba por desaparecer. Marie observaba aquel espectáculo natural desde su camarote, por aquellos ventanales tapados por tupidas cortinas. Su mirada se colaba por una pequeña rendija. Una lástima no poder contemplar aquellos atardeceres de cerca, como hacia ya tantos años... Sentada en su escritorio esperaba al momento indicado para poder salir sin temer ser quemada por la luz del sol. Como extraña la luz del sol... ya casi se había olvidado de la sensación, del calor, del bochorno...  Suspirando se puso en pie cogiendo de encima de su cama una chaqueta de cuero oscuro. En uno de los bolsillos de esta encontró la respuesta de Silcius...

 


  Querido Rocafort,
   
     No sé si contabas con volver a saber de mi. Dado los tiempos que corren y nuestra extraña relación, supongo que la respuesta sería un rotundo no. Tampoco sé si volver a saber de mi después de estas semanas será de tu agrado... pero vivimos algo juntos que no puedo dejar ir así como así. La curiosidad me puede ¿Qué querría aquel hombre de nosotros?

     He estado haciendo mis indagaciones y un hombre que se adecua a las descripciones que nos dio aquel renacuajo ha estado frecuentando la taberna últimamente. Es más, uno de mis grumetes se ha cruzado con el mismo renacuajo que nosotros conocimos en aquel baile misterioso. Todo a punta a que es el momento perfecto para actuar, supongo que habrá dado por sentado que lo hemos dejado pasar... sin embargo, no soy ese tipo de mujer. Me destrozó un vestido carísimo y tiene que pagar por ello.

   Me ponía en contacto para hacerte saber que estaré en la Taberna del Loco justo después del atardecer justamente mañana. O actuamos ya o nuestra oportunidad se irá volando... Espero ver allí a mi mejor y peor acompañante de baile hasta el momento.

  Atentamente,
 
    La Capitana de la que ya estás enamorado.

  La respuesta de Silcius había sido escueta. Ambigua. No sabía realmente si se encontrarían de nuevo para continuar su aventura en una noche más. Aún así, la adrenalina corría ya por aquellas venas alimentadas por sangre ajena. Estaba casi eufórica con el pensamiento de poder vengarse de aquel anfitrión de una vez por todas. Aquella noche sería diferente, ya no había vestido que la frenase, o etiqueta o misterios... Vestida con aquel conjunto de cuero, sus espadas y una pistola en la cintura estaba dispuesta a comerse a quien hiciera falta con tal de conseguir su objetivo. Era una pena no poder contar con su compañera del alma, con su persona... con su Capitana Blueflame.

 No llevaba gorro alguno. Su melena violácea lisa al aire, ondeando caía en cascada por sus hombros hasta su espalda. Aquel tipo de vestimenta, a su parecer, favorecía mucho más a su figura que cualquier vestido. Además, no había corsé o falda que la retuviese de moverse con total libertad. Se sentía ella misma cuando vestía de capitana y no de señorita. Sus botas resonaban en el suelo de piedra del puerto. Parecía que la vida comenzaba a revivir en aquellas zonas. Adoraba aquellas horas, parte de la población se retiraba a dormir y otra parte empezaba el día. El sonido de las voces, los gritos, el agua en calma chocar contra los muelles y el vaivén de los barcos en el embarcadero, la música, las tabernas abriendo... No había crecido en aquel tipo de ambientes, pero se sentía más a gusto entre las ratas del bajo fondo que entre las ratas vestidas de seda.

  La Taberna del Loco era bastante conocida porque su dueño no era precisamente normal. Era uno de los lugares en los que más tragedias y conflictos tenían lugar. Era el lugar indicado para echarse unas risas tranquilamente o participar en alguna pelea si tenías ganas de desfogarte. El sitio acababa de abrir y había ya gente en el interior, comenzando a beber y a comer. No sabía qué le depararía aquella noche, puesto que había ido de manera espontánea con la idea de poder descubrir a su querido y amado anfitrión infraganti. Se escondió entre las sombras, apoyada contra la pared más apartada de la taberna. Esperaría a su bailarín favorito un poco más, necesitaba además que la taberna se llenase, que estuviesen ya un poco más bebidos y así no fueran muy conscientes de lo ocurría en realidad. No tenía plan alguno... su plan, era no tener plan. Ir con la marea.




 'Cause I got much stacked up for nights like this
My life can get crazy, I deal with shit on the daily
But baby I'm thinking maybe, we could agree to work it out like this





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Re: La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Silcius Rocafort el Vie Abr 20, 2018 12:13 am

Me encontraba en mi guarida cuando uno de mis esbirros vino a traerme una especie de carta que iba dirigida a mí. Interrumpí mi copa de vino y mi libro para ver qué asunto podía interesar al jefe de la mafia Rocafort y el porqué de estar escrito en una carta y no haberlo comunicado en persona. Quizás la razón era que querían decir algo que no se atrevían a decir en persona…como fuesen insultos, esa persona lo iba a pagar caro.

Abrí la carta sin esperar mucho, pero lo que leí me resultó muy gratificante. No era solo una carta de Marie, sino que en su interior se encontraban revelaciones acerca de la persona que nos había tendido la trampa unas semanas atrás. La verdad es que dudaba volver a saber de Marie, o al menos si volvía a saber de ella no tan pronto.

Mis hombres no me habían avisado de su llegada, cosa por la cual recibirían una reprimenda. Al fin y al cabo, había apostado guardas vigilando las puertas de esa taberna desde aquella noche con Marie. No quería que se me escapase y visto lo visto, mis esbirros habían estado ciegos. Pero eso ya no importaba, esta noche todo cambiaría.

Comencé a pensar en como vestirme, de forma normal, aunque conseguiría llamar la atención puesto que todo el mundo me reconocería, o quizás algo más escueto e intentando disimular quien era. Finalmente me decidí a ponerme algo menos sugerente, me encantaba saber que la gente me reconocía y temía, pero si aquel hombre estaba por los alrededores y sabía que yo lo esperaba dentro del local quizás no se atrevería a entrar.

Aunque locas y sin sentido, las palabras de “la capitana de la que te has enamorado” vinieron a mi cabeza. ¿Quiénes decían estar siempre dando amor? Alguien a quien Silcius odiaba y por ese mismo motivo nadie sospecharía si Silcius aparecía con su atuendo por las calles de Venecia… ¡Era perfecto!

Así que allí fui, vestido de monje con un habito que me cubría todo el rostro y no dejaba lugar a reconocimientos. Con la capucha y a la sombra de la noche no se me veía el rostro, el disfraz era perfecto para entrar en la taberna sin que me reconociesen. Al fin y al cabo, ¿Quién iba a pensar que Silcius se escondería debajo de un habito de monje cuando él era el demonio?

Nadie me reconoció una vez que entré al bar. Sin quitarme la capucha mire a mi alrededor para ver si localizaba a Marie, en la carta ponía que se encontraría allí. Algunos miraban a aquel supuesto monje que acababa de entrar, pero esas miradas pronto se desviaban a la cerveza que había en sus mesas y que era la verdadera protagonista de sus noches. Finalmente la localicé, no habría sido nada fácil de no haber sido vampiro y tener la habilidad de ver bien en la oscuridad, puesto que Marie se encontraba al fondo de la taberna, al igual que yo, había tenido la misma idea de pasar desapercibida. Era lo mejor esa noche.

Me acerqué a ella y susurré con voz de bueno -Perdone señorita, ¿no tendrá una monedita para este viajero?

Una pequeña broma para romper el hielo nunca estaba mal, aunque después de nuestro último encuentro, el hielo se había convertido un poco más en fuego. No sabía como me recibiría después de lo que pasó, pero estaba seguro de que aquello ella no lo había ni lo iba a olvidar.

Me puse a pensar acerca del susodicho al que habíamos ido a buscar esa noche. ¿Habría pensado que no iríamos en su busca al haber pasado varias semanas en las que yo rondo por Venecia? ¿Estaría ojo avizor esperando nuestra llegada? ¿Sabría de nuestra presencia en aquel local? La verdad es que no descartaba ninguna excepto la primera. La primera vez su plan solo falló porque pasó lo impensable, que Marie y Silcius trabajaron juntos, pero, si no hubiese sido por eso quizás su plan habría funcionado, eso significaba que no era tonto. Seguramente o ya sabía que estaríamos por ahí o quizás no lo sabía, pero estaba preparado para cualquier sorpresa, de momento no estaba dentro de la taberna, así que teníamos tiempo para posicionarnos bien y que si entraba por la puerta no nos viese.
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Re: La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Marie Labov el Lun Abr 23, 2018 1:44 am













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Tormenta


La taberna del Loco

U
na sonrisa cruzó su rostro al escuchar aquella voz tan familiar. En cierto modo se alegró, más bien se sorprendió. No esperaba verle. Creyó que la dejaría tirada en aquella taberna para que se hiciese ensuciase ella sola... o al menos eso era lo que había pensado de él. Sin embargo, debía admitir que estaba completamente equivocada a cerca de él. Quizás, debería replantearse un par de cosas.

  Se despegó de la pared lentamente, salvando las distancias con aquel supuesto viajero encapuchado. Su cuerpo se acercó mucho a él. Cualquiera diría que fuera verdaderamente un desconocido para ella. Sus violáceos ojos buscaron aquella demente mirada que tanto conocía. Ladeó la cabeza divertida, dejando caer su melena hacia su cascada con suavidad.

 - Discúlpeme pero no tengo nada encima... aunque puedo pagarle de otras maneras.- Uno de sus brazos se posó cual pluma sobre el hombro de Silcius y a su vez le guiñó un ojo. Seductora volvió a separarse de él, caminando hacia la mesa más cercana que estuviese libre. La más apartada. La rodeó y se sentó. Le señaló el asiento junto a ella para que la acompañase.- Puedo darte mi compañía... que se que te quedaste con ganas de más.

  Cruzó una pierna sobre otra con lentitud, mirando más allá de Silcius por primera vez después de un buen rato. Parecía que su apreciado anfitrión aún no había llegado, pero si había una cara que reconocía con total claridad. Ladeo aquella sonrisa suya al verle. Le dejaría ser un rato más. Sería paciente y de paso pondría al día a Silcius. Estaba segura de que él también había recaudado información suficiente, no dudaba de sus formas o sus fuentes... aún así ella había sido más rápida y eso inflaba su ego. Colocó un codo sobre la mesa para poder apoyar su cara sobre la mano, fingiendo total desinterés por aquello que ocurría a su al rededor. Su mirada había vuelto al supuesto viajero.

  – No esperaba verte... pero supongo que te ha podido el no saber de mi ¿Te sorprende que una piratucha sea capaz de recabar información con semejante rapidez? – Se estaba preparando para lo que estaba por mirar. Aquella noche continuaba su aventura. Una ventura que inesperadamente unió a dos seres opuestos en un misterioso baile. Empezaría la noche como lo haría en cualquier otra ocasión, para no perder las costumbres. No quería ser demasiado simpática y que aquel noctis acabase verdaderamente enamorado de ella. Con la mano libre se peina la melena hacia el lado opuesto con naturalidad.- No mires, pero nuestro amiguito del baile está ya aquí, pasándoselo bien como si nada... he escuchado que frecuenta mucho este lugar y que el hombre que nos describió también. Que suelen venir aquí a fardar de lo que ocurrió en aquel baile y como se salieron con la suya...

 >> y como tu y yo, asustados no nos hemos atrevido a hacer nada al respecto.


  Bufó suavemente, intentando reír en voz baja. Se separó de la mano, recostándose levemente en la silla, sin descruzar las piernas. Solía decirse que aquello era poco femenino, que una verdadera señorita cruzaría los tobillos y no las piernas a la altura de las rodillas. Qué tontería ¿No? Total, no llevaba falda alguna que pudiese revelar más de lo que ya su atuendo hacía.

  – No me malinterpretes, no pretendo quedar por encima de ti por mucho que me guste estar arriba... bueno, quizás un poco sí. Sé que tu también has conseguido información y estarían elaborando algo mucho más planeado, pero creí que mejor sería improvisar. Si no nos ve llegar, mayor sorpresa recibirá... Así que cuéntame, hoy soy toda oídos para ti.






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Re: La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Silcius Rocafort el Miér Abr 25, 2018 3:32 pm

Parece ser que me había reconocido al momento. De hecho, parecía incluso que no había olvidado lo que pasó la última vez, y me atrevería decir incluso que había sido algo agradable para ella, su actitud no denostaba ningún tipo de hostilidad. No lo dudé ni lo más mínimo nunca, era normal, soy Silcius Rocafort.

-No estaría aquí si no estuviese deseoso de encontrarme contigo de nuevo- dije en tono de broma antes de acompañarla a la mesa. Teníamos que intentar pasar desapercibidos, aunque Marie con su vestimenta acompañada de un monje no sabía yo si era algo con lo que pasar desapercibidos. Marie con un monje era una pareja más rara incluso que la formada por ella y Silcius.

La actitud que tenía, comparada con la que había tenido en sus primeros encuentros antes de su colaboración, era totalmente diferente. Quizás era que la opinión había cambiado por ambos bandos, pero ¿sería esa actitud una actuación por parte de Marie? ¿O quizás ahora tenía algún tipo de aprecio hacía Silcius? Fuese lo que fuese, no estábamos ahí para debatir eso.

-Después de aquella noche, creo que ya nada me sorprende de ti, he tenido que aprender a esperarme cualquier cosa. Aun así, si que me ha sorprendido un poco que mis hombres no hayan sido los primeros en traerme tanta información, aunque alguna también tengo.

Miré al susodicho cuando Marie me dijo que había entrado. No parecía para nada alguien peligroso, pero nunca te podías fiar de nadie. Eso sí, si eso último era verdad, me habría decepcionado cualquiera que se hubiese creído que Silcius Rocafort no hubiese hecho nada después de lo que pasó.

-Una información muy interesante tus lugares preferidos, la tendré en cuenta en un futuro- dije mientras le guiñaba un ojo -Mis subordinados han estado vigilando este lugar durante mucho tiempo, aun así, tampoco han venido mucho, debe de ser hace poco cuando ha llegado a Venecia. Han descubierto también que se aloja en una casa algo lujosa, pero sin llegar a la mansión que visitamos en nuestro último encuentro. Eso que has dicho no lo he escuchado. Pero vamos, que, si es verdad, la gente no se habrá creído su versión, al menos por mi parte, pues yo he volví a Venecia y he estado aquí desde entonces.

El camarero estaba dudando si venir o no, la vista de un monje con esa chica la verdad es que podía llamar la atención de cualquiera, pero esa noche todos estaban muy borrachos para darse cuenta. Y los que se daban cuenta no se fijaban en el monje, sino que solo babeaban por Marie. Finalmente se acercó con dos jarras de cerveza que dejó encima de la mesa, no sin antes haberse fijado en el escote de Marie.

-Estás totalmente diferente a la última vez, tu vestimenta no se parece nada a aquel traje ensangrentado. Quizás tengamos suerte y no nos reconozca el susodicho. Aun así, si lo hacen no será por mis atributos, ya que no tengo ninguno a la vista jajajaja- reí antes de darle un trago a la cerveza sin quitarme aquella capucha que me tapaba. -No seamos incautos y esperemos a ver qué pasa, me gusta tu plan de la improvisación, pero nada nos dice que él no haya preparado o tenga preparado nada. Acaban de llegar y no han bebido nada, esperemos a que estén borrachos y consigamos información, no pensaba nunca decir esto pero, la venganza deberá esperar, la violencia ahora mismo no es el camino -pero antes de que me pudiese responder continué yo -Tranquila, el Silcius sangriento que conoces no se ha ido, en cuanto sepamos lo que queremos saber va a rezar a todos los dioses que conozca, pero lo único que verá serán a dos diablos disfrutando de su sufrimiento.
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Re: La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Marie Labov el Sáb Mayo 12, 2018 1:02 pm













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Tormenta


La taberna del Loco

S
i todo esto hubiese sido parte de algún tipo de comedia de teatro, aquella situación que Marie y Silcius protagonizaban habría arrancado las más sinceras risas del público. Un noctis mafioso disfrazado de monje y una mujer capitana de un barco que no hacía lo más mínimo por pasar desapercibida, ambos completamente conscientes de que atraerían más de una mirada… y aún así, no harían nada al respecto. Curiosa pareja aquella que aquella noche daría mucho más que una cómica imagen, el espectáculo estaba servido… solo tenían que esperar al momento indicado para hincar el diente.

  - La información que han recaudado mis hombres es de no hace mucho, así que no se preocupe señor monje… que sus hombres de momento siguen siendo de utilidad igual que usted. – Su relación podría haber cambiado, así como su actitud frente al otro… sin embargo, aquel pique sería siempre eterno. – Obviamente nadie que sea de Venecia y conozca a tales personajes como nosotros se tragará semejante idea… por lo que, si esperamos solo un poco más, seguramente más de uno nos dirá todo aquello que deseamos esperar.  

 La cerveza no estuvo mucho tiempo posada sobre la mesa, en cuento el mesero les sirvió llevó la jarra hacia sus labios. Hacía mucho que no tenía sencillamente un momento para disfrutar de una bebida tan mundana como aquella. Relamió de sus rojizos labios la espuma de aquella bebida fabricada a base de cebada. Si mirada iba de aquel que había hecho de supuesto anfitrión aquella noche a la gente que empezaba a rodearle. Parecía ser que le conociese, quizás acostumbraba a ir a la taberna a contar a cerca de sus hazañas, ganarse cierta reputación y hasta quizás unos ducados… Marie frunció el ceño dando otro sorbo de la cerveza. Le parecía todo demasiado sospechoso ¿Por qué alguien que trabajaba para un hombre con dinero se escurría cual rata entre piratas y mafiosos para contar falacias y ganarse un hueco? No tenía sentido alguno…

  Si algo bien sabía Marie era que el dinero movía el mundo. Si tenían dinero podían tener aquello que más deseasen… quizás era que precisamente eso lo que les faltaba. Había tantas fichas del puzle que no encajaban ¿Por qué ir detrás de dos personajes tan conocidos como lo eran Marie y Silcius? ¿Acaso le debía algo a la Inquisición y a sus exorcistas? Tenía unas tremendas ganas de descubrir todo aquello. Pero en esta ocasión debían ir paso a paso. No podían permitirse actuar impulsivamente y arruinar una oportunidad como la que se les había presentado.

  – Si tenemos suerte, quizás consigamos que nos guíen ellos mismos hasta quien buscamos. Lo que sigue haber cosas que no me encajan, ¿Por qué alguien que puede permitirse ciertos lujos, necesita a una rata aquí abajo? ¿No sería más efectivo comenzar desde arriba? ¿Engatusar a los que de verdad tienen algo que ofrecer y son fácilmente manipulables por eso que brilla y llamamos dinero? La gente de esta taberna no es tan sencilla… – Había vuelto a acercarse a Silcius, aunque no era necesario… puesto que, aunque hablase en susurros algo más apartada de él seguiría escuchándole. Ahora que se acercaba un poco más a él, a su rostro, pudo ver finalmente aquella familiar faz. Una sonrisa cruzó su rostro ante tal imagen. Quién diría que en algún momento de su vida se alegraría de ver a aquel elemento. - Supongo que esta noche muchas de esas preguntas encontrarán respuesta… mientras, disfrutemos un poco de todo esto. Al fin y al cabo, la venganza es el plato más dulce que podremos jamás saborear y si se hace bien…

Descruzó las piernas lentamente bajo la mesa para poder acercar su cuerpo un tanto más a Silcius. Puso cara coqueta, recogiendo sus mejillas entre sus manos, pestañeando como lo hacían las jovencitas de la corte cuando pretendían algo de alguien… cosa que siempre le había hecho gracia. A ella jamás le había hecho falta recurrir a tales bajezas para conseguir aquello que se proponía.

– Así que te has fijado, quizás algo en el fondo de tu pozo si que siente algo ¿No cree? Normalmente ni si quiera habrías pestañeado ante lo que visto o dejo de vestir. - ¿Qué por qué hacía aquello? Solo quería despertar en Silcius ciertas reacciones que la divertirían, nada más y nada menos…. O no, quién sabe. Si debían hacer tiempo con algo tenía que entretenerse mientras. - ¿Qué vestimenta le gusta más monje? ¿Cuál me favorece más? Aunque no debería de haberse fijado ¿Los hombres como usted no están casados con Dios y hacen voto de castidad? A menos… que sea usted uno de esa facción de la Iglesia que pese a haberse comprometido imponen por encima de todo sus propias pasiones…

 Aunque si mirada estuviese fija en Silcius por aquel momento. No había ido sola a la taberna, algunos de sus hombres se habían repartido por la taberna para ver aquello que Marie pudiese no ver. Y aunque estuviese en aquel momento sumergida en un divertido tira y afloja con Silcius, no había dejado de lado el hecho de que el hombre que torturó aquella noche estaba allí y parecía haber empezado con aquello que, según le habían contado, hacía todas las noches ¿Qué habría traído para ellos en aquella ocasión?

 Estaba de buen humor, el pensamiento de pasar una buena noche consiguiendo algo que no había abandonado su mente… la llenaba de euforia y adrenalina. Sus ojos violáceos brillaban pese a encontrarse escondidos entre aquellas sombras. Sabía que el anonimato no dudaría por mucho tiempo, más de uno ya se había fijado en ella. Era extraño encontrarse a una mujer entre tanto borracho a menos que fuera una meretriz o… una de las capitanas que tanto llamaban la atención por Venecia últimamente. Esperaba poder mantenerse tranquila hasta que el momento lo requiriese. Y mientras tanto se tomaría la libertad de conocer un poco más al noctis monje que se sentaba a su lado.





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Re: La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Silcius Rocafort el Sáb Jun 02, 2018 8:20 pm

Quizás eso explicaba que no me hubiesen llegado reportes sobre la situación. Confiaba en mis hombres y me había decepcionado pensar que no habían sido tan eficaces como yo quería. Aun así, por muy hace poco que fuese la información, no podía permitir que los hombres de Marie se me adelantaran. Ahora nos llevábamos bien, o eso parecía, pero nunca sabíamos que nos iba a deparar el futuro y si esa amistad iba a ser duradera u hoy, en este bar, volverían a volar las mesas.  

Por más vueltas que le daba, no sabía que podíamos haber hecho. Marie no lo sé porque no sabía a la gente que conocía. Pero a mi ninguno de los dos me sonaba lo más mínimo. Quizás se trataba de asuntos de narcotráfico, pero ahí no sabia bien que tenía que ver Marie. Aun así, fuese lo que fuese a Silcius Rocafort nadie le tocaba los huevos. Eso sí, cuando lo fuese a matar tendría que agradecerle que gracias a él pude conocer la otra faceta de Marie, quizás gracias a él en el futuro podríamos ser algo más, quizás socios. Los taberneros que se gastan el dinero en mesas nuevas lo agradecerían.

-Está claro que si con el dinero que tienen están aquí, es porque el dinero que consiguen no es lícito. Yo mismo tengo cantidades ingentes de dinero y me muevo por el submundo de Venecia, no me verás codeándome con la alta sociedad ni en grandes palacios de gente que solo piensa en la vestimenta y en parecer de cara al publico felices y ricos. Además, cuando mueves dinero de esta manera, tienes que tener cuidado con lo que haces, nunca sabes quien puede estar acechando ni que exorcista puede intentar echarte el guante. También puedes ser yo y hacer lo que quieras sin pensar en las consecuencias o los exorcistas, pero soy único -bebí un breve trago de cerveza alternando la vista entre Marie y nuestro objetivo- si está aquí es porque tiene negocio con alguien de esta taberna o se reúne con él en esta taberna. Creo que esta noche tendremos que averiguar también si ese alguien o ese negocio tiene también algo que ver con nosotros.

No me olía bien aquello, estaba claro que no pasábamos desapercibido y quizás alguien se había percatado de nuestra presencia, bueno, quizás no de la mía, pero sí de la de Marie. ¿Estarían ya avisados y estaban haciendo como que no estaba ella ahí? Lo que estaba claro es que a las buenas o a las malas esta noche íbamos a encontrar respuestas acerca de lo que aconteció aquella noche y por lo que casi perdemos la vida.

Comenzaron a beber, se alejaron del gentío que hace nada les rodeaba y el camarero les sirvió tres jarras en una mesa algo apartada, pero ellos eran dos. Quizás alguien nuevo se iba a unir a la fiesta, pero aún no había llegado. El resto de la gente que hace un momento ocupaba un circulo alrededor del objetivo ahora estaban sentados en mesas pegadas a la suya, estaba claro que estaban allí para proteger a alguien o a algo.

No podíamos actuar aún, no sin saber quien era el tipo que se iba a sentar con ellos. Así que cambie mi foco hacía Marie, la mujer con la que nunca sabías que esperarte. Reí al hacerme gracia su pregunta

-Esta claro que la vestimenta que más te favorece es tu piel al natural, ¿se atreverá a ponerse ese vestido?- dije sonriendo guiñándole el ojo- Y sí señora, yo sirvo fielmente a Dios y a la castidad– Comencé a reír de tal manera que casi me caigo para atrás en la silla, menos mal que nadie dio cuenta de lo que acababa de suceder.  -Así que tenga cuidado señorita, no me gustaría tener que quebrantar mis votos de monje-  finalicé divertido.
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Re: La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Marie Labov el Lun Jun 11, 2018 11:06 pm













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Tormenta


La taberna del Loco

D
esde luego intentar pasar desapercibidos en un sitio como aquel  era casi misión imposible, al fin y al cabo casi todas eran caras conocidas. Clientes que pasaban la gran parte de sus noches con una cerveza allí sentados... Lo Darío sería no conocer ni una sola cara. Marie era una habitual allí desde hacía algún tiempo y pensó que el intentar pasar desapercibida de por sí acabaría por jugarles en contra. Dio otro sorbo a su cerveza observando el panorama sin perder detalle alguno, puesto que parecía que empezaba a haber cierto movimiento. Aunque aún no era el momento indicado para hacer que aquel baile desmascarado, y por ello con menos encanto y menos misterioso, empezase.

- El tener dinero realmente no creo que importe mucho. Al fin y al cabo quien quiera hacer negocios sucios los hará y quien no, no. Y después hay gente como yo que baila entre dos mundos y hace cuánto le sea más prometedor. Uno no puede juzgar nunca un libro por su portada...- Aún así Silcius tenía razón en una cosa, alguien que se rodea de este tipo de mugre es porque lo que consigue no es algo demasiado limpio que digamos... No es lícito. Sin embargo, había algo aún que no entendía ¿Por qué rodearse de esa gente y a su vez aparecer en un acto social tan grande como el de aquella noche? ¿Qué estaban buscando? - Lo mejor  será esperar y ver que nos tienen preparado... Porque desde luego no tiene pinta de ser algo "bueno".

 Se habían reunido todos juntos en varias mesas. Realmente sus ojos no le engañaban. Nada bueno estaban planeando y lo que quisiera que estuviesen protegiendo o esperando no tardaría mucho más en llegar. La curiosidad enervaba a Marie que estaba deseosa de saber de una vez quien había sido el intrépido en jugársela a ellos dos y encima en ir contandolo por ahí cual hazaña de héroe de leyenda... Desde luego para empezar muchas luces no podía tener.

 Se estaba aburriendo de esperarse con tantos miramientos. Aquellos hombres eran todos unos aburridos que no tenían ni idea de cómo pasar un buen rato y a su vez hacer negocios, ella había aprendido en Francia ¿Quién lo diría? Aquellos estirados cuando restaban con dinero y vino eran capaces de armar una buena... Se puso en pie, dejando su bebida  en la mesa y a Silcius ahí sentado.

- Bueno, podria quitarme todo esto ahora mismo y obligarle a pecar pero no es mi estilo el ponerle las cosas en bandeja a uno y a otros no. Aqui competimos todos en igualdad de condiciones o nada... Sea cura o no, aunque sé que más temprano que tarde romperá ese voto que hizo. - Le susurró al oído colocándose tras el, con ambas manos sobre sus hombros. Estas se deslizaron hacia su pecho con suavidad, jugando un poco a aquel juego que tanto le gustaba. Le rodeó enseguida, apartándose del disfrazado Noctis y se alejó. - Después de verme actuar como una señora de noble cuna francesa la vez pasada esta noche verás de que es capaz la Capitana... Te aviso, corres el terrible peligro de enamorarte.

  ¿Que qué tenía pensado hacer? No tenía ni idea, lo iría descubriendo sobre la marcha. De lo que estaba segura era de que aquella noche el centro de atención serian ellos y no si antiguo anfitrión. Aún no conocían a la verdadera Marie Labov y esperaba que bebiesen de sobra porque sino... No serían capaces de soportar lo que estaba por acontecer.

- Buenas noches caballeros. - Pronunció con aquel italiano con acento suyo, parecía mentira que después de tanto tiempo aún no se le hubiese quitado. Sonrió lo más seductora que pudo y observó uno a uno a aquellos hombres. Pese a ser un personaje conocido en principio ninguno cayó en quien era. Eso jugaba a su favor. - Me preguntaba que estaría ocurriendo en una noche como está en un lugar como este para que tantos hombres con futuro se reuniesen juntos... Y me preguntaba si compartirán alguna bebida con esta señorita de aquí, que se siente curiosa ante tanto hombre.

 Desde luego cuando quería podía tener una lengua más viperina y venenosa que la de cualquier serpiente. Pero al fin y al cabo si algo quieres no vale con sencillamente pedirlo, hay que ensuciarse las manos y si hace falta todo el cuerpo. Miro de reojo a Silcius, al cual guiñó un ojo y esperó a una respuesta por parte de aquellos hombres que no sabían si era real o una ilusión causada por el alcohol. Marie se mantuvo de pie, en una postura en la cual todas sus curvas quedaban favorecidas - medio apoyada sobre la mesa con su cadera derecha - ¿Quién podía resistirse a aquella mujer? Parecía joven, sana, hermosa y con ganas de probar hombre... Y encima gratis, con lo que mejor que una puta.

El siguiente paso debía darlo Silcius o sus nuevos "anfitriones" temporales ¿Quién movería ficha primero? ¿Qué desencadenaría los actos de Marie? Si algo estaba claro, era que aquella noche... Brillarían más que cualquier estrellas, y entonces ellos sí que se convertirían en estrellas.



Are you ready for what's about to happen?
Grab your bottle, boy. It is about to get curvy.





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Re: La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Silcius Rocafort el Dom Jun 17, 2018 8:51 pm

-¿Sí? No le prometo nada, no quiero que quede usted decepcionada si sus encantos acaban por no funcionar con un hombre de Dios como yo.

Observé todas sus curvas mientras la veía marchar. No se que tenía esa mujer que despertaba todos los instintos posibles en un noctis.

Menos mal que habíamos dicho que no íbamos a llamar la atención. Ahora todo el bar sabía que Marie estaba allí. La gente no tardó en girarse hacía la bella dama que pedía una bebida, y como no, todos se lanzaron en manada a ofrecerle un trago. Pronto la rodearon, los empujones se sucedieron, todo el mundo quería pasar aunque fuesen 10 segundos con Marie. El bar se había convertido en una locura.

Como no, nuestro anfitrión también se enteró de que Marie estaba ahí. Rápidamente sus ojos se tornaron en sangre, parecía estar dudando entre un enfrentamiento directo o pensar con la cabeza y no actuar…aún. La opción de infiltrarse en un lugar cercano y escuchar la conversación había desaparecido de un plumazo, así que el plan había cambiado totalmente. Bueno, de hecho, ahora ya no podía haber plan.

El anfitrión se quedó tranquilo, parecía como si Marie no fuese con él. Aun así, hizo sendos gestos y varios personajes que ocupaban las mesas de alrededor se levantaron, sigilosos, y se dirigieron a rodear a Marie. La diferencia entre estos y los clientes que querían pasar un rato con ella era que unos llevaban cerveza y vino, los otros cuchillos.

Comenzaron a rodearla por todos lados aprovechando todo el gentío. Marie se liaría a tortazos de un momento a otro, pero no podría con todos, ni la mejor pirata del mundo podía con decenas de hombres con la testosterona por el techo, y eso lo sabía nuestro anfitrión. Los subordinados comenzaron a abrirse paso, pronto Marie se vería rodeada por todos sus ángulos. Aun así, habían cometido un fallo, no eran buenos actores y eso se notaba. Mientras la sonrisa y la ignorancia se veía en la cara de los salidos, estos subordinados mantenían un rostro serio, concentrado.

Uno de ellos apareció por la espalda de Marie, con un cuchillo pequeño, pero mortal. Los planes se habían terminado, ahora tocaba la improvisación. Saqué mi arma rápidamente y disparé a la cabeza del hombre que iba a atacar a Marie, sus sesos se desparramaron por la mesa de al lado. De pronto, la sala se sumió en un silencio sepulcral, la gente comenzó a buscar el origen del disparo y no tardaron en encontrarme.

Me quité el hábito y me descubrí. Si señores, Silcius Rocafort también estaba ahí.

-¿No pensarás cariño que te iba a compartir con estos borrachos? –

Le guiñé el ojo antes de volver a disparar a uno de los portadores de los cuchillos. Estaba seguro de que Marie se iría también encargando del resto. Al fin y al cabo, no iban a ser rivales, y, al menos a mí, no me importaba que al ir a matar a unos muriesen muchos otros que allí se encontraban.

La mirada del anfitrión se sumió en el pánico. Si pensaba que podría tener alguna mínima oportunidad contra Marie porque iba sola, ahora se tenía que enfrentar a las dos personas que había intentado matar y no había conseguido. Comenzó a ponerse nervioso sin saber que hacer. Por segunda vez, sus planes no habían salido como él pensaba.

Volví a centrar mi atención en mi querida compañera y sus nuevos amigos.

-Bueno señores, ¿y nadie me va a invitar a mí?
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Re: La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Marie Labov el Lun Jun 18, 2018 11:12 am













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Tormenta


La taberna del Loco

S
abéis cuando el ambiente comienza a oler a tierra mojada, el cielo se cubre por espesas y grises nubes y el viento empieza a soplar con fuerza, con tanta fuerza que parece capaz de derrumbar cualquier casa... bien, todos estos fenómenos son el indicativo del comienzo de una tormenta... y justamente era lo que estaba por comenzar en aquella taberna. Ya no había marcha atrás, se había usado a si misma de cebo y habían mordido el anzuelo por lo que aquel tormentoso baile sin máscaras podía darse por comenzado.

Había sido totalmente consciente de las consecuencias que sus actos tendrían, mientras unos cuantos sucumbieron a los encantos de la capitana... aquellos que habían ido a la taberna con intenciones mucho más oscuras por fin se deshicieron de sus máscaras y mostraron lo estúpidos y temerarios que podían llegar a ser. Los vio llegar. Sus caras, las armas empuñadas en sus manos... sus malas intenciones. Estaba claro que desde luego ellos no querían invitar a una señorita a tomar una copa. Qué lástima.

- Chicos, chicos... no nos sulfuremos, aquí hay Marie Labov para todos...

 Sus labios se curvaron en un pícara sonrisa. Adoraba aquel tipo de eventos, no solo por la adrenalina y la acción del momento, sino además por poder hacer completo despliegue de su poder y habilidades. Sus palabras se vieron truncadas cuando Silcius decidió hacer su entrada dramática, como no... él debía llamar la atención. Sus pistolas destrozaron aquello que se interpuso en su camino, con la mala suerte de que la cabeza de uno de sus nuevos amigos estalló en mil pedazos. Su cuerpo calló al suelo con un ruido seco y la sangre comenzó a brotar de la herida manchando, además de la mesa, el suelo de madera. El olor metálico y dulzón de la sangre llegó a las fosas nasales de la capitana francesa, que inspiró profundamente. Aquel olor siempre conseguía inspirarla.

- Bueno, mon cheri... si me lo pones así... no me queda otra que empezar a rechazar pretendientes. – Se acercó al hombre más cercano. Su mirada violácea se clavó en aquellos ojos que ahora ardían en temor. Su mano comenzó a temblar, aquella que sostenía el arma... aquel hombre se mearía encima del miedo si no lograba controlar sus emociones. Pegó su voluptuosa figura a la ajena con descaro, sonriendo. Sintió como aquella pequeña navaja se introducía por su costado. Apenas sintió dolor, solo una punzada. No había perforado nada que pudiese poner en peligro si no vida. Sus labios se asomaron a su oreja, juguetones.- Esta noche, servirás a Marie Labov... esperemos que a tu verdadero dueño no le importe.

 Clavó sus preciosos y perfectos dientes en su yugular, accediendo al riego sanguíneo con mucha facilidad. Apenas le dio un sorbo. Era todo cuanto necesitaba. La herida del cuello de aquel hombre se tornó violácea y sus ojos pronto comenzaron a perder luz. Parecía un muerto en vida. Marie cogió su cara entre sus manos y pronunció un comando que nadie escuchó. Lo próximo que aquel hombre hizo no era para nada lo esperado. La francesa había dejado de nuevo la navaja manchada con su sangre en sus manos y se había apartado hacia un lado para contemplar la catástrofe que estaba por comenzar.

- No te preocupes Silcius, yo te invito a todas las copas que tu quieras mon Coeur... pero primero lo primero ¿No?

 El hombre marioneta se precipitó contra sus compañeros. Parecía un ser nuevo, su mirada seguía perdida y actuaba con una ferocidad propia de un animal. Aquellas acciones pillaron a sus compañeros con la guardia baja, que no supieron que hacer. La mirada de Marie buscaba al anfitrión, que parecía horrorizado con la mierda de plan que había hecho y con lo mal que había salido. Aquella noche, ninguno de ellos se iría sin probar a lo que sabía la venganza... eso si conseguían salir de allí con vida.

  El ambiente se impregnó con el olor de la sangre, el miedo y la desesperación en cuestión de segundos. El tabernero se había escondido tras la barra y todos aquellos hombres que habían estado decididos en invitar a Marie a una copa había dado un paso atrás. La francesa sopesó cual sería su próximo paso, no sabía si era momento de mancharse ya las manos... Su mirada analizó a sus asustadizos pretendientes, buscando en alguno de ellos ese gen de liderazgo. No tuvo que buscar mucho, aquellas pequeñas “bandas” funcionaban todas de la misma manera y sus líderes siempre compartían algún rasgo común, como edad o estatus social. Dio con él enseguida. Sus ojos desnudaron su alma, colándose por los recovecos que había dejado abiertos para ella. No le fue difícil hacer germinar su pesadilla en su cerebro. En aquella ocasión, no era exactamente una pesadilla lo que Marie creó, sino una ilusión, un sentimiento mutuo... algo que empujase a aquel hombre a trabajar para ella en aquella ocasión.

  La batalla se precipitó de manera inevitable. Lo sentía por el tabernero, puesto que después le tocaría limpiar todo aquel desastre y reponer todo aquello que acabase roto... Aún así, esperaba que comprendiese que era por una buena razón. El ejército de marionetas de Marie se lanzó a por los hombre del “anfitrión” y tras ellos se iba haciendo paso ella misma. No sabía que haría Silcius, pero aquel era el momento. Si dejaban escapar a aquella asquerosa rata no volverían a tener una ocasión tan dulce como aquella. Desenvainó sus dos gemelas, la cadena tintineó por un momento. Sonido de ángeles para ella. Las sostuvo con fuerza entre sus manos y lo primero que hizo fue hundirlas en la mandíbula del primer hombre que se cruzó en su camino. Murió entre gorgoteos sangrientos. La marca en su frente comenzó a brillar con fuerza, hacía muchísimo que no brillaba de aquella manera y con cada corte nuevo parecía ganar mucho más poder.

La taberna pronto dejó de parecer una taberna y se parecía más a un cementerio. Muchos hombres, tanto de un bando como de otro perecían en una lucha que no les incumbía ¿Si le daba lástima? Um... podría decirse que sí pero a la vez no. Una batalla era una batalla, y siempre habría bajas. De reojo buscó a Silcius, que como ella estaría disfrutando del espectáculo. Ambos embadurnados en sangre y venganza, haciéndose paso hacia aquel que una vez se creyó con el poder y el derecho de reírse de Silcius Rocafort y de Marie Labov.






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Re: La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Silcius Rocafort el Lun Jun 18, 2018 12:33 pm

Me paré unos segundos a disfrutar del espectáculo antes de seguir con mis movimientos. Sangre, vísceras y locura, el coctel perfecto para hacer de una noche aburrida, una divertida. Estaba claro que Marie se estaba divirtiendo, pero, aunque no estuviese participando en la acción…de momento, yo también estaba disfrutando. La cara de pánico de la gente del bar, que justo antes estaba pensando que esa noche triunfarían con Marie, era como leer poesía. Ver a Marie destrozando cabezas literal y metafóricamente mientras la sangre la empapaba, estaba haciendo subir mi temperatura.

Resultaba irónico que la relación Marie y Silcius hubiese dado una vuelta de 360º para situarse en su inicio, con una pelea de bar. Aunque esa pelea era diferente, en esta lucha no me estaba enfrentando a ella, sino que estábamos haciendo equipo contra unos mequetrefes, lo que lo hacía menos divertido, pues éstos no eran rivales para mi al contrario que Marie. Perspectiva diferente era la del dueño del bar, que las dos peleas le iban a parecer la misma, sobre todo después de tener que lidiar con las reparaciones del mobiliario y la limpieza de la sangre.

El anfitrión comenzó a espabilar. La expresión de pánico había pasado a una expresión más decidida…decidida a huir, por supuesto. Le preguntó al camarero por la salida de atrás, éste presto se lo comunicó, pero no contaba con que yo los estaba viendo. Rápidamente viajé a través de las sombras del local para ponerme delante de la puerta trasera del local y por donde pretendían huir.

—Hola, me alegro de verte, ¿y tú?

Me había olvidado completamente de lo que ocurría en el local para centrarme en que el anfitrión no escapase. No me preocupaba para nada Marie, sabía perfectamente que podía lidiar con todos ellos sola, si encima tenía a la mitad del bar a su favor pues apaga y vámonos, no necesitaba ningún tipo de ayuda para encargarse de todos ellos.

Disparé a la cabeza de los dos acompañantes del anfitrión, matándolos en el acto. Por supuesto, dejé con vida a nuestro anfitrión y a su acompañante, ese acompañante que había tenido el gusto de conocer a Marie en un encuentro anterior y que estaba seguro de que a Marie le encantaría tener unas palabras de nuevo con él.

—¿Dónde vais? La fiesta está ahí junto a la chica del traje despampanante, ¿o es qué acaso queríais ir a tomar el aire?

Comencé a reírme con locura antes de pegarles una patada en el pecho a ambos y mandarlos contra la barra. Ahí se quedaron medio inconscientes del golpe. La verdad es que para todo lo que habían montado en la mansión, parecía muy poca cosa ahora mismo. No entendía como se le había pasado por la cabeza en algún momento cabrear a quien había cabreado.

Era todo un espectáculo. Todo el mundo que era mordido por ella enseguida se ponía a sus órdenes, parecía que había vuelto a usar el truco que había usado con el falso anfitrión la última vez. Estaba claro que ahora teníamos una especie de tregua, pero en cuanto ésta se rompiese tenía que tener cuidado de ella. Podría ponerme en apuros.

La gente comenzaba a huir, aquella locura de muerte se había convertido en algo que no esperaban cuando esa noche cruzaron la puerta del bar. Pero a veces no elegías tu destino, el destino venía a ti.

Esperé a que Marie acabase con los que quedaban para abrirse paso hasta donde me encontraba con el anfitrión y su acompañante. Esa noche ella había sido la protagonista del espectáculo anterior a la gran función, y esa gran función se iba a dar en breves instantes cuando fuésemos a hablar con los dos personajes.

¿Confesarían rápido? ¿Les costaría? ¿Habría que torturarlos? ¿Cómo lo haríamos? ¿Qué cojones había pasado para que hubiese puesto tanto empeño en matarnos a los dos? Esas dudas se iban a disipar pronto, en cuanto llegase Marie y comenzásemos el interrogatorio.

Por mi cabeza no hacían más que pasar maneras de torturarlos lenta y dolorosamente. En mi cabeza no existía la piedad, iban a sufrir cada segundo que estuviesen con nosotros, confesasen o no. Aun así, si no hubiese sido por él ahora una persona como Marie sería enemiga y podría estar interponiéndose en mis planes, así que no me quedó otra que agradecérselo y hacer una cosa por él.

—Gracias, hay algo que tengo que agradecerte… por ello primero torturaremos a tu amigo antes que a ti.

Su cara se desencajó, una mezcla de arrepentimiento, duda y desesperación inundaron su rostro. Creo que hasta ese momento no se había dado cuenta de que la extensión de su plan había llegado a un punto que no podía controlar. Sus altas aspiraciones le iban a salir muy caras.
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Re: La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Marie Labov el Mar Jun 19, 2018 1:19 pm













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Tormenta


La taberna del Loco

U
   Dicen que los placeres violentos tienen finales violentos, o eso parece que alguien escribió... ¿No sería por casualidad Shakespeare? Y tenía toda la razón. Al fin y al cabo la violencia solo genera más violencia y con ello todo fin será, por ende, violento. Aunque claro, todo depende de siempre de tus fines y tus medios, si no eres capaz de manejas las consecuencias de dichos actos a pesar de tener los medios necesarios para tu fin... válgase la redundancia, tu fin literal será violento y encima no conseguirás aquello que más deseas.


 These violent delights have violent ends
 And in their triumph die, like fire and powder
 Which, as they kiss, consume.



 Marie Labov, avanzaba como un huracán arrasando con aquel se cruzase en su camino. De nuevo su faz y ropajes estaban encharcados en aquel rojizo líquido que insuflaba vida. Con el dorso de la mano intentó limpiarse el rostro sin mucho éxito, de nuevo, después de aquella incursión le tocaría impregnar su precioso baño de sangre para poderse deshacer de los restos de esa noche. Que estúpida manía tenía aquel hombre de destrozarle sus modelitos. Desencajó una de sus espadas del cuerpo del último hombre al que había apuñalado, limpiando directamente el arma en sus pantalones. Le pegó una patada para apartarlo de su camino y con aquella endiablada sonrisa suya se colocó junto a Silcius, que parecía haberse detenido menos a masacrar con el fin de que aquel hombre no se escapase... Marie en su lugar, no lo había podido evitar. Hacía que le hirviera la sangre y se sentía viva.

- Bien, ahora que estamos en las mismas condiciones... que yo no sé que manía tiene de estropearme mis vestimentas. Nos toca a nosotros conseguir lo que queremos ¿No cree? - Hablaba de manera despreocupada, enfundando sus armas de nuevo antes de acercarse un poco más al supuesto anfitrión. Apoyó ambas manos en la barra, acorralando al susodicho contra esta.- ¿Nos lo vas a poner fácil? ¿O nos harás preparar todo un inútil baile para no conseguir nada? Te crees muy listo, pero aún no has conseguido nada... ni lo vas a conseguir, así que yo que tu hablaba y me ahorraba el tener que salir descabezado de aquí.

 Separó su gélida figura de él, observando como había quedado el local y cuantos hombres quedaban aún en pie. Le dio la espalda sin más. Sabía que no conseguirían una respuesta inmediatamente, sino no sería divertido... aunque claro, parecía estar aterrado ante la idea de que su violento placer acabase de manera violenta y definitiva para él. De los hombres de Marie quedaban unos cuantos en pie, aunque otros se arrastraban por el suelo... ya no sabían si era por el alcohol o por la pelea. Una lástima. En cuanto a los hombres de su adorado anfitrión, muchos habían huido y otros seguían lealmente allí, esperando el momento... Marie no sabía a qué momento exactamente, pero le vendrían bien si seguían por allí.

  – No aprendes, ya la primera vez destrozamos a tus hombres... hoy pasará exactamente lo mismo. Luchas una guerra inútil tan solo ¿Por qué? ¿Cuál es ese objetivo que tanto ansías y por el cual estás dispuesto a perder la cabeza? – Se giró lentamente, colocándose junto a su nuevo compañero de fechorías, al cual no había escuchado decir las palabras más amables que jamás salieron de la boca de Silcius Rocafort. Apoyó su brazo sobre su hombre, reclinándose levemente sobre su cuerpo. Como siempre, de manera despreocupada.-   Con gusto te arrancaríamos la cabeza, pero si nos conoces solo un poco sabrás que no es nuestro estilo. Así que cuanto antes hables... quizás menos tengas que esperar.

- Yo...yo... p-p-pero...

 La mirada de Marie se entornó. Odiaba aquel tipo de tartamudeos, aún más cuando hacía unas semanas había tenido la desfachatez de hacer todo un despliegue de medios y “poder” de manera absurda ¿Quién era y qué quería? Desde luego ser, no era nadie... un mequetrefe más que se cruzaba en su camino. Alguien que se había creído con el valor y el poder necesarios para retar a dos seres que estaban fuera de su liga. Si era aquello todo cuanto podía hacer... daba pena.

- ¿P-p-pero? ¿Eso es todo cuanto puede decir el hombre que se atrevió a desafiar a Marie Labov y a Silcius Rocafort? ¿Es todo cuanto puede articular el hombre que sacrificó a tanta gente en una noche por antojo? Desde luego dejas mucho que desear ma caille. ¿Qué quieres? Y como no empieces a hablar ya empiezo a arrancarte extremidades...

 Dio un paso al frente, mirando directamente a aquel hombre. Se esperaba mucho más de él. Un espectáculo más... una aventura más. Sin embargo, había empequeñecido, tanto él como su cómplice y apenas parecían dos ratas asustadizas. Dos niños que habían jugado con fuego y ahora temían echar a arder ¿Era aquel realmente el mismo hombre? Notó con el rabillo del ojo como sus hombres se tensaban, parecía que la fémina realmente conseguía imponer. Eran adorables, estaban dispuestos a sacrificar su insignificante existencia por un hombre que no era capaz si quiera de hablar. Que vergüenza...

 - En cuanto al resto, aquel que no quiera acabar mutilado, descuartizado y muerto puede ir saliendo por la puerta. No lo repetiré dos veces... tenéis hasta que cuente diez para salir. Una vez acabe, el que se quede aquí dentro se atiene a las consecuencias. – Su mirada no se movió ni un milímetro de su presa, pero su voz iba dirigida a los hombres que quedan en pie tras de si y para aquellos que no podían ni moverse. Aunque esos no le preocupaban tanto ¿Cuál sería el siguiente paso? Todo dependería de Silcius y de sus presas... - ¿Te parece bien compañero? Ahora que te has quitado los hábitos supongo que no habrá problema en que te saltes algún que otro mandamiento y peque ¿No?

 Le guiñó un ojo con gracia y desparpajo. Estaba siendo considerada y les estaba dando mucho más tiempo para salir de allí del que debería. La paciencia no era su don y sin embargo allí estaba, intentando apiadarse de ellos ¿Debía? Quizás no. La taberna de Lola aquella noche, sería el nicho de muerte de muchos y lo sentía por el dueño, pero iban a pasárselo bien... por fin tendrían aquella oportunidad que la primera vez se esfumó entre sus manos. No pensaba dejar que escapase sin más. Necesitaba saber sus razones ¿Por qué tantas molestias para al final no lograr nada? ¿Qué escondía? ¿Realmente se había creído que podía ganar así sin más?

>> Un, deux, trois, quatre, cinq, six, sept... Vous manquez de temps!







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Re: La tasca del loco [Priv. Silcius Rocafort]

Mensaje por Silcius Rocafort el Mar Jun 19, 2018 9:59 pm

Quien te ha visto y quién te ve. Eso diría alguien que hubiese entrado en el bar ahora mismo. Ese bar que hacía unos pocos minutos que estaba lleno con gente bebiendo, ahora se encontraba totalmente lleno sí, pero de cadáveres. Aun así, me sorprendió que Marie no acabase la matanza, dejando a algunos con vida y permitiéndoles huir.

—Cariño, te estás volviendo muy blanda me parece a mi


Reí mientras dejaba que se apoyase en mi cuerpo, deseoso de saber cual iba a ser su siguiente movimiento. El hombre se había quedado inmóvil antes las palabras de Marie. De su boca simplemente había salido un pequeño tartamudeo. ¿Dónde estaba ese hombre que intentaba matar a Silcius y Marie? ¿Había gastado de verdad fuerza mental para pensar acerca de los planes que tenía este mequetrefe? La verdad es que me estaba dando vergüenza a mí mismo el haber gastado tiempo dedicándoselo a este personaje cuanto tenía mejores cosas que hacer.

Marie no había acabado de contar cuando en el bar no quedaba ni el apuntador. Estaba claro que nadie en su sano juicio se quedaría ahí, pero había un problema, porque seguramente alguno de ellos no dudaría en llamar a los exorcistas. Si los exorcistas venían, quizás la noche si nos acabaría saliendo cara. No era lo mismo matar a 40 borrachos en una taberna medio simulando que había sido una pelea entre ellos que matar a varios exorcistas, el ministerio se nos echaría encima y ahora mismo, por lo menos yo, era algo que mis negocios no se podían permitir.

Fui hasta la puerta y la atranqué con varias sillas y mesas. Si venían los exorcistas, al menos tardarían en entrar y nos daría tiempo a pensar algo. Seguidamente volví sobre mis pasos pasando por la barra para coger un cuchillo, ahí vi agazapado al tabernero debajo de la madera, seguramente esperando a que acabásemos rápido nuestro trabajo y nos fuésemos antes de meterlo en más problemas. Cogí un cuchillo y me dirigí hacia donde se encontraba Marie, el anfitrión y su subordinado.

— ¿Algún que otro mandamiento? Creo que me voy a saltar unos cuantos


Le guiñé el ojo de nuevo y me agaché al lado del subordinado de nuestro anfitrión. Como bien le había prometido al anfitrión, iba a torturar a su subordinado antes que a él, pero eso no quería decir que él no fuese el siguiente. Me acerqué hacia la oreja del subordinado con la falsa intención de decirle algo, pero en vez de ello cogí un extremo de la oreja, la estiré hacía arriba y utilicé el cuchillo para arrancársela. Un sonido como de un cochino moribundo comenzó a inundar la sala, un chillido agudo de dolor que era música para mis oídos.

—Que poco aguantas el dolor, pequeña rata.

Hice caso omiso de sus gritos de dolor y pensé en la próxima parte que cortaría. ¿Los cartílagos? ¿Algún nervio? Lo que estaba claro es que esa noche sería yo y no Marie quien se divertiría con ese hombre. Quizás conocería a Dios después de conocer al verdadero demonio.

Finalmente me decidí por incidirle pequeñas incisiones, lo suficientemente profundas para que no fuesen rasguños, pero no tanto como para que se pudiese desangrar. A continuación, fui a la barra y cogí algo de sal para echarla en la herida. Los gritos en cuanto lo hice fueron el doble de agudos y altos que los anteriores.

La cosa no iba a acabar ahí, confesase o no, Silcius esa noche tendría su diversión. La cara del anfitrión estaba cambiando por momentos, cada vez se le veía más derrotado…aun así, no hablaba ni decía ni una palabra sobre el plan. ¿Cúal sería ahora el movimiento de Marie? ¿Saldría la Marie que le encanta bañarse en sangre y visceras o por el contrario la que deja escapar a la gente?
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