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El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Zaira De la Vega el Lun Ene 19, 2015 7:20 pm

El sonar de mis pies

«Con Silcius Rocafort»



Gypsy había llegado a la ciudad, y eso era un hecho. Fue pisar Venecia, y un caballero de lo más peculiar se puso en contacto conmigo. Era gracioso a la vista, y sorprendentemente bajito; o eso, o los dos gorilas que le seguían a su espalda eran demasiado toscos y grandes, en todo el sentido de la palabra, ya que su envergadura corporal  llegaba hasta asustar. En definitiva, era un trío de lo más curioso. El hombrecillo, creo recordar, se llamaba Donatello; pero he de admitir que yo le llamaba El Bigotes. ¿Es demasiado difícil saber por qué? Por supuesto que no. Un espeso y gran gibotazo, muy bien cuidado adornaba el labio superior del caballero, siempre perfectamente indumentado, con anteojo en su ojo diestro, con unos zapatos más brillantes que el reflejo de un haz de luz sobre su anteojo, y un bastón negro con empuñadura de plata.  

Retomando el tema en cuestión; Donatello vino a mí para ofrecerme un trabajo bastante interesante. Era dueño de un circo ambulante, o eso dijo. Aunque por las pintas, el aire de superioridad y los dos gorilas que le acompañaban hasta para ir al retrete, admito que me lo creí. El trabajo consistía en realizar un espectáculo musical en su circo, básicamente, a lo que me dedicaba. No importaba qué: bailar, cantar, o todo a la vez. Me dejaba a mí la elección, y viendo una puerta abierta para darme a conocer aun más ante la ciudad de Venecia y sus gentes, acepté encantada.

Por supuesto, esto también sería una oportunidad de oro, nunca mejor dicho, pues sacaría ganancias y mi patrón quedaría encantado. Sabía hacer muy mi trabajo, y gracias a Vittorio, podría aprovecharlo muchísimo más.

Y, pues, aquí estoy yo, ofreciendo un espectáculo español de pura cepa. Derramando el arte que corría por mis venas por cada porción de suelo que pisaba, haciendo  que el resonar de mis pies deleitara a todos y cada uno de los presentes, dándole forma a la música con mi propio cuerpo. Fandangos, bulerías, sevillanas, y hasta un tango español fue interpretado por mi persona, y elogiada por los gritos gloriosos y aplausos de los asistentes a la velada. Me sentí halagada, pero eso, no era suficiente para mí; sentía como si un pequeño vacío inundara mis adentros y mi mente. No sabía exactamente porqué, así que no le di mucha importancia y finalicé el espectáculo.

Sin duda, había disfrutado como nunca, recordando mis raíces, recordando la cultura en la que me crié, recordando...sí, recordando a mi madre. Fue pensar en ella y ese vacío que anteriormente sentía desapareció. Todo tenía sentido ahora, y una sonrisa boba, infantil quizás, se dibujó en mis labios y me dispuse a salir del circo y volver a casa; no sin antes pasar por mi camerino, cambiar mis atavíos y esperar a que un cochero viniera a recogerme, como se le fue ordenado. ¡Ay, madre! Qué orgullosa estaríais de mí. Al final...llegué a ser la mujer que antaño juré que sería, en honor a usted...mi maestra.






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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Silcius Rocafort el Jue Ene 07, 2016 6:33 pm

No solía ir a ningún tipo de espectáculo para niños, de hecho los odiaba, pero este momento era especial, no porque me gustasen los tigres ni los payasos, y menos los trapecistas sino porque dentro del espectáculo tenía un contacto valioso para mí. Me atavié con unas buenas galas aunque pronto me vi rodeado de pordioseros con sus hijos llevándolos a ver ese espectáculo circense, rezumaban por todos los poros la ilusión de ver a un tío tragarse sables y a otro atacando a leones, necios de la verdadera realidad que se encontraba detrás de bambalinas.

Había quedado con mi contacto después del espectáculo en un lugar apartado del circo cerca de su caravana, ese contacto me proporcionaba drogas e información que había recopilado a través de sus viajes por toda Europa con el circo, era el medio de transporte más efectivo puesto que me podía traer drogas diseñadas en otros países y yo ser el único proveedor en Venecia, si este tipo de drogas salía bien rápidamente me pasaba un contacto y reclamaba un cargamento, si la droga no era efectiva no se volvía a hablar de ella.

La paciencia no era una de mis virtudes por lo que la idea de ver ese espectáculo era más suculenta que el quedarme esperando a mi contacto fuera de la carpa, así que entre dentro y observe con más pasotismo que concentración el espectáculo que sucedía delante de mis ojos, bueno, eso era así hasta que una bailarina comenzó a bailar para emoción de los presentes incluso algo mía, no había visto nunca a nadie bailar así, aunque conocía la procedencia de esos bailes puesto que paisanas de esa mujer ya habían servido en mis mansiones.

Sin duda era española, ese movimiento de caderas, esos traqueteos y ese bailar, eso era único en Europa y alguien que supiese de mundo lo sabía. He de admitir que esa mujer me dio una idea, una idea que en cuanto pudiese le expondría directamente, pero para eso debía de encontrarla después del espectáculo. Una vez que su espectáculo finalizó me dirigí detrás de las bambalinas y vi a mi contacto, éste se alarmó de verme allí y empezó a sudar, pero rápidamente lo tranquilice

–No es a ti a quien quiero ver, quiero ver a esa bailarina española, el plan sigue igual, pero antes tengo que hacerle una visita, ¿Dónde está?- pregunte con curiosidad y calma, rápidamente me contestó y me indico un pequeño lugar en el que se suponía que ella acudía después del espectáculo. Así que allí dirigí mis pasos.

Una vez delante del lugar me aclare la garganta y mostré una agradable sonrisa sin mostrar los colmillos, la proposición que estaba a punto de hacerle podía darme bastantes beneficios.

Toc-Toc, se escuchó en la puerta.
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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Zaira De la Vega el Jue Ene 07, 2016 7:03 pm


El resonar de mis pies

«Con Silcius Rocafort»



Había sido un día duro de trabajo. La verdad, hacía mucho que no estaba tan cansada, y nada más que terminé el espectáculo, me fui al camerino, una caravana ciertamente, solo para mí. Y de ahí, me iría a casa."Por favor, que no tarde mucho el cochero."Era lo único que pedía mientras recorría las bambalinas. Para mi desgracia había tenido más éxito que de costumbre, o eso o los astros se habían alineado y todo el mundo se había puesto de acuerdo para acosarme en cierta manera y darme la enhorabuena por mi trabajo. Estaba agradecida, pero el cansancio podía conmigo. Estaba agobiada, así que un par de firmas, una fugaz tanda de fotografías, siempre con una sonrisa, un ramo de rosas rojas de mis pretendientes y al fin, ¡a fin! conseguí estar sola. Silencio. Bendito regalo para mis oídos.


Llegué y cerré con pestillo. Quería estar sola, darme un baño e irme a casa. Y por ahí empecé. La caravana tenía una tina blanca de mármol, no excesivamente grande. Algo sencillo. La llené de agua, precalentada con anterioridad, y fui al espejo. Me deshice de un pañuelo que portaba en mi cabeza, pendientes, pulseras y colgantes. Solo el vestido de dos piezas. Una fuera, la segunda precedió después. Mi cabello lo recogí de forma rápida en un moño estilo asiático, con un par de palillos. Quise desnudarme por completo cuando sonó la puerta. Del susto, medio se deshizo.


Dios mío, ¿qué te he hecho yo hoy, "miarma"? Ni darme un baño... — Me atavié con una bata de seda gris, a juego con mis ojos, cubriendo mi cuerpo, en paños menores. Abrí la puerta y para mi sorpresa encuentro un caballero allí, plantado, en mi puerta. Lo primero que pensé es que venía a cortejarme, como otros muchos que ya rechacé, pero había algo en él que me inquietaba. Podía ser su sonrisa, quizás. O no.


Ehm...¿Sí? ¿En qué puedo ayudarle? — No sabía porqué pero aquel hombre me sonaba de algo, no sabía porqué o de qué, pero conocerlo, lo conocía. — Esto... Discúlpeme, iba a darme un baño y me pilla en mal momento... ¿quién es usted y qué quiere de mí? — Quería devolverle la misma sonrisa agradable que el varón le había regalado, no obstante, si no conseguía irse a casa pronto, pasarían dos cosas: su hermano le haría la vida imposible, y que ella acabaría enfadada.


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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Silcius Rocafort el Jue Ene 07, 2016 10:59 pm

-Ya veo que te pillo en mal momento- Pensé mientras la miraba de arriba abajo. Estaba ataviada con una bata de seda gris que parecía bastante cómoda, de cerca estaba mejor que en la distancia, pero eso no era lo que importaba ahora mismo, otros asuntos apremiaban.

-Disculpe señorita- dije mientras cogía su mano y la besaba lentamente a la vez que entraba hacia la estancia cerrando la puerta tras de mí. –Mi tiempo es oro como comprenderás, así que voy a ser rápido – dije mientras sacaba un buen puro y lo encendía con una cerilla, acto seguido le di una calada y esbocé el humo lentamente. –Sé que no soy el primero ni voy a ser el último que te felicita por tu actuación, pero yo voy a ir más lejos, te voy a ofrecer un trabajo mucho mejor que este y por supuesto mucho mejor pagado, consiste en hacer esto que has hecho hoy pero delante de gente mucho mas distinguida en un club con mucho mas estilo. – dije mientras me giraba esperando su respuesta, esta vez la miré a los ojos y no le hice un escaneo por todo el cuerpo.

Estaba claro que serviría muy bien bailando y actuando en alguno de mis clubs, estaba seguro de que atraería clientes y quién sabe si algo más, la cuestión es que veía en ella una inversión que podía acarrearme ingresos cuantiosos en un futuro. Aunque la verdad es que pensaba que podía estar equivocado o quizás que me estaba precipitando demasiado, al fin y al cabo no tenía ni idea de su nombre, pero bueno, por eso estaba allí no? –Y dime querida, ¿Cómo debo dirigirme a ti? – dije con un tono amistoso, escondiendo mi verdadero ser.

Me apoye en la pared y continué fumando, a simple vista no parecía que en ese pequeño lugar hubiese alguna botella de buen alcohol, el único liquido bebible de aquel lugar era sin duda la sangre de la muchacha, pero ¿qué modales serían los míos si antes de ella aceptar mi oferta yo clavase mis colmillos en su cuello? Otra cosa era que no aceptase mi propuesta, en cuyo caso la situación cambiaría y no precisamente para bien.
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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Zaira De la Vega el Jue Ene 25, 2018 11:12 am


El resonar de mis pies

«Con Silcius Rocafort»



El varón irrumpió en el camerino tras besarle la mano, y ella, perpleja, solo pudo apartarse y dejarle entrar. Obligada, sí; pero cómo evitarlo. Fue un pensamiento fugaz, reflexión más bien, lo que invadió la cabecita morena de Zaira, ¿cómo se puede ser caballeroso y besarle la mano a una dama y al segundo, ser un gañán e irrumpir en su intimidad sin permiso? Eso era como todo, parecía ser...

Tosió levemente ante el humo que dejó salir de entre sus labios, le molestaba; no aguantaba los puros, demasiado patada en el pecho. Ella, prefería los cigarrillos. Mientras escuchaba todas y cada una de las palabras que el varón iba comentando, Zaira se dispuso a abrir las dos ventanas circulares que tenía su carabana, en uno y el otro extremo de ésta. Una vez hecho, se paró y se sentó delante de su tocador, dándole la espalda y mirando a su invitado a través del espejo, mientras que adecentaba su cabello. Se había descompuesto un poco y sus rebeldes rizos no la dejaban tranquila.

—  Querido, el tiempo de los dos es oro; pero como la propuesta es interesante, ya has captado mi atención. Dígame, pues, ¿de cuánto estamos hablando y qué tipo de espectáculo desea para sus reuniones? Recuerde que, vendo mi trabajo, no mi persona. —  

Lo miró por el espejo, con tono firme y plante, dándose a valer como artista y como mujer. No obstante, no se atrevió a mirarlo a los ojos directamente, tenía una mirada tenebrosa, peculiar...conocida. Sí, estaba segura que lo conocía. Pero, ¿de qué, Zaira?

Luego vino la pregunta del siglo. ¿No sabía cómo se llamaba? ¿En serio? Estaría de broma.

 Soy Zaira De la Vega, pero puede llamarme Srta. De la Vega.

Terminó de adecentar sus rizos, retiró su maquillaje y salió a relucir la verdadera Zaira. Tez morena, carnosos labios rojizos y unos grandes ojos de color verde esmeralda. Sus rasgos agitanados la distinguían sin dificultad alguna de las mujeres cotidianas italianas. Eso, era una ventaja en su trabajo, su mundo; llamar la atención sin esfuerzo. 

—  ¿Y usted es...? —

Se levantó y acercó al caballero; paso descalzo y sosegado, brazos cruzados bajo su pecho, y mirada fija en su rostro, observando cada detalle. Al quedar a un par de pasos de distancia, Zaira pudo apreciar que le sacaba una cabeza de atura. 

—  El trabajo me interesa; pero, supongamos que lo rechazo ¿Qué pasaría entonces? —
 

 
 
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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Silcius Rocafort el Vie Feb 02, 2018 12:48 am

Cogí su mano y la acerqué a mis labios.

-Soy Silcius Rocafort, encantado señorita, soy un distinguido caballero de clase alta aquí en Venecia –

Respondí con caballerosidad, ante todo eran los modales los que debían predominar, al menos, de momento.

Me hizo gracia su comentario acerca de la venta, “vendo mi trabajo, no mi persona”, pues en él se veía cierto recelo acerca de los hombres, bueno, más que eso me atrevería a decir que más de uno y de dos han venido proponiéndole algún tipo de favor sexual, ya sea gratis o pagando. En mi mundo había conocido a infinidad de hombres que pagarían su sueldo por acostarse con una mujer cuarenta veces peor que Zaira, por lo que acostarse con ella implicaría una suma para ellos inalcanzable. Aun así, la chica había declarado que lo que no se vendía era su persona, solo su trabajo, aunque bueno, según como se miré, todas las mujeres alguna vez hacen un buen trabajo por dinero. Finalmente, comencé a declarar mis intenciones, que no eran para nada las que ella pensaba.

- Como ya le dicho, me gustaría que bailase en un club privado que tengo aquí en Venecia, por supuesto contaría con todo lujo que usted precisase y solo sería frente a gente distinguida-

Gente distinguida sin dura era, gente con dinero y sin dinero acudía a mi club. Ese club era una tapadera perfecta para mis negocios, aunque bueno, ya tenía a media academia detrás buscándome las cosquillas, aunque nadie podía hacerme frente. Una perla como está chica podría atraer a mucha clientela nueva, y eso se traducía en más adictos a la droga y más dinero que iba a ganar.

- No pasaría nada, por supuesto, todo el mundo es libre de rechazar un trabajo o aceptarlo. Aun así, no creo que seas de las personas que no viven experiencias nuevas ni deja pasar un tren tan cargado… ¿no?

Me acerqué a una de sus ventanas recién abiertas, a continuación, apagué y lancé el puro fuera de la caravana. Acto seguido, me acerqué de nuevo a ella y me apoyé en una de las paredes con los brazos cruzados.

- El espectáculo por supuesto sería una actuación privada para cierto grupo selecto de Venecia, actuando como lo ha hecho hoy o incluso mejor si puede ser. Claro está, la suma de dinero correspondería a medio arcón de oro… ¿Qué me dice? ¿Alguna condición que quiera poner?
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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Zaira De la Vega el Lun Feb 12, 2018 7:42 pm


El resonar de mis pies

«Con Silcius Rocafort»




"Rocafort"


La joven española, al escuchar el apellido del varón, reaccionó con una ligera sorpresa en el rostro, efímera, como el beso que depositaron con tal galantería sobre su mano. Sin previo aviso y consentimiento, una femenina sonrisa se dibujó en sus labios, y con un leve sonrojo sobre sus mejillas de tez morena, recorrió el contorno de su oreja izquierda con timidez. Zaira era todo un miura sobre el escenario y en relación a su trabajo; pero ante situaciones como aquellas, era toda una...¿niña?


Veo que su familia sabe apreciar el arte, el verdadero.


Comentó antes de girarse y darle la espalda un momento. Era unos instantes de reflexión, pues, el trabaj le interesaba ya que si su público fuera gente distinguida, su talento y nombre podrían alcanzar órbitas insospechadas. Era más que interesante; aunque complejo. ¿Qué pensaría Vitto? Sí era cierto que había pasado tiempo desde la última vez que se viero o hablaron, demasiado quizás.

Dio varios paseos por la caravana, evadida en sus pensamientos y reflexiones, olvidando, puede, que su no tan invitado estaba presente y esperando una respuesta. ¿Qué hacer? ¡Ay, Madre, lo que la añoraba en esos momentos de indecisión! Paró en seco y se fue hacia una camarera que tenía en un rincón y sirvió dos copas de vino. Suspiró, y con valor, se atrevió a hablar.


Silcius, ¿puedo llamarte Silcius?


Dio un pequeño sorbo a su copa para humedecer sus labios y paladar, resecos por el nerviosismo que recorría todo ápice de su cuerpo; tras ofrecerle la suya al varón y asiento tras ella.


Me interesa el trabajo, pero sí es cierto, que tengo una agenda...digamos...un tanto ocupada. Me gustaría concretar este asunto, con mayor detalle, si no es mucha molestia.


La muchacha esperó a que se sentara a su lado en un pequeño diván que descansaba en un extremo del lugar, bajo una de las ventanas anteriormente abiertas, dejando caer sobre la joven unos rayos de sol de atardecer que iluminaron toda ella; sus cabellos, su piel tostada, sus verdes ojos que lo miraban con inocencia y una dulzura cubierta de sospecha. Era mujer, feroz pero inocente, y estaban solos.

No lo conocía en absoluto, aunque algo en su interior, le decía que jamás olvidaría el día en el que Silcius Rocafort apareció en su puerta.


¿Hablamos de negocios?


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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Silcius Rocafort el Lun Feb 26, 2018 12:32 am

Me acerqué para sentarme a su lado en el diván. Los rayos le daban un toque irresistible, aunque a mi personalmente no me gustaban, me irritaban la piel. Me acerqué lo suficientemente cerca que me dejaron los rayos del sol, no quería tener que estar teniendo una conversación mientras los rayos de esa bola de fuego me volvían más débil.

- Por supuesto querida, ¿no estamos aquí para eso?

Caté el vino, con buenas sensaciones. La verdad es que la chica no solo bailaba bien, también sabía de buenos vinos.

- Delicioso, por cierto, ¿reserva del 17? Creo que te gustará la fiesta, hay vinos que ni la gente más rica de Venecia puede llegar a pagar.

Volví a dejar la copa encima de la mesa y me giré completamente para tener a Zaira frente a mí, mirándola directamente a los ojos. Muy pronto, los rayos del sol desaparecerían de la instancia y sumiría a la habitación en la noche, mi querida y amada noche. Una vez que la noche llegase, no habría nada que separase a Silcius de Zaira.

- Como ya le he dicho, mis clientes son probablemente lo más distinguido de Venecia, quizás también por ello es una clientela especial, exigente también podría ser la palabra. O le das lo mejor de lo mejor, o lo van a buscar a otro lado.

Por supuesto, lo que no sabía Zaira era porque esos clientes venían a mi local. En mi local podían encontrar todos los vicios que buscaban; alcohol, prostitutas que hacían de todo y que eran de todas las nacionalidades y, mi producto estrella, las mejores drogas que se podían encontrar en todo Venecia y que traía de otros lugares.

Mi local invitaba al vicio y al placer, aunque eso no significaba que intentase que Zaira fuese del disfrute de todos. ¿Para que la quería? Si sus bailes y ella les ponía la mitad de lo que me había puesto a mí, esa noche me haría de oro. Lo que pudiese pagarle a Zaira sería una nimiedad con lo que me haría ganar ella a mí. Aunque, quien sabe, quizás de ahí saliese ella también beneficiada, al fin y al cabo, acudían muchos que se dedicaban al mundo de las artes escénicas. Eso sí, quizás después de ver algunas de las cosas que hacen no querrías trabajar con ellos.

Antes de que me hubiese dado cuenta, los rayos del sol se habían marchado. Me acerqué un poco más a Zaira, nuestras piernas casi se rozaban.

-Y dime querida, ¿Cuál es tu respuesta y tu precio?
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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Zaira De la Vega el Vie Mar 09, 2018 1:19 am


El resonar de mis pies

«Con Silcius Rocafort»



Había que reconocer que el caballero tenía dotes de parla y negocios. El trabajo, lo pintaba bien. La clientela, interesante. Y solo pedía dos cosas; aceptar y precio. Era perfecto, aunque de vinos, andaba algo estraviado.


Veo que sabe apreciar un buen vino,
aunque se la cosecha la has aumentado unos años. 5 para ser exactos. Pero me impresiona, gratamente.



Le dio un último sorbo a su copa para terminarla, se acercó al varón, y aún pasando cerca suya, sin rozarlo, dejó su copa justo al lado de la ajena.

Zaira lo miró de reojo. Le inquietaba, tanto su semblante como su insistencia. Se arriesgaría, total, por probar no perdería nada. Y si encima, podía ganar beneficios, actuar en un local privado era mejor que cualquier circo ambulante. Ni la misma presencia, ni el mismo público ni el mismo sueldo; todo fuera dicho.


Bien, Silcius, acepto el trabajo. Pero,
las condiciones del contrato las pongo yo; es decir, las chicas, el espacio y las ganancias de mi sueldo los pondré yo, cada noche tras las actuaciones. Dependiendo del público y estatus, será más o menos. Y como cláusula esencial, pido, si es usted tan amable, que todo esto se firme por contrato; bajo nuestro puño y letra. Disculpe las molestias, pero en mi país, se hacen las cosas así.



La voz de la morena fue tajante y sería. Estaban hablando de negocios, y con los negocios no había juegos posibles. Estaba decidida a triunfar, pero siempre con cabeza pensante. Estaba deseosa de saber cómo y dónde trabajaría. Quizás un tugurio , pero ya se encargaría ella misma de renovar el ambiente.

Notó como la noche caía, y el sol dormía. Sí que había pasado rápido el tiempo, y ella sin adecentarse. El roce de su pierna con la ajena la trajo de vuelta de entre sus pensamientos, cosa que la sobresaltó ligeramente.


Silcius, me gustaría conocer tu local. ¿Me lo enseñarías? Por supuesto, me refiero en pleno apogeo.
Quiero ver desde fuera, como invitada especial, tú clientela y negocios. Espero que no te importe.



Desvió la mirada, sutilmente sonrojada. Carraspeó y fue a levantarse a por más vino. La noche había caído, sí, pero los negocios eran negocios, y el trabajo, su futuro.


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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Silcius Rocafort el Vie Mar 09, 2018 2:31 am

Parecía que me habían bailado un poco las cifras, aunque para algunos fuese poco tiempo, 5 años hablando de vinos podía ser un intervalo grande de tiempo. Pues los vinos cada año eran muy diferentes debido a muy diversos factores que no relataré en este post. Mi paladar no debía ser tan fino como antaño visto lo visto.

Esta chica tenía claro lo que quería, eso me gustaba. Aun así, parecía que las etapas en los negocios no eran su fuerte. No podías aceptar un trabajo antes de poner las condiciones, y menos si las condiciones las querías poner tú, pues estábamos en la fase de negociación. Pero bueno, a la chica no se le podía dar bien todo, así que por hoy se lo dejaríamos pasar pues no tenía importancia.

Después de escuchar su propuesta hice como que pensaba, estaba claro que en una negociación ambas partes exponen sus condiciones y cediendo tanto uno como el otro acaban llegando a un acuerdo. Nuestra negociación acababa de comenzar.

Pensando en mis condiciones o como rebajaría las suyas escuché como quería ver mi local y a la clientela. Quizás eso no me vendría bien, al estar en pleno apogeo ella podría ver que tipo de local era y eso no podía ser bueno si ella esperaba realizar su espectáculo en una mansión. Porque, aunque con bastantes lujos, el club al que pretendía llevarla a actuar no parecía gran cosa por fuera, eso sí, por dentro era enorme y con decenas de salas para todo tipo de actividades. Si quería que se quedase asombrada no le tenía que enseñar la portada del libro, sino toda la historia del interior.

-De la Vega es un apellido español si no me equivoco, y por quizás habladurías de piratas y comerciantes que llegan a estos puertos quizás eso de que en tu país las cosas se hacen así no sea muy acertada, tengo entendido que allí los reyes hacen negocios por las espaldas con gente importante, y si los reyes lo hacen, ¿Qué no harán los campesinos?

Acto seguido me levanté y fui junto a ella con los dos vasos que había dejado encima de la mesa. Me puse a una distancia de unos 15 cm, lo suficientemente lejos para no incomodarla y lo suficientemente cerca para que la chica pudiese ver con quien estaba negociando, pues Silcius Rocafort no era un cualquiera en esa ciudad e igual que abría puertas…las cerraba.

- Me parecen unas condiciones muy beneficiosas para ti, pero, ¿y para mí?. Creo que te realizaré una contraoferta -dije con una sonrisa maliciosa en los labios -Acepto que las chicas las traigas tú, pero el espacio lo decido yo; de momento solo va a ser una actuación, depende de como lo hagas podremos ampliar eso; por supuesto las ganancias no serán variables y menos las pondrás tú, no se con que tipo de gente has trabajado pero eso nunca se hace así, quien paga…manda -Le acerqué las dos copas para que les echase vino – estoy de acuerdo en lo del contrato.

Lo del contrato era la parte más fácil de falsificar. Si hay algo que no falta en una mafia son falsificadores, y la de Silcius tenía a los mejores de toda Venecia. No me importaba que la noche se alargase, al fin y al cabo, tenía toda la eternidad por delante.

- Y bueno, respecto a lo de ser una invitada especial y ver mi clientela y negocios…es algo que tendrás que ganártelo- finalicé mientras le guiñaba el ojo.
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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Zaira De la Vega el Mar Jun 12, 2018 12:36 am

El sonar de mis pies

«Con Silcius Rocafort»



Resultaba increíble cómo se había complicado el día para la joven española; ya no sólo porque fue un día extremadamente duro y largo, sino que, se había puesto el sol y aun seguí trabajando, por así decirlo, pero dentro de su carabana. Propuestas de trabajo que te llamen a la puerta no era, ara nada cotidiano, y menos en Venecia. Aun siendo una reconocida artista en la ciudad veneciana. 


Pues bien, ahí estaba ella, con Silcius Rocafort ni más ni menos, a unos escasos quince centímetros de distancia de ella y su cuerpo, con las copas en la mano y ella que le mantenía la mirada sin dilación ni intimidación alguna. Otra cosa no, pero era toda una mujer coraje.



Así es. Soy española, Silcius. Y ante tu pregunta debo decirte que te decepcionarás al saber que, los campesinos, son de las pocas gentes honradas que puedes encontrarte. Reyes en España, y un Cardenal en Venecia. ¿no es lo mismo? —


Con su tierra no se metía ni la criticaba nadie, y menos en su presencia. La sangre que le corría por las venas, sacaban a la leona que llevaba dentro, y la defendía a capa y espada. Aunque, no podía enfadarse cn su invitado forzado e improvisado, ya que lo dicho era cierto y los rumores vuelan, ¿no es cierto? 

Volviendo al tema que nos conciene.


Querido, por supuesto que son beneficiosos para mí. Y para ti. Piénsalo...Si actuo para ti, el gran Silcius Rocafort, los beneficios que te pido, serán la mitad de tus ganancias. ¿o a caso no lo habías pensado? 


Comentó mientras que servía un par de copas más de aquella añeja botella de vino, aquella que nunca pensó que descorcharía. Soltó la botella y se apropió de su copa; rozó los dedos con los ajenos al sostenerla y miró al varón fijamente de nuevo. Carraspeó y dio un sorbo al vino, miró por la ventana unos segundos. La luna estaba fuera, espectante de lo que acontecía.



Vamos, Silcius, no se haga de rogar. Después de haber irrumpido en mi intimidad e interrumpir mi baño, convertirse en mi invitado y beber un buen vino, ¿aun debo ganarme tu favor? ¿Qué más quieres que haga?


Vio el guiño que le regaló, y sin quererlo, sus mejillas se sonrojaron ligeramente. Desvió la mirada un momento, para darle otro trago a su copa. El vino estaba empezando a saber y entrarle realmente bien...
 


"Madre. ¡Ay, Madre!
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Última edición por Zaira De la Vega el Mar Jul 03, 2018 1:23 am, editado 1 vez
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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Silcius Rocafort el Dom Jun 17, 2018 9:55 pm

Que me dijese que los campesinos españoles eran honrados demostraba que muy bien de la cabeza no podía estar. Si que es verdad, a su favor, que a los campesinos como tal no los conocía, pero los piratas de nacionalidad española se les conoce por lo pillos que son, por sus engaños para conseguir lo que quieren con el mínimo esfuerzo. Eso sí, había que admitir que en según que temas eran bastante eficientes, sobre todo si lo que querías era robar sin que nadie se enterase.

—Por supuesto que lo había pensado querida, pero si supieses de negocios, sabrías que no todo es beneficio puro, hay gastos, y un 50 % de lo recaudado es mucho, aun así, quizás haga una excepción contigo y me acerque a esa cifra.

Parecía que las mejillas se le habían puesto coloradas. Eso quería decir que tenía vergüenza. No hubo una reacción brusca, así que significaba que no rechazaba el contacto del todo. Quizás podría enseñarme de lo que es capaz esta española, al fin y al cabo, su sangre y su fuego era algo digno de mencionar cuando hablabas de las mujeres españolas.

—Lo dice como si hubiese sido una carga. Seguro que está noche solo por mi presencia aquí es y puede seguir siendo, digamos, diferente.

Volví a darle un trago al vino y me acerqué algo más a ella.

—¿Debes? Eso solo depende de ti. ¿Cómo se que vas a cautivar a todas las almas que acudan a verte…si no me cautivas a mí?

¿Sería la primera de una colaboración larga? ¿Sería una simple noche lo que disfrutaría el club de Silcius? ¿O simplemente la negociación se rompería? Todo dependía de lo que pasase ahí esa noche. Los beneficios podían subir mucho, y lo que era más importante para Zaira, su porcentaje podía variar para bien y conseguir los beneficios para, quien sabe, montar incluso su propia compañía de baile.
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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Zaira De la Vega el Mar Jul 03, 2018 1:57 am

El sonar de mis pies

«Con Silcius Rocafort»



Zaira podría haber estado disfrutando de un buen baño relajante y una copa de vino tinto bien merecida tras su lago día de trabajo, pero, sin embargo, ahí estaba...sentada junto a un hombre, si se le podía llamar así, como era Silcius Rocafort, en su diván, hablando de negocios y poniéndola a prueba descaradamente. Pr suerte, el vino no había faltado. 


Cuando el varón disminuyó la cercanía, escasos centímetros los separaban. Por sus venas corría el orgullo y la picaresca española, y como buena que era, no se separó. Aguantó la mirada ajena mientras dio un último sorbo de vino, degustándolo. Cierto era que sus mejillas estaban sonrojadas, y algo de vergüenza sentía; estar a solas con un hombre como él, no es que la dejara en muy buena posición; solo un hombre logró doblegarla.


La morena soltó la copa, sin moverse del sitio, y comentó, tras fruncir el ceño.


— Que desfachatez. Me decepcionas, Silcius. Creía haber entendido que, si tú has venido a mí ofreciéndome trabajo para tu club, es que a ti personalmente, ya te había cautivado. El resto... Son poca cosa. —


Quería jugar con fuego, con una española. Se quemaría, y más con ella. Una jabata de pura cepa que por su pasión y coraje, había llegado a lo más alto y a ser quien era; dentro y fuera de su tierra natal.


— Ahora, si me dices que te cautive y no te refieres a danza, creo que vas por mal camino, querido amigo. Lo máximo que podrás alcanzar, podría ser un baile privado. Pero eso, Silcius, es bastante caro... ¡O! Puede que lleguemos a un acuerdo de negocios y pueda incluirse para la clienta más selecta. ¿Qué decides? —

Movimiento hecho. No sabría de negocios, probablemente, pero sí sabía de hombres y sus puntos débiles. Todo e mundo sabe que un club, donde se quiere ofrecer un espectáculo de danza, un espectáculo de Zaira De la Vega, debía ser un club sombrío, donde los hombres irían a pecar entre las sombras lo que por el día rehuían ante sus mujeres.

Una delicada sonrisa ladeada se había dibujado en los labios de la española, cierta picardía era notoria. Zaira cruzó sus brazos bajo su pecho, y aumentó la distancia entre ambos recostándose sobre un cojín del diván. Esperaba una respuesta, y sus piernas se cruzaron. 

¿Cuándo se había ocultado el sol? Era hija de la luna, y notaba su presencia, su calidez, su abrazo al entrar su resplandor por la ventana. Un escalofrío recorrió su espalda, y su pie se erizó. Tuvo un presentimiento; algo iba a pasar, pero...¿Qué?


 


"Madre. ¡Ay, Madre!
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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

Mensaje por Silcius Rocafort el Jue Jul 05, 2018 4:52 pm

Me estaba empezando a poner nervioso esta chica que se creía lo mejor de lo mejor. Quizás pensaba que era una diva y que todo el mundo daría todo el dinero que tuviese por verla bailar, pero no era así. Era buen, sí, pero no tanto como su actitud hacía parecer.

-Niñata, ¿qué se ha creído? Si fuese tan buena como se cree seguramente no estaría trabajando donde está trabajando, compartiendo espectáculo con verdaderos payasos y hombres deformes- Pensé.

No estaría donde estaba si fuese una estrella. Y menos planteándose el actuar en el local de un mafioso. Pero no era así, ella no era una estrella y el local y el publico que yo podía proporcionarle era mucho más de lo que se merecía. Aun así, la chavala podría cautivar a mi clientela y eso significaba mucho más dinero para mí. Por supuesto, ella pensaba que se llevaría un porcentaje enorme, pero eso no iba a ser así. Al fin y al cabo, quien contaba los beneficios era yo.

-Vas a ganar más dinero del que podrás ganar aquí en tres vidas, ¿de verdad me estás pidiendo que pague por verte actuar de forma privada? Si tengo el dinero que tengo no ha sido por ceder a todo lo que me han propuesto. Tu sabrás si quieres demostrarle a Silcius Rocafort que vale la pena invertir en ti o sin embargo haría mejor en contratar a alguna otra bailarina a la que darle gran prestigio.

Con la tontería la noche ya había llegado. No pensaba que iba a pasar el tiempo tan rápido, de hecho, no daba la sensación de haber estado ahí tanto tiempo.

-La verdad es que está siendo poco productivo con esta chica- Pensé

Volví a servirme algo de vino. Cada vez que miraba a mi alrededor no me podía imaginar cómo podía estar discutiéndome y no rogándome el trabajar incluso gratis en mi local. Todo lo que yo tenía superaba con creces cualquier lujo que ella poseyese en ese momento. Aun así, me gustaba que no se conformase con nada y quisiese tener más y más. Aunque inocente, ese tipo de cosas las hacen gente ambiciosa, y la ambición acaba llevando al lado oscuro. Ese lado oscuro donde los sentidos se multiplicaban y el placer inundaba todo el cuerpo, ese lado oscuro en el que Silcius Rocafort era el líder indiscutible.

Me senté en un solitario sillón y me cruce de piernas mientras sostenía el vino y la mirada hacía los ojos de Zaira. La curiosidad por conocer más a esa chica y el nerviosismo por no concretar la operación estaban aumentando. Si había algo que no le gustaba a Silcius Rocafort era perder el tiempo, y en ocasiones, estaba pensando que lo estaba haciendo con esa muchacha con aires de diva.
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Re: El resonar de mis pies — Silcius Rocafort

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