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Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Petrucio Farnese el Sáb Feb 14, 2015 3:38 pm

-Ahhh Venecia... Demasiado tiempo lejos del hogar...

El puerto, lugar ajetreado, más aun a horas tan tardías del día, el sol ya mustio escondíase por el horizonte cuando singular barco hizo su aparición por lotananza y un curioso sonido hízose notar en las cercanías. Un poderoso grave de cuerda emanaba del extraño navío. Y remárquese, y nunca mejor dicho, dado que el barco en sí, un fino bajel de baja caladura, mastil solitario y recortado por un lindo cañonazo, mascarón extraviado, vías de agua por doquier asemejábase mas a una media cáscara de nuez que a duras penas se mantiene a flote al que sólo los esfuerzos de 4 aterrados marinos lograba mantener a flote.

La melodía se extendía por el puerto. Los rostros más jóvenes se volvían al mar escudriñando el oscuro bajel para tratar de averiguar el origen de tan extraña música, siendo agarrados por los viejos lobos de mar, que raudos como el viento se los llevaban del lugar. Los gestos de los mayores que se esforzaban por echar a las gentes del puerto consiguió su efecto, cuando el barco llegó a puerto, una sola figura bajó a la pasarela. Un hombre alto y delgado de rostro pálido y mirada aguda. A su espalda un enorme estuche de madera negra con adornos de plata. El hombre, vestido de un sobrio y elegante color negro y blanco aferró el estuche, extrajo un pequeño vial de color verde y,  tras colocarse el armatoste a su espalda mediante una correa arrojó por encima de su hombro el vial, que se estrelló con fuerza sobre la cubierta del barco ante la aterrada mirada de los marinos.

Mientras el fuego griego se extendía por la cubierta del barco, el noble entrecerró los ojos en una silueta conocida y con una sonrisa se acercó hasta ella.

-Ha pasado mucho tiempo, signora Victoria, pero seguís igual de hermosa como os recordaba.- Comentó haciendo una leve reverencia.

Era así o...:

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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Sáb Feb 14, 2015 6:55 pm


Una entrada discreta
Con Petrucio Farnese


Otro monótono días se iba poniendo en el horizonte de Venecia, y yo, como no, estaba deseando que pasase ese maldito día. ¡Ay, Naguinni! Que envidia te tengo querida mía, pudiendo salir cuando te apetece, y yo aquí encerrada en mi camarote, muerta del asco, aguantando como esos ruidoso hijos de perra que tengo por tripulación vagueaban bajo el sol, a diferencia de mí. En fin, en el fondo les tengo cierto...cómo decirlo, ¿cariño? Sí, tal vez.

Volviendo al tema en cuestión, me arreglé vistiendo mis atavíos básicos: pantalones ajustados con cierto tacto de terciopelo burdeos, botas hasta el muslo de piel, negras, blusa blanca anche y un corsé del mismo tono que el pantalón con adornos dorados, para realzar mis curvas. Lo acompañaban mi sombrero de capitana negro con un par de plumas y mi cinto con una espada y un par de pistolas gemelas. Mis niñas. Me apeteció vestirme algo "elegante", esperaba cierta visita especial. Una vez que terminé mi presencia, y el sol no me dañaría, salí dando un portazo y acallando a la tripulación.

-Muchachos, cuiden el barco. Como pase algo y no se me informe, os arrancaré la cabeza, grumetes de pacotilla. Si culplís, puede que os de descanso y podáis salir a follaros a alguna fulana. Srta Labov, la dejo al mando.-

Fueron mis últimas palabras, dejando a mi contramaestre a mando en mi ausencia, y bajando con parsimonia de i carabela con el griterío de mis muchachos de fondo. El silencio costó encontrarlo, mientras caminaba al punto de espera, donde aguardé su llegada. Un buen amigo y negociante de arte haría acto de presencia en Venecia, mi hogar, y entre mis dominios; como no, me ocuparía personalmente de recogerlo. Mis chivatos eran muy buenos y llegué puntual, pero él no; no hay cosa en el mundo que me enfurezca más de que hagan esperar. En fin, ya se lo cobraría.

-Llegas tarde, Petrucio. Sabes que no me gustan que me hagan esperar.-

Mi pose era relajada, con los brazos cruzados, pero con el ceño fruncido. ¡A la mierda! Le devolví la sonrisa y le tendía la mano. Finalmente, le ofrecía que me acompañase a mi barco, y así hablar de negocios.

-Tiempo sin verte, querido amigo. ¿Cómo has estado? Te veo algo desgastado...¿Debo preocuparme?-

No hace falta decir que estando en su compañía, las bromas y sarcasmos, eran constantes y bien recibidos. Me alegraba tenerlo de vuelta, en casa, a mi lado.

Thanks Sabine


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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Petrucio Farnese el Vie Mar 20, 2015 12:49 am

Des luego, la mujer no había variado ni un ápice. Gesto altanero, el labio torcido en una mueca despectiva... Ah, estas "lobas de mar" a falta de un término mas apropiado eran un exultante bofetón de agua salada en pleno rostro. Había tenido bastante agua por una buena temporada. Me guardé la réplica que acudió a la mente cuando la mujer sonrió y me tendió la mano.

-Bueno, los culpables están a medio camino del fondo del mar ahora mismo.- Comentó con una sonrisa ávida de sangre, las llamas del barco bañaban la espalda del vampiro, ensombreciendo su cuerpo. La melodía baja y grave del chelo se entremezca con los agudos y graves gritos de los marinos mientras se precipitan al agua en busca de un alivio del fuego griego, falsa esperanza pues el brebaje arde aun en las profundas fosas abisales.- De cualquier manera, con gusto te dejaré que me invites a un bocado para resarcirme por tus exabrutos, querida.

La seguí con paso calmado hasta su bajél con paso cómodo, mirando el puerto, maravillándome de los cambios que habían operado en la ciudad. 20 años lejos de casa da tiempo para que los humanos cambien y moldeen todo a su gusto. La antigua posada que había permanecido durante generaciones ahora era una casa de contadurías, el almacén que abrieron cuando el barco de Petrucio partió estaba en ruinas... Que rápido pasan los años.

-Bueno, no me ha echo mucho bien estar en un barco rodeado de hombres por tres semanas. Si no fuera por las escalas en los puertos habría muerto.- Su tono suena formal, pero quien le conoce sabe que es cierto. Petruccio es incapaz de beber sangre de hombre. Es perfectamente capaz de morirse antes de beber de uno.- Pero no me puedo quejar. Te traje la pintura de Massimo Stanzione que me pediste. Las monjas disfrutarán de un nuevo púlpito a tu salud.

Sin más preámbulos dejé mi estuche apoyado en la pared, lo abrí y tras acariciar mi chelo, abrí el compartimento secreto y extraje de entre varios frascos de sustancias químicas bien sellados un tubo de cuero que tendí a la capitana de barco, esperando ver su reacción.

Cool Stuf Bro:

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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Lun Ago 10, 2015 9:08 pm


una entrada discreta
Con Petrucio Farnese



-Veo que tú no cambias con los años, simplemente, te vuelves viejo. ¡Ay, amigo mío, se nota que has vuelto!- Aquel maldito embaucador siempre sabía encontrar las palabras justas para producirme un maldito dolor de cabeza; pero, en fin, así era él...Un "Don Juan" con las damas y un tremendo hijo de puta a mis ojos. Pero sinceramente, era mi querido hijo de puta. Elegante, culto, y vampiro. Siendo esas tres cosa nada más, era capaz de hacer todo lo que hacía, y de momento, trabajaba para mí, tanto si lo reconocía como si no.

Lo había echado de menos, pero como no, amenazó con volver con lo pactado, y así era. Hombre de palabra. ¿Hombre? Tras un encantador paseo hacie el Victory, subí con mi acompañante y sin decir una sola palabra, mis muchachos se pusieron a trabajar antes de decir amén. Sabían que no me gustaban los vagos, lo dejé claro lanzando al último por la borda. Pasé junto a mi contramaestre, la Sta. Labov, que por supuesto saludé mientras dejaba mi sombrero a su cargo, junto con mi casaca, para dejarlos en el lugar donde les correspondía. Mientras, le informaba de la situación.

-Marie, este es un viejo amigo mío, el Sr. Farnese, viene de visita, y se quedará unos días con nosotros. Que esté todo a punto, ¿Entendido? Ya sabéis que hacer.- Nuestra conversación acabó dentro de mi camarote, en la parte del escritorio, sentándome tras una gran mesa de caoba, un regalo de un galeón español. Le ofrecí asiento, pero antes de ni siquiera acomodarme yo, este mostró la obra de arte.

-¡Por todos los diablos! Petrucio, buen trabajo.- Me levanté de un brinco prácticamente, observando la pintura tras exponerla sobre la mesa, esbozando una media sonrisa altiva al contemplarlo. Continué. -Sabía que podía contar contigo, amigo. Bien, lo prometido es deuda; aquí tienes tu parte.- Abrí un pequeño cofre que estaba en una de las esquinas de mi escritorio, junto a cartas de navegación y mis utensilios cartográficos, sacando de éste una bolsa de cuero negro cerrada con un cordón dorado. Dentro había diez monedas de oro que le entregué en mano, al voltear la mesa.

Quedé cara a cara con el vampiro, percibiendo su aroma, prácticamente olvidado. Mirándolo fijamente a los ojos, y tras unos momentos de silencio, le dediqué un susurro en un tono que solo yo sabía: hacer que una burla, resultara atractiva, erótica quizás. -Y bien...Después de tanto tiempo con hombres...¿No se te habrá trastornado el sentido y el gusto, verdad, Petrucio?-Esbocé una media sonrisa malévola, algo mezquina quizás, para luego terminar con un...-Tenía pensado ofrecerte algo de sangre, puede que la mía, pero no estoy segura que sepas apreciarla...¿Qué me dices?-





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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Petrucio Farnese el Lun Ago 10, 2015 11:22 pm

Genial, justo lo que necesito, subirme a otra cáscara de nuez flotante rodeado de hombres desdentados y malolientes que no saben distinguir un Bernini de un Velazquez... Pensó, luego pasaron junto a la segunda al mando de la patrona del barco y Petrucio sonrió divertido. Bueno, quizás no esté tan mal.

Finalmente Victoria dió el visto bueno a la pintura, a lo que el marchante de arte respondió con una elegante reverencia.

-Me das mucho mérito, signora Blueflame. Fue bueno que el dueño tuviera mas apego a su hijo que a su cuadro, de todas formas, es siempre un placer hacer negocios contigo.- Comentó mientras recogía las monedas y las guardaba en una bolsita de su cinto.

Un comentario se le fué de la cabeza cuando la pelirroja se le acercó y le hizo su proposición de una manera indecente, provocadora y directa. Ah, las mujeres de hoy en día, cómo me conocen...

-Signora Victoria...- Me levanté de la silla, imitando su gesto, omitiendo la sonrisa, clavando mis ojos en los suyos con fijeza, admirando el suave tacto de la madera del escritorio, el brillo de sus ojos, y aroma almizclado de su camarote.- Ay de ti, si no fueras mi cliente, madonna.

Con una sonrisa pícara, se dejó caer de nuevo en la silla, entrecruzando las piernas con gesto divertido. Es bueno ver que hay cosas que no cambian. Lamentablemente, en el estado de Petrucio, estaba costándole más de lo que esperaba el resistirse a su usual juego.

-Reconócelo, echabas de menos a tu viejo amigo Petruccio. ¿Que tal la ciudad? Oí que los curas se están volviendo revoltosos ultimamente...

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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Miér Ago 12, 2015 7:32 pm


una entrada discreta
Con Petrucio Farnese



-Sí, si que te había echado de menos, pero solo a ratos...No te me vengas arriba, il mio amore-

Esbozó una media sonrisa, mostrando uno de sus brillantes colmillos, no demasiado largos por el momento. Estaba claro que Farnese sabía cómo seguirla el juego, aunque a veces le costase. Victoria, al ver que volvía a sentarte en la silla de invitados, puso sus manos en las caderas para así, soltar un suspiro y negar con la cabeza, despacio, sin quitarle el ojo de encima. Su pose, elegante y curvada, cual musa esculpida en el más fino mármol blanco limpio de impurezas. Desde luego, su palidez era la misma y con ello, sus rojizos labios y larga cabellera ondulada, resaltaban aun más.

-¡Ay!, Petrucio, querido, si no fuera tu cliente y no trabajaras para mí, tu vida sería algo aburrida...Y lo sabes.-

La donna lanzó ese pequeño ataque inofensivo haci su acompañante, tras bordear la mesa de escritorio deshaciendo los pasos anteriores, pero parándose esta vez junto a un pequeño armario, cerrado con llave. En su interior, descansaba una botella del mejor whisky  del lugar. Estaba criado, aguardando una buena ocasión para ser descolchado y así deleitar los paladares que lo catasen. Petrucio había sido el elegido y tanto así, la Capitana le sirvió una copa, vuelta a servir en mano. Le ofreció un brindis. Bebió. Degustando el manjar espirituoso, se acercó al ventanal de su camarote y divisar el puerto veneciano y sus aguas, pensativa, para después volver a hablar.

-Querido amigo, se tus dotes de trabajo y compromiso ante un encargo, como prueba abarca mi escritorio. No obstante, dime...¿Si te propongo un imposible, me mostrarías cuan bueno eres con las manos?-

Una idea le rondaba la cabeza a Victoria, una locura quizás, pero si alguien podía lograrlo, ese era él. Por supuesto, era de palabra y cuan más difícil era el encargo, mejor era la recompensa. Mientras esperaba la respuesta, la pelirroja solo reía malévola y pícara, con una mano en la cadera, con la diestra sujetando el vaso que posaba en sus labios como si un delicado beso le otorgase, y mirándolo por encima del hombro, mientras que quedaba de espaldas a él. Esperaba una reacción por su parte. ¿Aceptaría?





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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Petrucio Farnese el Miér Ago 12, 2015 9:32 pm

Una sonrisa rapaz y un brillo en los ojos siguieron a la mujer mientras se apartaba de la mesa. Petrucio apoyó un codo sobre el reposabrazos y dejó descansar la cabeza sobre la palma abierta, apartándose el pelo en un ademán.

-Tus palabras me hieren como cuchillas de plata, cara mía. Si no pagaras tan bien y tus... trabajos fueran tan interesantes, ahhh -Dejó escapar un suspiro teatral mientras aceptaba el vaso con una leve inclinación de la cabeza.- En esta época en que la mar parece dictarlo todo, me veo abocado a tus pies... Aunque no sería la primera vez que nos viésemos en esa situación.

Dejó escapar una risa corta y baja, con un agradable tono de barítono, para luego, probar el licor ofrecido, un whisky de gran calidad. Por segunda vez, se levantó de la silla, acomodándose a un lado de las ventanas en las que se había asomado la pelirroja. Una mirada lánguida que lanzó hacia el puerto, ver como esta subía y bajaba le confirmó una cosa. Estaba hasta las narices de barcos, mares, mareas y la madre que los trajo todos del mas hondo abismo.

-¿Un trabajo? ma signora, apenas he llegado y ya me apartas de tu lado? Ahhhh y dicen que el mar es una amante cruel.- Niega con la cabeza al tiempo que se pone tras la capitana. Aparta su pelirroja cabellera con una mano para susurrar a su oido.- Como siempre, dependerá del trabajo y el precio acordado.

Por supuesto, si ella no le ofrecía algo de interés no tardaría en iniciar su propia caza de tesoros. Puede que el mar gobierne el mundo, pero el dinero siempre invita a un florecimiento del arte, lo que significaba que esos nuevos ricos, esa advenediza nueva nobleza tendrían sus fincas y palazzos repletitos de obras de arte esperando a ser rescatados y llevados a la vieja casa del vampiro.

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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Jue Ago 13, 2015 12:57 am


una entrada discreta
Con Petrucio Farnese



La palabras de Petrucio hicieron que toda idea que le rondara a la Capitana por la cabeza desaparecieran de su mente, al menos hasta que llegase el momento oportuno de tratarlo, que precisamente, no iba a ser ese. Para colmo, el vampiro se acercó a ella y colocó a su espalda. Graso error. Aunque interesante. Algo le decía a la pelirroja que esa noche no iban a hablar de negocios, o no en exclusividad.

-¿La mar un amante cruel? ¿A caso me consideras como tal...Sr. Farnese?-

Musitó; suave, elegante, tierno, y femenino resultó su tono, como si de un comentario inocente se tratase. Ni mucho menos lo parecía, ni por sus gestos ni por la situación. El marchante de arte ya se había encargado que esa maldita situación tuviera un ligero toque candente, justo en el momento en el que la tocó, aunque fuera su melena para retirala a un lado y susurrarle al oído "Como siempre, dependerá del trabajo y del precio acordado".

Tono viril el del varón, en su oído un susurro, solo perceptible para ella, quizás. Con él, cerró los ojos para deleitarse con él y como consecuencias: un suspiro, un mordisco con su colmillo y unas gotas de sangre recorriendo la comisura de sus labios, bajando por su barbilla lentamente hasta la punta. Al abrir los ojos, sus orbes celestes cristalinas habían desaparecido, tornándose en un rojo carmesí, ardiente e intenso.

-Tranquilo, querido, sabes que siempre te pago como mereces...Y mis trabajos siempre son...llamativos. ¿Te gusta el riesgo y jugar con fuego, no?...-

Hizo una pausa; la justa para terminar su copa de whisky de un trago, dejar el vaso vacío sobre la cornisa del ventanal y girarse hacia el vampiro, quedando frente a frente, mientras que limpiaba la gata de sangre que se precipitaba al vacío con su pulgar, mirándolo fijamente a los ojos, mostrando su lado vampírico en pleno apogeo. Posteriormente, finalizó, esperando la reacción y contestación.

-...Petrucio, tengo el trabajo perfecto para ti. Yo.-





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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Petrucio Farnese el Lun Ago 17, 2015 11:52 pm

Madre de la noche, ¿Por que tenía la sensación de que esto iba a pasar? Petrucio recorrió a la dama de los mares de arriba a abajo. Ahh si. Ya me acuerdo...

Debía decir algo. Debía hacer algo. Por algún motivo, (la falta de sangre, el horriblemente largo y tedioso viaje en alta mar, o la vampira que tenía enfrente) estaba prácticamente en blanco. Justo cuando una idea se le venía a la mente, ella lo zanjó todo. Su tono, la cercanía, el ambiente ya bastaban para casi no poder resistirse, pero entonces el extasiante olor llenó por completo las fosas del vampiro.

Petrucio, tengo el trabajo perfecto para ti. Yo.

Él relajó el semblante, sonriendo de lado, cerrando los ojos un breve sengundo. La mano que sostenía la copa la dejó caer al suelo. Abrió los ojos, la pupila totalmente coloreada de bronce enrojecito enmarcado en negrura. El baso se precipitaba al suelo, cuando el pié de él se movió lo justo para interceptarlo. El más vetusto colocó las manos a ambos lados del rostro de la pelirroja y se aproximó aun más a ella. Un golpecito de empeine hizo deslizarse el vaso suavemente hasta la pared, donde quedó quieto. Entonces, y solo entonces, Petrucio se pegó a Victoria, besándola salvajemente.

Notaba el frío tacto de sus labios, contrastando con la tibieza de la sangre, amenazando con hacer brotar los colmillos del vampiro. Su pelo, largo y sedoso, enredándose en sus manos con el tacto de la seda, el horrible y salobre aroma del mar, borrado por la fragancia de la vampiresa. ¡Y la sangre! Que diferencia con la mortal.

Como vampiro antiguo, conocía sobradamente el rojo elixir de la vida. Demasiadas mujeres como para contarlas, todas con un sabor diferente, con sutiles diferencias que como sibarita, él se apreciaba de diferenciar. Pero la gran diferencia entre la sangre mortal y la vampira es demasiado abismal como para que nadie no se de cuenta. Mientras que un mortal genera su propia sangre, los vampiros la extraen de otros seres, por lo que la sangre vampírica es un potente cóctel de sabores, el equivalente a un combinado especialmente cargado y aderezado con ambrosía. Y el de Victoria, pese a ser un sabor conocido, siempre era delicioso, alegre, vigorizante.

Petruccio, aprovechando una corta pausa en el beso, se mordió la lengua con un colmillo, haciendo brotar una pequeña cantidad de su propia sangre para proseguir el beso con la bucanera.

Ahhh civilización, decadente, y deliciosa civilización...

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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Mar Ago 18, 2015 7:57 pm


Una entrada discreta
Con Petrucio Farnese



Todo pasó en cuestión de segundos, y eso era mucho decir. El vaso voló, precipitándose al vacío, cayendo y siendo colocado por el mismo Pretucio. Éste y sus manos se posaron sobre el rostro de Victoria, aprisionándola después en un beso salvaje, pasional, devorador. Al sentir tal respuesta ante las proposiciones insinuantes de la pelirroja, ésta sin remordimiento alguno, dejó que el vampiro se acomodase sobre y entre su cuerpo, mientras que esta los apoya contra la marquesina del ventanal. Las manos de Victoria recorrieron la espalda ajena, marcando su trayectoria con las uñas sobre la ropa, dibujando el par de alas que pronto harían volar a Petrucio al cielo...O quizás el infierno sea mejor hogar.

Se apoyó en la marquesina con las mano, dejando que perdurara aquel beso traicionero, hasta que la pelirroja aferró las manos que descansaban sobre su rostro para descenderlas hasta sus costados, acariciándolos, sintiendo ese frío tacto que podía traspasar sus ropas, su corsé, su piel, su alma...Hasta posarlas sobre sus caderas. Por contra, sus brazos rodearon el cuello ajeno perdurando ese intercambio de sangres enmascarado por el beso, abrazándolo así pegando sus cuerpos al milímetro. "Querido amigo...No has cambiado, sigues cayendo en lo mismo." Pensó para sí misma, mientras se deleitaba con su calor y su sangre. Cierto...Su sangre la estaba llamando de manera pasional...Agresiva...Peligrosa. Hacía mucho tiempo que no probaba bocado de ese calibre, de un vampiro. Demasiado tiempo, por lo que no iba a desperdiciar la ocasión.

-Con "YO" me refería a que soy tu fuente de ingresos, Petrucio...Pero este trabajo ni está, ni lo haces nada mal...- Comentó conforme la pelirroja rompió el beso, susurrándoselo en el oído, el cual atacó con sus labios a la par que deshacía las ataduras de su camisa, de grato tacto; pena que no durara mucho su exhibición. Una vez terminado, la Donna se deslizó al cuello de Petrucio, que, tras lamerlo con descaro, lo mordió. Clavó sus colmillos y bebió de su sangre, su sed de sangre la llamaba y el alimentarse de esa vena, se estaba volviendo irresistible, tanto así que pecó.

En la situación en la que se encontraban Victoria y Petrucio, sus sentidos estaban descontrolados y prácticamente, a la merced del varón. Las cartas estaban echadas, ya estaban en sus manos jugarlas de manera cauta y indecentes. ¡Ay, Petrucio! ¿Qué harás con tu nuevo "trabajo"?





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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Petrucio Farnese el Jue Ago 20, 2015 12:55 am

El vampiro más vetusto dejó escapar un suspiro de placer cuando notó los colmillos de la vampira por su piel. Demonios hacía décadas de que no hacía esto. Su viaje se le había echo largo, tedioso y tremendamente apestoso, literal y figuradamente. Si hubiera sido cualquier otro cliente, le habría mandado a tomar viento fresco, pero la pelirroja siempre había sido una constante en su trabajo y no veía nada malo en que eso prosiguiera, además sus trabajos, extracurriculares siempre eran un placer.

-Cuidado, loba de mar, o me vas a dejar seco.- Susurró, apartándola con suavidad de su cuello. Lo cierto es que si que estaba bastante bajo de sangre, pero fíjate por donde, tenía una deliciosa donante que parecía bastante predispuesta a hacer una donación. El noble aferró el cordel del corsé y se deshizo de él de un tirón, dejando un lateral abierto de par en par. Con una mano suave, apartó el cuero dejando al descubierto la piel bajo el. Suave, tersa, con alguna cicatriz, pero por lo demás perfecta.

Petrucio bajó el rostro hasta colocarse a la altura del busto de la mujer, donde, decidió dejarse de finuras, aferró la camisa y la abrió de golpe, haciendo saltar los botones, o rasgándola, la verdad es que no estaba muy seguro, y tampoco es que le importase mucho.- Tranquila, te compraré otra.- Musitó con diversión al dejar a la vista los senos de la mujer, contemplándolos un brevísimo instante antes de abrir la boca de par en par y llevarse uno a la boca, lamiendo el erecto pezón con la lengua antes de clavar los colmillos sobre el pecho y lamer ávido la sangre que brotaba de las pequeñas perforaciones.

La asió de la cintura brevemente, colocándola en la marquesina, al borde de la caída y el mar de abajo. Siempre había sido así, su relación era mezcla de deseo, peligro y amistad. por mucho que lo pregonaran, no eran simples cliente y comerciante, eran buenos amigos.

-Siempre es bueno recibir un elogio, madonna.- Contestó cuando se aprtó de ella, relamiéndose la brillante sangre carmesí de los labios. Un fino hilo le había bajado al mentón. Con un gesto rápido, él se deshizo de su propia camisa que voló por la habitación hasta caer encima de su estuche. Lo que le trajo a la memoria, cierto paquete especial que había obtenido- En realidad, tengo otra cosa para ti, Victoria, un regalo... Si estás dispuesta a usarlo, claro.

Un brillo de malvada diversión cruzó el semblante del vetusto vampiro. ¿Se atrevería a dejarse llevar? La mujer que él conoció jamás se negaría ante un reto tan descarado.

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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Dom Oct 11, 2015 10:18 pm


Una entrada discreta
Con Petrucio Farnese



"Ah, dulce manjar de gracia era la sangre de un vampiro, y máxime si viene de un veterano."

Fueron los pensamiento de Victoria mientras que sus afilados colmillos permanecían en el cuello de Petrucio, apaciguando su sed de sangre tras la excitación producida por el mismo con ese repentino asalto a sus labios como consecuencia. Poco duró, para su gusto, pues el varón la apartó despacio. Clavó sus orbes ahora rojizas en las ajenas, relamiendo sus labios, sin apartar la vista de su nueva cercanía.

Antes de darse cuenta, su torso desnudo, la camisa rota siendo una de sus favoritas y el vampiro aferrándose a sus pechos, lamiendo uno de sus pezones y mordiendo el pecho respectivo, provocando en la mujer un suave quejido mezcla de placer y dolor. Ese maldito estaba bebiendo de su pecho como si de una crío de tratase, siendo amamantado por su madre, a la par que a sentaba en la marquesina del ventanal. La pelirroja se dejó hacer, total, habría que ser una imbécil al negarse a lo acontecido. Ella no lo era. Y que dejara que Petrucio se alimentara de ella era un acto, por su parte, de declaración de confianza y cierto deseo.

Victoria se acomodó en el cristal, acariciando la cabeza del varón con cierta ternura, pegándolo a ella aumentando la presión entre ambos hasta el momento en el que se separaron. La pelirroja era una clara visualización de lo que significaba la excitación entre vampiros: Sus ojos más rojos que nuca, sus labios y mejillas ligeramente sonrojadas, aun pareciendo más de lo que era por el contraste de su tez pálida, la respiración acelerada...

"En realidad, tengo otra cosa para ti, Victoria, un regalo... Si estás dispuesta a usarlo, claro."

Al ver como desnudó su torso, en su rostro apareció una sonrisa ladeada y  una mirada desafiante, de cazadora. Conociéndolo, que lo hacía, sería un presente para Victoria, pero para el disfrute de ambos y por supuesto que estaría en lo cierto. Sin gesticular palabra, Victoria se deshizo de sus botas de tacón y sus pantalones, quedando así vestida con su ropa interior y la blusa blanca que cubría únicamente sobre su piel, no obstante había cubierto sus pechos con la prenda, dejando ver únicamente su canalillo y la mitad de sus pechos correspondiente de manera insinuosa. Anteriormente llevaba su pelirroja melena recogida en una larga trenza; ahora ya no. Lo soltó y alborotó lo justo para sentirse libre.

-Cómo me conoces...Petrucio, querido,y...¿A qué esperas para dármelo?-

Susurró con cierto tono al hablar que seguramente Petrucio estaba más que acostumbrado a reconocer. La pelirroja descencidió de un salto para quedar de pie, y contonearse despacio hasta la posición del vampiro, quedando a escasos cms de él. Miró su torso y lo recorrió con dos dedos como si caminasen por él, hasta llegar a su cuello. Lo acarició siguiéndolos con la mirada, para alzarse de puntillas lo justo que necesitaba para aterrizar en su mentón, lamiéndolo juguetona recogiendo el hilo de sangre que a éste le quedaba. Como final, invadió la boca ajena con su lengua, devolviéndole el beso que antes éste le había robado.

-Esta noche quiero todo lo que puedas y quieras darme, Petru, y lo sabes. Así que, no te hagas el remolón, sabes cómo soy...¿o no? Adelante, sorpéndeme.-

Dijo lo dicho sobre los labios del vampiro, para girarse y empujarle ligeramente para que fuera por su "regalo" tras haber rozado su trasero con su entrepierna, culpable del empujón. Sonrió con picardía y acudió contoneándose hacia su escritorio, sobre el que se sentó cruzando las piernas, a la espera. ¿Qué clase de sorpresa le daría esta vez su "amigo"?

O mejor dicho...
Amante.





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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Petrucio Farnese el Dom Oct 11, 2015 11:48 pm

Y ahí estaba, en un barco otra vez, sufriendo el mareo de las olas. Por suerte, la falta de sangre era muy compensada con la beldad que jugueteaba con su barbilla, insinuante, no. Insinuante era decir poco. Si hay un apelativo que se le debía aplicar a la vampira pelirroja con la que compartía la habitación era irresistible.

Victoria, en paños menores, pero que muy menores, con esa deliciosa gota de sangre en la comisura de los labios, con la melena suelta, los pezones, traviesos a duras penas ocultos bajo la blusa, la mezcla entre su almizcle propio y el del mar que entraba por la puerta entreabierta, su trasero respingón frotándose contra la entrepierna, su voz sugerente como la caricia de una amante envuelta en satén y seda.

-¿Dártelo?- Respondí aproximándome hasta ella, poniendo una mano a cada lado de su cuerpo, apoyadas sobre la mesa, mirándola a los ojos, rojos como el elixir de la vida, a buen seguro tanto como los míos.- Tengo toda la noche para dártelo, Vic.

Notaba la brisa marina, recorriendo la espalda, depositando pequeñas cantidades de sal sobre la herida del cuello, haciendo un suave picor que armonizaba perfectamente con el placer que sentía. Puso ambas manos sobre los tobillos de Victoria, alzándolos suavemente hasta ponerlos sobre sus hombros, entreabiendo ligeramente sus piernas y haciendo que la vampira se reclinara poco a poco, hasta quedar tumbada sobre la mesa.

-Espero que hayas cerrado la puerta con llave, madonna.-Sonrió divertido- Mataría al que nos interrumpiese este delicioso momento.

Las manos de Petruccio acariciaron suavemente los gemelos ajenos, pasándolos suavemente con la punta de los dedos. El estaba listo. Con una mano, se deshizo del cinto, que dejó sobre la mesa, al lado de ella. Los pantalones cayeron al suelo segundos después, revelando la ausencia de ropa interior, y el miembro listo y preparado para la larga noche que les deparaba el camarote. Sólo esperaba que los muebles aguantasen las actividades que tenía previstas.

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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Lun Oct 12, 2015 5:51 pm


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Ah, la confianza. Dota de ciertas situaciones privilegiadas que a otros muchos les gustaría poder aspirar. No obstante, también puede crear ciertas circunstancias consecuentes menos agradecidas. En este caso, lo segundo no iba a tener cabida. Petrucio estaba reaccionando tal y como Victoria tenía en mente, se nota que los años no habían pasado en balde y que la voz de la experiencia asomaba por sus poros.

Ahí estaban, con la brisa marina de acompañante, ella tumbada sobre su escritorio y cartas de navegación, y con el vampiro sobre ella. Se recostó como él incitó, dejando a la pelirroja cada vez más descubierta. Las carias por sus gemelos erizaron su piel y ella se arqueó ligeramente, suspirando, dejando ver que estaba lista, o quizás no...

Clavó los ojos rojos en los ajenos, tumbada, mordiendo la punta de su pulgar diestro, a la para que deslizaba las piernas por sus hombros, acercándola a ella, a la distancia justa para incorporarse y hacer el amago de besarlo. Pero no fue así. Mordió el labio inferior de Petrucio con sensualidad, se volvió a recostar y aprovechó para acariciarlo ligeramente con sus pies, posarlos en su pecho y apartarlo de ella, haciéndolo sentar en una de las butacas. La donna se levantó despacio, como si contonease su cuerpo en un baile acompañado por el sonido de las olas. Jugaba con su pelo, con la blusa que la cubría, con miradas malintencionadas y pecaminosas; se puso a su espalda, acariciando su torso con los dedos, para deslizarse hasta que sus labios toparon con su oído, en el que susurró...

-No tengas prisa...La noche es larga. Un segundo, solo pido eso, para aislarnos del mundo.-

Y cumplió, porque en un segundo había cerrado puertas y ventanas a cal y canto, impidiendo que nadie entrara o saliera de esa habitación. Volvió con él, rápida y veloz, quedando frente a él con mirada insinuante mientras que se desprendia de su ropa interior, ante su fija mirada. Para que antes de que Petrucio se diese cuenta, Victoria estaba sentada a horcajadas sobre su regazo, rozando su intimidad con su miembro más que viril. Sonriendo ligeramente y con mirada dominante, tomó el extremo de la blusa que la cubría y se deshizo de ella, mostrando su busto de nuevo, con un hilo de sangre coagulada justo donde el vampiro la mordió. La prenda quedó a un lado de ellos, en las tablas de madera del suelo, quedando su cuerpo visible cual lienzo impoluto antes de ser pintado.

Puso sus manos sobre el pecho ajeno, lamió su cuello y subió a su oído. Dictaminó.

-Ahora sí...Juguemos...-





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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Petrucio Farnese el Miér Dic 23, 2015 11:23 pm

Acarició con sus dedos, suaves como el roce de una pluma el vientre descubierto de la capitana, acariciando cada matiz de piel pálida con olor a mar. Los ojos oscurecidos de color de la sangre oscura, de un tono mas apagado, la acuciante necesidad de alimentarse había cedido a los placeres de la carne mortal, satisfecha parte de su oscura hambre, Petruccio buscaba ahora saciar otro tipo de apetito.

El miembro erecto, rozaba el sexo de la vampira, como una roca desafiante al mar embravecido, ansiando el momento en que la marea sube y anega la roca dentro de su acuático abrazo. Hacía tiempo que el vampiro mas vetusto ansiaba poseer a una mujer. Durante su viaje había echo sus respectivas escalas, Rodas, Sicilia... Apenas lo bastante como satisfacer sus necesidades mas urgentes y proseguir su camino. Petruccio buscaba una mujer que pudiera satisfacerlo plenamente. Y Victoria jamás decepcionaba.

Finalmente, considerando que la paciencia y los preparativos se habían cumplido, Petruccio sonrió, dejando a la vista una dentadura prominente, lejos de la brutal máscara que mostraría en un arrebato, pero lo bastante grande como para dejar claro que su cuerpo deseaba acción. Las manos descendieron por las caderas hasta aferrar el trasero de la vampira, alzándola durante unos segundos.

- Ahhh te echaba de menos, madonna.- Suspiro el vampiro, con la espalda recta a escasos centímetros de la pirata, antes de morderse el labio en el instante en que bajaba lentamente el cuerpo de Victoria sobre su erección, penetrándola hasta que el miembro estuvo dentro de ella por completo.- Tu regalo... Te lo daré mas tarde... Cuando lo necesites...

La estrechez de la capitana rodeo el miembro del vampiro con fuerza, que ensanchó la sonrisa apenas un poco más antes de comenzar a penetrarla, hincando su miembro dentro de ella en repetidas embestidas, rítmicas, hondo, mas hondo a cada envite.

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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Jue Dic 24, 2015 1:25 am


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   ¡Ay! Cuánto había echado de menos aquella endemoniada sonrisa  pecaminosa del vampiro. Sí, se veían poco, por sus asuntos de negocios, no obstante, cuando se encontraban, aprovechaban cada instante el uno del otro, fue el tipo de encuentro que fuera. Y el de esa ocasión, era del tipo que disfrutaban ambos hasta la saciedad. La cosa había empezado bien, pero ahora, el ambiente se había caldeado lo suficiente como para que la diferencia de temperatura de la estancia con la exterior quedara semi marcada en la cristalería de los ventanales.


   Mientras tanto, Victoria disfrutaba de todas y cada una de las caricias frías del vampiro sobre su piel; su vientre, sus caderas y finalmente su trasero. ¡Por todos los diablos! Ese gañán sabía como aferrarse con fuerza. La hizo suspirar gratamente encendida en el momento en la que la alzó, pues sabía lo que acontecía. Acarició sus brazos hasta su cuello, el que rodeó con picardía, relamiéndose los labios con insinuante lentitud, embriagándose de la mirada amenazante de Petrucio. Sabía perfectamente que esa noche sería movidita, y con gusto lo aceptaría.


   Con sus tiernas palabras de extrañeza soltó el primer jadeo, prácticamente sobre los labios ajenos, los cuales no llegó a besar. Prefería ver cómo se los mordía, provocando que su cuerpo reaccionara y excitase sin remedio, provocando en ella el deseo de hacerlo suyo. Poco tardó, pero fue él quien dio la estocada que provocó un suave grito de placer. Victoria arqueó la espalda con elegancia y sensualidad; con la primera estocada la sucedió otra, otra, y otra. El ritmo estaba marcado y las caderas de la pelirroja comenzaron a moverse en el contrario, volviendolo un poco más agresivo si cabía.


   —¿Mi regalo? Tengo uno justo aquí, otro sobre la mesa y otro que aun no me lo has dado...¿Qué quieres de mí? Dámelo cuando gustes...— Susurró tras haberse incorporado, entre jadeos, apoyando su frente con la del varón clavando sus dos rubíes que tenía por ojos en los de Petrucio. —...Mientras disfrutaré de ti.— Sentenció. Bajó su rostro, mordió uno de sus labios, y bebió su sangre mientras devorada su boca en un feroz beso.


   El ritmo de ambos no cedió, embestidas mutuas; un beso apasionado y añorado, el éxtasis de alimentarse de un ser de su raza después de tanto tiempo. Los planes que tenía con Petrucio, su buen y viejo amigo, se habían ido al mismísimo abismo; pero lo sucedido, era mejor. ¡Al cuerno los planes! Pensaba disfrutar de esa noche, de Petrucio y del pecado carnal. Acababa de darle carta blanca.


   —Te toca mover los hilos, mi Titiritero...






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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Petrucio Farnese el Jue Dic 24, 2015 1:58 am

Con la edad un vampiro aprende algo imprescindible para vivir: Mesura. Sin mesura, un vampiro no tardará en convertirse en un lindo monton de cenizas, en una atiborrada y aletargada bolsa de sangre andante o en un carnicero sin medida. El hambre nunca cesa y solo crece y crece.

En este tipo de situaciones, con otro tipo de compañía, Petruccio habría tumbado a la mujer, habría embestido hasta quedar satisfecho, indiferente del gozo o el dolor de su contraparte y una vez satisfecho, devoraría la sangre y esencia de la misma mujer, como si de una mantis religiosa fuera, haría desaparecer a su pareja. No por malicia ni desapego. Simplemente habría cumplido su utilidad y el vampiro no desea mas molestias.

Pero la madonna, obviamente no es cualquiera. Requiere cierto trato especial. Mas especialmente el obviar la segunda parte del acto. Sería contraproducente matarla. Además de que obviamente está el riesgo implícito del combate, los marineros hostiles, un barco cargado de pólvora y un conjunto de productos explosivos en mi maletín.

Las manos abandonaron el trasero de Victoria, quien muy gentilmente contribuía al acto con sus caderas, y se alzaron por el cuerpo de la pirata, apartando un mechón pelirrojo del pecho, para luego aferrar el seno, no como si de un saco se tratase, sino como las manos que acarician las curvas de una estatua. Esa delicadeza, contrastaba con la violencia de las embestidas, que crecían en velocidad y fuerza.

-Cuando el tiempo llegue lo tendrás, madonna. Aun tengo que prepararte para ello.- Susurró él, entre mordiscos y besos, intercambiando saliva y sangre a partes iguales. Le excitaba este juego. Estar con Victoria siempre era una experiencia refrescante y peligrosa, pues la pirata no acostumbraba a estar lejos de la acción.- ¿O acaso no te fías de mi criterio?

Apenas pronunció las palabras, hincó su boca a la clavícula de Victoria, tomando obscenamente un trago de su sabia vital, cerrando la herida con la lengua, recreándose con el sabor de su piel.

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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Dom Ene 03, 2016 3:35 pm


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    Embestida tras embestida, la temperatura corporal de la pelirroja aumentaba, o eso parecía, pues su piel témpana mantenía la misma calidez que antes; ninguna. Si a caso, podría llegar asemejarte a el frialdad de un humano antes de morir. Lástima, los contras de ser un vampiro eran pocas, pero esa, era uno de ellos. No obstante, eso no era un problema, ni mucho menos, el placer se disfrutaba igual o mayormente que un simple humano, máxime si la compañía era inmortal también. Más, si era él. Petrucio sería un desgraciado, pero era suyo, y eso le encantaba, al igual que sus encuentros.


    Victoria acompañaba de contra al movimiento del varón, disfrutando de cada uno de ellos. Disfrutando de sus besos. Sus caricias por su pecho; esa ternura es la que lo hacía único, especial, sabía combinar sus actos a la perfección. Su sangre; la enloquecía. El beberla la hacía querer más, y más, y más. Sin embargo, siempre había un duelo interno, duelo de titanes en busca de la sangre del otro. —¿Prepararme? ¿Qué me has traído, Petrucio?— Jadeó. Respondió entre una sucesión de ellos, mientras que él hablaba, relamiendo sus labios y fijando sus ojos en el varón.


    —Sabes perfectamente que nunca me he fiado de ti. Es mutuo, lo sé...Pero es lo que nos atrae y une, así...¿o no?— Cuestionó y antes siquiera de obtener respuesta, su sangre fue succionada de nuevo, de su clavícula, con un gemido como respuesta. La cabeza de la pelirroja cayó hacia atrás, entre suspiros de placer. Aquel maldito condenado iba a conseguir que llegase al éxtasis antes siquiera de disfrutarlo como quisiera. Sus uñas se pasearon sobre su piel, clavándoseles por los hombros y brazos,  marcando una trayectoria sangrienta.


    Con una de las embestidas, la cogió de imprevisto y la capitana cayó sobre el cuerpo ajeno, al que se abrazó, rozando su pecho con el ajeno. Las manos de Petrucio las aplastó  entre ambos, y los labios de Victoria acabaron susurrando sobre su oído... —Vamos, Petru...Dámelo ya...




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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Petrucio Farnese el Mar Ene 05, 2016 6:13 pm

El barco se mecía suavemente por el oleaje, pero la cama del cuarto de la capitana se mecía con otro ritmo, mas frenético que los embistes de las olas. Notaba el climax cercano, pero como todo en la vida del vetusto vampiro, lo mejor era saborear los matices, retrasar la llegada todo lo posible para apreciar el instante de culminación.

Los movimientos cadenciosos, armonizados por la práctica contrastaban, él comedido y violento. Ella ardiente y tentadora. Los embites se sucedían, las manos pasaron del busto a su rostro a ambos lados de la cara, grabando esa imagen, la de Victoria entre suspiros de placer, los ojos entrecerrados, la boca entreabierta, la melena suelta, como fuego vivo...

Ignoró sus preguntas, centrado en el asunto entre manos hasta que finalmente ambos terminaron, ella sobre su cuerpo y el con la mirada fija en ella. Con la mano sobre su espalda, haciendo círculos sobre el omóplato desnudo, apartando mechones de fuego mientras los dedos se abrían paso por ese mar de marmol blanco, frío, delicioso. Notó como los colmillos pujaban por salir de nuevo, pero se contuvo. Debía encontrar alimento mas mortal, uno del que poder beber en cantidad, ajeno a un sabor vulgar.

-Si, supongo que es un momento adecuado.- El vampiro entrecerró los ojos, que se habían tornado del color del latón fundido. -Akular-alan Suh Tagolann Jistrathar- La habitación estaba en penumbra, pero el vampiro buscaba oscuridad total, a su visión, un lugar resultó ideal, como lo fué el día en que le enseñó el mismo truco a Victoria, hace ya tantos años. Hundió la mano en la negrura que se formaba entre el pelo de la capitana tras la oreja izquierda y palpó la caja que guardaba dentro de su estuche de chelo, perfectamente sellado. Se llevó el frasco de color amarillo asimismo.- Madonna, tienes algo tras la oreja...

Con ese susurro extraje la caja. Una caja del tamaño de una palma de mano extendida de madera que deposité al alcance de la vampira. Luego destapé el frasco y di un sorbo al pútrido líquido de dentro. La amargura de la mezcla le quemó la garganta, pero era el precio por usar los pasillos de sombras. Dejé el frasco en el suelo y abrí la tapa de la caja.

La caja:

Dentro un cilindro de cobre empezó a dar vueltas, revelando una sencilla canción de mar.Finalmente apoyé la cabeza y dejé escapar una sonrisa queda, esperando a ver la opinión de Victoria.

La canción:

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Re: Una entrada discreta. [Priv con Victoria S. Blueflame]

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Miér Ene 13, 2016 10:10 pm


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     Como se suele decir, "Todo lo bueno llega a su fin" y, por desgracia sus pecados carnales, también. El éxtasis la colmó de placer en el momento en el que Petrucio dio las últimas embestidas. Una ola de calor dulce la consumió, provocando que la vampira se estremeciese curando ligeramente su espalda. Agarró las manos del varón, las que sujetaban su rostro y con un conciso grito de placer, se dio por concluido el reencuentro.


     Victoria, exhausta, dejó caer su cuerpo sobre el pecho del vampiro. Era buen lugar donde reposar unos instantes para recobrar el aliento. No lo había dejado de mirar un segundo hasta que al sentir piel con piel, suspiró cerrando sus párpados. Alzó el rostro y quedó a la distancia justa para quedar de frente, penetrándolo con la mirada, mientras se mordía el labio inferior.

"Madonna, tienes algo tras la oreja...."

La fémina quedó suspendida sobre Petrucio, apoyada sobre sus brazos, a cada lado del cuerpo pecaminoso mientras que observaba cómo de sus cabellos, alborotados por el encuentro, salía un frasquito de; prefería no saberlo. Por la cara que puso el varón no debía saber dulce y agradable. De pronto, algo más apareció; pequeño, de madera y llamativo a los ojos de Victoria, ¿acaso...? Lo tomó con la mano, para incorporarse  y quedar sentada de nuevo sobre Petrucio; olvidando que aun seguía dentro de ella, quedando atónita ante la melodía que escuchó conforme el vampiro abrió la tapa.


     — Petru...¿Cómo...? — Se quitó de encima para quedar esta vez tumbada junto a él, acoplada cual felino mimoso, con su cabeza sobre el hombro de él, la mano acariciando su torso, donde dejó reposar la encantadora cajita de música. Los ojos de Victoria no se apartaban de ella, hasta que la melodía acabó. En ese instante... — Me encanta. Te agradezco el regalo. Lo guardaré y escucharé cada vez que no estés a mi lado, Petru. Eres mi favorito.— Susurró mientras se alzaba y quedaba nuevamente sobre su amante, siendo esta vez ella la que guardara su rostro entre sus manos y le regalara el beso más tierno y apasionado que le había dado a nadie a lo largo de su longeva vida.


     Al retirarse, se sentó en la cama, de la cual deslizó las sábanas, pícara, y rodeó su cuerpo con ellas, dejando al vampiro desnudo. Las dejó caer al suelo después, y caminar con una sonrisa canalla y un contoneo de caderas hasta el estuche de Petrucio, tocándolo, acariciándolo como si lo hiciera a su dueño mientras que observaba las reacciones ajenas; una actitud provocadora, contrarias a las palabras inocentes que salieron de sus labios. — ¿Cómo sonaría esa melodía tocada por ti, Petru? Me encantas cuando tus manos me tocan...el Chelo que portas contigo. ¿Dónde has conseguido la caja?


     Victoria se acercó a su diván, tras guiñarle un ojo a su invitado; a contraluz, su figura curvada se dibujaba sobre él y quedó cubierta con una bata de seda azulada, como el brillo de sus ojos cada vez que miraba hacia la cama y veía una mezcla perfecta de ella: el placer del pecado, como era Petrucio y la devoción infantil del recuerdo antaño con la música, con la caja.


Hoy sí puedo decir que estoy satisfecha. O casi...





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