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No es un placer volver a verte. [Privado Angelika]

Mensaje por Invitado el Jue Feb 19, 2015 1:33 am


No dejes que me duerma,Alfred.Sé que esta vez él aparecerá...

Si Alfred dijese que no estaba preocupado por su señor mentiría. La retahíla de cada noche había dado comienzo horas atrás en la enorme habitación del vampiro,sumida en una oscuridad álgida que apenas era profanada por el tímido halo de las velas y lámparas de aceite.El lánguido pelirrojo aguardaba sentado en un enorme sillón barroco frente a los enormes ventanales,agotado y desvalido,a por todos aquellos brebajes que el inglés le preparaba con esmero.Su rostro pendía sobre la amplia palma de su diestra que ocultaba su expresión enfermiza,donde las suaves ojeras decoraban sus ojos sombríos y apagados.El largo y denso cabello escarlata ayudaba a mantener su rostro oculto,cayendo en cascadas de fuego a través de la amplia camisa blanca y vaporosa,apenas dejando entrever la amplitud de una parte de su pecho desnudo que subía y bajaba con pesadez,ligeramente agitado ante el agobio que presentaba.
Anteriormente se había desplomado contra la pared conforme caminaba dirección a sus aposentos,desorientado y sintiendo los crudos efectos del sueño.Había sido Sullivan,el enorme africano quien había acudido corriendo a socorrerlo y a ayudarlo a sostenerse.Él era el único que,por el mismo tamaño que el pelirrojo y su corpulencia podría sostenerlo en brazos; así , ahora la expresión del moreno frente a él era inquieta,y su ceño fruncido reflejaba lo turbado que tanto él como el inglés se sentían.— No dejéis de hablar,el silencio tan solo empeora todo...—Murmuró con voz ronca y desabrida el pelirrojo,masajeándose las sienes despacio e incesante.Inspiró profundamente,apretando los labios en una fina línea al sentir que el agotamiento le pesaba y se iba cerniendo implacable.Sus párpados no respondían a su  propio mandato y un enfático escalofrío lo carcomía por dentro,augurando lo que prontamente se apoderaría de su cuerpo y su mente.— Master...no hay nada que podamos hacer.Las infusiones que Alfred os prepara traen el efecto rebote.—La voz de Sullivan,bronca y profunda era matizada por la preocupación y la seriedad.—Debéis descansar señor...no podéis retener siempre a Loyce tratando de manteneros despierto.En algún momento caeréis,y ese momento ha llegado.

Ludwig sabía bien que el africano tenía razón.Con todo,el inglés a su lado no se rendía en su intento de mantenerlo despierto,pues trajo otra de sus bebidas estimulantes para ofrecérsela a su señor,no obstante Sullivan lo detuvo,estirando su musculoso brazo para cortarle el camino.Sus ojos ahumados incidieron en el inglés con gravedad ; todo estaba perdido esa noche,y hasta el propio Fa-Tang ya sabía lo que se esperaba.Anteriormente el pelirrojo le había dado orden de proteger y alejar a Angelika de la zona y no había tardado en seguir a la joven áurea de cerca y con suma discreción.Si bien todos en el hotel trabajaban con normalidad y seguían su rutina, ignorantes del hecho que se acontecía arriba eran plenamente conscientes del estado anímico del vampiro,y el leve aviso lo habían captado.
Cuando Sullivan se dio la vuelta para mirar a su señor sobre el sillón su expresión se congeló en una tensión insostenible. Alfred pareció entender lo que había sucedido ; había caído finalmente dormido.— ...¿Master? Mast...— Las palabras se le atragantaron,puesto que no había lugar a dudas ; retrocedió,abriendo los ojos de par en par,lívido y paralizado ante el miedo que comenzaba a invadirlo.No,aquel pánico que comenzaba a apoderarse de él nada tenía que ver con el que sentía con Ludwig en sus cabales,con aquel hombre que lo castigaba y le gritaba cuando le sacaba de sus casillas pero que en el fondo lo cuidaba y lo amaba como si de su propio hijo se tratase.Aquello no era nada comparable a lo que verdaderamente sentía en momentos como los que ahora se acontecían.

La turbación de Sullivan,ahora sombrío,fue a más al observar el rostro apacible del pelirrojo al apartarle un mechón que estorbaba con extremo cuidado y cautela,su pausada respiración regular y el cambio de temperatura en su piel helada ; tragó saliva,entrecerrando los ojos con seriedad.— Avisa a todos Alfred,hace ya bastante tiempo que él no aparece,pero Master nunca avisa en vano.

No había pasado ni diez minutos en los que una turbada aglomeración de gente discutía y murmuraba en el pasillo de la primera planta; había comenzado la cuenta atrás.
  
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Re: No es un placer volver a verte. [Privado Angelika]

Mensaje por Invitado el Jue Feb 19, 2015 11:19 pm




I throw my hands to you and run away
It's so cold so dangerous that I can't stay

...

I run away from you
Into your dream I lose the one
That I was in when you told me
That I could never meet my friends...
Again.

     
     El único ruido que podía percibirse en la sala era el sonido de las desgastadas páginas de un libro pasar, una tras otra, sin pausa. Elise, la regordeta y adorable sirvienta de Angelika no dejaba de mirarle por el rabillo del ojo conforme bordaba un camisón blanco con pedrería; la rubia no había abierto la boca desde que le mandaron quedarse en esa habitación y no salir hasta que le dieran el permiso. Saltaba a la vista su molestia, por la forma en la que pasaba las páginas de aquel libro, por esa manera en la que suspiraba exasperada cada vez que terminaba el recorrido de folios, cerraba la gruesa tapa y volvía a empezar de nuevo el juego pesado.

Fa-Tang pasaba de vez en cuando por el pasillo, al otro lado de la puerta, vigilante y acechante a cada movimiento. Se encontraban en el piso de abajo, exactamente en la habitación de Elise; llevaban ahí encerradas durante horas. Se escuchaban los pasos de los demás en el techo, caminaban de un lado a otro como lo hacían todos los días, todo parecía tan normal y rutinario... lo parecía hasta que las voces cesaron para dar paso a los susurros... susurros que pronto se transformaron en un terrible silencio que se tornó casi espectral; las voces habían dejado de murmurar, e incluso el sonido de la madera que crujía con cada movimiento de aquellos que merodeaban por arriba se hizo mudo. El sonido de las páginas pasar también había cesado, pues Angelika se interrumpió para clavar la mirada en la puerta de la habitación con ojo avizor. Su cabeza giró levemente para dirigir la mirada hacia Elise, que miraba también hacia la entrada; sus ojos estaban totalmente abiertos, sumida en un silencioso estado de terror. ¿Angelika? Desconocía por completo lo que podría estar pasando ahí arriba, pues no quisieron mencionarle absolutamente nada al respecto. Sin embargo no era estúpida, y podía oler el miedo que acababa de impregnar todo el hotel en ese largo lapso de silencio aterrador. La madera de la cama donde ella se encontraba recostada crujió decrépita en cuanto esta se movió para bajar de ella con extremo cuidado; sus pies, pequeños y únicamente cubiertos por las blancas medias hasta los muslos ahora caminaban mecánicamente hacia la puerta. Extendió su brazo para alcanzar el pomo de esta y girarlo, pero ni tan siquiera sus finos dedos rozaron el metal cuando la súbita voz de Elise la interrumpió al momento.

¡Angelika! — exclamó casi sin aire; la mirada de la sirvienta se clavaba en la figura delicada de la joven, que ahora se giraba pausadamente hacia ella y dejaba escurrir su mano del pomo para dejarla caer desfallecida sobre su costado — Dímelo, Elise; dime qué es lo que está pasando ahí fuera — la voz de Angelika esta vez resultaba estricta y firme, al igual que su mirada. Los ojos de Elise brillaban temerosos, rojizos, parecían salirse de sus órbitas; la sirvienta negó varias veces con la cabeza y se levantó torpemente de la silla para, acobardada, ponerse a plegar unas sábanas con inquietud — Dime cómo pretendes que me enfrente de una forma sensata y prudente ante algo que desconozco y que salta a la vista que es arriesgado — sus pasos avanzaron pausados hacia la posición de la sirvienta, que le daba la espalda y no paraba de negar con la cabeza, nerviosa — Puedo sentir la tensión que se respira en cada rincón de este hotel... ¿no sabes la impotencia que siento? ¿verdad? No tienes ni idea lo que es vivir una situación así, en la que todos tiemblan por lo que se avecina y yo, maldita infeliz no sé qué es lo que se me va a venir encima..... ¡ELISE! — al ver que esta la estaba evitando y se negaba en redondo a contestarle, Angelika, en un ataque de angustia, la agarró del brazo y la obligó a girarse para que la mirara. Los ojos de la sirvienta, ahora totalmente rojos e hinchados se clavaron en sus orbes azules; su mirada temblaba, tanto o más que ella, presionó sus labios con fuerza, pues ella no diría absolutamente nada al respecto, ya que las órdenes que le dieron fueron totalmente estrictas.

Una vez más ese silencio desgarrador, las miradas de ambas se quedaron enfrentadas en una guerra fallida en la que ninguna de las dos terminaría ganando nada. Sin embargo aquello sólo provocaba coraje en Angelika, le hacía sentir la persona más estúpida y endeble que pudiera existir... pues bien sabemos que el miedo al peligro es diez mil veces más terrible que el propio peligro, un sufrimiento que produce la espera de un mal, y que mal...

La mudez fue rota por el grito de una mujer, procedía del piso de arriba, y fue un grito tan desgarrador que conseguiría helar la sangre a cualquier persona. La expresión de Angelika cambió por completo, ahora sus ojos transmitían una incertidumbre y alarma dignas de alguien que está a punto de perder la cabeza. Soltó el brazo de Elise súbitamente, no por huir, ni como muestra de flaqueza, sino para asestarle una bofetada del revés en la mejilla a la pobre sirvienta que, giró la cara e incluso se despeinó a causa del nervio con la que la joven rubia le había golpeado — ¿¡Dónde está Ludwig!? — la respiración de Angelika ahora agitada lograba que sus pechos subieran y bajaran rítimicamente; su voz, siempre tan suave y delicada como ella misma había cobrado un tono mucho más grave y rígido. Ya no sólo se trataba del miedo y la incertidumbre que se apoderaba de cada centímetro de su piel, sino que una extraña sensación de instinto le avisaba constantemente del peligro que estaba corriendo y la tormenta de sangre que estaba a punto de originarse. Para ella ya había pasado demasiado tiempo desde que no sentía la presencia de su Maestro... ahora sentía otro tipo de presencia, muy distinta, una tan violenta y poderosa que lograba ponerle los pelos de punta.

Ludwig no está aquí, Angelika... ese hombre no es él...

¿Quién es él?

Sólo espera... y reza.
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Re: No es un placer volver a verte. [Privado Angelika]

Mensaje por Invitado el Vie Feb 20, 2015 9:40 pm

03:30 am

Eran muchas las expresiones de auténtica aprensión las que matizaban los rostros de aquel grupo reunido en la primera planta sumida en las densas tinieblas.Alfred y Sullivan,en el centro de toda la muchedumbre anunciaban lo acontecido y los murmullos,los sobresaltos y las exclamaciones ahogadas protagonizaban la turbulenta escena.— No es seguro que Loyce aparezca. —Señaló uno,indispuesto a aceptar que aquella noche podrían estar en verdadero peligro— Hace meses que no toma el cuerpo de Master.Las veces que ha dormido se ha levantado lúcido,podría ser que realmente él ha desaparecido. —Una señora,asintiendo con rapidez intervino con su voz aguda e histérica,abriéndose paso— ¡Eso es cierto! No han habido más indicios de Loyce en el hotel ¿por qué justo ahora debería de haberlo?.
La disputa fue elevando el tono y enfatizando la idea de que Loyce,el enigmático y sanguinario Loyce,no haría acto de presencia aquella noche,y desde luego fue lo que a Sullivan le hubiese gustado creer de verdad.Cuando sus pupilas ahumadas se dirigieron por el rabillo del ojo hacia Alfred un extraño nudo desgarró su pecho ; la expresión del rubio era tan desazonada que no auguraba nada bueno.Si Alfred,el vampiro más optimista y jovial del hotel se hallaba de aquel humor algo no iba bien en absoluto—...Silencio. —Ordenó el enorme moreno.Sus escrutadores ojos grises se pasearon a través de cada rostro,de cada facción lívida que lo miraba con esperanza ; por un momento sintió pena y miedo por todos,por cada uno de ellos ; todos eran una familia.— Escuchad con atención,no hay que perder la calma.Debemos mantenernos todos unidos ¿de acuerdo? —su tono conciliador fue como un aliento cálido que suavizó muchas de las expresiones,no obstante otras se mantuvieron en una vigente tensión—Debemos desalojar a las personas del segundo,tercer y cuarto piso y reunirnos todos en la planta baja,en el salón principal. —Miró de unos a otros,con cruda seriedad—Cerraremos las puertas de acceso.Todos juntos podremos encararlo mejor en el caso de que se presente.Ahora bien...dividíos en varios grupos.—Sus ojos se entrecerraron y su tono bajó a un susurro bronco ante las siguientes palabras—Y tened mucho cuidado de ahora en adelante e id en silencio.No sabemos si aparecerá o no,pero más vale prevenir que curar.

Minutos transcurrieron desde aquella conversación donde todos comenzaron a dispersarse y a invadir el salón común de la planta baja,pero aquellos envalentonados que habían accedido a reclutar a los que aun no se habían enterado de la noticia fueron formando grupos de varios individuos y no tardaron en comenzar a acceder a las plantas superiores.El profundo silencio que se respiraba en el ambiente era,con todo,espeluznante,y la gelidez que traspasaba cada pared traía un característico aroma a muerte y a peligro.Sullivan lideraba un grupo de tres que se movía con sumo sigilo y cuidado subiendo las escaleras despacio.Por un instante tuvo que detenerse,pues un extraño crepitar en la planta de arriba ocasionó un intenso escalofrío interno ; detuvo a los demás,apenas alzando el índice y corazón unidos de su diestra que llevó hacia los otros para detenerlos,así como el índice de su sinestra se posó a continuación sobre sus labios para que guardasen silencio.Sus pupilas se clavaban en el techo,atentas,recelosas ; nuevamente el silencio.Segundos...minutos...
Y en el momento de dar un paso hacia delante creyendo haber sido una falsa alarma un grito desgarrador detuvo a todos en seco.
El pánico que había cundido por entonces había sido insostenible.Uno de sus compañeros,perdiendo el equilibrio estuvo a punto de caer hacia atrás por las escaleras de no haber sido por la eficiente mano que el moreno le tendió de inmediato,aprisionándolo por las ropas.Su otro compañero casi estuvo a punto de gritar,no obstante se contuvo.Estaban mortificados,aterrorizados ante el silencio espectral que había seguido a aquel grito agudo y femenino.— ...Sullivan,e-eso...— La voz temblorosa del acompañante no pudo proseguir.Cuando la expresión del moreno se agravó la angustia que comenzó a carcomerles resultó inminente.— No podemos detenernos aquí.A este paso habrán muchas personas heridas,Bryan.  —Puntualizó ; ante aquello nadie pudo decir nada al respecto.Con todo,Se habían deslizado con inminente sigilo,reuniendo todo el valor que contenían para llegar a la temida primera planta.Todos se detuvieron tras aquel muro que se abría para dar paso al enorme pasillo sumergido en densas tinieblas.Se miraron unos a otros de manera significativa ; fue Sullivan el que se atrevió a asomar su rostro a través de la entrada.

Oscuridad.

El silencio era tal que el enorme moreno no pudo evitar que se le pusiesen los pelos de punta.Miró hacia un lado,hacia otro,sosteniendo una pequeña antorcha para poder visualizar mejor.Sus compañeros,armándose de cierto valor asomaron apenas los rostros — Parece que podemos entrar ¿crees que...?— Iba a dar un paso,pero repentinamente la mano del moreno atrapó la muñeca ajena de forma repentina ; el terrible escalofrío que lo embargó lo dejó congelado e inmóvil en el sitio — No se te ocurra moverte,Danniel.... — Susurró,y Danniel no pudo evitar sentir pavor ante la expresión del moreno,normalmente dura e imperturbable.Un curioso sonido indicaba que algo rodaba por el suelo,y causó una viva extrañeza en los tres presentes.Sullivan aguzó el oído,llevando la antorcha hacia la izquierda,aquella zona de donde dicho ruido procedía...Y lo que vio lo congeló en el acto ; La cabeza rondante de Marie,aquella mujer que había gritado se aproximaba,dejando un reguero de sangre por el suelo.Se detuvo frente a ellos,con sus ojos mortecinos inyectados en sangre y abiertos de par en par ante el pánico que la había embargado antes de ser asesinada.La mandíbula de la mujer había sido arrancada de cuajo,puesto que tan solo tenía el labio superior y los agudos colmillos sobresaliendo en la emanante cantidad de sangre que aun borbotaba ;  Las náuseas que le vinieron de repente a uno de  sus compañeros y el malestar tan terrible provocó que casi vomitase allí mismo. —Vámonos de aquí,Sullivan...— Logró articular Bryan.Lo decía y con mucha razón de ser ; su antorcha comenzaba a enfocar cosas para nada agradables ; las paredes,marcadas por rastros de sangre de manos femeninas,y poco a poco,conforme descendía al suelo las piernas amputadas....el torso... —Joder Sullivan,joder... — siseó con voz entrecortada,con angustia,al borde del pánico y el llanto.Sullivan por su parte,sumido en un auténtico shock se le ocurrió enfocar al otro lado del pasillo...

...Y allí,cruzando de lado a lado la figura espectral del pelirrojo,suspendida del suelo avanzaba por los aires,para detenerse justo en el centro y girar con inhumana y repentina brusquedad su rostro hacia los presentes.

La visión fue aterradora.La mirada de aquel que había sido Ludwig ya no era la misma.Sus globos oculares carecían de pupilas.pero la oscuridad que enfatizaba su expresión,extremadamente pálida lo convertía en un auténtico monstruo.La sangre de su primera víctima bañaba su mentón,su blanca y vaporosa camisa.Su cabello suelto intercedía en su expresión endiablada ; un grito ahogado y el enorme moreno despertó de la tétrica conmoción que su señor le había provocado — ¡CORRE SULLIVAN! ¡¡¡¡¡CORRE!!!! —El rugido monstruoso e inhumano que Loyce había emitido al abrir los labios desmesuradamente había hecho un pavoroso eco en la primera planta.Ni siquiera caminó,sino que avanzó hacia ellos,levitando del suelo como el auténtico espíritu del mismísimo diablo que se cerniría sobre ellos.Sullivan había logrado reaccionar a tiempo ; corrió escaleras abajo...y corrió...

Temiendo que esa noche nadie,por desgracia,tendría escapatoria. 
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Re: No es un placer volver a verte. [Privado Angelika]

Mensaje por Invitado el Jue Feb 26, 2015 2:07 am





Purgare Umbras

     
     Elise se había quedado completamente en estado de shock al escuchar los gritos, las zancadas veloces bajando por las interminables escaleras y los lamentos de aquellos que estaban arriba. ¿Angelika? Hacía tiempo que se había escapado de la habitación ya que Elise no respondía ante nada y se mantenía en una actitud de trauma bastante delicada. El cabello largo de Angelika se agitaba inquieto a cada paso que daba; la carrera por llegar hasta el piso de arriba fue de lo más complicada, pues cada dos por tres tenía que esconderse porque sabía bien que si alguien la veía fuera de la habitación la mandaría de nuevo para dejarla encerrada; pero... ¿por qué? ¿Por qué no querían que se encontrara con esa enérgica presencia que no dejaba de llamarla?

Agarraba las faldas de su fino vestido conforme llegaba al cuarto piso, su derecha se deslizaba por el pasamanos veloz, y ni la prudencia o el temor la acompañaban; estaba completamente sumida en un trance que se acentuaba cada vez que se acercaba más al último piso... Había algo que le decía que debía ir ahí, que la empujaba hacia esa inmensa oscuridad y sombras que teñían lo alto del hotel, sombras que parecían deslizarse como manos espectrales en un intento de atrapar al primer hombre que se acercara. Las escaleras que conducían al quinto piso se manifestaron ante ella, la oscuridad que se divisaba arriba no era natural, eran sombras tan diabólicas y frías que le hicieron encogerse, esta vez sí, del miedo. El olor a sangre recién derramada invadió su olfato repentinamente; sus ojos se abrieron súbitamente y los delgados colmillos aumentaron su tamaño hasta sobresalir de sus labios. El primer escalón no fue difícil, pero cuanto más se acercaba más sentía los mareos, el temor... y la presencia aterradora del fantasma de su pasado... Sus párpados bajaron cansados, y sin ya ser consciente de sus propios actos mordió la yema de su dedo índice para hacerla sangrar. Paró el paso al final de las escaleras, sus ojos se abrieron repentinamente; habían cobrado un tono tan claro que parecía no tener iris. Dirigió su mano a la pared y con su propia sangre dibujó en esta una especie de sello triangular con dos letras en su interior.

...Purgare Umbras... — susurró, y apartó la mano cuidadosamente del dibujo del sello. Inmediatamente retrocedió un paso hacia atrás, confusa. Sus ojos, esta vez volviendo a su color natural, quedaron clavados en el sello, atentos únicamente a cómo la sangre parecía ser absorbida por la pared, desapareciendo ante sus ojos. La inmensa oscuridad comenzaba a disiparse de a poco... dejando paso a una tenue luz blanquecina que bañaba plácida cada rincón de aquel piso. La mirada de Angelika se perdía entre el olor puro y la luz gloriosa que había impregnado la zona tras escribir aquel sello... aquel sello tan similar a la mancha de nacimiento que tenía en la nuca.

"¿No te parece increíble? ¿No quieres formar parte de esto? Encontrar tu propio destino en esta maraña de cabos sueltos y moldearlos... aunque no por accidente, sino por designio" Un escalofrío recorrió su cuerpo al escuchar aquella voz en su cabeza, una voz suave pero firme, plácida e incluso familiar... Se despegó de la pared, y rotó sobre sus talones para pegar la espalda en esta. Cerró los ojos con fuerza y se llevó ambas manos a la cabeza, presionando sobre la zona de sus oídos. Ahora podía escuchar gritos en el interior de su cabeza, los sollozos de una mujer, las órdenes constantes de varios hombres que dictaban: "¡Escribe los sellos, tienes que hacerlo!" y, el sonido constante de una especie de puerta de armario o caja cerrarse... una y otra vez, una y otra vez...

Mientras ella luchaba contra las voces y sonidos fantasmales de su pasado, la luz comenzó a disiparse... desde el final del largo pasillo las sombras de nuevo comenzaron a cobrar su fuerza... a matar cada resquicio de luz que ella misma había alegado. El silencio era turbador, y lo único que lo rompía eran los gemidos y lamentos de Angelika, que intentaba sacar aquellos sonidos de su cabeza. Su espalda resbaló por la pared, dejándose caer... sumida en los gritos de su pasado.

"Viene a dar muerte; aprisionar en su tela de araña... confina, ciega ventanas y puertas; él lo sabe... ¿No estaba muerto? ¿No fui yo quien lo encerró para siempre? ¿Ganó entonces él la batalla contra Ludwig... o es que lo desenterraron antes de tiempo? ........ ¿Podremos volver a vernos o él me dejará sin cuerpo en el que resguardar mi alma esta misma noche?".

Le he dado la espalda cuantas veces
ha venido a rondar a mi puerta,
para hacerle entender que su presencia me incomoda,
que me produce escalofríos.

Cada vez se insinúa, no obstante,
con mayor insolencia y más asiduamente,
con la misma celeridad que los años
encanecen mis sienes.

Pero desde hace ya algún tiempo condesciendo
con su ingrata presencia,
y mi puerta, por desgracia...
...permanece entreabierta para él.

Ya no te daré la espalda;
esperaré con toda dignidad lo ineludible,
el día decisivo.

Te miraré entonces, cara a cara,
que si es llegada mi hora, voy contigo
.
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Re: No es un placer volver a verte. [Privado Angelika]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 01, 2015 5:54 am

El lado oscuro que escondo
y que jamás te permito ver
lo mantengo enjaulado pero no puedo controlarlo,
así que mantente alejada de mí
Siento la rabia y no puedo contenerla.

Está arañando las paredes,
los armarios, los pasillos
viene despierto y no puedo controlarlo.
¿Por qué no viene nadie a liberarme, a ponerle fin a ésto?
La pesadilla acaba de comenzar
Lo siento muy dentro, justo debajo de la piel ;
he de confesar que me siento como un monstruo.



No había palabras para describir la carnicería que se había llevado a cabo en menos de quince minutos.

El penetrante hedor a sangre fresca y almizcle impregnaba los angostos pasillos de la cuarta planta del suntuoso castillo. Los gritos habían desgarrado la noche y habían bañado la luna llena del color de la sangre como testigo. Su halo de luz parecía incidir significativamente sobre la carne blanda y cruenta de aquellos que habían sucumbido a la matanza y ahora yacían, inertes, en diversos rincones. Con el horror y la infamia descrita en sus ojos.

Loyce se deslizaba con tétrica pausa, abriéndose paso a través de aquellos cadáveres que estorbaban con despiadados y gélidos puntapiés. La larga cabellera pelirroja intercedía en su rostro sombrío y siniestro, balanceándose espectralmente con cada uno de sus pasos. Sus pupilas se movían frenéticamente de un lado a otro horizontalmente en un rostro bañado en sangre seca y sudor, buscando sentir la esencia y presencia de una persona exacta. Acababa de despertar y se sentía enardecido, estimulado por una rabia sádica y salvaje que palpitaba en su cabeza. El dolor punzante en sus sienes provocó que por unos instantes su nariz se frunciese terriblemente y que un rugido violento e inhumano retumbase por las cuatro paredes a la par de propinar un estruendoso puñetazo hacia la izquierda, recayendo en la pared con una fuerza insostenible. El grotesco surco que había dejado su puño se vio seguido de unas grietas que con rapidez se extendieron a lo largo de una parte de la pared, anunciando a aquellos aterrados en plantas inferiores de su temible mal humor al despertar tan tardíamente y sentir los molestos y punzantes sentimientos de Ludwig corroer sus entrañas— Hijo de puta...
—Un siseo bajo, pero indudablemente colérico y peligroso ; se llevó la mano al pecho, clavando sus uñas desgarradoras en la camisa a tal punto que incidieron en su propio torso,rasgando la tela para hacer sangrar su pectoral derecho—  ¡SOY PARTE DE TI! ¡NO PUEDES CONTROLARME, LUDWIG! —Su voz retumbaba monstruosa, tan gutural y bronca que pareciese tres bestias de diferentes tonos disonantes rugían al unísono.—  ¡¿ NO SABES QUIEN NOS METIÓ EN ESE SARCÓFAGO?! —paró, irguiendo el rostro hacia el techo, mirando lateral, horizontalmente hacia cada lado con ávida ferocidad, fuera de sí— ¡¡ ESA MUJER!!  esa zorra que tanto amabas... —La tonalidad de su voz había cambiado bruscamente ; se había suavizado y convertido en apenas un susurro mórbido. Su rostro se giró con igual brusquedad hacia un lado, esbozando una sonrisa enfermiza e insalubre— Ella está aquí... nos ha privado de la vida tanto tiempo... pero no te preocupes, hoy voy a poner fin a su esencia, y volveremos a ser solos tú y yo —Acariciaba las paredes de tanto en tanto conforme caminaba, con tétrico mimo y el rostro peligrosamente inclinado, manteniendo aquella diabólica sonrisa en sus labios y sus penetrantes pupilas encendidas en un dorado anormal que refulgían en dos globos oculares completamente negros. Sus grotescos colmillos sobresalían, presionando contra su carnoso labio inferior, y muy pronto su risa... una risa suave, seductora, que comenzaba a tornarse histérica y perniciosa hizo un eco perturbador en los pasillos— La siento... está muy cerca... como siempre, vuelve a nosotros. Siempre fuiste un imán ¿no es así? la esencia pura suele sentirse atraída por la oscuridad. Vayas donde vayas volverás a mí, y yo retornaré a ti... Perséphone.

Se detuvo, y fue tan solo para cerrar los ojos y erguir despacio el rostro para inhalar aquel aroma... aquella conocida fragancia ancestral. Tan antigua y tan nostálgica. Su sonrisa de erótico diablo se acentuó, así como sus pasos retornaron a hacer un eco sórdido a través del pasillo y a una sola dirección — Peeeerseeeephoneeeee .... —No fue la voz de Loyce ; la voz de Ludwig  en cambio hizo un eco estremecedor y fantasmagórico a través de los pasillos. Demasiado acariciadora y seductora para pertenecer a él completamente lúcido. Demasiado...oscura. — Puedo sentirte... ¿acaso no me echas de menos? después de tantos años sin vernos... —Una carcajada elegante y demasiado sedosa siguió a sus palabras, burlón. Sus ojos se abrían de par en par a la vez que su ancha sonrisa entre dientes— ¿Te escondes aun después de tener el detalle de llamarte con esta voz? sé que te encanta... es la voz de tu amado al fin y al cabo ¿no deseas volver a verlo? Él muere lentamente por volver a escuchar tu voz, por probar de nuevo tus labios... —Entrecerró los ojos al incorporarse mejor. La había alcanzado, estaba justo ahí. Cruzando aquella esquina ...

...Ella, ella y esa esencia.

Las penetrantes sombras se habían encargado de mantener a Loyce camuflado a los ojos de ella, pero el brillo incandescente de sus pupilas lo habían delatado. Como los focos de un monstruo que acecha, aguardando hambriento pero paciente por desgarrar la presa más codiciada, y justo allí en frente la tenía ; su jubilo fue tal que su risa fue lo primero que emergió de su garganta, lo primero que rompió el mortificante silencio. Su risa sedosa, suave y encantadora que comenzaba a teñirse endemoniada, a cobrar fuerza y vigor, a hacer un eco temible en los pasillos conforme su tétrica figura emergía de las densas penumbras tan solo lo suficiente para ser perceptible a sus ojos.

Ya eres mía...



Se esconde en la oscuridad,
se mueve ; experto,
Sus colmillos son nítidos
no tengo escapatoria.
Quiere apoderarse de mi cuerpo
ganar mi alma,comer mi corazón
nadie puede escucharme gritar,
odio en lo que me he convertido,
lo siento muy dentro, justo debajo de mi piel...
Perséfone,detén a este monstruo.
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Mensaje por Invitado el Mar Mar 03, 2015 9:54 pm



     Entonces Hades llamó: Perséphone...

Un nombre, que da paso al momento en el que recuperas la memoria y sientes que tu cabeza está a punto de estallar. Miles de recuerdos ahora se cruzan ante tus ojos, totalmente nítidos. Detalles absurdos que sacuden tus sentidos y te hacen estar alerta como un felino en plena caza. La lluvia de imágenes pasan a una velocidad titánica, y te preguntas si realmente estás recobrando la memoria o perdiendo la cabeza. El silencio se hace tan intenso que puedes escuchar perfectamente la respiración sosegada y el sonido del viento intentando colarse por las rendijas de los ventanales. ¿Qué somos, si no dos almas intentando mantenerse vivas en cuerpos ajenos? ¿Nunca nos hemos preguntado por qué seguimos ambos en este mundo? ¿Será que aún tenemos aspiraciones de cara al provenir? Podría ser así, no obstante nuestras miradas nos delatan, se ven cansadas, exánimes y carentes de energía, de ilusión. Nuestras vidas se atraen y repelen, se aman y odian... se buscan, y cuando se reencuentran temen haberlo hecho, porque ambos sabemos que esto no es más que una relación insana y destructiva. Un amorío, en el que tristemente somos los únicos que podemos darnos la vida anhelada o, derrotarnos al desprender nuestras máscaras de dos caras... en la que los amantes dejan de verse y es entonces el enemigo quien te mira a los ojos...  

...Loyce... — el susurro de su voz se evaporó conforme tanteaba la pared con una de sus manos, recomponiéndose nuevamente y manteniendo una postura ligeramente erguida. Las voces y gritos de su pasado la habían dejado descompuesta y aturdida, sin embargo ahora habían cesado de repente, tras escuchar cómo él la llamaba... Su mirada seguía clavada en el suelo, pues no era capaz de mirarle. Sin embargo, podía sentir su aura oscura, su alma diabólica, la mirada mortífera y brillante clavada en ella, acechante y segura, vil y letal. Todo aquello era suficiente para que Perséphone sintiera cómo su voluntad se volatilizaba en fragmentos perdidos. Las palabras dolientes de Loyce parecían derribar las puertas de un mañana esperado. Y su voz, aunque oscura y tramposa, le hacía sentirse atraída por él de una forma irresistible.

No deberías estar aquí... tú no — la cabeza aún le daba vueltas, ni siquiera sabía dónde estaba, qué hacía allí, ni por qué... parecía que su alma había retornado inesperadamente del oscuro pasado — No quiero verte, ni escucharte... Vete al infierno, Loyce — sus palabras eran firmes, no obstante su voz temblaba temerosa y, sus ojos, aún evitando encontrarse con la figura del hombre, brillaban llorosos, explorando entre las sombras un terreno ahora desconocido para ella. Se sentía totalmente extraña en ese nuevo cuerpo, con esa voz... ¿Por qué no recordaba lo que había vivido hasta entonces en la piel de esa chiquilla? ¿Todo esto estaba siendo algo momentáneo porque él la había llamado? ¿Cuánto duraría estando lúcida? Su cabeza se llenaba de miles de preguntas, sin embargo no haría ninguna por desconfianza en que Loyce las usara en su contra para confundirla y dañarle... Era el hombre perfecto para dividirla entre la razón y las emociones que aún después de tantos años sentía.

Pegó su espalda contra la pared y exhaló un profundo suspiro. Su mentón se alzaba derrotado, dejando que la cabeza resbalara lenta por la pared, revolviendo su largo cabello en el descenso cansado. Sus ojos, ahora cerrados se concentraban en la imagen del sello purgare umbras, el cual volvió a trazar con agilidad y astucia sobre la pared, tras su espalda. De nuevo esa endiablada oscuridad comenzó a disiparse, arrastrando el gélido frío de aquel piso y dejando paso a una reconfortante calidez que se sentía casi divina. No era más que un sello de purificación, que debilitaba tenuemente a las almas pérfidas y le dejaba a ella un campo libre de visión y percepción; ahora que Perséphone estaba consciente, sus habilidades cobrarían más fuerza y se mantendrían activas mayor tiempo.

No quiero verte, porque sé que perderé la cabeza. Y aun así siento tu aura maligna y oscura, que viene a hacerme daño. Huelo la sangre reciente bañando tu cuerpo, siento tu mirada clavada en mi, escucho tu risa lasciva y peligrosa; sé que quieres deshacerte de mi. Pero hay momentos en que mi luz te invade, momentos como este... en el que mi aura benigna configura todo en ti de modo nuevo, y sientes cómo la vida te susurra su más bella melodía. ¿Es que acaso no me sientes? ¿No sientes cómo mi claridad batalla con tu espíritu desalmado? ¿Te hace daño? ¿Sientes cómo te corroe las entrañas? Yo sí lo siento, siento el dolor agudo que me causa tu mera presencia. Me has llamado y estoy aquí, justo delante de ti, intentando purgarte con mi aura, deseando que me sientas muy dentro, justo debajo de tu piel... ¿Por qué no quieres que libere tu alma? ¿Por qué no me dejas ponerle fin a esto? Porque eres el diablo infame, y yo el ángel inmaculado. Dos espíritus opuestos, destinados a estar juntos... y que ni la propia muerte ha podido separar.
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Mensaje por Invitado el Miér Mar 11, 2015 3:13 pm


¿Qué rival podría hacer frente al diablo? Si la oscuridad lo carcome todo, la luz es la única salvación, pero en días actuales es un elemento que se ha consumido bajo inicuas garras forjadas en sangre y pavor humano. El mundo se ha olvidado que la luz es intangible y nunca se consume del todo ; sin luz no existe la oscuridad ,y viceversa. No obstante es la esperanza, insignificante, frente a la opulenta desazón la que sofoca a una sociedad sumida en el temor continuo. Una sociedad que ha presenciado la agraciada sonrisa del diablo y que ahora se encarna en los labios de Loyce.
Sus ojos representaban las nefastas e incandescentes llamas del infierno. Estaban más hambrientas que nunca, ávidas de luz, de aquella única luz que resplandecía tímida  en aquella Venecia apagada y marchita, y se personificaba en ella. Sí... era ella el verdadero arcángel destinado a una batalla perpetua contra el diablo, la única capaz de ocasionar caóticos impactos en lo más profundo de su ser, ella y su inmaculada esencia. Podía sentirla, esa dulce vertiente eléctrica ocasionar un tumulto irrefrenable en su interior y azotar su cuerpo ; ella le hacía hervir la sangre en las venas. Le hacía sentir como si fuese la primera vez, le ofrecía una cara nueva del mundo, le hacía ver, aquello que sus ojos no pueden ver ; le dedicaba una mirada diferente y singular... lo sometía a un doloroso palpitar en su pecho. ¿Por qué ejercía tan peligroso poder sobre sí mismo? Ludwig había sido vencido por el encanto de aquella mujer, el amor incondicional que había sentido por ella se mantenía vigente y lo había llevado a la derrota. Pero Loyce tenía muy claro que en aquella noche todo debía llegar a su fin y que ella, su archienemigo, debía desaparecer.

Ahora bien, escuchó con atención las palabras de la fémina conforme sus pasos, lentos y precarios, se dirigían a ella. Su figura emergía materializándose de las tinieblas, cobrando portentosa nitidez. Paladeaba una victoria anticipada en su vivo mirar, una diversión oscura que le hacía relamerse la comisura de manera perversa y sugestiva. El odio y el enardecimiento casi hacían temblar sus manos ensangrentadas. La sensación que lo embargaba al verla frente a él después de siglos no tenía nombre ¿por qué aquella antítesis entre el odio y el deseo? Durante todo aquel tiempo había estado alimentando de ira y rencor su alma pérfida, y lo que más anhelaba en el mundo era sostener aquel precioso y delicado cuello en sus manos y matarla muy, muy lentamente, poder ver su vida consumirse,presenciar su tormento y agonía, sus bellos ojos apagarse y grabar en su memoria el rostro de su buenamado antes de partir al otro mundo, y quizás, cuando pendiese lánguida en sus brazos y sus pupilas mortecinas reflejasen otro mundo remoto y esotérico, quizás, cuando su voz y su espíritu se hubiesen consumido podría, finalmente, besar aquellos labios lentamente y con dulzura ;  Aquellos tiernos labios...
Ante todo, no pudo evitar que su risa, encantadora a la vez que burlona brotase haciendo un eco estremecedor en el pasillo desierto. Irguió apenas el rostro, con arraigado despotismo, devorando a la joven con aquellas pupilas infernales y viles de pies a cabeza. Le divertía el hecho de que ella no se atreviese a mirarlo ¿Cómo podría hacerlo? Después de lo que le había ocasionado la sumisión era lo que más lo complacería por su parte ; la sumisión y su muerte— Qué grato recibimiento, Perséphone — Casi exclamó con suavidad y fingida dolencia. Negó apenas con aspereza, balanceando la larga cabellera flameante frente a su rostro gacho sumido en penumbras. Sus pupilas no se despegaban de su rostro, de su inquietud y de su incompetencia para hacerle frente. Parecía aturdida y se habían reencontrado muy probablemente demasiado pronto ; demasiado pronto para ella.— Es una lástima que no compartas mis deseos de volver a verte... -El tono de su voz se había matizado con insidia, bajando a casi un susurro que estremecía las paredes por su peligrosa suavidad— No puedes imaginar cuánto ardía en deseos de tenerte de nuevo frente a mí. Nunca fuiste una mujer indefensa, y sin embargo ahora en ese cuerpo inexperto has perdido poder... ¿Cómo te sientes en tu renacer? —ladeó el rostro, abriendo los ojos con fingida y satírica ingenuidad, con una violencia contenida y anticipada que se guardaba en lo más recóndito de su mirada ; nuevamente, una carcajada ruin pero deliciosamente suave dio paso a sus palabras. A cada paso que daba su proximidad con aquella mujer era mayor. Observó con avidez como las largas hebras áureas caían como un manto plateado sobre su espalda estrecha, la luna esa noche estaba de su parte y la cobijaba bajo su halo albino. Le regalaba reflejos mágicos que se filtraban a través del ventanal, acariciando tiernamente aquel rostro delicado de porcelana. Su belleza angelical no se marchitaba aun cuando pasaba el tiempo y cambiaba de cuerpo. Era su piel de alabastro y los honestos océanos en calma de sus ojos los que siempre se preservaban, inmunes, bajo el espeso telón negro de sus pestañas. Los gráciles y delicados movimientos que la caracterizaban, el benigno tono de su voz dulce y hechizante que fundía como el caramelo al varón más vigoroso... sí, definitivamente ella debía ser una bruja, porque había embrujado a Ludwig con su exótica gracia y belleza y a él lo había llevado a la tumba. Aun lo sorprendía como una mujer como ella pudiese ser tan peligrosa para él.

...Y beneficiosa.

Sí, manejaba los hilos de la situación como un diestro titiritero. Hades sabía bien como cautivar a Perséphone, como llevarla a morder el fruto prohibido. Hipnotizarla con la voz oscura de la serpiente al susurrarle en el oído.—No puedes eludir la atracción que sientes por mí, Perséphone... — Suave, aterciopelado. Así fue su susurro, un eco erótico y atrayente que pretendía filtrarse en lo más profundo de ella. Que calase en su corazón ; Sus dedos se movieron maquiavélicamente, sin moverse del sitio, puesto que la energía que ella desprendía funcionaba como un repelente de lo nocivo. Como efecto del movimiento con sus dedos y su propia mirada el camisón largo de ella comenzó a deslizarse lentamente a través de las delgadas piernas femeninas, exponiéndolas con lentitud. Sus pupilas seguían con una indescifrable intensidad el recorrido que marcaba su propia mente al manipular la prenda ; no podía acercarse a ella y sin embargo era capaz de ejercer aquel control, mientras estuviese fuera de aquel campo de energía que ella irradiaba con su magnánima pureza.— Me deseas tanto como yo te deseo a ti ¿Por qué me hiciste esto? Después de haber puesto toda mi confianza en ti... tú me traicionaste   —Entrecerró los ojos al percibir cómo marcaba aquel sello con sus dedos. Ese maldito sello... por un momento flaqueó, pues se vio retrocediendo unos pasos, arrugando la nariz, a punto de emitir un siseante sonido inhumano que ahogó en su garganta, pero no se detuvo ... debía aproximarse con paciencia depredadora, con el autocontrol que todo aquello requería. Lo conocía bien, ella no había perdido del todo sus facultades y aquello no se lo había esperado. De igual forma su rostro matizado por la ira pronto volvió a dar paso a una sonrisa pérfida, burlona, seguida de una risotada frívola y sedosa— ¿Aun pretendes hacerlo de nuevo? Estuve tanto tiempo esperando a que volvieses a sacarme de aquel sarcófago... ¿no sabes el tormento que sufrí ahí dentro? mi alma estaba despierta y no podía hacer nada por salir, salvo esperar... esperar una eternidad  — Las palabras de a poco se iban matizando con una oscuridad peligrosa, con una ira contenida, mas era demasiado sutil. Trataba de confundirla al usar el tono de Ludwig, al hablar por su boca y mentir sobre sus sentimientos ; inclinó el rostro con tétrica lentitud, volviendo a ejercer aquella manipulación, mas esta vez de forma mucho más aguda. La tela del vestido se arrugaba y deslizaba por su piel como unas manos acariciadoras, los tirantes de aquel camisón se inclinaban, dejando a la vista los delicados hombros desnudos de la joven.— Déjate llevar, vuelve a mí, Perséphone... —La incitaba, susurraba con calma. Manipulándola, ejerciendo aquella habilidad abrumadora. Las telas del vestido se deslizaban ahora a través de sus muslos, se ceñían en sus turgentes senos en un masaje sugestivo y despiadado. La sonrisa de erótico diablo se acentuaba, con perverso placer. Deseaba distraerla, hacerle sentir indirectamente los vestigios del pasado. Si su distracción disminuía el control de aquel poder él podría acercarse aun más y adueñarse de ella. Ambos ; luz y oscuridad, elementos opuestos y de sentimientos opuestos y alternos.

Luz y oscuridad, tan opuestos pero destinados a ir eternamente de la mano.
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Re: No es un placer volver a verte. [Privado Angelika]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 18, 2015 4:09 am



    Era una de esas noches en las que al recuerdo se le ensancha la boca, se empeña en que sus palabras dolientes resbalen sobre la idea marchita que comprime la memoria en un sentimiento.

Perséphone quiso que Loyce se quedara en un mero recuerdo, un error del pasado que jamás volvería a aparecerse, a llamarle ni atraparle en su oscura maldad. Sin embargo él la invita, le habla, le tortura, le seduce, le duele... Se acerca como un depredador sutil y experimentado, espera y disfruta. Le hace sentir débil y acorralada, dejar de refugiarme en su resguardo divino, donde no hay dudas ni temores, donde ha estado protegida siempre del tiempo, de los años, de la muerte, y de él. Pero el destino parece querer que se reencuentren, ignorando el paso de los años, el esfuerzo y sacrificio, ignorando todo aquello por lo que ella ha luchado, a querido a amado... Ella evade sus palabras como quien quiere evitar su suerte, le escucha hablar con esa voz y el alma se le encoge en un puño, se quiebra en pedazos diminutos y sangra, llora, porque es el mal quien le habla y no aquello por lo que persistió. Él le susurra al oído y ella se encoge, se debilita, pierde su luz y su esencia, su fuerza y todo aquello que un día la cubrió en un manto de gloria y poder. Sin embargo el continúa, no se detiene, lo hace sin piedad y disfrutando de cada respuestas silenciosa... porque tan siquiera ella encuentra la valentía suficiente para dirigir la palabra; y mucho menos cuando es el diablo a quien tienes enfrente.

Un quejido emergió de la garganta de la joven en cuanto el titiritero decidió llevar el juego a un terreno más peligroso y perverso. Perséphone se llevó de inmediato las manos a la falda de su vestido que ahora cobraba vida propia, y en un sollozo vencido sólo pudo suplicar un <<Por favor, no>>. Pero el juego sólo había comenzado, y ahora el delicado cuerpo de la joven se estremecía articulando placeres anticipados. Sus manos ahora temblaban en un intento fallido de detener las caricias que le propinaba manipulando el camisón. Sentía la tentación de abandonar su cuerpo en las manos del diablo y cederse, perderse, agotarse... La irresistible necesidad de apretar y contraer los músculos se hizo visible en cuanto Loyce decidió jugar a través de sus muslos y masajear sus senos. El universo entero parecía concentrarse ahora en esos puntos, en una sensación tan intensa que se hermanaba con el dolor. A cada caricia, Perséphone se olvidaba en la oscuridad, permitiendo de manera inconsciente que las manos etéreas la encontraran, y ella, abandonara su fuerza, se derrumbara en el sentimiento decrépito de aquello que fue, lo que fueron y quisieron ser. Un sentimiento tan profundo y desgarrador que logró hacerla caer por un sólo segundo en el peligroso juicio de <<haz de mí lo que quieras>>. Una de sus manos se aferraban a la tela del camisón, presionando esta en un puño temeroso que sostenía el tejido sobre sus pechos. Y su espalda, dibujaba un arco perfecto entre ella y la pared; permitiendo que su nuca se estrellara y con esta, sus largos cabellos se despeinaran en un descenso debilitado. Se escuchó un quejido ahogado, acompañado del aún notable miedo a cruzar miradas, del miedo a tener que suplicarle que se detuviera y él continuara torturándola así. Y sin embargo, en un momento de firmeza logró volver a erguirse, presionando los dientes y respirando hondo logró evaporar por un instante sus quejidos, su respiración entrecortada y su flaqueza al verse sumida en los juegos sucios del diablo. El despertar fue tan rápido que ni siquiera se pudo apreciar el repentino segundo en el que Perséphone estiró uno de sus brazos para golpear con vehemencia el rostro a Loyce.

"No, no puedo eludir la atracción que siento por ti. Tú me envenenas, sacas lo peor y lo mejor de mi; ira, humildad, mi ser. ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué me miras y hablas así? ¿No comprendes que yo soy el agua... y tu la sed? Soy el muro de tu catedral, que silencia ese verso que se derrumba cuando no encuentra la piel de esa maldad que eres y que me habita..."

¡Basta! — bramó en una súplica tan temerosa que incluso sus labios temblaron. El silencio se apoderó una vez más, dejando que la tensión y el recelo se respiraran y sintieran en cada cavidad del alma. La aprensión que sentía por aquel entonces le hizo olvidarse de sí misma, y el sentimiento de desfallecer se hizo más intenso cuando sus ojos, por fin abiertos y acuosos, se toparon con la figura opulenta de Loyce. Ahí estaba él, cara a cara, apenas a unos centímetros; su formidable altura le hacía sentirse una niña indefensa a su lado y su constitución fornida acentuaban más esa sensación de pequeñez. Los cortes horizontales de la bofetada dejaban resbalar la sangre por los pómulos y comisuras del varón, continuando su recorrido con dilación hasta llegar a las poderosas clavículas. La mirada desenfocada de Perséphone acompaña al pequeño hilo de sangre que acariciaba esa piel y cuerpo que ella por tantos años había anhelado volver a ver. Sus delicados dedos, ahora también teñidos por la sangre de Loyce se posaron temblorosos en el pecho del hombre, y al volver a sentir su tacto, no pudo evitar despedir un suspiro y bajar los párpados, permitiendo que dos diminutas lágrimas se deslizaran por su piel de porcelana; una deteniéndose en su mejilla y otra estrellándose contra sus senos. No recordaba cuantos años habían pasado desde la última vez que sintió el roce se su piel, podrían ser siglos, milenios, pues ella seguiría reconstruyendo cada milímetro, cada partícula y hendidura de su cuerpo. Sus dedos ascendieron por el pecho del varón en una tenue caricia silenciosa. Se encontraron con los largos mechones de fuego, rozaron la camisa raída y manchada de sangre que lucía el diablo por aquel entonces, como un manto pesado. Y en un último movimiento hipnotizado, Perséphone posó las palmas de sus manos en la piel del varón, enredó entre sus dedos los bordes de la blusa y deslizo sus manos, sedosa, hasta los hombros de Loyce, soltando ahí la prenda y dejando que esta misma se desprendiera contra el suelo por su propio peso.

Y no es de extrañar que su expresión perdida y hechizada se fuera convirtiendo en una mueca de odio, recelo, furia y dolor en cuanto sus ojos ascendieron desde el perfecto abdomen del varón hasta detenerse en sus ojos. La mirada fría y malévola delataban; sus dos focos penetrantes le hacían sentir cómo la rabia recorría su cuerpo y contraía los músculos en un estado de tirantez. Le destruiría, le mataría, acabaría con él y no permitiría que volviera a jugar ni con ella ni con sus capacidades. Las ganas de lanzarse, arañarle, besarle, matarle, amarle, odiarle y tenerle se mezclaban, se enmarañaban en una lluvia de sentimientos contradictorios y al mismo tiempo cercanos. Y la única idea que tenía entonces en mente era la de querer ver a Ludwig, y quería verlo ya. Dio un paso atrás, alejándose de él y manteniendo una distancia prudente. Sus orbes azules, aun llorosos, se mantenían clavados en los de Loyce — Alea iacta est (El dado ha sido lanzado/La suerte está echada) — pronunció decidida; esta vez su tono de voz cobró una tonalidad más grave e imponente, y sus ojos irradiaron un brillo hechicero, como si acabara de entrar en un estado de trance — No volverás a ese cuerpo, ni hablarás con esa voz. No me matarás, porque me necesitas; y tu alma vagará perdida por el resto de la eternidad... como yo vagué y sufrí por ti — tembló por un segundo, era consciente de que Loyce conocía aquella maldición y no sabía lo que aquello podría desencadenar... ni el daño que podría causar. Sin embargo la selló, acercando su pequeña y delicada mano a los labios y lamiendo de esta la propia sangre de Loyce. En cuanto hizo aquello una marca comenzó a originarse sobre el pecho del varón. Tardaría en hacer efecto, y más si ella aún no controlaba del todo su nuevo cuerpo. Sus ojos volvieron a su estado normal, y con ellos el miedo y pánico volvieron a apoderarse de ella, pues no había sido plenamente consciente de lo que acababa de hacer... Quedó nuevamente muda, y esa mirada segura y decidida se evaporó, dejando paso al terror y una tenue petición de piedad. Caminó entonces hacia atrás, buscando con la mirada por dónde escapar... ¿Qué podría hacer hasta que la maldición hiciera efecto? ¿Correr, huir, rezar? Si te enfrentas a la ira de un diablo como Loyce nada es útil... y como ella misma maldijo:

La suerte está echada.
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