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The kindness of strangers

Mensaje por Aphrodite J. Pierce el Miér Mar 11, 2015 4:17 am


The kindness of strangers

El anochecer es un cautivante manto. Adormecedor, relajante y hechizante. Sonreíste ante la menguante luna lumínica, devolviéndote el gesto con un cariño disimulado y distante. Es una bella escena de madre e hija, pues, eres una dama de la noche. Un nocturno ser que se limita a tener andanzas únicamente en las veladas más escabrosas y salvajes. Sí, Venecia se ha vuelto libertina y vulgar. La noticia no te inmuta, sino que te pone gratamente sorprendida. Por otra parte, te lamentas y añoras los días en que el sol acariciaba tu perfecto cutis. Recibir el calor y sentir que las llamas te abrazaban en tus días más dichosos. Ahora, te tienes que conformar con una fría piel de porcelana pura.

Caminas a una marcha taimada, a tu ritmo porque no tienes ningún objetivo fijo; Admirando el aroma insípido de las aguas de los canales y el negrusco color del firmamento. Tu cuerpo prácticamente flota, lo sientes liviano y muerto, aunque, estás acostumbrada a regocijarte de los espléndidos aromas que tu nariz va absorbiendo. Aromas que un humano jamás podrá identificar… Oyes y percibes nuevas sensaciones. No eres la misma que antes y tus poderes se fortalecen con el pasar de los años. Te sientes vieja aunque tu espejismo delata una imagen exuberante y joven.

Las miradas de los vagabundos se postran sobre ti, te desean y se encienden al primer grácil movimiento de caderas. Bailas encima de brasas y no te quemas, tus perlas azules devoran y tus labios enmudecidos, tientan al más depravado. El corsé te estruja los senos y los esconde como dos pares de melones que se asfixian, necesitan respirar y cualquier varón está dispuesto a salvarlos de un manotazo. ¿Ves lo que provocas? Lujuria. No los culpas, es la naturaleza humana, el lado más primitivo... Y te has acostumbrado a ése olor, tanto que lo tienes impregnado en tu cuerpo. Como un tatuaje imborrable que todos llegan a reconocer.

¿A dónde vas, moza? La voz te detiene frontalmente, y lo examinas. No te urge comerlo, su rostro está tan deteriorado que te repugna. En ti exquisitez, ya que sólo tomas la sangre de los más bellos.

A dónde los pies me lleven —confirmas en un atractivo acento, riendo en risillas que rompen el silencio. El hombre es cauteloso, y se aparta, inteligente hacerlo porque tu mirada no sólo incitó encanto, también una peligrosa aura destructiva.

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Re: The kindness of strangers

Mensaje por Invitado el Miér Mar 18, 2015 1:03 am

Esa noche había salido a recorrer las calles de Venecia. La luna coronaba la capota estrellada ya en su punto más alto, con el aspecto de una sonrisa siniestra. Noche de espantos, dirían los humanos a quienes su mente atrofiada no les dejaría ver más allá de la simple belleza en la vida.

Lo cierto era que bajo aquel velo místico, un hombre elegantemente ataviado caminaba sobre el empedrado de la ciudad. En una zona donde sus zapatos costosos y su bastón de mango dorado no encajaban en lo absoluto. La frialdad del invierno aún se manifestaba, congelando las aguas de los canales a su diestra y obligando a los vagabundos a brindarse abrazos con tal de aumentar ligeramente el calor entre sus cuerpos. Espectáculo bastante desagradable si se consideraba que algunos de los vagabundos hedían a muerte y el resto hedía a.... cualquier sustancia que ofendiese el honor.

Pero esa noche no había salido simplemente para admirar un nauseabundo paisaje, tampoco estaba allí de cacería exactamente. En el medio en el que se encontraba, donde todos mataban por estrechar su mano, el hambre no era algo de lo que debiese preocuparse. Esa luna, buscaba algo de mayor utilidad. Un sirviente. Algún joven buen mozo que deseara cambiar de vida. Dejar de arrastrarse entre la mugre de los venecianos para calzarse y vestirse como el sirviente de un Rey.

Debía ser jóven y de buen ver. Puesto que no pensaba aceptar a su lado a cualquier rata mugrienta y asquerosa a la vista que estropeara su apariencia pulcra. Un diamante en bruto, era lo que había salido a buscar aquella noche. Pero con el correr de las horas la esperanza decaía. Parecía que en aquellos canales, solo había bazofia sin futuro. Era triste sin duda.

Algo llamó su atención y por escasos instantes pensó que había encontrado lo que buscaba cuando en el reflejo del hielo se mostró una figura femenina casi etérea. Pero al alzar la vista, la realidad evidenciaba que la chica pertenecía a ese lugar tanto como él. Sin duda alguna no era un diamante en bruto, sino una turmalina rosa tallada por los maestros joyeros. Una preciada flor arrojada a la basura accidentalmente a la inmundicia. La expresión de hielo que hasta el momento se mostraba en su rostro, cambió ligeramente. Mostrando así una sonrisa maliciosa a penas perceptible si se tenía la atención suficiente.

El viento sin embargo le contó otra historia muy diferente a la que su mente privilegiada había pensado en un principio. Aquella mujer tenía la esencia de un "no muerto", uno de los suyos. Estaría en busca de alimento. Lo cual le daba pena, pues una vampiresa tan agraciada podría estar colgada del cuello del hombre más acomodado de la ciudad sin problema alguno. Muchos aceptarían el frío beso de la muerte si aquellos labios eran los embajadores. Debía ser por esos sucios exorcistas, que una distinguida criatura como aquella se veía forzada a comer de las sobras como una rata de alcantarilla.

La mano derecha fue a su pectoral y una leve inclinación de su cabeza cumplió con el saludo a la dama. O a quien creía se trataba de una dama. -Signorina. -le saludo con la voz profunda y casi siniestra que haría estremecer al más valiente. Los ojos azules se clavaron en los zafiros ajenos. -Un peccato vedere una regina, in tale deplorevole restaurant.* -no era alguien a quien conociera. Y valía ser amistoso con los de su misma especie, pues nunca se sabía cuando serían útiles los "amigos".

*:
Una pena ver a una reina en tan deplorable restaurante.
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Re: The kindness of strangers

Mensaje por Aphrodite J. Pierce el Miér Mar 18, 2015 4:45 am


The kindness of strangers

Cada vez más, la pestilente fragancia hacia retorcer tus muertas entrañas sin embargo, sin la necesidad de sentirte una depredadora furtiva, disfrutaste del decadente paisaje. Esto te antojaba buenas ideas, y las cazabas para organizarlas en tu próxima escritura. Aún las miradas danzan, luchando mutuamente porque tenían bastante hambre. Siniestro y ambiguo, del cual ninguno sabe aprovechar. Era la naturaleza humana en su esplendor más sublime, sin duda. El monótono silencio te escuece, revitalizando por segundos ésos gélidos labios con tu viperina y delicada lengua. ¿Quién iba a decir que es tu segunda mejor arma? Pero tú sigues adelante, sin tenerle miedo a la espesa capa de pecado, era como apartar follajes de selva. Explorando cautelosa y teniendo en cuenta, los males que la acechan.

¿Y qué mejor que una pantera negra con manchas, saltando de frente sin avisar?

Tan oscuro, llamativo, avivando unas imaginarias llamas que palpitan tu consciente de manera emergente. Hormonas juveniles ofuscan tu buen juicio y, tan sólo adoptas una serena sonrisa. Bien pronunciada y sincera. No eres falsa, eres natural, presente en el mundo y parte de ella. Abres las pestañas muy despacio, éstas tupidas y cargadas, embelleciendo aquella mirada estacional. Al menos así, impide que los descifren con rapidez, es que adoras lanzar acertijos. Tampoco te esperaste tal digna presentación, siquiera necesitaste de mostrar tus propias garras. Estás a salvo, y éste fascinante hombre obtuvo tu atención sin siquiera hablar. Simple y gallardo pero, elocuente y atractivo. El brillo excepcional se acentuaba con cada sutil movimiento, encantada como una niña que abría un nuevo libro desconocido hasta ahora. ¿Qué cuentos tendrá para contarte? Te preguntas, porque ésa clase de criatura, siempre se muestra tan ameno y confiado de sí, que anuncia una fuerte aura depravada. Propia de ti.

Su voz te dio cosquillas, y elevabas un poco la cabeza dada la abismal diferencia de altura. Eres menuda y baja, siquiera los tacones te ayudan. Ladeas chispeante la cara, permisiva de seguir indagando en su escultural figura. Te recordó sin duda a las más deliciosas obras, esculpidas con tanta meticulosidad, que cada porción se vuelve aún más placentera a la vista. Tus ojos no enfrían, aún manteniendo ése impresionante toque de calor pese a tu extinguida ánima. Él te llamó reina, discrepas del título. Tú aspiras a más…

A ser una diosa que admira el mundo mortal desde los cielos. Quizás sonase pedante en voz alta, el problema es tienes ambiciones muy apabullantes que sólo compartes contigo.

Signore… —Diste un pasó más, segura de moverte a tu antojo, como mera brisa que bailotea y susurra—. Sólo, observo el trágico zoológico. —El calificativo que le diste fue casi cruel, pero así es, un cutre espectáculo de animales desnutridos. En tanto, admiras risueña las facciones masculinas, deleitosas. Y él, dispuesto a tentarte como el más vil, ¿quién devoraría primero a quién?

*E tu? Che cosa rende un cavaliere audace da queste parti? —Ése italiano tan seductor activa tu parla, mostrando leve los blanquecinos dientes que se asoman al receptor. Niegas, como si no fuera relevante, aludiendo que a veces, no es necesario conocer la respuesta porque el misterio se convierte en una inevitable atracción. Retomas la caminata, y expectante, vuelves a perfumar el ambiente—. Tal parece, que somos dos callejeros sin destino fijo, empero, el universo ha hablado. ¿Deseáis vos consolar a una solitaria dama? Mas, dada las extrañas circunstancias y la casualidad, permanezcamos en el intrigante anonimato. ¿Está de acuerdo? —Una tentadora oferta, difícil de rechazar. Ni el más bravo de los hombres podría declinar, ¿o sí? Sabes bien que los congelantes ojos de tu nuevo acompañante, anhelan secretamente, buscando algo. No sabes qué. Estás muy serena, no pareces desconfiar en absoluto de un extraño; Él no debe dejarse engañar, mucho menos cuando pareces una inofensiva y silvestre rosa puesta en el camino.

*¿Y usted? ¿Qué hace un intrépido caballero por estos lugares?

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Re: The kindness of strangers

Mensaje por Invitado el Dom Mar 22, 2015 12:50 am

Esa mirada azul evidenciaba una coquetería muy grande. Era una mujer hermosa, y ella lo sabía. Segura de lo que causaba en los hombres, ahora batía esas pestañas espesas tratando de atraparle entre ellas. Una sonrisa serena y sincera se adueño de sus labios, carnosos y rosa, aumentando el encanto. Una señorita hermosa sin lugar a dudas, menuda y esbelta, pero aún las rosas tienen espinas por lo que confiarse de aquella hechicera sería por completo estúpido. Sin embargo, a pesar de las espinas, la chica entraba completamente entre sus gustos.

Las palabras envenenadas que soltó en un inicio como respuesta a su pregunta, le dejó en claro que se trataba de una vampiresa en toda regla. Una femme fatale exquisita.  No pudo más que soltar una suave risa entre dientes  por el comentario pícaro. Era cierto, aquel no era más que un decadente zoológico. No había nada rescatable, ya era un hecho. Y ahora la señorita elegante frente a él le agradaba un poco más.  A su pregunta sonrió de medio lado. -Me temo señorita, que me encuentro en condiciones similares a la suya. -contestó con cortesía. Por supuesto que no iba a confesarle sus motivos, a ella no tenían porque importarle en realidad.

Afiló la mirada ante sus palabras, pensando en cual era el motivo de la dama para permanecer en el anonimato. Pero a él le resultaba muy conveniente. Por lo que no iba a rechazar un trato tan tentador. -Me parece bien señorita, es mejor para los nuestros mantener cierto misterio. Le acompañaré, para asegurarme de que no se ensucien sus manos con la sangre de estas criaturas patéticas. -dicho esto, continuó la marcha siguiendo a la fémina con el mismo paso elegante  de un inicio. Le acompañaría por simple curiosidad. Y porque ahora le quedaba en claro que en este sitio no encontraría lo que había salido a buscar. Además, iba a proteger que los suyos no se vieran en la necesidad de comer de la basura, como lo sería al morder y beber de uno de esos vagabundos.

La chica estaba llena de energía y empezaba a resultar tentador  darle una pequeña... "probadita". Pero pensaba aprovechar un tanto mejor la compañia de aquella mujer. Una vampiresa con el aura de una reina, no podía ser tratada como mero alimento. Al menos, no aún.  -Dígame señorita, se que no podemos dar a conocer nuestra identidad pero, lleva mucho tiempo viviendo en Venecia? -Información, compañía a cambio de información era un trato bastante justo si se lo preguntaban. Esperaba que al pertencer al lado oscuro, pudiese informarle más al respecto de la situación en la ciudad. Principalmente la forma en que actuaban todos bajo las nuevas reglas impuestas por un Cardenal con pocas neuronas.

Nadie mejor que uno de los suyos para aclarar ciertos puntos. -Entiendo que últimamente vivir en este sitio es... un poco complicado para los de nuestro tipo. Gente elegante con inteligencia superior y poco comprendidos por los que se saben inferiores. -Por supuesto, no iba a hablarle demasiado claro o se perdería la diversión del asunto. No podría probar si la chica en realidad valía la pena. Las conversaciones vanas y simples no eran lo suyo. Prefería interpretar las palabras elegantes, algo que no cualquiera pudiese hacer.
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Re: The kindness of strangers

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