¡Bienvenido a Krory Milium, Invitado!

Nos alegra verte por aquí.




Últimos temas
» ۝ Confirmaciones.
Jue Nov 02, 2017 8:34 pm por il Maestro mascherato

» ۝ Cambios de botón y otros.
Jue Nov 02, 2017 8:31 pm por il Maestro mascherato

» ۝ Petición de Afiliación.
Jue Nov 02, 2017 8:19 pm por il Maestro mascherato

»  {INFO} ۝ Razas y Habilidades
Jue Nov 02, 2017 4:01 pm por il Maestro mascherato

»  {A} ۝ MODELO CÁMARA DE BANCO
Jue Sep 14, 2017 5:14 pm por Tesorero

» {A} ۝ MODELO CRONOLOGÍA
Jue Sep 14, 2017 11:04 am por il Maestro mascherato

» {INFO} ۝ ACADEMIAS EXORCISTAS
Miér Sep 13, 2017 11:50 am por il Maestro mascherato

» {A} ۝ REGISTRO GLOBAL OBLIGATORIO.
Mar Sep 12, 2017 7:20 pm por il Maestro mascherato

» {A} ۝ MODELO FICHAS
Mar Sep 12, 2017 4:40 pm por il Maestro mascherato

» Ho Seok ¡pruebas
Mar Sep 12, 2017 1:09 am por Ho Seok

» Who's the one hurting? [Priv. Zaira de la Vega]
Jue Feb 23, 2017 5:48 pm por Zaira De la Vega

» Mistery Dancing (Privado Marie)
Lun Ene 23, 2017 6:22 pm por Marie Labov

»  Una Banshee ( Eretreia)
Sáb Ene 21, 2017 1:54 am por Eretreia Bennett

» Fire [Priv. Alexander Wayland]
Sáb Ene 21, 2017 1:20 am por Eretreia Bennett

» Confieso que...
Miér Ene 11, 2017 1:24 pm por Victoria S. Blueflame

» Las caricias entre la noche pierden la cordura por la tentación. /Priv. Marie./+18
Mar Dic 06, 2016 11:55 pm por Marie Labov

» Shake and Fingerpop —Marco.
Miér Sep 07, 2016 12:35 pm por Marco Farnese

» ¿Qué canción...?
Lun Sep 05, 2016 3:54 am por Nuvak

» ¿Qué piensas del de arriba?
Lun Sep 05, 2016 3:29 am por Nuvak

» ¿Crees en el destino? [Priv Kaile Blair]
Miér Ago 31, 2016 3:03 am por Kaile Blair

¿Quién está en línea?
En total hay 3 usuarios en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 3 Invitados

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 54 el Jue Mar 19, 2015 10:15 am.






Compañeros







Damos crédito a HeySpace y RavenOrlov eget posuere mi. Aliquam faucibus gravida aliquet. Curabitur odio urna, tristique et porta eu, bibendum et ex. Phasellus vel eros ante. Maecenas et pellentesque risus. Praesent in quam at mauris convallis scelerisque.
N U E S T R O S — A F I L I A D O S


VÓTANOS!




CRÉDITOS
Agradecemos a todos los miembros del foro su dedicación y participación en Krory Milium, sin vosotros esto no sería posible. Gracias al Staff por su ayuda para mantener el foro y sus diseños que le dan al foro una imagen increíble. Les damos las gracias a todos los miembros del staff de ForoActivo que nos han ayudado con nuestros problemas y nos han tratado y atendido de maravilla.

La trama del foro es original, inspirada en la serie D-Gray Man. Todas las tramas, historias, diseños y códigos son creación del staff. Por favor no copies o toméis sin permiSo.

Las imágenes que ambientan el foro han sido extraídas de DeviantArt, Pinterest y zerochan.


SÉ ORIGINAL, NO COPIES.

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por il Maestro mascherato el Jue Mar 12, 2015 10:42 pm




Amén
2ª Parte de la trama general.



Capítulo I




Uno de los muchachos orinó encima de la tarima de la horca. Otro subió a los escalones, se llevó los dedos a la garganta y se dejó caer contrayendo el rostro, parodiando de forma macabra el estrangulamiento. Sus amigos lanzaban voces de admiración. Todo parecía ser muy divertido hasta que un grupo de hombres jóvenes, irrumpieron en la plaza y despojaron a bofetadas y puntapiés a los chiquillos de la tarima mientras comentaban con afectada seguridad la muerte por ahorcamiento.

Si tienen suerte... — afirmó uno — el cuello se le rompe tan pronto como cae, una muerte rápida y sin dolor. Pero de no ser así se queda ahí colgado, se pone amoratado, con la boca abierta y se agita como un pez fuera del agua hasta morirse.

¿Cuantos son? He oído que también sacarán la guillotina — añadió el otro joven, bajando de la tarima de un salto —¡Una guillotina! ¿Te lo imaginas? Dicen que sirve para cortarles la cabeza de cuajo, ¿alguna vez has visto algo así?

Risas, regodeos, los jóvenes comenzaron a pelearse y agarrarse del cuello entre alboroto. Uno de ellos interpretaba gestos desagradables sobre su cuello, simulando que le cortaban la cabeza. De repente, más o menos en el momento en que la luna apareció por detrás de las densas nubes grises, se abrieron las pesadas puertas de madera de la iglesia y salió un pequeño grupo. El militar iba en cabeza, montando un hermoso corcel negro, seguido por un carro tirado por bueyes que transportaban a los prisioneros maniatados. Detrás del carro cabalgaban tres hombres; y aunque a aquella distancia no podían distinguirse sus rostros, su indumentaria delataba a un caballero, un sacerdote y un monje. Dos hombres de armas cerraban la procesión. Conforme llegaban a la tarima, el resto de ciudadanos se habían concentrado alrededor de la horca; más guardias los rodeaban, manteniendo la mirada al frente y empuñando sus armas de fuego. Entre los últimos en llegar se encontraban los ciudadanos más destacados: aristócratas, nobleza, sacerdotes y exorcistas, los cuales fueron obligados a asistir a la penitencia.

Se escucharon algunos insultos y silbidos al entrar los presos en la plaza. Era dos, un hombre adulto con un saco en la cabeza y una niña pequeña que ibas tras él, ambos acompañados por dos guardias. Todos suben a la plataforma, el guardia que acompaña a la niña va con dogal en mano. Los prisioneros forcejean y el otro le mete puñetazo en el estómago al varón, este se retuerce, gime y le escupe. Así solo lograría que los minutos que le quedaban de vida se consumieran más rápido, pero parecía no importarle. El segundo guarda conduce a la niña al centro de la tarima, le ata las manos a la espalda y coloca el dogal en la cabeza. Lo ajusta, y se aparta a un lado.

Uno de los sacerdotes baja del caballo y se sube a la tarima, colocándose al lado de la niña y sosteniendo la biblia abierta en una de sus manos — Se les castiga de infracción a la iglesia, pecado concebido, unión entre vida y muerte. Deslealtad — las gotas de lluvia comienzan a caer desde los espesos y negruzcos nubarrones el cielo, empapan la biblia pausadas, sin prisa — El castigo será la pena de muerte — le tiembla la voz y cierra la biblia en un golpe seco. Mientras el sacerdote se aparta a un lado, uno de los guardias retira el saco de la cabeza del varón que acompañaba a la niña. Era Albertino, uno de los exorcistas más queridos y conocidos en toda la Academia. La niña en el centro de la tarima: su hija Valentina, una mestiza. Y él, junto con sus compañeros, presenciaría su muerte esa misma noche.

Se hizo el silencio, todo el mundo estaba ahora expectante de lo que estaba a punto de ocurrir. Valentina, tierna y dulce, miraba desconcertada al público, sus piececitos se movían inquietos sobre la tabla, pues era demasiado pequeña para saber qué era lo que estaba a punto de acontecerse. Tan siquiera 6 años. El lamento de su padre le hizo girarse hacia él, pero fue silenciado con un paño raído en la boca. Valentina volvió la mirada al cielo, observando la oscura noche que se cernía sobre ella a través de esos ojos puros e inocentes, permitiendo que las gotas de lluvia se estrellaran frescas sobre sus párpados. Una voz tímida y miedosa pero dulce comenzó a brotar de su garganta, siguiendo la triste melodía de una canción:

Sta piovendo la città.
Le mie pupille allargano le immagini
di mille incidenti planetari.
Sotto le orbite degli occhi
transita lo scheletro putrido
di quello che fu una colomba.

Mientras cantaba, la niña bajó la mirada para dirigirla a alguien entre el gentío. Lentamente se fue abriendo un hueco alrededor de la persona a quien contemplaba: Francesco de Medici.

Non è l'innocenza che continua a filare ciò che è rimasto di un verso
a pochi centimetri dal salvarsi dalle gocce.
Si tratta di tutto ciò che non fummo e ci neghiamo di essere
prima che la pioggia cadesse
e il mar traslocasse nei nostri corpi
e l'acqua ci strappasse gli occhi..
.


Traducción de la canción:

La ciudad está lloviendo.
Mis pupilas amplían las imágenes
de miles de incidentes mundiales.
Bajo las cuencas de los ojos
ha transitado el esqueleto podrido
de lo que fue de una paloma.

No es la inocencia aquello que continúa en lo que quedó de un verso
a centímetros de salvarse de las gotas.
Se trata de todo lo que no fuimos y nos negamos a ser
antes de que la lluvia cayera
y el mar se mudara a nuestros cuerpos
y el agua nos desgarrara los ojos...

Cuando al niña termina de cantar, Francesco hace una seña al guardia sobe la tarima y de inmediato retiran la tabla bajo los pies de Valentina. La niña quedó suspendida en el aire. La cuerda se tensó y el cuello se quebró con un chasquido. El sacerdote, a espaldas del joven cuerpo inerte, extendió su mano y dibujó en el aire el símbolo de una cruz.

In il nomine patri, et fili, et espiritu santi...


. . .


AVISO

En este tema puede postear todo usuario que quiera participar en el transcurso de la trama general del foro. Pedimos que los usuarios multi-cuentas posteen con más de un personaje si puede ser posible. No hay prisa, podéis tomaros el tiempo que queráis, pues este tema estará abierto el tiempo suficiente hasta que se planeen los demás capítulos.

No es necesario hacer narraciones muy extensas, pero sí pediremos que ante todo os concentréis en narrar los pensamientos de vuestros personajes y su opinión personal respecto a la situación que están presenciando.



Última edición por Krory Milium el Miér Oct 14, 2015 12:34 pm, editado 2 veces



¡Bienvenid@ a Krory Milium, Invitado!
Por favor, lee las Normas y respétalas.
{No doy soporte por MP} 
avatar
Líder


Frase Sta piovendo la città. Le mie pupille allargano le immagini di mille incidenti planetari.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Elric Sterling el Jue Mar 12, 2015 11:58 pm



AMEN

Con la muchachada del Krory


¿La horca? ¿Quién se ha llevado el gordo? Ya me encontraba en la plaza, entre la muchedumbre. No iba a perder una oportunidad de vender mis tortugas. Note como ciertos jóvenes sacaron a patadas a unos mocosos. Vi pasar al que había orinado sobre la tarima y me acerque a el. – Niño… los niños siempre serán niños… - Le di  una fuerte bofetada para que no se olvidara ni de su madre. – Que nunca te vea mear una tarima, no sin que me pidas que la orine contigo al menos. – Le deje marchar, ese ya había aprendido su lección. Luego me dedique a dar unas vueltas, inclusive me perdí intentando comerciar con unas niñas, una de mis conocidas  tortugas. Había pasado de los curas, no me había dado cuenta siquiera que ya estaban sobre la tarima.  La muchedumbre de repente se encontraba a los gritos, eso atrajo mi atención al espectáculo. A todos nos gustaba ver a un animal ser ahorcado, o incluso era mejor verle arder en la hoguera. La plebe debía de mantenerse entretenida para desviar la atención de las clases eclesiásticas. A pesar de saber ello, seamos sinceros, no había mayor diversión que ver morir al prójimo…

¿Por qué? Es cierto que no me importa un carajo, pero, ¿por qué Albertino?  Un exorcista como yo, ¿a él le colgaran? No pude ver quien le acompañaba, no con toda esa gente delante. – Esto debe de ser una broma.  – Murmure, a decir verdad, no era que el fuese Albertino. Era más bien, que era un exorcista, ¿ese final me deparaba? Solo me preocupaba eso.  Me mantuve expectante, de seguro que se habrá equivocado con sus palabras. Hasta inclusive yo me mantenía sin cruzar la línea últimamente. Los hombres al lado mío comentaban sandeces, a las que me uní. – De seguro lo ha hecho la cochinada a un vampiro, típico de él. Se lo tiene bien merecido. – Les comente, llevándome las risas de todos hasta ese momento…
Abri mis ojos, no lo entendía. ¿Una niña? Era la hija de ese incauto. ¿Cómo era su nombre? Valeria, si, debía de ser Valeria, un nombre completamente de puta, como ella sería en su adolescencia. – Esto si es una broma, ¿traición con solo 3 años? Siquiera se debe de lavar el culo sola. – Bufe algo desconcertado. – Sr. Exorcista, ella es una hibrida… - Me llego al oído un murmullo, aun mas desconcertado. Sabía que no debía importarme, pero de alguna manera, solo de alguna, lograba alcanzarme. – No importa si es inclusive un vampiro, solo es una putita que aun no ha crecido. – Recrimine, mordiéndome el dedo pulgar hasta hacerlo sangrar. Podía escuchar su canción, logro hacer que me desesperara. Apresure mi marcha hacia la tarima, empujando a toda la gente inculta que mantenía el silencio. No me dejaban acercarme, apresurate Elric, debes actuar…

Alce el brazo, ya no podía acercarme mas. Lanzaría un poco de mi sangre hacia la cuerda, le salvaría y que sea lo que fuese mi vida. Pero eso, lo que sucedía estaba mal, muy incomprensible. No lo logre, mi brazo se paralizo a mitad del lanzamiento, al ella cesar sus palabras y verle suspendida en el aire. La sangre escurrió lentamente por el brazo. – im Namen des Vaters, Sohn und Heiliger Geist, Amen – Murmure, arrodillándome. De golpe vomite en el suelo, para luego comenzar a toser sangre sucia a desmadre.  No, ¿por qué? Ella iba cada mañana a comprarme pan, con su sonrisa de futura pecadora. Hemos protegido por años a todos, ¿ esta es la respuesta de nuestros protegidos ? ¿Una grotesca declaración de guerra?


Sabine © Credits.




"Y el pan. Es una auténtica maravilla, es el sabor y el olor de la infancia."
Victorias y Vitcotias :fat::

Il Sensuale Panadero :sir:










avatar
Exorcista — Maestro



Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Amadeus Westerman el Vie Mar 13, 2015 1:43 am




Amén


Efectivamente, estaba obligado a asistir a la penitencia, como todos los exorcistas. Como siempre me las había ingeniado para agenciarme un puesto en la tarima de la nobleza, donde la lluvia no te pega ni tampoco tienes por qué rozar a la plebe. Sin embargo, y muy a mi pesar, tenía que soportar los cuchicheos impertinentes de las señoritas de alta clase, chistando en mi oído derecho. Con extrema parsimonia y un toque cansado dejé deslizar mi espalda por el asiento, hundiéndome lentamente entre las cabezas de los adinedaros con peluquines empolvados y polvos caducados. Estiré mi pierna derecha para propinarle una patada en la espalda a la mujer que estaba delante y en primera fila, como resultado esta pegó un gritito ahogado de gorda y se calló de morros contra el suelo, no sin antes interpretar un perfecto balanceo que me hizo sonreír y sentirme por un momento, feliz y dichado en ese día de mierda, radicalismo y muerte. Enseguida tomé asiento de nuevo en el ahora espacio libre, noté como se me cruzaban miradas desaprobadoras, pero no me importaba ni lo más mínimo.

Deslicé la vista por el percal, pude ver por ahí a algunos compañeros como Erik, Jaqueline, Fath... y no muy lejos el estúpido Elric con una tortuga en la mano y... un momento... ¿Acababa de abofetear a ese niño? Ese maldito panadero era un genio. Sonreí para mi mismo, orgulloso de mi índole, pero la sonrisa se me borró de inmediato cuando vi que estaban conduciendo a la horca a una niña que ni siquiera alcanzaría la edad de los siete años. ¿Estamos locos? ¿Qué coño hacen llevando a una criatura a la horca, a dónde hemos llegado? Mi perplejidad se acentuó considerablemente cuando vi que destapaban el rosto del varón.

Sukin syn! Govnyuk yob tvoyu mat’ (juramentos en ruso) — me llevé la mano a la boca cerrada en un puño para morder el guante. No me lo podía creer, ¿realmente ese era Albertino? Por supuesto que lo conocía, llevaba años en la Academia y todos sabíamos lo de su hija, incluso él sabía lo mío... Recé por que no hubiera dicho nada a la iglesia, o yo estaba muerto también, pues sé muy bien que no hay plazo que no llegue ni deuda que no se pague. El público calló; la tierna y dulce voz de esa niña comenzó a cantar... y me carcomió las entrañas ¿Ese era mi destino? ¿Ver cómo ahorcaban ante mis ojos a mi propia hija? Y todo esto por qué, ¿por un error que cometí hace más de diecisiete años? Nunca he estado a favor de los vampiros, jamás en mi vida los defendería ni mostraría ni un solo resquicio de compasión por ellos. Pero, ¿los niños? mestizos o humanos son el recurso más importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro; sus vidas valen cada sacrificio, pero no en una horca. Nunca.

Me levanté inmediatamente y bajé del estrado, simplemente no podía soportarlo. Escuchaba a la niña cantar de fondo, y sabía que pronto su voz se apagaría, la dulce melodía cesaría y lo único que se escucharía entonces sería el sonido de su cuello crujir. Apartaba a la gente entre empujones, estaba totalmente indignado con todo aquello. Indignado, y a la vez seguro de que estaban cometiendo un terrible error con todo esto, pues los mestizos, bajo mi punto de vista, son la raza predilecta para el exterminio de los vampiros. El corro comenzó a abrirse, y la imagen del Cardenal que había causado todo este embrollo se dejó ver por fin. La niña le cantaba a él, de alguna manera ella sabía que la culpa de todo aquello era de aquel hombre, y sin embargo el se mantenía imperturbable, con esa expresión fría y matadora que representan tan gloriosamente a los hijos de puta de su calaña.

Y en cuanto a la hipocresía social, ni comento. Si yo en esos momentos le pidiera a un tabernero que me ponga un vinito y luego otro, y otro, y salgo de aquí hasta Asia, medio ciego, dando tumbos y cantando «Rusia, patria querida», nadie me diría nada. Podré irme de esta ciudad de mierda completamente borracho, encima mataría por el camino a cuatro o cinco criaturas inocentes porque estaban haciendo manitas con vampiros, ellos qué sabrán del bien y el mal ¿Es que nadie entiende que todo eso lo estamos inculcando nosotros? Eso sí, ninguna de ellas sufrirá su muerte porque supuestamente yo soy el elegido de Dios y si las mato, irán al cielo. Al cielo a qué. Los vampiros han dejado de cobrar importancia, ahora culpan a los mestizos y a los que follamos sin conocimiento; dentro de poco ahorcarán hasta a sus propias madres, perseguirán ideales ridículos e ilógicos hasta que algún día se den cuenta que la culpa de todo esto no la tenemos nadie más que los humanos.
avatar
Exorcista — General


Frase Los placeres sencillos son el último refugio de los hombres complicados.

Ver perfil de usuario http://krorymilium-rpg.foro.bz/t68-expediente-amadeus-westerman

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Invitado el Vie Mar 13, 2015 2:04 am

El ambiente en Venecia estaba cambiando. No estaba muy segura de si las cosas estaban mejorando, o si iban a peor. Si bien ella era una exorcista entrenada bajo un régimen militar muy estricto e incluso cruel, impuesto por su propio padre, y a la vez creía que  era esta la respuesta para que los jóvenes en la academia mejoraran como guerreros… No creía que los mestizos tuviesen que ser expulsados de esa manera. Creía firmemente en que no podías elegir el ambiente en el cual nacías, ni mucho menos a quien amabas; aún si fuese el mismo demonio.

Sus padres fueron asesinados por vampiros, y muchos de los suyos cayeron bajo las habilidades superiores y perversas de los chupasangre. Pero también era cierto que algunos de los suyos habían recibido una condena peor que la muerte, fueron convertidos en su peor enemigo. Sus hombres, siempre leales a la humanidad a pesar de la maldición impuesta, habían puesto sus dones malditos al servicio de los exorcistas. Por esto sabía que condenar a todo aquel con colmillos y ojos rojos no era del todo correcto. Además algo en su interior le decía que la balanza se inclinaba más a la devastación que a la salvación, y a la rumana sus instintos escasas veces le defraudaban.

Ese día les habían convocado a la plaza, algo importante había sucedido. Pero no tenía mucha idea de que era con exactitud. Había conversado con Erik, quien se encontraba a su lado, pero incluso él no parecía saber mucho más que ella. Todos se reunieron en el sitio, sin esperar la funesta escena que les forzarían a presenciar.

Las puertas del templo se abrieron, la casa del Padre Santísimo creador de los cielos. El sitio en donde ellos, como su creación suprema, le rendían culto, alabanza y gloria a Su piedad y magnificencia. Pero ese día frente aquella Meca, ocurriría algo muy alejado de su propósito original. En cuanto los delincuentes salieron, sus ojos se abrieron de par en par y se clavaron en la pequeña figura con la cabeza cubierta con la sucia capucha utilizada por cientos de escorias de la sociedad. No podía imaginarlo, la piel resguardada por el metal se enfrió por completo hasta que dejo de sentir los dedos. ¿Cuál era la falta que un ser tan pequeño hiciere para acreditarse semejante tortura?

Miro como los subían, y fue entonces que recordó la horca frente a ellos. Cuando la identidad de los villanos quedo expuesta se congeló por completo. Conocía a ese hombre, y conocía el amor que profesaba por la niña. Todo ocurría demasiado rápido, aunque parecía que ante su mirada todo iba en cámara lenta. Quizá era que aquella escena era demasiado increíble para permitirle moverse, aún se sentía dentro de una pesadilla.

En cuanto la voz de la niña se hizo presente, en aquella tonada el frió empezó a desaparecer. Apretó los puños y el fuego abrazó su pecho consumiendo rápidamente sus extremidades y cada pedazo de su ser. Justo cuando recobró por completo el control sobre si misma, las tablas fueron retiradas…

Hubo silencio, tan solo interrumpido por el crujir de las vértebras separándose. Un sonido, que ella no podría olvidar. La ira ardió en sus ojos verdes y la diestra fue a su cintura hasta empuñar la espada a punto de desenfundarla.

Eso era demasiado. Mestiza o no, la niña a penas tenía consciencia para entender lo que estaba bien y lo que estaba mal. No era diferente a un niño humano con la misma edad. Había una nauseabunda crueldad en matar a la niña frente a su padre para quien era su adoración. Y el terrible hombre a su lado…. ¿Cómo osaba realizar la señal de la Santa Cruz? Era su alma corrompida la que había que exorcizar. Y ella lo haría. No permitiría que aquella burla a lo Santo continuara por más tiempo….

Una mano fuerte se aferró al hierro en su brazo derecho, y los ojos verdes, llenos de lágimas se giraron para ver al general rubio que frenaba su avance….
avatar
Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Invitado el Vie Mar 13, 2015 2:54 am

La muchedumbre se agalopaba en la plaza San Marcos como nunca antes el británico había presenciado. Caminaba torpemente, vestido como un respetable caballero de su amada Inglaterra, pero en aquella ocasión lo hacía de luto. La enorme capa se ondeaba a cada paso que daba, mecida por las corrientes de aquel viento que traía consigo el aroma de la inminente llovizna ; giró su rostro, oculto tras la amplia capucha de un lado a otro, buscando a su maestro con nerviosismo, pues se habían perdido de vista en el camino y bien era consciente de la frágil paciencia del pelirrojo. Temía que cuando lo viese le fuese a meter un palo por el culo o, en su defecto, lo lanzase a las pestilentes aguas del canal de Venecia, a ver si llegaba a nado o en góndola al hotel. —God, please, ten piadad of this pobrre englishman. —Susurraba para sí mismo. No entendía bien de qué iba la cosa, no entendía una little shit qué estaba sucediendo muy a pesar de que Ludwig le hubiese explicado la llegada del nuevo cardenal. El propósito de que ellos hubiesen acudido a aquel evento era, sin duda, el saber cuáles eran los propósitos de esta nueva dictadura, en qué consistía todo y saber a qué enemigos se enfrentaban. Aquello era muy serio, y el rubio lo presentía, no obstante su optimismo le impedía pensar en la magnitud de la gravedad del asunto.

Con todo, un gritito femenino provocó que se detuviese en seco y abriese los ojos de par en par. Apenas giró el rostro hacia la izquierda y una enorme gorda volaba en su dirección. Por un momento pestañeó y achinó los ojos, haciendo alarde a lo cegato de mierda que era, pero justo cuando estaba situando el monóculo sobre su ojito derecho, pensando seriamente que se trataba de un ballenato volador, justo cuando un gritito ridículo, agudo de gorgorito comenzaba a nacer en su garganta con efecto retardado recibió a la mujer sobre sí mismo y cayó sobre el suelo ; si no hubiese sido vampiro habría muerto aplastado por la voluminosa masa de aquella dama.—Uh...mother of god.....Pardon.....L-lady? ¿está usted bene? —Su mano temblorosa se situó sobre su hombro. Estaba sorprendido, muy sorprendido. El espeso cabello rubio se revolvía sobre sus ojos, los cuales parpadeaban con reitero, en efecto : parecía un pobre pringado de la vida que no rompe un plato, pero por un instante su fuerza sobrenatural ejerció la presión suficiente para poder ayudar a la enorme mujer a levantarse, tal fue que ésta, con asombro, abrió los ojos de par en par, sintiéndose por vez primera la damisela en apuros que era rescatada por un caballero inglés, un príncipe azul en toda regla, y bien que se lo creía, porque su expresión indicaba lo fascinada que había quedado por los apuestos rasgos del varón rubio— Estoy bien, muchas gracias, l-lo siento caballero, yo... -El inglés sonrió medianamente de forma agradable. La tenía sobre sus brazos, sosteniendo a aquella bola como una pequeña pluma ; la colocó con delicadeza en el suelo, haciendo posteriormente una reverencia— that's wonderful. Tenga más cuidido la pró....

Sus palabras se interrumpieron en el momento que vio la figura de Amadeus abrirse paso entre la multitud. ¿Master? definitivamente era él. Abrió de a poco sus ojos de par en par, acentuando su sonrisa.—...Disculpe mylady, I must go. —Y tras una nueva reverencia e inglés volvió a ponerse la capucha, sacudiéndose los pantalones rápidamente antes de abrirse paso con prontitud para alcanzar al pelirrojo. ¿Se había cambiado de atuendo? Bueno, Ludwig llevaba una enorme capa oscura y no se había apreciado bien su ropa. De igual forma ...¿Dónde estaba Angelika?, giró el rostro, de un lado a otro, extrañado de no ver a la fémina ¿tal vez se había perdido también? Su señor debía de estar de un humor terrible; se situó a espaldas del exorcista, arrimando su rostro para hablarle de cerca en susurros—Mastah. I'm here, me he pardido and I didn't know cómo encontreros, where is lady Ang...? —Nuevamente se interrumpió, pues sus ojos se había clavado en la figura de la niña, de aquella pobre niña que entonaba esa triste melodía. Su corazón comenzó a latir fuerte, dolorosamente en el pecho. ¿Iba a suceder lo que pensaba que...? No, no podía ser ; no podían matar a aquella niña.—...pero qué... —Un nudo en la garganta le impidió decir nada más al respecto. Estaba conmocionado. El impacto de la ejecución de la niña y la visión del padre fue tal que un terrible mareo lo envolvió y le hizo cerrar los ojos con suavidad ; se tambaleó y se llevó la diestra a la sien.

Al siguiente instante se había derrumbado en el suelo, quedando sentado, cabizbajo y en shock. Diversas miradas se clavaron en él, pero para el británico el mundo a su alrededor se había esfumado ; la escena de la niña, de aquel cardenal y de los infernales murmullos de miles de personas lo estaban sacudiendo violentamente, y su reacción posterior aun estaría por verse...
avatar
Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Invitado el Vie Mar 13, 2015 6:39 am

Algo grande pasaba en el mundo. Pero las represalias más grandes se verían en Venecia, la capital de los exorcistas. No tardo en infiltrarse las buenas nuevas entre los de su raza, el cardenal nuevo parecía ser un completo idiota. Las reglas impuestas a los bastardos cazadores de vampiros eran bastante duras, y estaba muy segura de que les dejaría con muchas bajas. Pobre religioso sin  cerebro. No entendía nada de este mundo y ahora pretendía sentarse en un trono a controlar a todos como un dictador. Estaba metiendo la pata hasta el fondo entre el estiércol. Seguramente se divertiría mucho viendo aquello, hasta la mente más débil podría ver era una situación más que ideal para sus deseos.

¿Qué podía ser mejor para un levantamiento de los vampiros, que una guerra interna entre los exorcistas? Por supuesto, ese día en la plaza la presencia de la vampiresa no podía faltar. Quería ver por ella misma, qué tan graves podían ser los problemas que acarrearía aquello. Debía hacerlo, si planeaba aprovechar la situación a su favor, y era claro que así lo planeaba.

Ocupó su lugar entre los nobles, pero no en primera fila. Bajo la protección de un elegante sombrero oscuro de ala ancha y siempre con las mejores prendas, la dama observaba el espectáculo desde la última fila. Entre los olores del perfume, podía distinguir que algunos de los suyos también se encontraban en el sitio. Ocultos como ella, no eran demasiados. Solo aquellos lo suficientemente fuertes para permanecer bajo el sol.

No le hicieron esperar demasiado. Los condenados aparecieron pronto a la vista del pueblo. Un hombre y…. ¿La engañaban sus ojos? ¿Una niña? Las comisuras de sus labios se curvaron suavemente, mostrando a penas una sonrisa fantasma casi imperceptible. Se pondría bueno sin duda, pues nadie había presenciado en aquella alegre ciudad, un acto tan cruel como el que prometía en ese momento.

Silencio… todos parecían conmocionados por el hecho de que la dulce criatura ahora luchara por mantener el equilibrio sobre aquella madera. El júbilo creía en su interior lentamente con forme los hechos se desarrollaban. Al frente entre los primeros asientos, estaban los exorcistas. Habían muchas reacciones entre ellos. Pero en la mayoría de rostros podía leerse una cosa, desprecio. Una cabellera roja salió de entre las bancas, ella sabía bien de quien se trataba, así que sonrió para sus adentros. No era libre de mostrar sus emociones reales en aquel sitio, pues no quería acabar en el mismo lugar que la mocosa cuando recién empezaba a divertirse.

Un sonido rompió el silencio absoluto que se hizo, la voz solemne de la niña que ahora entonaba una canción de lo más lúgubre. Nada mejor que aquello en ese momento! Todo aquel que supiese un poco de teatro, sabía que la música exacta en el momento preciso era gran parte de lo que se necesitaba para un buen espectáculo.

Podía sentirlo en el ambiente, casi saborearlo… Los ánimos estaban encendiéndose y casi podía escuchar los corazones apretándose ante aquello. La canción terminó abruptamente, el chasquido del peso rompiendo el pequeño cuello se robó aquella voz. El cuerpo inerte colgando de aquella soga, bien podía ser el de una muñeca demasiado grande. Un espécimen raro y delicado que jamás alcanzaría su desarrollo gracias, a la misma gente que juró protegerla….

Bajó el rostro apartando la mirada, ocultándola bajo el ala del negro sombrero. La delicada mano enguantada cubrió los labios y los esbeltos hombros se sacudieron suavemente en un temblor ligero. Quien la viese, pensaría que la mujer lloraba por la pérdida de la niña. Conmovida por su instinto materno, sin importar que la niña fuese un “monstruo”. Pero estaban equivocados.

La rusa, luchaba por contener la risa. Una carcajada perversa que amenazaba con escapar por su garganta desde lo profundo de su oscuro corazón. No podía, si se reía, se pondría en evidencia. Pero aquello era demasiado placentero. Finalmente pudo calmarse, y se limpió delicadamente con un pañuelo de seda un par de lágrimas verdaderas en sus ojos. Lágrimas de risa. Miró de nuevo al frente y algo llamo su atención.

Alfred, el criado de Ludwing. Al frente cayendo al suelo, llamando la atención como siempre. Pensó seriamente en dejarlo allí a la merced de cualquiera, frente a la jauría de exorcistas que no tardarían en descubrir su verdadera naturaleza como siguiese allí con su culo brillante de luciérnaga frente a todos. Pero resultaba que la mascotita de su amigo le agradaba demasiado como para dejarle allí, y el pelirrojo seguro se enfadaría si le dejaba pudiendo salvarle. No era bueno enfadar a ese hombre.

Pero por supuesto que no se iría! Si la estaba pasando de maravilla! Solo... encontraria la manera de sacar al rubio de la mira de esos sujetos.
avatar
Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Sealtiel Bartram el Vie Mar 13, 2015 5:24 pm

Se encontraba caminando a un paso considerablemente rápido en la plaza colmada de detestables humanos. ¿En donde se encontraba ese niñato? Era inaceptable que le hiciera pasar por este tipo de cosas. Agradecía a Dios de que el día estuviese nublado, el calor de los rayos del sol se sentían claramente atenuados por los nubarrones negros que le disminuían el tránsito. Ya había dado vuelta todo el lugar por lo menos unas tres veces y aún era incapaz de encontrar a Andrés entre la multitud. -Este idiota siempre causando problemas a uno.- Carraspeó mientras miraba atento en todas las direcciones posibles, tratando de encontrar al joven entre mastodontes malolientes que seguramente no se tomaban un baño hace milenios. Venía buscando al niño desde la posada, desde el momento en que se percató de que no se encontraba lustrando la vajilla de la casa.

Los rumores corren rápido, especialmente en un pueblo de cotillas como era la ciudad de Venecia, la bella, aunque sus residentes sean una mierda, como por ejemplo aquellos nobles sentados, todos snoobs, sobre la tarima de su respectiva clase. A su negocio muchos rumores llegaban y la noticia de una futura sentencia no era la excepción. Andrés sentía mucho interés por estos temas y si mal no recordaba de una antigua charla nunca tuvo la oportunidad de asistir personalmente a una de estas. De alguna forma lo comprendía perfectamente, sin embargo hoy era un día de trabajo y que hiciera eso fue una completa falta de respeto sin contar lo incómodo que se encontraba llamando tanto la atención con sus idas y vueltas entre tan gran convocatoria de exorcistas, a tal punto que podía sentir como los cabellos de su nuca se erizaban.

Justo a su lado se encontraba ese panadero... << ¿Cómo era su nombre? >> Le quedó observando, pensativo. << Bueno, no es que me importe realmente. >> Lo importante es que era la competencia y debía hacerle frente, quizás con alguna oferta o una edición especial. Volvió a lo suyo de forma rápida y siguió buscando, dejando al extraño de las tortugas de lado para acercarse un poco más a la tarima de la horca. Allí se situaban dos personas que desconocía completamente. Lo que más le llamó la atención fue una de esas personas era claramente una niña. << Cómo ha pasado el tiempo >> Lanzó un suspiro, rememorando el pasado con nostalgia. La última vez que había visto a una niña ser sentenciada fue cuando apenas era un jovenzuelo, en un pueblo ortodoxo de su tierra alemana ¿Qué macana se habrán mandado estos dos para recibir tal pena? Era algo que desconocía. Ah, un escenario donde la muerte es la protagonista, una escena que hace crispar los débiles corazones de los humanos mortales que penden peligrosamente del hilo de la vida. A comparación de la esperanza de vida de vampiro, los humanos son efímeros y sus vida se esfuman al mismo tiempo que el guiño de un ojo.

Un espectáculo digno de presenciar. No hay mayor comedia que los mortales masacrándose entre ellos, por lo menos para un vampiro como él que vive constante una interminable persecución por parte de estos. Se detuvo en su lugar, esperando gustoso la ejecución, mientras se mostraba completamente indiferente ante tal situación. El primero que cayó fue aquel hombre, quizás lo vio un par de veces pero no era ningún conocido de importancia. Sin embargo, la nena -.....- ¿Aquella no era Valentina? Achinó sus ojos para observarla mejor, que, si bien mucho resultado no le dio, rápidamente la reconoció al escuchar aquella dulce voz cantando que inmediatamente cuando calló, fue dictaminado su destino. Juraría que a Andrés le gustaba aquella niña a pesar de su corta edad, o por lo menos que sentía afecto por la niña. Nuevamente volvió a suspirar. -Pobre Andrés, debe de estar desbastando...- Rápidamente cayó en la cuenta.-.....- ¿Será capaz de hacerlo? Empezó, nuevamente a buscarlo por todos lados, él era un tarado y no dudaba de que fuera capaz de hacer una idiotez de esa magnitud.

Por el momento fue incapaz de encontrarlo desde su lugar estático por lo que comenzó a buscar con prisa, llevándose puesta a toda persona que le estorbara su camino. En el mismo, se pudo encontrar con algunos exorcistas, lo que le hizo pensar seriamente en la relevancia de la sentencia llevada a cabo. Llegó con la simple data de que alguien iba a morir, pero por los comentarios aislados que habían llegado a sus oídos pudo llegar a la conclusión de que todo esto significaría una gran movida de la ciudad, especialmente de la Orden Eclesiástica y sus perros los exorcistas. Podía sentir a través de sus propios tejidos, el claro nerviosismo de muchos de estos, sin duda algunos estaban completamente aterrorizados por el porvenir, porque, convengamos, que no son unos santos como muchos piensan, después de todo son simples humanos. Podría decir que era bastante curioso, pero no se detuvo en pensarlo mucho porque había algo que tenía que hacer.<< ¿Donde se habrá metido ese mocoso? >>
avatar
Ciudadano — Clase Media



Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Elric Sterling el Sáb Mar 14, 2015 2:44 am



AMEN

Con la muchachada del Krory



Agraciado sabor a vómito y sangre, eso no me lo sacaría ni tres kilogramos de pan saborizado. Habían asesinado, no, siquiera llegaba a hacer asesinato, ya trascendía de ello, a una simple niña. No me preocupaba del todo ella. Me shockeaba la clase de fin a la que esta obra estaba destinada. ¿Nos querían poner el pan en la espalda contra la pared? Respire profundo, necesitaba tranquilizarme o largaría aún más sangre por la boca. Me coloque pesadamente de pie, la incertidumbre se propagaba entre la gente. Tome un pañuelo ya mugroso para limpiarme la sangre, relajándome muy poco, me encontraba crispado. – Esto ha sido el fin de una era. Si ellos optan por ello, entonces, cada quien seguirá su camino… - Deduje desviando la mirada a cada exorcista que podía cruzar desde mi vista obstaculizada. Inclusive el General, ese inútil que tanto respeto por su visión realista del mundo, se encontraba atónito. - ¿Cuál será su reacción? – Me gustaría estar en la cabeza de él, no, de cada uno de los de mi clase. ¿Alguno lo aceptara? ¿Se alzaran en armas? ¿Se lamerán las pelotas huyendo como cobardes?

Pensé que todo había cambiado, pero esto, había excedido por completo mis expectativas. Había que hacer algún movimiento,  ¿pero qué? – ¿Roberto? – En mis ojos, pude notar a un caballero que le reconocía. – No… ¿cómo era su nombre? ¿Alfredo? ¡Alfred! – Un don muy humilde, que mle había comprado pan hacía tiempo atrás. Un sir británico que me  hacía recordar a mi segundo país, aquel donde el té era un derecho, más que un placer. Empuje a los incautos, debía de ayudarle, no porque yo intentase ser bueno, sino porque Alfred… Es Alfred. Aquel que había salvado la vida a mi madre con una simple taza de té. Al alcanzarle, le toque el hombro con cuidado. – Sir Alfred, it’s me, Mr. Sterling. This is not the place, for a soul like you. Please Sir Alfredo, be away from the square. – Le hable tranquilo, en una lengua que seguro el entendería y le daría seguridad. A pesar de ser un cabrón, Alfred era una persona, un humano (no sabe que es un vampiro) al cual se debe cuidar. ¿Por qué? Porque es Alfred. – This is a dangerous place. – Le murmure, palmeándole el hombro. Lastimosamente no podía quedarme, por lo que me despedi rápidamente. - My grandfather always said, Life is like bread, crispy… see you later, if I have that luck my friend… - Al terminar, Sali despedido de vuelta hacia la gentuza, donde pertenecía.

Al estar entre la muchachada, empecé lo que debía de hacer. Tape mi boca con la mano y comencé a gritar entre el gentío. - ¡SANGRE! ¡QUEREMOS LA CABEZA DEL CARDENAL!  - Dispuse a cambiar de lugar repetidas veces, debía de armar alboroto. - ¡ESTO NO PUEDE SEGUIR ASI! ¡QUEREMOS AL CARDENAL MUERTO! -  Entregue un par de tortugas a unos aldeanos de baja reputación. Estos comenzaron a gritar, obviamente comprados por mi talento comercial. - ¡DI MEDICI ES UN BRUJO! ¡QUEMENLO! ¡QUEREMOS MENOS IMPUESTOS DE PASO! – Comenzaron este par a gritar, haciendo el mismo trabajo que yo, alzando a algunos ciudadanos en contra del cardenal, aunque otros aun no, el temor era algo que engendraba poder y miedo. Al hacer mi trabajo, cambie mi ubicación, acercándome a tan solo siete metros de Amadeus, si iba a peligrar, que al menos fuese cerca de una persona poderosa a quien entregar como sacrificio.

- EN HONOR A LA JOVEN VALENTINA QUE EN PAN DESCANSE -

LA PANADERÏA TUBERCULOSA SIEMPRE TE RECORDARA



Sabine © Credits.




"Y el pan. Es una auténtica maravilla, es el sabor y el olor de la infancia."
Victorias y Vitcotias :fat::

Il Sensuale Panadero :sir:










avatar
Exorcista — Maestro



Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 14, 2015 3:38 am

¿De qué trataba todo aquello? El nórdico ya tenía una idea de lo que se acontecería, mas nunca habría imaginado que aquel nuevo sistema pudiese ser tan radical.

Había llegado con antelación junto a Fath a la plaza San Marcos. Ahora, situados en un margen de la muchedumbre y en una zona más alta y privilegiada el norteño observaba con ojo crítico a aquellos militares que se abrían paso a través de las masas, dando lentas caladas de la larga pipa. Sus pupilas ahumadas se entornaron para pasearse a través de diversos compañeros ; localizó a Elric, dándole aquella bofetada a uno de los niños, y a Amadeus sentado al otro lado, el cual parecía tan aburrido y hastiado como siempre. Por unos momentos su mentón se irguió para presenciar el cielo, cada vez más renegrido, presagiando una lluvia violenta que probablemente se daría en unas horas ; aquel día prometía ser fatídico y no parecía augurar nada bueno, y el rubio no tenía un buen presentimiento.

Giró su rostro hacia Fath a su lado, exhalando el humo que ascendía como un vaporoso jirón que atenuaba sus facciones severas.— ¿Qué es lo que te inquieta, Fath?—Su voz profunda y serena era matizada con un deje de magnificencia. La notaba tensa, quizás porque ella tampoco tenía una buena corazonada sobre todo aquello. La aprensión se respiraba en el ambiente y asfixiaba. Si bien él mismo se hallaba un tanto inquieto su inexpresividad se encargaba de mantenerlo indescifrable a la vista de los demás, y ello siempre contribuía a que se sintiese aquél que debía tranquilizar a ajenos. —Estoy seguro de que el cardenal tiene planes muy beneficiosos para una Venecia nueva. No tienes de qué preocuparte. —Sus ojos se clavaron en aquella tarima desierta, con pasiva expectación. Ciertamente se esperaba los sacrificios, pero no lo que iba a llevarse a cabo en tan solo cuestión de minutos. El silencio había dado paso a la aparición de Albertino y de aquella niña, y en el momento de captar todo lo que estaba por acontecerse los ojos del varón se abrieron de a poco, así como lentamente bajaba la pipa de sus labios para exhalar el último hálito. No abrió la boca en ningún instante. Sus ojos se entrecerraron en dos finas rendijas que sometieron a un concienzudo escrutinio a Francesco, a aquella niña y al lamentable cántico que entonaba. ¿Acaso aquel era el propósito? Erik se consideraba radical en su medida ; los vampiros debían ser exterminados, pero su opinión respecto a mestizos difería. Si bien esas criaturas no tenían la culpa del error de sus padres albergaban una sangre contaminada, una sangre que podría llegar a resultar un peligro para la humanidad si se siguiese extendiendo. No obstante los mestizos aun representaban un misterio y había mucho por determinar, inclusive si pudiesen llegar a ser, en lo contrario, beneficiosos en algo, por consiguiente matarlos de forma tan radical sin antes reclutarlos al menos temporalmente y someterlos a investigaciones claves le parecía del todo estúpido ¿qué mejor que analizar a un mestizo para entender mejor al enemigo? muchas podrían ser las respuestas.

Con todo, se mantuvo impasible en el momento de la ejecución, pero presintió que aquello no iba a quedarse así como así. Por el rabillo del ojo pudo ver a Elric moverse de un lado a otro, a Amadeus, inquieto, adelantarse abriéndose paso entre la multitud ; alzó una ceja. ¿Acaso iba a hacer lo que pensaba que haría? Definitivamente aquello se les iba a ir de las manos como no se controlasen. De un momento a otro su mirada ahumada se dirigió a Fath, consciente de la impresión que posiblemente tendría ante dicha escena, y la tomó del brazo con firmeza, prediciendo lo que estaba seguro llevaría a cabo ; Fath no era una mujer que se fuese a quedar tranquila después de haber presenciado algo así. Su carácter indómito e impulsivo era caótico en el momento que entraba en cólera, y era consciente de que la mujer no se controlaría. Así pues, cuando ella se giró para mirarlo él le dedicó una mirada reprobatoria y severa. No le hizo falta decir nada al respecto, manteniendo el contacto largamente. De fondo ya podía escuchar exclamaciones y aquellos voceríos emitidos por Elric, mas de momento estaban de segundo plano para él, más preocupado en contener a la mujer— Es peligroso.— Dijo sin más. A continuación miró de soslayo y significativamente a toda la multitud de guardias que se agalopaban a lo largo del perímetro ; volvió a su mirada, serio, hablando en un susurro bajo y grave— Contrólate, Fath. Ahora no es el momento.
avatar
Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Joffiel Gabrielli el Sáb Mar 14, 2015 5:47 am

]Joffiel || Cecilia (PNJ)]

-Oye Joffiel, creo que es mejor irnos de aquí. Loretto pidió que volviéramos rápido- murmuraba Cecilia mientras intentaba jalonear a su amigo para que se moviera de su sitio.

Para Joffiel, Cecilia era una de las razones por la cual no confiaba mucho en la iglesia, ni en sus estándares trucados. No tenia nada contra su gremio que controlaban y monopolizaban gran parte de Europa, pero después de tantas cosas vividas en su niñez, hasta la fe en dios era algo que se cuestionaba casi siempre.

Ella era tan joven como él, pero mayor por unos escasos cuatro años. No entrego su vida por vocación propia, sino por la influencias de sus padres que como gallos al amanecer, lo único que le inculcaron fue el típico “Entrégale tu vida al señor”

Pero cuando el tiempo pasa las orugas envueltas en su crisálidas quieren salir de su capullo y ser libre, y pasaba lo mismo con Cecilia. Después de años sirviendo a la iglesia deseaba poder librarse de ella, estaba pasando por la etapa rebelde, osada y narcisista, que sus padres pensaban que se iba a pasar si pasaba unos días en casa del padre Loretto.

¿No les parece fantástico? Un ateo inconforme con su vida y una monja inconforme con su vocación.

-Habrá que tomarte las medidas, te veras lindo como monaguillo- intentaba persuadirlo, pero nada. Joffiel se mantenía estático en donde estaba.

-No me quedara bien, porque no quiero ser nada de eso, sácatelo de la cabeza-  

Había decidió buscar libros en casa de Cecilia, leer otra cosa que no fuera la biblia tal vez le ayudaría a relajarse, había pasado dos meses sin salir de casa y leyó tantas veces el antiguo testamento que su conciencia repetía una y otra vez cada libro, estaba arto de tanta castidad santa y la historia fantástica del hombrecillo que pico el mar en dos.

Pero mientras que iban de regreso el murmullo de las personas y el ruido de los corceles llamo su atención. Se detuvo finalmente para ver desde un lugar apartado de tanta multitud, no soportaría estar rodeado de tantas personas, de tanta suciedad y compartir el mismo oxigeno. Le enfermaba solo pensarlo, aunque se odiara a si mismo por ser tan egoísta.

Él llevaba una simple camisa de tela delgada de color blanco, unos pantalones negros y guantes de tela blanca, mientras que ella usaba su indumentaria de monja. Traía los cuatro libros cubiertos con una lona de color vino bordado con una mezcla de formas curveadas y circulares en hilo dorado, Joffiel no soportaría tocar los libros con sus manos aun teniendo guantes.

Entonces su estomago dio un vuelco mientras observaba a los prisioneros tomar sus lugares, la niña fue quien causo un gran efecto, como un sacudón fuerte que le hizo querer vomitar. Su expresión era tan legible y sincera, tan clara como el agua: sorpresa, tristeza y evidente desaprobación.

-Oye Joffiel, es mejor irnos. Estoy convencida que no quieres ver esto-

Pero Joffiel no escucho nada, todo el mundo había desaparecido y su atención únicamente recaía en la niña, no escucho razones y el motivo de su juicio, ni siquiera sintió las pequeñas gotitas que caían del cielo, las lagrimas del mundo triste ante algo tan cruel.

-¿Esto es lo que ustedes llaman, el amor de dios?-

-No Joffiel, esto se llama preservar el orden. Estamos en tiempo difíciles, nosotros somos jóvenes aun, no tenemos derecho de criticar. La ley es dura, pero es la ley-

Comento Cecilia con rectitud. Joffiel no sabía si era por el simple hecho de llevar el hábito puesto o porque en verdad ella pensaba eso.

Hubo un largo silencio, el sonido de la madera arrastrándose y el jadeo mudo de algunos espectadores sorprendidos. Joffiel supo que  la ejecución se había llevado acabo. No se quiso ver la escena, su cobardía se lo impedía y su corazón se negaba a presenciar algo tan bárbaro.

-Amen- susurro Cecilia uniendo sus manos, parecía rezar.

-No planeo pertenecer a algo así, Cecilia- murmuro en voz baja. Joffiel sabia que estaba a una prudente distancia del gentío, pero no iba a arriesgarse a meterse en problema, tenia que formar parte de aquellos cuyas opiniones no podían vomitar con gusto, retorcerse en la agradable sensación de gritar las verdades al aire y no temer correr con la suerte de la pequeña. –Preferiría vivir en las calles por siempre- finalizo con una breve mueca en sus labios.

Después de todo, entre la muerte brutal de sus padres y la muerte de la niña, tenían una cosa en común. Un horrible asesinato, con la diferencia que este era justificado y eso lo hacia peor ante los ojos de Joffiel.    
   
-"Solo los ángeles lloran por la muerte de un pecador"- cito Cecilia.

-"…Y solo el demonio se alegra de algo tan atroz…"- repuso él sin tapujo.

Escucho un grito de reclamo, al fin alguien con sentido común había alzado la voz. Cecilia puso cara de tragedia mientras que intentaba ver quien había intervenido, pero pareció entre en pánico cuando otros mas comenzaron a gritar también.

-Oh no, por la santísima trinidad. Nosotros nos vamos- dijo asustada –Se que a veces sueles comportarte como si tuvieras bambú en la cabeza en vez de cerebro, Joffiel. Pero esto es demasiado, nosotros no debemos estar aquí, si esto se pone feo…-

-Si esto se pone feo, podremos huir tranquilamente- repuso Joffiel –Estamos lo suficientemente alejados, en dado caso que algo acontezca-

-P-pero… ¿Qué quieres esperar? ¿A que todos se subleven y que comiencen a rodar cabezas? Nosotros deberías estar en casa, no aquí-

-Simplemente quiero esperar…- susurro –Solo eso, ver de lo que es capaz tu amada iglesia-

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 14, 2015 7:32 pm



Ni siquiera llevaba una sola semana en Venecia cuando Komui Lee, le "invitó" a asistir a la penitencia. Ella no sabía bien lo que acontecería esa noche, pues el supervisor de la Academia no había querido entrar en detalles y lo único que se dignó a decir fue: <<Esa noche verás la verdadera cara de la iglesia>> Ni siquiera había tenido tiempo para presentaciones, únicamente le habían hablado de los generales Erik, Jacqueline y Amadeus.

Yua se encontraba al lado de Komui, estaban ambos apartados a un lado del gentío, a mano derecha de la horca. La mirada de la japonesa estudiaba la situación con increíble asombro, sus ojos oscilaban desde la horca, hasta la tarima donde se encontraba la nobleza. Cuando los guardias acompañaron a los presos a la plataforma, Yua le dedicó a Komui una mirada interrogante, pues no entendía por qué conducían a una niña tan pequeña a la muerte. En cuanto el asiático le explicó todo, Yua sintió cómo el corazón se le hacía un nudo, y este dolor se acentuó en cuanto la niña comenzó a cantar. Apartó su brazo de encima de la cabeza — que lo apoyó ahí para que la larga manga del kimono le resguardara de la lluvia — y observó totalmente turbada cómo los exorcistas se limitaban a ver, oír, y callar. El nerviosismo entonces comenzó a invadir el cuerpo de la japonesa, ahora su mirada recorría inquieta al personal, miraba a la niña a punto de ser sacrificada, al padre lamentándose y, después a sus supuestos compañeros exorcistas ¿El desconcierto? Ninguno hizo nada al respecto, ni siquiera una queja o intento impedir aquella locura radical...

Su perplejo se transformó en furia, enfado, y una disconformidad lo suficientemente acentuada para hacerse sangrar ligeramente el labio inferior en la mordida rabiosa. En su país nunca habrían permitido algo así. Ella era plenamente consciente de que cada academia tenía sus propias reglas e ideales dependiendo del país y con ello la religión. Pues no todos tenían los mismos principios y por ello tampoco los mismos resultados. Pero, aun así, la decisión de aniquilar a todo mestizo le parecía totalmente absurdo, pues en japón eran ellos la raza predilecta para el exterminio del vampiro, ya que compartían parte de sus genes. Aparte, ¿en qué diablos estaban pensando? ¿Se han olvidado ya de qué es lo que estamos defendiendo? Estamos asegurando la vida del ser humano, ¡el humano! ¿Nos hemos olvidado ya de qué es lo que nos diferencia a nosotros de los vampiros? Nuestros profundos sentimientos, nuestro aprecio por la vida, el perdón, la culpabilidad, el amor profundo hacia las personas, hacia el resto del mundo; la esperanza en los niños, la juventud. El progreso... ¡no la regresión! ¡Somos humanos, no máquinas de matar! El crujido del cuello despertó a Yua de su reflexión momentánea. Sus ojos se abrieron de par en par hasta detenerse ante la figura ahora exánime de la criatura. Y se llenaron de lágrimas.

¡ASESINOS! ¡KUSOKURAE, CHIKUSOU! — gritó al pleno pulmón. Realmente no le entraba en la cabeza cómo nadie, absolutamente nadie pudo decir ni hacer nada al respecto, cómo nadie defendió la vida de esa criatura que podría ser la hija de cualquiera. Estaban mancillando su país, su gente, su futuro, sus creencias, y nadie hizo nada ¿Esos eran exorcistas europeos católicos? ¿Esa esa su bondad, su temple? ¿Dónde había quedado la lealtad, la familiaridad, el compañerismo? ¿A caso ellos tenían aunque fuera un mínimo resquicio de moralidad? La mirada de la japonesa temblaba ante la escena, su mirada se mantenía en el cuerpo de la niña, que se balanceaba suspendida en el aire acompañada del llanto desgarrador de su padre. Entonces distinguió al lado de la cuerda de la horca una fina línea roja que procedía de un chico de cabellos blancos; por lo visto un exorcista. ¿Sólo él intentó detener aquello? Los pasos veloces de Yua se abrieron paso entre el gentío, apartando a la multitud a empujones y con sus ojos llenos de lágrimas, aunque las gotas de lluvia que se escurrían por su rostro y kimono las conseguían disimular ligeramente. Entonces por fin se empezaron a escuchar las quejas, que emanaron de las gargantas del pueblo entre insultos y peticiones de muerte. Muerte, sólo querían muerte.

Para aquel entonces Yua ya había llegado hasta las escaleras que conducían a la tarima de la horca, intentó subir, pero en el último escalón un guardia la agarró del brazo para detenerla. A pesar de aquello, Yua le propinó al guardia un rodillazo en el estómago para seguidamente alzar su pierna derecha a la altura de la cabeza y patearle en la nuca. El guardia calló al suelo inconsciente, pero fue inútil, pues otros dos guardias de inmediato la agarraron de los brazos para detenerla. La japonesa forcejeó, pataleó y se retorció como una lombriz en intentos inútiles. Los gritos del pueblo comenzaron a cobrar más fuerza, y, aunque ella no los entendía del todo, estaba claro que protestaban por lo ocurrido, porque más guardias empezaron a abrirse paso entre el gentío para golpear y llevarse retenidos a aquellos que se hacían escuchar — ¡EXORCIST CATÓLICO TRAIDOR! ¡Japón jamás permitiría! — siguió forcejeando entre gritos conforme los guardias se la llevaban de la plaza — ¡Vergüenza generales, vergüenza defensores! ¡Korede todome da! (esto es el fin) — concluyó, dedicando una mirada mortífera a ambos generales de la Academia Krory (Erik y Amadeus, los únicos que conocía) y terminó escupiendo en el suelo, como símbolo de desprecio hacia ellos.
avatar
Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Komui Lee el Sáb Mar 14, 2015 7:43 pm

Asistir a aquel acontecimiento era, probablemente, una de las cosas más duras que Komui había hecho jamás. El aire era húmedo, pero de una densidad abrumadora. El conocido supervisor chino no estaba seguro de si se debía al clima o a su propio estado interior, pero mientras hincaba las suelas de los zapatos en la calzada, se encontró con una dificultad agobiante para respirar. La atmósfera se encontraba cargada de tensión conforme se acercaba más y más al lugar donde se disponían a profanar todo aquello en lo que creía Komui. Pero era por ésto mismo, que el día se había visto enturbiado, en especial para él, debido al cúmulo de presiones que llevaba dentro de sí. Sueños que ahora se postraban infundados, idílicos, y una impotencia que empezó a materializarse en la cara del supervisor a la par que se situaba en una posición decentemente erguida. Aunque el carácter impulsivo e incontrolable del joven asiático se podía apreciar al ver su zapateo impausible, e incluso si escuchabas atentamente podías percibir como sus nudillos se estremecían debido a la fuerza con la que Komui los apretaba. Sus cejas bailaban, y sus labios seguían ésta danza de muecas que Komui no era capaz de controlar. Sus emociones rompían cual olas contra un acantilado lleno de rocas hechas hombre, grandes y gordas unas, afiladas y mortíferas otras. Y en lo alto de éste estaba la horca, con una niña a punto de ser afixiada por ésta. Atinó con sus pupilas en las ajenas, no vió nada en aquellos ojos que pudiera merecer una muerte así, ni ninguna otra. La ingenuidad de una niña que se iba perdiendo entre los abucheos de las personas, las carcajadas de lo que Komui adivinó, no eran personas. Pero sobre todo, entre los sollozos. Que se inundara allí la Plaza de San Marcos por toda la tristeza que albergaba el director. Ni siquiera pudo pensar en impedirlo, la niña murió frente a la multitud. Apartó la mirada de la niña, que había dejado aquel mundo con una mueca de espanto en su rostro. Dirigió entonces su atención al otro acusado a sentencia, un exorcista, un compañero y un  amigo. Llevaba muchos años en la Academia y era uno de los mejores, sin duda. Desde que Komui había sabido de que éste evento acontecería, había maquinado una severa serie de planes contradictorios al nuevo movimiento eclesiástico. Pero todos le parecían locuras cuando su lado irracional gobernaba con mano de hierro. Pero ahora alguien le había propinado una patada a aquel trono, y había dejado que el sentido común de Komui cayera de bruces a los pies del odio, que no reina, sino que crea a los hombres.

Echó a correr hacia la tarima, empujando a todo el mundo que se encontraba a su paso, y subió a ésta sin problemas mientras observaba con una lentitud angustiosa como los guardias se llevaban a todo el que, al igual que él, intentaba pronunciarse contra toda aquella locura. Se fijó en la joven exorcista japonesa, y se acercó allí donde ella estaba apresada por dos energumenos atontados.

- ¡LES ACONSEJO QUE SUELTEN A ESA MUJER SI NO QUIEREN INICIAR UNA GUERRA CON EL MISMO EMPERADOR JAPONÉS, CABALLEROS!

Estaba gritando como todo el mundo, pero no le importó. Se acercó a Yua y se la arrebató de las zarpas a aquellos dos. LLevándola consigo hasta donde estaba Albertino, el exorcista condenado. Se dirigió a todo el que pudiera oírle; curas, caballeros, ciudadanos, exorcistas, vampiros, cardenales, Dios. Y aún se retuvo en sus palabras.

- Soy Komui Lee, mis señores. Supervisor de la Academia Krory Milium de ésta ciudad de Venecia, y por lo tanto, es mi deber supervisar a éste hombre. Y quizás de matar no sepa, pero entiendo de vivir, y de derechos, algo que ustedes -Mirando a los organizadores de todo aquello- parece que no logran comprender y respetar. ¡Éste hombre, Albertino, no puede ser juzgado de ésta manera! ¡TIENE DERECHO A UN JUICIO, Y ESO ES ALGO QUE NI LA IGLESIA, NI NADIE LE PUEDE NEGAR, Y ASÍ LO DICTA LA LEY! ¡DESPIERTEN, MALDITA SEA, LA IGLESIA YA NO ES LO QUE ERA! -Tomó aire, recomponiéndose de sí mismo- Y yo como responsable de él, y de todos los exorcistas, me veo obligado a impedir ésta locura y ésta farsa. Si no obedecen, habrá más sangre de la que éste asunto merece. ¡Y ESO INCLUYE LA VUESTRA!


Hago Digo Pienso
avatar
"Supervisor y Gerente"




Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Invitado el Lun Mar 16, 2015 4:57 am

Miró fijamente al nórdico quien aún sujetaba fuertemente su brazo. No hacían falta las palabras, ellos siempre se entendían. Sabía lo que el rubio estaba pensando. Que no debían intervenir, que debían aceptar aquella mierda así como así. Pero ella no podía. No viendo a la niña colgando así. Sin vida, con su padre Albertino a sus espaldas desgarrado por ver a la pequeña de aquella manera. Escuchaba algunas exclamaciones entre el pueblo. Y entonces el rubio hablo. "Peligroso"? Afilo la mirada, sin poder creerse lo que escuchaba de la boca ajena. Miedo? Le detenía por miedo? Soltó la espada, no con intensiones de dimitir, sino de tener la mano libre para empujar la ajena que le sostenía y librarse de su agarre.

-Si no es ahorra cuando Errik? Cuando serra el momento? -los ojos de la fémina tenían ese brillo de súplica que le pedía al mayor abrir los ojos y ver de que se trataba todo esto. -Cuando veamos a todos nuestrros amigos colgados alli? Porr idioteces como la que acabamos de prresenciarr? .... Cuando uno de los dos este allí colgado? -a como ella veía las cosas, con ese cardenal y sus reglas absurdas.... Nadie estaba libre de padecer el destino de la pobre Valeria. Miró a los soldados y bufó divertida. -Cuál es el prroblema? Hay decenas de exorcistas aqui Errik!! Uno solo de nosotrros puede carrgarrse fácilmente unos 10 de esos como mínimo. -le dijo molesta. No se molestaba en bajar la voz. Estaba demasiado indignada.

Además, debían aprovechar cuando todos estaban juntos. Si seguían asi... sus fuerzas disminuirían. Uno a uno caería, si no hacían algo juntos. Amadeus tenía razón. Su debilidad, estaba en que cada exorcista estaba desligado del resto. Actuaban todos solos, y no se unían ni en aquellos momentos cuando era menester. Era por esto que ahora hacían con ellos lo que les venía en gana. Estaban convirtiendo a los cazadores en presas. En simples reces asustadas mirando como asesinaban a los suyos en sus narices.

Su mirada se fijo de nuevo en la de Erik, una mirada cálida, suplicante, que solo aquel hombre conocía. Extendió su mano para tomar la muñeca ajena. -Errik.... -susurró, deseando que entendiera. Si ahora se quedaba con los brazos cruzados, no se lo perdonaría jamás.

No le dijo nada más. Porque Komui inició un discurso en la tarima de los ahorcados. Se quedo mirándolo, escuchando lo que decía. Ella no podía quedarse allí. Nunca había sido una cobarde, y Erik tampoco. Debía recordarlo. -En Rrumania hacemos un jurramento Errik. Prrotegerr a los débiles, siemprre hacerr justicia y nunca abandonarr a un amigo en bataia. -apretó su muñeca suavemente. Ella lo había jurado por la sangre de sus ancestros, había tomado esas palabras como ley en su corazón.

-Eso... -dijo señalando el cadáver de la niña balanceandose aún. -No es justicia. -le vio con pena, con gran tristeza. No podían tratarlos así, a ellos que hacían el trabajo sucio de esos tipos en la iglesia. -Bajarré allí, y cuidarré el trraserro a los míos Errik.Y crreo que tu deberrías hacerr lo mismo. -soltó su mano lentamente, sin desearlo realmente y empezó a caminar lentamente para bajar de ese lugar y acercarse más al punto de acción. Pero se giró para ver al General en el último momento. -Si vienes conmigo.... prrometo porrtarrme... ligerramente bien. -no es que no pudiera hacer aquello sin el nórdico. Era que no lo deseaba. Ellos, eran dos lobos solitarios. Pero si era necesario, Erik era el único a quien podía tomar como compañero. -No hablarre. -prometió. Después de todo, nunca se habla cuando se patea los traseros gordos de los cardenales idiotas.
avatar
Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Adelei D'Cielo el Lun Mar 16, 2015 11:30 am

Gracias a las nuevas medidas adoptas por el recién nombrado cardenal su posición como exorcista al igual que su propia existencia peligran de una manera sobrenatural; no se sentía segura ya en ninguna parte y no quería ser una molestia para su padre, un exorcista con fama y bien conocido en Venecia. Esperaba a ver como se desarrollaban los acontecimientos pero vista la actitud del nuevo cardenal no podría permanecer por mucho tiempo viviendo en la tranquilidad a la que se había acostumbrado pese a su mestizaje. Le parecía una medida absurda y extremista, la pureza de la raza humana había sido mancillada hacía ya mucho tiempo y ahora aquel nuevo pimpollo pretendía imponer una pureza que no existía, tenía que tener algún tipo de deficiencia; era la única explicación que encontraba, no solo para las medidas que se habían tomado últimamente sino además por los hechos ante los que estaban siendo testigos sus ojos aquel día. Todos y cada uno de los exorcistas habían sido llamados aquel día a la plaza de San Marcos, a la Gran Plaza,  para asistir al asesinato de mestizos, considerados ahora una amenaza para todos. La joven exorcista había preferido quedarse encerrada en su cuarto en la academia, esperando a que su hora llegase; aquello que estaban a punto de contemplar era una crueldad y una atrocidad. Iban a acabar con vidas inocentes tan solo por una fluctuación en su sangre, tan solo por una mezcla entre dos razas…. Cosa que llevaba sucediendo desde el inicio de la existencia de la especie humana.

Adelei se había situado lo más lejos posible de la tarima de la ahorca, cuanto menos viese mejor. El tiempo no era muy favorable y parecía que en cualquier momento pudiese comenzar a llover; se encontraba inquieta, como el tiempo, los abucheos, el griterío y las conversaciones a gritos llenaban los momentos previos a la ejecución. Muchos de ellos parecían pasarlo bien, de hecho las ejecuciones, por aquel entonces, era una forma de entretenimiento que encantaba a la plebe y la nobleza; para la exorcista, no era más que una manera atroz e injustificada de juzgar a una persona, pues para ella todos aquellos crímenes cometidos por habitantes de Venecia y cualquier parte del mundo, no era culpa del individuo en sí sino de la sociedad en la que vivía que los obligaba, por su situación, a comportarse de una manera u otra. Había decidido asistir sola, no había hablado con ninguno de sus conocidos ni con su maestro; sabía que si quizás se enteraban de que tenía contacto con alguno de ellos tendría consecuencias para los mismos.  Sus ojos iban y venían de cara en cara, no le sonaba ninguno. Habían muchos nobles y aristócratas asistiendo a la ejecución; no era de extrañar, las nuevas medidas habían causado furor en Venecia, tanto de manera positiva como negativa. El nuevo cardenal se creía mucho más cualificado que los exorcistas de Venecia, según él los suyos eran unos inútiles que se habían reblandecidos con el tiempo, que ya no eran capaces de llevar a cabo su trabajo como debería; Adelei, como podréis observar no es muy partidaria del cardenal, de hecho nunca había estado muy del lado de la iglesia… pero ahora que su integridad corría peligro no pensaba pasar ni una.

El griterío del público sacó de sus pensamiento a Adelei, habían sacado a la tarima a los “delicuentes” y a la pequeña mestiza, lo supo en cuanto la vio… no había querido saber los detalles de la condena ni del castigo pero ahora que veía a la pequeña lo supo; sabía que aquellos dos con los rostros ocultos serían los familiares de la dulce pequeña mestiza que caminaba tras ellos… iban a ser ejecutados, los tres tan solo por algo como la mezcla de razas. Aquello era lo que más preocupaba a Adelei, que si se quedaba en Venecia y acababan sabiendo de su impureza acabasen no solo castigándola a ella sino también a su padre; la única familia que le quedaba. Su cuerpo se tensó y sus labios se dibujaron como una única línea recta. Sus manos se cerraron en dos puños pegados a sus piernas, apretaba con tanta fuerza que comenzó a clavarse las uñas en las palmas de las manos; la sangre comenzó a brotar de las heridas manchando sus manos de sangre y sus nudillos se colorearon de blanco por la fuerza que imprimía en aquella acción, no quería perder el control así que prefería autolesionarse a llamar la atención de algún guardia. Sus ojos finalmente se encontraron con los de la pequeña Valentina, que con coraje y ternura afrontaba su prematura muerte; ambas sabían que aquella situación no era la correcta, que nadie se merecía morir tan solo porque pudiese considerarse un ser peligroso… La niña cantaba, cantaba como si en lugar de estar a punto de pasar al otro lado, estuviese deleitando al público con su hermosa y dulce voz. Los ojos se le empañaron y sabía que no esperarían a que acabase la canción, no quería ver aquello. Era consciente de que si abandonaba la plaza y alguien se daba cuenta acabaría como las tres personas del estrado, pero no podía; era superior a sus fuerzas. Se giró con un movimiento rápido, apenas podía ver el suelo con claridad las lágrimas rodaban por su rostro sin poder si quiera detenerlas. No quería ser vista, apuró el paso y aunque se llevó algún que otro empujón como era normal, porque todos querían ver de cerca la ejecución. Elevó la mirada nada más que un segundo para poder ubicarse en la plaza; entonces atisbó una más que conocida melena pelirroja. Amadeus. Cambió el rumbo hacia este, parecía querer huir de aquel lugar también… le gustaría saber el por qué; no creía que la razón fuese ella.

No le costó mucho alcanzarle pero si no le paraba se iría sin percibirla. Alargó forzadamente el brazos hacia él, logró asir su camisa tirando de esta levemente. Sus ojos buscaron los ajenos desesperadamente; aún lloraba y sus palmas seguían sangrando, continuaba en tensión.

- Amadeus…

Esperaba que parase y le hiciese compañía, desde que había salido la nueva ley su día a día era una constante tortura; pasaba muchas horas sola pensando en qué sería de ella cuando diesen con su mestizaje. No era algo que proclamase a los cuatro vientos pero al final lo averiguarían y no tendría salvación. En un día como aquel, en el que la ejecución de una pobre niña mestiza inocente había sido la gota que colmaba el vaso… necesitaba alguien en quien apoyarse.


avatar
Exorcista — Alumno


Frase This is me and this is all you will get

Ver perfil de usuario http://krorymilium-rpg.foro.bz/t94-adelei-d-cielo-id-exorcista?nid=1#369

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Elric Sterling el Mar Mar 17, 2015 1:19 am



AMEN

Con la muchachada del Krory



NO NOS VAMOS NADA, QUE NOS ECHEN A PATADAS… - Comencé a saltar con la muchedumbre, como si fuésemos barra bravas del futuro alentando a un equipo.  – ¡QUE SE VAYAN TODOS, QUE NO QUEDE NI UNO SOLO! – Nos encontramos un grupo predilecto y respetable, no por posición, sino por abultamiento, saltando de un lado para otro en pleno pogo. No nos interesaban esos guardias que ya estaban haciendo de las suyas. Nada importaba, había que alentar, por la libertad y el futuro próspero del pan. El agua no nos impediría hacernos escuchar, ya que antes de exorcista soy un ciudadano del pueblo, y antes de ello, soy panadero. Pero, es una noche para dejar esa crocante trenza, ya que, era un panecillo manchado de sangre, metafóricamente hablando.  Con los empujones y el acercamiento de la guardia, tuve que ceder. Perdiéndome entre el gentío nuevamente, notando que la tensión estaba aumentando y que en cualquier momento se entraría en el clímax.

Pudiendo escapar de los incautos, seque un poco mi mirada, el agua ya era bastante molesto para la vista. Note como cierta mujer subía a la tarima, enfrentándose a los súbditos. ¿Qué grito sobre los exorcistas? ¿Alcohólico tarado? No pude escucharle bien con la lluvia y el griterío, pero estoy casi seguro que nos había llamado alcohólicos. Mi respuesta fue simple y sincera. - ¡CUELGUEN  A LA CHINA! – Insultarnos de tal manera, cuando los nervios están al punto de cocción, hay que haberse caído de la cuna. De seguro sus ojos de esa manera, china y caída de la cuna de mocosa mohosa. Inclusive el supervisor Komui Lee, quien dio un discursito de lo más cutre y afeminado que pude apenas oír, dio su presencia encima de la tarima. Que hombre hipócrita, habla de defender la vida de un hombre que ya no…ya no tiene vida en sus ojos.

Con diestra ferocidad me aproxime a la tarima lo más rápido que pude, empujando a cada inerte cuerpo que se cruzaba, inclusive dando algún que otro manotazo a un guardia. En el camino termine chocando con el General (nazi) Erik, no le reconocí por la lluvia audaz, no obstante supuse que era un exorcista por la vestimenta. Que dolor, que espalda mas fuertota, debe de ser todo un macho con olor a rosas y guapetón. – Espabila incauto guapeton, esto no es lugar para la gente cutre maricona. – Le di un zarpazo en la cabeza desde atrás, más bien parecía un churrasco al cuello, era más alto que yo, costaba golpearle.  Pase de el, dejándolo atrás, continuando mi camino hacia la tarima, no sin antes decirle al hombre. - ¿Eres macho y guapo? ¿O solo guapo? – Mis palabras podrían motivar a quien sea, porque así éramos los guapos y machos.

Al estar bastante cerca de la tarima, tome de mi pantalón, ese pan más sabroso que tenía gestionando hacía ya cinco días. Directo a la cara de Komui fue a parar. – Tu, “supervisor” – Un par de guardias se acercaron a atraparme, mi única respuesta fue, a partir de mi herida del dedo, dos hilos de sangre apoyados en su cuello, sin lastimarles, pero amenazante. – Falso chino Lee,  ¿te crees un profeta o algo? Deja que hagan lo que tengan que hacer. Sir Albertino está muerto por dentro ya, y más que protegerle, debías proteger a, ¡LA NIÑA! – Maldito incauto, si tan solo hubiese hecho su trabajo como debía esto tal vez no hubiese pasado. Espera, yo fui quien alzo la voz del pueblo, bueno no importa, la victima seguiré siendo yo por derecho divino. Aunque, ciertamente, hay algo que aun me llega a molestar desde aquella misión con Sam. ¿Por qué este trato del cardenal? ¿Esta caza contra los exorcistas? ¿A esta hora de la noche? A veces la respuesta está en la misma pregunta... Oh no... Sam... espero que no este aqui para ver lo de la niña. Esto sera un desquicio. – Komui, si no harás nada con tus manos, al menos dedícate a sacar a los civiles y exorcistas que aquí no deban estar o  no quieran. Pero aquí, en este instante, algo tiene que suceder, no puedes evitarlo con palabrerío barato. – Devolví la sangre a mi propio cuerpo, dejando libres a ambos guardias que sintieron el peligro de la muerte acecharles, aunque no les hubiese matado, jure no lastimar a un humano con mi sangre divina. Por último, lance un latigazo con mi sangre, cortando la cuerda de Albertino y Valentina en el mismo intento, retrayendo el líquido de regreso al dedo, debía cuidar mi estado. – Disfruta de su cadáver y toma tu venganza. – Termine, retirándome de nuevo al gentío, el pueblo era mi hogar, necesitaba de mi pan.




Sabine © Credits.




"Y el pan. Es una auténtica maravilla, es el sabor y el olor de la infancia."
Victorias y Vitcotias :fat::

Il Sensuale Panadero :sir:










avatar
Exorcista — Maestro



Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Joffiel Gabrielli el Mar Mar 17, 2015 2:34 am

-Se lo que estas pensando…- murmuro Cecilia.

-No, no lo sabes- contesto secamente.

Los umbrales siempre eran los limites que el mismo ser humano se imponía, casi siempre eran morales. Una moral sucia y retorcida, que todo el mundo usaba a su conveniencia, él ya había superado el umbral de la muerte y aun así la imagen de la pequeña colgada no salía de su mente, se habría grabado en su memoria, con tinta oscura hecha de sangre, de esos recuerdos que darías todo lo que tuvieras para arrancártelo de la cabeza.
El día seguía nublado, gris y la lluvia ya había tomado partido también, como si la tristeza hubiera engullido en sus filosas fauces a toda la plaza.

¿El cardenal no sentía algo dentro de si? ¿La culpa carcomiendo su corazón y marchitando su alma?

Porque él si, como su sangre se congelaba y como los cristales cortaban su piel, era mucho más que una metáfora rebuscada, era lo más cercano que sentía en realidad. El cuerpo de niña aun colgaba, sintió la necesidad de ir y bajarla pero al pensar que sus manos tocarían un cuerpo sin vida de nuevo, la piel se le erizaba e incluso sus piernas se adormecían, toda su cabeza era un caos. El asco que le provocaba todo gracias a su condición contra el reclamo que su conciencia le hacia y le exigía que hiciera algo.

Dio un paso hacia delante, apretando su mandíbula y frunciendo el ceño.

-¡Oye, oye, oye! pequeño ángel vengador- exclamo Cecilia deteniéndolo. -¿Qué puedes hacer tú? … Tan solo observa a tu alrededor y dime que ves-

Joffiel alzo una ceja pero hizo lo que le pidió. Observaba a los civiles retrocediendo un poco mientras que algunos exorcistas alzaban la voz y otros simplemente se movían entre el gentío. Fichas de ajedrez acomodándose para dar un Jaque Mate definitivo.

-Gente…un cadáver, exorcistas, una mujer asiática muy bonita, un tipo larguirucho defendiendo a los suyos y un cretino que se viste como cardenal- respondió tranquilo, sin ánimos de chistear aunque luego le hizo gracia.

-¿Y que diferencia podrías hacer tú? Un grano de arena en medio de algo mas grande, no es ser cruel, pero tu presencia allí no haría diferencia, la niña ya pago su pecado y eso no cambiara y los que hoy alcen su voz, también serán castigados. Eres tan solo un hombre, Joffiel y ellos son mucho más que eso, terminarías muerto y el mundo aun así seguiría girando, compréndelo de una buena vez-

Fue como una bofetada mas una puñetazo en el estomago. Un fuerte estremecimiento que sacudió todos sus cimientos ¿En verdad existía gente tan ciega?

Detuvo su marcha y continúo mirando. Lo que más odiaba era que ella tenía razón, sus acciones no harían mucha diferencia. Ahora se cuestionaba si Cecilia era ese globo que le impedía hundirse en la oscuridad o esa ancla que no le dejaba ver la realidad completa.

-¿Entonces que hare?-

-Tú lo has dicho, observar. Mirar como los que tienen mas poder que tú, defienden su vida y la pequeña gota de libertad que nos queda y que pronto comenzara a escasearse-  

-Es humillante- comento sin ganas –Frustrante…-

-No me negare acercarme un poco más, Joffiel. Solo promete que no abrirás la boca, no a menos que sea para gritar mi nombre en medio de la revuelta para correr más rápido- dijo terminando de ceder –Oh dios, permítenos salir vivos de esto. Y que el cardenal nos perdone la vida-

-Déjale de pedir esas cosas en nombre de ese hombre…- dijo con fastidio, no se refería al primero. Sino al segundo.

Joffiel tomo de la mano a Cecilia y comenzó a acercarse mas a la multitud, se acercaría lo suficiente como poder escuchar con más detenimiento, pero siempre manteniéndose seguro o entre lo que cabe, tal vez bordeando la plaza para estar mas cerca de la horca, donde había menos gente concentrada.

Pero algo les detuvo en pleno trote. El mismo quien había levanto su voz, había hecho crecer más la revuelta, las personas se inquietaban más y ahora se movían como las olas, todos esos hombres y mujeres indignados alzando su voz con firmeza. Cecilia detuvo la marcha de nuevo mirando a los lados.

-Creo que nosotros los normales, podemos hacer algo después de todo- Soltó Joffiel satisfecho, pero no del todo. Aunque no podía negar que la adrenalina y el miedo comenzaban a inundar su cuerpo. Se sentía bien…

-Solo escándalo y revuelta, créeme. Ellos son los que huirán primero cuando todo se ponga mas feo. Mi pobre vestido se estropeara con la lluvia- aclaro ella dando un suspiro y luego mirando a los lados. Joffiel se pregunto si ella había pesado por eso antes.

Pero luego le dejo de importar y siguieron su camino. Por un momento el umbral de su fobia comenzaba a desaparecer, una valentía extraña y amorfa comenzaba a nacer, eso o era estupidez humana en su forma mas pura y refinada.

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Amadeus Westerman el Mar Mar 17, 2015 2:27 pm




¡NO VUELVAS A SUSURRARME AL OÍDO CON ESE ACENTO BRITÁNICO! ¡GOVNYUK! — ni siquiera se pudo apreciar el segundo en el que me giré repentinamente para estampar mi puño en la cara del inglés. Maldita sea, no soporto a los británicos, todo el mundo lo sabe, ¿qué coño hace susurrándome al oído como si fuera un depravado? Encima acercamientos masculinos, Bozé Moy! Que no soporto que me rocen de esas formas, y menos un hombre, que no — ¡Más te vale volver a perderte! ¡Vete de aquí cagando hostias o juro que te mando a Iglaterra de un guantazo! — berreé, sacando a la luz mi más puro acento ruso y odio hacia a los ingleses. Ya estaba a punto de patearle en la cara  -aprovechando que este se había caído al suelo en un intento de desmayo- cuando, para aumentar más mi desgracia, apareció en su ayuda el otro tonto del pueblo: Elric, y encima también hablando inglés con ese odioso acento — A tomar por culo — sonreí con trivialidad y torcí la cabeza al mismo tiempo que desenfundaba la pistola y apuntaba a la cabeza de Elric, de un disparo me cargaría a los dos y sería el hombre más feliz del mundo. Sin embargo, en cuanto coloqué el índice en el gatillo noté cómo alguien me estiraba de la gabardina por detrás y me llamaba. Reconocí su voz de inmediato, y el cabreo y ganas de aniquilar británicos se esfumó de un guantazo. Me giré inminente hacia mi alumna, lo primero que se me pasó por la cabeza fue llevármela de ahí, pero si hacía algo así lo único que ocurriría es que sospecharán aún más de mi, lo que me faltaba. Mantuve la calma y volví a guardar el arma, concentrándome ahora únicamente en ella.

... Adelei — la empujé levemente de la espalda para apartarla de la muchedumbre. No me gustó ni una pizca la idea de que ella estubiera ahí, aunque estaba completamente seguro de que no le pasaría nada malo, al menos yo no lo permitiría. Una vez alejados del gentió me incliné a la altura de la joven para dirigirme a ella con seriedad — Hazme un favor y procura que el retrasado de Sterrling deje de meter al pueblo en esta guerra — demandé, y alcé la vista para seguir con la mirada a ese imprudente tarado, que no hacía nada más que causar rebuelo y empeorar la situación — Si no te hace caso, ordena a Timcampy que lo mande a tomar por culo de aquí — añadí, sacando de uno de mis bolsillos el pequeño golem dorado, el cual eseguida desplegó sus alas y comenzó a revolotear alrededor de Adelei, veloz como un colibrí — Como sigamos dando este ejemplo de escandalosos al final serrá el pueblo quien nos corte la cabeza. La gente es muy necia e hipócrita, esta situación es muy complicada y si no manejamos las cuerdas del asunto con conocimiento se nos comerrán vivos. No contradigas a los guardias, no te enfrentes a ellos ¿Me has entendido? — finalicé, colocándome nuevamente erguido para volver a observar el percal. Como me temía los guardías ya habían comenzado a colarse entre la muchedumbre para llevarse a aquellos que se opusieran a las nuevas leyes. Volví a dirigir mi mirada a Adelei, ahora mis rostro expresaba una mezcla entre preocupación y enfado, la situación nos estaba llendo de las manos y eso no me hacía ninguna gracia — Vamos, vé — ordené un segundo antes de girarme para marcharme de ahí. Confiaba plenamente en Adelei, era una alumna muy prudente y estaba seguro de que sabría manejar la situación con extrema delicadeza. Tal y como era ella.

Me dirigí entonces hacia la horca. Ahí se encontraba Komui que, cómo no, había sido el primero y por el momento único en salir y dar la cara para defender NUESTROS (ni siquiera suyos) derechos tanto como exorcistas, que como humanos. Distinguí a Fath no muy lejos de la tarima, y arqueé una ceja incrédulo.

¿La loba solitarria ha decidido unirse a la manada? No me esperraba eso de tí, Vladesku — me dirigí a ella punzante y satírico, aunque realmente le alegró verla ahí, y ella lo sabía. Este era el tipo de situación a la que yo me refería la última vez que pude tener una conversación extensa con ella; separados no somos mas que piedrecitas dispersas, pero juntos podemos ser una montaña tan sólida y grandiosa que ni el mismísimo Dios se atrevería a derrumbar. No era el momento para ponerme a charlar ni picarme con ella, así que simplemente me concentré en subir las escaleras hacia el escenario, donde se encontraba Komui, Yua, Albertino y los guardias. Sin más rodeos aparté a la japonesa de las garras de la guardia y les pedí, lo más delicadamente que pude, que se largaran de ahí. Podría haberles pateado perfectamente del escenario o, simplemente, meterles un tiro en la cabeza. Pero si hacía algo así el pueblo, que por supuesto estaba expectante de todos y cada uno de los movimientos de la guardia y nosotros los exorcistas, me verían a mi como un asesino, un infiel, un pecador, un revolucionario absolutista que mata por beneficio propio. Poner al pueblo en contra sería un terrible error, pues el pueblo es la mayoría y, aunque marginado, es el que realmente tiene el poder sobre todo, y sobre todos. El problema, es que muchos, por desgracia, no somos conscientes de eso.
avatar
Exorcista — General


Frase Los placeres sencillos son el último refugio de los hombres complicados.

Ver perfil de usuario http://krorymilium-rpg.foro.bz/t68-expediente-amadeus-westerman

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Adelei D'Cielo el Miér Mar 18, 2015 1:09 pm

La lluvia comenzó a caer con mucha más fuerza, parecía la anunciación del apocalipsis, la gente parecía comenzar a alborotarse aún más que antes pero Adelei no era capaz de concentrarse en nada más que no fuese en calmar su propio nerviosismo; sabía que como exorcista debía mantener la calma y cumplir con su misión pero como mestiza veía peligrar su propia existencia por lo que no era capaz de dejar de temblar de puro terror.  Su mano se cerró en rededor de la gabardina de Amadeus a pesar de que acababa de alejarla de la multitud y le prestaba atención, calmarse parecía una tarea casi imposible; las lágrimas aún acudían a sus ojos y el temblor continuaba, y no era por la fría lluvia que mojaba su pelo oscuro y su ropa… era por el miedo, no quería morir y aún menos ver morir a más de los suyos. La mirada del general pretendía ser tranquila; veía normal que estuviese también intranquilo y preocupado, no solo los mestizos corrían peligro sino toda la población, incluyendo a los exorcistas. Era una situación de tensión constante que parecía no tener ya ningún remedio y todo gracias a la genial idea del nuevo cardenal Medici. Menudo habían elegido para poner al cargo de una ciudad tan importante como Venecia; se creía superior a todos cuantos poblaban la ciudad y Roma, creía saber lo que hacer y cómo mejorar la situación con los vampiros, pero no era así, lo único que estaba consiguiendo era dividir a la población unos contra otros e implantar el caos… caos que no se quedaría en Venecia, estaba segura de ello. Los movimientos revolucionarios, a lo largo de la historia, habían logrado extenderse con rapidez y eficacia y Adelei sabía que aquel hecho no ocasionaría nada más que eso mismo. Todos y cada uno de ellos corrían peligro, tenían que encontrar la manera de pararle los pies al cardenal y a la revolución; todo apuntaba a una masacre sin precedentes.

La joven decidió creer que así era, que Amadeus estaba tranquilo y trataba de controlar la situación lo mejor que podía,  y eso le ayudó a tranquilizarse y centrar su atención en lo realmente importante, tranquilizar al incauto de Sterling que no hacía más que enardecerá a las masas, y tratar de dañar al menor porcentaje de población posible. Debían salir de allí cuanto antes, y ya más adelante hablarían de lo ocurrido y seguramente, llegarían a una solución a esa situación tan precipitada y peligrosa tanto como para Venecia entera como para todo el territorio italiano.

- De acuerdo… intentaré pararle los pies como pueda. Si sigue así la situación no hará más que emporar y cuanto antes salgamos de aquí mejor.

Acató las órdenes de Amadeus como buena exorcista y alumna del general que era, aunque temiese por su vida era consciente de que era una de las más cualificadas para esa tarea si Amadeus se lo pedía, y que además como exorcista había renunciado a su propia protección por proteger al pueblo de cualquier peligro; trataría de convencer al panadero de que no era el momento de armar aquel escándalo con la mayor delicadeza y prudencia posible. Timcampy la acompañaba en todo momento, no era la primera vez que aquel ser hacia las de guardián o acompañante para ella; buscó rauda al albino, no podía dejar pasar el tiempo. Amadeus estaría bien, además tenía más cosas de las que ocuparse que de ella. Cuanto antes le parase antes serían capaces de controlar de alguna manera la situación, al menos por el momento. Logró ubicarle cerca de la tarima gracias a la mirada de odio que Amadeus acababa de dedicarle, la lluvia no cesaba de caer y aunque incomodaba su visión y pegaba la ropa a su cuerpo no le impedía ver a su objetivo, no solo contento con haber (Elric) golpeado a un guardia y subirse casi a la tarima con aquel escándalo, le faltaba el respeto al director Lee e insultaba a todo aquel que se cruzase en su camino. Desde luego no era el mejor ejemplo de exorcista al que referirse…. Nunca. Suspiró, con un movimiento contundente deshizo el lazo que solía llevar adornando su cabeza y corrió hacia la posición del panadero Elric. Aquel personaje no era muy de su agrado, había coincidido con el apenas un par de veces y la impresión que se había llevado de él no es no fuese muy buena… dejémoslo en que es un hombre extraño con gustos poco comunes.

En su carrera por abrirse paso entre la población tuvo que aguantar malas caras, pisotones y empujones, pero no estaba la cosa como para pararse a pedir perdón o a replicar por ser acusada de no haber hecho nada. Apenas estaba a tres pasos de la tarima y de poder alcanzar a Sterling cuando casi tropieza y caer sobre un pequeño bebe de apenas tres años que lloraba tirado en el suelo con una herida bastante fea en la sien; tal y como era Adelei no podía dejar al pequeño allí tendido, solo, y tan expuesto al peligro en aquella plaza. Se agachó junto a él y le levantó del suelo, con la mayor rapidez que pudo trató de calmarle, taponó su herida con un trozo de tela de su lazo, el cual se había atado al brazo tras quitárselo, y le dio unas instrucciones muy simples.  No quería que muriese allí, aquel pequeñajo podía ser un futuro exorcista o simplemente uno más de entre tantos en Venecia, uno más de aquellos que los exorcistas debían proteger.

- Debes salir de aquí, sigue el camino por el que yo he venido y escóndete de esta locura… –Dirige la mirada hacia arriba, hacia el leve zumbido de unas alitas que la acompañaban en todo momento. Sabía que no debería darle órdenes pero aquello era una emergencia.- Timcampy, guíale a un lugar seguro lo más rápido posible y vuelve hasta mí, por favor hazme este favor…

Timcampy pareció aceptar, y tras comprobar que el niño, aunque aun llorando, era capaz de andar y le había entendido les dio la espalda. Siguió hacia delante y de una zancada se colocó junto al panadero. Le tomó del brazo con suavidad y le habló al oído, tratando de no llamar la atención, de tener cuidado con los guardias y de sacarle de allí lo antes posible.

- Señor Sterling, ¿Me haría el favor de acompañarme porfavor? El General Amadeus me ha enviado a sacarle de aquí, opina que no es momento de enardecer las masas de esta manera y que de seguir con esta actitud será usted quien acabe siendo ahorcado. Porfavor, acompáñeme.

Trató de sonar todo lo dulce y amable posible, con la adrenalina del momento, de haber sido encargada de una misión esencial como aquella era normal que estuviese así. Se había olvidado del miedo y del peligro, tenía una misión y la cumpliría… aquel momento de valentía ya tendría consecuencias para ella mucho más adelante. Sus ojos de color de la miel iban del guardia junto a ellos, al cual Sterling había golpeado y que no les miraba como muy buena cara, al Komiu sobre la tarima, al cardenal que con una sonrisa de satisfacción observaba el revuelo entre la multitud y a Elric. Entonces, al mirar al cardenal de cerca por primera vez con aquella sonrisa en su rostro una bombillita se iluminó en su rostro…. Lo que quería era poner a la población en contra de los exorcistas, no quería unificar a la población y salvarlos del demonio; lo único que quería era robarle la fama y el respeto a los exorcistas para quedar de santo y salvador ante la población. Lo único que quería era acabar con los suyos, los exorcistas… son una amenaza para él. Ahora todo encajaba a la perfección, había tardado en darse cuenta y parecía no ser la única, sólo esperaba que otros como ella pronto reaccionasen y no contestasen de la manera que Sterling lo estaba haciendo a la provocación de aquel hombre del demonio.

- Vamos, este no es el momento para esto… por favor. –Dijo casi para si misma, deseando que el panadero no se lo pusiese muy difícil.- Tenemos que salir de aquí y no hacer caso de la provocación de este señor a nuestra persona.

Resúmen:
Adelei es enviada por Amadeus, tras correr a por él al no querer ver la ejecución de Valentina (mestiza como ella), a calmar a Sterling que grita como un verdulero en el día del mercadillo y a sacarlo de allí para que deje de liarla ¿Lo conseguirá?


avatar
Exorcista — Alumno


Frase This is me and this is all you will get

Ver perfil de usuario http://krorymilium-rpg.foro.bz/t94-adelei-d-cielo-id-exorcista?nid=1#369

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Krait Bungarus el Miér Mar 18, 2015 4:28 pm

Aglomeración, quizás esa palabra se podía quedar algo corta ante tal multitud de gente que se agolpaba en ese lugar, ¿una fiesta? Bien podría haber sido por ese motivo pero si mirabas al centro podías descubrir el verdadero puesto que quien dirigiese su mirada al centro de la plaza podía distinguir una horca, ¿Quién era el elegido para poner el cuello dentro de ese círculo formado por una cuerda? Pues creo que nadie lo sabía y por ello toda la gente estaba ahí. A la gente aquello le provocaba un cierto morbo, el saber que la muerte estaba tan cerca de ellos pero a la vez tan lejos debía de suponerles un pequeño alivio pero lo que no sabían es que en cualquier momento y en cualquier tipo de situación diferente ellos podían estar en el lugar del ahorcado, sin vida y llenando una fosa en cualquier lugar del campo.

De pronto se abrieron las puertas y todo el mundo observo a las personas que aparecieron por el gran portón, cuando llegaron a la plataforma de ejecución mucha gente no pudo evitar emitir un quejido ahogado por lo que parecía que iba a pasar, una niña se encontraba en la plataforma de ejecución junto a su padre Albertino, todos sabíamos quién era y lo respetado que era dentro de los exorcistas, por ello muchos entre los que me encontraba no podíamos creer que aquello se iba a llevar a cabo, muchos conocíamos que su hija era mestiza pero cuando yo por lo menos supe de las intenciones del nuevo cardenal no imaginaba que las iba a llevar a tal extremo.

Ella se puso a cantar y mi corazón se aceleró, todo eso tenía que estar siendo una mala pesadilla porque no podía estar ocurriendo, pero de repente pasó, ante la fría mirada del cardenal despojaron a la preciosa niña de su vida y lo único que se escuchó en esa plaza fue el crujir de su pequeño cuello. Una lagrima bajo por mi rostro conforme agachaba mi cabeza –Descansa en paz pequeña- solo pude alcanzar a decir, tenía bastante rabia y habría ido a matar al cardenal de inmediato, pero así no se podían hacer las cosas. Ahora mismo el cardenal tenia a gran parte de la iglesia a su favor aunque entre los exorcistas no habían calado tan bien sus propuestas, quizás fuera porque cuando trabajas exterminando vampiros te das cuenta de que no todos son malos ni buscan el caos, hay algunos que no han podido evitar ser convertidos y ahora tienen que guardar una penitencia eterna que no se merecían.

Parecía que la gente estaba comenzando a cabrearse, un muchacho rubio comenzó a gritar cosas al cardenal, otros se miraban con miradas cómplices y en sus rostros se podía ver que reprimían esos sentimientos, otras personas simplemente lloraban, pero había algo que no se podía negar en esa plaza, aquello no había sido bien recibido y había sentenciado al cardenal, él tendría el favor de la iglesia pero no lo tendría de los exorcistas ni tampoco del pueblo, un pueblo que acababa de ver como ahorcaba a una niña por algo tan insignificante como ser mestiza, algo de lo que ella no tenía culpa puesto que no pudo elegir nacer de una manera u otra.

Mi altura era privilegiada por lo que podía observar lo que ocurría en gran parte de la plaza, también podía ver como se llevaban a una chica que intentaba llegar hasta el cardenal, pobre incauta, quizás por cosas como esa acabase en la horca y aumentaría el número de almas que el cardenal se llevaría hoy a su habitación, menos mal que Komui entro en escena y se la llevo. A continuación se acercó a la tarima y comenzó a hablar, la verdad es que estaba totalmente de acuerdo con él, no podíamos hacer nada ahora mismo o esto se podría convertir en un baño de sangre, por desgracia debíamos de callar y resarcirnos en otro momento.

Mientras me giraba para abandonar la plaza y hablar con mis superiores sobre lo que acababa de pasar pude ver como el mismo hombre que había estado animando a las masas y cuyo nombre creo recordar que era Elric comenzaba a increpar a Komui con apelativos que no debería haber dicho e injurias que no deberían haber salido por la boca de un exorcista y menos hacia Komui. Rápidamente me dirigí hacia Elric a paso decido esquivando bastante rápido a la gente y lo paré –Estas loco o que, Komui no puede hacer nada ahora mismo ni tiene la culpa, que quieres ¿Qué acabe colgado él junto a ti y un centenar de exorcistas el próximo amanecer? ¿Te crees que le importa al cardenal que cuatro ciudadanos y cinco exorcistas lo llamen de todo y pidan su cabeza? Parece ser que no conoces al Cardenal, guarda tu furia y hazle caso a Adelei, tú lugar ahora mismo no es este.
avatar
Exorcista — Alumno



Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Elric Sterling el Miér Mar 18, 2015 8:55 pm



AMEN

Con la muchachada del Krory



Me devolví al gentío de muchedumbre, apenas unos escasos metros hasta frenarme. El agua escurría por todo mi cuerpo, hace frío y no lo siento, estoy ardiendo. Una injusticia ocurrió ante mis ojos y no pude detenerlo. No es que me importe la niña, por mí, que se exterminen a los híbridos, e incluso a los exorcistas. Los veo, solo veo hipocresía y los entiendo, son más parecidos a mí de lo que jamás se darán cuenta. No les importa proteger, pelear por lo que es correcto, nada de eso les motiva. ¿Tienen algún motivo para ser exorcistas acaso? De seguro, en su mayoría venganza. Algunos seguramente no tendrían otra opción, ser un asesina chupasangres o vivir en la calle. Pero, ¿habrá alguno que haya entrado con aires de heroísmo? No, esos son ideales perdidos. Más de uno merece la horca aquí, pero esa niña, a pesar de lo que yo piense, no lo merecía. Nadie parece estar dándose cuenta de eso, todos han pasado de ello. Cobardes, solo son eso. No están preparados para las causas que toda esta inoperancia provocara, trasciende de la simple horca, de la caza de exorcistas. El morir no debería de darles miedo, vivimos con la muerte al lado.

En mis plenos pensamientos fui despertado, por la suavidad de una muchacha joven, su voz es más que un rayo de esperanza para un hombre moribundo, para mí no lo es. Le observe de reojo, pude reconocerla, más que nada por su voz. Aquella que había rechazado mi elegante y picara tortuga en aquel festival. ¿El General Amadeus? El hombre al que menos ganas tenía de ver, ese inerte ruso que de verdad no hizo nada por defender nuestros derechos. ¿Para qué necesitamos supervisores, generales, lo que sea, si no nos protegerán de leyes inadmisibles? – Adelei, ¿cierto? – Apenas puedo recordar su nombre, solo sé que era muy cercana al impresentable del General. – Tu eres muy joven, y el resto muy ineptos. – ¿La horca? Señorita, mis meses ya están contados desde mucho antes de esto, el morir está dentro de mis planes. No hago caso de la provocación. Hago caso a la inoperancia. – Ady con esa voz hipócrita para el momento, de alguna forma logro enfriarme, o era el agua que venía helada. En ese ínterin, otro “compañero” se acercó de manera peligrosa a debatir sobre opiniones, ¿espera acaso que prepare una mesa con té y pan con mantequilla? Ni que fuese caritativo como Alfred. - ¿Quién eres tú? – Siquiera le conocía, que hombre más feo, pareciera que aún le crecía el vello púbico. – Ese inerte de Komui tendría que haber hecho algo antes, no luego. Pero no discutiré con esto ahora, con alguien que parece ser un exorcista. – Moví mi cabeza en ambas direcciones negando. Los exorcistas se diferenciaban de los ciudadanos comunes, ¿no entienden que todos somos parte de la gente? Somos ciudadanos al fin y al cabo. Esto había sido un ataque hacia la ciudadanía, no hacia nosotros solos.

Lo recuerdo madre, tú me advertiste. No todos son como papa y el abuelo, como nosotros. Siempre me decías “Cuando alguien necesite ayuda, debes brindar ofrecer tus dos manos”. Casi nunca he seguido tus consejos, esta gente no lo ha merecido, pero, una vez que lo hago, esta es la respuesta. También recuerdo que decías que no me preocupara por mi forma de ser o pensar, que ellos entenderían. No, he de decirte que te equivocas, no me entienden. Tampoco se esfuerzan en lo absoluto. ¿Esta es la clase de personas a las que debo llamar compañeros? ¿Familia? Padre nunca hubiese permitido esta forma de respuesta. Y el abuelo, oh, el siquiera hubiera dejado que le ocurra eso a esa niña. De seguro alzarían sus mayores obras de arte, crocantes y recién horneados en contra de estos tiranos…

Mire a la gente, luego a los guardias que los amontonaban. Seguido por cada exorcista que podía alcanzar con la vista. En verdad me daba asco. Apoyo la mano sobre la de Ady, aquella que me tomaba del brazo. – No os doy la razón, pero la realidad no lo vale. Ya incluso me da mas miedo respetar al cardenal, que a los exorcistas.  – Incline mi cuerpo, apoyando la frente en la de Adelei, y de mí chaqueta saque una tortuga. – Ella se llama Minnie, cuidala por mi, nunca la he podido vender ya que su sonrisa alegraba mis mañanas. – Tiene una tortuga con una sonrisa prominente al mejor estilo del Joker. Tomo su espacio, alzando la mano hasta el hombro del hombre. – Ustedes ganan, ¿Quieren saber cómo echar a toda esta gente? – Pregunte tranquilo, las masas eran muy fácil de manipular. – Hagan correr la voz de que en el prostíbulo de Sabine Baker están haciendo rebajas y ofertas de putas. Todos saldrán corriendo rápidamente al burdel. – De alguna forma, me siento completamente herido, pensar que dejarían no solo que los planes del cardenal salgan como deseaba, sino que incluso, perderían el apoyo de la gente en un tiempo donde las apariencias y los murmullos lo eran todo. – Te seguiré Adelei, pero al salir de esto, dimito de la academia, “Colega” – No lo entendien, lo peor es que no lo entienden. La inoperancia traerá el fin de los exorcistas. Con ello, los vampiros colmaran las calles y adiós a ciudadanos. Así, ¿quién comerá pan? Mi preciado pan, ¿es que acaso nadie piensa en que le sucederá luego de todo el exterminio? Si ellos no protegerán mi pan, entonces no podre ayudarles, tan simple como eso. Lo siento Adelei, pareces una buena niña, una lastima para ti estar en medio de todo esto. Tal vez, en otra situación, en otro momento, hubieses sido una gran panadera con esa actitud tuya.

RESUMEN DE HARINA:
 Elric cede a la petición de Adelei y Krait. Importante, el panadero le regalo una tortuga a Ady.  Opiniones desertoras algo nubladas y diferencias con los altos mandos de Krory. El pan, el pan lo es todo.



Sabine © Credits.




"Y el pan. Es una auténtica maravilla, es el sabor y el olor de la infancia."
Victorias y Vitcotias :fat::

Il Sensuale Panadero :sir:










avatar
Exorcista — Maestro



Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Invitado el Miér Mar 18, 2015 11:08 pm

Las cosas se estaban tornando demasiado interesantes en esa tarde. En realidad la mayoría se encontraban un tanto aturdidos, impactados por lo que acababan de presenciar y seguramente no sabían aún como deberían reaccionar. Pobres humanos, siempre actuando en rebaño, esperando la dirección de alguien como bestias sin consciencia. Desvió su mirada hacia la plebe, en donde empezaban a escucharse abucheos la mayoría dirigidos por un solo hombre con una nuez de nogal por cerebro. Le parecía familiar, pero siendo humano y siendo pobre, poco le podía importar realmente su nombre.

El fino trozo de tela aún limpiaba sus lágrimas falsas, así que se giró para hablar con la dama a su lado. -Ay los cielos den fuerza al Cardenal! Que se ve en la cruel necesidad de adoptar el nombre de villano para protegernos de la amenaza que representan esas criaturas malditas y esta gente no lo comprende ni agradece. -Comentó fingiendo pesar. -Ese hombre es exorcista verdad? Es es terrible que cedan ante un pecado tan terrible como la lujuria y con el mismisimo demonio. -comentó a la mujer a su lado realizando sobre su pecho la señal de la cruz. La mujer saliendo de su impacto apoyó los comentarios de la castaña con un "los he visto, hacen cuanto quieren apoyados con el titulo". -Su deber es eliminar a los mestizos, aún no sabemos que peligro puedan representar para nosotros los humanos. -comentó la rusa, aún jugando a la víctima. -Aunque matar a una niña... -cubrió su rostro con la tela, fingiendo que lloraba en silencio como una profesional. "Le han dado una muerte piadosa, no ha sufrido", comentó el esposo de aquella mujer. "No sienta pena por los hijos del demonio. Y en cuanto a ese hombre, es justo que le cuelguen. Al trigo, siempre hay que limpiarlo de la maleza". Comentó otro hombre al lado del primer caballero. Y supo entonces que la semilla estaba plantada. Pues pronto empezó el ligero zumbido, que indicaba que habían empezado a charlar sobre el tema. Los nobles estaban de acuerdo con la iglesia, estaba claro.

Vio con atención como un par de asiáticos subían a la tarima y empezaban a hablar idioteces que podrían poner en peligro la maravillosa obra que se estaba desarrollando. -Oh dios mio! Esta desprestigiando a la santa iglesia! -comentó con alarma, tan solo lo suficientemente fuerte para que escucharan los humanos cercanos y permanecer aún oculta con un perfil bajo. Entonces se escuchó el grito del revoltoso "CUELGUEN A LA CHINA!". Para sus adentros sonrió con sorna, no podría llegar en un mejor momento pues ya un caballero noble se puso en sus pies para vociferar "HEREJES! MANCILLAN EL NOMBRE DE LA SANTA IGLESIA!". Y tras de este algunos otros se levantaron para lanzar gritos ardidos "Blasfemos!" "Están aliados con los vampiros! Por eso les defienden!"

El primer acto de aquella obra teatral magnifica, la niña ahorcada. Y ahora el segundo acto, el pueblo contra los exorcistas. Quería llorar, era demasiado hermoso. Pero algo cambió su estado de ánimo. Algo al frente llamó su atención.  La dulce criaturilla rubia, Alfred, la mascotilla amable de Ludwin era salvajemente golpeada por ese pelirrojo. Lo conocía a la perfección, y si no fuese su compatriota ni fuese tan atractivo se lo habría cargado desde hacía mucho tiempo. Pero a ese, quería verle convertido en uno de los suyos. Un favor, por ser de la misma tierra que le vio nacer a ella.

Pero golpear al hermoso perrito faldero de su amigo Ludwing, eso era demasiado. -Oh! Mi pobre amigo! Ese terrible exorcista le ha golpeado sin razón! -dijo angustiada levantándose de su asiento. -Oh por amor al señor! Que alguien le ayude! -dijo avanzando apresurada hacia el caballero inglés, abriéndose paso entre los presentes. "Exorcistas impíos! Siempre abusando de su fuerza!" "Necesitan diciplina, se nota de lejos!". Gritaron otro par, lo que aumentó los cuchicheos enfadados.

Ella por su parte aprovechó que el pelirrojo se había retirado por fin de la zona y se arrodilló ante Alfred tomando su rostro suavemente para evaluar el daño de aquel golpe. -Oh mi pobre Alfred! Qué te ha hecho ese hombre?! -el pañuelo que antes enjuagó las lágrimas de infundio, ahora limpiaba amablemente el rostro del rubio. Deberían darle un premio, nunca antes había actuado por tanto tiempo y con tanto empeño. Ni uno solo de esos humanos patéticos había sospechado nada.

-Alfred, amigo mío, debemos irnos de este sitio. No lo soporto más. Demasiada violencia para una dama como yo. -se quejó apenada, los ojos avellana brillando con lágrimas contenidas. Lágrimas dignas de una actriz de primera. -Rápido, volvamos a casa! -le tomó por la muñeca. No debían quedarse más tiempo. Ya había visto suficiente y no deseaba permanecer más tiempo en aquel sitio. Por esto, le ayudó a ponerse en pie y posteriormente empezó a tirar suavemente de su mano para sacarlo de ese sitio. Lanzo una mirada de reojo, peligrosamente amenazadora hacia el rubio. "Como no muevas tu culo inglés y me sigas, adorable mascotita, te haré sufrir más que tu maestro".

Resumen:
Veamos...
Irina ha influído un poco en los nobles quienes se han encendido como la pólvora y algunos se levantan contra Komui por "insultar" a la iglesia, esto gracias a la revoltosa actitud de Elric. :asco: gracias por darle a los ciudadanos el valor que necesitaban par oponerse...

Al final ha salido en ayuda de Alfred, la pobre mascotilla de su amigo a quien el sensual pelirrojo maltrató tan cruelmente.
avatar
Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Raffaello Caruso el Miér Mar 18, 2015 11:29 pm

El cielo estaba triste. Se podía saborear los acontecimientos en el aire seco de la mañana. Ni una brizna de aire hacía mecer los árboles que rodeaban la iglesia con su habitual vaivén, se palpaba la gravedad de los acontecimientos recientes. El señor De Medicis había traido un nuevo ambiente, árido y seco sobre la ciudad.

Me había vestido con parsimonia. Unos pantalones de cuero flexible negro, unas botas de suela suave y cómodoas, deseché la camisa blanca en cuanto la ví y procedí a colocarme mis arneses cargados con la plétora de mis afilados instrumentos; cuchillos, dagas y mis dos hermosuras de plata pura. Finalmente y tras una reverente caricia deslicé mis dedos por el misal antes de cogerlo. La sotana sirvió para completar el atuendo. Recogí las gafas de la mesilla y salí del refectorio y finalmente de la iglesia.

-Pureza... Exorcistas herejes... Mestizos...- Las palabras se escapaban entre murmullos por entre los labios del fanático mientras se dirigía hacia la plaza. Las nuevas medidas del Signore de Medici sin duda habían dado de que hablar. Sin duda Raffaello no había estado quieto en la cama, había seguido con su trabajo. Sermones de día, noches de cuchillos. Pero lo que antes era pasear por las calles bañado en miradas de respeto y aprecio, ahora se había truncado en miradas de gélido desprecio, desafección e incluso odio. Nunca le había importado mucho la opinion ajena, eso no cambiaba ahora, pero seguía siendo algo a loq ue no estaba acostumbrado.

Finalmente llegó a la plaza y se unió al grupo de los exorcistas. Todos tenían el semblante serio y procuraban comportarse, pero un vistazo le permitió ver a una dama de oronda nobleza besar el suelo para dejar a la vista a un Amadeus cualquiera. El cómico gesto casi le arranca una sonrisa. Casi. Por que aparecieron los penados. Los acontecimientos se precipitaron. La voz de la niña, la inocecia de su canción... Cerré los ojos sabiendo lo que se avecinaba, el golpe sordo, la voz muda...

-Pureza... -Negué con la cabeza lentamente. No esto no estaba bien. La pobre niña, mestiza o no... Esto simplemente estaba mal. Vi a Albertino, su mirada rota, su gesto de total desconcierto. Su mirada por los exorcistas, la marcha de Amadeus, la asiática gritona, los ojos del reo buscando una cara conocida, el discurso de Komui, la vuelta de Amadeus y la aparición de Adelei... No pude más.

-¡AHHH!- El golpe se escuchó en toda la plaza. Lentamente fuí acercándome a la tarima. La sangre goteaba repiqueteando sobre el suelo. La gente se apartaba o era apartada mientras me acercaba con gesto sombrío hasta pisar los escalones. Dejé atrás a los guardias hasta ponerme enfrente de Komui.- Pureza.- La palabra huyó de mis labios con un silbido ponzoñoso justo antes de que escupiera al suelo, lejos de exorcistas, curas, plebe y soldados. Mi ceja, rota tras estampar la cara contra la pared que estaba situada tras el grupo de exorcistas ya se estaba regenerando, pero mis ojos no pestañeaban cuando miré al desolado padre. Un cabrón duro como el acero, pero siempre con una palabra amable para su niña...

-Esto no va a acabar bien. ¿Como lo hacemos para estar siempre en todos los putos fregados?- Comente poniendome al lado de Amadeus. Brazos cruzados, mirada al frente. No pude evitarlo. Al fin y al cabo, una de las pocas cosas que nunca falla es la lealtad. A tu familia. A tus amigos.- Si necesitas ayuda, niñito pelirrojo ya sabes que puedes contar conmigo ¿No? -No hacía falta decirlo. Él lo sabía. Pero su orgullo ruso le impediría pedir ayuda, otra cosa es que se la ofrecieran... Pero quisiera o no, si Amadeus tenía un problema, siempre estaría Caruso cerca para echarle una mano.

Daba igual nuestras acciones, daba igual que llenásemos la ciudad con los cuerpos de nuestros enemigos. No entendían... No querían entender la verdad. Exorcistas, si. Pero ante todo humanos.

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Silcius Rocafort el Jue Mar 19, 2015 2:36 am

El aroma de la muerte se respiraba en el ambiente, se notaba que era un día perfecto para una ejecución, los pájaros cantaban, las nubes apenas se movían y la cuerda se mecía lentamente de un lado hacia otro ayudada por la brisa que soplaba, mientras la gente se agolpaba para descubrir a quien iban a ejecutar porque se ve que no lo habían publicado en ningún lugar, de normal en las ejecuciones se solía avisar de la persona a la que iban a colgar pero parecía ser que con el nuevo cardenal las cosas iban a cambiar, en resumen, se iban a volver más divertidas.

Yo me encontraba con mi atuendo habitual, como llamaba la atención me había procurado poner en la lejanía para que ninguno de los exorcistas que estaban cerca de la tarima me reconociese, cosa que no pude lograr del todo ya que había gente en el lugar que sabía quién era y mi condición como vampiro, aunque también yo podía notar la presencia de más como yo aunque muchos de ellos estarían muy bien escondidos, y como todos sabíamos, tantos otros era vampiros que se consideraban “buenos” faltando el respeto a su naturaleza, una naturaleza que nos hacía estar por encima.

Reconocí al hombre en cuanto le quitaron la capucha, era un exorcista y la otra persona parecía ser su hija, ella se puso tierna y comenzó a cantar, la gente lloraba sabiendo lo que iba a pasar hasta que realmente pasó “Crack” fue lo único que se escuchó antes de que el cuerpo de la niña quedase inerte colgado de la cuerda, sin duda una imagen que pondría los pelos de punta a cualquiera de los presentes pero no a los que ya habíamos visto eso más de una vez. De pronto la multitud comenzó a cuchichear, un tipo comenzó a gritar insultos hacia los que se encontraban en la tarima y la gente lo siguió, entre la multitud pude reconocer a Irina de un anterior encuentro, parecía ser que se hacia la víctima, me encantaba como actuaba esa mujer, sino supiese que era como yo estaba seguro de que pensaría que era una humana normal y corriente.

La multitud estaba cabreada, una gorda volaba por ahí aplastando a un hombre, otros parecían estar indiferentes, otros lloraban, la verdad es que todo era un caos, ¿y porque? Porque todos pensaban que la niña era una criatura inocente, ¿Qué pasaba si se ponían en contra de la iglesia? Pues que no habría diversión, los exorcistas se dividirían y pelearían entre ellos, eso haría que los vampiros lo tuviésemos más fácil para acabar con ellos pero eso también lo hacía menos divertido, yo sabía que nunca nos podrían vencer aun estando con plenos poderes y todos ellos sin fisuras, así que por una vez decidí echarle un cable a los exorcistas y más concretamente al cardenal, ¿Por qué? Pues por una sencilla razón.

Yo pensaba lo mismo que el cardenal, no entendía como vampiros podían haber engendrado hijos con humanos, nosotros teníamos que guardar la sangre pura y en cualquier caso infectarlos, pero nunca tener hijos con ellos, mezclarnos con ellos en un acto carnal podía ser algo satisfactorio puesto que muchas humanas y humanos no podían llegar a experimentar la experiencia que nosotros teníamos, pero de ahí a tener hijos híbridos era otra cosa, yo también estaba totalmente de acuerdo en su exterminación y por lo tanto gracias a eso echaría un cable al nuevo Cardenal. Además se notaba que desde hacía mucho los vampiros habíamos crecido mucho más puesto que los exorcistas no se dedicaban a lo que tenían que hacer, ahora estábamos más tranquilos y eso no podía ser, todos los que habíamos peleado sabíamos que cuando te relajas es cuando mueres, si nosotros seguíamos viendo como los exorcistas no hacían su trabajo nos volveríamos débiles, si los exorcistas nos volvían a enfrentar tendríamos que volvernos fuertes de nuevo y entonces acaba con todos ellos.

Me volví sombra y llegue hasta la tarima, allí me subí ante la atónita mirada de mucha de la gente, después de que acabase su discursito el chino pesado me tocaba a mi convencerlos de que la niña no era tan buena persona como parecía, estaba claro que todo era una mentira, pero la gente que se agolpaba justo debajo no lo sabía y eso jugaba a mi favor, ellos me conocían a mí, pero no conocían a la niña. Me hizo bastante gracia como el tipo que antes había comenzado a gritar y a animar a la gente a que se pusiesen en contra de la iglesia ahora le había gritado insultos al chino, me había caído un poco en gracia el chaval. Rompí la cuerda y sujete a la niña dejándola en el suelo mientras decía –Lo has hecho muy bien, tu infiltración nos ha servido de mucho, buen trabajo pequeña- lo que salió de mi boca no fue un susurro, era lo suficientemente alto como para que las tres o cuatro primeras filas de gente que estaban allí se enterasen y sus caras cambiasen “estaba con los vampiros” “se lo merecía” “era un monstruo” se escuchaba decir, aunque había otras voces que se cuestionaban que eso pudiese ser realidad “no puede ser” “es una niña, como podía actuar de infiltrada”, la cosa es que parecía que había calado puesto que dos hombres empezaron a golpear a otros dos que estaban gritando en contra de la ejecución y con ello empezó una pelea.

Me levante y alce la voz esta vez para que me escuchasen en aquella plaza. –Habéis comenzado una guerra que no podéis ganar y lo sabéis, disfrutad de vuestras familias puesto que pronto las perderéis, pronto habrá dos bandos y la guerra volverá a repetirse, espero que elijáis bien el vuestro– grite, podría parecer que me dirigía a toda la gente que había en la plaza, pero no era así, los humanos me la soplaban, solo me importaban los que pertenecían a mi mafia, y a quien yo me dirigía era a los vampiros, esos vampiros que si había una guerra se pensarían si luchar o esconderse, esos vampiros cobardes que intentan esconder lo que son.  

Me quede parado encima de la plataforma, sabía que podría ser un suicidio el estar rodeado de tantos exorcistas, pero eso no hacía más que excitarme, notaba ese olor a miedo que me encantaba y que inundaba mis pulmones, además tenía a gente de mi mafia por toda la plaza, si algún exorcista intentaba algo yo no lucharía solo.
avatar
Mafioso — Jefe



Ver perfil de usuario http://krorymilium-rpg.foro.bz/t31-exp-silcius-rocafort-id-jefe-mafia-rocafort

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Adelei D'Cielo el Jue Mar 19, 2015 12:20 pm

Su cabeza parecía darle vueltas, le faltaba el aire para respirar y a cada segundo que permanecía en aquella plaza su mundo seguía desmoronándose. Ya ni si quiera se sentía dueña de su cuerpo, creía que su espíritu o lo que fuera volaba por encima de la plaza. No podía más con aquella situación. Sabía que el haber conseguido llegar hasta Elric era toda una hazaña y que además entre ella y otro más, al cual no conocía, habían conseguido hacerle desistir en su intento por levantar a las masas en una revolución… también era consciente de que el panadero no estaba de acuerdo con acatar sus órdenes pero aun así había aceptado hacerle caso ¿Por qué? No había momento para preguntas sin sentido, debían salir de la plaza cuanto antes y sacar a la gente de allí, no podía permitir que nadie más resultase herido sin razón alguna.

- No… no puedo aceptarla Elric si le pasase algo yo…-Murmuró pero alzó la mirada hacia él como perdida, ya no sabía a qué mundo pertenecía pero un así él estaba siendo amable con ella.- La cuidaré lo mejor que pueda.

Sabía que nada de aquello acabaría bien, que Elric dejaría de pertenecer a los exorcistas, que ya no serían compañeros nunca más… pero aquella noche lluviosa el panadero se había ganado la simpatía de la joven mestiza que no dudaría en protegerle ante lo que fuese e ir a comprarle con más asiduidad su sabroso pan. Ya estaba decidida a emprender el camino de vuelta cuando Timcampy volvió a unírsele, estaba segura de que el bebé estaba ya a salvo, se quedó parada en el sitio como perdida en sus propios pensamientos. La lluvia no cesaba, el cielo cada vez parecía oscurecerse más… aquella era una noche desastrosa que todos ellos, por la razón que fuese, recordarían el resto de sus vidas. Además, ninguno se imaginaba las consecuencias reales que aquella revuelta tendría más adelante; no eran adivinos, era imposible saberlo, tan solo podían hacerse una idea de ello… y la idea que se formaba en la mente de Adelei no era nada favorecedora.  Entonces, unas palabras ensordecedoras resonaron sus oídos ¿De quién era aquella voz repugnante? ¿Quién gritaba aquellas palabras asquerosas? Giró sobre sus talones buscando a la dueña de la voz, debido a su altura no logró ver a nadie… ¿Quién podía estar diciendo aquello? ¿Quién en su sano juicio apoyaría de aquella manera al Cardenal? Pronto su afán de encontrarla desaparecieron pues su atención se centró en la tarima  a la que se subió un hombre… no había más que verle para saber que no era un humano ¿Qué narices era lo que quería un vampiro ahora, allí? Se suponía que no tenían la entrada permitida en aquel acto. Sus demonios internos comenzaron a aflorar, su sangre hervía de ira y no podía quedarse mucho más tiempo callada ¿Qué le estaba pasando a al gente? La gran mayoría de ellos se encontraban aturdidos y no sabían su huir o luchar, el Cardenal estaba logrando su objetivo… poner a la población en contra de los exorcistas ¿Por qué? Eso ya es un misterio.

Le entregó la tortuga de nuevo a Elric, sus ojos no podían fijarse en nadie más que en ese repugnante ser que osaba tocar a la pequeña mestiza y no solo contento con aquello creerse alguien para hablar de ella. De un salto e inesperadamente, pues Adelei no solía dejarse llevar por sus sentimientos,  se subió a la tarima y saltó contra el vampiro. Ya no le quedaban fuerzas para  guardarse dentro el torbellino de emociones que la apresaban; sabía que pagaría aquella acción pero no podía permitir que un hombre tan repugnante como aquel alimentase más el problema, debía demostrar que los exorcistas no eran unos ineptos como el Cardenal quería hacerlos ver. Debía proteger a la población, que inculta y confusa no sabía qué hacer, gritaban, lloraban y peleaban sin motivo alguno… aquella situación era una locura, un circo que el Cardenal había planeado de la mejor manera posible ¿Cómo podía ser un ser tan repugnante? ¿Cómo es que aún había gente que lo apoyaba y aceptaba sus ideas como si fuese un santo? No cabía en su cabeza tanta locura, no podía explicarse la situación… aquello todo era una obra maestra tan bien planeada que ninguno de ellos se lo había esperado, pero no pensaba quedarse de brazos cruzados debía hacer algo. Ya no le tenía miedo a la muerte, de una manera u otra debería de acabar y si era en lugar de aquellos a los que había jurado proteger ante todo… sin duda sería una buena forma de acabar, siendo humana o mestiza eso no era lo que importaba, lo que importaba es que era una exorcista y como tal debía cumplir con su misión.

Cualquiera podría haber pensado que se había vuelto loca, que se había lanzado de cabeza a la boca del diablo y así era, pero en aquel momento tenía la mente más clara que en ningún otro; no importaba su mestizaje, ni su clase social, ni si oficio lo único que importaba era parar aquella locura y no dejar que ningún otro inocente muriese en vano. Tomó al demonio por el cuello de la camisa, él le sacaba alguna cabeza, y clavó sus penetrantes ojos amarillos en los suyos rojos como la sangre. No sabía quién era ni de donde salía pero aquel no era su momento de meter baza en aquella situación.

- No es el momento ni el lugar para que un asqueroso ser como tu alce la voz, vampiro. –Comenzó diciendo, sabía que era un ser que podía hacer peligrar su vida pero no iba a dejar que acabase con ella.- Sois enemigos del Cardenal ¿Crees que te dejará marchar de aquí como si nada? Se supone que ninguno de los tuyos tenía la entrada permitida en el evento de hoy, así que con más razón se deshará en deseos de separar esa preciosa cabeza de tu cuerpo… como yo.

Las palabras salían envenenada por su boca, era raro que Adelei se dejase llevar de aquella manera y perdiese las formas pero ya llevaba aguantándose desde que la estúpida ley del cardenal había salido… no podía más con toda aquella farsa. Ella era una enemiga del cardenal, tanto como mestiza como por exorcista así que debía mostrar a la población que debían apoyarse en los suyos y no en el demente del cardenal y si para ello debía perecer en el intento, lo aceptaría. Una parte de su cerebro era consciente de que acababa de fallarle a Amadeus, se suponía que debía de sacar a Elric de allí y que debía de huir también pero no podía…no podía con la situación, debía hacer algo. Le daba igual que la descubriesen o lo que quisiesen hacer con ella, ahora mismo su objetivo era el de darle una lección al cardenal, a la población y a aquel vampiro costase lo que costase; sabía que Elric estaría bien, que podría cuidarse solo y que si salía bien de aquella aceptaría a su tortuguita. Adelei había dejado de ser la chica pasiva y tranquila, demás de analítica, al ser destructivo que debía ser en aquellas situaciones, ser  que su padre había entrenado desde que tenía uso de razón.


Resúmen:
Ady acepta a la totuguita/joker de Elric y pretende salir de allí ya con Timcapy y ponerse a salvo, pero ciertos comentarios y la entrada del idiota de Silcius, que no tenemos ni idea de qué hace ahí porque los vampiros no tenían permitido entrar en el acto (Afán de protagonismo seguro), acaban por volverla loca y se cree capaz de poder luchar contra él o al menos echarle de allí. Lo que pretende es demostrar que los exorcistas no son tan ineptos como el cardenal dice y si le cuesta la vida le da igual.
Loca perdía está ¿Qué pasará?


avatar
Exorcista — Alumno


Frase This is me and this is all you will get

Ver perfil de usuario http://krorymilium-rpg.foro.bz/t94-adelei-d-cielo-id-exorcista?nid=1#369

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por il Maestro mascherato el Jue Mar 19, 2015 9:34 pm




Amén
2ª Parte de la trama general.



Capítulo I




La plaza San Marcos comenzó a llenarse de guardias inmediatamente. Un grupo de ellos montaron fila frente a la tarima de la horca, manteniendo la postura de defensa y alejando al público de ahí. Otro grupo se aseguraba de calmar a las masas y llevarse a los rebeldes lejos de la muchedumbre. Incluso la caballería, vigilante a cada movimiento, rodeaba al grupo de gentío al paso de sus corceles, de un lado a otro. El último grupo de guardias subió al escenario de la horca, acompañados de tres exorcistas fieles a la iglesia y el nuevo reglamento impuesto por el cardenal Francesco Di Medici. Desalojaron de ahí a todo aquel que estuviera encima, no por la fuerza, sino dando uso de la palabra y la educación. Uno de los exorcistas se acercó al supervisor de la Academia (Komui) para tranquilizarlo y llevárselo de ahí junto con los demás miembros. Tenían que poner orden o todo esto se les iría de las manos. Mientras se llevaba a cabo la seguridad esencial, se podía ver la figura del cardenal subiendo por las escaleras que conducían a la tarima de la horca, custodiado por dos caballeros más. En cuanto todo quedó mucho más tranquilo, Di Medici se presentó en el centro del escenario y decidió dedicar unas palabras al público turbulento:

Comprendo que a todos os cueste adaptaros a un nuevo reglamento que a primera vista se ve tan estricto e irrazonable. No obstante, me temo que ninguno de vosotros se ha parado a pensar cuál es la verdadera finalidad de todo esto, ni tampoco por qué el clero se ve obligado a manejar esta situación con puño de hierro — El pueblo se sumió en un duro silencio, dejando únicamente escuchar el sonido de la lluvia, el viento y las palabras del causante de todo aquello. Di Medici hablaba con un tono de voz totalmente moderado y lo suficientemente alto para que sus palabras llegaran hasta la ultima fila de de los espectadores. Su mirada se mantenía fría y serena, impávida. Sus palabras transmitían seguridad y aptitud — El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo perdemos cada vez que dejamos a un vampiro merodear por nuestras calles, acercarse a nuestros hijos, alimentarse de nuestra familia y asesinar a nuestros compañeros. Los exorcistas llevan años dejándose engañar por los vampiros, perdonando esas vidas que quitan otras vidas, que no aceptan la muerte y se alimentan de nosotros los mortales por codicia,  por ambición, por maldad... ¿Alguien se ha parado alguna vez a pensar que estamos siendo tratados como alimento? ¡Por el amor de Dios, somos seres humanos! — bramó en su última frase, dejándose llevar por la ira y el desorden que le había contagiado el pueblo. Los exorcistas fieles tomaron de nuevo a Albertino, impidiéndole que se moviera o pudiera huir de ahí. Di Medici permaneció en silencio por unos instantes, dedicando su mirada al exorcista acusado conforme los guardias se llevaban el cuerpo de la criatura. El silencio volvió a ser abismal, y el Cardenal optó entonces por clavar su mirada en Silcius Rocafort, el famoso vampiro que había osado entrometerse entre tantos exorcistas, insultando así no sólo a sus capacidades como protectores, sino a toda la humanidad, y al propio Cardenal.

Los vampiros son una raza sin futuro, no están hechos para vivir en este nuestro mundo. Muchos de ellos llegan a asesinar de tres a cinco personas por noche. Cada día hay más, se convierten y multiplican... Ahora, calcular cuantas muertes presenciaremos cada noche por veinte vampiros en Venecia, ¿sesenta muertes? Llevamos tantos años acostumbrados a la pérdida por vampirismo que nos hemos acomodado a la situación y con ello, quedado ciegos. Os pediré entonces que suméis muertes que se dan por semana, por meses, por años........ el número es exorbitante — su voz se apagó paulatinamente y negó varias veces con la cabeza. La humanidad descendía cada año más, y sin embargo nadie parecía darse cuenta del gran problema que eso podría suponer si nadie hacía algo al respecto — Ellos tampoco son conscientes de que dependen de nosotros, ni se paran a pensar qué ocurrirá cuando la raza humana finalmente quede exterminada ¿Piensan tratarnos como a ganado? Una vez nosotros muertos ellos se quedarán sin sustento, y por ende la tierra quedará, finalmente, sin un solo resquicio de vida.

Dio un paso atrás, apartándose levemente del centro de la horca. En ese instante, cuatro guardias colocaron en ese lugar un artefacto enorme, oculto por una manta. Algunos de los ciudadanos ya podrían suponer de qué se trataba, pero la gran mayoría lo desconocerían, ya que se le había empezado a dar uso hace relativamente poco. En cuanto los guardias terminaron, retiraron la manta y dejaron a la vista del público una terrible guillotina, el famoso artefacto que se usaba para dar muerte a los ciudadanos más respetados. Tanto el cardenal como el público guardaron silencio, algunos dejaron escapar un suspiro de fascinación, otros un grito de terror o enmarañados susurros llenos de preguntas a cerca del artefacto. Di Medici volvió a dirigirse al público.

Dando por finalizado mi discuso, añadiré que esta es la razón por la que me estoy viendo obligado a generar miedo. Miedo a la muerte, a la pérdida. El miedo es lo que mueve al ser humano, y yo, llevo años viendo como tanto los exorcistas como los ciudadanos se muestran reacios a esta situación que no sólo nos influye a nosotros, sino al resto del mundo y la humanidad. Por esto afirmo y no esconderé ante nadie la verdad. Me aseguraré de que todo el mundo que permita esta maldad sea castigado, pues quiero asegurar a la humanidad un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Si seguimos permitiendo que los vampiros y mestizos tomen el poder, el único futuro que nos depara, es nuestra propia destrucción — concluyó, haciendo una leve reverencia a modo de despedida ante el público y retirándose del escenario junto con dos guardias. Los fieles exorcistas acompañaron a Albertino hasta la guillotina, y él, por su propia voluntad se colocó de rodillas ante esta y apoyó su cuello en la madera del instrumento. No dio tiempo a lamentarse, a pensar, a sentir... pues de inmediato tiraron de la cuerda y el gran filo calló sobre el cuello de Albertino, decapitándolo en un golpe seco. Su cabeza calló sobre la cesta que se encontraba bajo el artefacto, y el público calló. El general de la guardia entonces salió a escena, terminando con la mudez:

Así como es verdad infalible autorizada con el testimonio del mismo Dios es sus escrituras, y con la tradición más constante de todos los siglos, que ha de haber un día, en que serán juzgados todos los hombres; así también es cierto que nadie sabe cuando será ese día, y que conviene que sea ignorado. Sin embargo hoy ponemos a Dios nuestro Padre por testigo que no permitiremos bajo ningún concepto que nadie, sea noble o del tercer estado, religioso o ateo, desprestigiado o poderoso, impedir que la humanidad siga prosperando. Cada persona que se oponga a que la vida humana prospere será condenada y según el delito se le condenará a muerte, independientemente del rango o clase que ocupe en la sociedad — se aclaró la voz y sacó un manuscrito de su gabardina, extendiéndolo frente a él y comenzando a leer — Por ello, hoy quedan acusados de rebelión y serán sometidos a un juicio e investigación los siguientes exorcistas: Elric Sterling, Adelei D'Cielo, Amadeus Westerman, Komui Lee, Fath Vladesku y Raffaello Caruso — finalizó, plegando de nuevo el escrito y guardándolo en un bolsillo interno. Finalmente se reverenció ante el pueblo y bajó del escenario, haciendo una seña a un grupo de guardias que, de inmediato, agarraron a los exorcistas nombrados para llevárselos de la plaza...




¡Bienvenid@ a Krory Milium, Invitado!
Por favor, lee las Normas y respétalas.
{No doy soporte por MP} 
avatar
Líder


Frase Sta piovendo la città. Le mie pupille allargano le immagini di mille incidenti planetari.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: 2ª parte de la trama // Capítulo I: Amén

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.