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Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Asteria Ignunn el Vie Oct 10, 2014 11:06 pm

La vida en la mar es eventual e imprecisa. Cuando te embarcas, desconoces por completo tu fortuna y comienzas a vagar por el gran azul sin tener certeza de si volverás a recorrer esas aguas de nuevo. Lo que quiero decir es que el mar es incierto. Sobretodo si lo surcas en una barca robada, y con medio remo carcomido por las termitas. La utilidad del remo agujereado es irónica. En mi caso eran exactamente tres días sin comer nada en absoluto, algo de alcohol barato que me mantenía lo suficientemente ebria para no darme cuenta del hambre que tenía.

Cuando llegué a tierra hacía aproximadamente una hora, me sorprendí enormemente de que la barcaza aguantara aquel largo trayecto. Levanté la mirada y divisé un puerto no muy lejano, al lado del cual se podían distinguir las columnas de San Marcos y San Teodoro, comencé a andar hacia la plaza.

Y ahí estaba, hecha un desastre, cansada, borracha, maloliente,  y a saber qué más en lo que yo no reparé. Aunque eso poco importaba. Así pues, comencé a deambular por la plaza, buscando algo que robar y llevarme a la boca. Puede parecer rastrero, pero, cuando llevas unos días sin probar bocado el mundo cambia. Las personas, sus problemas, la ética o la moral pasan a un segundo plano y el hambre se convierte en el protagonista.

Me acerqué a una mujer que llevaba dos barras de pan en un cesto a la espalda, y en un movimiento rápido (al menos eso le pareció a mi yo ebrio) agarré una de las barras y eché  a correr hacia una callejuela de la plaza para comérmela en paz. No me alejé mucho del gentío, al fin y al cabo, siempre pasa igual cuando robas a alguien. La gente grita y se mosquea momentáneamente, quizás algún "buen samaritano" te persiga para ayudar a la señora. O más bien para demostrar su implicación y su bondad ilimitada. Pero cuando éste cree haber representado su papel correctamente, vuelve a lo que estaba haciendo, como todo el mundo, y se olvidan de la mujer a la que han robado, que sigue ahí, parada en medio de la plaza, aún sin saber muy bien qué ha pasado.
Me apoyé en una pared para recuperarme de la carrera y dejé que mi cuerpo se deslizase por ésta hasta llegar al suelo y acabar sentada mientras arrancaba un pedazo de pan, y le atestaba un bocado soberbio.

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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Sáb Oct 11, 2014 12:18 am

Ave Maria, 

gratia plena, 

Dominus tecum, 

benedicta tu in mulieribus, 

et benedictus fructus ventris tui Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei, 

ora pro nobis peccatoribus, 

nunc et in ora mortis nostrae. 

Amen.



Abrí los ojos, y miré a mi pequeña repetir el  Ave María en latín –como a ella le gustaba – a la perfección. Se quedó unos segundos en silencio, y después se levantó, mirándome con sus enormes ojos dorados. -¿Crees que le habrá gustado, papá?

-Estoy seguro de que mamá está muy orgullosa de ti, cariño… -Dije, cogiéndola de la mano mientras salíamos de la catedral. Aquel día había bastante gente, pero siempre acababan encontrándome un hueco. Hoy, 10 de Octubre, se cumplían 5 años desde que ella ya no estaba aquí, y como era obvio, tenía que ir a la catedral a rezarla.

-Ojalá mamá estuviera aquí… Seguro que era muy guapa.


-Lo era. –Respondí, colocándome las gafas de nuevo. “De verdad que lo era

Continué andando, atravesado la plaza sin demasiada dificultad. La gente me conocía muy bien, y lo que era más importante: me temían. Que había asesinado a mi padre no era ningún secreto, al igual que me había casado con mi hermana; pero aquellas gentes no eran estúpidas y sabían bien lo que les convenía. “Ahora he de volver al barco a dejar a Giulietta y entonces…

-¡Mira papá! ¡Esa mujer está robando!


La voz de mi hija me sacó de mis pensamientos. Tardé un segundo en dar con aquello que mi hija señalaba; no era más que una desgraciada mujer robando a otra desgraciada mujer. La ladrona salió corriendo con una barra de pan en los brazos, y pasó por mi lado. Un olor me llegó cuando lo hizo; un olor a sudor, salitre y alcohol. Un olor demasiado familiar.

Giré mi cabeza, sin prestar la menor intención al clamor popular, y seguí a aquella mujer con la mirada. Comencé a andar hacia ella; no era difícil seguir a alguien cuando medías dos metros y la gente se apartaba a tu paso.

-¡Coge a la ladrona, papá! –Escuché decir a mi hija, como a los cientos de personas que allí estaban. “Pobres ingenuos” pensé, mientras me iba acercando poco a poco al callejón donde se había escondido aquella pobre y sucia ratera.

La mujer estaba sentada en el suelo, apoyada en la pared, degustando su botín. Ojos hinchados, labios despellejados, manos sucias,  costras de sal en sus harapientos ropajes. Era obvio quién era, y de dónde venía.

-¡Ahí esta! ¡Cóge a la ladrona! –Gritó mi hija, señalando a la mujer. Tiré ligeramente del brazo de  mi hija. -¿Qué es lo que te he enseñado, Giulietta? –No me hizo falta mirarla para averiguar su cara de fastidio. –“No hay que juzgar si no se quiere ser juzgado"


-Muy bien. –Me acerqué a la mujer y le tiré unas cuantas monedas que llevaba encima, para el asombro de Giulietta.

-¡Papá, no le des dinero! ¡Es una ladrona! –Noté a mi hija tirándome del abrigo, escandalizada.


-Todos merecemos una segunda oportunidad – Le dije con calma. Me giré hacia la mujer rubia, mirándole fijamente a los ojos a través de mis oscuras lentes. Era obvio que era una pirata. -¿Cuántos días llevas naufragando, mujer?
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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Asteria Ignunn el Sáb Oct 11, 2014 1:06 am

Me encontraba degustando aquel trozo de pan mientras oía como las voces de la gente se perdían progresivamente. Pero había una que se percibía cada vez más cerca, era la voz de una niña. Mi mirada estaba fija en el suelo y pude ver como una pareja de personas se acercaban y se detenían frente a mí. Unas monedas cayeron a mis pies. Levanté la mirada  y observé al sujeto en cuestión. Un hombre muy alto y extravagante me miraba, junto con la niña que hablaba. "Papá, no le des dinero. Es una ladrona." A la niña no le faltaba razón, igualmente sentí la necesidad de excusarme.

- He robado este pan porque lo necesito para sobrevivir, si no, no lo habría robado. ¿Entiendes?

Dirigí la mirada entonces a su padre mientras recogía las monedas del suelo, y las guardaba en uno de los bolsillos de mi arapienta indumentaria.

- Se lo agradezco enormemente, señor.

Aquel hombre no se andó con rodeos y me preguntó sobre mi situación, la cual parecía  ser obvia para él. Lo inspeccioné entonces más detenidamente. Era realmente extraño ver a una persona así, pero no me desagradaba.

- Oh... Pues no lo sé con certeza, pero diría que unos tres días...

Bajé la cabeza pensativa. Los días solitarios en medio del océano parecían mucho más largos. Aquellos tres horrendos días fueron como una eternidad para mí. Despachada, sin rumbo, sin Frédéric... Volvi a mirar al hombre.

- Mi antigua tripulación ha decidido no disponer de mí. Si es usted pirata, seguro que me entiende. Supongo que llegaron a odiarme de un modo u otro.

Volví a agachar la cabeza y acto seguido me incorporé. Al hacerlo una de las monedas cayó al suelo debido a un agujero en el bolsillo. Me agaché a cogerla y la coloqué, junto con las demás en el bolsillo contrario. Alcanzé la barra de pan y la puse bajo mi brazo izquierdo. Al estar erguida junto al hombre pude apreciar bien cuan alto era. Más o menos dos cabezas más alto que yo. Le miré interesada. Los hombres altos me podían.


- ¿Por qué me es tan familiar este hombre? Estoy segura de que no lo he visto en mi vida. Pero creo haber oído hablar de un hombre con estas características físicas...

Mientras discernía sobre el tema. Pude ver como la gente lo miraba, pero no era una mirada de asombro, o de  singularidad. Era una mirada de pavor.

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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Sáb Oct 11, 2014 6:21 pm

Sonreí al ver la reacción de la mujer. No vaciló al contestarme –lo que probablemente significase que no tenía ni idea de quien era, al menos en persona –pero lo hizo con educación, lo que denotaba cautela. También cogió las monedas que le dejé: era una persona inteligente aquella mujer, y no uno de esos estúpidos orgullosos que se veían de vez en cuando en la mar.

Escuché su respuesta; sin duda esa mujer era una pirata. Y por lo poco que había podido observar, no parecía uno de esos rudos e ineptos marineros. Mi sonrisa se hizo mayor. –El mar es caprichoso. La suerte cambia como el viento.



La observé levantarse, torpe, como si todavía estuviese beoda. Quizás lo estaba. Sin duda, aquella mujer necesitaba comer, beber y un buen baño. La desafortunada mujer se quedó mirándome con aquellos ojos claros como el hielo, como queriendo ver mas allá. "¿Habrá descubierto  por fin quien soy?"

Sin más miramiento, la cogí de la mano y me agaché ligeramente, acercando su mano hacia mi boca hasta que mis labios la rozaron levemente. Sabía que Giulietta había puesto cara de asco al verlo, pero todavía le quedaba  mucho por aprender; entre ellas, que había cosas mucho más asquerosas que besar una mano sucia. -Encantado de conocerla, señorita –Dejé caer su mano y me incorporé de nuevo –Mi nombre es Salvatore D’Angelo, y esta pequeña niña de aquí es mi hija, Giulietta D’Angelo.



-Encantada, señorita –Dijo mi hija haciendo una pequeña y forzada reverencia, intentando disimular lo poco que le agradaba esa mujer.

Quizás pueda sacar algo de provecho de esta situación. No sería la primera vez que me encuentro con un pobre desamparado que acaba convirtiéndose en un miembro de mi banda”. El recuerdo de Violeta cruzó mi mente por un segundo. De todas formas, si me decepcionaba, siempre podría deshacerme de ella. No creo que nadie la echase de menos.

-Supongo que le apetecerá algo con lo que acompañar el pan. ¿No es cierto? Sígame por aquí, la invitaré  a lo que quiera. A cambio, sólo le pido su compañía; estoy seguro de que tendrá mucho que contar. ¿No es así...?

Tenía confianza en la chica. Parecía extranjera; quizás incluso pudiera darme información interesante. "No me falles". Le dí la mano a Giulietta y comencé a andar despacio, esperando a que aquella mujer me siguiera.
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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Asteria Ignunn el Dom Oct 12, 2014 6:58 pm

Me disponía a marchar cuanto antes de allí. Con el dinero que ese hombre me había dado, podría proporcionarme algo más de comida. Pero no había dado ni el primer paso y aquel hombre se dirigió a mi una vez más. Su comentario sobre la mar corroboró mis sospechas de que era pirata.

- Sí que lo es.

Mientras decía esto, volví a mirar a aquel misterioso varón, el cual casi instantáneamente me cogió de la mano y beso esta levemente. Observe sus manos. Grandes, limpias y se podría decir incluso cuidadas.

- Si este hombre es un pirata, sin duda alguna es capitán.

Aún golpeada por el asombro, levanté la mirada para econtrarme con su amplia y deslumbrante sonrisa. Miré a su hija de reojo, la cual tenía una mueca en la cara. Bajé la mirada por un instante efímero, pues mirar hacia arriba y encontrarme con la extravagante figura de aquel hombre era tentador. Éste se presentó entonces. Su voz repitiendo aquel nombre retumbó en mi cabeza al mismo tiempo que sentí mi mano caer, como si mi brazo estuviera muerto y chocar con mis caderas haciéndome volver a la realidad.

- Salvatore D'Angelo. El capitán más temido de todo el mediterráneo. Incluso me atrevería a decir que aún por aguas no surcadas se le teme...

Miré interesada al capitán y le dediqué una mirada que escondía una sonrisa. La niña forzosamente se inclinó. Estaba claro que no se había llevado muy buena impresión de mí. Acto seguido hice una breve reverencia a ambos.

- Es un placer, capitán D'Angelo. Lo mismo digo, Giulietta.

Aún sin saber muy bien qué hacer. Preguntándome, cómo era posible encontrarme ante semejante personaje en una situación así. Me sentí avergonzada, era cierto que siempre había vivido modestamente. Pero pocas veces en el punto en el que me encontraba cuando conocí a Salvatore. Habló él entonces, apenas pude creer lo que decía. Tragué saliva mientras lo miraba algo confusa.

- ¿Qué puede querer este hombre de mí? ¿Mi compañia?...

Por un momento se me pasaro miles de cosas por la cabeza, muchas de las cuales descarté por simple obviedad.

- Es imposible que se refiera a ese tipo de compañía... ¿Por qué iba a interesarle yo, si un hombre como él puede tener a cualquier mujer?

Sin pensarlo siquiera me miré a mi misma, mi cuerpo delgado disimulado con unos pantalones de hombre atados con una cuerda, y un trozo de paño tapándome los pechos. Mi aspecto resultaba incluso ridículo. De nuevo, me ví en una situación inesperada e, intentando ocultar mi desconcierto, respondí lo más rápido que pude.

- Por supuesto... No sé muy bien por qué acepto, pero, sin duda, sería estúpida rechazando su propuesta, capitán D'Angelo.

Salvatore tendió su mano, la cual miré insconscientemente, a su hija Giulietta y comenzó a andar lentamente. Seguí sus pasos calle abajo, sin dejar de mirarle con inquietud. Pero aquel hombre irradiaba seguridad, poder y perspicacia. Quizás era eso lo que me impedía quitarle la vista de encima.

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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Lun Oct 13, 2014 7:16 pm

-Llámame Salvatore, por favor. –Dije cuando la oí decir “Capitán D’Angelo”; muy suspicaz, pero demasiado pedante. Me giré  entonces, sin parar de andar, y la miré  -irremediablemente –por encima del  hombro, y sonreí, divertido. Aquella mujer todavía no me había dicho su nombre. Eso, el no presentarse, hubiese sido digno de una llamada de atención de esos idiotas lameculos de tierra firme, pero entendía a la muchacha. Cuando estás hambriento, cansado y sediento, lo último en lo que reparas son en las buenas maneras y el protocolo. Por ahora lo dejaría estar; a ver cuánto tiempo tardaba en darse cuenta.


Al menos, creo que ya me había reconocido. Poca era la gente que no lo hacía, al menos si tenía algo relacionado con el mar. Seguí caminando, despacio; por esta callejuela tenía que haber alguna taberna, seguro. Lo cierto es que tenía ganas de saber más de la mujer. Para empezar, su nombre, aunque no era algo que me quitase el sueño; me interesaba más su naufragio. De dónde provenía, cuál era su tripulación y porqué Venecia. ¿Casualidad, interés? Fuese lo que fuese, esperaría saberlo.


Al fin, llegamos a un sitio medianamente aceptable, tampoco nada del otro mundo; en el estado en el que iba la chica, no podía llevarla a un sitio más “lujoso”. Pasé dentro y me fui directamente a la barra. –Dos jarras de la mejor cerveza que tengas y… ¿Tú que quieres, Giulietta? –Dije, mirando a mi pequeña. Dí por supuesto que a la desconocida, siendo pirata, no le desagradaría la cerveza por muy mujer que fuese.


-Un zumo de naranja.


-Un zumo de naranja. –Repetí.


-N-no tenemos zumo aquí.


Mi usual sonrisa desapareció en cuanto oí la respuesta del mesero. Le miré por encima de mis gafas, amenazante –Pues si no tienen…consíganlo –Dije, con un tono de voz gélido e inexpresivo que, junto a mi mirada,  no dejaba lugar a dudas. Aquel inútil desapareció de la barra; espero, por su bien, que en pos de un zumo para mi niña. Volví a recuperar mi sonrisa y me giré hacia la joven. –Bueno señorita, estoy impaciente por escuchar de sus historias… Pero antes de nada, me encantaría saber cómo se llama…


El mesero dejó en la barra dos generosas jarras de rebosante cerveza y un pequeño vaso con el zumo de mi Giulietta, que empezó a beberlo sentada en uno de los taburetes.


-Está rico. –Dijo. Sonreí, satisfecho, y esperé la respuesta de la rubia.
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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Asteria Ignunn el Lun Oct 13, 2014 9:16 pm

Caminar con Salvatore era una sensación extraña y nueva para mí. Aquella situación era sin duda peculiar, y mi interés por aquel hombre aumentaba considerablemente a cada paso que este daba. Algo que se escapaba de mi voluntad me hacía mirarle sin pudor alguno, y el hecho de que se hubiese acercado a mí y me hubiese ofrecido su ayuda y simpatía de esa manera había sido para mí como una ola de aceptación y entendimiento. Por supuesto, era consciente de que aquel acto tendría sus razones ocultas y no lo había hecho desinteresadamente en su totalidad. Quizás había visto algún tipo de potencial en mí, o simplemente le había resultado atractiva, quién sabe. En ambos caso me sentí aliviada y halagada por este acontecimiento.

Salvatore se giró, mirándome desde allá arriba y me pidió que me dirigiera a él por su nombre de pila, lo cual no hizo más que aumentar mi incertidumbre.

- ¿Demasiada confianza? Lo dudo mucho. Este hombre no confía en nadie más que en su hija, me temo. Y obra bien. Supongo que no le agrada mucho la formalidad en exceso.

Llegamos pues a una taberna, no tenía mala pinta. Desde luego no tenía razón de queja alguna, cualquier cosa era mejor que la piedra fría de la calle. Dicho y hecho, entramos y Salvatore pidió dos cervezas y el zumo para la pequeña. Yo era una amante acérrima de la cerveza, así que me senté, conforme con su elección. De todos modos, tampoco estaba en la situación de ponerme con exigencias, aunque Salvatore hubiese pedido jugo de remolacha, lo habría bebido igualmente. Al ver como reaccionaba ante la respuesta del camarero, pude apreciar otra faceta suya. La forma en que actuaba me hizo ver que era un padre sobreprotector, y que hacia cualquier cosa por complacer a su hijita.

- Indicios de viudez a estribor…

Pensé, una broma silenciosa de muy mal gusto, sin duda. Si mis conclusiones eran ciertas, aquello era desolador, sobre todo para un pirata, y más aún, capitán como Salvatore. No sabía muy bien por qué me preocupaba por aquel hombre, algo impropio de mí, y más aún, por qué aquello me hacía sentir esperanzada ante algo incierto. Sin embargo, me abstuve de intentar encontrar una respuesta, pues me amedrentaba conocer de ésta. La cual, en lo más hondo de mi interior, asomaba punzante e irremediable. Me conocía demasiado bien como para saber que no me convenía aquello. Ni mucho, ni poco. Más bien absolutamente nada. Para mí no existía un término medio, estaba dividida. Y por eso, cautelosamente me intentaba alejar de todo lo que pudiera alimentar a esa verdad, que se esconde bajo una mentira, y que temía, se destapase estrepitosamente y me hiciera, como muchas otras veces acaecía, arruinar aquel momento.

Salvatore se giró hacia mí y me dedicó una sonrisa fulminante. Era obvio que no podía meterse en mis pensamientos, pero el hecho de que me mirara en ese preciso momento, en el cual por mi cabeza pasaron semejantes cosas, hizo que me sobresaltara. Me preguntó sobre mí, mi nombre, mi historia… Por supuesto, había olvidado presentarme. Aunque tampoco lo consideré tan importante en aquel momento, si te encuentran siendo una pobre desamparada, lo último que esperas es que te hagan elogios sobre tu apellido.

- Oh, claro… Soy Asteria Ignunn. Es nórdico.

Dije sin esperar reacción alguna ante éste. Obviamente era una pirata de pacotilla, y no esperaba que me conociera. En algún caso extremo, podría haber oído hablar de Jade, y tampoco se tratarían de cosas de las que una pueda presumir. Y aún así, no pensaba nombrarle nada de aquello. Por lo menos ahora no, sería un error garrafal. ¿Me preguntaba por mi historia? Le contaría lo que Salvatore preguntara, o al menos una versión de la verdad. Sonreí ante el interés de Salvatore por mí. No se le veía un hombre que hace las cosas por el buen quedar, lo cual me reconfortó.

- ¿Mis historias? –Dije entre risas- Aunque tengo muchas que podría contarle no creo que sean nada nuevo o sugestivo para usted, Salvatore.

Me aclaré la garganta y llevé mi mano a la jarra que el señor de la taberna acababa de servir y le pegué un trago largo, me supo exquisita.

-Soy de Noruega, como le dije antes. Arqueóloga por necesidad pero sobre todo por gusto. Y básicamente, vivo a la deriva, como cualquier pirata.

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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Mar Oct 14, 2014 11:34 pm

-El norte… Tan misterioso, frío y despiadado como su gente –Dije, bebiendo de mi jarra y mirando de reojo a la mujer. “Interesante” pensé. No sabía demasiadas cosas sobre el norte, ya que llevaba toda mi vida navegando por el Mediterráneo; Asia occidental, África del norte, Grecia, España, Turquía… Nunca había ido más allá. Nunca lo había necesitado realmente, pero siempre era interesante expandir las fronteras…

Escuché entonces el comentario de la rubia, y  solté una risa queda. –No sea así, Asteria. Uno ya conoce perfectamente sus historias; siempre viene bien escuchar cosas nuevas… -Miré a la mujer de nuevo, clavando mis ojos en los suyos, azules como el cielo,  a través de los cristales tintados de mis gafas. “No parece coartada…” Aquello me gustaba y no. Mi nombre, Salvatore D’Angelo, era conocido y temido en todo el Mediterráneo; la gente no solía tener tantas confianzas conmigo. Aunque seguramente siendo del norte, aquella pobre diabla ni siquiera hubiera oído hablar de mí, como de ninguna de las figuras importantes de estos lares. El hecho de que no temblase como un cordero delante de mí me gustaba, estaba cansado de cobardes que lo único que se merecían era un tajo desde el ombligo hasta la garganta; aunque tampoco me gustaban los gilipollas que se envalentonaban como niños enrabietados contra su padre. Aquella mujer tenía el equilibrio perfecto, y estaba seguro de ello; de no haber sido así, hubiera acabado con ella mucho antes de montar todo este paripé.

Entonces, escuché algo que llamó mi atención. “Arqueóloga”. O lo que, traducido al lenguaje práctico venía siendo “Antigüedades”. Reliquias, tesoros. Dinero. Dibujé una gran sonrisa ante tal grata sorpresa; mi interés hacia la joven Asteria había aumentado exponencialmente. –Vaya, vaya… no suelen verse muchos piratas letrados, y menos tan jóvenes como tú… -La miré de arriba abajo; a través de sus harapientas ropas y el aura de suciedad que la envolvía, podía adivinarse un joven y bonito cuerpo –Pero gracias a Dios, siempre hay excepciones. –Mi avariciosa sonrisa se convirtió en una seductora y cálida. Di otro trago a la jarra. Mi intuición raras veces fallaba, y esta vez no había sido para menos.

-Dime, Asteria… ¿Qué motivos te trajeron a la mar? ¿Dinero, poder, tesoros, fama? ¿Venganza, amor? –Dije. Quería saber más de esa mujer, aunque probablemente la respuesta que obtendría sería una mentira. Si era inteligente, al menos mentiría; no parecía una de esas personas que sólo se embarcan para saquear pueblos y violar a cualquiera que se les ponga por delante. De todas formas, tenía un don para la mentira, tanto como para contarlas como para detectarlas. Esperé la respuesta de Asteria; no me importaba tomarme mi tiempo si sabía que no iba a perderlo.
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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Asteria Ignunn el Miér Oct 29, 2014 9:01 pm

Mientras hablaba con Salvatore intentaba elegir las palabras correctas. Pues tenía varias razones para no disgustarle. En primer lugar aquel hombre me había encontrado en la calle y sin importarle, se había interesado en mí, y tal como había pensado antes, dudosamente lo hizo por cortesía. En segundo lugar, tenía la extraña sensación de que aquella conversación podría no sólo tratarse de una simple charla, aquel hombre era un capitán pirata reputado y temido, y yo estaba despachada, y sin ninguna intención de pasar una noche en la calle. Estaba claro que estaba acostumbrada a la mala vida, pero yo no me entendía de esa manera con el mundo. En el mar no había reglas, en el mar la gente no te miraba mal por desprecio si no por miedo o por envidia. Así pues intenté aportarle la información justa para despertar su interés, pero tampoco quería ofrecerle un punto donde atacar o contarle toda la verdad. La vida me había enseñado que la ingenuidad se pagaba cara.
Por no mencionar que aquel hombre me obligaba, de alguna manera involuntaria a complacerle. Me gustaba la idea de que el mostrara interés y de un modo u otro, sintiera un mínimo de respeto hacia mí. Sobretodo dada la penosa situación en la que me había encontrado. Por supuesto no quería, que se planteara, ni por un momento que yo era una enclenque, como muchos de mis compañeros piratas, que estaban en aquella vida por infortuna o porque no valen para nada más. Yo era pirata porque es una fuente infinita de conocimientos. Muchos esto no lo ven porque no son capaces de observar y de preguntarse a sí mismos. Pero yo sí. Yo buscaba y encontraba. Y cuando encontraba, buscaba más. Mi vida se basaba en eso.

Observaba indiscretamente los movimientos de Salvatore, y analizaba sus palabras. Veía como me miraba de reojo mientras pronunciaba aquella frase sobre la gente del Norte, que incluso parecía esconder un significado oculto. Obvié que se quiso referir en parte a mí, quizás para ver como reaccionaba ante aquella afirmación. Sin duda aquel hombre sabía que yo no era lo que parecía. O por lo menos lo intuía. Era una de esas personas que conocen a la gente, y que saben leer lo que unos ojos que han matado y que han vivido dicen. Por supuesto, lo sabía porque sus ojos, decían lo mismo.

No estaba segura de si Salvatore era consciente de que conocía perfectamente su nombre. Y parte de su historia, probablemente, la mayoría de lo que yo sabía de él eran todo invenciones, como solía pasar. Pero, aunque así fuera, la fama que él tenía era conocida, y una fama así solo se gana de una manera. Y con eso era suficiente para hacerme una idea del tipo de persona con la que estaba hablando. Pero eso no me incomodaba en absoluto. Estaba acostumbrada a tratar con personas como él, quizás no exactamente como él, no de ese calibre. Y mucho menos con personas que causaran aquel efecto embriagador en mí. Me pregunté si estaba loca por dejarme llevar por aquello. Cualquier persona cuerda no se tomaría tantas confianzas con él, y supuse que eso mismo pasaría por su mente. Pero obviamente ni yo estaba tan cuerda como él podría creer, ni el estaría tan loco como la gente podría pensar.

Después de soltar a regaña dientes algo más de información sobre mí, le presté especial atención a su respuesta. Me interesaba y entusiasmaba lo que podría decir, y lo que podría ofrecerme. Sin duda aquella conversación pintaba bien. En mi situación, hablar con un capitán de aquel rango no podía ser más fructífero. Su sonrisa lo confirmó rotundamente. Le agradaba haberse encontrado con alguien como yo. Y no me extrañaba, alguien indudablemente inteligente como él sabría que no había muchas personas como yo. Y aún no sabía nada. Pero yo sí, y sabía que podía ofrecerle muchas cosas. Y por primera vez en mi vida tuve la sensación de que había encontrado a alguien que sabría apreciar verdaderamente mi talento. Respondí, halagada a su comentario.

-Es cierto, la escasez es considerable… Desgraciadamente… O no. Según se mire.

Le devolví la sonrisa abiertamente. Intentaba incitarle a discernir sobre el tema. Él mismo había corroborado lo que yo pensaba, era consciente de que no había muchos como yo. Y cualquier capitán algo avispado, sabía que la exclusividad era algo deseable.

Pude ver entonces que me observaba sin miramientos, (más que a mí, a mi cuerpo) y de repente su sonrisa de capitán, se tornó a una más cercana y familiar, que yo conocía mucho mejor. Pude ver por primera vez desde que había conocido a Salvatore, como me dedicaba una sonrisa de hombre. Ambas significaban dos cosas muy diferentes. Esto hizo que me estremeciera y encendió una llama que ardía entonces y que se presentaba ya antes, pero de forma tenue. Volvió a preguntarme sobre mí.

- Un hueso duro de roer…Parece que no se da por vencido y pretende sacarme mi vida en versículos.

Me digné a responder, intentando aportar una información mínima y subjetiva de nuevo.

-Curiosidad, Salvatore. La curiosidad que rebosa Giulietta,  –Dije mirando a la niña- y cualquier niño. –Me acomodé y carraspeé, echando otro trago a la cerveza seguidamente.- Como puede imaginar, soy de orígenes más bien humildes. Pero yo jamás me planteé la idea de conformarme o de dignarme a vivir así. Demasiadas preguntas pasaban por mi cabeza ya desde muy pequeña. Y no estaba dispuesta a vivir sin encontrar aunque solo fuera una respuesta. Viajar es conocer, aunque eso ya lo sabe usted bien, adivino. Al cabo de los años me di cuenta de que las soluciones son aburridas, y que siempre van a surgir nuevas e infinitas cuestiones. Y esa es la respuesta definitiva… El no parar de preguntarse. –Finalizé.

Me había ido por las ramas, era inevitable. Aunque estaba segura de que eso no habría sido un problema para Salvatore. Presentía que el capitán podría ser un gran partido para compartir vivencias o conocimientos. Que escucharía encantada. Y estaba segura de que, si esto me llevaba a trabajar con él, aprenderíamos mucho el uno del otro. Y eso me engatusó de repente, y me hizo ansiar aquello más que nunca en mi vida.

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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Miér Oct 29, 2014 10:36 pm

Inteligencia. Sus palabras rebosaban de inteligencia, y sus ojos brillaban de emoción con cada frase que decía. Me encantaba; no era común encontrarse a un pirata así de apasionante, y menos si era joven y hermosa como lo era Asteria. Estaba muy orgulloso de mi intuición; el haber recogido a esa pobre moribunda de los callejones no había sido para nada una pérdida de tiempo, sino más bien todo lo contrario. Entonces lo tuve claro: la quería para mi tripulación, y esperaba que ella también quisiera unirse a mí. Aunque por la forma en que me miraba, yo diría que sí.

Sonreí complacido, bebiendo de nuevo de mi jarra. No necesitaba precipitarme, quería disfrutar de sus palabras; hacía tiempo que no tenía este tipo de conversaciones. –Eres una mujer inquieta, Asteria. Y eso es algo muy positivo. Debe ser reconfortante saber que siempre vas a tener un objetivo nuevo por el que vivir…

En aquel momento recordé cuales eran mis objetivos, y pon un momento la rabia y el odio pasaron por mi cabeza. “Ahora no”, me dije a mi mismo, y volvía mirar a la joven, dedicándole una de mis mejores sonrisas que, para mi sorpresa, no tuve que falsear como de costumbre. –Si tan curiosa eres, doy por hecho que sabrás quien soy, y ciento de las cosas que supuestamente he hecho: violar a mi hermana, secuestrarla… Toda una antología de historias morbosas y retorcidas sobre mí, ya sabes cómo es la imaginación popular. –Le di un trago a mi jarra, y noté a Giulietta tirándome del pantalón. La cogí sin problemas y la puse sobre mis piernas, dejándola apoyada en mi pecho. Sonreí al verla, y volví a mirar a Asteria a los ojos fijamente. –Estoy seguro de que no te conformarás con historias baratas…

En los ojos de la joven se podía adivinar perfectamente que yo le atraía. Curiosidad, como ella bien había dicho; no necesariamente deseo sexual, aunque a veces el placer de conocer era equiparable al sexo, algo que no todo el mundo sabía. Sonreí, esta vez con una sonrisa más afilada, más misteriosa, y entorné ligeramente mis ojos detrás de los oscuros cristales de mis gafas. Lo cierto es que aquella pobre joven me había causado curiosidad desde el primer momento en que la había visto: una mujer bella, vestida con aquellos harapos. En un primer momento sólo había sido por el físico, pero la cosa se había tornado más interesante en cuanto había descubierto que era pirata, y de unas tierras tan lejanas como lo era Noruega. ¿Suerte? ¿Destino? ¿Intuición? Estoy seguro de que ella también se lo preguntaría, pero aquello era un ejercicio completamente inútil. Lo importante era que ella estaba aquí, y que los dos podríamos sacar provecho de esta situación.

-Dime, Asteria… ¿Sientes curiosidad por mí? –dije con ligero un tono juguetón acompañado de una seductora sonrisa.

Aparentemente, aquello era preguntar lo obvio,  pero esperaba haberla pillado desprevenida. Quería oírlo de sus palabras, y quería confundirla. Aquella pregunta tenía varias lecturas, y quería saber en qué estaba pensando aquella atractiva muchacha rubia.
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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Asteria Ignunn el Jue Oct 30, 2014 11:12 pm

Aquella situación me agradaba cada vez más, y mis expectativas sobre esta aumentaban por momentos. Pude percatarme de que Salvatore sonreía ante mis palabras. Tal como esperaba, me había entendido perfectamente y era capaz de llevar una conversación de más nivel que muchos otros piratas. Y eso era bueno, muy bueno. Un capitán con el que se pudiera hablar de temas más allá de a quién le habías sacado las tripas y las baratijas esa noche. La conversación había adquirido un tono muy diferente al previo.

Escuché lo que me dijo Salvatore. Sí que era reconfortante poder simplemente vivir de la búsqueda del saber. Era más que eso, una maravilla. Yo jamás dejé de aprender, cada persona que conocí, cada país que visité, cada cultura que estudié y cada idioma que aprendí me habían formado de una manera que ningún libro es capaz de hacer. Porque yo lo había vivido en persona, como muchos otros viajeros.

Me pregunté si Salvatore era un observador, y como yo, le gustaba conocer el lugar al que viajaba por completo. Si era así, mi suerte no podía ser mejor. Y en el caso contrario, yo le enseñaría a hacerlo. Podía ofrecerle muchas cosas, y tenía ganas de demostrárselo.  Era un trato razonable, ambos nos beneficiariamos. Sin chantajes, aprovechándonos el uno del otro. Así se progresaba en el mundo de la piratería. El asunto me daba muy buena espina. Yo era consciente de que agradaba a Salvatore, y supuse que él se habría percatado de que no era el único especialmente interesado en aquella conversación.

Me gustaba hablar con él, sin embargo, me estaba cansando de que me preguntara tanto sobre mí. Me diera muy buena o mala espina eso nunca era de buen gusto. Y menos cuando tienes tantísimos secretos. Mas algo cambió el rumbo de la conversación. Salvatore sin venir a cuento, comenzó a hablar de él. Me dió a entender que, como sospechaba, muchas de las historias que había oído eran simplemente rumores absurdos e historias que la gente inventaba. Porque el morbo es una debilidad del ser humano. Y más en una sociedad occidental como en la que nos encontrábamos. Podía resultar triste a veces, es cierto. Pero qué le vamos a hacer, no está en nuestra naturaleza ser así, sin embargo creemos que no podemos evitarlo.
Me reí ante el comentario de Salvatore, lo contaba como si estuviera citando mitos o leyendas que nadie se cree, y que resultan incluso cómicos cuando uno los lee. Yo sabía algo, por lo que a mí respectaba de historias, y de historia en general. Hacía ya tiempo que andaba interesada en una historia, un posible descubrimiento que supuse que al Capitán le podría interesar. Pero no pensaba soltar prenda hasta que no hubiera un pacto seguro entre él y yo.

- Tiene usted razón, Salvatore. Las historias baratas me aborrecen, ya he escuchado demasiadas... Las historias verdaderamente interesantes no se cuentan mediante cuchicheos, ni siquiera en voz muy alta. Las historias así no se cuentan, se mantienen en la sombra. Desgraciadamente para los ingenuos e incultos, y afortunadamente para mí, que me dedico a descubrirlas.

De repente, cuando le estaba echando un trago algo más largo a la cerveza, la cual estaba es sus últimas, Salvatore me sorprendió con una pregunta. Casi me atraganté con el líquido, el cual tragué a duras penas mientras me aclaraba la voz, mirando al suelo. Me costó mirar a Salvatore, subí la mirada desde sus pies, pasando por su hija Giulietta, su cuerpo y finalmente su rostro, en el cual había trazado una de sus mejores sonrisas, parecía.

La pregunta obviamente la preguntaba con la maldad que tienen los hombres cuando saben que te sientes atraída por ellos. Ese tono travieso que intenta incitarte. De repente, y sin poder evitarlo, me entró la risa. Me parecía tan irónico todo aquello.

- Maldito Salvatore. -Pensé involuntariamente.

Me serené enseguida y le apuñalé con los ojos, me irritaba el hecho de no poder ver los suyos. Aunque lo ignoré, respondí con palabras y me reafirmé con la mirada.

- Inevitablemente, y aumenta de forma exponencial.

Lo tenía más que claro, no podía dejar escapar esta oportunidad, y muy a mi pesar, tampoco quería dejarle escapar a él. Maldije una y otra vez a aquel hombre.

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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Miér Nov 12, 2014 1:14 am

A pesar de que sabía cuál iba  a ser la respuesta de la joven,  no pude evitar sonreír complacido al oírle reafirmar aquello. –Es importante saberlo –dije, apurándome lo que me quedaba de cerveza –pues tengo algo que proponerte, Asteria.

Dejé la jarra sobre la barra, suavemente, y llevé la mano a la cabeza de mi hija, que se había dormido. Le acaricié el pelo, largo y rubio como el de su madre. –Únete a mi tripulación. –Dije, sin más rodeos. –Eres inteligente, y lo suficientemente fuerte como aguantar un naufragio y llegar sana y salva a la costa. –La miré directamente a los ojos –No creas que vas a acabar en la cocina o fregando la cubierta; eso sería una estupidez, desaprovechar el enorme talento que tienes. Te daré el sitio que te mereces: junto a mí.

Por un instante, mi sonrisa desapareció. Estaba hablando totalmente en serio, a pesar de que acababa de decidir que Asteria formaría parte del nivel más elevado de mi tripulación. Aquella chica prometía, estaba seguro; mi instinto no fallaba nunca, y detrás de los claros ojos de la muchacha se escondía mucho más que un bonito envoltorio. Estaba seguro de que Asteria me sería de utilidad, no tenía claro todavía cómo, pero lo haría. -¿Qué me dices, Asteria? Te ofrezco la oportunidad de viajar, de conocer nuevos lugares y nuevas culturas, cientos de nuevas historias, todo bajo mi protección. A cambio, sólo pido tu lealtad. Un trato justo, ¿no es así? –Volví a sonreír, peligrosamente. Guilietta se revolvió ligeramente.

La hija del Salva :fat::


No tenía intención de engañar a la muchacha; aquello era cierto. Aunque claro, el concepto de “lealtad” era bastante amplio, pero no le pediría ningún imposible. Al menos, no tenía pensado hacerlo por el momento. Por un segundo pensé en cómo reaccionaría la tripulación. Por supuesto, no me llevarían la contraria –ya saben bien cómo me las gasto –pero la mayoría estaría contenta o, como mínimo, indiferente. La mayoría. Demetrios no tendría problema, quizás incluso se llevase bien con la mujer, aunque bueno, él era más de ir a su aire, sin detenerse en nimiedades. Pero por otro lado estaba Violeta. Aquella condenada vampiresa se pondría celosa nada más verme aparecer con Asteria en el barco. Ella era todo lo contrario: era pasional, celosa, peligrosa y cruel. Quizás incluso piense en matarla. Cosa que por supuesto, no haría, o acabaría siendo regalada  a La Academia para que la hiciesen picadillo los engreídos de los exorcistas.


Pasase lo que pasase, Violeta bien se tendría que tragar todo lo que pensase y acatar mis órdenes le gustasen o no. Y si yo decía que sonriese a Asteria, lo haría de oreja a oreja. Violeta me conocía mejor que nadie, y sabía que no tendría compasión con ella por mucho que la quisiera.
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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Asteria Ignunn el Jue Dic 11, 2014 8:25 pm

Le di un ultimátum a la cerveza con un trago largo y cargado. Me costó tragarlo, pues tenía la garganta cerrada después de llevar casi una semana sin comer nada, también tenía el estómago, el cual empezó a reaccionar entonces a ésta, retorciéndose. Levanté la mirada hacia Salvatore cuando éste me presentó su propuesta. Casi se me saltó el corazón del pecho cuando me di cuenta de lo que el capitán me estaba ofreciendo. Se preocupó de hacer hincapié en que mi puesto estaría nada más que junto a él.

No me podía creer lo que estaba ocurriendo, empecé a recapitular en mi cabeza cada una de las palabras que había cruzado con Salvatore aquella tarde. ¿Cómo era posible que un hombre como él fuera tan generoso con una pordiosera como yo? Yo era consciente de mi potencial, pero encontrarme frente a alguien que lo pudiese valorar era algo nuevo para mí. Emocionada, sonreí al capitán.

-Un trato justo es poco, Salvatore. Se lo agradezco de corazón, mas ten por seguro que mi agradecimiento va a ser mucho más que palabras. Puedes contar conmigo.

Intentaba ser  lo más educada posible, me dejé de palabrerías. Él sabía perfectamente que le estaba inmensamente agradecida, y no sólo eso, sino que estaba en deuda con él, y como piratas, era algo que no podíamos pasar por alto. Pero eso no me preocupaba, aquella deuda no iba a ser difícil de pagar, pues estaba segura de que Salvatore sabría aprovechar bien los recursos y conocimientos que yo pondría a su disposición.

La conversación ya había adquirido otro tono, ya bastaba de niñerías e indirectas, estábamos hablando de negocios piratas, puros y duros. En el mar no se podía arreglar todo con dinero, el capitán necesitaba la lealtad de su tripulación, sin eso, no era nada.La lealtad era un término ambiguo entre piratas, al igual que con las mafias, al ofrecerle tu lealtad a tu capitán a veces te veías en situaciones en las que preferirías no encontrarte, y hacer cosas que preferirías no hacer, pero así eran este tipo de relaciones, y a mí me parecía justo lo que Salvatore me proponía.

Le sonreí sinceramente. No pensaba hablarle sobre mí hasta más adelante, por supuesto tendría que hacerlo, tarde o temprano, antes de que pudiera comprobarlo él mismo, lo cual resultaría mucho más vergonzoso incluso, pero no ahora. Si que considere oportuno comentarle sobre mi amiguito francés.

-Verá, Salvatore. Sólo le pediría una pequeña cosa que puede considerar como la supresión de la primera paga que pudiera recibir como parte de su tripulación. Tengo un compañero que resulta esencial para realizar mi trabajo…él ha visto incluso más mundo que yo y usted juntos, probablemente, y me dobla la edad. Pero me vi obligada a abandonarle cuando me echaron de aquel barco de mala muerte. Me preguntaba si tú tendrías alguna posibilidad de ayudarme recuperar a mi mascota, ya que –extendí mis brazos enfatizando mi aspecto- yo es obvio que sola no puedo.

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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

Mensaje por Salvatore D'Angelo el Vie Ene 09, 2015 12:01 am

-Eso es justo lo que esperaba oír, Asteria. Las palabras están bien si conllevan algo… - Quise darle otro trago a mi jarra, pero cuando la levanté de la barra, me di cuenta de que estaba vacía. Volví a dejarla en su sitio, y miré a la joven, inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado. Asteria Ignunn, noruega, arqueóloga; no tendría más de 25 años y aun así, rebosaba de una inteligencia y una perspicacia que poca gente de mucha más edad no tendría ni en sueños. Mi intuición fallaba pocas veces, y esta era una de esas ocasiones donde me sentía más orgulloso de este sexto sentido mío. Sabía que Asteria no me fallaría. Lo que le estaba ofreciendo era un caramelo demasiado delicioso como para desperdiciarlo, y no parecía una mujer estúpida. Además, teniéndola cerca podría controlarla mejor, por si acaso; uno no llega a ser capitán de un barco fiándose de los demás.



Sonreí. Esperaba que aquella joven me diera mucho juego, estaba convencido en que no me decepcionaría. Además, ya tenía un trabajillo en el que podría serme útil. – Estás de suerte, Asteria. Hace poco que restauré mi preciosa carabela, Valeria… Así que vas a verla en todo su esplendor. –Dije, dejando unos cuantos ducados encima de la barra que seguramente excederían el precio de aquella cerveza, y recosté a Giulietta en mi regazo antes de levantarme. Entonces, escuché la petición de la rubia, y miré sus ojos claros, que intentaban disimular la preocupación. –No te preocupes –dije, y sonreí cálidamente –Podemos encontrar a tu mascota más tarde; en cuanto lleguemos a la carabela mandaré a un par de hombres en su búsqueda, o si lo prefieres, iremos personalmente. –Giulietta se revolvió, agarrándome de la camisa, y supe que era hora de volver al barco - Pero antes de todo, ¿no tienes hambre? Seguro que mis cocineros han preparado algo delicioso. –La miré de arriba abajo, fijándome en sus harapos y en su lamentable estado. Se moría por llevarse algo a la boca –Podrás arreglarte, y tendrás ropa nueva. Estoy seguro que pronto olvidarás a esos imbéciles que te abandonaron en el mar, Asteria. Al parecer, no todos saben apreciar el valor de una perla –Dije con una seductora sonrisa, soltando aquel halago de repente. Aquello le gustaba, se le notaba en la cara. Era joven, y aunque inteligente, todos nos hemos dejado azorar por un rostro bonito, por una sonrisa descarada cuando teníamos menos años y más inocencia.  ¿Por qué no dárselo, entonces?



Iba a darle más que eso, de todos modos. Le daría mi techo, mi comida, pondría a disposición a mi tripulación, le daría autonomía… le daría todo a aquella extraña que acababa de conocer, todo a cambio de su absoluta lealtad y obediencia. Traicionarme se pagaba caro, aunque suponía que Asteria se lo imaginaba. Me gusta pensar que eso no iba a pasar, pero nunca había que descartar ninguna posibilidad. Cogí, con la mano con la que no estaba sujetando a Giulietta, la  pequeña y huesuda mano de la nórdica, obligándola suavemente a levantarse del sitio. La miré otra vez a través de mis gafas; seguramente le pondría nerviosa no verme los ojos, y eso me gustaba. Volví a sonreír, esta vez con una sonrisa más socarrona que la anterior, y acerqué a la joven suavemente hacia mí antes de soltarle la mano. –Bienvenida a bordo, pequeña.
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Re: Desembarque indecoroso. (Con Salvatore D'Angelo)

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