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El puente de los susurros [Priv. Tristán]

Mensaje por Sarah Westerman el Sáb Ago 15, 2015 2:13 pm


E
l sol ya empezaba a caer sobre el horizonte, Sarah volvía a casa violín en mano. Otro día más que se pasaba parte del día en el teatro practicando con su violín, era un poco antisocial, no conocía a nadie, pero con sus paseos poco a poco iba conociendo nuevas partes de Venecia. Le encantaba la tranquilidad de la soledad, de poder disfrutar por fin de tiempo para ella sin nadie al rededor. Su paseo fue interrumpido cuando la vista que contempló frente a ella le pareció memorable. Se encontraba sobre un viejo y pequeño puente de madera, era una calleja un poco pequeña pero los rayos de luz que se colaban por entre las pequeñas casitas blancas, hacían preciosos dibujos sobre el agua del canal; aquello dejó sin aire y sin habla a Sarah, que anonadada contemplaba aquel espectáculo natural. El cielo pasaba de un azul casi cristalino a un naranja rojizo intenso, pasando por rosados y violetas... era increíble como la naturaleza podía crear espectáculos como aquel.

 Dejó el estuche del violín en el suelo de madera del puente, peinó su rebelde melena pelirroja hacia atrás y apoyó al violín entre su hombro y rostro; lo sujetó con fuerza. Tomó aire con los ojos cerrados, empuñó el arco con la mano libre, la izquierda, y esperó a la inspiración. Pronto una dulce y animada melodía llegó a su cabeza. Sus dedos comenzaron a bailar por las cuerdas y el arco hizo sonar dichas notas. Abrió los ojos por fin, contemplando animada el paisaje, amenizado con su música. Casi que hasta le apetecía ponerse a bailar, pero una señorita seria y educada como ella, vestida con un caro traje de pantalón y chaqueta para mujer, no podía hacer ese tipo de cosas; quedaría ridículo.

Se mantuvo de pie, recta y estática, con sus ojos tintos clavados en el horizonte contemplando frente a ella como el cuelo iba cambiando a cada minuto que pasaba. Le encantaba hacer aquel tipo de cosas, podrían pensar que estaba loca o que era rara pero disfrutaba con aquel tipo de cosas. La naturaleza era increíble y preciosa, y había que aprender a apreciarla. En cuanto el sol comenzó a ocultarse un fría brisa comenzó a soplar, seguía siendo invierno, estaba claro y aunque al sol se estuviese bien por las noches arrecía y no se estaba en ningún lado mejor que en casa.... pero para Sarah aquello era diferente, había pasado mucho tiempo encerrada estudiando y ahora lo que más deseaba era pasar tiempo fuera. Además, si regresaba a casa seguramente estaría sola con el servicio; su padre estaría trabajando y su madre con su tripulación. Odiaba estar sola en casa, se aburría y no sabía qué hacer. Sabía que a su padre no le gustaba que anduviese sola por las calles de Venecia y aún menos de noche, pero no estaba para impedírselo.

Dejó de pensar en cosas que en aquel momento no venían a cuento y se concentró en la música, la puesta de sol y lo agradable que era sentir la brisa fresca arremolinarse en su melena pelirroja, que aquel día en especial no había alisado. Era la viva imagen de su madre, salvaje y única; vestida con una ajustado traje de mujer negro, hecho a mano, muy bonito... era increíble lo mucho que se parecía a Vic, no solo por su apariencia sino además por su carácter y su amor por la música pero claro está, su padre no tenía nada que envidiarle, también había heredado de él su pasión por los vinos y su poder de convicción. Era un ser único e increíble, creado por otros dos seres excepcionales, a los cuales la pequeña mestiza Sarah amaba.

Sonrío feliz por tenerlo todo al fin y siguió con su pequeño concierto personal, observando como la noche se apoderaba del día y daba paso a las estrellas y la preciosa y enorme luna.


Canción:
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Última edición por Sarah Westerman el Lun Abr 25, 2016 5:56 pm, editado 1 vez
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Re: El puente de los susurros [Priv. Tristán]

Mensaje por Tristan R. Gaitan el Mar Dic 15, 2015 5:28 am


Después de tantas horas de estar examinando aquellos papeles, mis ojos necesitaban un merecido descanso de la tendinosa lectura y del frustrado sentimiento que me causaba con solo descubrir lo que ocultaban entre sus líneas: Mafia, piratas, vampiros… Todos esos componentes me traían  dolor de cabeza. Por más que quiera no iba a exterminarlos de un día para el otro. Igualmente la iglesia estaba empezando a moverse muchísimo más que otras veces; mientras que el ejército civil italiano se estaba poniendo también a la par haciéndose responsable sobre ciertos crímenes.  

Levanté repentinamente la vista de los papeles, al parecer la noche se había asomado rápidamente a mi ventana y con ello, también la intensidad emocional de una extraña sinfonía proveniente de la calle. ¿Quién seria el responsable de tal pieza? ¿A caso  no es consiente del peligro? Iba a obrar con indiferencia en contra del arriesgado espíritu de aquel músico callejero, pero la responsabilidad hizo que cambiara enseguida de parecer.

Me levanté con parsimonia de mi silla, antes de tirar los papeles al escritorio de mi despacho y componía lo mejor que pude el aspecto desaliñado, de camino a abrir de par a par la ventana del primer piso. Mi casa no era muy grande, tampoco se aspiraban suficientes lujos y únicamente la había adaptado a mis propias comodidades. Además que no contaba con demasiada servidumbre, e incluso la evitaba tener. No por una cuestión de que pasara por una temporada de escasez monetaria, sino porque no era muy confiado de las intenciones de los ajenos a mis dominios.  Apoyé todo mi peso en ambas palmas al tocar el filo del alfeizar, tratando de dar  inmediatamente con el objetivo  y de ser preciso persuadirlo  a que se fuera de la calle; siendo que todavía no estaba tan oscuro.

Mi perspectiva quedó suspendida sobre una menuda figura de espaldas al puente. Le di dos chiflidos de atención, y le dije con tono severo:

¡¡Quédese allí!! ¡Que en breve estoy con usted!

La otra persona podría pensar cualquier cosa de mi muestra de alarma, pero fue justo a tiempo antes de espantar al individuo que le perseguía entre las sombras y paró en seco al notar, que su presa no estaba demasiado expuesta. ¡Ay, la lavada de cabeza que le hubiese metido! De prisa desaparecí de mi punto de vigía, asegurándome antes de cargar al menos un puñal al cinturón y así, tan fugazmente, abandoné veloz aquellas cuatro paredes al encuentro de esa persona.
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Re: El puente de los susurros [Priv. Tristán]

Mensaje por Sarah Westerman el Miér Dic 23, 2015 10:43 pm


U
na voz profunda, masculina, interrumpió aquella dulce melodía que acompañaba la preciosa puesta de sol que estaba teniendo lugar frente a sus ojos; el reflejo de la luz anaranjada en el agua, la oscuridad que poco a poco iba haciéndose paso en el cielo... ¿Quién osaba ponerse a gritar en un momento tan pacífico y tranquilo como aquel? Lo único que conseguiría era llamar aún más la atención; si ya antes Sarah estaba haciendo algo imprudente, con su llamada de atención no había hecho más que hacer que todas las miradas se centrasen en ella.

 No había podido ver al dueño de la voz; pues al girarse, dejando de tocar el violín, para mirar hacia la venta de la que procedía la voz -la única abierta- ya no vio a nadie ¿Quién habría sido? Le había ordenado permanecer allí quieta y obedeció, no por la orden en si; sino para conocer quién era el que había osado en hablarle así a una completa desconocida. También debía aceptar el hecho de que en cierto modo tenía razón, era demasiado joven como para andar solas a aquellas horas de la tarde/noche por Venecia y aún más después de todo lo que había estado pasando en Venecia.

 Entonces, unos apresurados pasos pesados irrumpieron en el pesado y tenso silencio que su interrupción a la joven mestiza había provocado. Ante sus ojos apareció un hombre joven, apuesto y  de figura estilizada, sus vestimentas no eran nada destacable pero hubo algo en él que llamó su atención. Quizás eran sus cicatrices que hablaban por el, su mirada dura y perdida o quizás su desaliñado uniforme... era un guardia, no cabía duda pero no era cualquier guardia; y eso fue lo que llamó la atención de Sarah por completo ¿Cómo un hombre tan relativamente joven poseía aquel talante? ¿Qué había tenido que vivir? Conocía aquella mirada y aquellas cicatrices, las había visto en su padre y en sus compañeros exorcistas...eran guerreros, no solo en el campo de batalla.

 - Siento haberle preocupado caballero. No debería haberse tomado tantas molestias por una niña desconocida; se cuidarme sola.

 La dulce voz de la pelirroja se elevó por encima del suave arrullo de las aguas de Venecia, no tenía ni rastro de acento Ruso; pero teniendo en cuenta que tanto Italiano como Ruso eran idiomas que conocía como nativa no era de extrañar. Sus ojos del color de un bien vino tinto estaban clavados en el joven de oscuros cabellos. Le dedicó una elegante reverencia con la cabeza y una sonrisa, antes de guardar su maravilloso violín en la funda, dispuesta a abandonar el lugar. No quería meterse en problemas, no quería llamar la atención como aquel caballero había dicho.

- No se preocupe caballero, me iré ya a casa; tiene usted razón. No debería andar sola por la calle cuando oscurece, las cosas se han vuelto muy peligrosas últimamente. Pero puesto que me ha ofrecido sus servicios me haré cargo de que lo sepa mi padre, el General Westerman y le haga llegar algo en compensación.

 Sería una niña y parecería indefensa, pero desde luego labia y educación no le faltaba; era digna hija de su padre. No deseaba quedar como una criaja malcriada ante un hombre hecho y derecho como aquel, además, se había ofrecido a ayudar y no había mejor manera de agradecerle su ayuda que aquella. Había aprendido del mejor, pero a su padre no le gustaría que se moviera entre hombres... de hecho la sola idea de que se echase novio no le hacía ni una pizca de gracia. Así que cuanto antes volviera a casa y estuviese a salvo bajo el techo de su padre, mejor... pero la curiosidad le podría, ¿Quién era aquel caballero? Al menos no se iría de allí sin conocer a su desconocido, no abandonaría el puente sin saber su identidad. Eso era a lo único que esperaría antes de marcharse.



Última edición por Sarah Westerman el Lun Abr 25, 2016 5:55 pm, editado 2 veces
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Re: El puente de los susurros [Priv. Tristán]

Mensaje por Tristan R. Gaitan el Vie Abr 22, 2016 1:56 am


Al darle una sola mirada me halle sumergido en ella. Pese a la quietud de mi espíritu y ese misterio que pueda sentir  frente a un completo desconocido. No falto el momento, en que soltase un fragmento de lo que seria parte de su origen y que la hizo parecer muchísimo más real; y no la obra que quizás me pudo dar mi mente al estar tan calcinada. Aunque no me cuadro el hecho que estuviese sola. ¿Qué hubiese pasado? Si no la hubiese escuchado... Si no hubiese agudizado bien el oído con esa pupila de Orfeo de Lira. Casual, volví a echar un vistazo por encima de ella, tratando de dar con esa amenaza sigilosa que había visto en una esquina. Se había marchado.  

No es necesario.—Dije, elevando apenas el mentón y apoyando el cuerpo contra el borde de aquel puente y plenamente de espalda. Aquellas aguas se tornan oscuras con la proximidad de la noche, mientras que a lo lejos un gondolero recita una llamativa balada y las mueve remando al pasar con su barca por debajo del arco del puente.—Será mejor que me acompañe, señorita—Aclare por las dudas:— No es por nada en especial; sino que es para mi mayor tranquilidad—y juntado aire fresco a los pulmones, examinando critico por ultima vez el cielo y seguido que me recomponía mejor para caminar de vuelta hacia mi querida vivienda.


(…)


Haciendo algo de tiempo, subo dos escalones de piedra y rebuzno el manojo de llaves hasta dar con la que abriría aquella puerta. Por fuera, aquella casa es igual a cualquier otra que se encontraría las calles de Venecia; con esa fachada de ladrillos, los humildes balcones de cara a los canales y como si fuera poco; si te adentras al fondo, la posibilidad de dar con un jardín. Aunque, por esos días,  esa parte de la ciudad se estaba volviendo importante por otra clase de motivos y que seguramente en algún punto se tocara. Si es que resurgía el tema para una conversación  sobre ello.  

Lo que se escucha luego, es el ruido de una llave haciendo su magia y el chirrido que hace al abrir por completo una puerta. Compruebo si ella sigue detrás mio. A lo que, seguidamente, me hice a un lado para darle el libre acceso hacia mi hogar. Nada se encuentra desordenado. Al contrario, se puede aspirar un clima de lo mas acogedor. Influencia, en parte, de una persona que vino de Buenos Aires, no hace mucho. A parte de venir con el pretexto de ayudarme a mantener ese orden; si me surgía algún recado fuera de Italia.  

Póngase cómoda, por favor.—le pido amablemente, en caso de que no se atreviera a ir a otra parte del vestíbulo y me animo a hacer unos pasos quedando lo suficiente cerca, de lo vendría a ser el arco de entrada a una sala de estar.—Iré a reservarle un coche y también porque me seria bastante grato su compañía por lo que resta de la noche.

Admito al final, sin borrar el tono cortés de mi voz y dirigiéndome está vez a pasar por uno de los lados libre de la jovencita.—Pasando en donde quede parado. Se encontrara con la visión de un piano. ¿Le agrada esa idea para entretener hasta mi vuelta?—Propuse en un susurro, sonriendo casi fugazmente de lado y cerrando el discurso con un:—Prometo que no tardare demasiado afuera.

Con esa dichosa promesa, el hombre desapareció y sin reparar en el estado que pudo haber dejado a la pelirroja. En tanto, en dicha sala de estar, donde se menciono la existencia de un gran piano y que tanto aguardaba, día tras día, a hacer tocado una vez mas. Una criatura colosal, que continuaba en los limites de jardín; aguarda receloso a quién trajo su querido amo.  Su temperamento parece haber cambiado por completo y estar en pleno acecho. La intensidad de su despertado espíritu se hace notar con un potente rugido...

N/A: Lo que encontrara Sarah es a Gaspar, un felino grande y bastante alterado por el aroma de ella.
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Re: El puente de los susurros [Priv. Tristán]

Mensaje por Sarah Westerman el Lun Abr 25, 2016 6:23 pm


P

ese a haberse negado a aceptar su ofrecimiento se ve arrastrada tras aquel apuesto hombre, su mano agarró su muñeca sin escrúpulos y notó como sus mejillas se enrojecían con tal contacto. Jamás ningún hombre que no fuera su padre se había acercado tanto a ella. Enmudeció por tal acto y le siguió en silencio hacia el edificio donde había anunciado el caballero, que le haría compañía hasta que el coche que la llevaría hasta su casa llegase a recogerla. No se pudo oponer, no era para nada mala idea y además a su padre le gustaría saber que había llegado aquella manera a casa y no andando sola por las calles.  Era todo un caballero, no cabía duda... sin duda alguna aquel sería el tipo de pretendiente que a su padre le gustaría, pero no tenía muy claro si a ella misma le agradaba aquel hombre o solo le inquieta. Estaba confusa.

 - Gracias por ser tan amable conmigo, Signiore. No era necesario de verdad. - Una vez dentro de la sala, en la que le había ordenado esperarle, le agradece con una leve reverencia. Su violín reposaba entre sus manos, guardado en el estuche y no sabía qué hacer ni qué decir.- No tiene que tomarse tantas molestias, en cuanto llegue mi coche me iré; no quiero importunarle, de verdad.  

 Pese a sus palabras, aquel hombre desconocido, del que aún no conocía su nombre desapareció de la habitación. La casa era humilde pero con más que lo necesario para vivir, aquello le gustaba a Sarah; la sencillez y la sensación de hogar del lugar. Su mirada recorrió el lugar, lujo que antes no se había permitido puesto que había entrado a toda prisa tal su “protector”, sorprendida por lo que estaba pasando. Enseguida su vista se topó con el piano y una sonrisa apareció en su rostro, aquel hombre sabia como complacer a una señorita como ella. Se sintió totalmente satisfecha con dicho instrumento y haciendo uso de sus preciosas piernas se dispuso a sentarse en su taburete y tocar algo, aunque el piano no era su instrumento. Sus zapatos pequeños y con un poco de tacón golpeaban el suelo con delicadeza, casi bailando, dando saltitos de felicidad... ahora que estaba sola y nadie la veía, en cierto modo se sentía feliz y animada con la idea de pasar una velada interesante al lado de un piano bonito como aquel. Estaba a cinco pasos del piano cuando por el rabillo del ojo divisó en los límites del jardín una criatura enorme y oscura que la miraba con odio, con el lomo erizado y gruñendo. Asustada con aquella criatura que parecía que podría saltar a por ella en cualquier momento salió corriendo, gritando como una loca hacia el piano. No sabía si el animal la perseguiría o no, pero no se fiaba de la desconocida criatura.

 Se subió encima del piano, usando de escalón el taburete. Su vestido se quedó atascado en uno de los laterales de este mismo, sin darse cuenta lo rasgó y siendo este no muy largo pronto dejó al descubierto además de sus piernas hasta la rodilla uno de sus muslos y parte de la cadera. No se dio ni cuenta. Solo podía gritar esperando a que alguien fuese en su ayuda. Su corazón saltaba en su pecho desbocado. Estaba asustada y creía que aquel animal se la acabaría comiendo. Sus pies descansaban sobre las teclas, con las piernas levemente abiertas, tocando alguna que otra tecla sin pretenderlo y su pandero sobre la parte superior del piano, y su pecho parecía que se iba a salir del corpiño. Su mirada aterrada no podía dejar de mirar al animal que salvajemente la acechaba.  Era su presa ahora, un cazador nato que atacaría en cualquier momento a su desvalida presa. Era absurdo teniendo en cuenta que la mestiza podría defenderse de él perfectamente, pero el miedo había invadido su cuerpo y no se había percatado de ello, ni de la falda de su vestido rota mostrando su piel y parte de sus braguitas, ni de su melena ahora alborotada por el incidente. Si su padre llegaba a verla de aquella guisa, no se libraba de una buena reprimenda y un castigo. Una señorita jamás debía mostrarse de aquella manera ante un caballero, vale que se encontrase desvalida, pero estaba enseñando mucho más de lo que debería de si misma.

- !Socorrroooo! Me va a comer...

 Esperaba con toda su alma que su llamada de auxilio advirtiese al hombre que se había ofrecido a pedirle un carruaje para volver a su casa. Lo que le extrañaba es que un animal como aquel acechase a sus anchas por Venecia y aún menos dentro de la casa de un particular. Su nerviosismo no se apaciguaba ni lo más mínimo y no se sentiría a salvo hasta que fuese a rescatarla de su cazador. Aunque claro, cuando este apareciese en la sala de estar, la escena que se encontraría frente a su mirada no iba a ser ni mucho menos lo que quizás se imaginaba... la escena era cuanto más erótica aunque Sarah no se lo hubiese propuesto. Su melena del color del fuego y su tez coloreada por los últimos rayos de sol que entraban en la sala, sus ojos escarlata brillando con intensidad y como no su postura de joven desvalida que cuanto menos, parecía más bien una postura provocativa. Si lo miras desde mi perspectiva, la del narrador, incluso resulta cómico ¿Qué pasará a continuación, será nuestra joven devorada o vendrá a salvarla su caballero de brillante armadura?
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Re: El puente de los susurros [Priv. Tristán]

Mensaje por Tristan R. Gaitan el Jue Mayo 26, 2016 6:20 am

La emoción de aquella criatura no cede, se interna en los dominios de su amo y te ve como lo que eres: una intrusa en su casa.
  Te gruñe por lo bajo, marcando su poderosa presencia de tal forma de hacerte pasar un mal rato y no por una diversión mal sana. No esta acostumbrado a ver a otros humanos; solo a aquel hombre de temple cerrado y que, de vez en cuando, toca algo para sanarle los nervios que le generan vivir sus días allí.
   Por esta vez, produces un sonoro ruido al golpear tus pequeños talones sobre las teclas del piano, y cuando quieres escalar alto para protegerte.
  Lo has alterando más y que le aumenten las ganas por romperte en unos cuantos pedacitos… Pese a no dar muchas señales, sus ojos brillan de la ansiedad y de la idea de empezar por tu vestido. Porque los de su especie arrancan siempre por el pecho, luego abren camino a otros continentes y buscando su ideal de paraíso.  

               No existe un placer que lo motive, sino es puro instinto animal… ¿No?
               


 
[…]

  Su grito de exaltación me obliga a volver de inmediato adentro. Alguien en mi lugar no lo duda ni por un segundo, atiende a un llamado como ese y se evita de ser parte de una posible tragedia; y de la que quizás se pudo haber prevenido desde un principio y si esta en sus propias posibilidades. Así paso. Alcance a intervenir en el momento preciso, en donde el poder de la noche se estaba haciendo notar en aquella habitación y bañaba cada uno de los muebles de modo que se me hace imposible de visualizar.  

  —¡Aléjate de ella!—Ordenó instantáneamente, apenas moviéndome del umbral de la puerta y siendo testigo de su mal comportamiento para con ella. Reconozco que tratar con una criatura de su nivel, no es lo mismo que hacerlo con un perro y que debo fomentarle que hay respeto entre iguales. Aunque él, desde cachorro, fue criado en que ese lugar es mi territorio y que en el, solo existen mis reglas. Era una cuestión de lealtad forzada, pero que no le disgustaba para nada.

    Escucho un objeto que es movido, un quejido al aire y por ultimo un ronroneo grave.

  El felino me gruñó como si lo desaprobara, se va apartando del piano dando media vuelta y alejándose a otra parte del recinto. Aquello hizo que terminara de escaparse una gota de sudor por mi frente, deslizara por uno de los costados del rostro y bajara por el cuello. Fue, en ese instante, en que pude hallar de nuevo la imagen de Sarah. La más estimulante que le haya podido ver hasta ahora, aún estando presa de la excitación y siendo algo inocente sobre cada una de sus acciones.

   Caminó rumbo a ella, con un calor que voy acumulado camuflado detrás de una faceta tranquila y mido el modo que las yemas de mis dedos empiezan a tocar la piel desnuda de tus pies, rozando sobre el aire por la superficie de sus muslos y hasta que salgo de mi labor, diciéndole con tono apacible y sobrecargado:
   —Todo esta bien, Sarah— y le ayudó a afrontar aquel miedo, haciendo que pasara los brazos por encima de mis hombros y la aupara como si fuese un recién nacido. En aquellas condiciones lo parecía. De igual forma uno se podría aprovechar; cautivándose con aquellos ojos teñidos por la vulnerabilidad, la llama de una intensa adrenalina y principalmente un intenso temor que hasta la pudo guiar a que actuara de modos inimaginables. No obstante me reconforto atrayéndola contra mi pecho y pensando que no fue así.
 
  La muestra de composición solitaria quedó en segundo plano. Eran nuestras respiraciones la única música que rompe con todo ese silencio de ultratumba; es un poder extraño que nos absorbe a que permaneciéramos inmensos dentro de aquella situación y a lo ultimo, doy un suspiro entre medio de su clavícula. Mientras elevó una de mis manos tomándole por la nuca y le retiro sin problemas de estar por arriba del instrumento. Ocasionando que las teclas de marfil resonaran estrepitosamente al contacto del trasero de la señorita; dando como resultado un tonar gravísimo y que no faltaba de decir muy brusco. ¡Una calamidad!

   —Será mejor que la reviese, por si las dudas—Le comenté en una de esas, entre tenso y nervioso por los efectos adversos del perfume de la muchacha. Además iba a necesitar una muda de ropa. No puedo estar mas favorecido por el destino, pensé irónico y guardando la compostura de no volverla a mirar con otra clase de ojos. ¿Cómo no iba a hacerlo?

   Y hay un problema al pensar de ese modo. Sarah es libre y yo no me había planteado a padecer la desgracia de Icaro. Aunque, por un leve segundo, no hubiese dudado a hacer algo mas allá de lo que pudiese sentir y tirado por la borda esa obsesión de mi parte de hacer siempre lo correcto. Son sensaciones peligrosas.
  Y estaba a tiempo de cambiar las cosas. Sin embargo, la estoy conduciendo y solamente oigo aquel sonido que hacen unas botas al alejarse…
 
  ¿Por cuánto durara aquella paz?

 
[…]
   

      Optó entrar por la primera puerta que encontré. Resulto ser justo la del cuarto de huéspedes, no esta tan revuelta y la cama por lo menos la recibirá de buenas. Lo único destacable es una pintura gigantesca colgada sobre una de las paredes, un armario cerrado y para variar una mesilla en el medio de la habitación con la estatuilla de una escena de una musas romanas. Tal vez pronto captara que no será la última vez que vea algo del pueblo romano. Había otras cosas por la casa, pero no viene exactamente al caso.
 Bordee la mesilla de camino, después deposite su peso sobre las sabanas estiradas y procure a que la cabeza diera con los cojines. Y finalmente, me siento a un costado suyo para darme un respiro.

   —Fue un descuido muy grave de mi parte—Tomó la responsabilidad de los hechos de entrada, apenas mirándole a los ojos y demás furioso conmigo mismo.—No suelo traer a nadie aquí. Y cuando lo hago pasa...—y se me escapa una risa doblemente tensa y que esfumó casi de prisa—...esto.

  —Bueno. Voy a examinarla—le advertí:— Descuida no le haré nada. Solamente me fijaré si Gaspar le ha herido en alguna parte, ¿de acuerdo?
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Re: El puente de los susurros [Priv. Tristán]

Mensaje por Sarah Westerman el Mar Mayo 31, 2016 2:06 am


A
veces dicen que el deseo aparece de manera espontánea, no hace falta ningún tipo de relación entre los individuos si quiera que se miren a los ojos para desear devorarse el uno al otro. Quizás aquello fue lo que la joven experimentó cuando Tristán, su caballero de brillante armadura, la tomó en brazos cual princesa y la salvó de aquella feroz criatura que había tratado de devorarla... pero no de la misma manera en la que ella podría devorar al moreno.

 Se vio obligada a negar con la cabeza para poder mantener la compostura. El roce de sus manos y su aliento sobre su piel era cálido pero de un frescor inimaginable. No se esperaba encontrar aquellas características en un hombre con porte de guerrero. Sus ojos ya apenas reflejaban aquella vulnerabilidad que el ataque le había otorgado, quizás el no se hubiese dado cuenta pero había pasado de ser la presa a ser la cazadora. No sabía por qué, pero desde que sus dieciocho años comenzaban a estar más cerca llegaba a considerar a cualquier hombre digno de ser su marido, quizás era porque jamás había estado en contacto intimido y privado con otro hombre que no fuese su padre -y no mal pensemos no hablo de incesto-. Se estaba convirtiendo en un peligro de seducción con piernas y pelo pelirrojo, no sabía si era porque había heredado la sangre y los genes de su padre para aquello; pero no podía evitarlo, emanaba por sus poros de manera inocente y natural.

Cuando este la tomó en brazos, su trasero arrastró por la superficie del piano y golpeó alguna que otra nota. Dio un leve respingo al no esperarse aquello, pero pronto se recompuso. Le sentía cerca, demasiado cerca y eso le ponía nerviosa. Su melena pelirroja cayó en cascada sobre su espalda y hombros y su mirada no iba más allá que del rostro del moreno ¿Quién era realmente? Le había conocido de golpe y porrazo, no sabía quién era y apenas se acordaba de qué había pasado, pero allí le tenía. Había conseguido hechizar a la mestiza sin si quiera mover un dedo ¿Qué clase de magia era esa? Tan solo quería que la sostuviese entre sus brazos para siempre ¿Estaba loca?

 - ¿Ese animal es suyo? Bua... es precioso.

Quizás sí.

[...]

 No sabía si era correcto que se dejase llevar por un hombre a una habitación a solas, pero por aquel caballero que le había salvado de un animal salvaje haría lo que fuera -pero nada sexual desde luego-. Sus ojos recorren aquella habitación por encima, otro sitio más en el que encontraba temática romana, se preguntaba si era que le gustaba o algo tenía que ver con su pasado. No lo sabría si no le preguntaba, pero no era el momento para andar indagando.

 Entre algodones de azúcar se sintió cuando la posó sobre la cama. No quería separarse de él, junto a su cuerpo se sentía más tranquila y no sabía si aquel felino volvería a atacarla... Su vestido seguía roto y había perdido sus zapatos en la huida. Parecía que lo había hecho a propósito, para que sus largas y suaves piernas mostrasen mucho más de lo que deberían y su escote se insinuase mucho más de lo deseado. Realmente no había sido así y ahora se sentía avergonzada por la imagen que le estaba dando al caballero. Él, en cambio, parecía estar manteniendo el tipo de una manera admirable; no había mirado ni una sola vez más allá de los límites establecidos y tampoco había tocado sin su permiso en zonas vetadas. Con aquel comportamiento se estaba ganando que la joven pelirroja acabase creyendo que realmente era alguna especie de caballero galante, el mejor partido que podría presentarle a su padre como futuro esposo ¿Pero en qué narices estaba pensado?

- Ah...eh... -La voz suave y ronca del moreno consiguió sacarla de sus propios pensamientos, había estado tan metida en ellos que casi pareciese que siguiera en shock. Quizás su estupidez había pasado desapercibida de aquella manera.- No se preocupe estoy bien, solo ha sido un pequeño susto no debe preocuparse.

 Lo primero era lo primero y aquello era tranquilizarle. Había salido del trance y por fin podía reaccionar como era debido. Se incorporó en la cama, tratando de reajustar su vestido lo mejor posible para no seguir pareciendo una desesperada... pero en su intento por intentar adecentarse acabó desequilibrándose.

Su cabeza se precipitó entre las piernas del caballero, que estaba sentado justo a su lado. Tuvo la mala suerte de que sus manos fueron a parar a sus muslos. La estampa podría ser fácilmente mal interpretada si alguien entraba en la sala sin anunciarse, pero realmente no era lo que parecía. Completamente colorada, casi como una fresa, levantó la cabeza de su regazo con la mala suerte que se golpeó la nuca con la barbilla de Tristán. Soltó un quejido lastimero y acabó medio echada en la cama, con las manos en sus muslos y la cara colorada, el pelo revuelto y la mirada puesta en él. Realmente cada vez parecía más idiota.

- Lo siento mucho...

El deseo, aliñado con los nervios de algo nuevo, podían ser efectivamente la peor droga para un idiota.

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Re: El puente de los susurros [Priv. Tristán]

Mensaje por Tristan R. Gaitan el Jue Jul 14, 2016 1:42 am

Por más que admirase a otro lado, desviase la concentración a otros rumbos y tratase de centrarme en pensar otra cosa. No puedo. No puedo hacer a un lado la presencia de Sarah, la cuál me provoca a ser más compasivo y extrañamente de demostrarle gestos cándidos. Será por esa forma de ser aniñada suya, que está deteniendo a unas ansias animales dentro de mí y que parecen querer ascender en cualquier instante desde las profundidades.

   Me emiten flashes de sucesos que jamás han pasado, que parte son avivadas por la limpia piel de unas estilizadas piernas al descubierto bajo unas cuantas faldas destrozas; de sus tiernas expresiones al manifestar sus temores y de esos labios….tan pequeños. A la segunda vez que la revuelvo a estudiar, caigo en la soberana cuenta de lo qué es y a simple vista lo que aún era.
   Por tal razonamiento, voy encorbando la espalda dentro de aquella posición sentada, colocó ambos codos por encima de las rodillas y pasó las manos por todo mi rostro, frustrado. Es muy chocante la situación. Lo mejor sería solucionar el tema de la muda para Sarah, antes de que…

 —¡Mierda!

 Reclamó, amortiguándome el dolor de una mandíbula  por un tremendo cabezazo con la palma, los dientes me habían sonado y por siguiente, terminó paralizado con el acompañamiento de un rubor salvaje a las mejillas. La frialdad  regresó con fuerza a arremeterse contra aquel nuevo tropiezo de parte de Sarah.

 —Será mejor que no se mueva tanto—Escuchó el balbuceo de su “lo siento” y aclaró, elevando una ceja, estricto—: Descuide. No soy un oportunista y menos actuó por encima de la vulnerabilidad de una persona, querida mía—Suelto despacio mi mandíbula al sentirla mejor, estiró los dedos para cambiarlos por el lado del dorso de la mano; le acarició uno de los pómulos y finalizó la charla con—: La impulsividad nos guía a cometer errores; sé que no debería andarle diciendo estás cosas. Pero, por lo poco que la he conocido, parece entender a lo qué quiero apuntar con esto.

  Me incorporó bien, y yendo a parar hacia la salida:
 —Es joven, señorita Sarah. Y la etapa que esta viviendo ahora, es dónde más se tiende a ser curioso por las emociones fuertes…

 
Es donde más pecamos frente al deseo espontáneo.
Poco se teme a la consecuencia, se la vive y ya...

Le traeré una muda de ropa.  

  Y desaparecí, sin voltearme siquiera y maldiciendo por los pasillos lo cuan hipócrita que sonó mi ultimo comentario. Entre nos, no soy idiota para darme cuenta sobre  los cambios de aquella señorita, es signo de peligro y más para un hombre que se la pasa constantemente solo, cómo yo
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Re: El puente de los susurros [Priv. Tristán]

Mensaje por Sarah Westerman el Vie Jul 15, 2016 6:16 pm


L
a mudez se abre paso en aquel tenso ambiente. La pelirroja no es capaz de articular palabra. Jamás había pensando de aquella manera a cerca de ningún hombre, sin embargo tenía razón. Sus actos conllevaban unas directas consecuencias y podrían ser fatales si llegaba a cruzarse con el hombre equivocado... ahora lo sabía.

 Boy you gotta be aware
 I'm gonna show you a prettier me
 I'm gonna show you a happier me
 And you would not turn away.

 Look at me, you gotta be aware.


 Es cuando extraña la presencia del cuerpo de aquel hombre que su mente reacciona. No podía dejar que pensase tan mal de si mismo, ni tan si quiera de ella. Había sido un tanto descuidada y quizás hasta infantil pero era algo que no podía evitar, su edad era corta y se veía obligada a madurar con más rapidez de la que podía procesar. Debía pedirle perdón inmediatamente y dejarle en paz, antes de que pudiera lamentarlo.

  - Señor Gaitan. -Grita su nombre inútilmente cuando este sale por la puerta pero no es capaz de detenerle. Sale disparada de la cama, cual muelle que ha sido accionado. Sus pies descalzos recorren el frio suelo y los pasillos desiertos de la vivienda siguiendo la esencia de caballero.-  Tristán...

  Se topa con su masculina figura antes de lo esperado. Sus pasos se apresuran hacia él, sin temor alguno más bien con determinación. Descalza y con el vestido roto pero no el alma ni el espíritu, su fogosa mirada hace contacto con la ajena y roza el brazo del caballero con sus delicados y finos dedos de música. No quiere ser una molestia para él, ni mucho menos que se crea que pretende nada con él.

 - Tristán, no era mi intención incomodarle ni mucho menos darle una impresión equívoca... no sé que debo de haber, pero si estoy segura de algo es de que ya he abusado demasiado de su hospitalidad y es momento de que vuelva a casa, mi padre debe estar preocupado.

 Poniéndose de puntillas presiona sus labios contra sus mejillas, regalándose un dulce y sincero beso de despedida. No sabía si volvería a verle, si quiera si estaban destinado a volverse a encontrar de aquella manera... le daba lástima, puesto que había despertado algo en el fondo de su ser pero ¿Era él alguien de paso en su vida o quizás mucho más? Aquello no quería ser adiós, era un sencillo “¿Nos veremos?”. Entonces, ¿A qué venía aquella sensación de abandono? Había sido un corto encuentro, demasiado corto para su gusto... pero no podía quedarse más. Quería conocerle más, no sabía si él sentía lo mismo pero la curiosidad superaba su prudencia. Aún así, ella no podía decidir, si debían volverse a ver sería cosa del destino o quizás más bien la suerte, más que cosa suya.

 - He de marchar, esperaré al carruaje en la puerta. No se preocupe estaré bien... Espero volver a verle, Tristán ha sido un placer conocerle.

 Se separa de él lentamente, acariciando la extensión de su brazo con la yema de los dedos. El tacto era suave y cálido, agradable y cuando más alargase la separación peor sería. Esa mano que aún sentía el calor del joven se agarra de su otro brazo y se gira con lentitud, va descalza pero poco le importa. No tiene que volver andando a casa. Además, en aquella casa no solo dejaba sus zapatos, dejaba mucho más y esperaba que algún día se lo devolviesen.

 Y al escuchar el eco de tu corazón
 surgen las notas en mi interior...


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Re: El puente de los susurros [Priv. Tristán]

Mensaje por Tristan R. Gaitan el Lun Ago 01, 2016 5:54 am



Muchas cosas sucedieron en tan poco tiempo, que me cuesta procesarlas y hallarles un orden establecido dentro de mi cabeza. Agradezco a esos minutos de lejanía, al haber abandonado la habitación y no tener que dirigirme dual a ella.

El corazón late de solo revocar aquellos pocos contactos que tuvimos; será bastante difícil que se esfumase aquel aroma suyo y concentrarse nuevamente a un mar de papeles. Y siendo que Sarah era imposible de evadir. ¿Cómo el padre podría estar tan tranquilo? Si fuera él; no le bajaría ni por un segundo la vista de encima, y menos permitiría que anduviese tan desprotegida por la calle.

Soy testigo de lo qué es capaz un vampiro. Lo veo en la magnitud de sus crímenes, en cómo son capaces de destruirte y sobre cada una las consecuencias que conlleva al unirte a uno de ellos. Tan así que no necesitas ser ninguna clase de exorcista para comprobarlo por tus propios medios. Tampoco con esto, me pongo del lado de los humanos; porque ambos tienen su cuota de salvaje y no hay demasiado misterio en descifrar el origen de uno o del otro.

 Entre esos torbellinos de cuestiones, invocó su presencia a los pasillos y entonó su timbre para llamarme la atención. Justo antes de que tomase el pomo del picaporte de mi cuarto, que no estaba tan retirado del de huéspedes. La escudriñó azorado frente a lo dicho, y por sobre todo aquello que repitió a un ritmo veloz:

  —¿Incomodar?—Rescató grave de las cosas mencionadas—Eso tenlo por cuidado. Ahora, en el tema de conocerle bajo una sola impresión, no es una cosa que me baste demasiado—Me valgo de la cercanía opuesta, para peinarle uno de los  mechones detrás de la oreja y repasarle con el dorso de la mano, la mejilla—: Además que el juzgamiento de un mal comportamiento es digno solo de un sospecho. Entonces, deberé de desconfiar…—le respiró encima—: ¿De usted?  

 No me caso con nadie, ni menos me fío de la sombra. Creo que, en parte, se lo hice saber bien.

Estaríamos ante un problema.

Manifestó serio, transformando sin quererlo los ojos en cuchillas mortales y apretando luego los labios en una línea dura. Prontamente, añade que desea irse a su hogar. Lo que hace que divague aún más sobre el asunto, esa muestra extraña al retirarse y que no veía tampoco motivo de retenerla. Cuando sus deseos iban más allá de los propios. Antes que se marchase, la tomó desprevenidamente de la muñeca y la obligó a que se detenga a mitad del camino. ¿Piensa que la voy a dejar partir así? Me desprendo de los hombros, un saco que llevaba suelto y  le cubro su frágil figura dentro de el. Se nota que le quedaba medianamente grande.  

Cuando quiera ser escuchada, siendo a una hora razonable, toque su melodía en dónde tuve la fortuna de hallarle.— y es lo murmuro hasta que se va desvaneciendo, junto con aquella imagen yendo hacia la puerta y procuro de espaldas que la cerrase.

Os veré en otra ocasión, Sarah...
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Re: El puente de los susurros [Priv. Tristán]

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