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La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Giacomo Casanova el Lun Oct 12, 2015 6:08 pm


La Niebla.

23:55 en el Teatro "La Luna non Consola"


A veces nos perdemos entre melodías y danzas, nos fusionamos con el paisaje y observamos a nuestro alrededor como niños descubriendo un nuevo mundo. Nos acomodamos, y esperamos expectantes a ver qué es lo próximo que ocurre.

Así es como se sentía Giacomo cada vez que tomaba asiento en uno de los sillones del teatro y disfrutaba de los bailes y versos que recitaban los artistas; acompañado de una copa, aperitivos varios y el resto de espectadores y trabajadores. Le encantaba ese teatro, estaba totalmente orgulloso de su trabajo, pues no era uno cualquiera repleto de asientos con un simple escenario al frente, sino una enorme sala con mesas y sillas llenas de aperitivos y bebidas, con gente de todo tipo y luces tenues que dibujaban sombras abstractas en las paredes y rincones. Una sala de sentimientos, arte y amor.

¡Me encanta, perfecto! — Giacomo aplaudió sonriente en cuanto concluyó por fin la el primer acto. Los artistas saludaron inclinándose hacia el público y desaparecieron bajo el telón. En un pequeño periodo de silencio pudieron apreciarte el choque de copas, risas y voces borrosas del público.

Las sombras entonces empezaron a difuminar el color de todo lo que tocan y, en armonía, el ruido y voces que se encuentran en la sala se fue apaciguando. Giacomo se retiró el cabello hacia atrás, ligeramente mareado o perdido en algún lugar. Entonces la música volvió a cobrar vida, dando comienzo al segundo acto. Eso pareció despejarlo. Con cierta cautela, apoyó ambas manos sobre la mesa para ponerse en pie y respirar profundamente.

Le gusta lo que escucha... sonríe ligero... sabe que la noche comienza ahora.



Última edición por Giacomo Casanova el Jue Ene 14, 2016 4:42 pm, editado 4 veces
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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Aphrodite J. Pierce el Miér Oct 21, 2015 6:46 am


La Niebla

Un fluido enternecedor percibes en la atmósfera, un sentimiento personal que no compartes. La gente, ¡tan elegante, bonita y ansiosa! Entonces elevas en tus labios una sonrisa satisfecha, porque la influencia del arte siempre iba a predominar en los corazones de la muchedumbre, aún cuando muchas veces fuera ignorante de los simbolismos, del misticismo que refleja un alma amarga… O una tan dulce como la miel volcada en los labios.

Aceptas el elixir tinto que te ofrecen, delicada en la tomadura pues, tus guantes ocultan la epidermis pálida y gélida. No estás allí por casualidad, fuiste atraída por otra convicción… impura. La cabellera rosa, magnífica y única, atrae de vez en cuando el ojo curioso; más que la espléndida escenificación, más que la dosis de versos dotados de excelsitud.

Te hallas detrás del caballero que en el primer acto, exhibe emociones dignas de un verdadero artista. ¿Quién hubiera imaginado tal encuentro? La mirada apunta únicamente a la espalda de aquél depravado, de ése exquisito orador que a más de una mujer ha dejado muda. Tus mejillas se tiñen levemente, atormentada por la distancia… ¡Y ésos cabellos! ¡Más dorados y puros que el maíz!  

La noche pasa en imágenes pausadas y terriblemente eternas, atreviéndote a saborear el italiano en un mutismo perturbador. Podrían llamarte descarada, acosadora, la envidia de las mujeres de la sala podrían acuchillarte… Pero tienes todo el derecho en contemplar prudentemente a un hijo, a una creación.

Y no puedes mentir. La experiencia de transformar al mortal, fue la más erótica de tu vida.

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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Giacomo Casanova el Vie Oct 23, 2015 12:42 am




La Niebla.

Priv con Aphrodite J. Pierce.


El segundo acto se trataba de la obra [Solamente los moderadores pueden ver este vínculo] (Así hacen todas las mujeres) de Mozart; una obra muy criticada y censurada en muchos países por el hecho de que en ella aparecían dos mujeres en paños menores acicalándose y chismorreando de sus líos amorosos.

Entre el silbido de las voces y la música se encontraba intrusa la presencia del perfume femenino, de la piel álgida inmortal, de la lente caprichosa que ha localizado sus pasiones; mas Giacomo permaneció calmo, disfrutando de la nueva atmósfera atractiva que le rodeaba. No había placer más sublime que el de sentir una mirada atravesándole, y a veces quien le mira, le nombra, otras le susurran y hay quienes ni siquiera se atreven a dirigirle la palabra. Pero esta vez, sería distinto...

Siento cómo me devoran con la mirada — manifestó conforme alcanzaba una copa de la mesa y arrancaba una uva de su racimo para comerla. A esa mujer solitaria él la adivinaba sin siquiera quererlo. Rotó entonces sobre sus talones para encontrarse con la bella figura de Aphrodite; de sus labios correspondió una sonrisa cautivadora —, y me complace que seas tú la que mire — agregó sin decoro, acercándose a ella con un caminar sosegado pero firme, sin apartar la mirada de sus luceros marinos ni borrar su famosa sonrisa de Casanova.

Detuvo el paso en cuanto quedó a unos centímetros de ella; la observó en silencio concediéndose su tiempo y finalmente extendió su brazo para ofrecerle la copa —. Bebamos juntos esta noche — alcanzó con delgadez la muñeca femenina y la besó sin romper las miradas amatorias. Una vez incorporado, se relamió con un sonrisa incitante. Como si fuera la primera vez.

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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Aphrodite J. Pierce el Vie Oct 23, 2015 8:03 am


La Niebla

Gallardo y animoso, legítimo en el trato que te está dando, por ello confías y cedes en que él se acercara, mientras un sentimiento de nostalgia bruma tus memorias por un par de segundos. Aún estática en el mullido asiento, escrutando al caballero que se acerca con semejante gala, logras expresar unos ojos brillantes de reina amparada por el reflejo pasional del amante bohemio. Delatas en tus labios alegría, airosa en recibir la atención del chiquillo que hace tiempo no ves. Podías ver a través de él, de las indumentarias que a la distancia deja percibir una esencia amaderada con vainilla. Un perfume exótico que lo describe bien.

No me mires así, por favor, con ésa sonrisa sensual y cálida... ¿A cuántas habéis mirado igual? —Te dejas hacer por el acto galán, estremeciéndote, ofreciendo una mirada serena y cómplice. Al segundo, permites descubrir una sonrisa ladeada, casi felina porque te ha arrebatado un ronroneo de gusto. No había reproches en la pregunta, sabes bien que él es un espíritu libertino que no se puede atar a la fuerza.  Mejor es que el interior de su corazón se mostrase ante ti... A su manera.

Paciente, elevas la copa con la diestra, discreta en el brindis. A veces podías verte sometida al encanto del hechicero, arrancándote un suspiro tierno el cual, el aire se complace de robar. No has dicho nada todavía, temías cortar el misticismo del momento, hallándote distraída en las figuras del escenario y también en aquél que no se cohíbe en darse el gusto de admirarte.

¿Has sido tratado bien? He escuchado rumores horribles en las pasadas fechas. Temo por vos, milord. Siempre me habéis parecido un Adonis que obliga a la dama más puritana voltear la mirada, en que su flor se empape y despliegue perturbadores pensamientos... Los envidiosos comentan mucho, ¿sabéis? Así he dado con vos ésta noche.

Le hablas, cómo si le conocieras desde la eternidad y los principios del hombre primitivo. Sorbes un poquito de vino, el aura de silencio que antes te rodeaba había desaparecido por completo, pues eras una formidable oradora cuando era necesario.

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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Giacomo Casanova el Miér Oct 28, 2015 4:21 am




La Niebla.

Priv con Aphrodite J. Pierce.


Las copas chocaron en un brindis y Casanova sonrió ante los hábiles comentarios de la americana; le agradaba escuchar su acento al decir tales cosas. Se tomó el comentario con gusto, rió ante la pregunta con agudeza y continuó observándola como él siempre observa. Seguidamente tomó asiento a la derecha de la dama, pues  ella era diestra; la observó de nuevo en silencio; se observan. Le gustó poder volver a verla con la música de fondo, y se concentró en escucharla hablar con esa soltura y elegancia que a él tanto le maravillaba. Una sonrisa ladina se manifestó en sus labios cuando Aphrodite le asignó aquel atractivo estudio sobre él. Sin embargo permaneció silencioso ante sus palabras y se acomodó sobre el respaldo del asiento.

¿Que si lo habían tratado bien? Depende de por qué concepto lo entendamos. Era obvio que Casanova era conocido tanto en Italia como Francia por su fama, y por lo tanto era odiado así como amado y perseguido. Pero aquello no era ningún secreto, todo el mundo lo sabía, como ella misma dijo: los rumores vuelan.

Toda información que derive de Venezia son cuentos; pues no es más que una ciudad de máscaras que ocultan verdades. Por ello, siempre vuelvo — realzó la última frase con cierta picardía ya que a Venezia le procedía la misma fama que a él. Era su cuna predilecta. Robó otra uva de la fuente y enredó con ella entre sus dedos con un juego diestro y experto —. He estado encubriéndome en la corte de Francia y he tenido el grato placer de conocer a la afamada María Antonieta y su enfurecido pueblo. Sí, digamos que me han tratado... bien — se llevó la uva a la boca y la mascó sutil, con una sonrisa indescifrable —. Llegué hace apenas unas semanas... y confieso que lo último que me esperaba era que fueran los rumores los que te hayan guiado hasta mí; por lo visto no sólo me traen infortunios — arqueó una ceja con atractivo y alcanzó la copa para darle un sorbo sin apartar ni un solo segundo la mirada de aquellos luceros. Se incorporó sobre la mesa, acercándose vaporoso hacia la figura femenina y su aroma a perfume oneroso —. Y ahora que has dado conmigo... las envidias comenzarán a multiplicarse.

Entonces sí apartó la mirada para dirigirla a espaldas de la donna, donde se encontraba un grupo de mujeres que no habían parado de cuchichear y señalar a la musa rosada desde que entró en el teatro. Al percatarse de la mirada de Casanova, callaron. La belleza e intelecto de esa mujer eclipsaba a todo el resto, pues las miradas parecían concentrarse más en ella, que en la obra.

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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Aphrodite J. Pierce el Vie Oct 30, 2015 12:21 am


La Niebla

¿Vos también poseéis una máscara? —Preguntas en un gesto de curiosidad que iba acompañada de una sonrisa traviesa, la niña que cuestiona todo sobre un mundo tan adverso y grande pero pequeño al mismo tiempo. Con ése hombre has soñado alguna vez, imágenes que golpean los muros de la mente para crear una fantasía erótica, desplegando indicios de una necesidad básica que va más allá de tu razón. Hubo de igual forma, emociones maternales y protectores, preocupadísima por la condición de una creación que se mueve por el mundo a su antojo, por eso eras prudente al tocar ése tema.

Se te escapa una risa vivaracha, no te habías referido a eso y en la prontitud, supones que él no lo sabe ni se ha enterado. Mejor así. No te parece un lugar del todo privado para hablar con mucha más seriedad, pese a la música que ocultan sus conversaciones, llenándote de una nostalgia incomprensible. Admiras cómo Giacomo se embellece con inoportunos gestos de comer una simple uva, los labios moviéndose y creando una visión placentera. Te provoca… Cosas. A tus ojos es una obra instantánea, una fuente de inspiración para un poema dedicado al que ostenta ficticiamente el título del príncipe de Venecia, ya que no hay otra semejante criatura tan bella cómo él, según a tu sofisticado juicio.

Llevas rubor en las mejillas, nada más para acentuar el cutis de porcelana, y también para no levantar sospechas respecto a la condición enfermiza que has de llevar por otros siglos. Labios pintados de un color melocotón, y ojos que a pesar de no tener el mismo brillo de cuando estaban vivos, atraen lo suficiente a los caballeros bienaventurados. Moviste la mano hacia el cesto, sosteniendo una deliciosa fresa que entre tus labios se ve atrapado. Muerdes con finura, con paciencia.

Estoy acostumbrada, milord —musitas, acariciando el rostro del varón con la enguantada mano, obligándolo a que voltee a mirarte de nuevo. Te gusta más cuando sólo te ve a ti—. Todas ellas saben hablar, más no padecen de valor y coraje para al menos, charlar con vos un momento. Os pregunto: ¿Está mal ser la que ocasione la envidia en el terreno? Cualquier comentario sobre mi persona me hace vibrar el pecho de un modo sublime, milord, una emoción viva de la que seres cómo nosotros olvidan con el tiempo. Y son ésos sentimientos los que necesitamos, para poder seguir manchando el mundo con nuestro divino arte —frotas los dedos contra la mejilla, dibujando un sendero casto hasta su mandíbula y besas su frente, algo que en muchos provocó un escándalo interior. Incitas al caballero en minúsculas acciones, germinando aún más una gula que poco a poco abre los ojos, sería imparable si fuera correspondido…

¿Él sería capaz de secuestrarla, cómo una Helena de Troya y entregarse al instinto depravado? Las charlas podrían durar toda la noche, todo un día y eso no te molesta en absoluto, se te es agradable su compañía.


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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Giacomo Casanova el Vie Oct 30, 2015 8:48 pm



La Niebla.

Priv con Aphrodite J. Pierce.


Sus labios presionan el fruto con un encanto arrebatador... ahora saben a fresa. Las miradas que le dedica y sus ronroneos de gata plácida hacen que todo a tu alrededor se nuble menos ella. ¿Es que nadie entiende de erotismo? ¿Nadie sabe de verdad lo que representa?


Gira de nuevo la mirada al sentir la mano de Aphrodite sobre sus rosto y le dedica una sonrisa vaporosa, encantado por el hecho de que desee únicamente su atención. La escucha, la observa, y siente sus caricias enmascaradas en inocentes acciones. Sin embargo no la deja escapar aun cuando esta decide emprenderse con un grácil beso, le retira un mechón de pelo para después tomarla del mentón en una caricia y clavarle la mirada.

Hay quienes no podemos olvidar, Aphrodite — ratificó, tomándose su tiempo para acariciar el rostro de la dama con las yemas de sus dedos al mismo tiempo que seguía sus propios movimientos con la mirada —. La noche que me convertiste no sólo me diste el don de la eterna juventud; también me entregaste la capacidad de recordarlo todo... hasta esos detalles tan minúsculos que incluso sientes que se te escapan. Las evocaciones se establecen tan vivas que no percibo el paso del tiempo, incluso la última vez que estuvimos juntos, para mi es como si fuera ayer — le hablaba casi en un susurro, como si de esa manera extendiera un velo sobre ellos que les apartaba del resto del mundo, como si les encerraran en una intimidad ilusoria donde sólo existían ellos dos.

Casanova se acercó más al rostro de la mujer y alzó el mentón de esta con suma elegancia para regalarle un camino de tres besos cálidos y delicados: el primero bajo la barbilla, después sus labios bajaron hacia el cuello y finalmente tras una de sus orejas. Se reincorporó colocándose de nuevo frente a ella con una sonrisa erótica en la mirada —. Tengo algo para tí — sonrió carismático y sacó del bolsillo interno de su gabán una pieza única y distinguida que sólo podría lucir correctamente alguien como ella: una liga de alta costura. Casanova enredó la pieza entre sus dedos mientras con la diestra alcanzaba una de las piernas de Aphrodite en un movimiento atractivo, dejando reposar el pequeño zapato de la musa sobre su regazo. No mencionó palabra alguna y simplemente se concentró en colocar la liga. Subió por sus piernas a un ritmo sosegado y cálido, apartando la falda del vestido al mismo tiempo que sus manos escalaban por la pierna, dejando esta a la vista y dándole así a la americana un aspecto majestuosamente sensual...

El italiano admiró el resultado con una sonrisa tentadora en los labios. Sus manos ahora bajaban inconscientes hasta quedar en los tobillos femeninos. Contemplaba extasiado la rica belleza que podía conceder una simple extremidad decorada ahora con una joya de la costura. ¿Por qué nadie logra entenderlo? Esto, es arte.

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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Aphrodite J. Pierce el Vie Nov 20, 2015 3:53 am


La Niebla

«Tengo algo para ti» Una emoción flameante te salpica, entreverado con sorpresa, ansiedad conjunto a una inexplicable modestia. No pudiste prevenirlo de ningún modo, ¿cómo él sabía que le verías ésa misma noche? ¿O es que su profunda devoción va más allá de un raciocinio que le hace llevar a todas partes el regalo, con la idea entusiasta de verte de nuevo?

“Loco” El pensarlo te arranca una mirada traviesa, sólo un hombre aventurero cómo él, recordaría cada una de sus amantes cómo si fueran sus anheladas flores en el jardín del Erén. Intentas calmarte, los dedos se retuercen en los pliegues del vestido, pestañeando presurosa sin saber que expresión pintar. Siempre te ha desorientado el amor que no es propio, es decir, el narcisismo volcado en un prudente moralismo que te influye de una manera maravillosa e insospechada. A veces el tinte que parece estar lleno de bondad podría traer en realidad malicias sutiles, las que una mujer destila por naturaleza propia.

Alrededor de ambos, las voces mudas pretendieron fingir indiferencia, y en el peor de los casos el resultado fue abrumador, la lluvia de miradas inquisidoras atravesaron tu pecho hueco de una manera frívola. Descargas la mano de porcelana sobre su hombro, conteniendo una respiración inconsciente y casi obligada a sentir, no te desharías de los rastros de humanidad que te quedan, para no ser insensibilizada por las agujas maquiavélicas de la eternidad. Marginada en la pesadilla de ser el monstruo que de niña temías y no te dejaba dormir, ¡aún te resulta fatigoso dañar a un ser vivo en un estado de trance!

¿Podrías superar éste virus por otros siglos?

"La pieza es preciosísima", condenada al yugo de la caricia varonil que se escabulle y atrapa diabólico la carne sin vida, ocasionando unos hormigueos inquietos que fueron calculados con un propósito perverso. Tal vez. No sabes. Estás confundida, deseando fuertemente al sátiro metódico y lozano. Te intimida amar algo que nunca podrás tener ni permitir, ser egoísta no está en tus principios. Pero el flujo de ésta relación es como un manantial: Fresco, y que al beber de un sorbo la sed vuelve a persistir. Los sentimientos para ti tenían sabores, unos más deliciosos; otros desabridos, cómo el odio, la amargura y la depresión que siempre va acompañada de preguntas acerca de lo que en realidad eres.

No hay respuestas a las interrogantes. Sólo humo y ceguera en los de tu estirpe, una histeria masiva que comienza con la simple y casual cuestión: ¿Qué soy?

Después de un momento de admiración, los ojos se te llenan de un espeso y acuoso líquido, derramándose en ésas mejillas polvoreadas, la sonrisa pese a ello, es serena, se acentúa porque no es tristeza. Es alegría. Te limpias de inmediato, primero para no alarmar a Giacomo del sentimiento. Una mujer en lágrimas para los caballeros nunca es buena señal desde un comienzo, ni nunca lo será.
Discúlpame, milord

En un segundo acabas riéndote tal niña en su descubrimiento por ser mujer.

Es que no evito sentirme dichosa de tener vuestra grata compañía, en cómo me hace sentir amada sin dedicarme palabras marchitas. Recibo de vos una sinceridad que me alienta, me recuerda una juventud que una vez quise derrochar en la melancolía. Mi oficio, aunque me da el derecho de rechazar por tener poderío en la casa… caigo en la compasión y la empatía de necesitar abrigar bajo mi protectora manta: A los desafortunados en el amor, a los ahogados en soledad, imposibilitados de salir de la distimia desgarradora, incluso aquellos que tienen esposas infieles. —El brillo ocular desnudaba al alma meditabunda, esclava de la inspiración, sin embargo, hay entrega y pasión en cada vocablo que se pronunciaba en un italiano lento y tibio—. Por eso estoy feliz de haberos conocido, tenerte a vos como un niño elocuente que me mima, unidos bajo una invisible cuerda del destino. ¿Creéis en el destino, Giacomo? Yo si creo… Y le temo. Tanto así, que a veces el final de una página puede aterrarme, hacer hinchar mi pecho de miedo porque yo no sé que pasará cuando le de vuelta, el cambio me asusta.

Volteas la mirada, ligeramente avergonzada por enseñarle tus debilidades al único ser que depositas toda tu confianza.


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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Giacomo Casanova el Dom Nov 29, 2015 9:34 pm



La Niebla.

Priv con Aphrodite J. Pierce.



La mirada del italiano se enfoca en el brillo de esos ojos que desatan felicidad. Dedica una sonrisa tenue, amable, íntima. La escucha hablar, no quiere interrumpir ese momento mágico. Acomoda el brazo en la mesa y posa su mano sobre sus propios labios, los pellizca en un juego cuidadoso, atento a la lluvia de palabras expertas. Ella habla con una soltura radiante, se expresa tan llena de sensaciones que incluso él mismo podría reconsiderar si realmente se trata de una inmortal o una humana. El espesor de aquellos ojos azules muestra para él una firma, una expresión de su ser interior que sólo es visible para aquellos que realmente prestan atención. Ella termina de hablar, y él se concede unos segundos de silencio en observarla antes de tomar la palabra.

Sé lo que sentís, conozco esa estremecedora sensación de impotencia que deteriora las entrañas y te divide el alma —apartó la mano de sus labios con un movimiento plácido—. Quizás no estáis en el lugar adecuado para ser vos misma, ni con las personas apropiadas. Siempre os he visto como una artista, Aphrodite. Os imagino en un escenario recitando versos, plasmando vuestros sentimientos y experiencias en una danza, en música. Debéis desenterrar vuestro talento innato de la niebla en la que os veis sumergida —se inclina hacia atrás con delicadeza, acomodando su cuerpo al respaldo de la silla. Silencio. Entonces él le sonríe, sereno, atractivo, suave—. No perdáis nunca vuestra humanidad, Aprhodite, ella es la que os descubre como la deidad inmortal más bella de todas.

El segundo acto concluyó en ese mismo instante, la música se detuvo para dejar paso a la marea de aplausos que dominaron el teatro en sólo cuestión de segundos. Casanova no dijo nada, simplemente posó la mirada en el escenario donde las dos bellas cantantes y actrices saludaban. Colocó una de sus ondas doradas que se escapaban de la coleta baja tras la oreja, en un movimiento pensativo y expectante. Lupo —el sirviente de Giacomo— se acercó a la mesa para tenderle una carta a su signore despertándolo de su ensimismamiento. Se dispuso a marcharse para no interrumpir a la pareja, más el italiano lo detuvo.

No os marchéis —tomó la carta en mano y la guardó rápida pero sutilmente en uno de los bolsillos internos de su gabán—, quiero presentaros a la bella Aphrodite —tendió la mano hacia la figura de la americana en un símbolo de exposición. El sirviente, asombrado, tomó la muñeca de la señorita de inmediato para besarla con torpeza a causa de su ímpetu.

Discúlpeme si me entrometo, pero no puedo evitarlo tras haber escuchado vuestra cuestión, bellíssima donna. Sólo quiero decir que, bajo mi humilde opinión, si el destino estuviera escrito, no tendríamos capacidad de razonamiento. Simplemente nos dejaríamos llevar… Y sin embargo, ¡Aquí estáis!, planteándoos cuestiones que el destino no alcanzaría a comprender —Lupo comenzó a gesticular de una forma tan vivaracha que Casanova no pudo evitar reír al verle. Agradado por la intervención de su querido amigo y sirviente, volvió la mirada a la acompañante, animado.

Lupo no cree en el destino, es hombre de ciencias puras —rotó la mirada por unos segundos hacia él—, y yo quiero creer que, en el caso hipotético de que existiera, su transcurso estaría exclusivamente en mis manos — volvió a sonreír, esta vez con una gracia y belleza tan distinguidas que incluso el propio sirviente se sorprendió al comprender el significado de esa sonrisa. El italiano se levantó de su asiento dedicando una mirada cordial a Lupo y dándole a entender así que se marchara. El sirviente asintió ante su amo, y antes de desaparecer volvió a tomar la delicada mano de la americana para besarle nuevamente. Cuando ambos se quedaron solos una vez más, los pasos de Casanova se movilizaron conforme examinaba con la mirada la estancia. En concreto a su público.

Me gustaría enseñaros algo — se dirigió a la compañera conforme volvía a tomar entre sus dedos una última uva de la fuente. La metió en su boca, masticándola con atractivo conforme entrecerraba los ojos, libido— ¿Me acompañáis?.
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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Aphrodite J. Pierce el Vie Dic 18, 2015 7:30 am


La Niebla

Hiciste un suspiro enamorado. Te enamora la vida mortal, estás sujeta a las excentricidades de una especie efímera y rara; la complejidad de la mente es sobretodo, seductor. Te agobia ya el peso de las almas en pena, eso ya ha quedado en un pasado muy lejano. Eres una nueva tú, con otras ideologías que compartes con tu excelentísimo confidente, aquél que sabe que puede provocar infartos y atrae a cualquier engendro por una atracción desconocida. Subyuga, adormece, hipnotiza. "¿Qué más esconde ésa fachada, la cual a las amantes, conviertes en súbditas tontas? "

Sus palabras te estremecen. Te causan un escalofrío furioso, un relámpago espontáneo de inspiración que te hace querer adorarlo con locura. Enjuagas tus labios, observándole de una manera anonada, cómo si el aire que respirases ahora mismo pesase en tus pulmones ya que, la agitación es evidente, ¡te pulsa a un ritmo cardíaco! Pestañeas, quedándote con la última línea de sus palabras: «No perdáis nunca vuestra humanidad, Aprhodite, ella es la que os descubre como la deidad inmortal más bella de todas.»

Asientes en un gesto obediente, acallada y volteando la cabeza para observar el glamour de ésa movida que ahora te es ajena. Inerte en el asiento como una joya que brilla con un resplandor incandescente y cegador. Estás ausente en un mar de pensamientos, mueves contundente el dedo índice, y de vez en cuando, fijas la mirada sobre tu acompañante de flameante cabellera. En otros tiempos, tus expectativas de hablar con un mozo cómo él, con tanta libertades, no hubiera sido posible ante unas actitudes delirantes sobre un pagano creer de un final suicida. Y hoy, bajo unas luces calmas, estás bañada en una aurora de orgullo, y un porte envidiable para caminar entre enigmáticos filósofos del Ego (yo). Un cambio de expectativa radical.

El mundo ya es demasiado oscuro para seguir caminando en él a tientas…

Avispada irgues la espalda, siguiendo el ritmo vociferante de los aplausos hacia los artistas que merecen un poco de respeto a la magnífica interpretación. Muerdes tus labios, ojeando de vez en cuando la inesperada mirada de otro caballero que te descubre entre mil mujeres amenas, le dedicas un segundo, entonces, vuelves a centrarte en la situación entre el sirviente y el italiano.  
Tus pequeños hombros se encogen de la animosidad, del furor que te causa siempre unas palabras tan bien dotadas de conocimiento y subjetividad en la opinión.

Pero buen servidor —dices entusiasta, cómo si la idea de debatir te llenará ése corazón vacío—, todo tiene una causa. Eso es lo que explica el destino, un factor superior que hasta nosotros no entendemos. Por eso, lo hemos llamado de tal modo, le hemos dado sustancia y hasta en casos más estudiados: Cuerpo. Tan antiguo y extraño que, resulta complejo, atractivo. El destino, joven y riguroso, nos enseña muchos caminos con obstáculos indescifrables, nosotros de libre albedrío escogemos cual.  Podéis comprender entonces, que el destino de un amor trágico repercuta en una fatalidad, en una acción que puede desencadenar tristeza en ambas partes. Cómo Romeo y Julieta —pestañeas entre pequeñas risas, fue un gusto conocer a un hombre claro en temas tan controvertidos.

Lupo… No olvidaré vuestro nombre, pues es interesante y palpable que alguien de una rama científica halla sido llamado en su expresión del antiguo latín: Lobo. Leal, servidor fiel, astuto, inteligente, de elocuencia en el habla… ¡Cuánto dice un nombre, noble Sir! —Anuncias jovial, completamente extasiada en el símbolo de dicho animal y viéndolo partir.

Sufres el ansia, correspondes en la mirada y la dentadura se muestra tímidamente en una expresión afable. Acabas asintiendo sin realizar muchas preguntas, cerciorándote de que el vestido no quede atrapado entre las sillas y la mesa redonda que, contenía una lista de apetitosas frutas. Los pequeños zapatitos se trasladan, acabas a su lado, reposando la mano sobre el brazo del caballero en tanto, segregas una dosis de coquetería interior, salida a la luz ante los ojos de los demás.

Una chispa que anhela ser corrompida, aún así, no se sería afectada por el entorno de ningún modo. Seguiría siendo igual de preciosa, aún más fuerte y vigorizante.
Por favor, Giacomo, me tenéis en ascuas. ¿Qué queréis enseñarme? —Ladeas el rostro luego de haber dejado pasar unos segundos, intrigada, seducida por el misterio. Caminas leves pasos. No sabes a dónde irá, qué hará. ¿Más sorpresas para ésa noche mística, tan atrayente como el color de la luna? Llevas a tu boca dos finos dedos, repasando la carne labial por maña, adquiriendo en tu mirar un centelleo de gula.

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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Giacomo Casanova el Dom Dic 27, 2015 2:23 am



La Niebla.

Priv con Aphrodite J. Pierce.


Puede parecer increíble la capacidad que tienen algunas personas para otorgar al ambiente esa elegancia y belleza como lo hace Aphrodite. Giacomo escuchaba atento cómo esta se expresaba, intercambiando opiniones con su querido amigo Lupo. Se asemeja a una niña, tan inocente y a la vez experimentada al hablar; parece entusiasmada con cada una de sus palabras, como si el simple hecho de debatir con alguien le llenara ese pequeño vacío de entre las entrañas. Casanova sonríe ante la polémica, le encanta ver cómo dos de sus seres más cercanos se conocen de esa forma tan intelectual, tan filosófica. Es música para sus oídos, arte para el alma.

El teatro comienza a vaciarse, ya han dado las dos de la mañana. El público se marcha a sus casas, recoge sus abrigos, se despide de los conocidos entre sonrisas y promesas que garantizan el volver a verse pronto. Los músicos guardan las partituras e instrumentos, las actrices se retiran tras el escenario para cambiarse. Parece que todo termina ahí, pero no es cierto.

Espera a que ella se acerque, y cuando lo toma del brazo comienza  a caminar junto a ella con el cuidado experto de que la cortesana no se tropiece; pues sus zapatitos son tan diminutos que da la sensación de que van a romperse con cualquier mínimo desacierto. Ríe flemático ante la inquietud de la cortesana, pues le hace especial gracia ese comportamiento en ella; la ve adorable.

Tranquila, ahora lo veréis —garantizó con una sonrisa hipnótica en su labios asimismo se colocaba frente a ella, caminando de ese modo hacia atrás—. Es una especie de... —acentuó la sonrisa, entrecerrando los ojos con atractivo para tomarla del mentón y acariciarlo con especial tersura — ...regalo... un capricho caro que podéis permitiros viniendo de mí —le dedicó un guiño rápido y travieso para seguidamente girarse y aproximarse a las dos puertas que daban paso a el aposento. Las abrió de inmediato.

Una habitación, enorme, grandiosa, con una chimenea fogosa que envolvía la estancia en un calor estremecedor. Las cortinas largas de color granate dejaban entrever desde la ventana el esplendor de la luna. Un piano, cuadros renacentistas, esculturas helenísticas. Una cama inmensa llena de cojines con sábanas repletas de ornamentaciones. La luz de las velas le daba a todo un color cálido y acogedor, envolvía la habitación con un aura cómoda y elegante que te invitaba a entrar y quedarte ahí para siempre. Alfombras infinitas de tonos cálidos hundían tus pies en una comodidad somnolienta; eran tan limpias y cómodas que podías dormir en ellas sin ningún problema.

Y esa era la habitación de Giacomo Casanova, que, a pesar de que muchos piensen que era conocida por más de la mitad de las mujeres venecianas, no era cierto en absoluto. Era su rincón del pensar, del ser. En la mesilla principal podían verse varios papeles con sus plumas en tinta esparcidos por el tablero; bosquejos de su nuevo libro. Más aquello no era lo que él pretendía enseñarle, ni mucho menos. Dedicó una sonrisa atractiva a la acompañante, la tomó de la muñeca para conducirla al interior de la habitación con una delicadeza inigualable. En cuanto llegaron al interior, el veneciano le tapó los ojos con ambas manos.

Esto es a lo que yo llamo “El placer del empirismo” —comentó conforme conducía a la hermosa acompañante hacia otra de las salas que daba con la habitación sin permitirle ver aún— Sé que muchos lo critican por temas ordinarios que hacen referencia a las injusticias sociales y desigualdades respecto a las clases sociales, pero, algo en mí no puede evitar amarlo; soy caprichoso por naturaleza —finalizó la frase con un desdén burlón en sus palabras, y por último retiró sus manos de los ojos de la americana para que ella por fin pudiera apreciar su sorpresa.

Se trataba de un vestidor, repleto de zapatos, vestidos y tocados del tamaño y tallas justas para que encajaran en las perfectas curvas de la americana. De todo tipo de colores, florituras y estampados que hacían de unas simples telas, obras de arte. Desde faldas cortas y ligeras hasta puras indumentarias voluminosas. De todos colores, gustos, e inspiraciones. Zapatos a juego, altos bajos, atrevidos, tímidos... joyas distinguidas por el capricho de la aristocracia.

Las yemas de los dedos del veneciano recorrieron los brazos desnudos de la cortesana en un ascenso escalofriante hasta sus hombros; los cuales acarició junto al rastreo de su mirada parda. Le retiró el cabello del rostro para poder regalarle un suave beso en la comisura de su mandíbula— ¿Tendréis suficiente para este año?

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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Aphrodite J. Pierce el Lun Ene 11, 2016 12:02 am


La Niebla

El cuarto tiene su bendito olor, aquél aroma que te atraviesa el alma y lo paraliza. ¡Qué regocijo, qué alborozo! El espíritu se prestaba para ponerse entusiasmado y duramente agitado, temblando de emoción a lo señorita fanática. Cómo cortesana, no te permitías ser extradamente pesada, ni oportuna en cuanto a ciertos comentarios que ya rallan pueden rallar de lo obsesivo. Aunque no por eso, no evitabas abrir los ojos con escepticismo; aturdida, engullida por una tormenta y oleada de sensaciones, de deseos introvertidos y gritos desesperados que reclaman salir a la superficie.

Es la primera vez que un hombre hace algo tan semejante como él lo ha hecho, ¡una locura! Pareces estar plantada en el espacio terrenal pero eso no se verdad, tu consciencia se alza en unas alturas de nubes lechosas, suaves como el cojín de ésa inmensa cama.  

“No te puedo reprochar, fuiste tú quién me ha robado suspiros mientras contemplaba la bonita luna que desde el firmamento oscuro, nos alumbra, inadvertido te me has clavado al corazón, cómo una preciosa rosa llena de espinas. Duele pero es ése dolor insano el que me lleva a quererte aún más de lo que esperas y adviertes.”

Cómo varón tenía muchísimas virtudes, no lo niegas, e intentas dar un paso hacía atrás, colmada de ésa magnificencia que te hechiza. ¿Es un sueño? Sí lo es, lo anhelarás por lo que te permita la eternidad, hasta que tus pútridos huesos se hallen colmado y no se sostengan porque, el milenio llegará muy lento, tan así que te convertirás en cenizas. ¡Línea ilustre y dotado! ¡Que hermoso es querer y ser correspondida! Que invaluable es poseer un amante agraciado, ganándose nuevos méritos. Creías que te desmayarías, primeramente porque tus piernas no responden, y, aunque el mimo lo sintieras como un tierno baño de agua tibia, deseabas con más fuerzas ser poseída por su inmaculado cuerpo.

La conmoción duró un par de segundos

Oh… —lo abrazas, tan fuerte que su perfume se estampa en tu nariz, contaminándote las entrañas y queriendo comerlo a besos. Lo empujas y lo arrastras hasta la cama, pérdida en el flujo de sentimientos que se revuelven deprisa. Aguardaban dentro de ti emociones florecidas, abiertas como un capullo de flor. Sueltas una risa contagiosa, y lo miras firmemente, no ibas a pedir perdón, no ahora. Ni luego. Ni jamás, porque tus carnosos labios probarían ésa fruta deliciosa, evocando un pausado movimiento al acariciar sus hebras de lino mientras las bocas se rozan. Ardes, sientes fuego—: Todo de ti es perfecto. Dios sabrá que no he errado al mantener viva la imagen de la verdadera cara del arte y la pasión, ¿crees que te he maldecido, Giacomo? ¿Desearás alguna vez perder tu juventud?

Y de nuevo tu momento de filosofía, cómo si necesitarás desahogarte y plasmar tus cavilaciones a la luz. No lo consideras un error, quizás un capricho, una idea egoísta de mantenerlo contigo siempre y para siempre.

Te quiero, siempre te quise, y no me importa cuantas mujeres añoren tu cuerpo. Yo seré tuya y ahora… —desabrochas lentamente la camisa en simples juegos, tanteando las clavículas que sobresalían de su pecho, en tu mirar ése atisbo y claro propósito de desnudarlo, seducirlo bajo tu yugo—. Serás mío —besas su cuello, igual a la primera vez, cuando le mordiste tersa y succionaste su sangre hasta la última gota pero, en ése entonces él era más cálido. Hoy posee la sangre tan fría como un endemoniado y su piel, está rociada de feromonas para enloquecer. Aspiras y lames, siendo un pequeño gatito que toma un sorbo de leche mientras que las manos se ocupan de acariciar el tórrido abdomen. Estás ansiosa, sin perder de vista sus reacciones, ya que también te gusta la expresión en su estado más puro y pusilánime. El goce reflejado en los ojos de una criatura excitada. Te paras un momento, mostrando tu espalda hacía él, el morbo de que sus manos te acaricien… Era demasiado.

Desnúdame, por favor… Sé tú el pintor de mi cuerpo, el músico que comande mis sentidos. ¡Oh, Giacomo! No sabes el deseo, éste deseo malicioso que me hace esclava de la sed de carne, libérame de él…

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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Giacomo Casanova el Jue Ene 14, 2016 4:54 pm


La Niebla.

Priv con Aphrodite J. Pierce.


                              Pronto advierte el entusiasmo, las piernas temblorosas. Ella se lanza a sus brazos, y él corresponde estrechándola entre estos. Duda por un segundo, sintiendo cómo la otra lo empuja hacia la cama, apresurada, urgente. Le desconcerta aquella fugacidad inesperada, y lo demuestra con una sonrisa incierta, que pregunta interrogante. La escucha, observando cómo sus labios se revuelven desatando halagos y cuestiones. ¿Qué le ocurre? Cavila, reparando en la efusividad momentánea que muestra la cortesana, en el por qué despertó aquel arranque imprevisto en ella tan súbitamente.

     — Mi juventud ya la he perdido, y aunque no lo quisiera, sería inevitable —afirma, dedicándole una sonrisa tranquila, despreocupada. Coloca un mechón rosáceo tras la oreja de la amante. Ha evadido la pregunta anterior aún con la certeza de que ella se dará cuenta; lo hace porque la respuesta es compleja, incierta. No puede saberlo hasta que suceda.

     Su mirada se centra ahora en las manos intranquilas que desabrochan su camisa y acarician sus clavículas, incitándole a la seducción. Remueve la cabeza, dibujando un círculo de refreno al sentir el contacto de la lengua sobre su piel. Aquella escena le satura de recuerdos, le transporta a un pasado deplorado que alude a la perfección; y eso le hace dudar por un instante, en si realmente está viviendo el presente, o no. Emana un soplo de aliento delirante, posando sus manos sobre los hombros femeninos; y los aferra, apartando a la amante de su cuello con mimo.
     — Aphrodite... —susurra, como si cada palabra que compone aquel nombre fuera absorbente y lasciva. La toma del rostro, y acaricia sus tiernos labios con el pulgar. La contempla, perdido en ella—: Sabéis bien que os liberaría de cualquier pena —su mano libre desciende silenciosa hasta la cintura femenina. Oprime sus cuerpos.

La habitación se baña en un capricho que llama al erotismo, y no sabe bien si es la tesitura o él mismo el que lo emana; pero siente cómo el calor le violenta cada recoveco de la piel. ¿Será por ella? Se pregunta tibio, pues la respuesta ya la sabe, más no la corrobora; no por el desdén ni la indolencia, sino por el temor a quemarse. Otra vez. La mano inquieta atrapa el vestido, y sube la falda de a poco en un juego de dedos maestros. Acaricia la piel sedosa con las yemas, soltando el liguero con presteza para dejar así un camino libre y liso hasta sus glúteos. Los presiona, los roza, los desgasta; los hace suyos. Esa idea egoísta y codiciosa que nace en ella al proclamarle como "suyo" libera en él la misma condición. Baila sobre los talones, posicionando ahora a la amante de frente a la cama y quedándose él tras su espalda. Ahora la mano se dirige lenta hacia el sexo femenino, el cual acaricia por encima de la ropa interior. Lo restriega contra la palma en una corriente constante, que sube y baja, que fricciona e incita, que quema.

     — Decidme si esto calma vuestra sed o la impacienta, amore mio —pregunta sagaz, en un aliento sexual sobre el oído femenino. Él cuestiona, para que ella responda sólo cuando está siendo estimulada; porque no hay nada más majestuoso que escuchar el canto de una voz trepidante provocada por el más pecaminoso delirio.

Desata las cuerdas del corpiño enrollándolas entre sus dedos, pero no lo termina de desamarrar. Deja que ambos senos, perfectamente redondeados y jóvenes se queden al descubierto. Adora esos pechos, porque encajan magníficos entre sus manos, porque son tan suyos, y de nadie; el refugio de tantos hombres en más de mil noches. Los arropa con sus dedos, y besa los hombros delicados en un hálito de calma.

    Disfruta de su cuerpo, de ella, con ella; descubriendo su piel alba de nuevo, como si fuera la primera vez. Las llamas del fuego que brotan de la chimenea tostan la piel, le conceden un tono cálido sobre las mamas y mejillas. La convierten en una humana candente y llena de vida. Él termina de desatar el corpiño, dejando así que el vestido caiga el suelo, resbalando cándido por las caderas y piernas femeninas; dibujando una curvatura perfecta en el aire que termina desvaneciéndose contra el suelo alfombrado. La acaricia, trepando desde sus muslos hasta la espalda. La contempla entera, virgen, inmaculada; desnuda. Y la rodea entre pasos ilustrados hasta posicionarse frente a ella.
     — C'est magnifique —murmura, hablando consigo mismo. Su mirada asciende desde los pies de la amante hasta sus labios.

La toma de la cintura en una caricia sedosa, e inclina el cuerpo desnudo, rozándolo contra el propio hasta quedar lo suficientemente cerca. Roza los labios, desde la cuna de sus pechos hasta arribar en esa boca de fresa.

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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Aphrodite J. Pierce el Sáb Abr 23, 2016 9:10 pm


La Niebla

                                                                                           —Aphrodite... —que dijera tu nombre, lo hacía sonar a un soneto de poesía, a una entonación adecuada para provocar que el palpitar de tu virtud más escondida, se encienda virtuosamente. El eco de su voz, el llamado cariñoso y la maravillosa manera de desfallecer cada rincón de tu espíritu cuasi enloquecido, hace que mantengas una promesa en silencio: Amarlo devotamente. No como una mera madre que añora la llegada de su hijo cada vez que marcha, sino cómo el de un verdadero amor que ansía siempre la llegada de la primavera pues, ¡el invierno es tan triste!

    Su sola presencia, provoca el florecimiento de emociones intensas y locuaces. Primitivas e inocentes. No puedes negarlo, lo amas. A él y a todo ser humano. Un amor imprudente, un amor loco y apasionado. Es inexplicable lo que un hombre ha hecho en ti, todo un caos que se transformó en pura armonía. Una música que recita día tras día, compases y tiempos alegres. Bajan y suben en el pentagrama… Entonces escriben notas que se transforman en historia. En recuerdos y sensaciones nostálgicas.

    Tanto así, que tu cuerpo reclama, pide y desea. Cualquier nimia caricia, llena los huecos. Sea una mirada, una palabra indulgente y significativa; lo hace especial, único y auténtico. Expeles un hálito de aire seductor y quejoso, te agita abrumadoramente. Cierra el raciocinio y el instinto prevalece. Están fríos, pero lo sientes tan caliente, tan vivo… No te quedas en la realidad, adecuándose mimar su mentón en caricias dóciles. Te escurres relajada, permitiéndole acceder a cada tallo y centímetro de piel, pues sus caricias te enrojecen, pero los colores se camuflan ante una incierta oscuridad. Avivados por las llamas de una chimenea que se lamenta, por los crujidos de la madera que está siendo comida.

    La espalda se te arquea, el roce fogoso de una mano depravada, incita a liberar bestias lujuriosas. Reposas la mano sobre la suya, siguiéndole el ritmo de manera inconsciente sin apurarle, dejando que el decoro de un erotismo fluya por sí mismo. Natural. Encantador. No hay palabras que describan ése juego, ésa conexión… ¿Podría llamarse fusión de almas? ¿De energías sexuales que por alguna extraña razón, hace entender mejor a los seres? Gimes, no expresamente, pero si en alientos educados…  Lo haces parecer ingenuo y tímido, pero, era una prueba más de que sabes enloquecer a cualquier hombre.

    —Calma e impacienta, Giacomo —expresas al fin, luego de tantos segundos colmados de un extraño encantamiento. Perdida en el placer. La voz parece una seda envolviéndose rítmicamente sobre un cuerpo, o mejor dicho, en su cuerpo ya que, da mejor cabida a un mundo de sentidos eróticos. Los senos se dispersan, liberados ante una opresión de indumentaria íntima. Los pezones se encuentran excitados, duros, apuntándole a él al desear ser mordidos por sus labios carnosos, pero procuran resguardarse todavía en la ropa, sin salir porque tienen miedo. Saben que sabes, que la boca experta saborearía con gusto llegado el momento. Los mechones rosáceos caen por tu cara, los apartas brevemente, estimulada por el despojo y descubrimiento de tu propia anatomía.

    Cada paso, era un paso más a la rebeldía y la revolución de dos vampiros entrañables. El cuarto no sólo olería a sexo, olería también a una pasión furtiva, dejando descender un rojo fuego a los amantes.

    Rodeas las manos sobre sus hombros, te precipitas a hundir las yemas sobre aquella cabellera de rubio ceniza, retorciéndote inaguantable bajo su cuerpo de miel. Recorres un sinuoso sendero por los huesos de su espina dorsal, atraída por aquellos pares de labios que transmiten una química que prepara al cuerpo, a someterse bajo su misticismo caballero. Es todo un halago ser concebida por él, a ser tomada entera. Te entregas, no te importa comportarte tan sumisa, no puedes embestirlo y no lo harás…. Sin embargo, masajeas vigorosa las nalgas del otro, fomentando del mismo modo, una extraña combinación de pensamientos promovidos por el furor de un sentimiento impaciente. Sientes la humedad de una insistente excitación, de cómo la poca sangre de tu cuerpo, y las venas que deberían de estar muertas, funcionan de manera nerviosa.

    —Amore… —murmuras, recordando el camino de su espalda, rodeando incluso el pequeño hueco que deja el abdomen al apegarse al tuyo—: No sabes cuanto he esperado éste ansiado encuentro… Ahora tómame, lo deseo, lo deseamos. No temas a romperme, a dañarme…—faltaba suplicar para acercarte a lo que llaman desesperación, pero no eres así, conservabas la integridad de una mujer libidinosa de la cual, desde un gesto educado y cortés, pedías sin caer en una locura pasional. Abres despacio las piernas, invitándole, todo allí poseía un color rojizo claro, una hermosa flor que brilla y seduce hasta el más casto. Tomas imprudente sus brazos, anclándolos en toda tú, acostándolo sobre las almohadas que posees por pechos, y, sin descuidar la seducción, prosigues a decir—: Lléname de ti. De tus tristezas y alegrías —una intención descarriada en una simple frase. Él entendería perfectamente. Todo está incluido—: Porque nadie más le importará tanto como a mí, como os sentís de verdad. Ellas… —no querías ser despectiva con las amigas de Giacomo, ¡ni mucho menos! No obstante—: Ellas sólo desean vuestra atención, ¿y quién cuida de ti, amado mío? ¿Quién os llora y consuela cuando estáis mal? Oh, lo siento tanto... No quiero ser dura con vuestras amantes, ¿me perdonáis?

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Re: La Niebla [Priv — Aphrodite & Casanova +18]

Mensaje por Giacomo Casanova el Jue Mayo 19, 2016 3:16 am


La Niebla.

Priv con Aphrodite J. Pierce.


                                                Dime cómo te sientes estando desnuda ante mí, siendo contemplada por estos ojos, que se mueren por hacerte el amor; dime cómo te sientes al ser el sueño de este hombre que tanto ha amado, y que tan poco pudo amarte.

                  Desde afuera es posible ver nuestras siluetas, allí, abrazadas en el reflejo de una larga cortina que cubre el ventanal del balcón. La noche lluviosa y fría nos envidia, porque sólo ella puede adentrarse para ver que, el lecho, ya se ha impregnado con el calor de nuestras intenciones. Tus murmullos revelan deseos lascivos, pidiéndome que te invada y llene ese vacío que tanto te inquieta. Me mata el hecho de que, permitas a tus labios arquearse de esa manera con cada palabra sensual; logras despertar cada parte de mi cuerpo, haciendo que te desee incluso más de lo que un día imaginé. Recorro tu piel desnuda, pretendiendo vestirla de besos; pero te escucho hacer mención de mis amantes, y entonces me pierdo del pensamiento:

                  — Aphrodite... —acallo tus labios con mis dedos, no quiero que hables de ellas; No tú, y ahora menos—; sabeís que siempre os amaré por encima de todas —aclaro, acariciando tu mejilla y perdiéndome en la reciente humedad de tus labios. Los beso breve, leve, y lo hago con la misma sinceridad que hablo—. Déjadme demostraros que es cierto, ma chérie —sonrío sin querer, agudo, sabiendo bien que no había nada que demostrar.

Nos conocemos más de lo que queremos creer, mi amor.

                  Me pongo nuevamente en pie, observando tu cuerpo de fresa desde esa perspectiva que te hace ser sólo mía. Mis dedos se enredan en los botones de la camisa, terminando de desabrocharla y dejando que mi torso quede desnudo frente a tí; los mechones rubios ahora se dejan caer por las clavículas, recordándome así el placer de lo propio. Me gustaría que pudieras verte desde aquí, porque si lo hicieras quedarías prendada de tu referida esencia.
                  — Oh, amore mio... —suspiro, elevando una de tus piernas para posar la delicada planta de tu pie sobre mi abdomen; acaricio tu tobillo—; devoraría cada parte de vuestro cuerpo si pudiera —tatúo una línea de besos desde el pie hasta lo íntimo de tus muslos conforme me recuesto sobre la cama. Mis labios se acercan a tu pubis, queriendo y no besarlo, con la misma determinación de quien nunca se ha equivocado. El sonido de tu respiración me invade, haciéndome presa de un estado ingobernable que desata mi sed de tí. ¿Por qué me gimes tan cándida? Haces creer que aún no has perdido tu inocencia entre mis sábanas; aunque si quieres, te la puedo volver a hacer perder. Una y otra vez.

                  Mi lengua calienta la zona del interior de tu muslo más cercana a la matriz; la sangre trabaja apresurada por ese punto, y yo en mi hechizo no puedo contenerme...
                  ...un fino hilo escarlata recorre tu piel bajo mis labios, ahora teñidos tras morderte. Me separo, emanando en suspiro sugestivo que delata mi excitación; me pregunto entonces cómo es que he soportado tanto tiempo sin tenerte en mi cama. Tomo tu rostro conforme me incorporo para poder besarte, impetuoso. Nuestros labios se destrozan y manchan, se sumergen en un manantial de aguas encarnadas.

                  Me dejo caer hasta tus pechos, deleitándome con tus pezones firmes entre mi boca. El olor que emanas ahora desata las intenciones más bárbaras; siento querer poseerte como nunca antes ambicioné. Sé que hacer el amor contigo es un mundo aparte, un universo lejano donde solo nos encontramos los dos y esa conexión única que tenemos, por aquello que me hiciste. Cómo no voy a hundirme así entre tus pechos, a lamer alrededor de tu ombligo, a pellizcar tu abdomen con los dientes. Cómo no voy a cumplir tus deseos, a empezar, y acabarme en tí. A que tú te acabes en mí.

Tomo entonces tu muñeca, y la conduzco evidente, para que encuentres lo que buscas entre mis pantalones.

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