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La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por E. Sabine Baker el Dom Dic 20, 2015 10:11 pm

La mirada
del cuervo
Había escuchado rumores entre la clase media sobre una mujer gitana, ciega, cómo parte de una caravana que se ha trasladado de ciudad en ciudad alrededor de Italia con el fin de ganar un poco de dinerillo. A su alrededor existen terribles acusaciones diversas en qué quizás realmente no sea adivina y éste jugando con los buenos bienaventurados ingenuos, porque, es imposible que una anciana sepa tanto con sólo tirar cartas del Tarot, o leer las líneas de tu mano en una caricia mansa. Incluso se llegó a suponer que no era ciega, que fingía. ¡Qué estupidez! El pecho se le hizo pesado, mudo y quedo cuando oía comentar sobre ésta famosa fulana, dónde en el circo se ganaba cierto respeto por su sabiduría sobre ciertos conocimientos del ocultismo. Algunos escépticos opinaban para mal, discriminadores y acusadores de brujería; otros, más fieles creyentes, atribuían su poder como un don de dios.

La matrona arrogante, por primera vez en su vida tuvo miedo en la posibilidad de que aquella mujer tan criticada, de cabellos rojos con canas, fuera en realidad su confinada abuela. Las habladurías eran solo habladurías, ¿verdad? Las manos le temblaban cuando se miraba delante del espejo, se comportaba de manera paranoica desde la mañana y el té, le supo rancio, imbebible por tener el estómago contrariado. Fue entonces que despidió a todos sus sirvientes y contrató a nuevos sin explicación alguna, no deseaba chismes acerca de lo que planeaba aquella noche ya que no permitiría interrogatorios, bastante lengua ha enrollado la servidumbre anterior respecto a sus andanzas sospechosas.  

Fingió malestar durante toda la tarde, evitando el contacto con las visitas citadas semanas antes, incluso sus propios subordinados fueron advertidos. El médico asistió a ella por el llamado preocupante de las mucamas, y, aunque ellas no sepan que éste era también un confidente de la misma calumnia que ella, acredito cómo buen actor que era mejor no molestarla. Que sólo fueran a servirle líquidos y la dejasen descansar. “Se va a recuperar”, aseguraba afable, “es una mujer resistente.”

Caso equívoco, ya que la flameante dama apenas notar caer el firmamento oscuro, se empolvó levemente el rostro y salió a escondidas. Como alma que lleva el diablo en la búsqueda de disipar el tormento que le turba.

Miraba siempre a sus espaldas, poseyendo una [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] como la noche y una capucha cubriéndole la cabeza para no ser identificada. Se sentía observada en ésas penumbras oscuras de los callejones de Vencia, recorriéndole en los huesos escalofríos al creer que unos ojos le atravesaban el alma. ¡Imposible!, todos suponen que está “enferma”. El corazón le palpitó pulsante, le disgustaba que sus secretos sean descubiertos, de imaginarlo se ponía pálido ése rostro de miel.

A los lejos divisó el circo, con antorchas en las entradas y un espíritu festivo alarmante. Enjuaga sus labios rojos, resecos por el frío, y se empecina en caminar precavida entre la muchedumbre libidinosa. La música era un espectáculo fiero, y las danzas colmaban a los espectadores mientras, pequeñas carpas rodean el territorio. Pagó su cuota sin ser reconocida, y preguntó dónde podía estar la dichosa anciana.

Entonces, cuando se paró frente a frente el toldo, sus demonios internos se resistieron a entrar. Oyendo a sus espaldas pasos pesados y firmes, no quiso voltearse, podía ser cualquier persona… Cualquiera. Pero creerlo así sería una completa mentira. Era él quién le había seguido todo el camino, deseó negarlo con fuerzas exorbitantes y allí estaba, en una encrucijada.

No debiste seguirme —escupió terriblemente enrabiada.



Última edición por E. Sabine Baker el Mar Mayo 10, 2016 9:23 am, editado 1 vez




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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por Edward Low el Lun Dic 21, 2015 6:02 am

La mirada
del cuervo

“Pensamientos de la joven presa. “

¡Oh! Elriqueto, ¿Dónde te habrás metido? Mi horno extraña tu crocante calor. Es injusto que desaparecieras en la nada, dejando a la deriva mi paladar. Mi abuelita enfermo por comer pan de Floripondio y aquí me tienes, caminando  en la soledad de la noche en busca de medicina. Pobre abuelita, ella me dijo textualmente: “Es peligroso que salgas a esta hora, mira si te agarra el lobo.”; ¡Oh! Elriqueto, me encantaría que fueses el lupino que acecha en mi alcoba; Sin embargo, no he tenido más que salir a salvar a mi abuelita, con mi gabardina colorada, ¿así es como dejas a tu clienta? ¿Recorriendo los helados y oscuros pasillos de Venecia? Eres un sin vergüenza, siempre lo has sido. Entorpezco mis pensamientos en ti, cuando debería de estar mirando donde me he metido…

“Pensamientos de los precoces cazadores”


Jugoso néctar veo en un recipiente de carne y hueso. Esta noche cenaremos como es bien debido. Una hermosa humana cubierta por una capucha roja, sedienta de morir esta noche. – "Tranquilos, la paciencia nos dará el fruto de la victoria." – Los tres pensamos igual, estamos hambrientos. Ella se ve suculenta, y en nuestra corta vida como vampiros, eso es más que un manjar. Nos encontramos caminando de techo en techo, admirando la preciosura inepta, desde hace ya trescientos metros. Mis colegas están ansiosos, pero, mejor pasar inadvertidos hasta un sitio más… “tranquilo”.

“Pensamientos del incordio nocturno”


Me podría estar viendo como un flojo, uno que se mantiene a la espera de que alguna presa aparezca como por arte de magia. No es una noche para cazar, más bien, es perfecta para arruinar la cacería a otro. Estoy a la espera, colgado del techo de un desolado pasillo. Lo único que me mantiene firme, son mis dedos como pezuñas atrapadas en el cemento del techo del callejón. Puedo sentirlo, oírlo en lo profundo de mis tímpanos. Una criatura siendo seguida por unos pocos de mi especie, indignos, acérquense…

“Situación…”

Mantengo los ojos cerrados, apreciando cada movimiento de las bestias. Puedo escuchar el latir de cientos de corazones, cada uno distinto uno del otro en toda la zona. Uno especialmente me parece particular, y no solo por el latido, algo más me resulta familiar. Aquella llamada del vil metal, que hace resonancia en cada centímetro de mi cuerpo, como si me estuviera llamando. Definitivamente ha salido a pasear, en un día repleto de nebular desorden. Un ruido me retrajo a la situación, la dama acababa de entrar en mi alcance y más que ello, estaba paralizada al verme a la distancia, no tan corta, pero tampoco tan larga. Abrí dichas amatistas observando a la susodicha. Detrás de ella se acomodó la voz de uno de sus “fieles seguidores”. – “Ella es nuestra cena, la hemos visto primero. Sabrás buscarte una por cuenta propia.” - ¿Qué? Verdaderamente los “jóvenes” no aprecian que somos algo más que simples criaturas. – Niño – Murmure dando a entender que me encontraba frente a un iniciado nocturno. – Ella es tu presa, tu platillo, tu manjar. Tú y tu par de aliados, no sois más que mi plato principal… - Dispuse con una sonrisa que se denoto en la oscuridad. La fémina no entendía ni una palabra de lo sucedido y se mantenía al margen sin comentario alguno.

Solté el agarre de los pies, pegando un medio giro por acción del movimiento en sí. El trío de vampiros se vio sorprendido y sin entendimiento. Gritaron ciertas palabras en su defensa, no les preste atención. Al tocar el suelo,  no paso ni una milésima de segundo, donde propulse mi carrera hacia ellos. La acción paso a mayores, atrayendo la postura de combate ajena. No lo entienden, no pueden contra mí. De la misma visión de ellos, aparecí a una corta distancia. La fuerza, destreza e incluso la velocidad de un experto, es arrolladora para un iniciado. El primero cayó inmediatamente ante mis garras derechas, separando la cabeza del cuello. El segundo intento atacarme con su brazo derecho… lo perdió al esquivarle el golpe y aprisionar con la fuerza de todo mi agarre izquierdo. La sangre se esparció incrementando la euforia de mi espíritu. El tercero intento huir de inmediato al notar la diferencia, por ello recibió en su cráneo un doblón dorado, traspasándolo y dejándolo inerte en el suelo. – Tan débiles… - El segundo estaba tan atónito como la humana; me acerque a paso lento hacia él, siquiera dio un paso en huida, entendió su destino que acababa ahí mismo. – Disculpa, no es nada personal, solo has caído en el lugar equivocado, en la hora incorrecta… - Murmure, con una predilecta sonrisa que se transformó inmediatamente, al morder el cuello del vampiro. No solo vacié su cuerpo, sino que inclusive había tragado parte de la carne del chupasangre joven…

El cuerpo cayó al suelo, dirigiéndome ahora a la humana. – Tienes suerte de haberme encontrado. Veras, estos hombres te hubiesen hecho cosas que no podrías imaginarte… - Comente girando alrededor de la impactada, la cual no había un solo comentario, estaba en pleno shock. – No obstante, tienes un aroma que me excita hasta el punto de prenderme en vida… Tienes diez segundos para desaparecer de mi vista… - Comente a la nunca de la joven, esta sintió el peligro de su vida en manos de las agujas del reloj. No basto más que dos segundos para que comenzara a correr, en la primera dirección a la que ella tomase. Solo dos segundos para que reaccionas. – Uno. Dos. Diez… - Murmure impaciente…

“Seguir ese placentero cuello”

La caza había cesado. Era otra la llamada que me estaba urgiendo, y no era la del baño. Largue un pedazo de hueso, no podía tragarlo. Me preocupaba el hecho de entender que esa mujer había dejado la casa. Había estado todo el día enferma, o seguramente de mal humor. El salir a estas horas, algo se tenía entre manos. Fueron pocos los segundos hasta encontrarla en la plena oscuridad de la calle… otra mujer escondida en su capucha. Entiende, no puedes ocultarte de un nocturno, de una bestia. ¿Qué planeas escabulléndote a estas horas? No solo eso, caminas como si nada, sin escolta alguna. La oscuridad fue un abrasador escondite de la mirada de su ama. No bastaba más que estar parado como para desaparecer de la mirada humana, tan simple como ello. Poco a poco los pies de ambos se dirigieron hacia el circo, ¿buscas entretenimiento? ¿Acaso no te llena lo suficiente el inerte de Westerman?

Así al igual que ella, abone la contribución, con la diferencia de un doblón de oro que volvió feliz al pobre ingrato. En un final ya siquiera intente ocultar mi presencia, si lo hiciera, terminaría por acosar ese cuello de mala muerte, tan deseable para mi criatura vampírica. Ella abrió su boca, con su voz tan “angelical”, si, un ángel caído del cielo a corromper a los seguidores de la nada. - Tan descuidada, ¿Qué podría perturbar tu mente? Sabine… - Pregunte en respuesta, con una tonada un tanto sarcástica. Active mi paso, tan veloz como para aparecer frente a ella. Dándole la espalda para ver el interior del circo. – No puedes escabullirte de tu propia familia, y mucho menos, puedes esconderte de un vampiro en su propio territorio de caza. ¿Acaso pretendes que te saboree antes de tiempo? – Pregunte mostrando por primera vez mi rostro en la noche. La sangre aún se mostraba en la zona de la mandíbula, falto de higiene por el apresuro, se notaba fresca. La mirada tan penetrante, como si de verlo todo se tratase. – Vive al acecho de toda huella de debilidad, para desnudarla y…violarla… - Murmure incognito, una frase con tantos sentidos, que daba igual cual adoptase… todos finalizaban en una amenaza más simple que la frase en sí. – Es la mirada del cuervo…


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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por E. Sabine Baker el Lun Dic 21, 2015 7:42 am

La mirada
del cuervo
La oleada de gente se dispersaba, una noche de ilusiones y festividades que a más de uno dejan en pasmo e intensa euforia. No es el caso de ésta enigmática situación, convidados por un ambiente nervioso e impaciente. Igual a un momento en que la niña es descubierta por su progenitor cuando ha intentado ejercer su travesura. Su olor quizás le delató, y el vampiro no es tan estúpido para ser evadido con tanta persistencia humana, por ésa razón y más, tenerlo de aliado, no de enemigo.  

Tan descuidada, ¿Qué podría perturbar tu mente? Sabine…

Se le cortó el aliento cuando fue llamada por su nombre, cómo sólo él puede hacerlo: Helada y sensualmente. Abrió los labios para refutarle, no pudo, acabó mordiéndoselos quedando en un estado confuso. En los ojos tuvo un centelleo de furia mayor y precipitada, deseando desfigurar su inmortal cara a fuego. Y retrocedió tan sólo un paso cuando éste se adelantó a encararla frente a frente, la luz violácea de su mirada recobró fuerzas en gestos de un alma perspicaz. Alza la barbilla, aceptando siempre su excéntrico juego mental… y podría ordenarle que se fuera, él cumpliría.

Lo sabe.

Lo saben.

Aún así, una parte de sí agradeció la interrupción para no cometer el peor error de su vida. ¿En qué diablos pensaba? Ciertamente, esto no resolvía su revoltijo.

No puedes escabullirte de tu propia familia, y mucho menos, puedes esconderte de un vampiro en su propio territorio de caza. ¿Acaso pretendes que te saboree antes de tiempo?

Rodó los ojos, haciendo un ademán delicado—: Que un vampiro desee mi sangre no es noticia —respondió conforme intentaba demostrar fortaleza y tranquilidad, esfuerzo que le conllevaba a que el corazón le temblará. Tenerlo a él adelante, oliendo su perfume de muerto, le provocaba emociones muy sofocantes—. Mucho menos que me lo digas vos, tan crudo y sincero. Pero, ¿acaso estáis preocupado por vuestra ama o sólo teméis que otro depredador se os adelante? —pregunta descarada, ella sabía que aunque él se esforzará en ocultar significados y simbolismos, los acabaría desvelando uno por uno. Lo mismo que él hacía con ella todo el tiempo, razón del porqué está imposibilitada de bajar la guardia, obligándose a mostrar un rostro de monarquía a cada instante. Se olvida del miedo, de las dudas.

Notó entonces por primera vez al mirarlo, ésas joyas ambarinas y sedientas de sangre, que revelaban a una criatura morbosa. Éste no dudaría en mancillarla de soltarle la correa por un segundo, de eso está segura. Hay que adiestrarlo, pensó, a la antigua. Luego se retractó, las fauces de la eternidad es el peor castigo de todos, no necesitaba ya de otra miseria más que el virus de su sentido depredador. Atado a un hambre animal.

Vive al acecho de toda huella de debilidad, para desnudarla y…violarla…

Sonrío sibilina, no le importaba pese a los leves escalofríos. Su casta viudez fue fortificándose a lo largo de los años, siendo quizás, una descendiente cercana de la Condesa Sangrienta. Se acercó impune al vampiro, acentuando la figura y por fin, apoyar su perfecta manicura sobre su pecho en una acción taimada, sugerente.

Es la mirada del cuervo…

Ignoró su frase, encaminándose a su oído diestro para susurrar un exigente:
Apartaos de mi camino, Edward, deseo pasar —alejó el cuerpo, manteniendo la compostura después de incitarse a sí misma de soplar su cálido aliento sobre aquella anatomía titánica y helenística. Forjado en una escultura de mármol. Lo admira, manteniendo un brillo instantáneo y maravilloso, el arte espontáneo de la malicia más pérfida al pedir su orden exquisita. Allí se mueve a un lado, no tiene que ser tan obvia para que él presuponga que ahora descubriría uno de sus tantas turbaciones.

Se viró rápidamente para advertir de antemano:
Si os pregunta algo, contestad breve. Y no la matéis, no tenéis permiso —rugió en un tono susurrante, adentrándose dentro de la pequeña carpa para toparse a una mujer plácida en su asiento, rodeada de objetos extravagantes y curiosos. Bellos en su propio contexto y forma. Cachivaches, dirían algunos. Sabine intentó respirar, y apenas buscó apoyo en su acompañante porque sintió sus piernas desfallecer cuando la anciana levantó la cabeza. Tenía miedo, esto provocó que le diera un sudor frío en las manos, dejando que el furor del silencio se extendiera.

¿Puedo servirlos en algo? —supo de inmediato que eran dos personas. Olisquea el aire, con las manos tendidas sobre la mesa. Sonríe educada y modesta, abrigándole en el aura un hermoso síntoma maternal. A la pelirroja le hizo tragar saliva, yendo en lentitud a su posición. Poseía muchas canas, aunque, un rojo fuego resbalaba por su espalda; esto mostraba indicios de que posiblemente, en su juventud fue aún más bella. Tiene cicatrices de quemaduras muy graves, en especial en los ojos.  

Sólo vine por vuestros servicios —dice clara. Casi se atragantaba en un balbuceo.






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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por Edward Low el Mar Dic 22, 2015 1:26 am

La mirada
del cuervo


¿Quién ha creado semejante criatura tan esplendida en su desperfecta perfección? Logra sofocar mi fuerte carácter  con su retroactiva debilidad, causa de su demandante persona. Algunos monstruos logran humanizarse, momentos de debilidad que se predisponen por escasos momentos. – “Mucho menos que me lo digas vos, tan crudo y sincero. Pero, ¿acaso estáis preocupado por vuestra ama o sólo teméis que otro depredador se os adelante?”- Definitivamente esta abrumada, está a la defensiva. No solo la delata su carácter o sus palabras, su corazón tiembla abrumado. – Dentro de mis dos preocupaciones, están las suyas. Lo segundo que ha dicho, siento mucho decirle que no me preocupa. – Sonreí con fuerte superioridad y confianza. – No existe una bestia tan estúpida como para acercársele conmigo merodeando a las cercanías. – Dispuse asegurado. Cualquiera que lo intentase, recibiría el mismo destino que el de los vampiruchos de hace momentos.

Ella desistió de sí misma, renovando su ímpetu para encararme con firmeza. Una orden firme, falta de fuerza para la costumbre de la Madame. Esos labios caían agraciados en mi oído, acompañados de ese murmullo devastador de delicia auditiva. ¿Cómo es posible que los más trágicos seres, se vistan y escondan en pieles tan esplendidas? Las apariencias engañan, se esconden en capas incomprensibles. Deje pasar, era prioridad la misma orden en sí. Mantuve el silencio, mirando de reojo a Sabine aún cubierta en su capa. ¿Qué ocultas a tu propio corazón?

Por un momento creí que podría retirarme a seguir mi divertido juego nocturno.  – “Si os pregunta algo, contestad breve. Y no la matéis, no tenéis permiso”- Sin embargo, Sabine acababa de invitarme a una velada aventurera.  ¿Qué misterios oculta este sitio? Lo que ella no busca es diversión de antemano, y para mí, descubrir las preocupaciones de mi…”Enemiga” es un placer elegido por mi destino. Ingrese a su lado, como fiel que le era. Recibiéndola con un brazo al sentir su cercanía. Le sentí nuevamente flaquear  en debilidad. Una mano delicada la sostuvo de su trasero, un agarre rápido, repentino y eficaz. Seguramente me ligaría una buena, pero eso, quitaría tensión a la ama de inmediato.  Ciertamente esa anciana, infligía el desconcierto en mí, y un agonizante disturbio en la mente de Sabine.

¿A qué viene todo esto? Juraría que es una adivina, con pintas de gitana inmunda en su vejestorio cuerpo. ¿Cómo me ordenas no matar algo, que me tienta a arrancarme los ojos de solo verle? - ¿Por sus servicios? Debes estar desesperada para recurrir a alguien así. – Murmure sin pelos en la lengua. Mujeres como esa anciana, solo han entorpecido mis caminos. Se les tenía demasiado miedo en las épocas piratas y de alguna forma, jamás me había atrevido a acabar la vida de alguna. Ya poseo una maldición, no estaría dispuesto a obtener otra.  

Mantuve el silencio por otro momento, me encuentro desconcertado. ¿Qué asuntos tendríamos con respecto a esta señora? O mejor dicho, ¿en qué influye en la Madame? Claramente, cualquier problema u obstáculo que tuviese, era de efecto general sobre la casa, inmiscuía a toda la familia. Pero más allá de ello, hasta cierto punto de mi piedad, me lograba generar preocupación y curiosidad los pensamientos de la dama encapuchada. Como mano derecha, no podría permitirme que este desinteresada de sus quehaceres diarios, y quien sabe, de sus propias necesidades humanas.

De alguna forma, había algunos detalles particulares que me resultaron familiares en el vejestorio. No era una simple gitana, o adivina, o vaya a saber que clase de humana. ¿Por qué el desconcierto? No es mas que una anciana a punto de tocar su fin, cualquiera diría que esta mas cerca de la segunda tumba, que de la primera.

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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por E. Sabine Baker el Sáb Dic 26, 2015 5:17 am

La mirada
del cuervo

Impávida, su postura de señora salió a flote, encarando la situación con poca alegría en el espíritu. De hecho, comenzaba a cascarle la cabeza, picoteando incansable. El ruido ahogado de los pasos exteriores, lograba acentuarse cada vez más  porque el silencio gemía entre su propia agonía monstruosa. La anciana se tomaba su tiempo, pensaba, ensimismada y devorando la comodidad del ambiente hasta que la abrumadora pausa,  se interrumpe cuando se hace presente a boca del mafioso unas palabras mortíferas:

¿Por sus servicios? Debes estar desesperada para recurrir a alguien así.

¡Ah! Que arrogante. Sólo aquél visionario y seguro de clamar sus pensamientos lo diría.

Se arregló un mechón, sus largas uñas sobresalían en una limpia manicura y cada tanto ve a su mano derecha. No estoy desesperada, le decía con los ojos. ¿Pero qué tanto era capaz ése vampiro? Nunca ha conocido su verdadera cara, más que la máscara más perfecta de la indiferencia y la falta de preocupaciones dentro de su inexistente alma. La vos fría de éste, sólo afirma la viveza que tenía la vieja para descubrir los detalles de su entorno con minucia. Ella no se movió, y apenas sonrío cómo si se burlara de la pareja en cuestión, o mejor dicho, de la capacidad de aquél para subestimar a una sabia mujer de tercera edad.

La francesa sólo lo admiró de reojo, si así hablaría, ¿qué sentido tendría confesarse ante él?  ¿Su presunta arma peligrosa? Si de verdad quería ganarse la confianza de su jefa, éste era el mejor momento. Entornó los ojos, y se movió conforme la señora señalaba que tomaran asiento sin mediar palabra. Gastar palabras en vano era una característica que compartía con su nieta. Quizás lo único. Se acomodó en la silla, era incomodísima, ¿cómo podían tolerar la pobreza sentase ahí? Se iba a quejar abiertamente, más, la mano intuitiva de aquella abuela inválida se levanta para callarla de antemano.

Se asombra levemente, quitándose la capucha en la medida que la observa cara a cara.

Sé que no estarán cómodos aquí, me disculpo por ello, gente de su clase está acostumbrado a un lugar más lujoso —tosió—. Lo sé porque su perfume derrocha dinero. Me sensibiliza la nariz, ¿sabe? No acostumbro a olores así, sino al olor de la mugre, al sudor… Los olores humanos en su plenitud más vital. —Tomó el mazo que yacía a su lado—. Y señor —ladeó la cabecita, enigmática, cómo si intentará mirarlo e intentará succionarle sus secretos con sus ojos muertos—. Aunque atribuya a la desesperación en la joven, creo que siempre hay cosas que nunca se explican y necesitan de una explicación… Cómo su condición, ¿no es así? —olisquea el aire y volvió a lo suyo, mezclando las cartas.  

Sabine inspiró aire por la histeria que la consumía. Caldeaba. La bendita gitana lo sabría todo en una tirada, así que esperaría paciente hasta que el momento llegase.





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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por Edward Low el Mar Ene 05, 2016 3:36 am

La mirada
del cuervo


Un sitio acogedor, debo aceptarlo. Tranquilamente podría renovarlo, haciendo unos leves retoques para transformarlo en mi “salón de juegos”. Es la fatídica representación del hogar de una adivina. Nunca puede salir nada bien de un contacto como este, ¿en qué piensas, Sabine? No me claves esa mirada de pendenciera, tú eres quien ha atracado en este puerto. – Solo por ti… - “le daré la oportunidad.” Murmure disponiendo a que me refería. En el silencio de la noche, tome asiento al lado de la ama, rasqueteando el suelo con la suela de las patas, en un intento de acomodarla. – Cuando duermes en montones de oro, vestidos de doblones, simplemente te olvidas de la comodidad. – Cualquiera que se atreviese a entrar a mi habitación, quedaría perdido en la gran cantidad de doblones de oro, dispuestos de forma desprolija.

Le escuche atento a cada palabra, cierta curiosidad lograba despertar. Una humana decrepita con los factores sensoriales mejorados. Hacía cuanto no veía un mazo preparado para ser usado, desde uno de los últimos viajes en el navío. Ella me reconoce como un ser nocturno, puedo presentirlo. Un punto más que capta mi atención, al darme cuenta de la ceguera de la anciana. Siquiera le había visto a los ojos. – Mi condición, tiene explicación.  Ciertamente, todo tiene una explicación, no siempre la mejor opción es conocerla. – Respondí tranquilo, al ver las cartas ser barajadas con cierta destreza. Por momentos mi mirada se difuminaba en Sabine, estaba tan absorta que, definitivamente, era una faceta poco conocida de ella. De solo ser humano, estaría rendido a sus pies. Una mujer de su calibre lo tiene todo, eso está más que claro, pero no por su posición. Ella tiene fortaleza, carácter, inclusive gracia. Donde aparece, resalta, desentona el ambiente. Se lleva la mirada de todo aquel incordio vivo.

Me retuve todo deseo de arruinar el momento, el tarot, o como le llamasen, era una creencia absurda e incoherente. Muchos buenos hombres, o idiotas, cayeron ante las palabras de las gitanas en épocas de guerra.  Ciertamente, es un poder tan agraciado para unos pocos, débiles con mentes un poco superiores a la media. Aquellos físicamente débiles, que apoyan todo su ego en la divina fortaleza mental. Frágil destino de quien ose caer derrotado ante palabras insulsas. Por otra parte, es un momento crucial. Conocer la debilidad de dicha mujer, humana en el fondo, monstruo por fuera. Me dejaba cierto sabor agrio, ¿acaso en el fondo eres crudamente enclenque?

De cierta manera, es bastante agobiante saber que dicha fémina se encuentra como mi ama. Estar bajo su mandato, por favor, es arrollador. Si esta petulante y recia hembra, acude a un sitio como este en busca de… “respuestas”, es un insulto para mí. Tenerme atado como si fuese su perro, no lo entiendes mujer, no debes perder mi respeto, el poco que le puedo tener a alguien. Mire la fragilidad de la humana joven, ese deleite para mi hambriento ego. Si no tuviese esta maldición, ¿cuánto crees que dure ese cuello intacto? No frenaría en “el regalo” que me obsequias al morderlo. No, te haría una como yo, no un vampiro, tampoco una humana. Un monstruo, nacida del  ególatra deseo de un prodigio engendro.

Tape mi rostro con una mano entera, mis pensamientos irracionales derivaban en un éxtasis instantáneo. Me tome solo unos tres segundos para recomponer mi compostura. Con esa misma mano, deje libre mi rostro, para tomar un doblón dorado del bolsillo. En mi fría postura, lo unico que hice ante la espera, fue jugar con dicho precioso entre los dedos. Es caóticamente sensual, el esplendoroso llamado del metal en mi putrefacta existencia.

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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por E. Sabine Baker el Miér Ene 13, 2016 5:44 am

La mirada
del cuervo
Midas lo convertía todo en oro. Sabine lo convertía todo en pecado. Un pecado rojo que siempre estará avispado y hambriento, hambriento en una miseria angustiosa que acapara y devora. Entonces se infla de vanagloria, de una soberbia monstruosa. Es un monstruo, cómo él, como todos ésos que ocultan su verdadera cara a un público que sólo sabe hablar sin razón. Naturalmente, la noche le hubiera dado un misticismo delicioso, hoy la veía con ojos de acero y actitud desgraciada, olvidándose del temor que antes sentía.

La decrépita se esmeraba en seguir barajando, dejándolo todo sobre la mesa y partir el mazo por la mitad, es invitada a escoger con la mano izquierda. Las uñas rasgan las cartas con delicadeza al decidir, finalmente, vuelven a juntarse. Años tardó para resistirse al convencimiento del ocultismo, sin embargo, ¿por qué hacerlo cuando los demonios deambulan, ocultos en el velo nocturno? ¿Y la magia de los exorcistas es tan real como la maldad que corre por sus venas? Los dedos se le crispan en cada tirada, todas ellas boca abajo hasta el momento de voltearlas. ¿Qué desgracias predeciría? Ésta señora ya no está rodeada de juventud, sus movimientos hay que tratarlos con un poco de paciencia, ya que, cada acción dura una eternidad.

Entonces explíqueme el origen de su estirpe, porqué necesita de beber sangre todas las noches, prescindiendo de los alimentos que antes degustaba con tanta satisfacción —alza sus cejas, no muchos deseaban contar realmente la historia y otros más jóvenes, ni siquiera se molestaban en saber el origen—. ¿Quién fue el primero de los suyos? —observó a Edward con dureza, los ojos blancos y transparentes, tentaban a su suerte—. ¿Y porqué sois inmortales?

Sabine escucha desinteresada. No venían a hablar de él, tampoco le concernía en absoluto.
¿Podréis prestar atención a mí? —soltó irritada, su caso es más importante que el del su vampiro. Sí. Suyo. Le pertenece aunque éste fuera dueño de su propia libertad de expresión, la conexión trata sobre algo más invisible, algo que no se ve y se siente a pesar que el otro pudiera en cualquier momento, soltarse de la correa y destrozarle sin perdón.

La pregunta es: ¿Quién matará primero a quién?    

La paciencia no es su mayor virtud, por lo que huelo —comenzó a dar vueltas las cartas y las palpó. Acariciando las imágenes y los dibujos con una pericia sorprendente—. La torre dice, que lo que has construido, en cualquier momento puede derrumbarse. A veces, las destrucciones dejan paso a una nueva oportunidad. Quiero decir: No se puede construir algo nuevo, en base a lo antiguo. —Se queda callada—. La luna habla de asuntos sin resolver, estancados y quietos —sigue por la otra—: El diablo cuenta todo lo malo. Que algo malicioso está detrás de usted. Se halla una materia oscura, turbia y problemática. Tiene poder y lo canaliza en malas intenciones. —Enseguida se dio cuenta que posiblemente estaba hablando de aquél vampiro, o tal vez no. No está segura. Retraída en su sitio, arruga los labios, rápidamente interrumpida por la mafiosa.

Muy bien —espetó—, muy bien —repite, y lo dice tan infame que no duda en sonreír socarrona, al tiempo que lo aceptaba con repugnancia y en sus ojos se adquiría un brillo excéntrico—: Ya no necesita decir más, es suficiente para mí.    





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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por Edward Low el Lun Abr 04, 2016 4:26 am

La mirada
del cuervo


El doblón me invade la mente, regocijante en todo su esplendoroso frío tacto. ¿Cómo un elemento tan pequeño, puede ser tan suculento a mi agarre? ¿Es acaso una maldición? Lo es, una a la cual acostumbro, y temo en el fondo, convertirme en solo un lacayo de dicho destino. No es lo que he buscado, es lo que se me ha otorgado. Es mi derecho, mi deber, armonizar con este despreciable y atractivo objeto. Nadie lograría entender dicho sentimiento, si es que podemos sentir, si es que puedo sentir.

“—Entonces explíqueme el origen de su estirpe, porqué necesita de beber sangre todas las noches, prescindiendo de los alimentos que antes degustaba con tanta satisfacción —“

La mirada la clave con toda tranquilidad en la anciana. La decrepita pareciera husmear en asuntos que van más allá del entendimiento terrenal.  Sus dos consiguientes preguntas desprendieron mi sonrisa predilecta, rebosante de completa superioridad; demostré tener una respuesta capaz de entrelazar a cada una de sus preguntas. ¿El primero de nosotros? No, de ellos. Eso, es clave para diferenciar con quien está hablando, a quien se dirige. Por consiguiente, la inmortalidad está sobrevalorada. ¿Acaso se le puede llamar ser inmortal a vivir muerto? ¿Si clavo las uñas en mi propio cuello, acaso viviré? La sangre, es lo único que nos acerca a esa palabra llamada “vivir”.

A pesar de que todo eso, deambulo por mi mente, diciendo absolutamente nada; tampoco respondería directo al tema, ¿para qué? No necesita un vejestorio saber más de lo que ya debe de saber. Sin embargo, todo fue interrumpido por esa mujer odiosa, aquella que pisotea todo a su camino, excepto mi pito.

Las cartas han sido tiradas en la mesa, leídas al pie de los pensamientos ajenos. Un juego hipnótico que de alguna forma, a pesar de no creer, llamaba la atención.  Escuche con atención a cada una de las palabras, de cada carta por supuesto. La intermediaria deslumbro con tenuidad mi inconsciente atención.

“Que algo malicioso está detrás de usted.”

Eso, es algo que definitivamente ya se sabe. Siquiera se necesitan de unas cartas para entender, que soy “algo” malicioso. No obstante, podría ser otro quien se asemeje a mi rutinario camino de la malicia incondicional. – Si está satisfecha, he de pedir que tire mis cartas, o lo que sea que haga. – Dicho de una manera desganada, desconfiada. Lo mejor sería escuchar mi propio “destino”, para encontrar algo de verdad, todas esas palabras bonitas que ha confesado. – Claramente, tengo mucho más que ocultar que esta mujer de cabellos rojizos. Y si os soy sincero, me traga la curiosidad por conocer si tiene el poder de predecir algo, lo que fuese, sobre  mí.

Acomode los cabellos hacia atrás, con ambas manos, denotando cada facción de mi facetado rostro. – No tomara mucho de nuestro tiempo. Pediría Sabine, que esperases afuera. Sin embargo, sería todo un placer que escuches sobre mí, lo que esta mujer tenga para decir, o el destino. – Deje reposar el oro verdadero, sobre la mesa. En este, se denotaba un escudo con lo que parecía una especie de ave detrás de este. Un doblón autentico español, uno maldito. No intentaba comprarla, sin embargo, tal vez tuviese efecto en ese juego de naipes del destino. – Os responderé a una de sus preguntas. ¿Quién fue el primero de los mios? – Ese par de ojos, clavados completamente en las cartas, esperando lo que fuese que tuviese que suceder; propuse una respuesta tan honesta, con un significado fuerte, si se encontrase el mismo. – He sido… y soy el primero. Pero, ¿Seré el último? Esa es una pregunta que exige respuesta.


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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por E. Sabine Baker el Dom Abr 10, 2016 9:16 am

La mirada
del cuervo
Claramente, tengo mucho más que ocultar que esta mujer de cabellos rojizos. Y si os soy sincero, me traga la curiosidad por conocer si tiene el poder de predecir algo, lo que fuese, sobre  mí. —La mayor se río, por primera vez en toda la noche.

¿Dijo ocultar? Nadie puede ocultar el pasado, se tapa entre velos y mentiras, pero jamás se oculta. La verdad buscará ver un agujero, uno mínimo, y por allí escapará. Como las ratas. Así cómo usted, que también desea una fuga, sino, no mostraría un repentino interés por éste oráculo. —Ladeó el rostro, con una expresión muerta, pero llena de afabilidad—: Si su curiosidad es cierta, además de buscar probarme, entonces estoy dispuesta a responder sus preguntas. —De nuevo ladeó la cabeza, hacia otro ángulo, como si en realidad estuviera viéndolo con nitidez más, el olor era el que lo delataba. Y casi sin percatarse, el foque de atención pasó a la vieja y a la enigmática criatura nocturna.

Sabine se levantó de su asiento en una pereza felina, estirándose y caminando por la pequeña carpa, pretendiendo indiferencia, indiferencia que no tenía porque, estará oyéndolos en un mutismo predominante. Arruga los labios, posando los ojos ante la prepotente imagen de un hombre vicioso de la sangre, ésta tan roja como el color de su cabellera. Estática, se conformó con darle un papel protagónico a su mano derecha por lo que queda de la noche, y a ser posible, regresar a la mansión después de éste espectáculo.  

En tanto, aquél pedido del diabólico caballero, no le haría ningún caso. Ella es quién lo manda a él, no viceversa. Eso es una falta de respeto.
Os responderé a una de sus preguntas. ¿Quién fue el primero de los míos? —Aquella aún no dio vuelta las cartas, todas las respuestas serían contestadas en cuanto lo hiciese, por mientras, la tensión sofoca, es intensa—: He sido… y soy el primero. Pero, ¿Seré el último? Esa es una pregunta que exige respuesta.

La primera carta que se desveló, fue El Ermitaño. Para ambas, tanto la anciana como Sabine, tenía una respuesta certera. No lo admitiría nunca pero, también sabe leerlas y muy a escondidas, cuando nadie la ve, se las tira para leer su propia fortuna, cuando debe o no debe hacer negocios, por ejemplo.

El primero de los tuyos se trató de un hombre mayor, maduro, solitario pero, aunque estuviera rodeado de personas, voluntariamente se asilaba. Ambicioso, no muy generoso, trazando planes ingeniosos para conseguir el fin deseado. El Ermitaño, la carta en sí, al no tener pies, representa que no camina sobre el plano terrenal, sino por el espiritual. Pero nosotros ya sabemos que se trata de vuestra condición —su intención simplemente era afirmar lo que decía—: A vuestra segunda pregunta, aún su situación avanza en lentitud. Puede estar en peligro en cuanto a “salud”, siendo usted lo que es, sabemos que no enfermará sin embargo, comprendo que vuestra vida puede estar peligrando en algún futuro incierto —dio vuelta otra, acariciando el dibujo y palpar si de verdad reconocía la figura siguiente—: La muerte. Está carta representa transformación, cambios radicales en vuestra vida, algo que morirá para dar paso a un nacimiento de otra cosa. Quizás, ésta misma, anuncia que triunfara sobre su peligro. Indica “recuperación” en oposición al Ermitaño, debo asegurar.





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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por Edward Low el Vie Abr 15, 2016 9:55 pm

La mirada
del cuervo


El pasado es  pasado. Poco me importa lo que ha sucedido en el ayer. Demasiadas palabras y pocas ofrendas de información. Eso es lo que depara esta noche. ¿Es acaso esta señora capaz de leer el futuro, o algo por el estilo? Sabine, recordare esto como una de las más grandes idioteces que has podido pensar. ¿Qué escondes detrás de todo esto? Es imposible que una mujer tan…dichosa de respeto pueda sucumbir ante un legado como este. - - Siquiera respondí, es imposible que una anciana decrepita pudiese alzar su voz en son del destino. Nadie predispone lo que sucederá, simplemente, el  presente mismo lo dicta.

Las cartas se encontraban sobre la mesa, siendo desvelada la primera, “El Ermitaño”. Ciertamente, una leve sorpresa recorrió mis pensamientos. Había acertado en gran parte, sin embargo, no era la pregunta tal cual quería que fuese respondida. La primera carta no fue de importancia. Como bien he dicho, soy el primero de mi especie. Difiero de los vampiros, han sido solo la evolución del hombre común, pero, no han avanzado de entonces. El primero con colmillos, mucho menos de importancia. Mi procreador, alguien a quien apenas puedo concederle el honor de ser reconocido con respeto, no lo merecía. – Toda “vida” peligra en todo futuro incierto. No me sorprende en lo absoluto. – Respondí en el ínterin donde se giraba la segunda carta, “La Muerte”, dichoso nombre que cae acompañado de mi apodo. Aquellas palabras se incrustaron en mi cerebro muerto con fuerza. La transformación quizás a un ser completamente superior, o uno mucho más débil y piadoso. ¿Quién sabe cómo uno puede actuar en determinadas situaciones? Esta carta se contrapuso con lo dicho en la primera, haciendo que recapacite por lo anterior.

Tal vez he estado erróneo, debería de darle una oportunidad. Las grandes mentes siempre se han abierto a cualquier tipo de razonamiento. – Aunque ha sido asombroso, la primera no ha sido una pregunta, solamente mi respuesta. ¿Seré el último? Esa ha sido una cuestión que no podrá ser respondida por sus cartas. – Golpee la mesa con cuatro de los cinco dedos, de forma escalonada. Me disgusta no tener las respuestas literales sobre la mesa. Es solo eso, la fortuna leída de maneras de ser oídas como si de un pensador se tratase, no son más que falacias. – Es acaso que sus cartas pueden responderme, ¿cómo es que he terminado en mi posición? No, mucho menos decirme si es que ella sigue viva…o no. – Al terminar la frase, los dedos se transformaron en nudillos, golpeando el escritorio con fuerza. Se podría decir que me indignaba el creer que Evangeline pudiese confiar en algo como esta…mentira. O es posiblemente, que el no encontrar las respuestas necesarias me sacasen de mi juicio. – ¿Son sus cartas capaces de explicar cuan hundido en Sabine estoy? ¿Si actúo por mi propia voluntad o es acaso que ya no poseo tal cosa? ¿Decidiré protegerla a coste de mis ideales o corromperé todo su alrededor para zafarme de una maldición que va más allá de solo seguir sus deseos? – Exaltado me dispuse de pie, tirando la silla hacia atrás y reposando las manos sobre el escritorio. La mirada rojiza, penetrante como la sangre ajena en la boca de un monstruo, estaba clavada en la anciana. – Soy… ¿algo más que simple entretenimiento?

Todas preguntas que de seguro no podrán ser contestadas por las cartas. Incluso la última, sin nombre, estaba referida a Sabine. Los monstruos también se enamoran, ¿esto es algo parecido a ello? Ha pasado tanto tiempo ya, que no logro discernir entre una maldición y mi sentir. – Ni el peor ser de mis pesadillas, puede compararse al monstruo real que habita en mi interior… - Temo no poder liberarlo, ese es mi mayor temor.


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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por E. Sabine Baker el Sáb Abr 23, 2016 3:43 am

La mirada
del cuervo
                                                                                      Te preguntarás que hago aquí: Realmente no lo sé. Tú me has seguido, así lo quisiste, así está escrito en tus invisibles obligaciones. Servir y convertirte en el dragón que custodia a la soberana sin rey. A veces me pregunto, ¿cuáles son los verdaderos pensamientos que surcan desde la raíz de tu inmortal existencia? ¿Sientes? Seguramente sí. ¿Cómo no podrías? Estoy segura que sabes reconocer el olor de la oscuridad. Ella en cada momento sentirá un mortal hambre, lo devorará todo y aprenderá a reconocer nuestra voz interior, entonces dejará de ser ausente. Es así como se adueña de nuestros espíritus, convirtiéndose en un frío abismo; una desolación en el que nos encontramos en una soledad abrumadora, deambulando por un fino hilo de muerte y perdición.

     Te observó a ti, con los ojos perdidos. Mi mirada aprecia cada facción esculpida, y todo me parece un sorbo de veneno. ¿Sucumbir? No. Jamás. Porque estoy segura que me invitarías a tu infierno, y de allí, no me permitirías salir… Y no dudo que será el momento más excitante de mi vida. Ambos, allí, como reyes de un inframundo mientras, los seres inferiores, son aplastados por un vals macabro. No disimulo seriedad, ni la intriga que esto concierne a mi intranquilo corazón más allá de vuestra leída de cartas.

     ¿Por qué ella, me resulta tan cercana y familiar?  


    —Toda “vida” peligra en todo futuro incierto. No me sorprende en lo absoluto.

    —¡Oh! No todas las vidas, señor. Hay destinos que siguen un sendero recto, otras que deben caminar largos y estrechos pasillos, pero, también existen afortunados que logran concebir atajos. ¿Cree entonces, qué todas las vidas son iguales? Eso sería un pensamiento muy ordinario, temo decir. —La anciana expuso un comentario sardónico, proveniente de una sabiduría reposada dónde, por los años y constantes viajes alrededor de Europa, le han permitido conocer demasiadas personas, iguales a estrellas que hoy ya no puede deslumbrar en el firmamento.

    —¿Seré el último? Esa ha sido una cuestión que no podrá ser respondida por sus cartas. —La mano senil, aún apoyada sobre las cartas, procura levitarla sobre las del mismo vampiro. La frialdad no la hizo retroceder, y concibe una sonrisa traviesa—: Las cartas se adelantan a lo que usted va a preguntar, así que sí ha sido respondido: Será y no será el último. ¿Comprende? Su maldita vida no perecerá, sino que trascenderá más allá, de lo que está fuera de su entendimiento.

     La pelirroja se mueve en sigilo, quizás no lo comprenda todavía, o tal vez no lo desee entender pero… ¿Se referirá que Edward vivirá tanto tiempo qué, ella pasará a ser mero alimento de gusanos? Por supuesto, es un tremendo disgusto saber que jamás podrá ver eso. Pese a ser una maldición, para ella, se trata de una bendición el que no expire la belleza… sin olvidar los contra.

    —Las cartas pueden interpretarse con intuición —al final dijo, callarse tanto tiempo, comenzaba a asquearla—: Voy a morir, Edward —sentenció. La fortaleza, es lo único que tiene para no desfallecer ante el miedo, y le perturba mucho más, que haya surgido la misma tirada con ésta anciana—: Éste es un excelente momento para también preguntarte: ¿Me protegerás o me dejarás morir? ¿Tomarás ésta oportunidad para huir de tu maldición o buscarás manera inminente de sacrificar tus deseos?  —Estuvo expectante del levantamiento del vampiro, casi eufórico en sin fin de interrogatorios temerarios. La mayor no dijo nada, escuchando a los dos en un temple afable, y sin que lo sospecharan remotamente, dio vuelta la tercera carta: Los amantes. Un hombre, una mujer y alguien que los observa desde el cielo, es así los elementos que se presentan. Se pueden interpretar de maneras distintas, no obstante, la señora buscó darle una vuelta definitiva. ¿Qué representa? La elección entre opciones cómo la duda, el dilema, la tentación, obviamente, también las relaciones: Sea una pasión, un deseo, creencias personales… Esto suma en la escena presente, con aquellos seres que poco a poco, se desnudan el alma bajo un testigo.

    —Soy… ¿algo más que simple entretenimiento?  

    —Edward —se acercó a él, no evitando apoyar la diestra sobre su fría y acicalada mejilla.  Los dedos recorrieron cada extremo de la mandíbula, consolando de alguna manera la preocupación, disipándola brevemente, con un calor que en ella es inexistente. No supo que decir, diablos que no. Siempre fue una negada del sentimentalismo y el drama novelesco que tanto ha hecho vomitar su mente. ¿Estará bien decir algo… amable por una vez? El mutismo fue su mejor respuesta, mejor no despreciar un momento para que la baraja de naipes, no tambalee y termine desparramándose en el suelo. Pues sí. Así de incierto es la situación.

    Dejó que su perfume le embriagase. Su fragancia es la misma muerte, por ello lo ansía muy en el fondo como el hombre que merece desnudarla, algo que no admitirá. No se lo iba a permitir a sí misma. Arrugó la camisa del otro, estrujándola firme—: ¿Crees qué si fueras simple entretenimiento, te hubiera otorgado poder para gobernar a mi lado? Mi esposo jamás lo habría hecho por ti, se creyó el único merecedor de tanto. He arriesgado todo y así escalonarte, a dejarte sentar en ése trono vacío que hoy ya no lo ocupa él. Hoy lo ocupas tú, y nadie más podrá —se enjuagó los labios, volviendo a callar y mirarle con una profundidad inverosímil—: No voy a dominar, sanar ni amansar al monstruo que supones ser. No sería digno. Debes enfrentarlo sólo tú porque nadie más podrá pero… tomaré tu rostro, cómo así estoy haciendo, y lo admiraré si necesitas recordar una humanidad perdida. —Apegó la frente con la suya—: ¿Harás lo mismo conmigo?





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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por Edward Low el Mar Abr 26, 2016 1:55 am

La mirada
del cuervo


Las vidas son todas desiguales, una más distinta que la otra, sin embargo, para mí, su valor es el mismo. ¿Qué es un alma entre millones? Absolutamente nada. Deambule la mirada hacia la decrepita mirada, todo a causa de su atrevimiento. Esas manos esqueléticas, imposibles de masticar, eran asquerosidad pura. Le escuche, comprendiendo cada palabra. – Solo he escuchado todo lo que ya he sabido… - Respondí crudamente, con la cruda verdad bien cruda.

Las cartas pueden interpretarse con intuición



Fue lo último que escuche antes de mi levantamiento, o mejor dicho, que preste atención en el momento.  Avance con mi circundante catálogo de preguntas, sin dar un preciso espacio a ser respondidas.  Este atosigamiento interior, odio sentirme así, mejor dicho, odio llegar a sentir. Esta confusión fascinante creada por una maldición irreprochable. Escuche mi nombre, me ha llamado, relajando con tan solo una caricia todo mi ser. Extravagante y extraño este vínculo que se ha formado. Uno que rosa la línea entre el amor y el odio, totalmente sofocante. Me disgusta, que alguien tenga este poder, no por mérito propio. El silencio fue mutuo, observando con detalle ese par de gemas destructores de personalidades. Unos segundos donde el aroma a muerte invadió todo mi ser, enlazando en mi mirada mi más apetitoso filo, sediento de sangre. Mi estado mas voraz e impenetrable, pero así mismo, calmo en toda la ira de mi digna alma muerta.

Escuche todas esas palabras ajenas, rebosantes del pseudo cariño que Sabine podría llegar a tener. Mejor dicho, lo poco que se podía esperar. Si existía persona que si sabía manejar a una bestia, se trataba de ella. El calor humano inundo mi propia frente, oh Sabine, si fueses una de mi especie, definitivamente serías la misma perfección. - ¿Te protegeré o te dejaré morir? ¿Huiré de mi propia prisión o definiré mi infelicidad por ti? No tengo la respuesta para ello… - Sentencié con honestidad. Es verdad, ¿podría rechazar el intento de olvidarme esta relación asfixiante? Lastimosamente, me sentiría incompleto si así hiciese. – No cesare de admirarte, Evangeline. Y os prometo, que sí no es por mis propios medios, nadie tendrá el placer de acabar con tu vida. – Así como ella, es lo más cercano a un comentario amable que le podría brindar.  La cercanía es tal, que su respiración sedienta mi persona, absteniéndome de todo intento por arrebatar un beso de sus cálidos labios. El cobre no será el metal más elegante, pero, puede torsionar mi espíritu ante un deseo terrenal odioso.  

Devoraría a esa mujer, de cabellos tan rojizos como el deseo, si tan solo existiese oportunidad. Después de tanto tiempo, es muy probable que su sangre sea lo más preciado. Es aberrante sucumbir ante tal maldición, todo un pecado que me acecha desde la oscuridad. – Un espécimen tan esplendido y exorbitante. Sabine, no os das una idea de cómo os ven mis ojos… - Con la frase, termine por tomar distancia de ella, sin siquiera mirar las cartas. Ya no me interesaba y mi actitud lo demostraría. No logre ver la tercera carta, simplemente me aleje del par para dar un vistazo al lugar. ¿Habrá algo de utilidad? Lo dudo mucho. – Mi señora… - Nuevamente coloque la barrera de respeto entre ambos, como correspondía luego de un momento con sabor a íntimo. - ¿Tiene algún asunto más que atender aquí? La noche se acorta para mis placeres diarios…



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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por E. Sabine Baker el Miér Abr 27, 2016 3:34 am

La mirada
del cuervo
                                                                                      —No cesare de admirarte, Evangeline. Y os prometo, que sí no es por mis propios medios, nadie tendrá el placer de acabar con tu vida. —Las palabras se le anclaron pesadamente, disparándoles directo en la coraza y a duras penas, agrietarlo. Había una mezcla de ansiedad y un furor rabioso pero débil, nimio. Que se le dirigieran por su primer nombre le causa un pavor inexplicable, recordándole a la voz de un difunto esposo que hoy día, ya no es parte de su agitada rutina. Desea descansar en sus brazos, dejarse envolver por el frío e inmutable cuerpo del mafioso, su único y confiado protector. Comienza a dejarse llevar por las riendas de una relación enrevesada,  compleja, inverosímil.  Sin embargo, la actitud de la otra, la única de aspecto rugoso, enfatizó en sus ojos un brillo descomunal de sorpresa. ¿Será? Se pregunta en silencio, mientras, ninguno sospecha.

      Comprimió un gesto insolente, aquél descabellado en el que pudo haber sido un gran error: Besar sus varones labios. ¿Sabrán tan fríos como el glaciar y tan ardientes como el picor de una abeja? Se apartó buscando consuelo en sí misma, abrazándose desconcertada, sin habla. Hacía mucho tiempo que no oía un enorme gesto de sinceridad, o al menos, abrirse a otra persona y enseñarle, que no todo es negrura en su ser…. Más o menos.

     —Un espécimen tan esplendido y exorbitante. Sabine, no os das una idea de cómo os ven mis ojos… No me la hago. Y eso me aterra. Con sólo un par de sus frías palabras, logra golpearle las puertas de su feminidad. Es inexplicable. Y lo odia a la vez—. ¿Tiene algún asunto más que atender aquí? La noche se acorta para mis placeres diarios…

     —Sí lo tiene. —Se paró la anciana con una voz segura de sí, pese a la falta de vista, no se tropieza en ningún momento, buscando a la madame por el aroma de su perfume—: Ahora sé porqué estás aquí, mi querida nieta. —Que le tocara la cara y se lo dijera tan repentinamente, le recorre una sazón de nauseas. El mundo parecía perder sentido, dando en círculos que la marean horriblemente. Era una catástrofe enterarse de ésa manera. ¿Nieta? ¡Jamás! Nunca admitiría lo que la intuición desde hace rato le predijo, un aviso contundente del que no deseó hacerle caso. Se conmueve y a la vez desprecia, quitándola de encima.

    —No sé de que habla… —apresura a decir, haciéndose la desentendida.

    —Tenía mis dudas, el pasado en tus cartas era la prueba pero no quise creerlo. ¡Oh, Evangeline! ¡Eres tú! —jadeó de emoción, con lágrimas en los ojos. Sabine en cambio, permaneció conmocionada. Inerte. Pálida. El dolor inundó su pecho con recuerdos de un marido cruel. “¡Basta! Dejad de decir mi nombre. ¡Lo detesto!”Debes saber la cruda verdad… —le estrujo el brazo, con una severidad impotente—: Tu padre…¿Qué pasa con él? Él me lo ha dado todo—: No es la persona que creías que era. ¡Era un psicópata! ¡Un insensato! —la desesperación de que le creyeran, ascendió—: ¡El mato a tu madre! ¡Me dejó ciega! ¡Nos quemó a todos vivos! Por favor, Evangeline, sabes que nunca os mentiría.

    —¡Mentira! —la apartó con brusquedad, provocando que la decrepita tambaleará y cayera

    La pelirroja se cegó de furia, evitando ser poseída por la desolación y negándose a creerlo. ¡Imposible! El fue su héroe. ¡Jamás! La ha hecho lo que es hoy día: Una señorita formada, con una mafia a sus pies. No iba a ser derribada de tal forma, se irgue solemne pero sin dejar de echar humo. Iba a exclamarle a Edward que la matase, que no tuviera piedad pero, el temor de la abuela, ocultándose con un brazo en caso de ser dañada incrusta en ella una sensación de incomodidad. No es capaz de matar al único ser que le pudiera regresar a la memoria,  historias de una madre ávida y gentil. Se tranquilizó muy gradualmente, pero, la tristeza se instaló en su pecho. Está atrozmente decepcionada ya que no han hecho más que estafarla y mentirle… desde siempre. ¿Y a quién creerle?

    —Han sido demasiadas emociones por hoy. Buenas noches. —Es lo único salió de sus labios, fingiendo indiferencia pero a la menor oportunidad, huyó. Saliendo a prisas de la carpa sin esperar al vampiro siquiera. No desea que ninguno observase, cómo las lágrimas ceden por sus dos maravillosos ojos tintos… heredados de su abuela. Corrían por sus mejillas gotas de agua salada, tapándose con sus propias manos para evitar enfrentar la realidad, cruel y tirana.





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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por Edward Low el Mar Mayo 10, 2016 7:21 am

La mirada
del cuervo


Ella mantuvo el silencio frente a mí, generando en mí esa distancia delimitada por nuestra relación inhumana, contraproducente con esa fuerte cercanía en la conexión de su mirada. ¿Cómo logras convertir mi mente en pura confusión? Han pasado años, e inútilmente he intentado descifrar esto, ¿con qué fin? ¿Con que logro? Aun así, mantienes tus labios callados, esos que me llaman a volver a ser humanos, solamente para infringir calor en tu boca, si, el doblón habla por ti, nos comunica de una forma que jamás podríamos utilizar por decisión.


“Ahora sé porque estás aquí, mi querida nieta.”


La anciana llamo la atención de ambos. Una ingrata sorpresa genero incertidumbre en mí. – Ha esta vieja las cartas le han quemado la cabeza. – Dispuse con crueldad, acallando luego ante el sorpresivo acto. Si, tendría que haber arrancado esa mano ni bien se levantase contra Sabine, pero, ciertamente note un intento casi en vano de la señora en decir su verdad. ¿Podría ser? Imposible, una vieja venida a menos siendo familiar de la mujer más influyente de casi todo el mundo. Escuche con atención la desesperación de la decrepita, se estaba esforzando por dar su punto a conocer. A mi pesar, todo lo que dijo, tiene sentido, proviniendo de un humano.

“¡Mentira!”



Para mi sorpresa, mi emperatriz reacciono absorta a la situación, lanzando al abismo a la pobre mujer, bien merecido por su insolencia. No bastaron palabras para entender la situación, estas injurias merecían el pago debido. Mis uñas aparecieron con fiereza, acercándome a la anciana. Lo lamento, no, no lo hago. La señora estaría disfrutando de la agonía de sus últimas gotas de oxígeno. Gajes del oficio, para nada personal de mi parte, pero, le había llegado la hora o eso creí. Lo olfatee en el ambiente, antes de que siquiera alzara la mano para arrebatar su vida. ¿Qué es esta peste?  Mire de reojo a Sabine, quien no se recuperaba de la fuerte noticia. En su mirada note incrustada un completo sentido de perdición, ¿tanto ha influenciado en ti esta mujer? Así es, como tú te marchas. Me has dejado atrás, dejando en mi poder la elección de terminar tu sufrimiento. Te vi partir, algo no propio de ti, has huido de tu propio temor.  – Erase una vez, una niña que viajo con una sonrisa a la casa de su abuelita. Esta ancianita vivía muy feliz en el bosque, hogar también de la bestia más peligrosa… es una lástima, que a diferencia de como recuerdo el cuento, yo no tenga su vida en mis manos… - Comente sarcástico, ayudando a la mujer a colocarse de pie, e incluso piadoso acompañándole a su asiento. – Huelo verdad en usted, lo admito. Sin embargo, no soy quien deba creer o no sus palabras. Permitiré su respirar, por ella, no sería de mi agrado que decidiera volver a verle para terminar esta conversación pasada, y no la encuentre. Solamente os lo advierto, como vuelva a tocarle… hay peores sucesos que la fría muerte… - Recalque con honestidad, solamente para retirarme del “complejo”.

No me costó demasiado seguir el paso de mi insatisfecha ama, su aroma la delata a leguas. No le molestaría, no lo creí necesario. Mereces el tiempo para pensar y sacar tus propias conclusiones, no es algo de mi interés. - - No, no corresponde.  Puedo oler la humedad en su rostro, ella está sufriendo por dentro. Te observe, distraída y distante, perdida en el mundo. – Estas sola, no, no lo estás.  Quisiera que lo estés, es una de las cosas que más anhelo, sin embargo, no en este momento. – Comente de repente a su oído, abrazándola con todo el cariño y calidez que la frivolidad y el frío cuerpo le podría brindar. Honestamente, no sé qué impulso me ha generado el sentir piedad por ella. No es solamente la moneda, no, los benditos cuentos me han creado un sentir que a mi pesar, me logra humanizar. Bese su cabello, cerrando los ojos ocultos en estos. Una sola mano, helada, retomo una caricia en tus dos mejillas, deshaciendo las lágrimas que por estas corrían. La oscuridad nos invadía, casi en la totalidad, solo alumbrados por una tenue luna cubierta por nubes. Las luces se encontraban ya todas apagadas, como los ojos de cada ingrato posible cerca. – En la oscuridad te encuentras, mas hundida que nunca. Un lugar que bien conoces, y ahí me encuentras Evangeline. Son mis brazos los que confortan tu protección en la nebulosidad. Por ello, os digo, no deberías de preocuparte, no de esta manera. Eres quien eres,  puedo decir que orgulloso estoy de ello. ¿Qué importancia tiene nuestro pasado? Es verdad que remarca nuestro camino, pero, somos quienes lo creamos y afrontamos…

No me había percatado, hasta dicho momento. Nuestros pasos nos mantuvieron adentrados en uno de los callejones cercanos. Si, la situación perfecta para arrebatar todo sentimiento de su inmundo y glorioso ser. No los necesitas, al menos, no los que logran humanizar a este monstruo. A tu oído proseguí por murmurar, lo que verdaderamente necesitabas oír. – Seré quien arrebate tu dolor, tus perjuras. Cada problema que te afecte, cada malestar.  Estarás indefensamente a salvo entre mis brazos. Despojare la existencia de cada alma insensata que se le ocurre siquiera pensarte. – Entone mi mirada afilada, oliendo todo el esplendoroso aroma que ella despliega. Me desfoga, un fuerte éxtasis en todo mi espíritu muerto. Removí el hilo de tu capa, dejando a esta caer al suelo, estorbaba completamente; deslice ambas manos saboreando con el tacto toda su figura. Tanta perfección en tan solo una humana, e igual genera este deseo de complacer su intensa necesidad  - Extraeré todo respirar de los pulmones de tus enemigos, y de aquellos que lograsen creer que son tus amigos. Solo con que tú me lo pidas, con tus palabras, con tus miradas. Bastara con que pienses en ello. No necesitas nada de este repugnante mundo. Solo te necesitas a ti, y aquí estoy, para cumplir toda expectativa que no logres en ti… - Mis colmillos hicieron eso que tanto anhelas, acariciar tu delicado cuello. Si solo me lo permitieses, los clavaría con gusto, placer y tantos sinónimos que se me imaginan. Ambas manos convergieron en levantar sin pudor tus oscuras vestimentas, si, es simplemente lo que necesitas. ¿Para qué más elegantes palabras? Simplemente eres una humana. Arremetí con todo el cuerpo, aprisionándote contra la helada pared, deshaciendo el broche de mi pantalón en el caminar. – Es todo lo que necesitas… - Murmure, acomodando con esa misma mano, el miembro en ese valle que pocos han podido domar. Si, poco importo, no es necesario un calentamiento, no lo precisas siquiera. Sin cuidado alguno te penetre como es debido, con fuerza en esa vagina adorada por cientos de miles, aquellos que jamás tendrán oportunidad de conocer. Es todo lo que necesitas, desprenderte de tus sentimientos y transformar tu odio en placer… Es todo lo que necesitas, lo que os puedo dar…


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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por E. Sabine Baker el Mar Mayo 10, 2016 9:22 am

La mirada
del cuervo
                                                                                    Los ojos se le irritaban, aguándose en dos desgraciadas perlas que se escurren, por unas mejillas de terciopelo. Los párpados comienzan a enrojecer, se deteriora, pierde la vitalidad de una mujer imperturbable. No es exactamente dolor lo que se le implanta en el pecho: Llora de rabia. Se muerde los labios sin salir de su estupor; la garganta se le seca, casi asfixiada por las memorias de un tierno e inocente pasado del cual, vivió engañada. Una amargura cruel, aceptándola a secas y con resignación, siempre ha sido así, enfrentándose a una vida de incontables juegos que aplastan la moral del ser humano. Afrontar lo que negaba, fue lo que la devastó por primera vez en mucho tiempo.

      —Estas sola, no, no lo estás.  Quisiera que lo estés, es una de las cosas que más anhelo, sin embargo, no en este momento. —A ella ni se le sentía respirar, ahumada en una expresión estreñida. No desea que la viese, así que agacha la cabeza en una parsimonia apacible pero trastornada, gira su rostro, el cuerpo deseaba desvanecerse. Pero ante él no puede huir, porque como los cantos de una sirena, es atrapada por el consuelo de su desconcertante timbre. Hipa constipada, desprevenida ante los brazos que rodean su cuerpo. Se estremece, y un furioso escalofrío no se apiada de sus huesos. En ése instante, deseó gritarle que la dejará, no tuvo las fuerzas, por lo que se permitió derrumbarse completamente. Ahora, tiene en sus manos, su alma expuesta. La cara más frágil e inmunda que jamás creyó que expondría ante su mejor secuaz.

    Lo huele sin evitarlo. Halló historias en los aromas de su cuerpo, permanentes e imborrables, unas notas marinas que la trasladaron a un pacífico océano, también, una fragancia sofisticada, un sorbo de frescura que se convertía en una verdadera invitación, a la seducción más descarada. Estrujó sus dedos sobre su elegante indumentaria, cohibida en los afectos que es capaz de brindarle. Ella no puede comprender, tampoco quiere intentar reprochar tantas demostraciones de afecto que, poco a poco le brindan una curación aún más dolorosa. La vista, casi nublada por vestigios de lágrimas, no lo encara, negó varias veces. “No sigas.” Sorbe su propia saliva, tirando de sus ropas y suplicándole en mutis que se detenga. Aquello la hacía más patética si cabe.

    —Seré quien arrebate tu dolor, tus perjuras. Cada problema que te afecte, cada malestar.  Estarás indefensamente a salvo entre mis brazos. Despojare la existencia de cada alma insensata que se le ocurre siquiera pensarte.

    Necesitó creerle. Y lo hizo. Le creyó cada gota y gramo de palabrería como si se tratase de un juramento irrompible. Un pacto de lealtad. Ahora es la reina que depende de su noble escudero, y que en secreto, desea ser poseída por su viril cuerpo bañado en un carácter indomable. Y cómo si las fuerzas volviesen a anclarse en su espíritu quebrado, sus brillantes pupilas, se regocijaron en los del otro. Eran indescifrables en ésos momentos, sin asimilar que comenzaban a verla con sensualidad y no con piedad. Le perturba y los corresponde sin rechazo. ¡Que confuso! ¿Por qué se agita sin sentido? ¿Por qué necesitaba subyugarse a su merced? La fuerza de dos cuerpos cercanos, desprendiendo vapores y pasiones ocultas, despertaron un vigor que en tanto tiempo creyó no volvería a distinguir. Entonces, late a prisas un corazón que cree estar a punto de desfallecer, cuando sus manos la recorren sinuosamente.

    Eran ardientes y heladas.

    Entrecierra los ojos.

    Se trataba de un sueño, ¿verdad?

     —Extraeré todo respirar de los pulmones de tus enemigos, y de aquellos que lograsen creer que son tus amigos. Solo con que tú me lo pidas, con tus palabras, con tus miradas. Bastara con que pienses en ello. No necesitas nada de este repugnante mundo. Solo te necesitas a ti, y aquí estoy, para cumplir toda expectativa que no logres en ti…

    El erotismo, logra desvelarse entre las líneas de sus oraciones, podía entender que elo único que intentaba decirle era: “Deseo follarte. Aquí y ahora. No me importa si no quieres, lo haré… Y gemirás para mí.” Arde por el pensamiento sexual, inflitrado crudamente. Revolotea sus pestañas, no lograba reconocerse a si misma. El vampiro la sedujo… Se sentía inmunda. Abrió los labios, dispuesta a añadir también un discurso a ésta íntima situación o quizás, cortarla de a raíz, sin embargo, se perdió en la escalofriante sensación de unos dientes filosos acariciarle la piel. Se eriza. Convidada por un deplorable deseo que circuló por sus venas con mucha más fuerza. Pero el exorbitante e inesperado movimiento, éste que acabó despertando la feminidad y que palpitó por él desde la primera caricia, la hizo gemir de sorpresa; atrapada en la sed de su frío y vil contacto. Su propia mano se posó en los cabellos rojos del codicioso e irrespetuoso vampiro, los tiró con agresividad, furiosa por la invasión.

    Su estrechez comenzaba a amoldarse a su virilidad, una ávida e inquieta. Las piernas, le flaquean cuando la asaltaba sin escrúpulos, con un salvajismo de bribón que secretamente la volvía loca. Sonrío. Sí. Sonrío de una manera lujuriosa. Posiblemente se arrepentiría más tarde, y aún así, sus curvas se apegaron a las contrarias por necesidad. Atacó su boca, besándola impaciente, después la mordió hasta el sangrado. El hilo de sangre se deslizó por la barbilla, la cual, lamió con fuego. Los sonidos de animal, provienen de su boca, en celo, en una liberación que esta criatura nocturna desató sin permiso. Bajo las manos, arañándole incontrolable la nuca expuesta, pensó en escapar. Para su desgracia, no hay probaibilidad de éxito porque ya está atrapada en su inexugnable apasionamiento.





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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por Edward Low el Mar Mayo 17, 2016 6:12 am

La mirada
del cuervo


Un impertinente agarre a mis cabellos desalmados, toda una señal de peligrosidad, o por lo contrario el deseo del cuerpo ajeno por el propio, escondido en un defensivo acto misericordioso. Poco importo su impertinencia, la acción ya había sido enmendada y he en mi virilidad la moldura perfecta reconfortante de ella. Completamente acomodada a mi exitosa hombría, le embutí  con fiereza, tan profundamente en un intento de perforarla, sí, así bien como a ella le gustase. Sacare de ti hasta el gemido más recóndito posible. Cual perra en celo te encuentras, luego de tantas noches de decadencias. ¿Cuán importante es tu historia pasada si todo lo que anhelas es un trozo de carne dentro de ti? Es deplorable. Tu situación es completamente nefasta. Decaída por un cuento de terror, atemorizada por la susodicha historia de un alma en decadencia. Sonreí para mis afueras, exuberantemente. Sabine, tu circunstancia desencadena mi pasional frenesí.

Recibí en mis labios, dichosa intromisión de labia ajena. Desaforada se mostró, impaciente por la llama del descontrol. La sangre fluyo por mi mentón humedeciéndolo, y definiendo un brusco juego sin clemencia. El intento ineficaz por rasguñar mi piel, propuso en mi la aceptación de dicho pasatiempo. Embestí con fuerza, aquella descomunal perla casi sin cuidado. Desee romper este juguete humano que yacía ahí, sometida a mi ingrata persona. Acompañe esa emblemática figura tuya, rasgando tus lujosos ropajes, intentando rasgar tu piel, no demasiado, solo lo suficiente para que en tu cabeza ronde el peligro de este enigma. - - Promulgue el silencio mientras tus animalescos sonidos embellecen el desolado callejón. Mis pecadores manos desgarraron ese corsé deslumbrando tus senos contra la pared, ¿es este tu deseo? Ser tratada cual perra eres.

Encontré en tu femineidad, aquella grata fluidez, cual navegando viento a favor. El frío de la tempestad debe rellenarte de goce. ¿Es mi virilidad tan saludable para tu cuerpo? ¿Rejuvenecerá acaso tu espíritu? Tu respuesta transmitida por tus sonidos de golfa es bien clara. – Pídelo… - Perfore tu vagina con fuerza, humedeciendo lo más profundo de tu ser. Mi pelvis golpeaba esas nalgas pálidas, las dejaría rosadas. En mis engendradas manos tus dos perfecciones, sostuve apresándolas con fuerza. ¿Quién diría que debajo de tanto ropaje, tan esplendida eres? No lo aceptare, sería un lujo inadecuado para ti.

No logro concebir esta situación, te encuentras sumergida entre tus callados deseos de placer, aquí me encuentro, sodomizando tu cuerpo con lujuria y pasión, impropio de mí. – Solo pídelo… - Murmure nuevamente, a su oído dando a conocer esos colmillos emblemáticos, seductores a la curiosidad ajena. Se denoto mi intención. El sexo no me satisface, pero, su  fluido interno rojizo como la pasión, ese desplegara en ambos un sentir inigualable. - Cual asqueroso perra que eres… pídelo. – Denote en mi voz, aquel deseo incontrolable de poseerla en su totalidad. He de aceptarlo, no existe placer alguno como la sangre prohibida, cual manzana de Adam. Si solo tuviese oportunidad alguna, definitivamente destrozaría su cuerpo con la obscenidad indiscutible de mi asociado inferior. Su erótico aroma sensual y carnal, despliega un fervor en toda su linfa entusiasmando mi perdida de razón. Mi mirada incrustada en ella en el silencio de la noche, el chocar pélvico y su infernal gemir.


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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por E. Sabine Baker el Jue Mayo 19, 2016 3:20 am

La mirada
del cuervo
                                                                                    —Cual asqueroso perra que eres… pídelo. —Lo abofeteó de inmediato. Una cachetada certera en la mejilla derecha, mientras su salvajismo erótico se expone imperiosa. ¿Por qué diablos insistes tanto? Gruñe entre dientes. Invadida por la intranquilidad de que no está ajeno a sus fetiches más secretos, que la conoce más de lo cree e imaginaba… Eso la asusta. ¿Cómo es posible sino, qué supiera de su fantasía respecto a que un vampiro la mordiese? Tiembla, teniéndolo dentro suyo se le dispara una adrenalina llena de rabia, calándole una significativa carga de odio color negro y podrido. A su vez, para su inevitable necesidad, la llena, suple un hambre que debía de haber seguido en su letargo.

   Se abraza a él con fuerza, sujetándose a sus caderas en una mirada impasible e inquisidora, aclarándole: —No me llames perra —con la respiración entrecortada, se afirma en la violencia de sus movimientos, involucrándola en una fruición exageradamente caliente. No puede creer que gozaba con una bestia. Percibe las palpitaciones taladrándole, creyendo desgarrarse hasta la raíz. Los empujones contra la dureza y frialdad del edificio, matan su cervical y perjura, que le iba a llenar de moretones innecesarios en su piel de seda. ¡Maldita sea! Se relame asfixiada.

   Oprime sus senos contra él, eran suaves y dotados, arqueándose felina para pretender despegarse del pared. Al ritmo demencial que van, se vendría más pronto—: No debiste… —jadea—: ¡No debiste follarme, hijo de puta! —Lo abofetea otra vez, recordar que la tomó en un momento frágil la hincha de cólera, entonces, se ríe en una voz ronca al segundo, bastante burlona—: ¿Mi olor te está matando, verdad? —ronroneó depravada, provocándole con sus encantos; en tanto, le recorren fluidos por sus extremidades esculturales, están insensibles y aún así, la agudeza de su miembro de acero se encuentra presente a sus sentidos lascivos. Es real. Abriéndose camino a un ir y venir, sinuoso y tiránico.

    Se retuerce, acercándose venenosa a su oído—: ¿Debería de hacerte de rogar por hacerlo? —Murmura exigente, cayéndole una perla de sudor al seno… provenía de su sien—: Ah, Edward… No lo haré, no lo mereces... —cerró sus ojos—: Muérdeme. —Lo había dicho de una vez, aquello que él tanto deseaba hacer y suplicaba en silencio. Preveía que todo dentro de sí se dispararía cuando hincase sus dientes en la esponjosidad de su epidermis, latiendo a mil por hora su sangre bajo la misma. De imaginarlo, se estremece, débil al influjo del vampiro, y a su férreo sexo partiéndole en dos.





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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por Edward Low el Miér Jul 06, 2016 7:17 am

La mirada
del cuervo


Bofetadas, regaños, delicias que solo intensifican el saber de sus deseos carnales. No puedes negarlo, ya te encuentras olvidada de todo malestar, perdida en este desenfrenado juego turbio. Cualquier alma que asomase su mirada se asquearía de ver dicho acto repugnante para la sociedad. – ¿Matando? Todo lo contrario… - Me revitaliza, ese néctar fructífero que se esconde debajo de tu piel celestial.  Emerge de mí la fuerza bestial, en un intento por producir tu salvaje goce inhumano.  Conozco tu cuerpo, tus instintos, cada pensamiento oscuro que ronda en esa depravada mente. Tus palabras se convierten en un vaivén histérico, contradictorio. ¿Por qué? Precisamente por lo que eres, no puedes aceptar jamás que alguien sepa que quieres, debes negarlo, es parte de tu egocéntrico y narcisista mundo. Yo estoy para complementarlo.

“¿Debería de hacerte de rogar por hacerlo?”


Sabes tan bien como yo que no lo haré. ¿Cuál sería el precio a pagar? Mi total sumisión. A pesar de ello, sabes cuánto me tientas, eso es jugar sucio mi querida. Es penetrante ese aroma incognito en todo mi ser. ¿Cuál será el sabor de tan embriagadora fragancia?

“Ah, Edward… No lo haré, no lo mereces... Muérdeme.”


Palabras desdichadas caídas a mi oído con fortuna, no dude ni un segundo en clavar estos colmillos en todo tu delicado cuello. Solo un cuarto de segundo basto para colocar en mi mirada, un fuerte color rojo cobrizo inundando inclusive la esclerótica, emitiendo una pupila tan afilada entrelazada con el iris de un caoba aún más oscuro y resaltante. El néctar que fluye por tus venas inundo toda mi boca reclamando todo mi éxtasis incondicional. La cumbre de mi excitación definida por toda tu sangre, me tienes sumergido en toda tu pecaminosa persona. Sucumbí  ante tal obsequio, degustando el fructífero tesoro mejor guardado que he encontrado.

En la cúspide de la eretismo, incruste mi virilidad con tanta fogosidad, aún más intensamente que hacía momentos atrás. Esa marejada almeja tan sublime alrededor de mi entereza, todo un aditivo al licor arrebatador de tu cuerpo. Mis lujuriantes manos frotaron tus senos con vehemencia, en un fuerte y aferrado enganche, en un intento casi de apoderarme de estos. Me he perdido en este instinto bestial, cual animal en su estado de celo. He abandonado mí alrededor, mi degenerado objetivo. En mi mente solo se cruza tu ferviente cuerpo y tu serena sangría. Sabine, ¿cuán extraordinario es tu fluido que me ha colocado en esta perdición de camino? El delirio recorrió todo mi cuerpo, ardiente e impetuoso resurgir de mi temperamental ser, quería darte tanto como tu a mí, me encontré determinado a saturarte de mi.

"Estaban de acuerdo en que lo suyo era puro sexo o, tal vez, incluso una obsesión sexual. (...) Simplemente, estaban bien juntos; no había que darle más vueltas. Mantenían una relación que resultaba tan adictiva como la sangre..."

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Re: La mirada del cuervo [+18]

Mensaje por E. Sabine Baker el Vie Ago 26, 2016 2:48 am

La mirada
del cuervo
                                                                                    La hirviente, ¿o fría? tomadura de Edward sólo le recuerdan lo patéticamente humana que podía ser. Caer tan bajo por el instinto comenzaba a asquearla, placenteramente repugnante a su mente caótica y simplemente, desligándose de cualquier sentimiento que pudiera fomentarle dentro sus entrañas. ¿Y cómo? ¿Cómo discernir y huir de un inmensurable éxtasis recorriéndole el cuerpo en forma de flamas?  No comprende porque el vampiro es capaz de cometer semejante acto en nombre de su propio egoísmo, porque eso es lo que él hace, actuando bajo su interés y beneficio personal cuando se rebaja en un coito con una mortal.

     Y entonces un pensamiento rebotó: “Intentas hacerme caer en tu red. Convertir a la araña en mariposa... Que gracioso eres, querido.” O tal vez, podría pecar de estar equivocándose, ¿confiar totalmente? ¿Entregársele en carne y alma a un inmortal que puede ser el mismísimo Diablo ofreciéndole un contrato Fausto? No cree que eso sea seguro y aún así, está confusa.

    La mordida descalabró su voluntad, y se deshizo bajo suyo en una oleada de potente placer derramado, junto a un gemido alto. Él le intentaba arrebatar sus senos, y si éste pudiera usar más fuerza, sabe que se los arrancaría como manzanas en un árbol. Eran perfectas y con un voluminoso tamaño que deja apreciar un brillo tímido.

    —Edward… —musitó al final sobre sus labios quemantes.

    Mientras una miel ansiada y que parecía prohibida, inaccesible, recorrían sus muslos de nácar. El mordisco es la huella y la prueba de un juego peligroso. Ésas marcas deberá esconderlas, y poco a poco, flaqueando en sus brazos, acabó besuqueándole impaciente. Tira del labio inferior flojamente, e inspiró aire hacia sus desesperados pulmones. Aún podía oler su salvajismo, y él, incluso, era capaz de seguir… ¿Cansancio? Seguramente, éste habrá olvidado físicamente que es. Acarició su cuerpo en detalle, delineando con su boca su piel helada y muerta.

    No disminuyó su deseo, pero le embarga una sensación de relajamiento y tensión. La retuercen.
    —Escóltame a mi casa… —pidió suave, una orden infiltrada en tono aparentemente cariñoso y sugestivo.





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