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Al filo de la verdadera oscuridad —Priv.

Mensaje por Jethro A. Vascallo el Miér Ene 06, 2016 5:43 am

Enfocar el objeto nunca le fue una tarea difícil. Es más, fue la primera habilidad que se descubrió de muy chico y termino por perfeccionar en la edad adulta. Todos sus allegados siempre le vitoreaban el hecho de poseer tan buenos ojos para todo; para identificar tanto los mínimos y grandes detalles de cualquier cosa. La carbonilla entre sus dedos enguantados le permitía fácilmente trazar buenas líneas sobre aquella hoja amarillenta; depositada cómodamente contra una de las rodillas de aquel individuo y mientras permanecía arrodillado frente a lo que tanto lo motivo a ponerse a dibujar.

Se trataba de un hombre paralizado por fuerzas misteriosas, que no paraba de observar a tan enigmático ente con el profundo de los espantos y sin poder siquiera cerrar todavía la boca; debido a que el otro le negó la posibilidad de pedir ayuda. ¿Qué quería exactamente de él? ¿Su muerte? ¿Darle un castigo por sentir? Hasta no llegaba a descifrar los verdaderos motivos que lo trajeron a ser parte de la santa casa, apenas se lo apreciaba perturbado y al contrario se lo veía completamente radiante, aún en ese estando tan concentrado.

Debería regocijarse con lo que desea—Le empezó a hablar en tono familiar, cómo si fueran amigos de toda la vida y  que de paso le clavó la mirada. En la inmortalidad, fue una de las primeras cosas que él aprendió, a dejar fluir emociones. ¿Para qué reprimirse? ¿Para que preocuparse de lo que pensara Dios sobre cada uno de sus corderos descarriados? Ese pastor se merecía ser también feliz. No obstante tal concejo de la boca de Jethro podría desencadenar grandes desastres.

El demonio se levantó de aquella incomoda posición, caminó levemente para estirar las piernas a lo largo de la cabecera y volteó a ver por ultima vez a aquel temeroso rostro. Se había cortado el cabello hasta la altura de la nuca, tenía una leve sombra de barba y se había envuelto en los ámbitos del párroco a propósito; ya que ese seria su perfecto escape para andar desapercibido entre las calles de su amada Italia.  

Conforme se fue acercando de nuevo a él, hizo sonar de su cuello la pesada cadena en donde cargaba una pesada cruz de oro macizo y como acto final, le susurró las siguientes palabras al oído:
Yo me haré cargo de esa alma. Ya no necesita seguir viviendo tanta desdicha y creeré que sabrá hacer lo que verdaderamente es correcto.

Antes de seguir su camino, arrastro del brazo el cuerpo del hombre con el torso desnudo y lo ocultó lo bastante bien debajo del altar; dónde el miembro de la iglesia habría dado más de una vez la comunión a sus fieles e incluso unas palabras de salvación para aquellos que la necesitaban frente a sus propios pecados. Terminó dejando huir de sus largos dedos parte del mantel de hilo que recubría gran parte de aquella que era considerada una mesa sagrada. Anteriormente de guardarse entre pliegues de la camisa lo que habría estado dibujando con tanta alevosía y echándose a la cabeza una capucha oscura…


Última edición por Jethro A. Vascallo el Vie Jul 08, 2016 6:20 am, editado 1 vez

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Re: Al filo de la verdadera oscuridad —Priv.

Mensaje por Saartje Evertszen el Dom Ene 10, 2016 6:21 am

Unas azucenas blancas para conmemorar la Iglesia. Flor blanca que desprende un aroma único de inocencia y majestuosidad, con una historia que se remonta desde los comienzos de la historia a manos de los descendientes del Rey David antes del nacimiento de Jesucristo, nuestro Señor. Las hermanas consagradas solían adornar las vasijas del Templo con nobles rosas; no eran una mala elección sin embargo por más bonito que se vea ella era incapaz de aceptar tal designio. Su opinión era muy firme al respecto, aquellas flores no eran más que una fachada, si bien estas representarían más tarde el martirio de Jesucristo, la Iglesia no necesitaba cargar con más dolor sobre sus cimientos, más bien el lirio de mayo debería de purificar y abocar el verdadero significado de la vida cristiana de los laicos.

Ella vive para Dios y moriría por el prójimo. A gran pesar ella siempre estuvo avocada a seguir su misión en este mundo para servir a los hijos del Padre y ver crecer las pequeñas flores que la Virgen María consagró con sus lagrimas sobre la tierra de todos. Como una flor, así es el alma de cada una de las personas. A veces florecen con gloria, otras, más silenciosas, florecen con simpleza sobre la superficie de nuestro mundo que en compañía de algunas tantas más, conforman un paisaje mucho más admirable que una de las gloriosas. Pero hay una verdad que no se puede dejar de lado, y es que por más digna que sea todas ellas poseen una efímera existencia que muchas veces no son muy gratas que digamos. Se había prometido, hace ya muchos años a bienaventurar cada una de ellas con el fin de que la felicidad llegue a sus corazones y descubran el amor y el abrigo de nuestro Padre. 

Atravesó las grandes puertas de madera y al cerrarlas el eco del pesado choque retumbó dentro del acústico edificio. Contra su pecho abrazaba un ramo contundente de lirios los cuales iba a utilizar para el recambio de las rosas marchitas. Con torpeza, intentando no arrojar ninguna al suelo, dobló sus rodillas e hizo la señal de la cruz, saludando al altar. Un extraño hombre posicionado cerca de este fue la única presencia que sus ojos percibieron de momento, pero sin darle mucha importancia le regaló una simple sonrisa por la lejanía y prosiguió con su deber acercándose hacia la plataforma del púlpito. Desbarató el lazo del ramo y separó un buen número de azucenas para remplazar las flores marchitas de aquel lugar cargando en un pequeño bolso de tela la basura para descartar más adelante.

De la misma forma, tomó un par más de lirios y recorrió cada jarrón hasta llegar a la zona del altar, donde yacía el desconocido que hasta el momento había obviado por completo. Nuevamente esbozó su típica sonrisa y sin más le saludó: —Buenas tardes, perdóneme por no haberle saludado con anterioridad.—Agachó su cabeza, haciendo una leve reverencia.—¿Está buscando a alguien? ¿O necesita algo en particular? Se le ve un poco desorientado—preguntó con sutileza, para no parecer una entrometida. Ha de admitir que solo hace un tiempo se encontraba asistiendo a ese sitio así que no era ninguna persona para opinar al respecto, pero era capaz de percibir gracias a su experiencia en el ambiente una rareza que no era capaz de describir con sus palabras. Intuición de una madre, de mujer, quizás se trataba de eso.

No esperaba necesariamente una respuesta, por lo que empezó a separar los desechos de los jarrones para llenarlos nuevamente de vida, de pureza. La Iglesia debería de basarse sobre estos principios para atraer a más creyentes al Templo, creyentes que les habían costado hace ya mucho tiempo a causa de las figuras corruptas que se alzaban a la cabeza de la jerarquía de la Iglesia. Ella, con mucho esfuerzo intentaba acabar con los estigmas del pasado y con suerte se alzaba firme y servicial ante las personas con el fin de mostrar el verdadero camino hacia la gracia de Dios.  
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Re: Al filo de la verdadera oscuridad —Priv.

Mensaje por Jethro A. Vascallo el Sáb Mayo 21, 2016 4:27 am

El olor de flor te despierta del trance de ver aquella cruz, había intentando invocar oraciones y de recordarse a si mismo fiel a la iglesia. Con el paso de los años, su fe se fue trastocando al punto de tener más preguntas y que respuestas a un millares de cosas. Como por ejemplo: Si su alma verdaderamente ardería; si existía la famosa reencarnación; si hay dioses del inframundo que condenan por tus pecados a la vuelta de la esquina, o si tendría la oportunidad de ver a algún famoso demonio.

   Esas son cuestiones que le atormentaron por muchos años siendo un simple humano. Ahora, siente que va a alcanzar un mínimo de entendimiento.  Enmudecido no se deja ver todavía ante la monja, ya que tiene la expresión de observar la nada y estar concentrado en atender su rezo.

 —En realidad, hermana—expresa seguro y relajado:—No he estado más ubicado como en estos instantes. Lo que lamento es que algunos no posean esa misma capacidad, que les cueste tanto y sientan que es mejor darlo todo por perdido.
 Vuelve admirar al frente, a ese altar vacío que esta custodiado por dos altos candelabros y da hasta la impresión de ser un gran espectáculo de apreciar en lo que seria un día santo. Aunque, para el vampiro, no se comparaba en nada con la festividad de San Jenaro.

 Asciende a subir los dos escalones, buscando quedar a un lado de la joven devota a Dios y justamente le lleno de gracia con el perfume de las azucenas. También haciendo que se olvidara que, debajo del mantel misal del altar, se encuentra ese cura pecador al que volvió victima del acoso.
Soy un amigo de la madre superiora, Cecilia Vascallo. Me llamo Jethro.—Se presenta educado, brindándole una sonrisa cordial de paso y enfocándose a ver lo que las manos femeninas hacen al rozar uno de los jarrones.—Y es también por uno de los motivos por el que me halló frente a nuestro señor.¿Conoce el camino para llegar a ella?—Declaró medio pensativo, alejándose de ella con andar casi indiferente y ubicándose en uno de los primeros asientos.
¿Cuál es su nombre, hermana?—Indaga al final, manoseando la cruz bendita que le arrebato al desdichado y cómo una especie de maña para entretenerse. Realmente aquella criatura lo tiene tan embobado, que sin quererlo despierta las ganas de hincarle el diente y succionar cada minuto de la humanidad de esa extraña. Es tan inexplicable… ¿Cómo alguien tan joven reconoce hasta que limite es capaz de llegar? Ella por un lado de fascinación a Dios y en cambio él parece estar perdido entre tanta oscuridad.

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Re: Al filo de la verdadera oscuridad —Priv.

Mensaje por Saartje Evertszen el Sáb Mayo 28, 2016 2:57 am

Indiferente, esperó la respuesta ajena, pero ha de admitir que se distrajo unos segundos para acomodar un poco las flores que acababa de colocar sobre el altar. A diferencia de los otros floreros, el diseño de los ramos de estos se encontraban mucho más pensados y ostentosos. Abriendo paso con sus dedos entre las verdes ornamentas, dejó por un lado aquellas que aún podían acompañar con el decorado y sustrajo los hierbajos que habían caducado a fin mantener la armonía que tanto pretendía. En ese sentido, era una persona muy detallista y llegó a reconocer la naturaleza efímera de las cosas a tal punto que ese pensamiento de alguna manera llegó a plasmarlo en sus comportamientos cotidianos. Este pensamiento no da lugar de momento, pero un punto muy importante que abría que tener en cuenta, es que por más racional que sea su filosofía era incapaz de mostrarse cercana a una respuesta que no incluyera el carácter divino de Dios, para ella, él era la respuesta de todas sus cuestiones.

Tardó un tiempo en asimilar su respuesta, antes de dar la suya reflexionó un poco sobre las palabras que acababa de oír y sonrió de forma casual:—Padre, no podría negar la veracidad de sus palabras y por ello me atrevo a decir que aquí es donde nosotros, los consagrados, jugamos un papel importante. Por favor, no me malinterprete, no piense que este comentario es ególatra, pero creo que usted sabrá más que nadie sobre nuestra misión, el hacer llegar la luz de Dios a nuestro pueblo que lo necesita —explicó con cierta labia, convencida. Quizás fue porque se apegó demasiado a contestar esa respuesta eufórica, rápidamente se encontró frente a una vaga simpatía que cegó sus ojos de cualquier extrañeza en primera instancia.  

¿Jethro? La verdad es que el nombre me suena familiar, creo que escuché a la Hermana Cecilia hablar de ti. —comentó segura, aunque su conocimiento era más que cuestionable. —Desde ya, digo que es un gusto conocerlo y el tenerlo aquí. Sor se pondrá contenta con su visita.  —comentó con una sonrisa y luego esta decantó acompañando un rostro serio — ...no estoy muy segura de esto, pero últimamente se le vio bastante extraña, por favor, si puede hacer algo se lo agradecería. No le conozco demasiado, soy un miembro transitorio de esta casa... y por cierto, mi nombre es Saartje—.Le dedicó una mirada que duró apenas unos instantes. Desde hace ya un rato, que venía siguiendo con sus ojos el traslado del hombre de un punto a otro. Tras haber terminado su discurso y un vago pensar, guardó los hierbajos en su bolsa y se dispuso a descender las escaleras hacia la sala general.

El estudio se encuentra por aquí, lo guiaré porque la verdad no recuerdo bien cuál era la habitación. —indicó con un poco de vergüenza. Nuevamente volvió a esperar unos segundos y luego se dispuso a caminar hacia una puerta ubicada en los laterales de la estructura edilicia. Cruzando esta uno se topaba con una escalera que al descenderla nos ubicaba en un pasillo con varias entradas más que llevaban a habitaciones varias, en su mayoría pequeñas escuelas y centros de esparcimiento.— ¿Desde dónde viene, Padre? Es la primera vez que lo veo por aquí. Sea como sea, siéntase en casa si necesita descansar y no gaste dinero si necesita pasar la noche. Las posadas en los alrededores son muy caras como para despilfarrar en ellas... teniendo la oportunidad de quedarse.—propuso con algo de gracia, mientras caminaba en busca del despacho de la Hermana. Caminaba con cierta cautela, como ese no era su ambiente no llegaba a familiarizarse del todo. Para estar segura tenía que cerciorarse que le estaba enviando a la habitación adecuada.

Caminó e hizo el codo del pasillo girando a la derecha. A paso bastante ligero le indicó, ahora segura, la puerta correspondiente.— Por favor, recuerde lo que le comente...—comentó en tono bajo para que no le oyeran tras la puerta y luego agachó su cabeza haciéndole una leve reverencia. — Hermana Cecilia, un amigo suyo vino hasta aquí para verle...—anunció a la puerta, luego de dar un par de golpes a la misma.  — Me quedaré esperando hasta que lo atiendan, no sé si Sor se encuentra disponible o no, cualquier cosa, usted dirá. —. De esta forma, no hizo más que apartarse del umbral para darle paso al hombre. Mientras tanto empezó a pensar qué iba a hacer con la basura que había acumulado hasta el momento, ¿La arrojaría sin más junto al resto de los desechos? Lo más conveniente, seguramente sería enterrarlos en la tierra como fertilizante, de esta forma otras plantas iban a ser capaces de crecer con mucho más fuerza y dar flores más hermosas para la próxima decoración. Sí, seguramente iba a realizar eso mismo.
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Re: Al filo de la verdadera oscuridad —Priv.

Mensaje por Jethro A. Vascallo el Dom Jul 10, 2016 4:10 am

Hay una cierta concentración en el aire que te hace relajar demasiado, tanto que no te hace un ser nervioso y ante la compañía de seres extraños. ¿Será que Sor lo descubrió? No le importaría desplegarse de alas y con tal de sonsacarle hasta la última gota de aquella devoción que tiene hacia un ser elevado y sin rostro conocido. Por qué Dios no lo tiene. Por eso mismo surgen luego las cuestiones de su verdadera existencia, de las creencias y hasta sobre el juicio en base a unos diez mandamientos que una vez cargó Moisés en brazos.
 
 Jethro hace caso a la propuesta, sin decir “si” o “no” a lo dicho y encontrándose que por un segundo, la hermana vacila. No por el discurso dado antes de partir de allí, sino por una muestra humana de incomodidad y sobre un defecto que puede repararse. Atreve a rozarle la espalda sin quererlo, al tomar por iniciativa el mantener la puerta quieta con la palma abierta y para darle el paso por debajo del marco de aquella salida.  

 —Solo soy un canal entre Dios y la tierra, hermana; y una de las cosas jamás hago es juzgar a los corderos del rebaño del señor. Para mí, son todos iguales ante mis ojos—Dice duro, sencillo y agradable—Ahora quiero saber: ¿Existe alguna clase de cosa de la qué deba arrepentirse?  

 El demonio empieza a hacer su malvado labor.  
 
Es razonable; si lo padece.

Busca si tiene algún cadáver oculto.

Es una prueba que viene durante nuestra juventud. Cuando la hallamos afrontado, sabremos si estamos bien encaminados o si queremos cambiar el curso de nuestra vida. ¿Ha pasado eso por su mente, señorita?

 Se detiene en medio de los pasillos, intencionando a provocar que su anfitriona se girase y lo volviera a contemplar con esos intensos ojos azules. Son esos instantes en que puede pasar cualquier cosa. Pero… ¿Pasara? Una morbosa necesidad es espantada del cuerpo del vampiro, se niega al cegamiento y directamente retrocede a seguir con el papel del cura. Sabe que después de esa noche, ya que no es de repetirla, se olvidara de aquel recuerdo de un olor a azucenas y zanjara para siempre esa falsa charla.

¿Podrá olvidarse de aquella mujer?  
 
La conozco de toda la vida, hermana Saarje—Confiesa impúdico y junta las manos, resonante.—¡Soy de Sicilia! ¡Oh, mi amada terra! No puedo estar por mucho tiempo sin ella, ¿sabe? Debe ser por el intenso amor que siento hacia ella, que me hace querer tantas veces volver.  

 El trato hacia la familia, lo que pensaba de ese eslabón no lo iba a cambiar en naturaleza y tampoco lo influiría a abandonar sus actuales motivaciones; lo que si puede es evolucionar espiritualmente. Por lo que es una mentira que un ser cambie por otro, simplemente adquiere nuevas actitudes y recompone sobre otras.  

No es necesario que se retire—Le anticipa—A Cecilia, le alegra sentirse acompañada y capaz que usted...¿también?

  Golpea dos veces en seco, con los nudillos y no se tarda a oírse del otro lado un caminar acompasado; quizás el arrastre de la largura de sus ámbitos y arriba a sacar la cabeza una mujer de entre cuarenta o cuarenta y cinco años. Tapó su boca de la impresión, casi sofocando de pronto un sollozo y a su vez la alegría que le generaba aquél junto a la hermana.
 —¡Fratello mio!—Lo encierra dentro de un abrazo, reprime el rostro joven del vampiro con unos cuantos besos y que para casi enseguida, para no ser tan extrovertida y cuando no le es costumbre.—¿Qué es lo que lo atrae aquí? ¿Y su pasión por el mar? —Vislumbra gratitud al ver a la otra monja y finalmente hace que los dos entren adentro del despacho.—¡Disculpen, ésta falta de educación de mi parte! ¡Adelante!

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Re: Al filo de la verdadera oscuridad —Priv.

Mensaje por Saartje Evertszen el Dom Jul 24, 2016 8:16 am

"¿Existe alguna clase de cosa de la qué deba arrepentirse?"

Una pregunta muy difícil de responder, al punto que prefirió asentir y simplemente ignorarla, para contestarla -con palabras- más adelante con una buena respuesta elaborada, lo más cercana a su verdad. De momento, varias vaguezas se cruzaban por su consciencia girando en torno a las desventuras que padeció siendo parte de la Iglesia. ¿Qué era aquello que percibía?  

¿Qué era lo que veían sus ojos? ¡La verdad es que toda esta escena de alguna forma le alegraba mucho el corazón! En los barrios bajos muy pocas veces se veían escenas como éstas, ciertamente lo que más extrañaba de su origen natal era el ver escenas tan animadas entre familiares, pero de alguna forma comprendía las razones de todo esto: nadie tenía [necesidad] de actuar de forma violenta o rencorosa, debido a que la mayoría de sus deseos se encontraban completamente cubiertos. ¿Qué más podía ansiar una persona con todas sus pasiones cubiertas? El simple roce, un encuentro con alguien que se encontraba en la lejanía significaba demasiado, en comparación a todo lo demás que simplemente estaba allí, durmiente. No pudo evitar esbozar una amplia sonrisa, y más que excluida se sentía agraciada. Por un momento estuvo a punto de decirles que se retiraba, sin embargo fue incapaz de abrir su boca, simplemente se mantuvo como observadora.

Aquellos comentarios le llegaron de improvisto, prácticamente no se los esperaba.  —¿Eh? ¡Oh! Perdón...—Se llevó su mano a la boca de forma delicada y rió, suave. —Perdón, no pude evitar verlos. ¿Saben? Se ven realmente adorables, deberían darse este tipo de encuentros con más frecuencia—bromeó, tratando de ocultar su dispersión con una justificación mal improvisada. Se había sonrojado levemente, ¿Cómo iba a ser capaz de encajar en dicha situación? «¡Dios mío! ¿Y ahora que haré?» pensó en su cabecita, mientras hacía un pequeño jueguecito con sus manos a la altura de su vientre, al frente. Era una situación muy dificil y le costaba horrores rechazarla, se sentía muy curiosa, ¿Qué relación tenían  estas dos personas...? ¡Cierto! Ese hombre había mencionado que era de Scilia y que se conocían de hacía mucho tiempo. Su cabeza empezó a funcionar, de forma bastante irreal tratando de dilucidar sobre sus vínculos. ¿Será una amiga de toda la vida? ¿Algún familiar? Incluso se los imaginó cómo amantes pasados ¡Después de todo por ser Padre y Hermana no quitaba las posibilidades de un antiguo romance antes de sus votos! Había muchas personas que luego de muchos años de pareja, con hijos y más terminan cumpliendo con su vocación, San Agustín es un ejemplo perfecto.

Siento pecar de chismosa, ¡Sin embargo me da mucha curiosidad saber de dónde se conocen!—Hizo catarsis y se tranquilizó un poco. Otra vez, se le vino a la cabeza aquel dato. —Me entusiasmé demasiado, perdón -otra vez- por mi despiste. Más bien lo que quería preguntar era qué clase de relación llevaban... quisiera evitar cualquier comentario fuera de lugar—. No podía evitar ponerse risueña con todo este asunto, la verdad es que ante palabras tan amables se sentía incapaz de responder.

Sin darse cuenta, se dejó llevar por su ritmo y terminó dentro de su despacho y sin saber que decir. Se mantuvo en silencio y moviendo con sutileza su torso y extremidades, balanceándose ligeramente, rozó con su brazo solo el par de flores que les restaba de ese viaje. Aquello hizo que desviara su mirada a su bolso, donde estaban cuidadosamente amarradas. —¡Les interrumpo un poco antes de que me olvide, un saludo...! Hermana, espero que le sea de su agrado las nuevas flores que traje de remplazo, ¡La verdad es que veía tan decaídas las ornamentas del lugar! Admito que fue un capricho de mi parte, una especie de cortesía por hacerme un lugar... Sería un gran placer que se quedara con las flores que restan—explicó muy agradecida, a medida que avanzaba su voz se iba aclarando y tranquilizando de a poco; mientras tanto, libraba las mismas de sus ataduras para alcanzárselas—Ahora sí, ¿quieren que les prepare algo? Si es que usted llegó hace solo un rato —dirigiéndose a ese hombre que acababa de conocer—me imagino que debería de estar exhausto por el viaje.

Y se dispuso demasiado relajada a esperar una respuesta.
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