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La Morte y la gloria del Il Diabolo— Dominik.

Mensaje por Jethro A. Vascallo el Jue Ene 07, 2016 5:22 am

La inmundicia humana no se sentía tanto durante el día, cómo a comparación de lo que seria en la noche y si se pasaba justamente por ese lugar. En dónde se apreciaba el rumor de las oscuras aguas del mar, se amontonaban suculentos cargamentos de variados puntos del mundo y también poderosas naves de leyenda. Los barcos por aquellos tiempos, eran sublimes de ver con: esas grandes velas ondeando al viento cuan estándares de guerra, la animada gente trabajando sobre la cubierta profundamente esmerada y por supuesto, la presencia al timón de un flamante capitán que fácilmente enamoraría a las mujeres con las hazañas heroicas de sus viajes. Pero, lamentablemente, no todo lo que surcaba en  aquellas aguas era honorable y precisamente con apariencia amistosa.

Ya que existían otra clase de seres; muchísimo más terribles, que tranquilamente te podían hacer cagar  encima. Hijos del mar, ladrones de poca monta y asesinos con al menos cinco muertos a los hombros. Dichosamente, se los conoce como "filibusteros", o clásicamente como "piratas". Siendo que últimamente la isla Tortuga se les hacia chica, decidieron trasladarse a probar suerte a la ciudad de Venecia y de paso gozar de la hospitalidad italiana. Si albergaban a la mismísima mafia, ¿por qué no a ellos?

Justamente alguien en silencio, se entretenía con la visión de un navío muy especial y deambulaba al mismo tiempo por el ancho del puerto. Le había tomado una hora regresa, extrañamente, cuándo había sido uno de los tantos que andaba deseoso por ir a parar a tierra firme. Pero está vez, aquel personaje, había cambiado de inmediato sus planes y planeaba transpolar su actual estado solitario, con un poco de compañía. Además que no le iba con las manos vacías.

Frente a la colosal embarcación, emitió un sonoro chiflido de esos que se utilizaban para llamar a un brioso corcel y aguardó a que alguno le tirara la gruesa tabla de madera por donde se bajaba y subía lo que era valioso; aunque claro a veces ese tramite tenia sus complicaciones en cuanto las políticas de cada barco.  

 —¿Quién mierdas e? ¡No dejamos pasar a extraños y menos sin la aprobación de nuestro capitán! Así que, ¡sino lo haremos nadar con los tiburones! ¡Esos pobres animalejos de los que nadie se acuerda de hacer ofrenda!

 El extraño rió cortésmente, asomándose mejor para que el filibustero lo viese y lo hizo atragantar de prisa con la saliva. Frente a él, se encontraba Ash Vascallo y bastante intimidante; si, se recordaban algunos de los rumores que corrían entorno a su persona. No por algo seguía en el mismo territorio de Il Morte –como el medico apodo una vez al capitán-. Rápidamente aceleró cada uno de sus movimientos, antes de impacientar a tal excéntrico hombre y le puso a disposición algo que le permitiera ascender nuevamente a cubierta.  
 
Lame…nto  lo ocurrido, signore Vascallo.

Se le disculpo patoso el pobre tripulante, de sonrisa amarillenta y que no rondaría más allá de unos treinta. En apariencia, era igual que cualquier otro lobo de mar salido de isla Tortuga. Banda alrededor de la cabeza, pantalones arremangados hasta las rodillas, una camisa desteñida y algún que otra alhaja que lo hiciera distinguir del resto. Realmente se estaba poniendo nervioso, aunque ya era sabido por muchos que era muy común ese tipo de intimidación por parte del siciliano. Asumirse en largos minutos de silencio, que no sabias que te podían traer luego  y hasta podría incluso sacar a veces de quicio a cualquiera. Tanto como que si se repitiera mil veces una misma acción u orden.  
 
 —Iré a presentar mis respetos al capitán—Declaró con falsa amabilidad, observando por el rabillo del ojo al traspirado sujeto y cargando una expresión de niño revoltoso. Antes de que se le perdiera de vista, al encaminarse al camarote de la niña-mujer y al que dejara atrás comenzara a rogarle a Belcebu; porque el otro no abusara demasiado de las ventajas y la poca confianza que le tenia su capitán.  

***

Eran raras las oportunidades que visitaba seguido a la humana, sino era porque quisiera verdaderamente verlo o invitarlo a que compartiera ratos con ella y Philippe. ¿Cómo reaccionaria está vez? Tal vez le extrañaría demasiado semejante atribución, pero las noticias que le traía de Venecia, la harían cambiar enseguida de parecer.

Le sonrió misterioso al pequeño gatito, que tan bien le cabía en una de sus grandes manos enguatadas y seguidamente le chistara bajo; cuándo nuevamente ese ser iniciara con una nueva tanda de maullidos. Aquella criaturita se la había encomendado a cuidar una niña harapienta de los barrios bajos. Por supuesto, ingenuamente creyó cada palabra de él y se llamó contenta al haberle encontrado a alguien que pudiera darle seguridad al recién nacido. Pero...¿Habría hecho bien? ¿Se podía confiar ciegamente en la palabra de un vampiro? Se digno luego a golpear tres veces con los nudillos la puerta del camarote de la que tanto anhelaba dar visita.


Última edición por Jethro A. Vascallo el Jue Mayo 26, 2016 5:56 pm, editado 1 vez

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Re: La Morte y la gloria del Il Diabolo— Dominik.

Mensaje por Dominik J. Adamiecki el Dom Ene 10, 2016 9:06 pm

La Morte y la gloria del Diabolo
         El aroma a sales marinas se cuela discreta por la pequeña ventanilla del camarote, tan pequeña, que la oscuridad envuelve criminal los rincones de la habitación. Iluminada a duras penas por una vela solitaria y perfumada para disimular la esencia de la muerte, reposando altiva en el escritorio y logrando desplazar sombras gracias, al oscilante movimiento de la marea. El camarote no destacaba demasiado, pero, regía una despiadada limpieza y pulcritud, colgando ciertos cuadros y dibujos terroríficos, sumando aquella decoración de muñecas hechas por ti. “Parecen que están vivas”, cuentan siempre los que logran admirar estos juguetes, erizados por la expresión vacía de las pequeñas que admiran inanimados al espectador. Con sus grandes ojos de vidrio y rostros de ultratumba, ¿cómo es que a las niñas contemporáneas les puede gustar algo así?

    Y más allá, en el rincón, una silla de madera.

    Estabas siendo observada por tu queridísimo guardián imaginario. Espejismo a base de especulaciones y teorías fantásticas de una realidad alterna, y aunque muchos no noten su presencia, lo sentías tan ávido, tan real que hasta eres consciente que sus risas agrias rompen ése monstruoso espacio callado. Interrogándote entre sombras chinescas y bajando la temperatura del cuarto ante su presencia espectral. Tenía una mirada hundida y negra, piel pálida, muy pálida, tanto para exagerar que es un maldito cadáver en pie con su voz electrizante; áspera y demoníaca. Cualquiera puede jurar que es un demonio.

    “—¿Cuándo lo traerás?

Pronto —anuncias queda.

    “—Quiero verlo…

    —Yo también, Phillip… —se tornaron tus ojos en una emoción perversa, respirando errática, cómo si tuvieras dificultades para hacerlo.

    Observas los papeles administrativos del barco en un mutismo frío, cada quién había recibido justamente su parte, incluso los que perdieron extremidades y los que se encuentran hoy día gravemente heridos. ¡Al menos tienes a Ash, el mejor diablo médico del barco! Te contenta que entre tanta rata marina al menos, uno sepa ejercer su profesión con tanta maestría, ¡con tanta solemnidad! ¿Pero confías en él? ¿Podías considerarlo de tu círculo? Es cierto que le cuentas a menudo tus planes maquiavélicos para con ése arrebatador hombre llamado Tristan, aquél quién humedece tus sueños y los vuelve, más tranquilos entre tantas pesadillas y perturbaciones. Incluso, recalcarle siempre la existencia de tu único mejor amigo… Entonces, ¿por qué se te permite sentir tanta exaltación cuando está a tu lado? ¿Será porqué…?

    Te levantas, dirigiéndote a la puerta, y tomándote el tiempo necesario. Descubres al abrir la figura alta del tripulante, topándote además con un nuevo visitante: El pequeño minino. Philippe estaba a tus espaldas, olisqueando el aroma de la cría: “—Tiene un aroma pestilente de bebé, no me gusta. ¿Podemos comerlo?

   —Oh —dices impresionada—, ¿has traído carne para el chef? ¡Muy bien! —Exclamas, dejándole pasar con presura—. Pasa, pasa, buen amigo —la hospitalidad corre por tus venas, el don de un buen anfitrión que invitaba a la presa a su ruina—. ¿Deseas “beber” algo? —Miras la estantería—. Sólo hay ron —muestras tus dientes perlados, brillando a las pocas luces de la vela y tomas dos vasos de plata (robados), para verter ése líquido vicioso. La botella estaba entera, primeramente porque no tocas el alcohol…Segundo: Es pura decoración y tercero, el segundo vaso solamente era para el otro acompañante.

    "—¿Por qué a él le has ofrecido apenas llegar y a mí no?" —inquiere celoso éste hombre. Y no contestas, le miras burlona.

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Re: La Morte y la gloria del Il Diabolo— Dominik.

Mensaje por Jethro A. Vascallo el Vie Mayo 20, 2016 3:35 am

El rostro marchito del visitante se ilumina fugazmente, entrando en el interior de aquellos dominios y maravillándose, como tantas otras veces, con esos objetos que su vista inmortal apenas puede pasar por alto. Un humano común sabría diferenciar que la temperatura cambia, que parece la guarida de un muerto y no de esa niña/mujer que camina rebuscando una bebida entre sus estanterías. Ash, por cortesía, se saca de encima de la cabeza el sombrero de ala de pluma y lo deposita sobre la mesa; seguido de arrimarse una silla para sentarse.
 
Cada vez que pasa el tiempo desconozco a Venecia, La morte—Empieza a decir ausente, casi como si aquello le entristeciera y que acuna entre los muslos a un minino paralizado. El animal no percibe lo que pasa a su alrededor, como era de esperarse de su naturaleza y menos podrá descifrar las intenciones dañinas de aquellos buenos amigos. Si es que amigos se podían considerar.

  Los sentimientos del inmortal son un completo misterio, tanto que lo hace peligroso para sus enemigos y atractivo a la curiosidad humana. No obstante, una aburrida noche no fue lo único que lo atrajo a querer volver con ella. Sabe que han vuelto de los mares para buscar a una criatura indomable, esa que tiene mas enferma el alma de esa desdichada y lo alimenta de paso a él, con el deseo de una venganza por amor. ¡Oh, si!  Si es que se puede llamar “amor” lo que palpita dentro de Dominik. A veces Ash se lo pregunta, del mismo modo que el hecho de si algún día va a poder a ver al exótico Philippe y también hasta donde ira a parar. Hoy, su aventura máxima se halla en compañía de La morte; Mañana, capaz que ocurra otra cosa.
 —Sabes que no soy aficionado a romper vuestra concentración, querida—Habla examinando con los ojos los papeles, escuchando la caída del ron dentro de ambas copas y que se le daba por acariciar el mentón de la cría insoportable.— Pero he descubierto algo sobre vuestro corcel negro—No se contiene:—Se encuentra comprometido con una jovencita. ¡Oh, y espere falta mas! La boda se llevara a cabo dentro de una semana, por lo que hemos aparcado a tiempo y será muchísimo mas fácil de que usted lo atrape. Yo le proporcionare el camino directo a él.—Añade abstraído, agarrando la copa entre dedos enguantados de cuero y diciendo a lo ultimo; sin mirarla:—Me pregunto… ¿Quién tendrá el gusto de probar el filo de su adorada compañera?

Termina de guiar el borde de la copa de reyes a la comisura de sus labios, tragando de un largo sorbo el ron y abandonándola sobre la mesa procurando de no manchar nada.  
 Un aterrador silencio se siembra entre ambos. No se sabe como reaccionara la contraria, si sabia o no de aquel evento. Ash puede estar mintiéndole, todo con tal de drenarle aun más la angustia a ese ser imperfecto. Tal vez su mayor crimen sea ese. Querer alimentarse hasta la locura de ella. ¿Será otro signo de enfermedad en él? ¿Será una extrema fascinación? El alma muerta parece revivir por un instante con tales cuestiones existenciales.  

 El animal inicia otra vez con maulliditos débiles, para arrematarla.  

La morte…—Confiesa hasta apagar su voz, elevando sus dedos para acariciarle una de las mejillas con la parte del dorsal del guante.—Una larga noche nos aguarda allá afuera y quiero hacerte un regalo; pero para eso debe salir de aquí. Si le apetece por supuesto saberlo y puede que incluso encuentro satisfacción a la vuelta. ¿Vendrá conmigo, tú y el gran Philippe?—Juega un poco con el minino, ansioso y rompe con tanta magia al quebrar sin problemas el cuellito a la criatura.—Ah…—Exhala placer por la boca.—Podré añadir a mi colección su bello esqueleto. ¿Y la carne? Se la elaborare en una rica sopa caliente como del gusto de mama

***

Un gondolero canta al pasear con su balsa. Las luces iluminan cada rastro de lujuria de esa ciudad, el cielo esta más muerto que nunca y Ash no dice nada. Disfruta del pequeño paseo nocturno, sin molestarse de que tiene una pinta funesta y pone hasta nervioso a quien le lleva.
 —Y… ¿Le parece hermoso la ciudad?—Aquel comentario despierta cierta curiosidad en el endemoniado hombre, que desvuelta le da una sonrisa y seguido de una tétrica risa inesperada:
 —¡Oh, bambino! Dentro de poco me lo parecerá; pero mi consejo es que preste atención o hará que nos hundamos.—Otra risa— No falta mucho para que aparquemos en la tienda de la Signora Fiammenta. Ella es muy buena en lo que hace e incluso eficiente en lo que es telas. Ya lo verán.
 —Suena que van a un baile.
 —¿Suena?—El gondolero traga saliva con la cara que pone Ash.—¿Qué opinan ustedes?—Pregunta a quienes les acompaña para terror del otro, que ya  bastante incordiado se siente con el susodicho desde que se subió a su amada barca y para colmo, desde su parte, no para de contar los segundos en que el vampiro se alejara de su vista.

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Re: La Morte y la gloria del Il Diabolo— Dominik.

Mensaje por Dominik J. Adamiecki el Vie Jul 15, 2016 5:29 am

La Morte y la gloria del Diabolo
              —Cállate.

     Los labios pronuncian una palabra por primera vez, durante la travesía hacia el interior de la ciudad. Ésa es tu opinión. Una impaciente y cargada de fastidio. Comienzas a mover de un lado a otro la góndola, cómo si quisieras ahogarlos a todos. A ti. A él. A ellos. Los viajantes sienten pánico, agarrándose con desquicio del borde en un intento desesperado, de no acabar hundidos en las tranquilas aguas venecianas por culpa de una loca. El gondolero, creyendo que eres un típico niño malcriado, comienza a replicar que te quedases quieta, le ignoras, observando impaciente al vampiro, y señalando despectivamente:
    —Eres imprudente, hablas cuando nadie te lo pide…

    Tuerces la boca—. No me gusta.

    Gateas a su lado, sonriéndole escalofriantemente angelical y hablando en una profundidad digna de un hombrecito—. Y al pedazo de porquería, no le interesa en absoluto a dónde vamos, y para qué. ¿Con qué necesidad, Diabolo? —Sin misericordia, acabas empujando a diestra y siniestra al desconocido, una patada seca contra sus pies. Que cantase felizmente, te resultó patético e insoportable. Así, desequilibras su cuerpo sin necesidad de fuerza, un gesto que le hace trastabillar con la ondulación del transporte, en tanto, te sostienes firmemente de tu acompañante, enroscándote en su brazo como una pequeña víbora sofocante, para no ceder también a la caída.

     Oyes la carcajada de Phillippe, sacando su cabeza del agua como un cocodrilo impasible, acechando depredador los pasos de sus presas—: “¡Míralo! ¡No sabe nadar!

    Es tragado, y nadie de los presentes le da auxilio. El río lo arrastra al fondo, mientras sus brazos aletean desesperados, buscando en la superficie el ansiado e imprescindible oxígeno. Lo que se llevaría consigo al más allá es: Una visión de una luna altísima, en el firmamento oscuro. Asomas la cabeza, precisando ser testigo del último aliento de un hombre que nadie iba a recordar.

    —Espero que la signora Fiambre, no resulte igual de desubicada que éste —espetas fría—. Sino le hincharé la barriga de telas, metiéndoselas en su boca una por una.
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