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Stay with me

Mensaje por Alexander Wayland el Sáb Abr 09, 2016 11:21 pm



Stay with me

Con Sarah Westerman



Si tuviese que definir la eternidad con un número concreto serían esas tres semanas que había permanecido alejado de Sarah. ¿Existía algo más cruel que la zozobra de no ver esos lindos ojos mirarle hasta el alma? No podía definirse lo que la presencia de aquella mujer. Pero la situación era delicada, y eso no podía negarse, más el destino así lo había querido aunque eso no le haría renunciar.

Los primeros días desde que Sarah y él se separaron parecían ir bien, suspiraba más que de costumbre y estaba completamente ausente, pero no aparentaba estar mal. ¡Pobre ingenuo! Ahí empezaba lo duro, cuando cada vez que se acordaba de su tacto ansiaba ir a su casa y abrazarla hasta que ambos se fundiesen en un solo ser, pero se acordaba de que eso era inviable. No podía verla, no podía hablarla, aquello era realmente frustrante. Los días siguientes comenzó a trabajar, pero aquello había sido algo raro, pues por primera vez no haría un arma, sino que forjaría algo más. Algo que valdría para muchas cosas más que para defender o herir al enemigo. Las únicas pausas que hacía eran para ir a la playa a la misma hora, a la caída del día con la esperanza de encontrarse con ella.

Por mucho que fuese no la encontraba, y ¿podía ser que aquel atardecer no fuese tan bello al no estar ella? ¿Quizás estaba enamorado de verdad? ¿Podía amarla como Romeo había estado amando a Julieta? Eran pensamientos absurdos aquellos… No, quizás no tan absurdos como él quería creerse. A riesgo de ser descubierto, pasaba muchas veces por el callejón que había justo enfrente de la casa de Sarah, para observar las luces apagarse y encenderse. Hasta que uno de los días, después de otras dos largas semanas, sus ojos azules cayeron en la cuenta de que una farola con la vela se alzaba cerca de la ventana de Sarah.

Fue esa misma noche, cuando Alex llegó a casa, que se sentó frente a su mesa de madera con un papel y una pequeña pluma desgastada. Pasaron largos minutos, minutos de silencio en los que sólo escuchaba el mar acunarse y chocar contra la arena de la playa. Tomó aire para comenzar a escribir dejando que su mano escribiese de una manera tranquila y sincera.

Querida Julieta.
Llevo días sin saber de ti, yendo todos los días a dónde nos conocimos, allí dónde la tierra y el mar se hacen uno y no puedo evitar recordar el tacto de tu piel sobre la mía. Tampoco puedo evitar recordar esos hermosos cabellos de color rojo que posees y esos ojos que pueden desnudar hasta mi alma. He pensado todos estos días en cómo poder volver a verte. Necesito verte, aunque sea una mirada fugaz, eso conseguirá saciar mi alma para otras dos semanas si no queda más remedio.
Incluso ahora, aquí sentado escribiéndote esta carta cual joven enamorado, mis pensamientos van hacia ti, sonrió y me entristezco, esperando para saber si el destino oirá mi plegaria para hacer frente a esta espera que carcome mi alma como un león carcome una jaula deseando la libertad. Espero que tu padre no te dijese nada por haber llegado tarde aquella noche, y espero no haber sido yo el causante de algún mal tuyo.
Si por mi fuera, te escribiría mil hojas más, más de momento te transmitiré lo que realmente mi alma ansía. Quiero verte, quiero… quiero que podamos estar juntos aunque sean unas horas. Si puede ser, reúnete conmigo mañana en el puerto al atardecer, dónde hay un puesto de frutas de muchos países, lo reconocerás por su olor y por supuesto, porque te estaré esperando con alegría y entusiasmo.
De Romeo.


Asi dio fin a la carta y la dobló con cuidado de no romper el papel. Ya era de noche, lo suficiente para que nadie le viese caminar por la calle y sospechase que tramaba algo. Se echó una capa negra para cubrirse el cuerpo. Cuando estuvo enfrente de aquella farola, se lo pensó unos segundos ¿Estaba bien aquello? Si el padre de ella se enteraba, podía resultar dañada y él no quería eso por ninguna de las maneras, pero de verdad necesitaba verla.

Se subió a la farola con ligereza, metiendo la carta justo debajo de la ventana de la habitación de Sarah, para bajarse seguidamente y poner rumbo a su casa. No pasó mucho tiempo, sólo unas cuantas horas hasta que el sol desbordó por el horizonte. Era el gran día, o eso esperaba. Quizás la había avisado tarde o ya tenía planes. Pero quería enseñarle el puerto, quería enseñarle todo realmente.
Vio la cajita que en su mesa reposaba con el regalo para Sarah, quizás las cosas irían despacio, podían verse antes o después, pero quería que ella tuviese presente que nunca la abandonaría por nada del mundo.

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Re: Stay with me

Mensaje por Sarah Westerman el Dom Abr 10, 2016 3:03 am



Stay with me

Con Alexander Wayland



 
Cuando uno menos se lo espera pasa y cuando pasa ya no hay marcha atrás. Pronto las caratas se sucedieron, unas a las otras y tanto Sarah con Alex tuvieron el placer de no perder el contacto. Sabía que aquello era ariesgar demasiado, que si su padre se llegaba a enterar de lo que estaba haciendo, acabaría conviertiendo al pobre muchacho en castrati y aunque no era lo que deseaba... todo cuanto quería, era estar a su lado y aquellas cartas, era lo más cerca que podía estar a él, al menos por el momento.

  Y entonces llegó, llegó la carta y el día en el que por fín podrían volverse a ver. Eran como dos amantes fugitivos, algo así como un Romeo y una Julieta en Venecia. Era todo tan emocionante y nuevo para Sarah que aquel día penas comió, su padre ni si quiera se dio cuenta pues por primera vez en semanas no estaba en casa. Digamos que aquel era el día libre para Sarah, el día que escaparía de la mirada sobreprotectora de su padre y podría encontrarse con su  Alex. Pero claro, digamos que su secreto ya no era tan secreto y que contaba con el respaldo de su mucama. Había sido descubierta un dia asomándose por la ventana recogiendo una carta, pero su joven dama de compañía en lugar de dar la voz de alarma cerró la puerta y le pidió a la joven que le explicase con todo lujo de detalles qué estaba pasando. En cuanto comprendió la situación le prometió a Sarah, que no solo la respaldaría sino que además contaría con su ayuda. Desde aquel día, la mestiza había estado mucho más feliz y animada, las perspectivas no eran tan malas y sabía que gracias a ella podría ver a Alex de vez en cuando. Es más, cuando el día llegó, fue ella mismo quien la ayudó a peinarse sus rizos para hacerlos resaltar, pues sabía que a su cita de aquella noche le encantaban, la maquillo muy levemente, lo justo para remarcar sus preciosos labios y sus exóticos labios y por último, le escogió el vestido -raro en Sarah, querer llevar vestido- y los zapatos que llevaría dicha noche. Cuando su dama de compañía terminó con ella no parecía la misma muchacha, quizás era la emoción o la felicidad pero relucía como nunca lo había hecho y aquel vestido le iba como un guante, estaba preciosa.

 Salio de su casa con su pequeño estuche de violín del hombro. Siempre iba con él a todas partes pero aquella noche lo llevaba especialmente porque quería enseñarle a Alex una pieza que había estado practicando, una canción que le recordaba tanto a él y la promesa que hicieron que no podía evitar el querersela dedicar y el sentir escalofríos cada vez que el arco de su violín rasgaba suavemente las cuerdas del violín, marcando el ritmo con sus dedos sobre el mastil. Aquella sensación, la que le transmitía la música era la única que estaba a la altura de todo aquello que  Alex le hacía sentir. En su camino hacia el puerto, se planteó mil y una cosa; es algo que todas las mujeres hacemos antes de una cita ¿No? Si vamos muy arregladas o si vamos muy poco arregladas, si le gustará o no tu elección de vestuario... es comprensible, los nervios nos pueden pero aún más si eres joven e inexperta como Sarah, que no sabía que esperar de aquella noche con exactitud, pues no sabía que iban a hacer o qué había planeado Alex para aquella noche en particular.

 No tardó en llegar al lugar de encuentro, junto al puesto de frutas exóticas. Sus pequeños tacones azules anunciaron su llegada, tapeteando sobre el suelo de pedregoso de las calles de Venecia. Allí estaba Alex junto al puesto, esperándola pacientemente. No llegaba tarde pero aún así le parecía que había sido una eternidad. Tomó aire, inchando su pecho y se hizo con el valor suficiente para dar un paso al frente, para enfrentarse a aquella noche junto a él. Estaba dejando todo lo que había pasado con Edward hace unas semanas atrás, en aquel momento no podia pensar en ello porque quien realmente importaba era Alex y le haría feliz. Todo lo demás, sus problemas y preocupaciones podrían esperar.

 - Buenas noches, mi Romeo ¿Le resulta bonita la luna que nos acompaña hoy?

 Comenta a su espalda, apenas en un susurro para no asustarle si es que no le había escuchado llegar aún. Su corazón latía a mil por horas, nunca había tenido una cita y no sabía como funcionaba aquello y el hecho de que fuera con Alex no arreglaba la situación. Tras sus palabras, sus ojos contemplaron la luna llena que ayudaba, a las inútiles farolas del puerto a iluminar la estampa. El cielo estaba claro, no se encontraba encapotado y podían observarse todas y cada una de las estrellas del firmamento. La naturaleza realmente podía llegar a ser maravillosa, las estrellas regaban el cielo de la misma manera que las pecas de Sarah sus mejillas. Era un espectáculo inolvidable, sublime... la luz natural hacía bailar pequeños destellos rojizos en el cabello pelirrojo de la mestiza, que lo llevaba sobre los hombros y parte de la espalda, suelto, como a él le gustaba, e impregnado por una suave fragancia a agua de rosas, su favorita. Esperaba que el lo notase aunque no dijera nada. Agarró el violín con fuerza, no quería temblar, le pasa cuando estaba nerviosa y no quería que él se diera cuenta, al menos no del todo. Dio otro paso al frente, totalmente convencida de qué él la recibiría como era debido, pero deseaba que él diese el paso, en ese momento, sabría si se merecía su sorpresa o no.

Se había pasado horas y horas en su habitación con el violín en alto intentando sacar aquella canción con todo su corazón, de verdad quería que saliera bien y que a Alex le gustase. Al fin y al cabo se la dedicaba a él, él era la razón de dicha pieza. Quizás estaba más nerviosa por aquello que por la cita en sí, ahora que lo pensaba tenía mucho más sentido... Dejó de irse por las nubes, lo que importaba era aquel preciso momento. Llevaba imaginándoselo durante semas y semanas, el momento en el que él se daría la vuelta y la vería tan guapa que no podría evitar sonréir y comérsela con la mirada. Quería ver esa expresión en su rostro, la expresión de deseo... quería dejarle embelesado tanto como sus ojos lo conseguían en ella. Estaba ansiosa, tanto que incluso se lo estaba imaginando todo a camara lenta ¿Se estaría volviendo loca? No, seguramente no. Es una adolescente, es normal que piense y actue así, además de inexperta, es normal querer que todo sea perfecto... Pero por encima de todo, lo que más deseaba era que aquella noche, se quedase con ella.
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Última edición por Sarah Westerman el Dom Abr 10, 2016 6:08 pm, editado 1 vez
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Re: Stay with me

Mensaje por Alexander Wayland el Dom Abr 10, 2016 1:27 pm



Stay with me

Con Sarah Westerman



Había llegado la hora de ir hacia el lugar acordado. Aunque claro, para él la hora era una media hora antes pues no le gustaba llegar tarde ni a los sitios y menos cuando sabía que por fin podría ver a Sarah. La posibilidad quizás era minima, pero a él le servía que así fuese. Había pedido a su vecino una camisa pues no podía presentarse ante ella con las mismas pintas que se había presentado cuando chocaron. ¡No, no! Aquello sería inadmisible.

La camisa le quedaba como un guante y marcaba su entrenado cuerpo, aunque no demasiado, digamos que realzaba este. Era de color negro como su cabello, el cual iba ligeramente arreglado, pero no porque no quisiera peinarselo, sino porque en el momento en el que un poco de viento este se descolocaría. Se puso una goma de pelo negra en su cabello para llevarlo más o menos sujeto. Sus pantalones eran marrones y sus zapatos.. pues digamos que no eran lo más lujoso del mundo, al fin y al cabo el dinero que tenía lo tenía que usar para poder vivir de alguna manera. Antes de salir de casa, cogió aquella cajita y esbozó una suave sonrisa. Cogió su chaqueta y, poniendose esta, salió de su casa en dirección al puerto.

Como esperaba, había llegado antes que Sarah, pero no le molestaba pues él quería llegar antes para no hacer esperar. La gente del puerto le conocía porque siempre iba a vender ahí algunas de sus mercancías, pero aquel día era diferente. El tendero de las frutas exóticas estuvo hablando con él, riendose un poco de él al ver las pintas que llevaba pues era la primera vez que le veían de aquella manera. Alex no pudo evitar ponerse rojo y más nervioso mientras intentaba que dejasen de hacerle burla, aunque eso no iba a ser posible. Tras unos minutos de risas, los comerciantes volvieron a lo suyo, y Alex se quedó de pie mirando hacia el mar, con los ojos cerrados. Escuchó unos pequeños pasos cerca de él, cada vez más cerca, era ella. Lo sabía. Cuando escuchó su voz susurrar aquello, no pudo evitar sonreir pues su voz era como una caricia, tacto que recordaba perfectamente.

- Podría reparar en la belleza y la majestuosidad de la luna mil veces, más el tiempo apremia y no hay mayor tesoro, ni la luna en todo su esplendor que pueda compararse a vos, mi Julieta. Mis ojos sólo pueden ver su extrema belleza en este momento, pues es mi alma quien ve y siente y no mi cuerpo. -El muchacho se giró con suavidad, para hacer una leve reverencia, sonriendo ampliamente. Cogió la mano derecha de ella, dandole un suave beso en la contrapalma. Seguidamente se irguió para apreciar su físico. Desde luego era hermosa, estaba hermosa, no se arrepentía de las palabras antes pronunciadas.- Buenas noches, mi Julieta. Eres incluso más hermosa de lo que recordaba.

No pudo haber evitado oler la fragancia de Sarah, ni siquiera pasó por alto los detalles que rodeaban a esta como el estuche de violín que portaba ¿Acaso esa muchacha sabía tocar un instrumento tan maravilloso como era el violín? Madre mía, si es que... si el destino no quería que estuviesen juntos, se lo estaba poniendo dificil para alejarse de ella. Se acercó unos cuantos pasos quedando frente a ella, en el puerto a pesar de que había gente, todos parecían estar ensimismados en sus compras y ventas de sus productos.

- ¿Así que te gusta el olor de las rosas? Tiene muy buen gusto, my lady. -Hizo una breve pausa, para seguidamente cerrar los ojos respirando profundamente. En un susurro que sólo ella podría escuchar, este dejó salir su voz a través de sus labios.- Te eché de menos, Sarah...

Cuando volvió a abrir sus ojos azules estos estaban clavados en los tintos de ella mientras sus labios volvían a esbozar una suave sonrisa. Su mirada podía expresar deseo hacia ella, pero no sólo un deseo sexual, sino un deseo de querer que el tiempo pudiese pararse realmente aquella noche. ¡Oh, destino cruel que no permitirás que el dios del tiempo les dejé disfrutar! Este miró de reojo hacia su bolsillo dentro de su capa, no sabía cuando quería darle aquel regalo, pero sería aquella noche. No hacía falta que se lo pusiera, sólo que tuviese la caja encima de su habitación para él ya era muchisimo. Le tendió la mano derecha, mientras su sonrisa seguía imborrable.

- Bien, ¿lista para esta noche, mi querida Julieta?



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Re: Stay with me

Mensaje por Sarah Westerman el Dom Abr 10, 2016 6:35 pm



Stay with me

Con Alexander Wayland




 No comprendía cómo era que cada paso que daba junto a  él era cada vez más parecido a un cuento de hadas. El encuentro había sido tal lo imaginaba, él bien vestido y con su cabellera larga y rebelde recogida en una coleta, su elegante aroma y como complemento aquella sonrisa capaz de robarle el aliento a cualquiera. Su sonrisa se ensanchó aún más al escucharle hablar, dirigiéndose a él como un caballero haría, y es que qué más daba tu origen de cuna, el estatus social no delimitaba la educación y la caballerosidad de cada uno. Alex era el claro ejemplo de un joven excepcional, un caballero ya demás un romántico.

- Es usted todo un poeta, Romeo. No sabía yo de esta faceta suya.- Sigue el juego un poco más, al fin y al cabo era algo tan personal que lo hacía especial. Le dedicó una reverencia con la cabeza, elegante y delicada, tan cual le habían enseñado que una señorita haría.- Está usted muy apuesto, me gusta como le queda el negro. Además, con esa labia que posee parece aún más galante. Gracias por sus cumplidos, pero mi belleza hoy, esta sonrisa, es por usted y por nadie, no es que sea más o menos hermosa sino que la felicidad, hace parecer a cualquier mujer espléndida.

 Tras aquel divertido saludo, se colocó junto a él y le tomó del brazo, en lugar de la mano. Tal y como habían hecho el primer día que se conocieron, pero esta vez no fue ella quien emprendió la marcha, ese día guiaba él. Le dedicó una mirada, una mirada que lo decía todo. Podía verlo también en sus ojos, ambos habían ansiado ese recuentro con la misma fuerza, ambos habían extrañado los brazos del otro con la misma fuerza y ambos no cabían en si de gozo al poder ver al contrario después de tanto tiempo. Aprieta su brazo con fuerza entre sus manos, temiendo que se le escape y se pega a él. Nadie les miraba, el ajetreo del puerto a aquellas horas era impensable, Sarah se encontraba realmente sorprendida. Creía que serían el centro de todas las miradas, pero no tenían ni un segundo para levantar la vista de sus compras, de los puestos... el puerto estaba vivo y Sarah no lo había visto así nunca antes. Los olores, las risas, los gritos, el ajetreo. Venecia estaba viva incluso a aquellas horas de la noche.

 - Yo también te extrañé Alex...- Susurró a su vez, para que solo él la escuchase. Sus mejillas salpicadas por pecas se colorearon muy suavemente de un color carmin y no pudo evitar apartar la mirada de él para fijarla en sus zapatos.- Y estoy preparada para todo lo que me tengas preparado... pero yo también tengo algo para ti y espero que me puedas dedicar un momento de nuestro valioso tiempo para entregarte mi sorpresa. No es algo material, pero igualmente espero que sea de tu agrado

 Volvió la mirada a él sonriendo de manera casi infantil, feliz y emocionada por la velada que les esperaba juntos. Casi daba pequeños salititos impaciente, esperando a que Alex comenzase a andar, guiándoles hacia lo que hubiese preparado para ellos en aquella noche tan bonita de reencuentro. No cabía en si de gozo, sabía que sería la envidia de alguna que otra muchacha que por el camino posaría sus ojos en Alex, sabía que no pasarían del todo desapercibido por todos pero al menos podrían pasar una noche a solas sin ningún tipo de incidente ni de interrupción. Aquella noche solo existían ellos y nadie más. No importaba quienes eran o en quienes se convertirían, si quiera si aquello duraría para siempre, pero era tan la felicidad que el uno le otorgaba al otro, que todas las preocupaciones y males se disipaban casi instantáneamente, eran como una cura. Eran el uno para el otro.


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Re: Stay with me

Mensaje por Alexander Wayland el Dom Abr 10, 2016 8:14 pm



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Con Sarah Westerman



Sus labios no podían borrar la sonrisa de su rostro, no querían dejar que esta desapareciese en ningún momento. Aquella chica era como una droga para él, lo que le hacía sentir era intenso y verdadero, tanto como que si uno se metía al agua se iba a mojar. Una vez ella estuvo agarrada a su brazo, pegó este a su costado para que no pudiese soltarse, no sólo por elegancia sino porque no quería que se perdiese en aquel ajetreo. Ese era el mundo nocturno, un mundo en el que él estaba acostumbrado a vivir como si fuese su medio natural.

Comenzó a caminar mientras escuchaba las palabras de Sarah con tranquilidad, comenzando a mezclarse entre la gente, aquello que de día era un puerto simple y llano, en aquel momento estaba completamente vivo, luces, alguna que otra persona ofreciendo sus cosas a viva voz, pero no sólo eso. Muchos mercaderes ofrecían probar el género, acercarse a disfrutar de la vista, el olor, el tacto... todo aquello para gente como él que paseaba por la noche. Sin embargo, lo que pretendía es que conociese algo más el lugar en el que vivía. Cuando escuchó aquella petición, Alex paró un segundo para poder mirarla a los ojos, se inclinó para juntar sus labios al oído de ella y susurrar pues entre tanta gente no quería que nadie se enterase de lo que iba a decirle, por vergüenza o quizás porque adoraba el roce de sus labios con cualquier parte de ella.

- Cada vez que nos veamos, cada vez que me tengas enfrente tuya, seré completamente tuyo. -Hizo una breve pausa para seguidamente besar el cabello rojizo de ella y volver a susurrar.- No me hace falta material, tu recuerdo no es material y me hace sonreir por encima de cualquier situación. Sé que será genial... porque proviene de ti. Además, yo también tengo algo para ti.

Alex separó sus labios del oído de ella para volver a comenzar a andar por el puerto, más fue a la parte más "lujosa" por llamarlo de alguna manera, vendían telas, frutas, y diversos artículos como unos que sobresalían, eran rosas realmente extrañas pero de una belleza embriagadora. Alex se fue parando en cada uno de los puestos para que ella pudiese observarlo todo de cerca, saludando a la gente que allí estaba anunciando sus productos. El vendedor de las rosas, al ver a ambos jovenes, salió de su puesto y le tendió una rosa de color rosa a Sarah, alegando que haría juego con su maravilloso vestido.

- Las rosas de ese color simboliza el agradecimiento por algo o la ausencia de maldad. Si fuese yo quién te la hubiese dado, te estaría agradeciendo el haber venido hoy y el estar en mi vida desde aquel día en la playa.

Tenía grandes planes aquella noche, no sólo quería enseñarle aquellos objetos, sino que quería dejar un buen recuerdo en la memoria de esta. ¿Por qué? Si es verdad que no podía salir por su propia iniciativa, él conseguiría que viese al menos Venecia poco a poco, aunque tuviese que extenderse mil años para que eso sucediese, lo terminaría consiguiendo. Pues nada era mejor recompensa que verla sonreir.



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Re: Stay with me

Mensaje por Sarah Westerman el Mar Abr 12, 2016 10:18 pm



Stay with me

Con Alexander Wayland



 Al pasar por los puestos, de tan variados colores y olores sintió como su cuerpo era embriagado por un sentimiento de felicidad y plenitud incomparable a nada más. Sus ojos iban y venían de todo, no sabía por donde empezar y por donde terminar. Todo era nuevo, todo le parecía tan exótico y mágico que se olvida de la noción del tiempo y el espacio, y de que ella, jamás podría pertenecer a dicho mundo si no fuera por la existencia de Alex. La sonrisa, un tanto estúpida quizás, se había acomodado en su rostro y no la abandonaba. Se sentía completa y feliz de su brazo, conociendo nuevos lugares y viviendo nuevas experiencias.

 Le arrastraba de aquí para allá, incansable en su afán de descubrir cosas nuevas. Se encontraban amparados por las risas, el gentío y la tenue luz de los farolillos. De su brazo podía sentir que era capaz de ir hasta los mismísimos confines del mundo, aunque aquello no pudiese durar para siempre. Aquel era el momento. Carpe Diem. Como decían los antiguos griegos, vive el ahora. Era tal la emoción del momento que se olvidó de sus miedos, de las distancias sociales que les separaban y de los nervios que su cercanía le provocaba. El tiempo pasa volando al lado de quienes quieres y aún más si te llena de felicidad y gozo. Llevaban semanas sin verse, y el poder pasar, aunque fuese solo un par de horas a su vera, era el mejor regalo que podrían darle.

- Para mi si que es un placer el poder pasar esta noche contigo, Alex.- Comentó levemente avergonzada, cuando al parar junto al puesto de flores, el señor que lo atendía le regaló una rosa. La tomó con extremo cuidado entre sus manos, mirando a Alex a los ojos.- Pero aunque sea un detalle hermoso y agradable, la belleza de una flor se marchita y no perdura en el tiempo... quizás nuestra existencia se asemeje al ciclo de vida de una flor y quizás el sentimiento de amor también sea así. Pero si tengo algo claro, es que prefiero tener una memoria tuya a cambio de mil rosas. Como has dicho, es mucho más placentero un recuerdo que un objeto, porque al fin y al cabo, la esencia de un sentimiento y recuerdo es incorpóreo y no puede ser capturado en ningún objeto...

 Quizás se había dejado llevar por la emoción del momento, pero las palabras habían acudido a su boca como por arte magia. Sus ojos seguían posados sobre aquella preciosa flor rosa, que tanto conjuntaba con su vestido y sus mejillas. Instantáneamente, en cuanto se percató de que no estaba sola y que aquello podía ser un poco raro, desvió la mirada hacia Alex, que seguramente no había sido capaz de dejar de mirarla. Coquetamente, coloca un mechón de su pelo detrás de su oreja, sosteniendo su preciosa rosa imperecedera en la mano. Mordió su propio labio inferior antes de volver a hablar, esta vez dirigiéndose hacia su acompañante y no hacía el aire, sin dirección alguna.

- Lo siento, no era mi intención irme por las ramas... Creo..em creo que quiero darte yo primero mi sorpresa, antes de que me lleves a ningún otro lado. No puedo esperar a ver tu cara cuando lo escuches y creo que el nerviosismo que me provoca el pensar en la actuación que te voy a regalar, no me deja disfrutar de esta noche como debería. No creas que me pasa a menudo, de hecho preferiría actuar en un teatro completo de gente desconocida....

  Dejó de hablar, estaba enrollándose demasiado sin llegar a absolutamente nada. Así que pasó a la acción. Se despidió del hombre que le había regalado la rosa, le dedicó una de sus preciosas y aniñadas sonrisas y acto seguido, tomando a Alex del brazo echó a correr, alejándose de la zona más concurrida del Puerto. Conocía el sitio perfecto. Correr con tacones no era su punto fuerte, y estuvo a punto de tropezar alguna que otra vez en su desenfrenada carrera. Pero tan pronto como deseaba, llegaron a la zona del puerto desde la que se podía ver a lo lejos la playa en la que se habían conocido.  Detuvo su carrera, soltándose de su agarre por un momento. Le hizo sostener la rosa, dedicandole una reverencia quiás demasiado artificial. Se subió sobre el muro que delimitaba la playa con el puerto, a su espalda podía ser observada la gran magnitud del mar, refulgiendo con el reflejo de las estrellas y la luna. La estampa era cuanto más de fantasía. Desenfundú su violín, aquel que su padre le había regalado hacía tanto y que guardaba como oro en paño. Lo colocó con delicadeza entre su hombro y su mandíbula, igual que había tomado rosa. Su postura era ergida y elegante, con el brazo en el que sostenía el violín recto y la mano del arco, aquel instrumento que creaba arte, en la otra, preparado para rasgar las cuerdas de su compañero en cuanto lamano de Sarah diese la orden.  

 En cuanto el arco rasgó las primeras notas del violín, melodioso y dulce a su vez, Sarah cerró los ojos, dejándose llevar por completo por aquella hermosa pieza de arte. Su cuerpo se balanceaba en un tímida danza y su mano se movía como al de un autómata sobre las cuerdas. La melodia era romántica, quizás hasta melancólica... pero era algo en lo que la mestiza llecaba trabajando desde que se conocieron, se notaba en la delicadeza que ponía al marcar cada nota, se notaba en el alma que le estaba poniendo aquella interpretación. Aquel sería quizás el mejor y el peor recuerdo que podrían ambos tener de dicho encuentro, pues al fin y al cabo, un recuerdo es algo que se queda con nosotros para el resto de nuestras vidas una vez ocurre, al igual que la música y tanto Sarah como Alex, tenían ambos, recordarían aquel maravilloso día incluso décadas después y sonreirían al recordar, lo felices que una vez fueron, juntos.

Música:
 



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Re: Stay with me

Mensaje por Alexander Wayland el Vie Mayo 06, 2016 3:34 pm



Stay With Me

Con Sarah



Ver a Sarah de aquella manera hizo que Alex estuviese completamente satisfecho por la espera que había tenido que aguantar para poder disfrutar aquel momento en su compañía. Podía ser el primero o el último de una eternidad juntos. La verdad es que Alex no quería pensar en que fuese el último la quería, la quería muchisimo. Tanto como Romeo quería a Julieta, sin embargo todas las historias de amor tienen sus más y sus menos.

La reacción de Sarah de sonrojarse ante la rosa, hizo que este no pudiese apartar la mirada de ella, quería grabarla en su memoria para no olvidarla nunca, pues era lo que le hacía seguir adelante de momento. Y era algo a lo que no queria renunciar. Quería el bienestar de ella por encima de cualquier cosa, incluso por encima del suyo propio. Y eso era algo que quizás a Alex no le haría ningún bien, pero él no podía obligar a nadie a nada. Soltó una pequeña risita al escuchar lo del regalo, sí es verdad que se ponía nerviosa y que hablaba mucho pero la voz de Sarah era música para sus oídos.

Cuando esta le cogió del brazo y echó a correr, este le siguió el ritmo sin ningún tipo de problema. Sarah casí se cayó un par de veces, cosa que Alex evitó con unos suaves tirones para volver a equilibrarla. Era admirable que Sarah hiciese todo aquello para poder sacarle una sonrisa. Sí, estaba un poco nervioso, no sabía que podía haberle preparado aquella dulce niñita que se sonrojaba a la mínima. Una vez llegaron, este sostuvo la rosa para que ella pudiese moverse con total libertad. No pudo evitar sonreir al ver a Sarah tan concentrada. Se apoyó en una de las paredes cercanas, esperando con paciencia a que esta comenzase.

Las notas salían de la manera más natural que jamás había visto en una canción. Aquella melodía era profundamente hermosa, tanto que Alex notó un escalofrío por todo su cuerpo cuando esta continuaba con su pequeño concierto privado, exclusivamente para él. Una expresión de asombro y felicidad aparecieron en su rostro, más mantuvo el silencio hasta que esta terminó su recital. Colocó la rosa en uno de los barriles que tenía a la derecha, para comenzar a aplaudir en cuánto finalizó. Había sido precioso, y sobretodo inolvidable.

- H-ha sido increíble, Sarah... es precioso. Ha sido precioso y estupendo.... no tengo ni palabras para describirte.


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Re: Stay with me

Mensaje por Sarah Westerman el Lun Jun 06, 2016 7:10 pm



Stay with me

Con Alexander Wayland




Se baja del muro en cuanto termina su actuación. Nota miradas ajenas posándose en ella pero nadie se acerca a dejar nada, está claro que vestida con aquel vestido no podía ser una rata callejera que tocase por limosna. Pese a la atención que recibían, sus ojos solo podían mirar a aquel joven que la miraba con ojos brillantes. Camina hacia él dando brinquitos de felicidad y presiona sus labios contra la cálida mejilla del joven, acto seguido le toma del brazo y le obliga a seguir con el paseo. No quería quedarse allí o llamaría de masiado la atención, no se podía permitir ser descubiertos; su padre estaba en prisión y no tardarían en ir a por ella.

- No ha sido nada, tu me has inspirado. Por eso ha sonado tan bonito...

Mientras sus pasos recorren de nuevo las calles pedregosas del puerto de Venecia guarda su violín, lo que le da la oportunidad para esconder entre su pelo su rostro sonrojado por el halago de Alex. No sabía que haría él con aquello, pero para ella su persona era importante; uno no sabía qué podría depararle el futuro pero estaba segura que Alex sería alguien importante en su vida y que dejaría un marca profunda e imborrable en su corazón. La vida es un juego que nunca descansa o nos deja descansar, asi que hay que dar cada paso como si fuera el último; el futuro es incierto, hoy podremos estar aquí... mañana aún no lo sabemos.

Nunca había encajado y probablemente no lo haría tal y como ella se esperaba, pero sentía que con personas como Alex podía ser ella misma sin miedo represalias o a caras de asco. Alex era una buena persona y no quería dañarle con sus decisiones precipitadas y actitudes de niña, aún así no podía evitar sentirse atraída hacia él y lo que era ¿Qué le pasaba? Jamás conseguiría descifrarlo como para llegar a entenderlo y quizás cuando lo hiciera, sería ya demasiado tarde. Sus pasos los llevaron al final del paseo, allí donde la ciudad y el mar se unían en la playa. Se descalzó y pisó la arena, ya fría puesto que el sol había dejado de golpearla con sus acuciantes rayos solares. Mira cara a cara al joven y le sonríe, le ofrece su mano para que la siga y ambos disfruten de nuevo, juntos, del lugar en el que se conocieron.

-Vamos, no seas cobarde... vamos a la playa y además, ahora te toca a ti darme mi sorpresa. No se me va a olvidar.

Tira de su mano sin pensárselo y echa a correr por la playa dirección a la orilla. Su vida sería una preciosa historia ¿Tendría final o si quiera acabaría? Es demasiado pronto como para vaticinar nada, lo único claro es que aquellos dos seres tan diferentes e iguales a la vez tendrían un papel bastante importante para el otro en el futuro. Ese papel sería tanto bueno como malo, ellos no son conscientes de eso aún pues disfrutan del presente, de la felicidad de sentirse amado y correspondido y la emoción de la juventud excelsa y enérgica... no pueden pensar en nada más y eso está bien, a veces hay que dejarse llevar y ver qué ocurre. En aquel momento, de su mano, sintiéndole a su lado, no podría estar mejor en ninguna otra parte. Su corazón se sentía lleno y tranquilo teniéndole de su mano ¿Qué más podría pedir?




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Re: Stay with me

Mensaje por Alexander Wayland el Sáb Jul 09, 2016 6:35 pm



Stay With Me

Con Sarah



Cogió la mano de Sarah con suavidad y cuidado, no es que la tuviese por una mujer débil, pero no le gustaría hacerle daño de ningún modo, era muy cuidadoso con ella ya que era la primera mujer de la que se enamoraba. Continuó sus pasos con calma, tras unos segundos él iba un poco en cabeza para cuidarse de que todo estuviese perfecto y sus preciosos ojos no viesen nada de lo que pudiesen arrepentirse, al fin y al cabo los vampiros cohabitaban con los humanos y algunas veces no era agradable esa existencia.

Podía sentir las miradas sobre ellos, aunque nadie se atrevía a decir nada ¿por qué? Lo bueno de aquel lugar es que había una libertad prácticamente plena, todos podían ser lo que realmente querían ser, sin limitaciones sin normas, sin malas miradas que les catalogaran como una cosa u otra. No se dio ni cuenta cuando llegaron a la playa, dónde se conocieron, aquel lugar rezumaba magia por todos lados, era un sitio completamente hermoso aunque para muchos fuera solo una playa, para ellos tenía una historia con o sin final, eso no importaba en aquel momento.

Cuando ella echó a correr con él de la mano, este decidió seguir su instinto corriendo detrás de ella. La alcanzó rápidamente mientras reía sonoramente, tiró de su mano derecha con suavidad haciendo que esta se elevase unos centimetros del suelo. Una vez hizo esto, Alex se inclinó con suavidad y la cogió en brazos cual princesa pasando su mano libre por las piernas de ella para tenerla bien sujeta. Siguió corriendo durante unos minutos por la arena, dejando que su cabello negro se revolviese como si este ansiase la libertad. Paró en la arena, muy cerca del agua pero sin que esta llegase a tocarles. Se agachó, poniendose de rodillas en la arena, bajando a Sarah hasta la arena, dejandola sentada en esta. Sus ojos se cruzaron de nuevo, otra vez aquella electricidad, aquel sentimiento de necesidad hacia esa mestiza.

- Lo mío por desgracia es material... porque mi verdadero don son las manos. Siempre hice armas, creía que los metales no servían para otras cosas, fuese para defender o atacar, las armas siempre herían a alguien. Pero... desde que te conocí he pensado que quizás estaba ciego y mi visión era demasiado escueta hacia mi propio futuro. Quizás, algún día, estas manos puedan hacer algo más que armas o joyas, puedan ser un refugio dónde la tristeza no pueda llegar.

Guardó silencio unos segundos mientras mantenía aquel contacto visual. Soltó la mano de ella con cuidado, llevandola hasta dentro de su capa, rebuscando en esta con cuidado. Segundos después sacó su mano agarrando una cajita aterciopelada. La luz de la luna dejaba ver las pequeñas heridas en sus manos, la plata era su talón de Aquiles, pero por ella le daba igual tener tres o cuatro talones de Aquiles, su sonrisa era más que suficiente. Se sentó a su lado deslizando sus dedos por la cubierta de la caja y abriendo esta, la luz de la luna se deslizó directamente hacia la plata, dejando ver la silueta de una preciosa ala de ángel tallada en esta con una cuerda de cuero negro que combinaba a la perfección. A su lado, el ala de un demonio en un hierro algo más tosco, se distinguía que no era plata pero aún así, era hermoso con aquella luz directa sobre ellos.

- Representa lo que eres para mí... un ángel. Un ángel que apareció cuando yo pensaba que no tenía salvación, que debía resignarme a estar en una lista y morir algún día, pero... tus preciosos ojos hicieron que cambiase mi parecer ante todo.

Quitó el colgante de la cajita para cogerlo de la cadena. Se incorporó suavemente y gateó hasta la espalda de la muchacha, abrochando aquel precioso colgante que tanto trabajo le había costado hacer. Una vez estuvo abrochado, dio un beso en su hombro con cuidado y se separó volviendo a sentarse a su lado, sonriendo con levedad.

- Lo que imaginaba, te queda perfecto. Eres hermosa Sarah.


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Re: Stay with me

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