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Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Petrucio Farnese el Jue Abr 14, 2016 12:56 am

La hora bruja había llegado. El momento perfecto de la noche, pensé mientras me alisaba mi levita. No siempre uno tiene el deleite de semejantes oportunidades, el organizar un encuentro furtivo madre hija sin que ninguna de las partes supiera de la asistencia de la otra.

-Gracias por los pequeños placeres de la vida.- Acaricié la cubierta de mi instrumento, prisionero en su estuche.- No, esta noche no. Apaga tu musa por unas horas. Hoy no es noche de música.

De igual forma me lo colgué a la espalda tras haber repuesto una serie de pociones en el mismo. Salí de casa disfrutando del refrescante aire de Venecia. Por la noche, con las calles vacías, libres de las hordas de diurnos, el bochorno hacía mella en el aire como un hediondo montón de estiercol sudado, contaminando la ligereza del mar que contrastaba con la frescura floral de la que se enorgullecían sus cuidadores y propietarios.

Mis pasos me llevaron a la plaza de San Marcos, donde una serie de locales, afines a mis horarios, que no a mis gustos, mantenían abiertas sus puertas. Seguí mi ruta, ignorando prostíbulos, burdeles y lupanares, a cada cual más extravagante u hortera hasta hallar el lugar ideal. A la espalda de una pequeña iglesia, con la pared recubierta por igual por grietas y enredaderas, un pequeño restaurante, con sus mesas de hierro negro forjado y tratado, sus sillas con cojines de colores apagados.

Llegué, tomé asiento y saludé al propietario. Al poco había traído una bebida de limón con un poco de azúcar y un raro detalle, hielo para refrescarlo. Me entretuve charlando con el hombre sobre lo idóneo de este estado del agua y de sus muchas aplicaciones mientras hacía tiempo hasta que cualquiera de las Blueflame llegase. Me picaba la curiosidad por quien llegaría primero, la ardiente madre o la dotada hija...

-Definitivamente, la noche será interesante...
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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Sarah Westerman el Lun Abr 18, 2016 1:48 am


S

  us tacones guiaron a la joven, no tuvo que prestar atención alguna hacia donde iba porque se conocía el sitio casi mejor que la palma de su mano. La Plaza de San Marcos. Aquella maravillosa obra de arte esculpida a mano por el ser humano. Era increíble lo que estos seres eran capaces de hacer con piedra y una idea en la mente. La Plaza de San Marcos, un lugar tan emblemático, el corazón de Venecia... aquel lugar había presenciado tanto atrocidades como maravillas, había sido testigo de un montón de sucesos a los largo de la historia, y ahí seguía, magna y regia.

 Sarah recorrió el lugar con rapidez, buscando con la mirada a su “cita”. Creía que llegaba tarde pues se padre se había liado a hablar con ella, recordándola las normas de la casa y el toque de queda. No es que no se fiara de ella, sino que los tiempos que corrían por Venecia no eran muy seguros para nadie, aún menos para una mestiza. Con su precioso violín negro sobre el hombro, andaba casi dando vueltas sobre si, cual bailarina, haciendo bailar su alborotada melena pelirroja con dicha acción. Iba realmente elegante para una simple cita informal, aún así, le encantaba aquel traje de chaqueta, era su favorito y le apeteció vestirse con él para la ocasión; quería causar una buena impresión a su maestro. Finalmente, entre las gentes que venían e iban, pudo localizar al hombre. Era inconfundible, su porte elegante, el estuche de su instrumento, su larga melena oscura, azabache y aquel timbre de voz... sí, sin duda alguna aquel hombre sentado en la terraza de aquella pintoresca taberna era Petrucio Farnese, tan impecable como siempre.

  Bajo el amparo de la luna y con una reluciente sonrisa en el rostro se adelantó para encontrarse con él lo antes posible, estaba ansiosa. Su último encuentro había sido cuanto más interesante y de él había aprendido tantas cosas que no podía reprimir la alegría de volver a verle en una noche como aquella. Una leve brisa soplaba aquella noche, no hacía mucho frío y se notaba que la primavera comenzaba a adueñarse de Italia. El lugar que el mafioso había elegido para el encuentro,además, se encontraba al soco de una pequeña iglesia bastante vieja, agrietada y casi completamente tapada por plantas silvestres, enredaderas, que se habían adueñado de sus piedras y recovecos. Cierto que no era la mejor zona del lugar, estaban rodeados, por así decirlo, de la “escoria” de Venecia... pero pese a eso, era un lugar extravagante a la par que sencillo, de una exquisitez propia de un marchante de arte.

 - Buenas noches señor Farnese. Espero que la noche sea de su agrado, igual que lo es para mi este encuentro tan fortuito.- Le saludó colocándose frente a él cuando estuvo a su altura, le dedicó una educada y elegante inclinación con la cabeza, una reverencia. Le había sorprendido recibir noticias suyas tan pronto por medio de una carta, pero con tal de salir de su casa, hacía lo que fuera.- ¿Cómo le va?

 Pensaba ser paciente y esperaría a su invitación para acompañarle sentándose junto a él. Hasta que este no lo hiciera se mantendría de pie, frente a él, de la manera más cortes posible. Al fin y al cabo era superior y mayor suyo, habría sido una falta de respeto el tutearle y tomarse la libertad de sentarse junto a él sin venia alguna. Nada y todo había cambiado desde la última vez, ahora eran conocidos un poco más cercanos, además, de que Petrucio había prometido hacerla grande, toda una artista y Sarah pensaba tomárselo al pie de la letra. Quizás por ello, no se sintió reticente a la hora de aceptar su invitación para verse aquella noche, además, había encontrado la excusa perfecta para que su padre la deja salir. Estudios. Aunque, al final, no fuesen a ser estudios al pie de la letra lo que la entretuviese aquella noche.

La Plaza San Marcos, aquella noche sería confidente y testigo de un reencuentro la mar de divertido y entretenido. Sarah no era consciente aún de lo que iba a acontecer aquella noche, no era ella la única invitada del marchante de arte, sino que además, se había tomado la libertad de invitar a su madre. A la capitana Victoria S.Blueflame, a la que la pequeña llevaba un par de semanas sin ver y con la que aún tenía algún que otro tema pendiente. No le había gustado lo más mínimo lo que había escuchado de los labios de Petrucio y pese a eso, si aquella noche la pelirroja daba la cara, tendría que callar. Pues no era el momento ni el lugar para comenzar una discusión familiar. Si quería saber por qué la guardaba cual oro en paño, como si no quisiera que nadie supiese de su existencia, tendría que esperar... o quizás no. Todo dependerá de como se desarrolle la noche, de momento, está la mar de feliz y maravillada por poder pasar otra velada divertida con Petrucio Farnese ¿Se torcerá su noche o la recordará como una divertida conincidencia?



Última edición por Sarah Westerman el Mar Ago 16, 2016 6:28 pm, editado 1 vez
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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Lun Abr 25, 2016 6:11 pm


UN INNOCENTE INCONTRO INFORMALE
Con Petru&Sarah



      Ya había pasado bastante tiempo desde la última vez que tuvo noticias de Petrucio. Eran amigos cercanos, aunque guardando distancias seguras; a fin de cuentas Victoria ella así, desconfiada en un porcentaje seguro hasta de su propia sombra. Por carta, ese medio comunicativo que tanto le gustaba pero a la vez odiaba, era tan sencillo interferir en el camino de esos pequeños pedazos de papel que podían albergar tanta riqueza, no léxica, que también, sino el mayor de los tesoros que cualquier persona vil y mezquina podría desear: secretos, encuentros y confesiones. Información a fin de cuentas, y eso que son simples palabras, pero llegan a ser más dañinas que el propio acero de una espada o el balín de su arma. Para suerte o desgracia de Victoria, la citación de la cara, era directa para ella. Clara y concisa.


      No dudó. Tampoco es que fuera de extrañar, no era de rehusar y rechazar ese tipo de encuentros. No sabía qué querría exactamente su viejo amigo, de los pocos que mantenía a su lado. Ciertamente, las amistades de Victoria no es que fueran muchas, a no ser que hubiera trato de favor con negocios por medio, ahí todo beneficiado adoraba a nuestra querida vampirata; sin embargo, desde muy joven, la han traicionado y se han aprovechado de ella, en todos los sentidos. Tanta mala experiencia hicieron que, tras la muerte de sus padres, ese cálido corazón helado de la vampira, se volviera gélido y sin sentimiento alguno, hasta el día que cierta personita logró acalorar su navegante corazoncito. — Maldita sea...Hasta cuando puedo estar pensando en negocios me vienes a la mente, pequeña...Ay, Sarah...


       Sí, Victoria se desvivía por su hija, más o menos acertada en decisiones tomadas o futuras. La capitana estaba terminando de armarse mientras sonreía bobamente al pensarla. La echaba de menos, desde que pasaba tiempo con su padre y en la academia, sus vivencias estaban cambiando y en cierta manera, le dolía esa situación. Sacudió la cabeza, serenándose y manteniéndola fría. ¿Qué quería Petrucio, para citarla así y en ese lugar de mala muerte? Si quería tratar asuntos de negocios, con alguna taberna del puerto hubiera servido; total, siendo quien era, tampoco le habrían puesto ningún tipo de problema al dejarles el lugar solo para ellos.


       Terminó y se puso en camino. Aun estando oscuro, no le faltó su casaca favorita y su sombrero, que le ocultaba el rostro. Podría haber usado sus habilidades para llegar en segundos, pero prefirió caminar, respirando el aroma de su alrededor; conmoción, miedo, sobrecogimiento, asombro...era lo que Victoria reconocía al respirar conforme cabinaba. Silencio. Demasiado silencio en su paseo; con la mano en la empuñadura de una de sus espadas, no cesó su paso, y rompiendo el silencio de la noche, la pelirroja entonó suavemente una canción pirata, sólo para ella.


       Llegó tras un agradable paseo. — Extraño, viejo amigo. ¿Tú, en un lugar así? Te recordaba más refinado... Bien, aquí me tienes, ¿a qué se debe esta "cita"?— Comentó nada más llegó y posicionó a la espalda de una muchacha. ¿Perdón, estaba acompañado? Antes de soltar cualquier comentario, su olfato la avisó. Ese aroma familiar lo reconoció al instante. Pero...¿Qué estaba haciendo aquí...ELLA? ¿Qué pretendía Petrucio? La media sonrisa que se dibujó en los labios de Victoria en el paseo, desapareció por completo, pasando a ser una mueca de enfado absoluto. Su tono de voz, serio,directo sin tapujos, conciso. — ¿Qué estás haciendo, "amigo"? ¿Por qué está mi hija aquí?


      Alzó la vista hacia los ojos del vampiro. Se colocó a la altura de Sarah, rodeándola con el brazo y apegándola a sí misma tras sujetarla por el hombro de la pequeña. No lo entendía, solo supo hacer ese gesto mientras escondía sus colmillos amenazadoramente apretados. ¿Otro traidor? Solo podía pensar en una cosa...

"No, por favor, no puede traicionarme... Él no..."



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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Petrucio Farnese el Mar Jul 26, 2016 8:18 pm

Sonreí al ver a la joven Westerman llegar primero al encuentro, por supuesto no dude ni un segundo en ofrecerle asiento y despachar al camarero. Hacía una noche espléndida y el lugar era un sitio tranquilo. Lo cierto es que la joven llevaba un atuendo delicioso, que seguro haría que mas de un cuello se girase en redondo por las calles.

-Sarah, me alegra que hayas acudido. Estas preciosa bajo la luz de la luna, si me lo permites.- Le tomé la mano y deposité un suave beso en sus nudillos antes de soltarla y sonreir amablemente. Verás tenía pensado proponerte una diversión esta...

No tuve ocasión de terminar la frase, una energética, curvilínea y despampanante capitana de navío apareció antes de lo esperado. ¿En serio Victoria? Nunca has sido puntual, y decides empezar a serlo hoy... No obstante mantuve mi sonrisa imperturbable al tiempo que daba un sutil golpecito con mi índice extendido  sobre la mano de la artísta, a la cual señalé a su madre.[/color]

Extraño, viejo amigo. ¿Tú, en un lugar así? Te recordaba más refinado... Bien, aquí me tienes, ¿a qué se debe esta "cita"? ¿Qué estás haciendo, "amigo"? ¿Por qué está mi hija aquí?

Noté la ira bullendo por su cuerpo, haciéndola casi vibrar de ira contenida. Por un instante contemplé la idea de dejar a un lado la mascarada y mostrar mi propio enfado. ¿Tu hija? Vaya, podría haber sido un detalle decirme que tenías una hija. Creo que entre polvo y polvo es un detalle bastante interesante decir que te has acostado con un general cazavampiros, pero nah, ¿Para que molestarse en decírselo al viejo Petruccio?

Alcé una ceja contemplando a Victoria. No. No diría nada de eso.

-¿Tu hija? Victoria...-Me llevé una mano al pecho con gesto de sincera sorpresa- Y yo que creía que teníamos cierto grado de confianza...- Tome las manos de la joven, dándole un imperceptible apretón Ya sabía que era hija suya, ambos lo habíamos hablado durante nuestro primer encuentro, esperaba que ella lo recordase y se diera cuenta de la broma que estaba urdiendo.- Y pensar que esta talentosa dama es sangre de tu sangre... -Negué con la cabeza y solté las manos de Sarah para mirar a Victoria.- De todas maneras ¿a que viene esa reacción? Suelta a la joven o no podremos cenar en paz. Tenemos mucho de lo que hablar, ¿No es así Sarah?
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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Sarah Westerman el Mar Ago 16, 2016 6:45 pm


S

  egún escuchó aquellas pisadas a lo lejos pudo diferenciarlas del resto de ruidos de aquel lugar. Era reconocible hasta allí. Podría encontrarla siempre aunque fuera en la mitad de una gigantesca multitud... su madre. No importaba cuanto pudiese enfadarse con ella o sentirse decepcionada en algún momento, siempre la querría... al fin y al cabo es sangre de su sangre.

 Se mantiene de espaldas a ella aún cuando desea con todas sus ganas girarse para poder ver como llega, con aquellos andares y esa expresión que tanto la caracterizan, pero no se lo permite. Aquella noche estaría llena de sorpresas, y la primera de todas era aquella. Ella misma.


- Madre, no tiene de qué preocuparse. El señor Farnese es un buen caballero, un amigo... alguien en quien confío, aunque claro no soy tan idiota como para decirle de buenas a primeras quien soy. – Ya había previsto aquel tipo de reacción por parte de su madre. La miraba desde su espalda, primero a ella y después a Farnese con una sonrisa en el rostro. Hacía mucho que no veía a su madre y que nada más encontrarse ya hiciese acto de presencia aquel carácter suyo le recordaba a buenos tiempos.- No se enfade ¿Vale? No busque segundas intenciones donde no las hay.

 La toma de la mano, acariciando su brazos primeramente con la yema de los dedos. Aquellos ojos escarlata que tanto recordaban a su padre desnudan el alma de la capitana. Es consciente de que con aquella dulce y cariñosa sonrisa será capaz de deshacer un poquito la tempestad en la que se había convertido su madre al verlos a ambos juntos. No sabía qué era lo que tanto la escandalizaba ¿No era amigo suyo acaso? Sarah sabía de sobra que sus padres solo querían lo mejor para ella escondiéndola del mundo, pero no podrían esconderla de todo durante toda su vida, durase lo que durase esta. Era imposible que siempre la mantuviesen bajo el amparo de aquel escudo. En algún momento conocería el mundo que la rodeaba... Entonces, ¿Por qué ocultarla a aquellos en los que también uno puede confiar? ¿O es que acaso ya no se puede confiar en nadie?

 Guía a su madre hacia la mesa, tirando de ella suavemente para que la siguiera sin rechistar. Le iba a costar dar su brazo a torcer. La conocía de sobra y en ningún momento bajaría la guardia... pero con ella nada de eso funcionaría. Le había seguido la broma a Farnese, no sabía que quería pero sería interesante ver a su madre fuera de un ámbito en el que se sentía cómoda; nunca antes la había visto fuera del barco, con amigos y en un ambiente como el de aquel lugar ¿Qué haría?

– Siéntese madre, tenemos mucho que hablar los tres. No sé que es lo que ocurre exactamente, solo sé que... sea lo que sea, hablando se solucionan las cosas... por favor.

Aquellas palabras flotaron de su boca pretendiendo ser un hechizo ¿La convencería? No estaba muy seguro de ello, sin embargo haría todo cuanto estuviese en su mano para hacer que se quedase. Depositó un beso suave y cálido en su mejilla, en la de su madre, ante de sentarse  en la silla más cercana al local, dejando que su madre se siente a su lado. Estaría en el medio de aquella velada y la verdad es que ahora que se había dado cuenta lo temía y lo esperaba con nerviosismo. Se sentó con elegancia dejando su preciado violín colgando sobre el respaldo de la silla. Su mirada seguía completamente puesta en su madre, esperando una respuesta de ella.

 
Por mucho que hagas madre, jamás llegaré ni podré odiarte. Te quiero.


Última edición por Sarah Westerman el Lun Ene 29, 2018 1:37 am, editado 1 vez
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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Miér Ene 24, 2018 1:10 am



Un innocente incontro informale

Sarah & Petrucio

 
Cierto era que las cosas en el entorno de Victoria han cambiado, pero ella, no. La capitana era bastante sencilla en su interior, se valía de una regla: o tú o yo, no, mejor tú. Para todo. Pero también era cierto que, en el único asunto en el que nuestra capitana pelirroja, de armas tomar, había cambiado era por una sola razón: su hija.

Esa niña le había cambiado la vida, por completo, poniendo su mundo bocabajo, sin previo aviso; y Victoria lo sabía. La pirata se había vuelto sobreprotectora con ella, y mucho más desconfiada; tanto, que hasta era capaz de sacarle las garras...y colmillos...a un amigo de su confianza. ¿Seguro, que todo andaba bien?

Se serenó en el momento que sintió a su hija cerca de ella; el agarre de Sarah y su beso en su mejilla era la gota de agua que apagaba la mecha. Al menos por el momento. 

Descuida, pequeña, ya he cenado...

Le miró de reojo y le dedicó un guiño. Después se acercó al asiento que la pequeña le había reservado, y con su porte y gracia características, se sentó. Se cruzó de piernas, se recostó en el asiento y relajó su semblante; un brazo sobre su regazo y el otro sobre la mesa, cuya mano daba golpecitos consecutivos al mismo ritmo con cada uno de sus dedos en escala.

Alzó la vista a Petrucio, alzando una ceja, con unas facciones complementadas de una sonrisa socarrona y ladeada. No dijo nada. El silencio inundó el momento. Ella misma rompió el silencio.

¿Y bien, supongo que ésto es una de tus bromas pesadas, no, viejo amigo?

Se inclinó hacia delante, sin modificar un ápice de su rostro, sin apartar la vista de los ojos del varón ni un instante, ni un parpadeo, como si de una leona con su presa se tratase; intimidante, poderosa, femenina... Una mezcla curiosa para cualquiera, pero menos para ella. Quizás que Sarah estuviera presente sería bueno; aprendería lecciones poco comunes que nunca se aprenden en los libros, solo lo enseña la experiencia.

Decís que hay mucho de qué hablar...Adelante, por mí no os corteis; siento curiosidad.

Miró de reojo a Sarah mientras que se volvía a recostar en su asiento, alternando la mirada en ambos; en su hija y su...¿Amigo?¿Amante?¿Comerciante?...Interesante.

Justo. 

La noche, pintaba interesante.
 







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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Petrucio Farnese el Vie Ene 26, 2018 1:49 am

Ladee la cabeza y mi semblante se mostro serio. Es cierto que esperaba una reaccción por parte de la capitana pero sin duda no me esperaba una tempestad tan corta. Ni que decir tiene que no me importó en lo más mínimo la fugacidad de la misma, pero escuchar su tono helado y esa manera de referirse a mi, solo hizo que entrecerrase los ojos  y torciera el semblante durante un instante antes de volver a una expresión seria.

-Esperaba poder tratar esto como buenos amigos, pero si prefiere que usemos un tono mas formal, sea Capitana Blueflame.- Removí mi taza de cafe con desapego sin dirigirle la mirada. Si quería jugar a la intimidación, por mi perfecto. ¿Que es una fiera frente al hielo?- De todas maneras, cumpliré lo que me había propuesto y la promesa que le hice a Sarah. Al menos recordará, Capitana, que yo siempre cumplo con mi parte del trato.

Alcé la mirada para clavar mis ojos en los suyos, con la cabeza en alto, frío y distante. Fué un simple segundo. para dejar claro que si la conversación seguía en este orden, sería unica y exclusivamente profesional. Al finalizar el contacto visual, me incliné hacia mi estuche y le quité las hebillas de plata para acceder a un bolsillo interior. del que extraje un par de papeles. Uno era una octavilla, con un sencillo esbozo de un violín engarzado en vides que había dibujado la noche anterior. Bajo el instrumento había un hueco para una firma seguida por mi propio nombre.

-Lo primero, esto.- Le tendí la octavilla a Sarah con una sonrisa ladeada.- Felicidades, tu primer concierto. O ensayo privado. He hablado con Il signore Povedano, el dueño del teatrillo donde te oí tocar, y me ha asegurado que estará encantado de cederte su modesto local cuando gustes para lo que desees. Practicas, ensayos, o incluso un discreto concierto, lo que gustes. Solo escribe la fecha y deja la octavilla bajo el marco del teatro. A la salida tendras otra preparada para cuando gustes. Así no tendras que colarte o pedir permiso.

Sonreí sinceramente. La niña tenía talento y por la noche eterna que pensaba explotar ese talento y hacerla brillar como si fuera un diamante, no. Como si fuera jade. Misterioso, exótico y hermoso.

-Lo segundo...- Me giré mirando a Victoria. Mi tono se volvió mas formal, pero mis ojos brillaban por la curiosidad. Quería ver como reaccionaba.- Es una carta de mi vástago. Una dama de corte de la esposa del Kaiser alemán. Me comenta, entre otros detalles lo faltos de grandes talentos en palacio. Me insta a que vaya a pasar un mes o dos con sus majestades. Una invitación que se extiende a un grupo, si los considerase lo suficientemente aptos para esos ambientes mórbidos y elitistas. Un sitio lejano, apartado de las tribulaciones que asolan Venecia. Un sitio perfecto para perderse una temporada, donde practicar. - Le guiñé el ojo a Sarah.-  No he querido responder. No me apasiona la idea de irme, pero pensé que una madre preocupada, y una estudiante prometedora podrían estar interesadas en conocer Alemania. He oído que está deliciosamente desprovista de exorcistas fanáticos y cardenales majaderos.

Dejé la carta y mi mano sobre la mesa y recogí mi taza. El café estaba tibio en el mejor de los casos, y ya se entreveían los amargos posos. Lo bebí lentamente mientras esperaba a que asimilaran la información. Me voltee para mirar a un camarero y le tendí mi taza vacía, a la espera de que me trajera otro.
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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Sarah Westerman el Lun Ene 29, 2018 1:46 am


H
ay oportunidades que solo vienen una vez en la vida, barcos que zarpan solo en una ocasión y nunca vuelven a pisar el mismo puerto... y aún así, hay en ocasiones en los que es mejor dejarlos ir. No sabía por qué, contemplaba aquella hoja entre sus manos tras haber escuchado Pretrucio, su oferta era imponente y realmente una oportunidad única pero había algo que le decía que no. Su corazón se negaba y su cabeza también, la respuesta sería bastante certera. Sí, le convenía estudiar violín, era su sueño y sabía que podía lograrlo pero no quería irse, no podría con la idea de sacrificar la relación que tenía ahora con sus padres. Por fin podía estar junto a ellos feliz mente y ni si quiera aquella oportunidad lograría apartarla de aquello. Sus padres eran mucho más importante que la música.

 Había pasado de un nuevo brillo en sus ojos a la preocupación, sí actuaría y tomaría la oportunidad de tener un lugar en el que practicar y dar pequeños conciertos pero definitivamente no podría marcharse a Alemania. Sería un no rotundo. Su mirada escarlata se dirigió a Petrucio, fue seria, bastante más madura de lo que se esperaría de ella. Ni si quiera esperó a que su madre respondiera, al fin y al cabo debía ser su elección y no la de su madre, aunque solo por una parte. Colocó aquel pergamino que le entregó en su regazo antes de hablar.

- Siento tener que rechazar la oferta, no me gustaría tener que ir a Alemania ahora que puedo estar con mis padres en Venecia. No importa lo complicada que sea la situación, a menos que sea necesario no me alejaré de ellos... mi familia es más importante que mi música.- Una de sus manos casi involuntariamente se movió a tocar la funda de su violín que descansaba en el respaldo de la silla.- Sé que es una gran oportunidad para mi es algo que pasa una vez en la vida, sin embargo no puedo aceptar. Aún así, le agradezco la oferta y también el que me haya conseguido la oportunidad de poder ensayar y tocar en el teatro, se lo agradezco encarecidamente, maestro. Quizás debería ser usted quien se plantee la oportunidad, al fin y al cabo también podría beneficiarle.

 No sabía cuál sería la opinión de su madre al respecto, solo que seguramente convertiría sus más sinceros pensamientos en palabras. No sabía que clase de relación había entre aquellos dos, solo que de alguna manera se conocían y Sarah había sido el vínculo necesario para reunirlos de nuevo. Sentía curiosidad por saber qué ocurriría, de momento la situación era algo tensa y quizás abrupta... no era el mejor de los encuentros a ser cierto, pero todo podría ocurrir. Su mirada iba de su madre a aquel hombre ¿Qué habría pasado para que en aquel preciso momento, al reencontrarse, se mirasen de aquella manera?

Había cosas Sarah que aún no lograba entender por mucho que se esforzase. Como ella decía, cosas de adultos al fin y al cabo. A ella no le atañía mucho, más aparte del tema de la música y su violín. Petrucio era su maestro, pero a parte de aquello no sabía nada más de él... y sabía que aquel encuentro fortuito e informal era más bien para los dos adultos que para ella misma.

- No se preocupes por mi presencia, si quieren hablar tranquilamente háganlo y si mi presencia les incomoda... podría ponerme ahí delante a tocar el violín. Sé que realmente el reencuentro no es solo para hablar de mi... -Sonrió dulcemente a ambos adultos. Esperaba poder ayudar aunque fuera de aquella manera. No sabía muy bien qué hacer o que decir. Sabía que habían cosas que debían hablar aquellos dos, pero no sabía si aquello le incumbía o no...aunque la curiosidad la mataba por dentro.-  Lo que prefieran, no quiero ser causa de incomodidad entre ambos. Al fin y al cabo si algo les unía por alfo sería. Si se ha llevado este reencuentro acabo es para que lo que fuera que ocurriese pueda ser resulto o puedan al menos hablar...

 Inocentemente intentaba ayudarles, pero no sabía que más hacer. Se sentía pequeña en aquella silla, su joven mente aún por madurar no procesaba la complicidad de la situación. Tan solo se sentaría a esperar a que los adultos le hicieran saber qué iba a ocurrir. Ella por su parte había hecho todo cuanto estaba de su mano... ahora les tocaba a ellos poner de su parte.


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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Lun Feb 05, 2018 5:56 pm



Un innocente incontro informale

SARAH & PETRUCIO

 
La cosa se ponía interesante. Victoria estaba atando hilos, y como se lo propusiera, acabaría teniendo la bobina entera en sus manos.

Petrucio resultó ser el maestro de Sarah, de su hija, ¿por casualidades del destino? Curioso, pero no. Sarah tratando asuntos de adulto como una más. ¿Quería ser adulta? Con todas las consecuencias, pequeña. No quieras correr, cuando aun no sabes andas, vida mía.

 
Tranquilo, viejo amigo. Como ya sabes, soy la madre de Sarah. ¿Quieres saber más? Estaré encantada de ponerte...al día, querido.

Dio por zanjada la conversación entre Petrucio y Sarah, ya que la negativa de su hija la hizo soltar una pequeña sonrisa. Estaba bien enseñada, por suerte, algo que habían hecho bien.

Victoria se incorporó de su asiento, agarró su sombrero con su mano diestra y se despojó de él, para cedérselo a su hija, a la que le sentaba bastante bien; le recordaba a cierta francesita descarada que conocía bien, aunque el pelirrojo, la hacía recordar en su infancia. Esa niña era clavadita a ella cuando Victoria era...eso...una adolescente...

De eso hacía ya tanto tiempo, que al volver a la realidad, sonrió socarronamente. 

Cuídamelo, cariño. ¡Te sienta muy bien!


Se levantó de su asiento y dio un par de pasos para colocarse entre los asientos de su hija y su acompañante longevo. Como buen noctis, era más antiguo que andar hacia delante. Pero no era el caso; la diversión estaba por comenzar.

Bien, ya que hay preguntas por ambas partes, comenzaré por ti, viejo amigo. Tengo menos que explicar. — 

Se acercó a su posición coloncándose tras su asiento y apoyando sus manos sobre sus hombros, como si de un masaje se tratara. Unos segundos antes, había acariciado el rostro de su hija con ternura.

Petru...¿Hace cuanto nos conocemos, cien o doscientos años? Nunca nos hemos ocultado nada, pues eres mi mejor amigo, cliente y confidente. Sabiendo eso, disculpa que te ocultara el tema, era bastante delicado y había oídos y ojos por todas partes. Cuanto menos supieras, mejor; menos riesgo para ninguno.

Se inclinó lo suficiente para que ambos pudieran oir su comentario, solo audible para ellos, y concluyó.

Petrucio Farnese, te presento a mi hija, Sarah Westerman Blueflame; hija de Amadeus Westerman, el exorcista, y mía; una noctis capitana pirata.

Bien, la primera de las bombas ya estaba dicha, pero ahora tocaba lo difícil, reconocer que la niña de sus ojos había crecido y tratarla como se merecía, como la mujer que era. Victoria miró fijamente a su hija y continuó aclarando dudas.

Sarah, mi niña, no molestas en absoluto, al contrario. Quiero que te quedes. Te has metido tú solita en temas de adultos, y como tal, disolveré tus dudas con gusto. Solo espero que no me juzgues, todo es mucho más complicado de lo que piensas, por más que parezca todo lo contrario, cariño.

La pelirroja le dedicó una sonrisa dulce y tierna, no sin ser consciente de la autoridad que procedía en ese momento.

La pequeña no sabía de qué se conocían su madre y su maestro. Pues bien, ahora lo sabría. Giró el rostro del varón con la manos, con sutileza, por el mentón, desviando la mirada de su hija y cerrando los ojos...

Lo besó. Besó los labios de Petrucio con total normalidad, con cierto descaro, pero con tota la elegancia que le permitió el momento. Estaba hecho; se lo podría confesar más alto, pero no más claro.

Sarah...Puede que no entiendas el qué, cómo, y porqué de todo esto; y te lo explicaré con detalle si me das la oportunidad y cuando tú decidas. Hay cosas que tanto tu padre como yo hacemos, y una de ellas, es esto. 

Soltó a Petrucio, se acercó a Sarah para recuperar su sombrero y volver a mirarla con cierta seriedad mexclada con preocupación. ¿Qué pensaría su hija de ella? Fuera lo que fuera, había superado su sinceridad con ella de manera exponencial, más que de costumbre. ¿Y Petru? A saber su reacción...


Petrucio y yo, somos amantes.
 




Última edición por Victoria S. Blueflame el Lun Abr 16, 2018 1:28 pm, editado 1 vez




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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Petrucio Farnese el Sáb Feb 10, 2018 7:03 pm

-Oh bueno, que le vamos a hacer. Tendrán que buscar divertimento en alguna otra parte, me temo.- Comenté mientras me encogía de hombros. Esto estaba siendo deliciosamente productivo. Quisieran o no, estaba sacando todo el jugo del mundo a esta conversación.- Mi vástago esta perfectamente y ya tengo planeada una visita a Alemania el año próximo y no veo motivo para que el aburrimiento en la corte deba agilizar mi ida.

Victoria se levantó y empezó a hacer su habitual despliegue. Mostraba dominancia y tranquilidad cuando no hace mucho estaba totalmente a la defensiva, como un gato con el lobo erizado siseando y mostrando las uñas que de golpe se yergue cuan largo era y empieza a pasear por la casa con cabeza y cola totalmente erguidos. La semejanza me hizo sonreír. Dejé de hacerlo cuando la capitana me puso las manos encima.

-Hump, sinceramente vieja amiga me preocupa.-Alce la ceja y me giré para mirar a la capitana- Me preocupa como hayas podido criar a una jovencita tan bien educada, tan bien avenida y tan talentosa. Por los siete círculos del averno, si no fuera tu vivo retrato habría apostado a que le secuestraste la hija a una musa.

Victoria confirmo lo que Sarah ya me había contado. El general Westerman. Ese hombre tenia fama de beber, generar caos y normalmente acabar todo asunto en el que se involucraba a tiros. Me recuerda a alguien que conozco...

-Oh... ¿Y?- Miré a la capitana. Estaba cerca. Olía a sal.- Capitana, eso ya lo se. Lo descubrí poco después de conocerla. Todavía tengo mis fuentes en esta ciudad y sus pajaritos aun me cantan secretos aquí y allá. Lo que quiero es asegurarme que la joven cuenta con todas las facilidades que pueda brindarla. Y no hablo solo de la parte musical.

Me trajeron el café justo a tiempo. Caliente, oscuro y cargado. Luego resultó que no necesitaba el chute de cafeína. Victoria se encargó de espabilarme bastante bien sin necesidad de ninguna sustancia. Me pilló totalmente por sorpresa y con una mano en la taza de café. Simplemente respondí al beso.

-Oh por todos los demonios, vas a traumar a la joven.- Miré a Sarah con un guiño.- Sarah, me temo que tu madre ha descubierto mi mascarada. Aunque aparento ser un filántropo marchante de arte, en realidad soy un viejo pervertido que solo busca incorporarte a mi larga lista de conquistas sexuales. Siento debilidad por las mujeres tocadas por el fuego, como puedes comprobar.

Me llevé la taza a los labios después de soltar un sonoro bufido para ocultar mi sonrisa. Maldita sea esta mujer no me deja siquiera enfadarme con ella.

-Tu y yo vamos a tener una larga conversación luego Capitana. En privado. Y no de las divertidas que terminan con ataduras, látigos y esposas. De las de una botella de ron y oro. Mucho oro. Y mucho ron.
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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Sarah Westerman el Jue Feb 15, 2018 10:35 pm


D

 icen que hay amores imposibles
 Amores que matan
 Amores ciegos
 Amores de una noche...
 Pero lo apenas hay son Amores de verdad, es algo que muchos ansían y pocos consiguen. Un tesoro tan grande que muchos se pierden en su búsqueda y acaban sus vidas sin si quiera dar un sorbo de este.

 Sarah era aún joven, jamás había experimentado nada de todo aquello pero había sido testigo de muchos amores. Amores fugaces, amores que acabaron destrozando a dos humanos corrientes, amores que corrompen, amores tóxicos, amores por conveniencia... todos cuanto uno puede imaginar. Para si misma no sabría decir si prefería seguir así, en esa inopia, en esa inocencia y en esa falta de saber, de conocer. Por lo que conocía del amor y la pasión ambas podían ir de la mano, podían entrelazarse, confundirse y terminar de manera abrupta y casi mortal ¿Acaso querría experimentar algo así? No lo sabía aún... sabía que el tiempo corría en su contra, ya no era solo una niña. Sin embargo, no era algo en lo que ella pudiese decidir. Sabía que tarde o temprano su padre le buscaría marido si no se encargaba ella de ello, aunque dudaba de que sus candidatos estuviesen a la altura para su padre.

 Estuvo a punto de suspiras con toda aquella abrumadora reflexión. Rara vez se paraba a pensarlo, pero había momentos en los que eran inevitables.

“Somos amantes”

 ¿Pero qué realmente implica ser amantes? No lo sabía con certeza, solo que al escuchar tal palabra sus ojos dorados se iluminaron cual faros en la costa. Si algo tenía claro en aquel mundo era que siempre querría lo mejor para sus dos progenitores, fuera juntos o por separados siempre y cuando pudiesen seguir siendo una familia. Sabía que sus padres creían que su máximo reto era volver a unirlos de manera romántica, pero estaban equivocados, su máxima meta en aquella vida era verlos felices con alguien capaz de valorarlos y quererles por quienes eran. Esa era su verdadera meta y si aquel hombre, Petrucio, que tanto le había demostrado, era capaz de tratar a su madre como al reina que era no podría estar más feliz.

  Colocó los codos sobre la mesa, dejando caer su redondeada cara feliz sobre sus manos. Observaba a ambos casi con una sonrisa enternecedora. No iba a intentar disimularlo. Hacía mucho que no veía a su madre con aquel buen humor, con aquella sonrisa, con aquel brillo... con un hombre que no fuera su padre, peleando y discutiendo casi siempre por lo mismo ¿Cómo iba a evitar sentirse casi ilusionada? No podía enfadarse, no podía. Porque el corazón a veces actúa por su cuenta, buscando ese amor que tantos buscan o quizás simplemente aceptación. Su madre había hecho aquello mismo y no la culpaba, además, conocía lo suficiente a Petrucio para saber que ambos eran bastante parecidos pero sin llegar a ser idénticos para forjar aquel lazo invisible, aquel lazo del que muchos tiran y aflojan. Aquellas relaciones que tanta gracia le hacían a la joven pelirroja.

  -  No creo que busque incorporar a su lista a la hija de su amante, me temo que la combinación no iba a ser de lo más acertada. A menos que no le importe convertirse en eunuco a estas altura de al vida. - Su comentario había sido propio de ambos, tanto su madre como su padre. Sí, era una jovencita bien educada fueran como fueran sus padres se habían hecho cargo de aquello... pero la sangre en la sangre y por mucho que no pareciera sangre de su sangre lo era. La sangre Westerman Blueflame era demasiado poderosa como para taparla con simples modales hechos para agradar al bulgo y a la sociedad de la época. La situación le parecía un tanto cómica, pero amenizaba su noche. Hacía mucho que no se divertía tanto y no podía evitar reír y mostrar la pequeña mujer en la que se estaba convirtiendo. Ya no era tan inocente, ni tan infantil y si quiera tan caprichosa. Los tiempos cambian y aquella versión de Sarah que empezaba a cobrar fuera le gustaba mucho más que cualquier otra. - Tampoco creo que sea acertado decir que no esperabas que fuera hija suya, en fin... mírela, ¿Qué mejor musa que ella misma? Si quiere adularla creo que debería esforzarse un poco más, le va a costar más de lo que cree llevarla al altar si es lo que quiere me temo...

  Se echó hacia atrás en la silla. No sabía cómo era que todo aquello estaba saliendo por su boca pero es que según pasaba por su mente así lo soltaba. Aquello era algo que sin duda alguna había heredado de su madre y a veces no podía contenerlo, menos si sentía tan a gusto como con aquellos dos. La noticia de que si madre contase con un hombre, que no fuera su padre en su vida, que la hiciese brillar de aquella manera, más que la luna casi, era mejor regalo que aquel reencuentro... o no, porque sin aquel reencuentro todo aquello no habría ocurrido...

Qué más dará... el caso es que todo esto está pasando.

No tenía muy claro por donde irían sus vidas, ni qué profundos eran los sentimientos del uno por el otro pero cualquiera podría adivinar parte de todo aquello con tan solo una mirada. No podían negar lo innegable. Sabía que su madre se habría esperado por parte de ella cualquier otra respuesta. Un enfado, el ceño fruncido... pero no podía evitarlo. Estaba con su madre y con su maestro, ambos se conocían, se llevaban bien y encima eran amantes ¿Acaso era su cumpleaños?  No quería exagerar, no quería contarse a si misma un cuento que quizás nunca pasaría... pero si estaba feliz, por todo, por absolutamente todo y no podría ocultarlo.

   - Además, ya sabes que si quieres casarte con ella solo será bajo dos condiciones... o quizás tres. Una que sigas siendo mi maestro a toda costa, pero solo una relación profesional no quiero que se confunda señor Farnese. Dos que me cuenten entre ambos cómo es que pasó todo esto... y tres, que pases mis minuciosos exámenes antes de conseguir mi permiso para llevarte a mi madre.

 Le guiñó un ojo divertida. La risa seguía entre sus labios, sonando como el pequeño canto de un ruiseñor. No podía evitarlo. Su madre podría llegar a enfadarse, pero vivía por ver sus reacciones. Estaba segura de que no se esperaba nada de aquello, igual que ella jamás se habría imaginado las confesiones de las que estaba siendo testigo... pero la noche iba pasando y con ella iba mejorándose, no había empezado con muy buenas expectativas, pero ahora deseaba que jamás acabase. Aquel sería un momento que no olvidaría por muchos años que pasase... o al menos eso esperaba.


Última edición por Sarah Westerman el Jue Abr 19, 2018 12:01 am, editado 1 vez
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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Victoria S. Blueflame el Dom Mar 04, 2018 3:01 pm



Un innocente incontro informale

SARAH & PETRUCIO


La situación podría tornarse en dos vertientes; o salir contentos y felices o acabar hundida por completo por decepcionar a su hija. La verdad había sido dicha y Sarah era quien mandaba y disponía. Mientras su debate moral e interno se producía escuchaba las palabras de Petrucio a su espalda. La pelirroja estaba atenta a la reacción de su hija en ese instante.

Victoria, de pie junto a su hija y con sombrero en mano, se revolvió y dio un ligero golpe a Petrucio en toda el rostro con él; tras soltar la taza de café que él había pedido con anterioridad, por supuesto, si es que aun le quedaba en el recipiente. Escuchar el comentario de la lista no es que le hiciera mucha gracia a la vampirata, no obstante, menos le gustó el comentario que le hizo a su hija.


¿A quién has dicho que vas a sumar a qué? Petrucio, eres mío, así que deja las bromas de mal gusto a parte, maldito canalla.


Tenía el ceño fruncido, y apartó el sombrero de la cara ajena. ¿Había mostrado ...celos? Lo que sí, acaba de ser consciente de sus palabras. "Eres mío". Ups, se había ido de la lengua y sus mejillas se sonrojaron ligeramente. Ágil y veloz, se puso su sombrero cubriendo su rostro y girándose hacia su asiento, disimulando como buenamente pudo. Aunque, tenía un mal presentimiento...


¡Oh, negocios! Suena interesante; cuando y donde quieras, querido.


Dijo queriendo aportar normalidad a la situación. Apartó la silla en la que posteriormente se sentó con el pie. Cruzó los brazos bajo su pecho, sonriéndole. Su pierna derecha se cruzó con la zurda. Su sonrisa era más que notoria; estaba divirtiéndose por meterlo en una situación comprometida. Se relamió los labios y volvió la mirada a su hija.

Algo iba mal. No podía ser...¡Esa sonrisa! No, esa sonrisa...Era igual que ella hacía siglos, Sarah se estaba volviendo su viva imagen y eso, no sabía si la entusiasmaba o asustaba. Pobre del que se topase con ambas. Habría heredado cosas de ambos, pero, Victoria acababa de reconocer que su niñita, su pequeña Sarah, había dado zancadas y era toda una mujer.

Sonrió, orgullosa de ella, al escuchar la respuesta que dio a Petrucio. Digna hija suya, y muy a su pesar, del cabrón del exorcista. Todo parecía enmarcado y tranquilo, hasta que la pequeña diablilla de Sarah soltó la bomba.



"Si quiere adularla creo que debería esforzarse un poco más, le va a costar más de lo que cree llevarla al altar si es lo que quiere me temo..."

* * *

"Además, ya sabes que si quieres casarte con ella solo será bajo dos condiciones... o quizás tres. Una que sigas siendo mi maestro a toda costa, pero solo una relación profesional no quiero que se confunda señor Farnese. Dos que me cuenten entre ambos cómo es que pasó todo esto... y tres, que pases mis minuciosos exámenes antes de conseguir mi permiso para llevarte a mi madre."



¡¿ QUE QUÉEEEE?!


Sarah acababa de decir...¿altar? Le acababa de decir y confesar que Petrucio y ella eran amantes y su hija no se le ocurre otra cosa que querer casarlos sin previo aviso ni consentimiento de ambos. Del grito que dio, Victoria se apoyó en la mesa, tosiendo para aclarar su garganta, y la miró fijamente a los ojos. Atónita por lo dicho, desvió la mirada hacia el varón.


Petrucio...¿A caso tú...?


Estaba desorientada, ¿puediera ser que Sarah y él hablaran algo antes de llegar ella? ¿O en otro momento? No, era imposible. ¿O quizás no? Eran tantas las preguntas que invadieron la mente de Victoria que no supo reaccionar. Símplemente, se ahogaba en los ojos grises de Petrucio, embobada, sin percatarse que su rostro tornaba el mismo rojizo que sus cabellos. Sus ojos azules, se hacían más visibles y llamativos.

Extasiada, su corazón palpitó y al fin reaccionó. Desvió la mirada y se reclinó en la silla.


¿Por qué? ¿Qué significaba para Victoria? Su corazón...¿La delató?









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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Petrucio Farnese el Miér Abr 04, 2018 3:45 pm

Alcé las manos mostrando las palmas abiertas en señal de rendición.

-Clemencia, por los dioses. Esto de estar en inferioridad es realmente aterrador.- Comente divertido antes de recibir un sombrerazo en pleno faz. No tanto por el golpe, ni por la golpeadora si no por la sorpresa. Es una estampa preciosa, pensé mientras retiraba las plumas de la capitana de mi boca, ser parte de la vida de estas dos.

Me llevé los restos del café a la boca mientras lo meditaba. Uno no llega a una larga vida sin echar en falta algo como esto. Unidad, confianza, risas. Había tenido amantes con anterioridad, y por supuesto había engendrado algún vástago por aquí y por allá, pero jamás había disfrutado de una "familia" propiamente dicha. Estaba bastante contento con la estampa y lo bien que se había dirigido la velada. Al menos hasta que ese adorable angelito había resuelto abrir la boca.

Si quiere adularla creo que debería esforzarse un poco más, le va a costar más de lo que cree llevarla al altar si es lo que quiere me temo...

-¿Tantas ganas tienes de verme como figura paterna, querida?- Comente irónico mientras Victoria reaccionaba tan apasionadamente. Quizás por fuera estuviera sereno pero por dentro mi mente estaba en blanco. ¿Matrimonio? ¿¡MATRIMONIO!?  ¿¡Yo y Victoria?! ¿¡Matrimonio!? ¿Compartir la eternidad con Victoria? ¿Formar una familia con ella? ¿Tener a Sarah de ahijada? Hummmm matrimonio...

La joven no detenía su torrente de ideas, ahora me ponía condiciones para desposar a su madre. La ironía de la situación me hizo sonreir levemente. Normalmente debería ser al reves y ser la madre quien quisiera desposar a la hija, pero sin duda esta no era la situación normal, ni esta una familia normal.

Petrucio...¿A caso tú...?

Miré a Victoria fijamente. Me había perdido en mis pensamientos un instante y noté como la capitana me miraba fijamente, notaba su rostro encendido y su mirada fija, prendida en mi como quien mirase un ancla, firme y confiable, segura de que cumpliría mi parte, sin poner en duda mis acciones.

-¿Si amore? Bueno, los tramites los llevaremos Sarah y yo, no te preocupes de los pormenores. Tu solo debes centrarte en tu felicidad y la lista de invitados. -Comenté divertido, restando hierro al asunto.- Al fin y al cabo no estaría bien que invitaras a media Venecia a tu casamiento sólo para asesinarlos despues. Aunque quien sabe, es una idea que podría dar para una ópera. Las bodas carmesíes, o los desposorios sangrientos...

Me guardé mi respuesta, quizás por vergüenza, quizás por temor, pero... Victoria S.Blueflame, vestida de blanco, bajo la luna en un altar. Una imagen por la que valdría la pena matar.
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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

Mensaje por Sarah Westerman el Jue Abr 19, 2018 12:22 am


C
urioso como unas solas palabras podían hacer que se precipitase el caos más temido por cualquiera. Se habían delatado ambos ante Sarah. Era divertido... quién diría que eran ellos los adultos y ella la “niña”. No pudo más que sonreír y disfrutar de momento como aquellos, puesto que antes o después tocaría hacer frente a la realidad. Nunca antes de había imaginado en aquella tesitura, viendo a su madre tan feliz. Sin romperse la cabeza por un hombre tan tozudo como lo era su padre. Aquella imagen quedaría grabada en su joven mente.

- Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y yo... en esta inusitada noche me quedaré con esta imagen.

 Había dejado salir aquellas palabras sin más. Podrían comprenderlo o no. Era mucho más sencillo de lo que parecía. Su mirada carmesí seguía iluminada por la felicidad del momento. En aquel momento casi hasta parecía más joven de lo que realmente era. Los miraba a ambos, ensimismados en sus “guerras” privadas. Pero ella sabía ya la verdad. No había hecho falta demasiado para sonsacarles aquella verdad que parecían esconder con tanto esmero. Aquella noche había empezado como una velada sin más, una sencilla reunión... y había dado un giro inesperado para casi todos ¿Qué ocurriría después de todo aquello? Nadie podría decirlo con certeza... sin emabargo...

El pensar en ver a su madre vestida de blanco en un altar. Feliz. Junto a un hombre a su altura... era una sueño que tenía ganas de hacer realidad. Quería que dejase de ser la madre de la hija de Amadeus Westerman. Quería hacer desaparecer aquel estúpido hilo que los ataba por tan solo un nombre. Había mucho más que un nombre. Había una vida que ambos habían traído al mundo. Ella. Y aún así, Victoria era Victoria y merecía por una vez experimentar lo que era ser amada y amar.

-  Realmente, poco me importa lo que ocurra entre vosotros dos... siempre y cuando pueda tener a mi madre feliz y a mi mecenas. Pero, que te quede claro Petrucio, mi madre está por encima de cualquiera así que ten cuidado de lo que haces...

  Tomó de la mano a su madre. Apretando levemente, a la vez que una dulce sonrisa cruzaba aquel rostro, parecía casi inocente. Siempre había deseado la felicidad de ambos de sus progenitores. Una alguna ocasión había sido egoísta, quizás también influenciada por lo que veía... y había intentando reanimar una llama que no debía ser reanimada. Ambos, su padre y su madre serían mucho más felices así.

 Solo el destino podría dictaminar lo que ocurriría en el futuro. Había tenido una corazonada pero sería algo que se guardaría para si misma. Su mirada volvió a Petrucio, manteniendo aquella sonrisa. Aquellas dos personas eran ahora esenciales en su vida. No importaba lo que ocurriese, lo seguirían siendo y esperaba que un día pudiesen sentirse realmente orgullosos de ella. Mientras tanto, esperaría al momento y los apoyaría.

  No sabía cuanto más continuaría aquel fortuito encuentro. La verdad, si por ella fuera no acabaría. Era un momento para recordar y no olvidar. Tiró de su madre hacia si, para sentarla de nuevo. Aún tenían cosas que hablar y solucionar, podía adivinarlo. Era el momento. No importaba las horas que tuviesen que estar allí. La noche seguía en Venecia, la gente iba y venía en su ajetreo. Había quien como ellos disfrutaba de la noche de la mejor manera que sabían o podían. Venecia seguía en vida pese a haber caído el sol y sin duda era una noche espléndida para nuevos comienzos, aventuras y reencuentros inocentes e informales.

- Ahora disfrutemos de este encuentro como se debería...
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Re: Un innocente incontro informale (Privada Petru, Sarah y Victoria)

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