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Now or Never [Priv. Sabine]

Mensaje por Marco Farnese el Jue Abr 21, 2016 5:37 pm


Q

ueridos y allegados amigos mios,
 
Me gustaría anunciarles que tras un tiempo ausente de Venecia, recorriendo mundo, he decidido regresar a mi tierra natal; aquella que me ha visto crecer. Y con motivo de dicho regreso, creo que es momento de celebrar, una vez más, todos juntos, una de mis conocidas fiestas ¿No creen? Así pues, quedan todos cordialmente invitados a mi fiesta de bienvenida, la fiesta que dará comienzo a otras tantas que seguirán con mi regreso. Espero que la noticia sea de vuestro agrado y podáis asistir, con gusto os recibiré.
Gentilmente,
 Marco Farnese.


 
 
 La carta era perfecta, ni muy larga ni muy escueta. Estaba claro que todos estarían deseando de disfrutar de otra de mis maravillosas fiestas. Era innegable el hecho de que era el único en toda Venecia que sabía como no dejar a nadie indiferente con una de mis celebraciones, nadie lo pasa mal, todo el mundo se dejaba llevar y disfrutaba de sus deseos y fantasías más humanas. Siempre conseguí evocar aquello que me propongo, ya bien fuese un templo árabe o un oasis en medio del desierto, tengo una habilidad nata para crear arte y un gusto exquisito. Quizás por eso, a todo el mundo le gustaban mis fiestas... además, de por lo obvio.

    Me había visto obligado a dejar los preparativos en las manos inexpertas de uno de mis nuevos asesores, no me fiaba ni lo más mínimo de su gusto. Pero para mi sorpresa, cuando arribé en la mansión el salón de bailes estaba decorado tal y como me lo había imaginado. La temática que había elegido para la velada de aquella noche conseguiría robarle el aliento a cualquiera, casi podías transportarte al lugar que imitaba. Paseando mi mirada por la sala, me percaté del detalle de que las flores de Sakura que decoraban los falsos árboles eran frescas, verdaderas y que desprendían un aroma cuanto más encantador. Mi estancia en Japón fue apenas de unos días, pero sin duda alguna, habían conseguido plasmar lo poco que había podido contemplar de aquella tierra tan exótica. Los preciosos cerezos en flor, su frondosa y verde naturaleza, su antigua arquitectura tan delicada y a la vez tan detallada... era como entrar directamente en aquel palacio en el que había pasado su estancia. La madera, el tatami, la riqueza de las decoraciones en los frescos. Debía admitir que aquella nueva incorporación había sido todo un acierto. Si es que no había nadie mejor que él para escoger a su servicio, no debería dejarlo en ninguna otras manos. Si quieres que algo se haga bien, hazlo tu mismo.

   Para la ocasión, habían confeccionado un conjunto de pantalón y chaqueta diseñado por una de mis confesionistas favoritas. El pantalón era de tela negra, suave y con el tallaje perfecto, marcando todo aquello que debía sobresaltar de mi figura; pero lo que realmente llamó mi atención fue que se habían tomado su tiempo para bordar detalladamente en dorados, rojos, azules e incluso algún rosado, las mangas, el cuello, los botones y una preciosa representación en la espalda de la cultura japonesa. Iba perfecto para la ocasión. Vestido con aquel conjunto, con la chaqueta abierta mostrando la camisa blanca, de algodón, que llevaba bajo esta, con dos botones desabrochados de la misma y el cuello sobresaliendo levemente por encima de la chaqueta. Estaba que derrochaba sensualidad. Contemplé mi reflejo en el espejo durante un buen rato, girando sobre mis zapatos perfectamente encerados; aquella noche sería la envidia de todo hombre y el deseo de toda mujer. Peinada mi melena oscura hacia atrás, conseguí resaltar mis más preciados rasgos fáciles y aquellos ojos oliváceos que había heredado de mi hermosa madre. Era una maravilla lo mucho que el tiempo podría pasar por mis huesos y aún así seguir pareciendo tan joven y apuesto como al principio, aquello se lo debía a sus padres sin duda alguna. La inmortalidad y el poder que había recibido de ellos, sería algo que jamás podría agradecerles; aunque deberían estar agradecidos con mi sola existencia todo sea dicho.

 El tiempo pasaba con mayor rapidez de la que me esperaba, normalmente la espera a la llegada de los invitados se me hacía eterna, pero aquella noche parecía que todo el mundo estaba ansioso por ver aquello que el “joven” señor Farnese haría en su mansión -sí, está hablando en tercera persona-. Llevaban mucho tiempo sin disfrutar de una de mis fiestas. Era completamente consciente de que no todos iban por mi, sencillamente les podía el voyeurismo y el cotilleo, el poder hablar después de todo aquello y ganar cierta reputación entre sus conocidos. Pero al fin y al cabo, hablarían de mi y eso era lo que realmente me interesaba, cuanto más hablasen sobre mi más crecería  mi popularidad y con ello mi riqueza. Era increíble lo simple que podía ser el mecanismo de la sociedad y la mente humana. Sobre todos a aquellos de buena cuna, todo cuanto fuese poder, riquezas y fama era lo que deseaban. Quizás yo fuese igual que ellos, pero no era solo eso lo que me movía. Lo que me movía... mejor dejarlo de momento como un secreto ¿No es parece? De lo contrario, perdería mi misterio.

  En cuanto la música comenzó a sonar en la sala, la orquesta era la de siempre y tocaban una mezcla de influencia oriental, algo suave pero a la vez incitante. Esperé a mis invitados con los brazos abiertos, dándoles la bienvenida con ánimo y felicidad. Hacía mucho que no disfrutaba de una buena fiesta, mucho que no hablaba con la gente Venecia y por ende, mucho que no me lo pasaba bien en mi tierra natal. Una sonrisa luminosa y ardiente se dibujó en mis labios, notaba las miradas y las caras de sorpresa y maravilla. Aquello era lo que quería provocar. No podía estar más complacido, sería una noche inolvidable, como todas aquellas que habían pasado de mi mano. Mordí mi propio labio inferior, pasando la mirada entre la muchedumbre. Habían ido todos, había gente que no conocía, preciosas jovencitas que no eran capaces de apartar la mirada pero sobre todo, me alegró ver que mis viejos amigos estaban ahí a mi regreso. Podía ver en sus ojos y sentir en el ambiente la excitación, el deseo y las ganas de dejarse llevar. Eso sería lo que tendrían aquella noche, eso y todo cuanto más deseasen.

- Bienvenidos caballeros y damas, espero que mi regreso haya henchido sus corazones tanto como mi alma al veros a todos aquí; dispuestos a disfrutar de una noche más en compañía.- Mi voz prorrumpió entre el murmullo y los susurros, sus miradas se posaron en mi. Era maravilloso aquella sensación de poder que te otorga el ser el anfitrión.- Espero que puedan disfrutar de la velada y que más noches como estas, se repitan a partir de ahora. Ahora es el momento amigos, es ahora o nunca.
 



Última edición por Marco Farnese el Miér Mayo 11, 2016 3:09 am, editado 1 vez
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Re: Now or Never [Priv. Sabine]

Mensaje por E. Sabine Baker el Jue Abr 21, 2016 11:17 pm





Now or Never
w/ Marco Farnese
                        Los dedos de una sirvienta, deslizan uniforme el apreciado cabello de la madame, inmersa en las ardientes hebras que transita sobre un peine fino y pequeño. La sonrisa boba de aquella, es notoriamente aberrante para Sabine, pero es indulgente al pretender que no todos los días, es sumisa ante los mimos de las mucamas, expectantes en todo momento de embellecer a la señora Baker. No hay queja al respecto cuando le tiran los mechones, ni ataques viperinos.

     Los pómulos son empolvados, los labios se delinean en un labial sabor miel, y la mirada, es sombreada en colores naturales, precisamente en tonos marrones claros. Sin duda, le ofrece una expresión profunda, ardiente y enigmática, y considerando que posee unas largas pestañas, a la vista brinda mucho más ése toque sensual que por supuesto, es innato. Los últimos retoques para el exuberante peinado, es que se lo recogen en un elegante moño abundante, dónde péndula a los laterales de su angelical pero endemoniado rostro, dos tirabuzones mientras, el cerquillo está presumidamente a un costado. Sin prisas, es ayudada a ser entallada en un corest, aguantando sus dóciles manos en los bordes de una estantería. Los cordones tiran con agresividad.

    La pelirroja no puede más que expeler un bufido exhausto.
    —Lo siento, mi señora.

    —¿Puedes apresurarte, querida? No tengo toda la noche. —Su aliento es entrecortado, y pese al dolor de la opresión, indica un gesto impaciente, declarándole con urgencia que acabe de una vez aquella tiranía. Sus pulmones presionados, apretados por la ornamentación, a estas alturas piden auxilio, Sabine no hace caso, quiere arriesgarlo todo para caber en un vestido que provocará el infarto de los hombres. De preferencia, de su interés. ¿Exigente en los cánones estéticos? Sí, lamentablemente, pero una apariencia que va de la mano con una mente brillante, es dada por válida ante los riquillos de la época. Lo siguiente, es la bien trajeada y larga prenda de fiesta, escogida descuidadamente de un influenciable y atrayente negro, un color que refleja su alma y viudez. Todo el diseño posee un decorado en volados y bordados cuidadosamente cosidos, además, poseía mangas fuera del hombro, arriesgando a exhibir un poco más de ésa porcelana tibia. Sin embargo, faltaban los últimos detalles: Las joyas.

    Visiblemente unos aretes que tintinan al mero roce de una luz, una gargantilla de sofisticado diseño, con costosas joyas de ónice negro y una rosa negra cómo distintivo; más, un anillo de platino y diamante pomposamente expuesta en su dedo anular. Está preciosa, y lo que cabe destacar, es que se transformaría en un objetivo de envidia constante, suponiendo que la presencia de Sabine siempre da de que hablar. Sean rumores, chismes, habladurías sobre un amante o su poderío como reina mafiosa, es importante decir: Su odio a la sociedad que la involucra en estas ridículas fiestas. Sólo se trata de batallas disfrazadas, hipócritas sonrisas y alegría ignorante.

[…]

     La entrada a la supuesta mansión, no le llenó de grandeza ni regocijo. Le pareció cómo cualquier casa, decorada por un amo excéntrico que tras el regreso de sus viajes, adquiere un gusto nuevo a su colección exótica y dentro, se regodea de invitados indeseados que ella no llegaría a tolerar de ningún modo. “¿No podrías realizar fiestas privadas, querido? Te ahorrarías el aguantar leprosos trajeados.” No negará que el resultado probablemente le sea eminente, pero, no faltaba mucho para involucrarla del todo. ¿Sería el anfitrión capaz de cortejar su riguroso carácter? Seguramente no. Sabine jamás se ha dejado endulzar por pequeñas palabras seductoras, mimos fatigantes y caricias caballerosas, no, ésas cosas no le seducen. Háblale de sangre, guerra y estrategias, éstas si le excitan mucho más. Pues como una Eris camuflada de mortal, crearía la discordia entre sus pares.

    En tanto, su rostro no emergía emoción alguna, involucrada en sus turbios pensamientos, sin comprender la euforia masiva.

    —Bienvenidos caballeros y damas, espero que mi regreso haya henchido sus corazones tanto como mi alma al veros a todos aquí; dispuestos a disfrutar de una noche más en compañía. —No evitó rodar sus ojos con semejante ironía, obviamente  a nadie le interesa verlo a él, sino gozar de los privilegios de un banquete y un baile que daría pie a relaciones no sólo políticas, también de escalamiento. Todo se rige en el interés propio, y eso, Sabine lo sabe, tan bien que por eso está allí, aguantando el aroma nauseabundo de falsedad y arrogancia. Lamentablemente, para ella: Todas las fiestas son iguales. Charlas banales, frívolas relaciones… Esto la asquea. Ni siquiera ha estado un minuto, y ya desea largarse.  

    Aceptó condescendiente una copa de vino blanco, bebiendo incómoda por el personaje varonil que le tocó escuchar en ésos minutos: —Señora Baker, que gusto verla por aquí. Permítame decir que ésta noche se ve espléndida. ¿Conoce al dueño de ésta mansión? ¡Un encanto de hombre! Deberían de conocerse.

    —No, gracias. Me ha bastado oírle dar la bienvenida. —Procuró ser lo más educada y fina posible dentro de sus parámetros de cortesía helada, no obstante, el bigotudo, se anima a darle señales con la mano al joven Farnese. Invitándole a unirse a la presunta conversación. Claro está, deseó arrancarle el brazo y abofetearle con éste en cuanto a la pésima idea.

    —¡Pero que cosas dice, signora! Debe conocerlo. Le enamorará. ¡Es brillante! ¡Como el Sol! —La animosidad ajena, le disparó una aversión venenosa, las otras damiselas observan cautelosas la escena, sin dar mucho mérito de lo que el otro iba a cometer.  

    —No, gracias, signore. Preferiría ahorrarme una ceguera permanente —comentó en voz calma, yéndose por otro lado antes de que el sujeto se le aparezca en las narices.

    —Señor Farnese, le quiero presentar a una dama importante, dirige su propio comercio vínicola y varios buerdeles. Ella es… —Se viró, pero la mafiosa ya no está allí, sino en la mesa de aperitivos—: Lo siento mucho. No creí que huiría.     




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Re: Now or Never [Priv. Sabine]

Mensaje por Marco Farnese el Vie Abr 22, 2016 12:57 am


P

ronto el frenesí y el alboroto reinó en el salón de baile. No podría estar más satisfecho con el resultado. No es que apreciase a todos cuanto habían acudido aquella noche, de hecho a la mayoría de ellos no los soportaba ni lo más mínimo, llegaban a ser realmente pedantes. Y como no, siempre tenía que llegar el adulador de turno intentando ganarse algo de reconocimiento y respeto, no solo incomodándo a una invitada importante sino a mi persona también. Pese a que su actitud interesada no había sido de me agrado le dediqué una de mis mejores sonrisas y una reverencia respetuoso y elegante, sin mucha floritura.

 - Me alega verle aquí esta noche, Signiore. -No me acordaba ni de su nombre para ser completamente sinceros, probablemente no sabía decir ni el nombre de la mitad de los allí presentes. Pero a mi me improtaba más bien poco. La estrategia para ganartelo era tan solo, no olvidándote de ninguno aunque desconozcas sus nombres o su razón de vivir.- Espero que disfrute de la velada, ahora si me disculpa.

 Tras lo cual le di la espalda y copa en mano busqué a la damisela que pretendía presentarme. De haber sido cualquier otro personaje de la sociedad italiana habría dado por zanjado el tema, pero habiendo escuchado de aquella boca bigotuda el apellido “Baker”, aque tan sonado últimamente en Venecia, sentí curiosidad por descubrir si aquella mujer encajaba en la figura idealizada que habían creado de ella. No había tenido el placer de conocerla antes o de toparme si quiera con ella, de hecho, en el momento en el que se había girado para hacer las de anfitrión con aquel hombre, ella había desaparecido de su vista, esquiva y casi coqueta. Se me conoce por ser encantador, lo sé y la gran mayoría de los que me conocen también lo saben, o eso creen; pero no podía causar el efecto deseado en todos y eso lo sabía, no era estúpido, si había llegado al puesto en el que me encontraba no era por pura suerte y mi cara bonita. Era todo gracias a mi talento nato para conquistar a quien me propusiese... aunque puede que un título ayudase un poco.

  Me coloqué tras la dama, a la cual localicé con facilidad, pues llevaba el vestido mejor confeccionado y más llamativo de toda la fiesta. El vestido remarcaba sus maduras curvas a la perfección, sinuosas y elegantes. Era toda una señora, de aquello no cabía duda. Su porte casi despretaba mi envidia. Una mujer con aquel talle y elegancia debía tener un centenar de hombres haciendo cola para hacerse con ella y su fortuna, quizás deseaban más lo segundo que a la mujer en sí. A mi, sinceramente, no me importaba su título o riqueza, me interesaba su persona y su psique. Realmente deseaba conocerla lo mejor que pudiese, tener a una mujer de su inteligencia y poder cerca nunca venía mal... pero lo que realmente deseo en estos momentos, es poder contemplar su rostro, había escuchado que poseía una belleza que conseguía robar el aliento a cualquiera.  A lo largo de mi existencia había tenido el placer de conocer a un montón de singular bellezas y no me contentaba con nada, si aquella mujer era hermosa espera que realmente lo fuera. Pero tan solo con contemplar su porte, cualquiera podría decir que aunque llevase un ojo de cristal sería hermosa. Ahora solo le tocaba jugar bien sus papeles y quizás podría gozar de su compañía no solo durante aquella noche y en aquellas circunstancias. Se que la gente me tiene por egoista y egocéntrico, y no se equivocan lo más mínimo, pero no soy un necio y se como tratar a una damisela como debe ser. Una mujer es el mayor tesoro que un hombre puede poseer, incluso mayor tesoro que cualquier joya o doblón de oro que puedas obtener. He recibido la mejor educación que mis padres se pudieron permitir, he recorrido mundo y conozco cultura, lenguas y un poco de todo, se que puedo llegar a tener conversaciones interesantes y animadas con cualquiera y así lo deseo, y mi deseo aquella noche, era intentar conquistar a aquella hermosa mujer para mi. No quería añadirla a una colección como a una muñeca ni mucho menos, eso sería un insulto y un desprecio sin perdón alguno viniedo de mi parte, tan solo quería hacerme con ella durante un par de minutos u horas y quizás más adelante, poder contar con aquella mujer a mi lado.

 Poso mi copa sin hacer el meno ruido en la mesa de aperitivos, junto a ella. No pretendía llamar su atención, por lo que me mantuve en silencio y una vez mi mano estuvo libre de cualquier objeto que pudiese entropecerme, con suma delicadeza me cloqué a su espalda, orquestrando una elegante e inocente reverencia hacia ella, con una de mis manos extendidas y la cabeza mirando hacia el suelo. No me concedería el placer de contemplar aquella cara, no aún no, solo tenía que esperar un poco más para poder contemplarla en todo su explendor. La mujer era y es a mi parecer, la mayor obra de arte que la naturaleza jamás podría haber creado y por ello, debían ser contempladas cual obras de arte en el momento adecuado y justo.

 - Disculpe las molestias, Signiora. No era mi intención que ninguno de mis invitados le hiciesen sentirse incómoda. Espero acepte mis disculpas. -Su voz apenas fue un susurro, no quería que todas las miradas se posasen en ellos. No quería su atención en aquel momento y aún así pudo notar alguno que otra mirada lasciva y pícara, quizás hasta envidiosa.- ¿Me concedería, a cambio del insulto que se acaba de cometer contra su persona, este baile? Entendería que lo rechazase, aún así me postro ante usted con la mejor de mis intenciones. Es elección suya si tomar mi ofrecimiento o no.

 La labia era uno de mis puntos fuerte, sé que puedo llegar a ser un poco pedante e insoportable si el tema del que se habla soy yo mismo. Soy muy pagado de mi propio ser, soy consciente de mi hermosura y mi porte, de mi elegancia y mi magia y aún así, aunque me adore a mí mismo, se como actuar frente a los demás dejando el tema de lado. A veces, uno tiene que ir más allá de su propia persona para poder comprender quién es y qué quiere llegar a ser; por ello disfruto tanto conociendo a gente, haciendo nuevos contactos pero sobretodo, conociendo a nuevas mujeres. Soy muy exigente y no cualquiera es apta para mi molde. Adoro a las mujeres con personalidad y caracter, aquellas que saben hablar y que hacen gala de inteligencia y audacia, me gustan los retos y las mujeres que son casi inalcanzables. Quizás por eso siempre acababa en algún que otro altercado, soy terco y no me rindo con facilidad y eso a muchos hombres les molesta; aun así, al final suelo salirme con la mia. Por eso, cuanto se me presenta un reto no puedo dejarlo pasar. El momento era ahora o nunca, conseguiría a la madame Sabine aunque me costase perder algún que otro dedo o incluso una mano; me lo había propuesto y lo conseguiría.

 La música nos acompañaba e incitaba al baile, si no aceptaba mi petición me vería obligado a arrastrarla hasta la pista de baile y aquello no sería de su agrado. Era mejor empezar con buen pie e ir despacio y con buena letra, no quería arruinarlo todo por un paso mal dado. Las mujeres podían ser tan frágiles como el cristal, no porque fuesen débiles ni mucho menos, sino porque el acto de irrespetuosidad más leve podía llegar a hacer estallar en pedazos el mínimo avances que hubieras podido conseguir con ella. Por eso me fascinaban tanto y por ello, jamás me cansaría de cortejarlas. Aquella, sin duda alguna, apuntaba a ser la mejor fiesta de bienvenida a Venecia que jamás podría haber dado.


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Re: Now or Never [Priv. Sabine]

Mensaje por E. Sabine Baker el Vie Abr 22, 2016 3:07 am





Now or Never
w/ Marco Farnese
                        Las alabanzas pueden ser confundidas con meros tratos frívolos, gestos falsos e insinuaciones malinterpretadas. Fue el caso del señor, quién minutos antes se animó a ser el intermediario del anfitrión y su especial invitada. ¿Por qué? Porque sabe que la señora Baker jamás se aproximó a un hombre en ninguna fiesta, y como tal sabe, que ella es la mejor pretendiente que se pudiera esperar aún cuando tenga una desagradable y pretenciosa personalidad.  

    La música armonizó en su aguda audición, se relamió la boca y bebió de su copa de cristal, sumida en una burbuja de silencio. El escenario no le satisface, no es ninguna novedad, desde joven ha mantenido una aptitud caprichosa, por esto la fémina siempre debe encontrar divertimento retorcido a sus placeres oscuros. La brisa que se cuela por la ventana, acaricia sus hombros y perece luego de rozar el fuego del candelabro, que reposa inerte sobre un mantel impoluto. No probó bocado alguno, reticente únicamente en saborear aquél caro vino que traspasa con urgencia su garganta seca. Las mejillas se le sonrosan mínimamente, y la mirada descansa impávida sobre unas frías baldosas, apenas y poco, logra distinguirse en ellas como si fuera un espejo.

    Sería mentir si dijese que está ansiando conocer al dueño, al supuesto aclamado Farnese del que tanto hablan aquellas estúpidas a sus espaldas. Fulanas que, en negaciones insólitas, critican el descaro de la mujer por haber dejado plantado al buen caballero. Bien es sabido que la mafiosa sólo le interesa las relaciones por utilidad, te convierte en una estratégica pieza en un juego de ajedrez y  sacará provecho de ti. En cuanto sea necesario, te sacrificará para dejarte fuera del juego. Evidentemente, los que fueron amantes suyos (que no habrán sido más de dos), siguen el mismo hilo de idea.

    —Disculpe las molestias, Signiora. No era mi intención que ninguno de mis invitados le hiciesen sentirse incómoda. Espero acepte mis disculpas. —Apenas se volteó, casi impedida por el llamado de atención requerido por el caballero. De haber podido, no se hubiera dado vuelta jamás, con la oportuna intención de escapar nuevamente. Los orbes admiran reacios a su anatomía, rechazando por completo cualquier atracción física que avive su corazón y mente—: ¿Me concedería, a cambio del insulto que se acaba de cometer contra su persona, este baile? Entendería que lo rechazase, aún así me postro ante usted con la mejor de mis intenciones. Es elección suya si tomar mi ofrecimiento o no.

    Poseía unos modales exquisitos además de una lista larga de palabrería conciliadora. Buenos puntos a su favor. Pero la líder de una mafia grande no se impresiona fácilmente con cualquiera que pretenda dar, una excelente presentación al primer dialogo. Hay que sobrevivir a su yugo demoníaco, a su vil juego de mentes y aprobar por lo menos, con una nota satisfactoria… O más.

    —Señor Farnese, buenas noches —antes que nada, por supuesto—. No fue ni ha sido su intención, es comprensible."Porque no tienes ni la menor idea, que clase de invitados dejas pasar a tu morada"—. Pero no ha habido insulto alguno a mi persona, así que lamento decirle que no le concederé el baile. —Alza la barbilla en un deje autosuficiente, retratando una dama feroz y elegante, como igual de independiente y rígida—. Deberá ganárselo, ¿comprende usted, verdad? ¿O es demasiado pedir? Agradecería que no insistiese, señor Farnese. —Al menos no se ha dignado a mancharse de barro en el primer contacto, de hecho, le está aberrando la situación en sí.

    “¿Bailar con vos? Ni en sueños.” La copa cuando es alzada brilla fugazmente, palpando los últimos vestigios de un licor extraído de las mejores uvas. Observó la etiqueta de la botella, llevaba el buen nombre de su empresa en cada una. Sonríe, ¿por eso se ha acercado? No, quizás hay algo más… Quizás es un aficionado a encamarse con cuantas mujeres quisiese. Ése tipo de hombres le disgusta, se creen intrépidos pero en realidad, carecen de verdadera emoción ya que se aburren y buscan siempre encontrar nuevos retos, constantemente en una etapa inmadura. Quizás sea chapada a la antigua, mas, es de las que le importa la calidad y no la cantidad.
    —No os voy a robar más de vuestro preciado tiempo, tiene más invitados que atender, ¿no es así? —Se encaminaba lentamente a recoger una fresa, su boca mordió la punta y al fin, caminó sin escrúpulos—: Y jóvenes oportunistas que desean ser seducidas por vos. Mucha suerte, señor Farnese.




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Re: Now or Never [Priv. Sabine]

Mensaje por Marco Farnese el Miér Mayo 11, 2016 3:04 am


C

uando contemplas la belleza con tus ojos por primera vez todo te parece nuevo, inalcanzable, insuperable y casi hasta lo divino. Sin embargo, cuando a lo largo de tu existencia te topas con tanta belleza a tu al rededor, todo termina por volverse cotidiano y encontrar algo que evoque dicha virtud a tus ojos resulta una ardua tarea.

 Mis ojos contemplan con estupor que no se equivocaban, aquella mujer de la que tanto se hablaba por Venecia por su mano dura en la mafia no eran solo calumnias. Era hermosa y única, como una flor exótica escondida en un jardín de bellas pero ya conocidas rosas. Su cabellera pelirroja resaltaba sobre aquella tela oscura, sus facciones eran perfectamente simétricas y de aquella manera  era casi imposible el encontrar algún resquicio de fealdad. Sus labios carnosos, aquella mirada llena de poder y sabiduría que escondía tras un manto de fría cordialidad un alma de fuego deseando ser desesatada por completo. Era toda una leona, no pensaba dejarse abasallar por nadie y aún menos conquistar. No pude evitar sonréir con su respuesta, estaba claro que no podía ser tan sencillo, pero siempre me han ido los retos; quizás por eso soy tan popular entre las mujeres y a la vez tan inalcanzable.

 Sin pausa pero sin prisa volví a tomar mi copa con una mano, acercándome al costado de la señorita. Aproveche la ocasión para aspirar con el mayor pudor posible aquel agradable aroma, adoraba los perfumes femeninos y aún más si era sutiles y estaban elegidos con criterio. No era una muchahita, era una mujer que sabía lo que quería y eso solo alimentaba mi interés. Quizás, por el momento yo no le resultaba de su gusto pero sabía que podría lograrlo, no me iba a rendir con tanta facilidad. Quizás era conocido como un Cassanova pero realmente no era así, mis bases de criterio son duras y muy exquisitas; no cualquiera encaja en mi perfil y por tanto rara vez encuentro a un amante que me dure más de un mes. Mi número de amantes no sería mucho, pero sabía que por ahí donde iba triunfaba y rompía algún que otro corazón, para mi eso era más que suficiente.

  Deleito mi paladar con aquel bendito sabor a frutas maceradas. Me seguía pareciendo increíble que aún después de tanto tiempo pudiese seguir apreciando aquellos sabores como antaño, los habría echado de menos de no haber podido seguir degustando el vino de aquella manera. Su olor, se había impregnado en mis fosas nasales, ahora no sería capaz de deshacerme de él y su humanidad hasta que la tuviera entre mis brazos, sofocada y gimiendo de placer. Mi mirada se vuelve por un momento certera y vacilo en si seguir tras de ti, si realmente eso eso lo que deseas o si realmente debo mostrarme completamente desinteresado por su persona para poder así ganarme su atención al menos un poco... no, demasiado infantil. Su voz suena certeza, firme y sincera. Si hiciera cualquiera de esas dos cosas tan solo me ganaría una mirada de reproche y algún que otro insulto de manera indirecta, la labia de las mujeres en esta época podían llegar a escocer más que la picadura de una víbora.

 - En ese caso, discúlpeme la indiscreción y no volveré a insistir más con el tema. Aún así, sabe que la invitación sigue ahí para cuando usted desee tomarla. - Me veo obligado a dedicarle otra reverencia con la cabeza, leve pero respetuosa. Realmente no buscaba ofenderle y mucho menos que creyese que me había acercado a ella por compromiso o interés más allá que el de simplemente conocerla. Contemplo en silencio como sus dentadura perfecta y aquellos labios voraces se hacían con una fresa, de una manera sensualmente no pretendida. Me veo en la tesitura de tener que controlarme a mi mismo para no abalanzarme sobre aquella mujer en aquel preciso instante.- Sin duda alguna hay muchos invitados, pero veo que todos están a gusto y en buena compañía... sin embargo usted está sola sin compañía alguna y quizás yo no se del todo de su agrado pero aún así, me parece caballeroso el ofrecerle algo de compañía.

>> El juego de la seducción en cambio, no es algo que ahora mismo capte mi atención Signiorina Baker. Y me ofende que crea de mi persona que pueda interesarme por ese tipo de muchachas, que solo buscan la atención de un hombre de la manera más baja posible. Un escote más caído de lo habitual o miradas ardientes no funcionan conmigo... quizás pueda dedicarles caballerosamente unas palabras de halago, pues toda mujer es hermosa... pero digan lo que digan no soy un Don Juan y mucho menos deseo llevar a mi cama a toda mujer que se cruce conmigo.

 La tomo suavemente del brazo, el contacto con su piel es suave y ligero. No pretendo ofenderla, solo retenerla para que escuche mis palabras y si después le sigo pareciendo indigno de su compañía dejaré que se marche. Sé que me arriesgo a ser golpeado, pero estoy seguro de que merecerá la pena. El contacto apenas dura unos segundo, es tan efímero que casi podría haber pasado por imperceptible. Cuando consigo parar sus pasos, mis ojos verdosos se clavan en ella expectantes y ansioso. Desearía poder desnudar su alma y cuerpo, desenterrar sus historias y secretos y conocer a a la mujer que se escondía detrás del nombre de Sabine Baker, ardua tarea, lo sé y aún así no me amedrento con tanta facilidad. Sabía que de mi se dicen tantos cosas como caras puesto exponer, sí, caras. En la aristocracia muchas veces nos vemos obligados a adoptar un papel para agradar al resto; es una actitud hipócrita y a veces estúpida, pero así funciona la nobleza. Por lo general no era algo que me agrade, pero llegado el momento si es necesario he de usarlo. Sé que soy considerado un animal y un desconsiderado, un narcisista y un egoísta al que le gusta demasiado la fiesta, beber y las mujeres. Quizás les haya dejado pensar así de mi durante demasiado tiempo y aunque si es cierto que me lo paso bien de fiesta y bebiendo, no es cierto que disfrute de señoritas tanto como me gustaría. Mis criterios son muy exquisitos y no cualquiera entra en mi lista; por tanto, mi lista de amantes no es muy extensas y muchas de ellas se han marchado llegado el momento, por lo tanto, pese a mi adoración por estos seres divinos, no cuento con muchas de ellas a mi lado y quizás sea por todas esas habladurías. Me conozco, sé como soy y frente a ellas siempre me he mostrado sincero y mordaz, puedo ser narcisista y egocéntrico sin embargo ninguna de ellas jamás estuvo mal cuidada y jamás les faltó de nada... es más, hasta llegue a preocuparme por ellas... Sí, quizás siga siendo mejor que pienses injurias sobre mí, así me ahorro más decepciones. Mi mirada se vuelve casi suplicante, no fingía, realmente añoraba una buena compañía.

- Cuando vagas durante tanto tiempo por este mundo llegas a contemplar la belleza en su estado más puro, tal es así que  todo comienza a parecerte mera cotidianidad y lo único que tus ojos desean es encontrar de nuevo esa belleza que consiga robarte el aliento con su excentricidad y exoticidad... He llegado a contemplar tanta belleza que cuando un espécimen único e inigualable como usted, que suele suceder rara vez, se cruza en mi camino no puedo dejar escapar la oportunidad.- Mi voz se ha vuelto apenas un susurro, no quiero que nadie más que ella misma escuchen aquellas palabras; no deseaba ofender a ninguna otra señorita con todo aquello. Solo deseaba conquistarla, aunque tan solo fuera un poco.- Signiorina Baker, por favor permitame el honor de acompañarla aunque sea solo un poco; puede que haya escuchado muchas cosas sobre mi, quizás ninguna buena, pero sin embargo no soy todo cuanto esas bocas dicen, déjeme que se lo muestre. No se arrepentirá, se lo aseguro.  

 Le ofrezco mi mano mano, solemne, con la palma hacia arriba para que la tome si quiere. Aquel era el momento, era ahora no nunca. Aquel acto decidiría el resto de la velada y mi relación con ella.
 
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Re: Now or Never [Priv. Sabine]

Mensaje por E. Sabine Baker el Miér Mayo 11, 2016 5:55 am





Now or Never
w/ Marco Farnese
                        —Señor Farnsese, a veces, el disfrutar de un momento no se ha de necesitar compañía, ¿sabe?  Sé desenvolverme demasiado bien en solitario, lejos de un caballero qué busca embriagarme y emborracharme de palabrería extendida e innecesaria. —El sonido de su voz se acoplaba excepcionalmente a los violines, acompañando la melodía en un ritmo grácil, y risueño. Los orbes, distinguidos ante un resplandor externo que columpia sobre el techo, la hace ver aún más recatada si cabía, descubriéndose a una dama que pese al disgusto, obraba maravillosamente con el anfitrión sin perder ni un ápice de distinción a su buen título de Madame. Su pequeña boca, ahora bañada en un sabor de fresa, enseña la diminuta sonrisa, la cual esconde una camuflada e irrespetuosa burla—: ¿De la manera más baja? Creo, que si las señoritas le escuchasen, estarían demasiado ofendidas respecto a vuestro pensar. Y estoy lo bastante convencida, de que ninguna osaría acercaros con tanto descaro como usted lo ha hecho hace un instante para conmigo. Son muchachitas de bien, educadas y convidadas en una timidez respetable. Ah, buen caballero, no sabe lo que se está perdiendo ahora mismo. ¿O es qué no percibe las sonrisillas y miradas bobas que surcan sobre usted? No buscan su atención. Sois vos quién llama la atención.

      La barbilla se endereza, enfocándose en la mirada ajena, ésta que se pierde en sus ligeros gestos, llenos de provocación, de glamour e intensidad—: Pero lamento decirle, que no llama la mía… —Deseaste reír en su cara, aturdirle la audición en una risa casi demencial.

     Por supuesto, ha dicho una mentira muy sucia, ¿pero qué es un juego sin un poco de batalla de género y orgullo?

    Desvía breve los orbes, a la mano masculina, crispada por el tacto, y casi rociada por un despertar diminuto de curiosidad. ¿Qué hará ahora? La expectación hace latir su corazón, brincando extrañamente de nervios y evasión. No quería seguir oyéndolo, sonaba a vidrios rompiéndose, cada vez más desesperante. Si verdaderamente es fruto de su caprichoso y efímero deseo, ¿por qué no la besaba de una vez? Tuerce los labios, disgustada, los hombres hoy día son cansinos. No comprenden el carácter de una mujer poderosa e insatisfecha. Dönde pese al nivel de dificultad, existían métodos que jamás fallarían para ésta pelirroja. ¿La primera? Un silencio incómodo, una mirada ardiente que dijera absolutamente todo, absolutamente nada; los labios apuntando contra los suyos, sin la menor intención de besarle. Entonces desesperaría, gritaría en su interior, muriendo por saciar el inexplicable frenesí de tentación, que sacude sus entrañas y estrujan su bajo vientre.

    Para su desgracia, algunos tenían la aberrante necesidad de endulzarla. No quiere dulzura ni delicadezas. Sino una lucha de mente y cuerpo, fusionándose incansable.

    El perfume ambarino de la mafiosa, se entremezcla con la esencia cítrica del caballero, incitando a disfrutar del mestizaje hechizante. Armoniza el ambiente, y apacigua a una cruel mujer que en vez de mandar al diablo al que tiene delante, la hace quedar absorta en su sitio. ¿Tenía opción? Le dan el gusto de ser entretenida como la soberana que es, y él, su nuevo bufón de la corte. ¿Dejarlo pasar? ¡Por favor! Estamos hablando de una dama que bien podría ser perfectamente la reencarnación de Erzsébet Báthory. No obstante, que pretenda el otro en insistir hacerla su compañera de copas, pierde todo encanto. ¡Una lástima! Con el rufián atractivo que poseía, misteriosa y avara, resultaría un especial espécimen a su inexistente lista de amantes.

    Le escucha atenta, usando un enorme esfuerzo en no perder el hilo de las palabras que el aire acuña. Su mutismo, e inalterable expresión, se convierten en su arma ya que, da paso al actuar imprescindible, a la respuesta inesperada y al indescifrable pensar. Cuidadosa, bajo la mirada al movimiento del dandi, no toma el hospitalario ofrecimiento, pero si se preocupó en decir:
    —Le daré el honor, sólo prométame una cosa. —Se acerco a su oído, suave, como el murmullo de una brisa de primavera—: No hable demasiado o me encargaré de cortarle la lengua, con uno de esos tan afilados cuchillos que reposan impolutos en la mesa de aperitivos. —Se aleja avispada, disimulando la tiranía con calidez. La fatalidad siempre ha desprendido de sus poros, ni tampoco existe arrepentimiento por lo dicho, la amenaza es clara, sincera y sin rodeos. ¿Qué hará ahora? ¿Se espantará? ¿La repudiará? ¿Desistirá en su oferta? Las curvas que le favorecen, se mecen a un acompasado caminar. Se aferra de manera tranquila al brazo del millonario, obligándole a andar entre los invitados y adentrarse a un lugar apartado de aquella muchedumbre molesta. Tanta risa chillona, zumbó sus oídos. Una vez llegar a un destino aceptable, se alejó inmediatamente de él.

    —Aquí me tiene, señor. Enteramente suya. —Sí, es una mujer de peligrosas palabras, cargadas de malvadas intenciones. Un disparo, y el turbio corazón del más casto hombre se perdería en un abismo oscuro—: Ha hecho una promesa, espero no me decepcione.





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Re: Now or Never [Priv. Sabine]

Mensaje por Marco Farnese el Miér Mayo 11, 2016 5:50 pm


¿

 
Qué habías sido aquello? ¿Un cumplido disfrazado de frialdad? Aquello era lo único que no me esperaba de aquella mujer. Pensaba que me sería más complicado el descifrar su manera de actuar. Quizás nos parecíamos un poco más de lo que yo me creía, y tan solo había complicado la situación subestimándola y poniéndola al nivel del resto de señoritas italianas que conocía. No pude evitar sonreír con todas y cada una de sus palabras, no era que me hiciera gracia, ni mucho menos; sencillamente era el tipo de respuesta que me esperaba, aunque no veía la bofetada venir. Quizás su lengua viperina le era más que suficiente.

- Ellas no tienen por qué saber lo que pienso de su educación y manera de seducir, eso es algo que podría quedar entre nosotros. Además, no creo que les importara que las insultara si con eso consiguen llamar mi atención. - Doy un último trago a la copa y la dejo sobre una de las mesas más cercanas.  Me seguía haciendo gracia aquel juego de tira y afloja. Me había insultado sin tener que llegar a usar las manos, sin pestañear. Siempre me habían gustado las mujeres con carácter y no la dejaría escapar. Me dejo guiar por sus ávidos pies entaconados por la sala, pasando por en medio de la pista de baile. Alguna que otra reverencia se me escapa, dirigida a invitados importantes o jóvenes que nos observan entre tontas y nerviosas risitas. Aquel tipo de actitudes me ponían nervioso ¿Es que acaso en sus casas no se les enseñaba un mínimo de respeto y decoro? - Bueno, quizás de momento no llame su atención, Apenas me conoce, aún no puede hablar con certeza sobre ello.

 Al amparo de uno de los pasillos menos concurridos de la mansión, donde apenas dos candelabros iluminaban el camino, creando sinuosas sombras, realzando el olor del jolgorio, los perfumen de las bellas señoritas, las fresas y el chocolate a la vez que la embriaguez del alcohol... No podía reprimirme más. Por lo general me encantaba el juego de la seducción, largo y tendencioso; sin llegar nunca a un fin pero aquella mujer conseguía sacarme de mis casillas en todo momento. No hacía más que provocar a mi persona, sin mencionar el hecho de que llevaba insultándome todo la noche de la manera más sutil posible. Mi sangre inmortal hervía por hacer callar de una vez aquellos labios que minutos antes devoraban una fresa de manera sensual, provocando de manera premeditada. No todas las mujeres eran capaces de mantener de aquella manera tan intensa el juego y aún menos poniendo en evidencia al contrario. No conocía a mujer como aquella y deseaba poseerla como nunca nadie lo había hecho nunca.

Poso mi mirada olivácea sobre ella, devorando su figura fugazmente. Tras lo cual sonrío de manera pícara y no contesto a su incitación. Mejor era mostrárselo que explicárselo. Tomo a la pelirroja por el mentón haciendo que esta leve el rostro hacia mi, acerco tenebrosamente mis labios a los ajenos, entrecerrando los ojos y ladeando el rostro para poder saborear aquel espacio en tensión antes de proceder a un beso. Sin embargo, mis labios en ningún momento llegan a tocar los  suyos, tan solo saboreo su aliento, pudiendo sentir con mayor énfasis su mortalidad y su calor excitante.  Muerdo con rabia mi propio labio inferior, aguantándome las ganas de hacerla mía en aquel preciso momento. Mi mano libre rodea su cintura con mimo, como cuando se toma entre las manos una rosa de cristal. La mano que antes reposaba sobre su mentón con autoridad, ahora se hace con una de sus muñecas, acariciando con la yema de mis dedos previamente su piel, a lo largo de su brazo; buscando algún tipo de reacción con tal acto. Noto como mi cuerpo se retuerce interiormente al deleitarme con semejante flor. Con su muñeca en mi mano la hago girar secamente, quedando su espalda contra mi pecho y sus manos contra la pared. Consigo hacerme paso por su cuello, acariciando con la punta de mi nariz su nuca, de nuevo embriagándome con aquel perfume hipnótico. Noto su pulso a través de la piel, un pulso frenético e impaciente, vivaz... cosa que mi cuerpo lleva sin experimentar desde que dejé atrás mi mortalidad. Mis manos ahora recorren sus caderas en un frenesí de caricias mientras mi boca recorre sin piedad alguna su cuello, besando cada milímetro de piel que queda expuesto a mi vista y ávidos labios. Subo hasta el lóbulo de su oreja, apenas lamiendo como un felino aquel suave botón. Mi cuerpo y manos no tiemblan  ni un solo instante pese a que en mi interior, mi cuerpo se debata en un tango de pasiones y fuego que devora mi razonamiento.

 No puede soportarlo más, su aroma, aquellas palabras tajantes, su vestido y su poderosa mirada... no podía seguir conteniéndome. La tomo por las muñecas haciéndola girar para quedar de cara a mi, pudiendo analizar aquella bellas facciones una vez más, aprovecho dicho agarre para pasar sus brazos por encima de su cabeza, inmovilizándola para que no pueda escapar de mi de ninguna manera. Esta vez no me detengo a mirarla ni a acariciar ninguna de sus mejillas, mis labios se precipitan contra los ajenas estallando en un profundo y ardiente beso que me lleva a cerrar los ojos, pegando por completo su cuerpo contra la pared, al presionar el mio contra el suyo. Su voluptuosa figura encajaba a la perfección contra el mio. Su aroma era tan dulce... no podía dejar de saborear aquellos labios que ahora sabían a fresas. Me llevaba incitando toda la noche; ahora me tocaba a mi dejarla sin aliento y respiración. Quería que sus piernas temblasen y su vanidad y voluntad se tambaleasen bajo mis manos. La quería a ella completa y absolutamente para mi. No deseaba a ninguna otra señorita. Sabine Baker había sido capaz de cumplir todas mis expectativas y ahora sufriría las consecuencias de empezar un juego que se precipitaría voraz a una confesión sin fin alguno. Una vez que empezaba ya no podía parar, no había vuelta atrás.

Mi cuerpo se deshace contra el ajeno, dejándose derretir por aquel calor humano. Aquella mujer conseguiría volverme loco, aunque sería más acertado decir que me volvería aún más loco. En el paso de mis años como inmortal rara vez había conocido a una mujer que consiguiera hacerme perder el control y la paciencia de aquella manera tan animal. Mis labios no dudaban en destrozar los suyos en un frenético baile y mi cuerpo deseaba con todas sus ganas el de hacer gemir a la pelirroja sin piedad alguna. Quería verla retozar y contorsionarse de placer entre mis sabanas. Ya no me importaban sus insultos o si llegaba a golpearme, había descubierto su juego desde el preciso momento en el que la toqué y pude contemplar en su mirada la añoranza de una manos masculinas sobre ella. No quería palabras, no las tendría. Si lo que deseaba era mi cuerpo, aquello sería lo que tendría.
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Re: Now or Never [Priv. Sabine]

Mensaje por E. Sabine Baker el Lun Jun 06, 2016 7:41 am





Now or Never
w/ Marco Farnese
                        “ ¿Os sentís impotente, señor Farnese? ¿No podéis controlar al salvaje que se descontrola cuando el perfume de una mujer cosquillea su nariz? ¡Oh, pobrecillo! Sí algo aprendí de los hombres, es que sois todos predecibles. Y vos, no dejáis de comerme con la mirada. Es irritante. Podría arrancarle los ojos, ¿sabe?

       La angustiosa necesidad de irse, se incrementa a pasos colosales, pues el caballero, siguiéndole desde atrás como un perro la hace sentir incomoda. El cuerpo se tensa, y la lengua blasfema en silencio en un encantador pero venenoso francés. La multitud, se preocupa en observar al par de personajes que se encuentran y acechan, danzando en una prometedora batalla de egos hasta desaparecer en las penumbras de aquella mansión. El escenario se daba lugar a uno más estrecho, invitando a la indecorosa tentación del cual, el anfitrión parecía caer fatídicamente. ¿Sabine? Tiene el control y las riendas. Sabe que la desea, no podría estar más segura de ello. Porque, ¿quién no desearía en su cama una poderosa y emblemática mujer? Habría que ser ciego para no notar lo deliciosamente arpía que es.

      Sus rojizos cabellos y aquellos dos colgantes en sus orejas, se tambalean levemente cuando inclina su rostro, hallándose frente a la mirada de un predador diestro. Ansiosa, tuerce su pequeña y suculenta boca con disgusto, deseaba abofetearlo con fuerzas. Destruirle las entrañas. Extirpar su corazón, tomarla entre sus manos y después comérselo en salsa. Ése es su mayor satisfacción, su mayor deseo, pues la imprudencia del sujeto la están desquiciando y al mismo tiempo, surtiendo un efecto engatusador.

     Se resiste.

    Respira con autocontrol, aún cuando la interacción resultase intensa y urgente, a cambio le concede una mirada de desprecio y hostilidad. Marcando que si seguía con aquél juego, ganaría su absoluta indiferencia. Y cuando su rostro descubre la pared, le surge una expresión maliciosa, una que, a pesar de no estar poniendo oposición a su tacto descarado, deja que él conociese lo que no ganará como un apremiante trofeo de caza. Echa hacía atrás su cabeza, siendo su intención pegarle aquella nariz que tanto le olfatea intrusamente sin su permiso. Precisamente, al ser nuevamente expuesta cara a cara, se mosqueó. ¿Vas a seguir tratándome de muñeca de trapo? Disimuladamente, aprovechó su quiebre para buscar bajo su entrepierna, una daga que guarda consigo. ¿Una dama desvalida? Diablos que no. Está preparada para todo tipo de situación, en especial ésta, cuando no desea entregarse a un hombre a la primera noche.

    Así que, permitiendo el fluir de una pasión desmesurada y llena de frenesí, se aprovecha del descuido para clavarle despiadada el arma blanca en su hombro. Lo retuerce varias veces, aclamando espacio mientras aspira aire con excitación. Quiere oírlo gritar de dolor y angustia. Su mano se empapa de sangre, y en su mirar, brilla una demencia expuesta. Se relame, dónde un par de labios se encuentran hinchados y ultrajados, y un sabor de Marco hormigueándole las tripas.

    —Será mejor que se controle si no quiere que le extirpe los órganos —advierte en un siseo—. ¿Cree que voy a caer ante usted tan fácilmente? —Pregunta desafiante—: Pues se equivoca. No me ha estremecido ni un músculo… —Respira contra su cuello, sonriéndole vil—: ¿Nunca ha sido rechazado verdad? —Pestañea, fingiendo sorpresa—. ¡Vaya! Pues hay una primera vez para todo… —acaricia la mandíbula varonil, descendiendo excelsa sobre su traje, ignorando la sangre que aún caía sobre éste—: Quiero una cita. Mañana, a las ocho en el restaurante. —Exigió. Iba a jugar a sus malditas reglas, pues no es más que una controladora del demonio. Elevó su barbilla de manera digna, excusándose con un—: Soy una mujer de protocolos. Si quiere llegar a mí, deberá esforzarse mucho —lo empujó hosca, separándose para tener su espacio. SI con ello lo evitaba tener cerca de nuevo, le bastaba. Perdía los nervios, y éso, es una señal de debilidad que no iba a permitirse enseñar ante él—. Ha sido una encantadora fiesta pero, verá, soy bastante solicitada también.





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Re: Now or Never [Priv. Sabine]

Mensaje por Marco Farnese el Dom Jun 12, 2016 8:23 pm


E

ra inaudito como hay mujeres tan crueles y despiadadas por el tan simple deseo de mantener su ego y sobretodo si imagen intactas. Realmente eran especímenes de lo más curiosos y a mi siempre me daba por escoger a aquellas que no dudarían en destrozarte el alma sin con aquello conseguían que te arrastrases hasta ellas. Quizás suene pobre o de baja autoestima, pero había a veces en las que hasta resultaba divertido arrastrarse, o al menos hacerles creer que era lo que hacías. Por ello mismo, cuando se resistió a mi pese a que en su más profundo ser aquella leona que era rugía por desatarse, no dije nada. Encajé el golpe con una sonrisa en el rostro. No deseaba que hablase con ella y tampoco deseaba que la tocase ¿Entonces, qué era lo que deseaba? ¿Volverme loco? Sí, desde luego aquella era la respuesta acertada. Lamí mis labios frente a sus ojos casi con frenesí, aún saboreando aquellos besos que me correspondió pese a después perforar mi hombro con aquel puñal. Ni sus palabras ni aquella herida realmente cumplían su función, aunque actuaría como si así fuese pues parecía que era aquello lo único que complacía a aquella mujer. Adoraba a las criaturas de aquel género y no me arrepentía de nada, quizás pensaba más en ellas que en mi mismo y aquello no era de esperar... pero como otras tantas cosas, era un secreto que quedaba entre mi mismo y mi conciencia.

 Atrapé su mano cuando trató de arrancar el puñal de mi cuerpo, mi mano rodeó la suya sin pudor alguno y la aparté; haciéndome con el arma ensangrentada, pero aquella sangre que borboteaba no era realmente mía, una pena pues seguro que aquello le habría dado más dramatismo a la situación. Una lástima sin duda alguna, pero me vería obligado a reponerla con prontitud y eso no me gustaba. No pensaba dejarla marchar sin antes tener la última palabra, ella podría desear que me arrastrase, hasta quizás lo haría pero al menos dejaría claras mis intenciones pues quien bien avisa no es traidor. Me hice de nuevo con su cintura aprovechando su cercanía a mi cuerpo, era capaz de aspirar la fragancia que su cuerpo emanaba; no importaba qué mascara ocultase su verdadero rostro, no dejaba de ser humana y por tanto no era tan complicado descifrar las reacciones naturales que su cuerpo otorgaban en respuesta al roce con mi piel, mis manos, mis labios, mi olor... No podía huir. Otra vez contra la pared, manchando su precioso vestido de sangre, acerqué aquella fina hoja contra su perfecto y apetecible cuello. No era una amenaza, solo quería hacerle ver que pese a todo no temería su ira, que podía hacer conmigo lo que quisiera porque volvería a levantarme una y otra vez  y seguiría insistiendo incansablemente. Era Marco Farnese y un Farnese jamás se rinde, por eso se nos conoce; por nuestro buen gusto, por nuestra cabezonería y porque no nos conformamos con cualquier cosa y aún menos con un no.

-  Me halaga el escuchar eso de sus labios, señorita. Me encargaré con sumo gusto de preparar dicha cita, aunque me gustaría que detalle sus gustos y disgustos en una carta de aquella manera no la molestaré con mi ineptitud ¿Le parece bien? - Acaricio uno de los mechones de su preciosa y extravagante melena, soltándola por fin, liberándola de mi desagradable y pertinente agarre y compañía; podía marcharse ya si era lo que deseaba.- Pero antes de que se marche, no quiero que se vaya a casa creyéndose algo que no es. Sí, conozco el rechazo, y no sería usted la primera ni la última, de eso estoy seguro. Aún así, ser rechazado por una dama tras haberlo intentado todo no me daña, es más me anima a ver en qué fallo, renovarme ... sin embargo, lo suyo no es un rechazo, señorita. De lo contrario no me me estaría pidiendo una cita.

>> Ya sé que no le gusta que hable mucho, pero hay ciertos temas que necesitan aclaración antes de su partida. No dudo de que sea una mujer hartamente solicitada y no le robaré mucho de su tiempo. Quizás piense que puedo ser como cualquier otro hombre y puede que así sea, crea lo que más feliz le haga pero tenga claro una cosa, no me rindo con facilidad y acabaré conquistándola aunque se lo niegue a si misma durante el resto de su vida. Quizás no le agrade pero al menos intentaré que mi compañía, la próxima vez, le sea mucho más agradable... y que su término, sea un poco más... agradable. Hasta entonces, madame
-Murmuro tomando su mano con delicadeza para posar un suave beso sobre sus finas manos, es fugar y apenas dura un segundo. Me separo con solicitud y con el puñal en la mano me alejo, dándole la espalda pues no podía volver al baile chorreando sangre. Le enseño el puñal según me alejo, sonriendo, cosa que ella no podría contemplar.- Por cierto, me quedo esto como recuerdo de esta tan agradable y sorprendente noche, no piense mucho en mi Señorita Baker.
Y recuerde... el momento es ahora o nunca. Y usted será mía ahora.

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